Sueño de Libertad (Cap 02)

¿Qué tan libre quieres ser, Defteros? Esa pregunta podría ser determinandote para la vida del geminiano, justo cuando parece que el tiempo esta por cumplirse. ¿Esperará a la promesa de su hermano o se aventurará a buscar su propia libertad?

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Sueño de Libertad

Temas: Yaoi, drama, romance

Personajes: Defteros, Asmita, Aspros

Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.

Resumen: ¿Qué tan libre quieres ser, Defteros? Esa pregunta podría ser determinandote para la vida del geminiano, justo cuando parece que el tiempo esta por cumplirse. ¿Esperará a la promesa de su hermano o se aventurará a buscar su propia libertad?

Capitulo 2: Confrontación

Sollozo tanto hasta que al final, su cuerpo cayó adolorido y cansado en un profundo sueño. Cuando su hermano llego solo encontró la imagen de su sombra arrodillada en aquella esquina y dormida sobre sus hombros, dejando entrever debajo de la máscara la señal de una lágrima. Aspros vaciló al verlo así, se preocupo hondamente al ver que su hermano tal parecía que había estado llorando. ¿Qué le habría pasado?

Deteniendo las preguntas en su mente, el santo de géminis sujeto el cuerpo de su hermano dormido y lo llevo hasta su enorme cama, aquella que compartían desde que había obtenido dicho honor. Lo cubrió tiernamente con su manta y se quedo en silencio, observando aquella maldita mascara que lo marcaba. Aspros sintió dolor dentro de sí, pero ese mismo dolor no hizo más que afianzar su deseo de obtener el patriarcado, para ejercer así la justicia, aquella justicia que actualmente el santuario no gozaba y se empezaría a mostrar en el momento en que su hermano abandonara esa mascara. Cada vez más decidido, Aspros coloca su mano derecha sobre la desordenada cabellera de su hermano, como si con ello afirmara su decisión de salvarlo. Ante ese gesto, Defteros despertó.

−Hermano…

−Acabo de llegar − Respondió el santo con una sonrisa dócil, acariciando la cabeza de su hermano adormitado−. ¿Qué sucedió? ¿Por qué estabas llorando?

Defteros solo se detuvo a recibir amablemente la caricia en su cabeza, recordando lo ocurrido en la casa de Virgo, aquello que nunca se atrevería a contarle a su hermano. Meneo la cabeza en señal de negación y se dejo atrapar por el sueño, otra vez.

Luego de esa noche, Defteros no sabía cómo actuar. Espero en aquel rincón durante horas, creyendo que Asmita volvería a extrapolarse para presentarse ante él y consolarlo, más eso nunca pasó. Intento por ello ir hasta allá, pero cada vez que se acercaba a su templo, no sabía de qué manera encararlo ni cómo respondería. Su temor finalmente lo embargaba y terminaba regresando, dejando que así pasara los días. Cuando se dio cuenta, ya había sido una semana entera después de lo ocurrido y desde aquella vez, no había visto a su amigo.

−¡Nadie pasa por la casa de Manigoldo sin que me dé cuenta! –Se oyó el grito del Italiano, exaltado, exasperado.

−Acaba de pasar. ¡Lo acabo de sentir! Se escapo de tu casa, intento entrar a la mía y ¡luego se volvió a ir por tu casa! –Vocifero Regulus, un joven demasiado molesto para el cancerígeno que para completar el asunto se creía cazador. Sus ojos azules brillantes destellaban como el de un león en plena cacería, mirando todo, escudriñándolo todo.

−Es el viento ¡Maldita sea! –Escupió Manigoldo harto de la envestida de su nuevo compañero

−¡No es el viento! Mirá, ¡allá va!

El joven león señalo hacia las escaleras que iban había géminis, casi dispuesto a seguirlo pero detenido por el brazo fuerte de Cáncer, que por obvias razones no lo iba dejar pasar por su casa para atrapar al… ¡viento!

−¡No hay nada mocoso! ¡Así que mueve tu trasero y ve a tu casa!

Manigoldo estrujo la cabeza del menor con fuerza, como si intentara regresarlo como ganado rebelde, a lo que Regulus respondió con fiereza, levantando su mirada activa y afilada como el colmillo de un felino hambriento. A Manigoldo no le gusto en nada semejante gesto. Parecía desafiarlo.

−Maldito gusano, ¡Deja de verme de esa forma! ¡Si lo que quieres es morir yo te puedo dar el pasaje directo!

−¡No te tengo miedo! – Grito el chiquillo colmando así la paciencia de Cancer, quien definitivamente disfrutaría el devorarlo. Después de todo, siente que le han salido más canas desde que está allí que durante todos sus años de vida juntos.

Manigoldo soltó al joven león y se puso en guardia, con sus ojos inyectados de decisión, a lo que vio responder ligeramente por el protector de la casa de leo, quien por instinto se puso en posición de defensa. El ambiente estaba lo suficientemente tenso como para empezar una batalla de los mil días cuya razón sería… ¿el viento?

−¡Regulus! –sintió el grito a sus espaldas, provocando que el joven dorado volteara y olvidara el virtual combate

Desde las escalinatas de Leo se veía bajar la figura imponente del santo de sagitario, su maestro y uno de los más respetados santo dorado. Al verlo, Regulus se incorporo y lo espero en la salida de Cancer, mientras Manigoldo al darse cuenta la irrisoria situación en la que iba a meterse soltó una carcajada llena de ironía.

−¿Qué haces fuera de tu templo Regulus? –Pregunto el dorado al tenerlo frente a él, alborotando con su mano el cabello lacio de su joven discípulo.

−Alguien intento entrar por mi casa, venía de Cáncer, y luego se volvió a ir, hacía géminis. Pero ¡Manigoldo no me cree!

Sisyphus escucho aquellas palabras seriamente y muto su semblante, entendiendo que el chico no mentía. Ciertamente sabía de la existencia de alguien que estaba junto al guardián de géminis, pero nunca había logrado verlo y por mucho que intento sacarlo de su mismo guardián, Aspros nunca hablaba de ello. Además, reconocía los sentidos agudizados de su pupilo, por lo cual no podía simplemente dejarlo pasar.

−¡Enséñale a tu alumno a diferenciar el cosmos del viento, Sagitario!

Sisyphus meneo su cabeza he hizo caso omiso de las palabras de Manigoldo, poniendo especial atención a su discípulo.

−Dime Regulus, esa presencia que dices, ¿tenía el cosmos agresivo?

−¿Le vas a creer al mocoso? –Vocifero Manigoldo indignado, haciendo un gesto de exasperación con su mano con el cual pretendía ganar la atención que finalmente Sisyphus nunca le entrego.

−No… No es agresivo –Murmuró Regulus mirando a su maestro con sus destellante ojos−

−Entonces, no hay nada de qué preocuparse. Regresa a tu templo.

Las palabras de Sagitario, tan dóciles y con una mirada cálida calmo los ánimos de su joven compañero, quien respondió con una sonrisa. Manigoldo casi le dio nauseas la escena, volteando hacía un lado, y rascando su cabeza tratando de lucir desinteresado.

−¡Realmente un prodigio! –Los tres santos voltearon al oír la voz que venía de la casa de géminis.

Sisyphus se reincorporo en pie, sosteniendo el hombro de leo, mientras que Manigoldo simplemente cruza los brazos seriamente, intentando parecerle imponente al guardián de la tercera casa.

−He estado escuchando el alboroto y vine para ver que estaba ocurriendo, veo que ya todo está bajo control Sisyphus− Comento Aspros dejando caer su capa hacía atrás.

−Sólo fue un mal entendido, no había nada de qué preocuparse−Respondió el santo de alas doradas apaciblemente− Justo venía a buscarte, el gran patriarca quiere que nos reunamos con él dentro de unas horas para coordinar asuntos importantes.

−Estaré allí entonces. Si ya todo está arreglado, me retiro a mi templo.

Aspros bajo hacía géminis, pensativo con lo que logró oír antes de interrumpir dicha reunión. El joven dorado había detectado a su hermano ir y venir. Le advertiría que evitara cruzar por esa casa.

Virgo también sintió levemente el alboroto que ocurría en cáncer, cuando bajaba con su túnica blanca a recoger su armadura dorada que había dejado con Shion en la primera casa. Respondió el saludo cordial de Sisyphus al cruzarse entre el pasillo de leo y sintió la mirada centellante de Regulus cuando pidió su permiso para cruzar la casa. Atravesó a la casa de Manigoldo teniendo que aguantar las quejas del canceriano que parecía no tener otra cosa mejor que hacer más que dejar salir barbaridades por su boca. Finalmente entro a la casa de géminis, donde Aspros estaba a punto de salir para cumplir el llamado de Sisyphus. Asmita se detuvo a pedir el respectivo permiso, y sintió como entre las columnas se escondía aquella sombra que dejo ir de su templo días atrás. Defteros desde su lugar sintió que su corazón se oprimía de dolor, viendo como el cabello, visiblemente húmedo, del guardia de la sexta casa parecía apegarse a su piel blanca de forma seductora.

−¿Y bien? − Pregunto Aspros a su visitante−¿Qué te pareció el Santo de Leo?

Ante esa pregunta, Asmita volteo un poco mirando hacia la casa de Leo y luego dirigió su mirada invisible hacía el escondite de Defteros, provocando en el gemelo una corriente atravesar su espina dorsal.

− Opino que es muy joven para combatir pero con grandes habilidades. Sus sentidos están totalmente agudizados y parece que aprendiera con el paso del tiempo. Es aún inmaduro, pero sus habilidades de combates son notables. Creo que han tomado una buena decisión al darle la envestidura de Leo.

Defteros quedo sin palabras, al escuchar como Asmita repitió lo mismo que él había dicho en su última conversación. Su corazón empezó a latir pesadamente abrumado por una añoranza que no podía tratar de ignorar.

−¡Justo lo que pienso al respecto! –Vocifero satisfecho el santo de géminis−Bien, no te quitaré más tiempo.

El camino de Asmita hacía la salida de géminis se hizo eterno para Defteros, quien sentía que su corazón clamaba que lo encarara al menos una vez. ¿Pero cómo hacerlo? Asmita caminaba con ese aire de prepotencia y altivez que solo había visto dirigir hacia los demás, su rostro serio, forrado de divinidad, era como una pared de hierro entre ellos. Era mucho más gruesa e impenetrable que el hecho de su máscara. Finalmente, Asmita salió de la casa de géminis, y la respiración contenida por el gemelo se mostro en forma de un suspiro profundo que termino empañando su vista. Había esperado tanto tiempo para volverlo a ver y ahora las cosas habían terminado de esa manera… lo había arruinado todo.

−Llegas a Tiempo, virgo−Escucho Asmita tras su llegada al primer templo.

Asmita se detiene en la salida del primer templo, sintiendo el cosmos agradable de Shion de Aries, discípulo del maestro de Jamir, a quien tuvo el gusto de conocer hace poco. Comparar la imagen de su maestro con el compañero que tenía en frente provoco que una sonrisa se dibujara en su rostro de porcelana. Hakurei era una persona extremadamente interesante, rallaba entre la cordialidad del ariano y la falta de tacto de cáncer. Aún así, sus experiencias y conocimientos de tantos años eran un tesoro impresionantemente valioso que él no permitió desperdiciar. Cada conversación que tuvo con el maestro la tenía atesorada en su mente.

−Sé que debes partir a Jamir así que me apresure a venir−Respondió Asmita caminando hacía donde sentía a su protección armada, reluciente, rejuvenecida después de dos meses de viaje.

−No tenía mucho daño, pero apenas logre sacar tiempo entre tantos preparativos para curarla. Los anuncios de espectro van aumentando cada día, parece que pronto estaremos inmersos en la guerra.

Asmita asintió, colocándose lentamente cada parte de su armadura, con somero cuidado, emocionado de por fin volver a tener su envestidura dorada. Agradeció cortésmente y luego subió su camino hacia su templo, pensando en las últimas palabras oídas por Shion antes de salir: “Nos veremos en la próxima reunión dorada”. Virgo suspiro, sabía que ya estando todos los dorados y viendo como corrían los acontecimientos, en cualquier momento recibirían el llamado a tan importante evento.

El santo de Virgo detuvo sus pasos antes de empezar a recorrer a géminis, sintiendo que esta vez el santo dorado no se encontraba allí. Sostuvo su respiración y dio el primer paso, preparado para seguir la difícil tarea de ignorar a la sombra que quedo en el templo. Porque realmente, para él, era una tarea difícil, por muy decepcionado que se sintiere, y por mucho dolor que le causase lastimarlo; pero era mayor la frustración que sentía el no saber cómo ayudarlo que pensó, quizás, no había remedio.

−Asmita…

El murmullo a sus espaldas le hizo detenerse en la mitad del templo, sintiendo su corazón ahogado de dolor, deseando poder olvidar esa última discusión y volver a estar como estaba antes. Sin embargo, su tan lúcida razón inmediatamente le decía que no podía pretender que nada había pasado. El ciego viro un poco su rostro hacia su izquierda, dejando que su cabello, apegado al contorno de su armadura se moviera un poco.

Defteros quedo en silencio y absorto al haber logrado su atención. Pensó que aunque lo llamará, Virgo seguiría su camino, ignorando su existencia y anulando toda posibilidad de conciliación. Pero muy al contrario de eso, encontró en el santo de la sexta casa disposición de escuchar, justo ahora cuando no tenía la menor idea de que decir.

−Yo… estoy apenado…−Murmuro Defteros sintiendo que todas sus palabras se agolpaba una detrás de otra clamando que las dejaran salir sin orden aparente−… es que… tu pedido… yo no puedo hacerlo… No puedo abandonar la máscara de esa forma.

Al final, una frase coherente logro salir de sus labios para luego quedar en silencio, en espera de la respuesta de su amigo. No obstante, Virgo quedo callado, como dando tiempo a que Defteros terminara de expresar su idea.

−Es que… sabes que es un capricho…−Defteros siguió hablando cuando de golpe, Asmita volteo mirándolo fijamente, haciéndolo callar.

−¿Capricho? No me guio por cosas tan vánales como esas− Respondió duramente el santo, con su ceño fruncido, señal de que estaba indignado−

−¡Nunca me habías pedido algo como eso! –Alzo la voz el gemelo, desesperado al ver que de nuevo todo caía en una discusión− Apenas mencione a mi hermano, actuaste… como si estuvieras celoso.

−¿Celos? –Vocifero Asmita en su tono acostumbrado, dejando entrever un poco de sorpresa, para luego mutar de nuevo hacía su rostro molesto−Tal parece que nunca llegaste a conocerme.

−¡Entonces porque actuaste de esa manera! –Grito Defteros abrumado de dolor, herido con cada frase que virgo soltaba−

Virgo mostro dolor al ver la reacción de Defteros, pero denotando su implacable decisión, volteo su rostro y decidió proseguir a cruzar el templo, terminando por ignorar al gemelo.

−¡Asmita! – Volvió a escuchar a sus espaldas, una voz aderezada entre dolor y rabia. −¿Por qué? ¿Por qué tan de repente?

−No vale la pena responder Defteros. “Quien alaba al tonto en su tontería, lo hace más tonto todavía”

Defteros quedo en silencio, golpeado vilmente, viendo como Asmita seguía su camino y estaba a punto de salir del templo. No podía dejar que las cosas continuaran así, no podía dejarlo ir de esa forma… El hombre rechino sus dientes sobre sí, saco valor de donde desconocía y se lanzo rápidamente hasta la salida, en una carrera desesperada donde cada segundo contaba, ocultándose aún entre las columnas y logrando, finalmente, atajar con su brazo el antebrazo dorado de Asmita, quien de nuevo, se vio obligado a detenerse.

Los segundos luego de ese agarre fueron pesados. La respiración de Defteros, honda y rápida era lo único que se oía en ese momento. Virgo quedo impresionado ante el acto. En toda su interacción muy pocas veces había visto a Defteros tomar la iniciativa tan férreamente. Por dentro, sintió que tal vez si había esperanzas. No pudo negar la satisfacción que tuvo al sentir ese gesto. Debía corresponderle a tal acto de gallardía.

Muy por el contrario, Defteros más bien se vio avergonzado de si mismo luego de haber tomado con fuerza el antebrazo de Asmita, al cual soltó asustado, dejando que su respiración se encargara de intentar excusarlo. Jamás en su vida lo había tomado de forma tan salvaje por lo cual se sentía profundamente arrepentido. Y para su mayor sorpresa, Virgo gira un poco a su izquierda y atraviesa el espacio entre la pared y la columna, provocando que él retrocediera hasta verse acorralado contra la pared. Se detuvo allí, observando profundamente el cuerpo de virgo frente a él, brillando como tenía acostumbrado hacerlo. La expresión incierta de su compañero no le permitía esperar absolutamente nada, simplemente dejo que los segundos cayeran a su paso, asustado.

Su corazón se sobresalto cuando vio que las manos de Virgo se acercaban a su rostro, al que respondió con temor, cerrando sus ojos carcomido por los nervios. Sintió, angustiado y al mismo tiempo aliviado, el toque de Asmita sobre su piel y la máscara que lo marcaba, atestiguando como su respirar poco a poco se alentaba y como su cuerpo entero se precipitaba a la dulce paz que no había tenido desde aquella discusión. Solo un toque fue suficiente, solo un momento necesario. Dejo que las manos de Asmita rodearan la máscara y luego subieran sobre ella, sin poner ningún tipo de objeción, mientras virgo solo sentía en su tacto aquel frío objeto, que aunque no le viera le producía un asco inmensurable.

−“La libertad es la capacidad que tiene el hombre de elegir sus cadenas” –Murmuro Asmita, provocando que Defteros abriera sus ojos azules−. No me malinterpretes Defteros. Quiero que finalmente lo entiendas.

−Asmita…−Respondió Defteros sintiendo de repente asaltado por los deseos de contener ese cuerpo entre el suyo, luego de comprobar la expresión de tristeza que enlutaba el rostro del santo.

−Sentir esta mascara me produce frustración. “Serás tan libre como te atrevas a pedir”, bien dice el proverbio. ¿Qué tan libre quieres ser, Defteros?

Defteros observo el inmaculado rostro de Asmita, dejando que una de sus manos sostuviera su mejilla izquierda y sintiera el contacto de su cabello humedecido, como si fuera campos de trigo decorado por el rocío de la mañana, ahogándose de la ansiedad, queriendo sentir esos labios con su propia piel pero recordando, una vez más, la máscara.

−No soy yo quien puede liberarte Defteros. La libertad empieza en una decisión. Piénsalo.

Separándose de él, Asmita da una media vuelta y se retira del lugar, apenado, pero seguro que había sido lo mejor. Defteros dejo que el rastro de cosmos se fuera alejando lentamente de él, sediento de más, como quien deja que su mayor esperanza se escurra entre sus manos. Pensarlo… si lo único que ha hecho en todo ese tiempo, desde que supo de él, era precisamente pensarlo.

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