Entre Sábanas «Inexperiencia»

El santuario queda a solas y es un buen momento para Defteros y Asmita, aunque siendo esta apenas su segunda vez aún les queda por aprender mucho.

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Entre Sábanas «Inexperiencia»

Temas: Yaoi, drama, romance, Lemon
Personajes: Defteros, Asmita
Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.
Resumen: El santuario queda a solas y es un buen momento para Defteros y Asmita, aunque siendo esta apenas su segunda vez aún les queda por aprender mucho.
Cronología: Después de “Sueños de Libertad”

Palabras del Autor: Tenía la idea de relatar -mas bien ampliar -la escena de Sueños de libertad de su primera noche, como un sidestory, pero preferi no hacerlo primero porque sentí que le quitaría el misticismo con el que quedo su entrega en el fic y segundo, porque me parecio mas abordable la segunda noche. Ahora, veamos como será su segundo encuentro y quien le enseña a quien *babas*

La noche caía dulcemente en el templo de Virgo, como ya era cotidiano, con una suave brisa que traía a lo lejos el aroma a rosas del jardín de Albafica y se fusionaba con el olor a pasto húmedo. Su dueño, inmerso en la meditación, sentía como cada uno de los santos dorados abandonaban sus templos alegres. Iban a Rodorio, a acompañar a la joven encarnación de Athena para disfrutar de un festival especial. Había recibido la invitación pero el rubio prefirió quedarse a continuar con su misión, aunque esa no era del todo sus intenciones. Asmita sabía que en el santuario de las doce casas solo quedarían Albafica que era renuente a las multitudes, él y… Defteros. Suspiro profundo, no pudiendo evitar dibujar una sonrisa de anticipación. Sabía que Defteros también había pensando en lo mismo aunque no lo hayan hablado. No eran necesarias las palabras para eso.

Había pasado unos pocos días de su primera vez y fue todo tan rápido e inesperado que se sonrojaba de solo pensarlo. Era cierto que lo había esperado, quizás desde antes que el mismo gemelo, quizás después… pero lo cierto es que había sido por mucho tiempo. No hubo momento siquiera para detenerse a explorarse, apenas hubo el suficiente como para que sus cuerpos se sincronizaran y se entregaran víctima de un arrebato que no pensó experimentar. No hubo palabras, solo besos sofocados, hambrientos y deseosos de recorrer caminos que tanto había anhelado en la soledad. Todo fue tan espontaneo que al mismo tiempo sintieron que más bien eran suyo desde hace muchos años. Y las condiciones fueron evidentemente impropias.

Asmita volvió a sonreír, esta vez con sincera complicidad. Vaya que había pensado mucho en el momento en que por fin pudiera concretarse la unión divina. Pensó en su cama, sería el lugar ideal, varias veces se vio embargado por deseos que luego sometía pacientemente. Pero lo que si jamás imagino es que terminarían precisamente en el pasillo, tan a la vista de todos. Pudo haberle dicho a Defteros que fueran a su habitación, pero apenas sintió los labios del gemelo saboreando los suyos la cordura fue destronada de su cuerpo. Se regañó a sí mismo por esa imprudencia. No debía cometer algo así de nuevo, sería muy peligroso, contaron con suerte de que por lo menos Shion que es quien suele pasar por su templo para visitar a Dohko no haya pasado esa noche por allí. Sabía que él era quien tenía que tomar un poco de raciocinio para sus próximos encuentros. Defteros estaría tan preocupado dejándose llevar que dudaba sinceramente fuera capaz de pensar en que momento era idóneo o no. No le reclamaba, estaba consciente que eso era lo más cercano de la libertad que él puede tener ese momento, y no iba a detenerlo… No quería hacerlo.

Pensando en todo eso aún en su posición de Lotos, sintió los tímidos pasos de Defteros invadir su habitación. Los sentidos del rubio inmediatamente se pusieron en estado de alerta, se sentía inmerso en una leve expectativa que se iba incrementando conforme escuchaba los pasos acercarse. Dulce ansiedad que pronto había despertado en él.

Se acercaba, podía comprobarlo. El corazón que latía acelerado conforme las distancias se aminoraban, el respirar ansioso chocando contra su máscara, la electricidad que sin pensarlo lo recorría al entender que sigilosamente iba hacía él. Asmita intento vanamente mantenerse quieto, su cuerpo no era muy obediente en ese momento. Aunque se conservaba rígido, la tensión de la espera pronto empezó a crear un ligero temblor en las dos manos que estaban tomadas entre sus piernas, su respirar también iba marcando un ritmo distinto, su corazón ya seguía el paso de su compañero. Era eterno, Asmita sentía que los pasos de Defteros se hacían eternos. Por un momento tuvo el impulso de ser él quien lo acorralara, pero decidió contenerse. Quería estar primeramente seguro de que Defteros quisiera continuar, de no asustarlo o abrumarlo.  Él sabe responder muy bien a la presión, pero para el gemelo no era sencillo desde ningún punto de vista. Empezando porque tenía que quitarse la máscara.

–Asmita…

La voz, en un susurro desde su espalda, hizo que el rubio se estremeciera ligeramente. No basto eso, Defteros se acercó por detrás de él, buscó con sus manos tocarlo aunque aún no terminaba de hacerlo, hacia un leve movimiento a unos centímetros de la armadura dorada como si buscara dibujar en el aire el contorno de su compañero, como si no estuviera seguro de proseguir. Asmita lo sentía e inconscientemente percibía que sus mejillas tomaban un calor especial. Escuchaba el corazón del otro muy cerca, demasiado cerca, y ese palpitar acelerado le daba indicios de que deseaba lo mismo que él, pero aún estaba inseguro de tomarlo. Podía haberle respondido, podía haber reclinado su rostro hasta alcanzar la máscara, pero se quedo quieto, inmóvil. Quería ver que más hacía Defteros por llamar su atención, solo pensarlo lo excitaba.

–Sé que estas aquí… –le susurro desde atrás, tomando sus mejillas con sus manos, muy suavemente.

–Sí, aquí estoy… –La leve sonrisa de satisfacción de Asmita le dio ánimos de continuar

–Parece que todos fueron a Rodorio.

–¿Ah sí? Sentí a varios pasar por aquí.

–Mi hermano también fue –murmuró subiendo sus dedos entre la cabellera dorada, creando una corriente que obligo al rubio echar su cabeza un poco atrás

–Mmm… ya veo. –Asmita lo dijo con una sonrisa, viendo que muy al contrario de lo que esperaba parecía que Defteros estaba seguro de que era lo que quería. Eso lo complacía más.

–Si… –musitó Defteros al poner su frente aún cubierto en el espacio que había entre el cuello y el hombro del rubio, sintiendo la sedosa cabellera dorada acariciarlo, al mismo tiempo que su cabello espeso creaba estática en la piel blanca del dorado –… dijo que posiblemente vendría en la mañana. Aldebaran y Sisyphus lo invitaron para quedarse conversando y bebiendo allá.

–Interesante… –dijo Asmita en un hilo de voz, ya desesperado por escuchar o sentir una señal más evidente de que era lo que buscaba su compañero –. ¿Y qué piensas hacer tú?

–Yo… yo quiero estar aquí.

No paso mucho tiempo para que Asmita abandonara su posición de Lotos, quedando solo sentado en el templo, donde Defteros fácilmente logro acomodarlo a él, tomándolo por la espalda y permaneciendo sentados, rodeando la cintura cubierta de oro con sus brazos. El mayor solo había dejado recargar su cabeza al lado del dorado, respirando profundo mientras sentía la leve caricia que Asmita le regalaba a su antebrazo con sus suaves yemas. El rubio disfrutaba de esa compañía, aunque no podía negar que las ansias parecían poco a poco estarlo acorralando.

–Asmita… –murmuró ahogado el gemelo, subiendo una de sus manos para tomar la mejilla del dorado y separándose un poco para verle el rostro fijamente. Su compañero lo recibió con un gesto de expectativa–… ¿puedes…?

–¿Puedo qué? –pregunto Asmita algo ansioso

–Pues… ¿puedes quitarme la máscara?

–¿Para qué quieres que la quite? –dijo el dorado, provocando un suspiro sordo a su compañero – ¿Qué quieres hacer?

Defteros lo estudio cuidadosamente con sus ojos, concentró su mirada en los labios que parecían esperarlo con desespero. Solo los dibujo con su mirada, humedeciendo sus propios labios de verdaderos deseos. Sus pupilas azules se encendían ante la idea.

–Para besarte…

Asmita se alejó lo suficiente para conseguir un buen ángulo que le facilitara quitar la máscara sin dejar de estar abrazado a él. Esta vez no tardo mucho, no se detuvo a acariciar su cabellera como fue en aquella noche, estaba afanado y ya quería liberarlo tal como él se lo pedía. Apenas las ataduras cedieron y el objeto que lo cubría empezaba a liberarse hasta estar por completo en las manos de Asmita, Defteros no lo pensó, se abalanzó fugazmente a sus labios, lo estrechó entre sus manos y se complació con sentir como Asmita lo había correspondido con la misma necesidad. Las manos de Asmita solo aprisionaron su rostro hacía él, aún sosteniendo entre sus dedos aquella maldición, pero demasiado concentrado en disfrutar de ese cálido beso como para pensar que hacer con ello. Lo acerco a sí, se adentro a su boca con efusividad, el dorado podía sentir como la ardiente lengua de su compañero lo envolvía por dentro, solo respondiéndole con ligeras succiones y presiones para desesperarlo. Defteros actuaba por instinto y parece que este no tendía a fallar. De la forma que lo estaba besando apenas el dorado podía pensar en otra cosa e inconscientemente busco cambiar de posición para estar más cómodo, dándose un poco de vuelta para que ambas piernas quedaran a un lado de la cadera de Defteros. El gemelo solo se entretenía besándolo. Nada podía ser mejor que eso.

Se alejaron un momento. Defteros observo el rostro de su compañero totalmente absorto por el rápido arrebato, pero visiblemente deseoso de más. Asmita expresaba muy bien sus emociones en ese rostro. Su piel se teñía de un ligero tono rosa en sus mejillas, sus labios entreabiertos ya estaban un poco hinchados y el esfuerzo que hacía para tomar aire era delictivamente tentador. El gemelo se acerco un poco a él, olfateando un poco su rostro, sintiendo como la piel de Asmita respondía dilatando los poros, con pequeñas corrientes que atravesaban su ser. Allí siguieron tenues besos, delicados, en sus mejillas, en su nariz, en el mentón, en sus mismos labios, en cualquier lugar disponible en sus rostros, solo disfrutando la hermosa sensación de sus rostros tocándose, sin estar confinados por esa mascara que ya Asmita había dejado de lado.

–Deft… –suspiro Asmita extasiado, respirando el aroma sensual que despedía su compañero conforme se activaba.

–Tu armadura…

–¿Mmm?

–Tu armadura… la quiero lejos…

–Aquí no… es peligroso…

–Dime donde…

Asmita respiro profundo conteniendo el leve gemido que le provoco sentir la caricia impertinente del gemelo en su entrepierna, aprovechando los espacios que su armadura no cubría. Inmediatamente sus labios temblaron ante él, conforme la mano de Defteros atravesaba las paredes de oro para ir justamente donde deseaba.

–Aquí no… Deft… ¡Ahhh!–la mano del gemelo había alcanzado un punto que estremeció todo el cuerpo del dorado, haciéndolo dar un leve jadeo.

–Dime donde… –volvió a decir complacido, viéndolo curvarse de placer ante sus caricias, ya nublado por las emociones.

–En… en mi… cuarto…

Defteros no quería esperar más así que tomó con una de sus manos la máscara y con la otra sujetó a Asmita fuertemente contra de su cuerpo, para luego dar un salto que lo hizo llegar al pasillo del otro lado del templo sin tocar la luz que iluminaba el recinto. El dorado se puso de pie, atolondrado por las emociones y camino hacía su habitación seguido de cerca por su compañero. Entró y sintió que Defteros estaba con él cerrando con llave a la puerta, una orden hizo que su armadura dorada se acomodara en su posición de reposo a un lado de la habitación y casi inmediatamente Defteros lo apresó entre sus brazos y cayó sobre él en la cama.

Con besos arrebatados y caricias persistentes, ambos estaban enredados entre ellos mismos invadidos de deseos. Defteros no tardo en recorrer el cuello del dorado con sus labios, mientras con sus manos bajaba por su vientre invadiendo sus muslos solo sintiendo de respuesta los espasmos inundados de emociones. Bajó por completo, quitó de su vista la ropa que aún quedaba en el rubio y ya teniéndolo desnudo se quedo unos minutos viéndolo solamente. Era hermoso… el cabello dorado de largas extensiones, su rostro delicado, ese punto curioso en su frente cubierto por su flequillo, sus labios perfectos, sus parpados siempre cerrados que palpitaban de anhelos, podía bajar para luego dibujar con su mirada el cuello delgado, sus hombros  definidos, sus brazos formados, luciendo esa musculatura tan limpia y esbelta, su torax que se expandía conforme la respiración agitada de su dueño lo permitía, su abdomen totalmente trabajado, perfecto y sin un defecto. No pudo durar mucho tiempo solo admirando. En cuanto sus ojos azules se posaron en la sexualidad del compañero, fue acorralado por un intenso deseo que tuvo que cumplir de inmediato. La infame divinidad le reclamaba su total adoración.

Asmita solo sintió el calofrío invadirlo cuando los labios de su compañero se estrecharon en su virilidad, engulléndola por completo, poseyéndola con fiereza. Quería detenerlo, sabía que si Defteros seguía en ese ritmo terminaría en él pero apenas sus manos podían hacer algo para levantar la cabeza de su compañero que parecía estar totalmente ensimismado en su tarea. Finalmente dejo de pelear, dejo que sus manos fueran la plataforma que mantenía a su espalda derecha y permitía echar su cabeza detrás para concentrarse en las sensaciones. Era impresionante, muy a pesar de que Defteros actuaba sin ritmo alguno, notándose la inexperiencia que tenía al respecto, la forma en que lo deseaba era suficiente para tenerlo colapsado. Asmita solo podía admirar como poco a poco conseguía un ritmo idóneo guiado por su propia voz que emitía gemidos silenciosos, solo eso era necesario para que el gemelo dedujera el momento para acelerar su faena.  Pronto el menor sucumbió a las corrientes que lo embargaron y cayó tendido sobre sus sabanas abrumado, sintiendo a los pocos minutos al cuerpo de Defteros que se incorporo de nuevo sobre él pero solo se detuvo a contemplarlo. Respiraba forzosamente, pero la expresión de gozo insaciable era demasiado acogedora. Se sintió totalmente satisfecho de haber logrado crear ese rostro en su compañero dorado.

–¿Lo hice bien? ¿No te hice daño?–pregunto el gemelo acariciando la cabellera dorada, buscando en su rostro alguna aprobación.

–Muy bien… Aprendes rápido… –respondió con una sonrisa cómplice recuperando poco a poco el control de sí–. Ahora, déjame desvestirte…

Defteros se sentó a su lado y espero que su compañero hiciera lo mismo. Primeramente le emitió una sonrisa llena de picardía antes de pasar sus dedos por todo el pecho del mayor, percibiendo como respondía la piel con deseos y buscando la manera de quitarle lo que vestía. Mientras iba levantando su franela besaba tiernamente la piel que se iba descubriendo, todo hecho con sumo cuidado, como si simplemente disfrutara del contacto. Dejo caer la franela a un lado y empezó a usar sus manos para dibujar todo lo que significaba el cuerpo de su compañero, desde su cabeza, pasando por su frente, su nariz, sus labios un tanto tembloroso hasta bajar por el grueso cuello que ya estaba caliente y empezar a dividir el recorrido de sus manos entre sus hombros. El cuerpo de Defteros era muy amplio, Asmita podía entretenerse por largo tiempo tocándolo y aún así sentir que no había palpado los suficientes. Se deleitaba dibujando con sus dedos los pectorales firmes de su compañero, jugar con las sensibles tetillas, para luego cincelar con sus labios y lengua los pliegues que definían su trabajado abdomen.

–¡Haa!… Asmita… –murmuro el gemelo extasiado

–Sé paciente… quiero dibujarte en mi mente… –probo el rededor de su ombligo con su lengua sensualmente y se sonrío por la corriente que le emitió la piel morena –. Quiero conocer cómo eres… no me diste tiempo de hacerlo la otra vez…

El dorado se reincorporo para besar a su compañero, mientras sus manos se iban aventurando con destreza debajo del pantalón que lo cubría. Sus besos fueron apasionados y con sus manos rodeaba toda la cintura hasta ir haciendo ceder a la tela que lo cubría. Defteros ayudó el proceso, despejándose de su pantalón y acariciando a su compañero con la misma intensidad con la que recibía sus dedos, que ahora iban recorriendo sus muslos con fuerza y arrebato, apretándolos, poseyendo y dejando tras sus pasos surcos de presión en su piel. Sus manos llegaron hasta sus pies, que estaban enredados tras la espalda del dorado, para luego subir de nuevo hasta llegar a sus caderas. Detuvo sus besos, sin alejarse más que lo suficiente para que sus labios dejaran de estar en contacto y solo respirando el aliento ardiente de su compañero alucinado por el trato del que era víctima.

–Tu cuerpo es animalmente tentador… –concluyó Asmita luego de una inspección, mientras sus manos se acercaban al último lugar que no había explorado, la bestia de él –. Tu piel parece cuero fino, del de mayor calidad, recibe mis líneas y luego recobra su textura, indomable… –exhaló un poco de aire, escucho el leve gemido del gemelo ante la peligrosa cercanía –. Tu pecho… amplio… fuerte… imponente… tu abdomen Defteros… es la gloria misma…

–No me hables así…–suspiro casi ahogado sintiendo los dedos que iban tentando la textura de su virilidad–. Me provocas…

–Solo quiero que entiendas lo mucho que me gusta tu cuerpo… que comprendas lo mucho que desee hacer esto un día… –apretó y Defteros gimió roncamente, casi enloquecido –. Tus piernas, son columnas de fuegos que se encienden cuando las toco… creo que necesitaría tres de mis manos para rodearlas… me encantan… y tus brazos…

–¡Asmita!…¡Ahh! – rugió ensimismado, sentía que colapsaría si no dejaba salir su voz – Sigue… sigue…

–Lo haré… hasta que estés totalmente satisfecho Defteros… no te dejaré ir hoy hasta obtenerlo… –una delictiva amenaza aderezada por una sonrisa determinada y un violento movimiento que lo hizo delirar –. Mucho tiempo espere… mucho tiempo para detenerme ahora…

Una mano cubrió su boca, sin entenderlo. La otra estaba en la base de su hombría rígida, lista para penetrar en donde le pidieren. La expresión que la lujuria dibujaba en Asmita era algo que nunca llego a pensar ni en sus sueños húmedos más pervertidos. Era amenazante, era controladora y manipulante, era poderosa y portentosa, indomable… lo hizo temblar de expectativa, de miedo, de ansiedad… lo que vino era algo que lo impresiono.

–¡No! ¡Tu no… !

No hizo caso. Asmita sin el mínimo pudor tomo su masculinidad entre sus labios, rodeándola primero con cortos besos, amenazándola con su nariz y lengua, antes de llegar a la cumbre y tomarla con delicadeza. Defteros sintió una corriente húmeda que lo obligó apretar sus manos en contra del colchón, agobiado de una sensación indescriptible. Lo hacía muy diferente a como el mismo lo había hecho, era paciente… se deleitaba dibujando la forma dentro de su boca, apretándola un poco para sentir ese palpitar sanguinario en su paladar, rodeándola con su lengua humedecida y exhalando un poco de aire para hacerlo erizar de deseos. Pronto eso fue sustituido por un movimiento criminal que casi lo hacía gritar, ya que la mano que lo apresaba los labios lo obligó a guardar silencio. Era demasiado… demasiado impresionante la forma en que Asmita se esmeraba para hacerlo sacudir de un placer insano. Sus espasmos y le movimiento de su cadera pronto empezaron a delatar sus mas pecaminosas intenciones, sus deseos más incognitos, el placer y la pasión que se conjugaban en uno solo…

Defteros capturó los dedos de Asmita para aplicar el mismo cuidado y el mismo ritmo que su compañero hacía en su entrepierna. Empezó muy inexperto, pero pronto encontró la forma, sintió como Asmita por un momento se quedo sin poder continuar ante la ola de sensaciones que le enviaba y como su virilidad teñida de escarlata parecía responder al paso de su lengua en los dedos. Admiro la expresión de un placer ensordecedor que parecía haberlo tomado, aguantando las ansias de gritarlo, solo liberando gemidos que no hacían más que desesperarlo.

–Asmita… –gimió el gemelo al verlo tan extasiado, demasiado para sus sentidos, pidiéndole más.

–No aguanto… –murmuro Asmita echando su cabeza hacia atrás. Sus mejillas sonrojadas al más rojo vivo, sus labios mordiéndose entre sí, enjugándose después con su lengua, su cabello que caía sin forma por su espalda. –. Si sigues haciendo eso… ¡AHH DEFT…! No podre…

–Te deseo… ¡ya!… no puedo esperar más…

Lo asió de su mano y lo empujo hacía él sin misericordia. Antes de dejarlo siquiera quejarse, lo abrazo con imperiosa fuerza, hasta que ambos pechos estuvieran uno en contra del otro y sus dos hombrías se encontraran peligrosamente. Asmita respondió a la acción arqueando su espalda involuntariamente y con un temblor total que sacudió toda su humanidad. Era demasiado para él, si bien lo vio pidiéndole más en su primera vez, en esta definitivamente Asmita estaba enloquecido de deseos… Era mucho para él tener que contenerse, con solo esa imagen sentía que podía colapsar.

–Esto… esto no lo espere… –susurraba Asmita fuera de sí

–Yo tampoco espere… verte de esta forma… es demasiado… mucho… –Defteros se detuvo al ver la sonrisa forrada de felicidad embargarlo de decisión… lo tomaría ahora. –. Asmita… voy a empezar… ayúdame… a saber cómo lo quieres…

Solo un movimiento afirmativo y luego de que se enjugara sus dedos con su propia saliva, paso su pulgar desde el cuello delineando la columna del dorado, sintiendo como se contraía y se apegaba más a él, hasta cruzar su cadera y bajar por entre sus glúteos. Cuando por fin pudo sentir el punto, apretó un poco y miro el rostro de su compañero. Notó inmediatamente como el mismo Asmita movía su cadera lentamente en forma circular, el siguió su movimiento en el sentido contrario, y fue presionando poco a poco. Gimió con fuerza cuando sintió que el dorado había empezado a hacer lo mismo con él, sin haberle avisado, tensándolo por completo ante la invasión sorpresiva. Asmita se contuvo, y estudio lentamente el estado de su compañero para comprenderlo.

–¿Qué haces? –pregunto Defteros con voz ronca, ensimismado por la nueva sensación.

–Te enseño… –respondió Asmita con sensualidad, oliendo el olor corporal que estaba embargando el momento –. Me dijiste, que te ayudara a saber como lo quiero… eso hago… sígueme…

Lo beso, espero un momento hasta que el cuerpo del gemelo se iba sometiendo a la pasión de sus labios y cuando detectó que sus músculos fueron liberados de la presión, siguió con su trabajo. Presionó un poco, con movimientos circular que luego Defteros siguió en la entrada de su compañero. Entro, su compañero hizo lo mismo, y con cuidado iban invadiendo la cueva del otro, embelesados entre la conmoción que los abrumaba y los besos que ya no tenían mayor sentido más que hacerle ver al otro lo necesitados que estaban. Defteros se contorsionó cuando sintió el otro dedos de Asmita invadirlo, jamás había sentido una marea de placer y ardor como esa en su vida, estaba a punto de abandonarlo todo, pero en cuanto Asmita lo descubrió sujeto la base de su miembro para evitarlo. Se sentía sometido, quería liberar el placer encerrado pero solo pudo sentir como se iban acumulando en su cuerpo, conforme el movimiento de esos dos dedos seguían, abriéndolo más, devorándose dentro de él.

–¡Sigueme! –casi suplico el dorado con deseos, haciendo que Defteros recuperara su objetivo, de nuevo haciendo los movimientos circulares conforme sometía sus concentración a una dura prueba – ¡Sigue así!

–Me cuesta… –dijo entre gemidos, perdiendo el control.

–Puedes hacerlo… hazlo… lo quiero así…

Otro beso, uno más, Defteros ingreso su segundo dedo y con ello electrocutó los nervios del dorado haciéndolo gemir con abandono, siguió girando dentro de él, la sensación no tenía palabra para denominarla, solo sentía que ya quería estar dentro de él aunque no sabía cuáles eran los planes de su compañero al respecto. Sintió un tercer invadirlo, hizo lo mismo, y para su sorpresa la reacción de Asmita fue un alarido de dolor aderezado de placer. Asmita lo penetró de lleno con los dedos que ya tenía en su interior, abriéndose paso entre sus extrañas y obligando al gemelo a echar su cabeza hacia atrás. Defteros ya no lo soportaba, sentía un maremoto que sacudía a su piel y sus sentidos por completos. Veía que Asmita también estaba colapsando por la forma en que se arqueaba y él inconscientemente movía su cadera buscando que los dedos de su compañero adentraran más. Asmita movió su cadera sobre él, dejando a sus piernas caer alrededor de su cuerpo y Defteros respondió separando un poco sus piernas, para que Asmita pudiera tener más espacio para seguirlo penetrando. Estaban sedientos de más, ambos los sabían, sus cuerpos le reclamaban el más profundo e imperioso estallido de placer.

–Defteros… –le dijo Asmita recargando su cabeza sobre el hombro del compañero, allí al oído– quita tus dedos… y poséeme…

El obedeció. Quito el paso de sus dedos, y tomó su virilidad, sosteniéndola mientras Asmita posó esa mano en su hombro para mantener el equilibrio. Bajo con cuidado, siguiendo con el movimiento de sus dedos en el gemelo, verificando no hacerle daño ni a él ni a si mismo conforme era invadido. Defteros sostenía sus caderas entre sus manos, ayudándolo para que no cayera. La sensación era insostenible. Estaba colapsado al sentir como esa cabida estrecha apretada a su hombría y parecía esperarlo ardientemente. No era la primera vez, pero aún la experiencia era insoportable. Pronto logró ingresar completo y se quedo quieto, esperando que su compañero le diera la señal para moverse, aunque el dorado aún seguía invadiendo dentro de él. Sin esperarlo, una ola de placer sacudió al gemelo por completo, en cuanto Asmita alcanzó al punto donde deseaba. Cuando lo sintió, el rubio uso su brazo libre para apresar su miembro por la base, evitando que se viniera y dejándolo de nuevo con deseos de liberarse. Empezó a besarlo y volvió a tocar, entendiendo que ya Defteros no podía más.

–Defteros… escúchame… –murmuro Asmita buscando llamar su atención. El gemelo respondió como pudo con su mirada, estaba embriagado de sensaciones encontradas –. Lo que acabo de tocar es el punto clave… debes buscarlo en mí y conforme lo roces, esa corriente que sentiste, la sentiré yo.

–¿Cómo sabes todo esto? –pregunto Defteros extasiado, sintiéndose invadido de repente por un sentimiento extraño.

–Después te explico… –evadió Asmita la interrogante, concentrado en terminar ese encuentro con todo el placer posible–ahora, empezare a moverme… sígueme, como desees hacerlo… creo que es lo último que podré decirte… dudo que soportemos unos minutos más…

–¿Hubo alguien más?

La pregunta cayó pesadamente para ambos, tanto para Asmita al escucharla como para Defteros al escucharse a sí mismo. El dorado no permitió que eso arruinara el momento, respondiendo con un rostro forrado de deseos.

–Eres el único…

Ante eso, Defteros sintió el movimiento, el dulce vaivén que Asmita aplicó a su miembro y de forma voluntaria, respaldo esa ola en su cuerpo, sintiendo que al mismo tiempo que penetraba más en Asmita, los dedos del dorado rozaban su centro de placer. El movimiento de inmediato se aceleró, Defteros encontró el punto de Asmita y lo supo cuando esa mano lo rasguño con fuerza en la espalda, al mismo tiempo que jadeo su nombre. Sus dos manos en la cadera del rubio afianzaban el movimiento, los dedos de él dentro de su interior hacían su trabajo, sus cuerpos eran desbocados a una fuerte corriente de placer, moviéndose con frenesí, como si quisieran grabarse en el cuerpo del otro. La virilidad de Asmita era aplastada entre sus cuerpos, recibiendo esas fricciones que no hacían más que colapsarlos. El vaiben seguía y las corrientes eran disparadas de sus cerebros, recorriendo todos sus nervios en segundos e invadiéndolos del gozo y desespero más puro. Una sacudida animal, Defteros para no gritar a toda voz el nombre de su amante, rugió con desespero. Asmita se ahogaba en los deseos más impuros, sintiendo que nunca en su vida había sentido algo similar. Sus cuerpos estaban desbocados y dispuestos a eternizar el más puro deleite, con pasión, con lujuria, con un desenfreno tal que no darían tiempo a nada más. En ese momento solo eran uno, y la temperatura, los latidos, la respiración y el ritmo de sus contracciones, envistes y  gemidos, todo se habían conjugado haciendo una misma voz, un mismo movimiento y un mismo sentir. Solo uno…

El climax llegó y los envolvió de tal forma que casi aplasto todo rastro de cordura, gritando ambos el nombre del otro en ese santuario abandonado. El calor recorrió el interior de Asmita y los pechos de ambos, el mismo ardor, espeso, liquido. El gozo para Asmita fue tal que casi se sintió desfallecer en el espacio, siendo sostenido casi por instinto por Defteros, quien lo abrazó contra él, no con fuerza, sino con una ternura tal que no podía expresar. Fue rápido, tal como lo había dicho Asmita, no pudieron durar más que unos minutos que parecieron eternos. Sus respirar atestiguaban lo que había sido una entrega salvaje, la pasión más pura, el desboque bestial de sus más íntimos impulsos. Sus corazones que palpitaban ahogados ahora parecían retornar su curso, su respiración se calmaba, la temperatura de su cuerpo tomaba su normal cauce… sus cuerpos se relajaban precipitadamente al éxtasis tranquilo de sentirse uno…

–Esto… fue… increíble… –murmuro Asmita apenas recuperando la cordura, adormecido de deleite.

–Te amo…

Esas palabras de Defteros, dichas con solo un hilo de voz, fue incluso más poderosa que la más fuerte envestida recibida y que la ola de placer más imponente que lo haya sacudido. Esas palabras entraron en su cuerpo, alma y mente como un estallido de la más infinita felicidad… esas palabras… era cierto, era la primera vez que escuchaba de Defteros esas palabras tan profundas, tan llenas de significado, tan importantes para sí mismo… contuvo los deseos que impresionantemente querían hacerlo llorar, para responder con toda la sinceridad que podía, deseando tener una manera más fiel de describirle lo que había sido para él escucharlo…

–También te amo, Defteros…

Retiro sus dedos dentro de su compañero y lo abrazo, en un sobrecogedor gesto lejos de lo sexual, lejos de lo carnal. Defteros pudo entender, pudo entender ese acto que lo hizo abrazar con más efusividad más no por ello con fuerza animal. Era solo una ligera presión que le demostraba al otro cuerpo como estaban sincronizados, como estaban conectados, como se entendían y se deseaban, como se buscaban… como eran suyos…

–Quiero que te quedes conmigo… duerme conmigo…

La propuesta no podía ser rechazada… Defteros acepto sin siquiera pensarlo, separándose un poco de su compañero para poder salir, tiernamente, sin lastimarlo. Con toda la gentileza que podía apelar en ese momento. Lo miro unos segundos, deleitándose observando sus mejillas sonrojadas y esa sonrisa tan hermosa que le regalaba, con la más profunda alegría que podía mostrar. Lo beso tiernamente, repitiéndole con susurros esas dos palabras, y escuchándolas al mismo tiempo como su respuesta, hasta abrazarse de nuevo con acogedora ternura.

La noche seguía avanzando y ambos, luego de esa entrega estaban recostado entre las sábanas, Asmita recostado sobre el enorme pecho de Defteros, quien solo acariciaba su cabellera dorada con una paz inmensurable. Aún así, la duda de cómo Asmita sabía tanto de eso lo asaltaba… la respuesta que obtuvo no era muy contundente. Necesitaba saberlo, por una extraña razón la idea de que alguien más lo haya conocido en esa intima faceta lo asustaba. Por ello quería una respuesta antes de dejarse llevar por el descanso.

–Asmita… nuestra primera noche, yo no sabía qué hacer para terminar y tu… tu me guiaste para hacerlo… y ahora… hiciste muchas cosas… que…

–Sé directo… –replico Asmita tranquilo, consciente de que quería preguntar su compañero

–Hiciste y dijiste cosas que no sabía… tú… ¿como las aprendiste?

–Hay tres cosas que quiero que entiendas Defteros. La primera, eres el único. Nadie más me ha conocido a este punto. La segunda, no hay mucho que aprender. Nacemos con el instinto que nos desboca irremediablemente a complacernos y alimentar nuestras necesidades básicas. Besaste por instinto, me tuviste con instinto… mis indicaciones eran mínimas, tu lograbas entenderla y cumplirlas por instinto. Es lo normal, y no es algo que deba asustarnos. La tercera, aún si es por instintos, muchos han trabajado y estudiado para poder obtener las practicas más favorables para obtener la mayor satisfacción. Mañana te enseñare el libro donde leí toda la teoría al respecto, y obviamente por el punto 1, es ahora que la pongo en práctica.

–¿un libro? –murmuro algo incrédulo

–Si… una biblia sobre la sexualidad… cuando la veas, te darás en cuenta… ahora me siento muy bien aquí como para buscarlo…

–No quiero que te muevas ahora… me lo muestras mañana… yo te creo.

Unos minutos de silencio… Defteros veía el techo del templo, sintiendo como Asmita respiraba apaciblemente sobre su piel. Ya había escuchado de algunos santos que regresaban, pero ni el cosmos de Sisyphus, Aldebaran y su hermano se habían movido de Rodorio. Estaba tranquilo…

Acaricio levemente la frente de Asmita, retiro de su piel el flequillo dorado y observo, embargado de ternura, el rostro de su compañero totalmente sometido al sueño. Se recostó un poco más, dejo que el cuerpo de Asmita cayera en las colchas y se desvivió observando como él aún dormido buscaba de su calor. Se acostó de lado, acerco de nuevo el cuerpo de Asmita hacía él y lo abrazo dulcemente, cerrando sus ojos hasta que la misma apacibilidad del respirar de Asmita lo durmiera. Nada podía ser mejor que tenerlo entre sus brazos… La inexperiencia después no sería más que un recuerdo, una etapa superada… Con gusto ahora aprendería todo esos secretos al lado de su dios encarnado…

4 thoughts on “Entre Sábanas «Inexperiencia»

  1. Esta saga para amantes como yo de los lemons bellos y apasionados OMG, estuvo exquisita y hermosamente descriptiva^^ me lo pude imaginar todo XD, que gran noche!!!

    El hilo del fic hace honor al título, que lindo conocer todos los detalles, leer paso a paso como nacio esta acalorada relación OMG.

    “se sentía inmerso en una leve expectativa” (((—- genial como definción de lo que pasaba en el interior de Asmita eso de leve expectativa.

    ROMANTIC MOMENT:

    –¿Para qué quieres que la quite? –dijo el dorado, provocando un suspiro sordo a su compañero – ¿Qué quieres hacer?

    –Para besarte…

    TERNURA:

    –¿Lo hice bien? ¿No te hice daño?–pregunto el gemelo acariciando la cabellera dorada, buscando en su rostro alguna aprobación.

    ARDIENTE DESCRIPCIÓN:

    “El cuerpo de Defteros era muy amplio, Asmita podía entretenerse por largo tiempo tocándolo y aún así sentir que no había palpado los suficientes. Se deleitaba dibujando con sus dedos los pectorales firmes de su compañero, jugar con las sensibles tetillas, para luego cincelar con sus labios y lengua los pliegues que definían su trabajado abdomen.” ”
    Tus piernas, son columnas de fuegos que se encienden cuando las toco… creo que necesitaría tres de mis manos para rodearlas… me encantan… y tus brazos…”(((—- ¡Quien fuera Asmita!!!!!!!

    OMG:

    “lo hizo temblar de expectativa, de miedo, de ansiedad…” “demasiado impresionante la forma en que Asmita se esmeraba para hacerlo sacudir de un placer insano.”

    T///T DEFTEROS AMOR:

    –No quiero que te muevas ahora… me lo muestras mañana… yo te creo.

    PROFÉTICO XDD:

    La inexperiencia después no sería más que un recuerdo, una etapa superada…

    LEMON

    Insert el 89% del fic que fue WAU!!! Este Asmita nunca acaba de sorprendreme, cuantos ases guardara bajo la manga- o en la biblioteca XD-

    Sinceramente un lemon multiorgasmico, sexi y ardiente, se disfruta leer, se disfruta mucho^^

  2. Este capitulo me costo escribirlo porque… me babeaba toda imaginando! xDDDDD pero me gusto, lo que queria era mostrar como Defteros se guiaba con instinto y Asmita dirigia esos instintos para enseñarle a como desencadenar toda la ola de placer. OMG

    Y si, Asmita tiene muchos trucos bajo la manga!!! hay que ver cuando los va sacando poco a poco!!! *babas*

  3. Kyaaa!!
    Luego de un buen almuerzo, me pongo al día con este fic…

    “Inexperiencia…” bella palabra *u*

    Seee… no tengo palabras… todo esta de un Waoooo… Karin me las quitó todas ^^

    Buen fic… te amo Akira ^^ un montotototototón de besos!!
    PD: Yo opino… que ese libro era del kamasutra… algo me lo dice lol

    1. Me alegro que te haya gustado este fic solo Lemon xD

      Y si, ¡¡el libro es el Kamasutra!! Luego haré mas de estos, el cruce me tiene drenando toda la creatividad xD

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