Decadencia Divina (Cap 04)

Aunque su titulo lo asocia a la divinidad, tan solo es un humano. Por primera vez Asmita siente en carne propia el peso de su propia mortalidad.

Una enfermedad aqueja a Asmita y todos buscan una forma de ayudarlo. ¿Conseguirán algo en Rodorio?

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Decadencia Divina

Temas: Yaoi, drama, romance
Personajes: Defteros, Asmita, Aspros, Manigoldo, Shion, Kardia, Degel
Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.
Resumen: Aunque su titulo lo asocia a la divinidad, tan solo es un humano. Por primera vez Asmita siente en carne propia el peso de su propia mortalidad.

Una enfermedad aqueja a Asmita y todos buscan una forma de ayudarlo. ¿Conseguirán algo en Rodorio?

Capitulo 4: Delirios

La oscuridad, su eterna oscuridad, era algo a lo que estaba acostumbrado. Lo único que le daba indicios de lo que lo rodeaba eran los sonidos, las fragancias, las texturas, los sabores. Por ello toda clase de evidencias de ese tipo eran firmemente analizadas hasta obtener la respuesta que buscaba: su entorno. Lamentándolo mucho, en ese momento no podía discernir sobre que lo rodeaba. Múltiples sonidos, voces amorfas y en eco interminables que no tenía ningún tipo de orden. Varios olores, entremezclándose y una sensación calor y frío que lo aturdía. Texturas, múltiples texturas y el amargo sabor de la sed que embargaba su garganta. Totalmente desubicado, aturdido, embargado de una confusión que parecía enloquecerlo. Quería silencio, quería paz, quería desconectarse del mundo…

El cuadro de dolor y pesadez que El Cid veía lo tenía preocupado. Estaba parado frente a la cama de Asmita, reclinado hacia la pared, viendo como el perfecto orden con él que el rubio cuidaba su habitación ahora había sido mancillado. Colchas, paños húmedos, cubos de agua, eran algunos de los implementos que llenaban la habitación casi vacía. Observaba profundamente al dorado, quien movía su rostro de un lado a otro, murmurando cosas inentendibles, con ese sonrojado en sus mejillas que delataban la fiebre que lo aquejaba. Se acercó un momento para cambiarle el paño frio que tenía en su frente, humedecerlo de nuevo y colocarlo, intentando así disminuir la temperatura de su cuerpo.

−Cid… −escuchó en la puerta la voz de Degel, que acababa de llegar de Rodorio −, necesito que vengas conmigo.

El español se levantó y antes de salir enjugó sus manos en agua para luego secarla con un paño que Degel le extendió. Al entrar al pasillo vio a Aspros de pie, con sus ojos cansados y a Degel con expresión indecisa.

−¿Qué te dijeron? –preguntó de inmediato capricornio.

−Tal parece que es una enfermedad infecciosa. Debemos evitar tener contacto con cualquier fluido de él si queremos mantenernos sanos. Los síntomas cuadraron con la fiebre que azota a Rodorio.

−¿Cúal es la cura? –volvió a interrogar el español sin ánimos de entrar en detalles

−Ese es el problema… no hay una cura como tal, al menos no aquí… escuché que en el extranjero tienen algunas medicinas que ayudan a contrarrestarlo…

−¿Significa que no podemos hacer nada? –preguntó Aspros preocupado.

−Significa que todo está en manos de Asmita. Dice que se puede curar con reposo y tomar muchos líquidos, pero todo depende de la fortaleza de la persona. Lamentablemente por lo que vimos Asmita está débil y no ha comido nada en estas últimas horas. Lo único que podemos hacer es tratar de obligarlo a comer.

−¿Han muerto antes por esa enfermedad?

Degel suspiró profundo antes de subir la mirada al mayor con unos ojos que imprimían inquietud.

−Sí, ya han muerto por esa enfermedad…−la expresión hizo que ambos mayores se miraran con incertidumbre –. Además, tal parece que en Rodorio se desató esa enfermedad hace poco, ya hubo dos muertos por tratarse muy tarde… Y yo que lo llevé allá la semana pasada…

El Cid bajó la mirada para ver en Degel una expresión de culpa y tristeza. Recordó que el mismo les había comentado en la noche que Asmita había comido en Rodorio y dado que hablaban de un reciente incremento de esa enfermedad en ese pueblo era evidente que la forma que se contagio fue a través de los alimentos.

−No te culpes, nadie podía saber que esto ocurriría –respondió El Cid seriamente, dispuesto a hallar una solución –. Dime en donde tienen algún medicamento y partiré inmediatamente a traerlo.

−Creo haber leído antes algunas investigaciones sobre ello en uno de los libros que tengo en mi templo. Si quieres ven a acompañarme para decirte hacía donde ir.

−Entonces yo me quedare con virgo.

−No Aspros, estás muy cansado y te veo débil, podría ser contraproducente− dijo el español colocándole una mano en el hombro−. Lo mejor es que alguien sano sea quien se quede.

−Le pediré a Kardia que lo haga, sé que sabrá qué hacer si la fiebre sube.

−Bien, entonces Aspros se va a comer y dormir bien. Nosotros nos encargaremos de eso por este día−concluyó El Cid sin esperar la decisión de géminis, quien sólo asintió sin más. Realmente estaba cansado.

Con el asunto decidido, Aspros bajó del templo de Virgo mientras Degel y Cid subieron hacia Acuario. Ya era la tarde y una leve lluvia los acompañaba a cada uno de sus destinos.

−Si te interesa saberlo, Asmita no está nada bien…

La voz del menor a sus espaldas la reconoció, pero no volteó. Estaba aún lo suficiente molesto como para no darle el gusto de hacerlo notar agradecido por avisarle como va avanzando las cosas en Virgo. Shion vio entristecido la espalda del guardián de cáncer, sentado en su cama con vista hacía la pared, esperando una respuesta que nunca llegó.

−¿Cómo lo encontraste desmayado? –volvió a preguntar el ariano, intentando entablar una conversación, conforme se acercaba hacía Manigoldo con cuidado−. ¿Qué hacías en Virgo como para haberte dado cuenta de ello?

Manigoldo se sonrojó al recordar lo que había pasado, nervioso aunque no podía negar que un poco contento con su logro. Esa tarde había subido molesto con la intención de hacerle ver a Dohko que no estaba dispuesto a ceder terreno. Practicaba las frases hirientes que le diría el italiano al llegar, perfectas para dejarlo desarmado y mostrarle su hombría. Sin embargo, al cruzar el sexto templo vio a Asmita, de pie, con el libro en mano totalmente fuera de sí. Fue la primera vez que lo vio de pie y sin hacer nada. Siquiera le reprochó el hecho de entrar a irrumpir su templo sin más.

Se acercó sigilosamente y lo contempló de cerca. Extrañamente no reaccionaba. Tentó con sus dedos los finos labios entreabiertos de virgo, sintiéndolos un tanto caliente, cosa que en vez de  asustarlo más bien lo excitó. Miró a los lados y nadie estaba cerca, volvió a tocarlo y Asmita no reaccionaba. Entonces le susurró en el oído, a modo de pregunta, si estaba bien que le diera un beso. Sólo recibió de respuesta el silencio, por lo cual, tomándolo como un sí, se dedicó a probar los finos labios del santo. Eso fue hasta que Asmita al final reaccionó. En ese momento que pensaba al respecto, quizás fue la misma fiebre lo que lo había tenido desconectado de sí.

−¿No piensas hablarme? –escuchó cáncer atrás y antes de que pudiera responder recibió los brazos de Shion sobre él, rodeándolo por el cuello. Manigoldo sólo dibujó un rostro desinteresado aunque por dentro se sentía muy complacido por el gesto –. Ya te pedí perdón, no me trates así.

−¿Qué paso? ¿El chino no está para que te entretenga? –dijo Manigoldo con sarcasmo y en tono burlón, mirando a un lado, intentando hacerse el duro.

−¿Todavía celoso? Sólo es un buen amigo.

−Ah, ahora es “buen” amigo. Antes era amigo. Mucho antes sólo compañeros. ¡Qué rápido avanza el asunto!

−¡Eres un tonto!

Soltando su agarre, Shion intentó salir de la habitación hasta que Manigoldo lo sujetó de su brazo fuertemente, deteniéndolo en el acto. El menor ladeó su rostro para encontrar la vista de Cancer, quien no volteó, manteniendo su mirada al frente.

−Estaba en el templo de Virgo porque estaba besando a Asmita.

Shion dejó que su mirada, de nuevo, hablara por él, abriendo sus parpados y mostrando desconcierto en sus pupilas claras. ¿Besar a Asmita?… ¿¿A Asmita?? Debía tratarse de otra mentira del cangrejo sólo para molestarlo, aunque la sola idea lo hastiaba a tal punto que hizo que sus mejillas se colorearan de la rabia. Sí, no podía ser cierto, y el hecho de que Manigoldo no le diera la cara al decirlo…

−¡Deja de mentir Manigoldo!¡No es gracioso! –gritó el ariano soltando su brazo del agarre de cáncer, mostrando un rostro que hervía de celos −. ¡No tienes remedio!

Sin dar tiempo a explicaciones, Shion salió molesto de la habitación, caminando como si una lluvia de fuego incendiara su mirada. Mentir de esa manera sólo para verlo celoso era indignante… ¿por que tenía que ser una mentira cierto? Era imposible que de verdad Manigoldo haya besado a Asmita, de seguro lo había dicho en broma, eso era lo que pensaba el primer guardián mientras bajaba a su templo, para ocupar la posición que tenía por obligación. Aún así, el hecho de que Manigoldo no lo haya visto a los ojos al decirlo le daba mala espina.

Kardia entró al templo de Virgo con desgano, cumpliendo el pedido que Degel le había encargado al pasar por el templo de Escorpio: vigilar el estado de Asmita. El octavo santo miró de forma despectiva a virgo, acobijado por varias colchas gruesas, sonrojado, con el paño húmedo en su cabeza y murmurando algo que parecía decir “agua”. Al ver el estado, supo que Degel no había exagerado. De verdad se veía deprimente. Haciendo una mueca de aburrimiento, Kardia se acercó y lo ayudó a tomar agua, al tiempo que secó un poco el sudor que rodaba por su cuello. Luego, remojó de nuevo el paño frio y lo puso sobre su frente.

−¿No pudiste enfermarte de otra cosa? ¿Tuvo que ser fiebre eh? Se supone que al único que le daba fiebre era a mí, ahora Degel tiene que estar aquí de enfermero… −murmuró con un poco de celos el escorpión, mientras se sentaba de brazos cruzados al lado del paciente –. Además, es aburrido estar aquí sin hacer nada.

Echó un vistazo rápido a la recámara, buscando con que distraerse. Vio algunos libros apilados de forma perfecta, haciendo la alusión a un abanico y curioso fue a ver que podía tener. De seguro eran cosas de “mantras” o “trantas” o como se dijera que tenía que ver con su procedencia, pero al menos tenía que hacer algo para que la espera no fuera tan agobiantemente aburrida. Tomó uno, buscando ver que imágenes o dibujos tenía que le llamara la atención y sólo vio animales amorfos, gente con varios brazos o varias piernas… en fin, nada con sentido. Lo puso a un lado y tomó el otro, encontrando algo parecido, y así hizo hasta que consiguió uno en particular, con la figura de dos personas en una posición algo extraña.

−Parece que es un libro de baile. Pero que baile tan raro –susurró el menor mientras leía el titulo –. Kamasutra…

Kardia estaba a punto de dejarlo de lado cuando sintió ese golpe de curiosidad para ver la graciosa danza, así que puso su uña en cualquier página y abrió el libro, aún dudoso, hasta que al ver la imagen se echó para atrás tirando el libro a un lado y luego, asustado, cerrándolo verificando que nadie lo hubiera visto. Miró a todos lados, sonrojado, agitado a más no poder por la imagen que tenía en la cabeza. Cerciorándose que nadie estaba cerca, abrió de nuevo el libro, y hojeó poco a poco viendo cada una de las imágenes. La cantidad de posturas de “bailes” era excitante, Kardia rápidamente se detuvo a observarlas con detenimiento, sonrojándose y sintiéndose ligeramente incitado por la literatura. ¿Por qué alguien como Asmita tendría un libro así? Subió la mirada pícaramente, con una mueca de ironía.

−El más cercano a los dioses le gustan este tipo de cosas carnales ¿eh? ¡Quien lo creería de ti Asmita! –lamió su labio inferior con vileza –. Aunque, no creo que te sirva de mucho si no ves las imágenes ¿no?

Allí el santo cayó en la idea de que realmente Asmita no veía así que el libro no le sería de mucha utilidad. Lo puso en su lugar y se sentó al lado de él, usando su uña para juguetear con su flequillo dorado, humedecido por el paño frio que cubría su frente. Pronto, el escorpión terminó quedándose dormido en su asiento.

La noche llegó al santuario. Aspros apenas había podido dormir unas horas y aún se sentía cansado, así que volvió a dormir un poco más, luego de que Aldebaran le informase que ya había alguien resguardando a Asmita en su templo. Viendo que su hermano de nuevo se había quedado dormido, Defteros decidió ir a acercarse hasta Virgo. Sabía que probablemente no podría verlo y que incluso, tal vez no siquiera podría entrar al templo si había alguien en la entrada, pero quería intentar al menos, acercarse. La preocupación no le había permitido comer bien y mucho menos alcanzar un sueño cómodo. Su hermano tampoco le había explicado mucho sobre que tenía como para “tranquilizarse”. Sabía que muy probablemente el esfuerzo sería en vano, pero, tenía que intentarlo.

Sonidos… sonido de pasos. Asmita al despertar de su letargo escuchaba esos sonidos con eco que se acercaban a su templo, sonidos que ya el reconocía. Murmuró ahogadamente su nombre en su garganta seca. El rubio se levantó, sintiéndose aturdido, pero seguro de que se trataba de esos pasos, debía ser él. Se puso de pie, con dificultad, tanteando con cada pisada que daba todo su alrededor para no tropezarse, ya que sus sentidos no parecían estar muy coordinados. Pronto salió a la sala de su templo y sólo sintió la fría brisa, junto con el olor a lluvia tierna que caía a su alrededor. Los pasos, esos que venía persiguiendo, parecían alejarse de él. Instintivamente, vestido sólo con una bata blanca y un pantalón holgado, Asmita siguió esos pasos que iban a dirección hacía la casa de leo.  Salió de su templo, tropezando con los escalones y cayendo tres pasos hacía abajo, aturdido. Los pasos se seguían escuchando, intentó ponerse de pie pero el dolor de su rodilla lastimada lo dejó un tiempo sentado.

“Defteros…”

Asmita sacó fuerzas y se levantó, esta vez teniendo cuidado de bajar los escalones que llevaban a Leo, escuchando que esos pasos, esos pasos que él conocía se alejaban de él. ¿Por qué? ¿Por qué se alejaban? La respiración agitada de esa persona la oía casi en su oído, para luego escaparse rápidamente muy lejos de él. Tenía que perseguirla, tenía que decirle que todo estaba bien… que no tenía que huir más. Sin saberlo, Asmita estaba siendo víctima de un delirio que lo estaba llevando templos abajo. Se dejó arrastrar por las falsas señales de sus sentidos que le hacía creer algo totalmente ireal. Esos pasos ni esa respiración estaba cerca de él.

La lluvia que cubría a todo el santuario, suave, casi como si danzara sobre el mármol; hizo que Manigoldo quisiera salir un poco de su habitación para oir de cerca ese sonido que parecía tranquilizarlo de la tristeza que tenía. Cada una de las misiones de Shion al lado de Dohko parecía alejarlo más de él. Tal parecía que era la estrategia de su maestro, que al darse cuenta de algo prohibido entre ellos había decidido alejarlo, a la fuerza. Estaba funcionando… cada vez la distancia entre ellos no era siquiera equivalente a la de sus templos… era mucho mayor. Crujió sus dientes con fuerza, intentando no ser afectado por eso. Después de todo, era el gran Manigoldo. El gran Manigoldo no debía ser afectado por niñada como esas. Mucho menos por ese saco de lana con pata y cejas raras que… extrañaba… El cangrejo pateó un paño que estaba cerca de sus pies, con fuerza, indignado consigo mismo por ser tan odiosamente débil por ese lemureano e intentó salir a despejar a su mente.

Cuando Defteros empezó a cruzar el templo de Cancer, vio impresionado la figura de Asmita irrumpir en la edificación, con su ropa empapada y tanteando entre las columnas, visiblemente desorientado, volteando su rostro de lado en lado como si buscara algo. Entendiendo que no podía estar allí en semejante estado, quiso acercarse hasta que escuchó los pasos del dueño del templo, haciéndolo retroceder y ocultarse entre las sombras de las columnas. Manigoldo había salido hacía la sala y se había quedado observando, extrañado, la figura de Asmita en su templo.

−¿No se supones que te estás muriendo? –preguntó el cangrejo con su hablar común, aunque con sus ojos mostrando algo de preocupación −. ¿Qué haces aquí? ¿Te gusto lo de la otra vez?

Asmita se quedó de pie, ahora algo aturdido. Luego sonrió, como si en Manigoldo hubiera encontrado lo que estaba buscando.

−Estás… aquí… −murmuró Asmita con voz seca, ahogada en su propia garganta –. ¿Por qué te escapas?

−¿Eh? –dijo Manigoldo rascándose la cabeza y acercándose para tomar el brazo de Asmita y hacerlo regresar a su templo −. ¿Estás delirando o qué?

Cuando Manigoldo asió con fuerza su brazo, Asmita entendió que algo no estaba bien. No se sentía igual… no era él. Aturdido, intentó alejarse al darse cuenta que era el cuarto guardián. Entre tanto, Manigoldo a acercarse y ver como los rayos de luna se trasparentaba sobre la bata blanca que Asmita tenía puesta, esculpiendo perfectamente su cuerpo, sintió un sobresalto en su interior. Defteros observaba todo desde la sombra.

−¿Dónde estoy? –logró susurrar Asmita totalmente abrumado−. ¿Y mi templo?

−Estás en mi templo rubia dorada –susurró Manigoldo conforme empujó a Asmita en contra de una de las columnas de su templo. El gemelo observaba todo absorto, sintiendo en su pecho una alarma−. ¿Sabes que es peligroso salir así, sobre todo en ese estado?

El cangrejo pasó su mano sobre la cabellera dorada echándola atrás mientras sentía el calor de su piel y veía embelesado el rubor rosado de sus mejillas, sintiéndose mortalmente atraído. Se veía tan parecido a él,  a como se ponía Shion cuando estaba en sus brazos y eso ya era suficiente para hacerlo perder las razones en ese momento. Subió un poco el rostro de Asmita, el cual estaba agitado, asustado pensando en cómo llegó al templo de cáncer y que rayos tenía que no lo dejaba responder como debiere. Intentó soltarse de su agarre ya que parecía sentirse acorralarlo cada vez más hacia la columna.

−Alejate… −pudo murmurar ahogado, sintiendo la nariz del italiano que parecía captar primeramente la textura de su mejilla

−¿Acaso no tienes fuerzas para defenderte? –respondió el guardián del templo con lascivia, cerca del oído de Asmita para hacerlo erizar frente a él–. ¿No te parece que así me provocas más?

La luna sólo alumbraba la cortina de lluvia que caía, las blancas túnicas de Asmita humedecida, la mirada ardiente de Manigoldo observándolo, la furia de una mirada tras la máscara en sombras …

2 thoughts on “Decadencia Divina (Cap 04)

  1. ¡Por Zeus!!!!!!!!!!!! Y ahora qué???????? Mani, esta bien que el rubio este hermoso y te recuerde esos ejem momentos ejem mejillas rosadas ejem a mi tambien me lo recuerda: Aprovecha!!!!! GO, GO, GO!!!

    Ya en serio, me dejaste O____O con ese inesperado final, la desesperación de Defteros, la rabia y exitación de Mani, la lluvia, todoooooooo

    Genial ap, atrapante, sumamente gracioso lo de Kardia y con un touch de Manishionada que me hizo *___* tan feliz que no te das una idea XD…

    QUERO MAS!!!!!!!!!!!!!!!!!

  2. Pobre de Asmita delirando, de manigoldo despechado y Defteros celoso. QUE CUADRO! XD

    Jajajaja que hara mani??? Se dejara llevar por la imagen parecida a Shion?

    Y si, la escena de Kardia y el libro de “danza” me parecio super graciosa!!! xDDDD

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