Hechizos y Temores (Cap 01)

La Isla de La Reina Muerte guarda dentro de sí un espectro, capaz de mostrarte tu mayor temor a través de poderosas ilusiones. Solo hay dos signos capaces de combatir contra ellas efectivamente: Virgo y Geminis

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Hechizos y Temores

Temas: Yaoi, drama, romance, aventura
Personajes: Defteros, Asmita, Kardia, Degel, Shion, Sage
Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.
Resumen: La Isla de La Reina Muerte guarda dentro de sí un espectro, capaz de mostrarte tu mayor temor a través de poderosas ilusiones. Solo hay dos signos capaces de combatir contra ellas efectivamente: Virgo y Geminis

Capitulo 1: La misión

El silencio que solía gobernar en el sexto templo se vio interrumpido por una situación inusual. Virgo dibujó una expresión de molestia debido al bullicio que había incomodado su concentración. Sabia quienes era, en especial, quien era el que con gritos, maldiciones y refunfuños armaba un escándalo infantil a límites intolerables. Ese era Kardia de Escorpio, a quien conocía por ese inagotable orgullo que no lo dejaba mostrar su verdadera naturaleza ante nadie. Inquieto, irrespetuoso y extrañamente atado al santo del hielo, Degel de Acuario, cosa que era demostrable considerando que precisamente acuario también estaba en su templo, tratando de calmar la histeria de su compañero. Detrás de ellos dos sintió otro cosmos, inquieto pero tímido de acercarse a ese alboroto que generaban los dos mayores. Era Shion de Aries, quien mantenía su distancia prudentemente.

El ruido que hacían en el lugar ya estaba fastidiando la paciencia de su guardián, quien tampoco era que gozaba de mucha cuando se trataba de estos escándalos en medio de una meditación que significaba un cambio al panorama de la guerra santa. Así que con voz suave pero llena de autoridad habló dejando a todos descolocados en su sitio.

—¿Se puede saber a qué se debe esta algarabía? —preguntó el santo, mostrando un rostro severo con el cual buscaba hacerle ver a los demás que estaba molesto.

—Disculpa esta intromisión Asmita de Virgo, ya llevaré a Kardia hasta su templo.

—Maldito, ¡deberías matarme de una buena vez!

—Calla Kardia… —murmuró en tono de suplica, como si estuviera ya cansado de soportar sus desplantes.

—¡Maldito Shion! ¿Para qué me fuiste a buscar? Lo tenía todo controla…

Asmita sintió desde su sitio un intenso calor que emanaba del santo dorado de escorpio, evento que lo impresionó y lo hizo abandonar su postura para ponerse de pie. Degel inmediatamente volvió a tomar el cuerpo de Kardia, quien se desvanecía rápidamente y lo cubrió con su cosmos helado. Shion simplemente observaba todo sin saber qué hacer.

—¿Qué le sucede? —le preguntó intrigado el dorado de la sexta casa.

—¡Nada que te importe! —alcanzó a murmurar el escorpio, ácidamente, aunque en su voz se podía sentir una intensa indignación.

—De no haber ido en ese momento, hubieras muerto…

Todos voltearon su vista hacía el guardián de la primera casa. Los ojos del ariano vislumbraba una pesada preocupación que sacudió las fibras de Kardia, haciéndolo sentir más miserable aún. Esa mísera imagen de lástima que tanto odiaba ver en los ojos de otra persona.

—Hiciste bien Shion. Además, fueron las órdenes del patriarca, no tienes porque justificarte—explicó Degel intentando mantenerse firme, aunque su corazón no dejaba de preocuparse por su compañero—. Puedes regresar a tu templo, yo me encargaré del resto.

—Antes debo ir a dar el informe de lo ocurrido.

—¿Qué vas a decir?—susurró Kardia con sarcasmo, con sus ojos ya cristalizados de dolor—. ¿La patética forma en que fallé mi misión? ¿Cómo me salvaste de la muerte? ¡Maldición!

—Lo lamento mucho…

Con esa disculpa que se desvaneció entre el ambiente Shion se adelantó haciendo caso omiso de las palabras del dorado, aderezadas de dolor y de impotencia. Degel volvió a cargar a Kardia sobre sí, viendo que el dorado se había cansado de pelear, abrumado por la miseria que lo acosaba desde ese encuentro. Abandonó al sexto templo, no sin antes repetir las respectivas disculpas. Asmita quedó totalmente intrigado con lo ocurrido.

Hacía una semana sintió partir a Kardia de Escorpio solo a una misión en la Isla de la Reina Muerte, a la cual marchó extasiado de la emoción debido a los rumores que la rodeaban. Una isla llenas de volcanes, el nido de los traidores de la orden de Athena, lugar donde se dice que solo puedes encontrar la muerte. Allí al parecer se estaba gestando extraños acontecimientos que ameritaban la verificación del Santuario.

Recordó la expectativa que se podía sentir a través de su cosmos y llegó a pensar que para el escorpión, más que una misión era un juego. Visto ahora, tal parece que el juego casi lo mataba. Se preguntó que pudo haber pasado como para que el gran patriarca interviniera directamente en la misión de un santo de esa forma.

Tiempo después, recibió un llamado del mismo patriarca que llamó su atención. Fue Shion quien al bajar hacía su templo le dejó el mensaje. Llevado por la curiosidad, Asmita no perdió tiempo hasta llegar a la cámara del patriarca y arrodillarse frente a él. Tenía muchas dudas por responder, mucho que quería saber y no podía quedarse con todas esas sensaciones dentro. En el lugar también sintió la presencia de Degel, lo cual era algo que acrecentaba sus expectativas. Seguramente había logrado conocer más de lo sucedido por parte de Kardia y estaba allí para secundar las decisiones del sumo pontífice.

—Asmita de virgo se presenta ante usted—mencionó en tono solemne.

—Asmita, tengo un asunto de suma importancia que encargarte—la voz del mayor resonó con autoridad en el recinto—. Kardia de Escorpio fue enviado para verificar una actividad maligna cerca de la Isla de la Reina Muerte. Según algunos lugareños de las islas cercanas, han sufrido extraños ataques.

—¿Extraños ataques? —preguntó Asmita interesado.

—Muertos que salen de sus tumbas, espíritus que invaden en las noches, una serie de eventos que no son comunes.  Pensamos que no era de mucha importancia pero parece que un espectro está detrás de estos sucesos, un espectro con un poder cercano a un juez—continuó el patriarca con seriedad—. Sabemos que ya el día para que Hades despierte esta cerca y no es de extrañar que las estrellas malignas estén despertando alrededor del mundo. Sin embargo, parece que está en particular no puede controlar el cuerpo que ha tomado y desboca su cosmos maligno provocando toda esta serie de desastre.

—Entiendo.

—Kardia me comento que se vio envuelto en una serie de ilusiones y visiones que no pudo controlar. Según sus palabras, vio el mayor de sus miedos—agregó Degel, intentando dar todos los datos posibles para la misión—. Su enemigo se camuflaba a través de ella y por ello no pudo defenderse. El poder que envuelve el solo acercarse a la isla es intimidante, y aún en el mar ya se pueden empezar a ver ilusiones aterradoras.

—Estamos entonces frente a un espectro que manipula a la mente —murmuró el santo protector de Virgo fascinado con la idea—. Alguien capaz de confundir incluso el agudo sentido de Kardia.

—De entre la orden dorada solo hay dos santos capaces de manipular satisfactoriamente este tipo de ilusiones: Géminis y Virgo. Como entenderás, tendrás que detener tus meditaciones por un momento para encargarte de esta misión.

—Lo enviará solo, ¿gran patriarca?—preguntó acuario preocupado—. Luego de lo que pasó con Kardia, creo conveniente que sea acompañado.

—¿Puedo escoger yo mismo a mi compañero?—se adelantó Asmita antes de que el Patriarca decidiera algo al respecto.

—¿Tienes a alguien en mente?

—Así es, la isla de la Reina Muerte es conocida por la actividad volcánica que la rodea. Conozco a alguien que además de tener la esencia de Géminis es capaz de acallar a los volcanes.

Degel dibujó impresión en su rostro ante la propuesta. ¿Acaso estaba hablando de la misma persona que meses antes lo había hecho venir con terribles heridas? Aquella persona… el gemelo olvidado de géminis.

—¿Crees que decida integrarse?—preguntó Sage intrigado, aunque no le extrañaba la elección que Asmita había hecho.

—Todo sería cuestión de preguntar. Pero no creo que resista la invitación después de describirle este panorama.

El patriarca lo pensó por un momento, mientras Degel trataba de discernir en la expresión de su compañero cual era su intención al tener a semejante persona como acompañante. Las razones no tardaron mucho en llegar: ciertamente, poseía la esencia de géminis y su poder era destacable según pudo ver en el pasado. Además, al estar acostumbrado a las abrazadoras llamas del volcán de Kanon lo hacía una persona idónea y en caso de que se necesitase la fuerza bruta él era el más apropiado. De seguro Asmita, siendo tan práctico, había pensado en todas esas posibilidades. Aunque el patriarca pensaba en Manigoldo como la opción para su compañía.

Finalmente, el patriarca dio su aprobación, con lo cual Asmita recibió la orden de marcharse inmediatamente al lugar. El santo se sintió satisfecho y se dirigió inmediatamente hacía la isla Kanon. Tenía la información pertinente para llegar al lugar y a su vez el interés de comprender cuál era el peligro que azotaba a la isla. Seguramente, Defteros se sentiría igual.

—No iré.

O eso pensó. Defteros rugió en medio de un mar incandescente con aquella voz.

Ya en aquel caluroso lugar, lleno de tantos ruidos extraños que aturdían a su mente, Asmita dibujó una expresión sombría ante la negativa. El demonio de la Isla Kanon mostraba una presencia cada vez más difícil de someter. Conforme vivía en medio de ese lago incandescente, rodeado del ardor y el olor del azufre, no hacía más que sacar su lado salvaje a flote y un orgullo que lo hacía difícil de manejar.

Sentado sobre una de las rocas ardientes y dejando que sus pies rebosaran entre la lava que crujía de ardor, Defteros le lanzó una mirada de desinterés frente a la invitación, aunque observar la molestia de su compañero le pareció un exquisito premio.

—¿Ahora me vas a pasear como si fuera tu mascota?—agregó en tono afilado la bestia de la isla, buscando molestar a su invitado.

—Veo que este lugar no solo afilo tus colmillos…—respondió en el mismo tono el guardián de la sexta casa.

La sonrisa perversa del gemelo se dejo ver entre la oscuridad del lugar, mostrando uno de sus colmillos, observando la expresión del más cercano a los dioses. Allí estaba frente a él, luego de un tiempo sin verlo en persona, vestido con su armadura dorada y un bolso a su lado, gritándole abiertamente con su semblante la incomodidad que sentía por su rechazo. Quería ver hasta qué punto era capaz de llegar para convencerlo de ir con él.

—Bien, no te rogaré —murmuró el dorado con rostro desilusionado.

Eso sí no se lo esperó.

—Pensé que sería más persistente—dijo el gemelo un tanto decepcionado al ver que virgo cedió fácilmente.

—No me gustan las cosas a medias… Aún así, hay una tormenta afuera en este momento, no es prudente irme.

El gemelo volvió a dibujar una sonrisa sumamente deliciosa, dejando que sus ojos brillaran mientras saboreaba lentamente su labio inferior. El dorado simplemente se dio media vuelta, sintiéndose avergonzado de haber pedido ese permiso al patriarca solo para recibir semejante desplante.

—¿Te quedaras la noche aquí Asmita? Sabes que es peligroso…—comentó Defteros en tono lascivo.

—Me quedaré, pero en las catatumbas y estaré ocupado—sentencio el dorado devolviéndole una expresión seria, sin un ápice de interés que le diera esperanza al demoni—. Además, ¿qué te hace merecedor de ese premio?

La respuesta dejo descolocado al demonio. Al parecer, si estaba molesto, aunque con esa expresión de serenidad con la que siempre se presentaba lo hacía difícil de creer. Pero Asmita era así, todo lo mantenía dentro de él, lo reflexionaba y analizaba a puntos inconcebibles, buscando una explicación lógica a todo, casi de forma enfermiza. Quizás, en ese mismo momento analizaba que argumento tenía el gemelo para haber rechazado la invitación.

No queriendo dar su brazo a torcer, Defteros no lo siguió sino con la mirada, viendo como Asmita se retiraba sin decir más hasta las afueras del lago de fuego. Le daría tiempo, posiblemente después iría con otra manera para convencerlo. Al menos eso esperaba.

Rápidamente pasaron las horas de la noche. Para decepción del demonio, Asmita nunca se acercó. Irritado, se levantó del lugar dejando que el magma cediera ante su poder y el calor emanara a través de su aliento. No podía negarlo, pero tenía curiosidad de ver que estaba haciendo que fuera lo suficientemente entretenido como para que lo mantuviera tan ocupado y hacerlo desistir tan fácilmente ante su primera negativa. ¿O sería esa parte de su estrategia?

“Qué más da” —se dijo—“. Si era parte de su plan tendré que admitir que lo logró.”

Salió de las profundidades ígneas de la montaña, y se escurrió entre los recovecos de las catatumbas que llevaban al volcán, con sigilo, esperando no llamar su atención hasta tenerlo cerca. Quería sorprenderlo y luego acorralarlo hasta llevarlo al punto donde él quería. Pero cuando lo encontró, estaba sentado, en esa misma posición de siempre, con una manta hindú que cubría su cuerpo por entero, de color ocre y mostaza, y su cabello dejándose mover por el paso de la brisa nocturna, manteniendo al lado la caja dorada que guardaba su envestidura.

Esa presencia allí, le provoco miles de añoranzas. Recordó precisamente como se filtraba entre los templos, solo anhelando verlo de lejos. Como se acercaron, como se entregaron…

A pesar que al empezar su búsqueda tenía deseos de llevarlo lentamente al mayor de los fogosos encuentros, verlo así simplemente lo dejó desarmado, cayendo derrotado ante los recuerdos que los rodeaban. La dulce nostalgia de esos momentos que en silencio solían compartir en su templo.

El gemelo entonces solo se dedicó a sentarse detrás de él, dejando su cabeza caer sobre el hombro del dorado, oyendo apaciblemente el respirar pausado y hondo de su compañero, mientras meditaba en silencio y sin necesidad de levantar su cosmos dorado. Esa paz, tan añorada, era suficiente para hacerlo ceder y seducirlo a las profundidades de sus recuerdos.

—Había olvidado lo testarudo que sueles ser…—murmuró Defteros con sus ojos cerrados, tranquilo, ensimismado en la tranquilidad, dibujando una tierna sonrisa en sus labios—. Extrañaba esto…

El silencio seguía gobernando a su compañero, visiblemente desconectado del momento, en algún lugar, quizás distante. Suspiró profundo, dejando que el aire caliente de su aliento se escurriera entre los delicados hilos de oro que volaban entre él. Volteó un poco, apartó con su nariz uno de los cabellos dorados que le cubría la vista a ese cuello de mármol que tanto amaba, y en consecuencia, olfateó ligeramente su piel, sintiendo el olor fresco de su compañero, oliendo a la humedad de los pastos que los rodeaba. Sintió que sutilmente la piel de su compañero se erizaba ante el gesto, aunque, como era común no se movió un solo musculo.

—Está bien, iré contigo—finalmente susurró el gemelo como quien se declara perdedor de una gran pelea aunque con una sonrisa que gritaba victoria.

—Bien, partiremos al amanecer.

—¿Me estabas escuchando?—el gemelo arrugó la nariz al recibir la inmediata respuesta. Debió imaginarlo.

—Desde el principio—susurró Asmita con una sonrisa, mientras dejó caer su cabeza hacía la de Defteros, teniendo ese ligero contacto. Defteros tenía al alcance de su nariz, el lóbulo de la oreja derecha de Asmita, totalmente vulnerable y codiciable—. Sabía que vendrías después de reconsiderarlo.

El demonio sólo dibujó una sonrisa, admitiendo que siempre Asmita estaba a varios pasos de él, pero precisamente esa eterna persecución le agradaba. Le pertenecía, pero debía ganárselo para poseerlo: un interesante juego. Sobre todo el premio final…

—Esta brisa… es tan agradable—murmuró Asmita, respirando hondamente—. Es lo único que me gusta de tu nuevo escondite. Deberías salir más a sentirla—Defteros solo se quedó en silencio, escuchándolo atentamente y observando de forma tentadora ese pedazo de piel disponible para él—. Me gustaría morir en un día así de agradable.

—No hables de muerte…

—La muerte es solo el pase a otro estado de la misma vida. Al final reencarnaremos, nos reencontraremos en situaciones diferentes, o quizás nunca nos veamos; pero todo es parte de un gran ciclo que se seguirá repitiendo. Para nosotros algo como la muerte realmente no existe.

Defteros se reincorporó, al sentir que Asmita se puso de pie, dejando que el viento jugueteara con su cabello dorado, mientras la luz de la luna iluminaba tiernamente sus facciones. Allí se preguntó, ¿qué haría que ese hombre abandonara su templo para ir a semejante lugar? Debía tener algo que la hiciera merecedora de su atención.

—¿Por qué aceptaste esta misión? ¿Qué tiene de especial?

—El mayor de tus miedos—al decir esto, Asmita volteó para entregarle una sonrisa—. Allí se encuentra un ser capaz de mostrarte el mayor de tus miedos.

Defteros arqueó su ceja, sin entender porque semejante razón lo tenía tan excitado. Pero no podía negar que le generaba una gran atracción ver que la sonrisa de Asmita guardaba una oculta determinación, algo que lo seducía hacia esa misión.

—Kardia de Escorpio llegó de ese lugar bastante irritado. Tuvieron que sacarlo de allí con urgencia, y por la forma en que lo sentí no estaba muy bien. ¿Qué le habrá mostrado ese espectro? Eso fue lo primero que me pregunte al oír la explicación del patriarca. Pronto Degel me comentó antes de salir que le había mostrado el peor de sus miedos, algo que simplemente lo paralizó al punto de intentar utilizar su técnica suicida.

—Suena interesante—comentó el demonio persuadido ante el relato y lo que posiblemente enfrentarían en ese lugar—. Entonces, el escorpión casi se picaba con su cola.

—Así es… y eso me hizo preguntarme. ¿Cuál es el mayor de mis miedos? He estado pensando eso desde que salí del santuario, justo ahora meditaba en ello.

—¿Y qué concluiste?

Asmita subió su rostro, suspirando profundamente mientras el viento pasaba a su lado, con fuerza. En su semblante se dibujaba incertidumbre, algo que le dio a entender a Defteros que no tenía respuesta a esa pregunta. Luego el santo de Virgo viró hacia la derecha, dejando que su flequillo fuera llevado por los brazos de la brisa al sentido contrario.

—Eso es lo que quiero saber… ¿No te interesaría conocer el tuyo?

—Dudo que haya algo que pueda asustarme más de lo que ya he visto.

El gemelo se puso de pie y abrazó ligeramente al rubio por detrás, acomodando su cabeza en el hombro y cubriéndolo entre sus brazos, aún cálido, con el olor a fuego impregnado entre sus poros. Asmita solo sonrió, dejando caer su cabeza en el cálido hombro de Defteros, murmurando suavemente cerca del grueso y fuerte cuello del demonio, con una sonrisa picara dibujada.

—Ya falta poco para amanecer. Lástima, tendremos que esperar hasta llegar a nuestro destino.

Defteros posó su mirada al horizonte, donde los rayos de la aurora ya empezaban a cubrir las oscuras aguas del océano, mostrando de nuevo las siluetas de todo lo que estaba en tierra. Apretó fuertemente el cuerpo de Asmita entre sí, dejando que sus ojos se encendieran de determinación.

—Entonces no perdamos tiempo…

One thought on “Hechizos y Temores (Cap 01)

  1. Solo esto podía levantarme el animo, tras un luto sin respiro encontrar tanta emocíon, tensión y promesa de entretenimiento y placer (ante todo placer XDD) garantizado me devuelve el aire, definitivamente. ¡Noveno cap!!! ya es una novelita esto (aunque no lo quieras asumir XDD)… me gusta que lo continue al anterior, que Degel recuerde el estado en que volvio de su última “visita”.
    Los detalles estan muy bien pensado, super logico, la estrella que se apodera antes y el espectro no controla, hasta te diste el lujo de hacer guiños al trasfondo emocional de Milo y sus miedos, ^^ muy bien realmente, ademas de seleccionar que utilice sus poderes psiquicos para justificar que Virgo y Géminis se encargaran. Y sobre todo instalar al mal en la Reina Muerte, te doy montones de puntos por el argumento bien pensado XD
    El encuentro ¿qué puedo decir? me volvio lok@ por supuesto, ellos dos se sacan (me sacan) chispas, esos dialogos tan ¡Dioses! insinuantes, provocadores, ahhhh como te mencionaba me gusta ver a Defteros todo rudo y Powa perder la cabeza por Asmita, es una de mis debilidades yaoistas ver a estos hombres enamorados hasta la demencia por personajes más sensatos OMG que bien se ven juntos, definitivamente, me alteran
    “-¿Ahora me vas a pasear como si fuera tu mascota? –” FIEBRE
    “−¿Te quedaras la noche aquí Asmita? Sabes que es peligroso…” SUPER FIEBRE
    “pesar que al empezar su búsqueda tenía deseos de llevarlo lentamente al mayor de los fogosos encuentros,” me siento Kardia a punta de usar su Antares especial XDD
    Ahhhhh y Asmita que lo maneja a su antojo, es un sadico psicopata travieso en el fondo jajaj de veraz me gusta como lo conoce, bah, se conoces, es tan profunda su historia juntos, tienen historia (despues de 9 caps como no tener historia jaja)
    Y ese final ahhhhh me dejaste picada a morir, ojala y si lo termines prontito, me intriga el miedo de Asmita, me intriga mucho.
    Genial como siempre ^^ los manejas de u modo envidiable a estos dos personajes.
    Besotes!!!!!!!

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