Muestrame tu Verdad (Cap 01)

Luego de una rebelión, de la liberación y del exilio, no queda mucho entre ellos. La culpa, el dolor, la muerte misma ha corroído lo que antes los ataba… ¿o no es así? Quizás deba ir a buscar su verdad.

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Muéstrame tu Verdad

Temas: Yaoi, drama, romance
Personajes: Defteros, Asmita, Sisyphus, Aldebaran, Albafica
Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.
Resumen: Luego de una rebelión, de la liberación y del exilio, no queda mucho entre ellos. La culpa, el dolor, la muerte misma ha corroído lo que antes los ataba… ¿o no es así? Quizás deba ir a buscar su verdad.

Capitulo 1: La Herida

El ardor del fuego que se consumía en aquel oscuro lugar, cuya luz era tragada de forma embravecida por las sombras y su olor a azufre penetraba hasta su cerebro. El crujir de las piedras haciéndose pedazos, sucumbiendo antes las altas temperaturas, junto al ruido acuoso de burbujas de lava hirviendo que explotaban dejando en el aire un intento calor, eran señales que abrumaban todos sus sentidos. Allí, entre el espeso humo y saliendo de la oscuridad de la penumbra pudo sentirlo. Como la sombra de una bestia enfurecida que era capaz de explotar los mismos elementos del universo, con ojos ardiendo de ira, de odio, de un rencor fundado, se deja ver imponentemente. Con solo un paso hizo que la tierra bajo sus pies temblara compulsivamente, dejando un rastro de ardor en el aliento al pronunciar esas palabras:

−¡Vete!

El santo dorado sintió como toda la isla se hizo eco de esa orden infame, con la cual bloqueaba todo intento por parte de los que se acercasen. Resignado, volvió a su templo, en el espacio de un segundo…

−¿Entonces no vas a responder, Virgo?

Aturdido, sube su rostro oyendo la voz de quien lo estaba visitando en su morada, mientras él por medio de sus habilidades había intentado, nuevamente, hablar con el ahora residente de la Isla Kanon.

−Aldebaran de Tauro… −Murmuro Asmita reconociendo la grave voz de su visitante

−Ni siquiera tienes la educación de responder al mayor que te está hablando

El comentario, dicho con tono afilado, incomodo a Asmita en el momento, frunciendo sus cejas y mostrándose ante su acompañante con rostro severo. No entendía que estaba pasando, el toro dorado jamás le había dirigido la palabra y no concebía las razones que lo habían llevado a quedarse en su templo y hablarle de esa forma.

−No entiendo el motivo de tu visita, Aldebaran.

−¿Ahora harás como si nada hubiera pasado? Tengo más de 15 minutos parado aquí haciéndote una pregunta que te has negado responder. Dime quien es el descortés, santo dorado de Virgo.

Con ello finalmente entendió lo que estaba pasando. De seguro Aldebaran de Tauro había llegado a su casa cuando él estaba camino, de forma impersonal, hacía la isla Kanon. Suspiro un momento, entendiendo la incómoda situación en la que estaba metido y sabiendo que no podía excusarse diciendo que en ese momento no estaba allí. Se levanto, cortando con la meditación y con un rostro lo más afable posible.

−Lamento haberte hecho esperar, pero mi meditación no me permitió oírte. ¿Podrías repetir la pregunta, Aldebaran de Tauro?

El cosmos del toro vacilo un poco, sintiéndose molesto antes de proseguir.

−¿Qué le dijiste al patriarca para que creará ese ridículo plan en contra de Aspros de Géminis?

La pregunta cayó como una gran montaña sobre la mente de Asmita, quien desconcertado, dibuja en su rostro una expresión de espasmo. ¿Él haberle dicho algo al patriarca? Jamás había hablado con el patriarca sobre Aspros, mucho menos de Defteros, ¿de dónde habrían sacado tan estúpida idea?

−¿Qué te hace pensar que he hecho tal cosa?

−No intentes engañarme virgo. Aunque digan que las dudas venían del gran patriarca, sé que algo tuviste que ver. Estabas allí con él, ¿porque el patriarca te elegiría a ti para su protección siendo el santo más indiferente a las leyes del santuario?

La acusación no solo infundada, sino llena de prejuicio, fue suficiente para que Asmita entendiera que esto no era una conversación. El santo de Virgo detuvo su temple, se quedo en silencio escuchando, indignado.

−¿No piensas responder?

La imagen de Aldebaran se hacía cada vez más agresiva, como pocas veces se había visto en todo el santuario. El dorado de la segunda casa era conocido por su paciencia pero todos estaban conscientes que al molestarlo, se encontrarían con un toro dispuesto a despedazar lo que tuviera en frente. Justamente, eso estaba sucediendo.

−¿Dudas de las palabras del gran patriarca? –Respondió Asmita en tono altanero−Yo solo cumplí ordenes.

−¡Mientes! – El grito de Tauro sacudió el ambiente de la sexta casa, poniendo a Asmita en alerta – ¡Aspros no es el hombre que me han dicho sus palabras! ¡Estuve a su lado durante tantos años, con él entrenamos a la gran mayoría de los santos que ahora sirven a Athena! ¡No halle rastro de maldad en él, no podrás convenceré de lo contrario!

−¡Entonces esta discusión no tiene sentido! –Respondió Asmita molesto ante la intromisión− ¡Si no estás dispuesto a admitir la verdad, no hay nada que discutir!

−Te voy a enseñar unos cuantos modales, virgo. Para empezar, ¡como debes referirte a tus mayores!

El cosmos de Aldebaran empezó a incrementarse, mientras este se puso en su posición de Lai, con sus brazos cruzado, erguido, siniestramente aterrador debido a su altura. El santo de Virgo no dudo en hacerle ver que no estaba dispuesto a seguir su juego, por lo cual volvió a su posición anterior, en forma de una flor de Loto, para seguir con su meditación, aunque aún alerta para defenderse si era necesario.

−¡Basta Aldebaran! – Escucharon ambos en la entrada del templo.

−Sisyphus, ¡no me detengas! Este muchacho aprenderá a respetar a los santos de Athena

−Aldebaran, ¡ha sido suficiente! – Alzó la voz el santo de Sagitario, con un tono abrumado, entre suplica y orden que dejo al toro descolocado− Ya Athena está sufriendo por la muerte de Aspros de Géminis, ¿acaso tu le darás otra razón para su tristeza? Nuestra diosa no quiere que peleemos entre nosotros, debemos estar unidos, por sobre todas las cosas Aldebaran.

Más que las palabras, fue el mismo tono de voz de su compañero que lo hizo retractarse al denotar en él una terrible carga, que se sentía casi insoportable. Dejo que sus brazos cayeran a cada lado de su cuerpo y observo de nuevo aquel dorado que en medio del luto del santuario seguía meditando, incluso, justo frente a él había decidido simplemente ignorarlo.

−Virgo, tus acciones no me dan confianza y tal parece que no intentaras remediarlo. Meditando, con esa extraña religión, justo en este momento que la casa de Géminis llora de soledad, ¿qué clase de comportamiento es ese para un santo dorado?

−Déjalo ya Aldebaran. Déjalo ya… −Rogo Sisyphus con un rostro lleno de dolor y luego volteo su mirada hacia el guardia de la sexta casa −Asmita, ruego que disculpes este altercado, no sé qué tan inmiscuido estuviste en todo esto, pero reconozco que debiste tener tus razones y no pienso ponerlas en duda. Espero que esto no sea la causa de problemas mayores.

−Solo pediré que me dejen a solas e intente no desconcentrarme− Murmuro Asmita con recelo, provocando en Aldebaran un gesto de desespero.

−No soporto esto…

Aldebaran abandono la casa de Virgo con una ira enardecida, indignado, molesto, buscando un culpable para la caída de uno de los santos con el cual había compartido tanto. Sisyphus lo entendía claramente, nadie espero que Aspros cayera de la forma que lo hizo, y el dolor en cada uno de ellos era latente. Para todo el santuario fue una abrumadora sorpresa. Su diosa, desconcertada, lloro amarga lágrimas al saber lo que había ocurrido. Solo recordarlo le provocaba un intenso pesar en el pecho de sagitario.

−Asmita… −Musito Sisyphus con tono dolido – ¿esa misión que haces es de tal importancia que ni siquiera en este momento te puedes detener para despedir a un compañero?

−No pienso despedirme de un traidor.

Con esas palabras, Sisyphus bajo su mirada y subió hasta su templo, intentando no juzgarlo aunque las circunstancias le obligaran a hacerlo.

Precisamente, hacía una semana que el santuario recibió aquel golpe infame. Todos los dorados observaron, abrumados por el desconcierto, las dudas, la impotencia, a aquel cuerpo dorado bajar desangrentado en brazo de un desconocido. No podían entenderlo, todos lo habían conocido como un hombre justo, de buen carácter, que solo pensaba en el bien y de la noche a la mañana, se había convertido en un cadáver que cayó por la ambición. No podían creerlo. Sisyphus cayó arrodillado en su habitación, oculto de todos, y dejo que toda su frustración cayeran en forma de lágrimas. Él también había compartido tanto con él, lo conocía desde muy jóvenes y su muerte era una perdida temible ahora que la guerra santa estaba en puertas. Además, con su muerte, quedó irremediablemente atado a una responsabilidad que nunca busco y de la cual intento huir con todas sus fuerzas. Las preguntas empezaron a embargarlo… Sagitario se veía inmerso en un torbellino de dolor, de sofocante desesperación, que se acrecentaba ante las dudas entre la armada que estaba empezando a corroer la unidad, combustible invaluable para la victoria de Athena. Todo pesada y caía duramente en sus hombros.

Asmita, por su parte, percibió en el santuario un ambiente mucho más lúgubre y siniestro. La mirada de todos los santos caía sobre él, con ojos acusadores, murmullos y dedos que lo señalaban como culpable de algo que tarde o temprano caería. No era la primera vez que se sentía así. Cuando obtuvo su armadura dorada era normal estar en soledad, pero Defteros había llegado para hacerlo más llevadero. Ahora, ese no era el caso. Defteros estaba muy lejos y para su dolor, lo cual era lo que más lo lastimaba, no quería verlo.

La liberación de Defteros de la sombra de su hermano tuvo un precio muy alto, un precio que ninguno de los dos tenía entre sus cálculos. Cuando el gemelo sobreviviente se entero que Asmita estaba al tanto de todo aquel plan para probar a su hermano, se encendió en furia contra el santuario y contra él, el hombre que una vez había amado. No acepto ningún tipo de razón, para Defteros, Asmita debió haberlo advertido de lo que estaba a punto de ocurrir. Al final se sintió como una marioneta de todos, de su hermano, del patriarca y sus leyes, del mismo Asmita. Por ello se fue a la isla, alejándose de todos, prometiendo ser más fuerte para pelear, solo, por su propia cuenta.

Extrañaba su sola presencia, aunque era mayor el número de veces que se quedaban en silencio, solo disfrutando del latir de otro corazón además del propio, allí mismo, conectado. Memoraba con nostalgia su olor corporal, el sonido de sus pasos y de su respirar, todo parecía que se esfumo en un momento. La única casa que lloraba no era la de géminis, virgo también lloraba la ausencia del único ser que había amado.

Asmita intento concentrarse en esa meditación aunque era virtualmente imposible. Lo ocurrido hace una semana todavía lo embargaba y desde entonces, la negativa de ser recibido por quien antes lo anhelaba le dolía muy por dentro, muy hondo, allí donde nadie antes había tocado, solo él. Virgo intento aún así, al menos escapar del santuario. No importara si no podía traspasar las paredes del infierno de nuevo, ni tampoco si no era recibido por los únicos brazos siempre prestos para abrazarlo. Iría a donde fuera, para despejarse y olvidar aquel fatídico día donde todo se desborono. Aún así, su mente lo llevo inconscientemente a ese pasado inmediato.

Esa noche los vientos anunciaban el cambio estacional sobre ellos, agitándose fuertemente entre los templos, aunque no había señal de nubes. Asmita subió cada uno de los templos con un aire que le huele a mal augurio. Se detuvo un momento mientras cruzaba las escalera hacia Piscis y se deleito en el olor de las rosas que cultivaban, cuyo hermoso aroma no tenía nada que ver con su mortal misión. Suspiro y siguió su camino, saludando a su guardián quien luego de darle paso retrocedió una distancia prudente. Asmita reconocía que esa actitud de parte de Albafica era entendible. Su veneno mortal podría matar si alguien se acercase demasiado. De su belleza solo conocía lo que le comentaba Defteros, se lamentaba de nunca poder ver tanta hermosura encarnada.

Llegando a la recamara del patriarca, se arrodillo colocando su yelmo dorado a un lado, atendiendo el llamado que había recibido. Recordó cada una de esas palabras del patriarca y el cómo oírlas le estaba causando una fuerte conmoción en el pecho, viendo caer cada pieza de ese enorme rompecabezas frente a él, tomando forma, dentro de su espíritu. Tembló en ese momento por lo que vendría, un presagio, cada vez más certero, que le estaba clavando desde hace tiempo atrás y no comprendió… o decidió no comprender.

Bajo de aquel lugar como si cargara una pesada carga. No podía decir absolutamente nada, era un secreto de estado, un plan meticulosamente formado para probar a la próxima cabeza del ejército de Athena y él, no podía ser más que una pieza en ese enorme juego de ajedrez que el patriarca andaba jugando con el destino. Rogo dentro de sí que todo fuera solo una preocupación mayor, algo que luego comentaría con Defteros como una anécdota más de su vida, de esas cosas que luego de haber ocurrido no son más que leyendas. Aún así, su interior sabía, que luego de esa noche, todo sería distinto.

La reunión dorada recorrió pesadamente para él. Al ver en frente veía a un Aspros que no vislumbraba rastro de maldad pero que por dentro le creaba una alarma. Las palabras de Defteros recorrían su mente una y otra vez, intentando detener ese torbellino de ideas que querían atravesarlo. Respiraba profundo tratando de mantener su mente en aquella conversación donde se revelaba el destino de sus vidas. La amenaza había acrecentado, los espectros estaban reviviendo por lo cual, el dios de averno estaba en la tierra. La guerra Santa había comenzado. Inmediatamente los ojos de todos los presentes pasaron del temor a la determinación, aunque la preocupación de Asmita no era por el pasado ni por el futuro… era su presente. Lo terrible es que al intentar escapar de su agobio, solo se hallaba pensando en aquel hombre que lo ha seguido por tantos años, a quien le había entregado más que su corazón. Solo imaginar en lo que podría acabar esa treta le provocaba un intenso ardor en el estomago, una señal que duraría un tiempo más.

Podía sentir como su corazón impaciente aguardaba esa noche, tal como el patriarca se lo había pedido. Aún pedía al destino que nada pasara. Aún deseaba con todas sus fuerzas, de que si algo ocurría, él no estuviera inmiscuido. Deseaba, hondamente, que nada malo acaeciese. Todo ello se vio mortalmente atrapados y llevados al abismo al mismo tiempo que oyó esos pasos y el jadeo, tan primitivo, tan conocido. Asmita sintió en ese momento como un aire frio recorrió su cuerpo, y trago grueso, para mantenerse en pie en el plan minuciosamente trazado.

El cuerpo se acercaba. Esos pasos, el ruido de esos pasos se asemejaba a cuando llegaba nervioso hasta su templo, tímido, en espera del permiso del mismo aire antes de pasar. El jadeo, al respirar, sentía el mismo ritmo de su corazón, acelerado, ese que escuchaba cuando sus cuerpos al final se habían unidos. Lucho dentro de sí por los deseos de interponerse y llevarlo lejos de allí, lejos del santuario, lejos de su hermano quien vilmente lo estaba utilizando, lejos de todo lo que pudiera lastimarlo. Ya no había manera.

−¿Por qué no detuvieron esto desde antes? – Pensó Asmita desde el lugar donde sentía que todo ocurría− ¿Por qué simplemente no le dieron su lugar a Defteros? ¿Por qué llegar a este punto? ¿Por qué provocar esto?

Asmita cerró fuertemente sus parpados, como si con ello quisiera dejar de escuchar el jadeo desesperado del hombre que amaba, peleando en contra de una maldición y su propia mente humana que no debía entender aún que había sido engañado. Batallando contra todo en lo que había creído una vez.

El golpe que recibió el patriarca hizo palidecer al dorado. Si, ese golpe llevaba toda la fuerza que Defteros solo le había mostrado en sus momentos más íntimos. Asmita mordió sus labios, intentando no gritar en respuesta a esas palabras que Defteros clamaba desde su cosmos. “¡Detente!”, “¡Basta!”, “¡Es suficiente!”, esos eran los gritos de su conciencia que peleaba agonizante contra el maligno poder proferido, de una técnica mortal que debió  haber quedado sellada eternamente. Y luego, esa voz que entro al salón, con elocuencia, esa voz que el maldijo en su ser. ¿Cómo había podido caer hasta este punto? ¿Por qué tuvo que involucrarlo? Definitivamente, si algo haría sería hacerle pagar lo que le había hecho a su hermano, al hombre que él amaba con todas sus fuerzas.

El momento había llegado. Usando su poder detendría el ataque hacia al patriarca tal como este lo había planificado y se enfrentaría entonces, directamente, al hombre de la ambición y su marioneta. Cuando él salió de la cortina, no tuvo necesidad de ver el rostro de Defteros para entenderlo. El mismo cosmos de Defteros vacilo en ese momento lleno de desesperación. Le hubiera gustado gritar que todo estaría bien, pero nada podía hacer, debía seguir ese plan, derechamente. Intento mostrar su rostro de mayor orgullo, volver a mostrar aquel porte que tanto detestaban sus compañeros, fijando entonces la vista directamente en el traidor: Aspros.  Lamentablemente los planes cambiaron… al final, le toco enfrentar a la persona que amaba poseída.

Con cada paso que daba frente a él, podía sentir como el cosmos de Defteros le gritaba abrumado que no se acercase, que se alejara, que no quería lastimarlo. Los gritos parecían desgarrarlo por dentro, lamentándose internamente de haber sido el escogido para jugar ese juego. ¡Maldito destino! Ya no había paso atrás, aunque odiara admitirlo, estaba claro que solo había algo que hacer. Debía liberarlo de esa maldición y de lo que le ataba a su hermano. Debía hacerlo, a costa de lo fuese… sin importar que.

Asmita regreso a su templo luego de sentir que alguien tenía demasiado tiempo esperándolo allí. Subió su mirada, después de terminar deambulando en los espacios de sus recuerdos y sintió ese aroma de rosas llenando con su fragancia toda su morada. Por un momento hasta se sintió totalmente desubicado.

−Creo que te desconcentre – Escucho el murmullo suave, apacible, de esa persona que por el sonido que dejaba el viento a pasar sobre ella tendría una larga cabellera, sedosa y suave. El olor lo había reconocido, además de su tímido cosmos que siempre escondía para no llamar la atención y el hecho de haberse sentado frente a él, pero como a unos metros de distancia le dio a entender de quien se trataba su visita.

−No te preocupes, Albafica de Piscis. Si estás aquí debo considerarlo una ocasión especial.

El dorado de la doceava casa se sentía apacible. El olor que traía junto a sus rosas le permitía olvidar, por un momento, que estaba en su templo. Aquel lugar que ya no se sentía igual desde que Defteros lo había abandonado.

−Quería hablar, sobre… −El santo se detuvo un momento, apenado. Desde su lugar sintió cuando el ruido del oro contra el mármol anunciaba que estaba dejando su casco a un lado. −… temo entrometerme en algo que no me incumbe… pero no he dejado de pensarlo…

−Adelante –Interrumpió Asmita salpicado por curiosidad−, no hay nada que temer.

−Sobre lo que ocurrió con géminis… −Murmurar ese nombre hizo que el cosmos de Asmita vacilara−… no tenía intención de oír la discusión que tuviste con… el hermano… dentro de mi templo.

Asmita palideció al escuchar esas palabras, quedando mudo de la impresión.

−No sé que tanto se conocerían… para mí fue una gran sorpresa solo saber que ese hombre existía… pero, sentí que había un lazo que se destruyo en ese momento… Lo lamento…

−Te pediría que no comentaras esto con nadie más…

−No pienso hacer tal cosa… Debo admitir que no me sorprendí que lo conocieras. Los rumores dicen que paseaba los templos sin que nos diéramos cuenta, pero, por tu vista…

−Lo sé…

−Supuse que de alguna manera así se conocieron.

Asmita recordaba esa discusión, tratando de verificar que no se haya dicho “demasiado” en ese pase de palabras aderezadas por el dolor y decepción. Respiro hondo, más tranquilo, luego de comprobar que efectivamente, no revelaron muchos detalles en ella. Toda la discusión fue un reclamo por la confianza.

−Debió ser difícil para ti callar todo para seguir las ordenes del patriarca. Eres tenaz Asmita.

−Era mi misión−Susurro el dueño de la morada con tristeza−. Solo tenía que cumplirla.

−¿Porque no le explicas eso? ¿O dejarás que se vaya con tanto rencor hacía el santuario? Yo al menos no lo dejaría…

Virgo comprendió finalmente lo que estaba sucediendo. Entendió que Albafica lo que intentaba decirle es que no dejara ir a la única persona que había estado a su lado. Quizás, al estar condenado a la soledad de su veneno, entendía lo difícil que era vivir, totalmente alejado de todos. Asmita le regalo una hermosa sonrisa al comprenderlo. Aquel hombre se había acercado a él para evitar que sufriera su mismo destino.

Sin decir nada, entra de nuevo en meditación, dejando a Albafica descolocado, sin saber qué hacer. El pisciano se molesto un poco por la extraña reacción ante su manera de ser amable con el perjudicado. Viendo que no podía remediarlo y era totalmente inútil enojarse, Albafica se levanta tomando su casco y camina hacia la salida cuando siente que algo lo rodeo, por su pecho. Una sensación cálida que coló por todos sus nervios y lo dejo inmóvil, totalmente impresionado ante lo que sentía.

−¿Qué es…

−Shhh… −Susurro Asmita al oído, mientras de forma impersonal, como tantas veces había hecho con Defteros, le regalaba un abrazo, fraternal, lleno de agradecimiento. – Esta es mi manera de darte gracias.

−Asmita…

Albafica se quedo sin palabras luego de ese susurro, al que luego trago, soportando las lagrimas que se habían avecinado por sus hermosos ojos, disfrutando de tal vez, el único contacto que tendría por el resto de su vida. Ese abrazo que fue fuerte, cálido, un “gracias” que se diluía en la atmosfera.

Fue solo un momento, pero suficiente para que Albafica se viera embelesado en una paz interior consigo mismo. Recordaría ese gesto del guardián de la sexta casa, que le permitió saborear al menos una vez el contacto de un igual. Volteo, al sentir que el abrazo había cedido y efectivamente, Asmita subió su mirada para devolverle una sonrisa cómplice.

−Tienes razón… no debo dejarlo ir tan fácilmente…

Albafica sonrió tímidamente, e intento, con todas sus fuerzas, recobrar su porte para volver a su morada. Ya solo, Asmita solo se susurro a sí mismo, con una sonrisa que denotaba decisión:

“Te haré revelar tu verdad Defteros, la verdad tras tu exilio, la verdad tras lo nuestro…”

2 thoughts on “Muestrame tu Verdad (Cap 01)

  1. Hi Angar!!!
    Mi dosis diaria!!! ayer no hubo dosis, fue un día gris T__T y para colmo en el cap de hoy solo pelea, pero aquí vuelve la emoción XDD.
    Me gusto la presencia de Alde y su indignación con el probre Asmita que acabo todo mal por querer ayudar, tambien la profundización en las dudas de Sisifo acerca de la responsabilidad que se le viene encima tras la muerte de Aspros.
    Me parecio bellisima la descripción de Defteros en comparación con ese coloso mecanico, toda esas metaforas con el fuego, el poder, lo salvaje e incontenible me derrite y ese rechazo al rubio T__T de veraz todo mal para Virgo, perder a Defteros así, suerte que llego Alba y me arranco una sonrisa con su dulzura y sus sensatos concejos, me derreti con ese abrazo, Alba lo necesita, da pena verlo tan solo… y el final, yo estaba que apostaba que a quien le sacarian la verdad era a Asmita y no, asi que el se la quiere sacar al geme Mmmm eso es muy sexi, defterosxAsmita en un mismo volcan, no me lo pierdo XDD
    Besotes!!!!!! y grax por tan bellos Defmita!!! son una dulce debilidad…

    1. Si, de verdad que imagine que la situación para Asmita luego de lo ocurrido no debio ser facil, sobretodo tomando en cuenta que Aspros gozaba de una buena reputación, mientras que Asmita es visto con recelos por los demás.

      Y si lo de Alba, quise agregarlo porque me parecio el personaje más apto para hacerlo, debido a su soledad. Y addemás, que virgo y psicis a pesar de ser signos totalmente opuesto, tienen afinidad. ^^

      Jujuju Defteros y Asmita solos en un volcan ardiente! =P

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