El cruce (Cap 08) (AU)

Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Shaka ha descubierto que sus actitudes podrían crea confusión en Saga, mientras el gemelo mayor por primera vez se ve preso de los celos ¿Qué acciones tomará cada uno?

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Temas: Yaoi, drama, romance, comedia, Lemon, angst
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Kanon, Asmita, Defteros, Manigoldo, Shion, Shura, Pandora, Seraphina, Degel, Kardia, Kardia
Resumen: Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Shaka ha descubierto que sus actitudes podrían crea confusión en Saga, mientras el gemelo mayor por primera vez se ve preso de los celos ¿Qué acciones tomará cada uno?

Capitulo 8: Frialdad e Indiferencia

En el auto de Mu sólo se respiraba el silencio y por mucho que el conductor intento disculparse por lo sucedido, Shaka estaba demasiado concentrado pensando en otras cosas. El beso de Mu simplemente quedo en el pasado, lo que más le importaba en ese momento era la revelación que vino tras ese beso, el hecho de que su jefe Saga pudiera pensar que lo estaba seduciendo. Repasó con vacilación cada una de sus discusiones y entendió aterrado las insinuaciones que sin medir se estaban tirando. ¿Qué pasaba? ¿Por qué? Definitivamente su comienzo no había sido para nada bueno, no lo ayudaba en nada. Haberlo besado sin más, cuando nunca había hecho algo así en su vida, eso era algo que había dejado de lado y ahora tuvo que ponerlo en frente de todas sus variables. A partir de allí, roces serios, indirectas y por último esa mirada insistente en el fin de semana. Llegó a pensar que era por la fotografía de su tío Asmita y no se detuvo a pensar en ello hasta ese momento. ¿Por qué estaba buscando información de su familia? Hasta allí fue que cayó en cuenta de lo idiota que había sido. ¿Cómo no darse cuenta? Era evidente, evidente que algo estaba mal y él prefirió simplemente ignorarlo. Allí también comprendió que entonces la trampa del capuchino y que su teléfono no estuviera allí en ese momento y de pronto apareciera debió ser plan de él. No había otra explicación para la desaparición de su celular y su repentina aparición. Cada vez que revisaba lo ocurrido veía nuevas variables y el asunto le resultaba terriblemente peligroso. No podía dejar de pensarlo.

Mientras tanto, Saga se había encerrado en su habitación, colocando un poco de música aunque no estaba oyendo siquiera lo que sonaba. Seguía con su mirada ausente, hacía el cielo raso, intentando entender que le estaba pasando. Esa ira que tenía en el momento que Kanon toco a Shaka no era normal y él lo reconocía. Tampoco era normal que tuviera esa obsesión por molestarlo y cuando intentaba responder él porque quería incomodarlo se pasmaba al entender que la única razón era verlo con las mejillas sonrojadas de rabia y esa expresión… ¿Por qué? Apenas el rubio tenía una semana con él y pareció que todo se hubiera volcado en su vida, su actitud era idiota, perdiendo el tiempo buscando molestar a un chico que ni siquiera mostraba un interés real en seguirle el juego, solo cumplía su trabajo. Eso… eso lo desconcertaba.

No podía dejar que Shaka se diera cuenta que estaba provocándole algo muy contrario a sí mismo. No, más bien, él no podía permitir que se gestará dentro de él algo como eso. No creía en eso, iba en contra de todo lo que pensaba de él y además… Saga no pudo terminar de pensar en ello… Se sentía afligido de pensar todo lo que estaba pasando, de ver como cada extraño gesto del rubio simplemente captaba su atención, como si viera algo totalmente nuevo, algo que le causaba una extrema curiosidad y quería entender… algo… De poderlo entender…

Se levantó con lentitud y apagó el equipo de sonido para luego sentarse a ver un porta retrato que estaba en su cómoda. Allí estaba, varios amigos de la universidad y de la infancia junto a él y su hermano, en un viaje que habían hecho a las montañas nevadas, luego de haber estado todo el día esquiando. Entre ellos podía ver a una mujer, de hermosos cabellos plateados y mirada azul como el hielo, abrazándolos a los dos con ternura, mientras mostraba esa hermosa sonrisa llena de calidez.

Se trataba de Seraphina D’Garcia, una hermosa hija que se había criado con ellos desde chiquillas y a quienes ambos gemelos le tenían aprecio. A pesar que su familia era un tanto extraña y fría, Seraphina destellaba por su calurosa forma de ser tan espontanea y llena de vida, tan soñadora y capaz de creer que todo era posible. Esa había sido la última vez que la vieron, hace ya ocho años, ocho largos años. Aún ella compartía postales con ellos, enviaba una postal con alguna foto que tomo de algún lugar de su idílico estilo de vida, saludándolos a ambos como una sola entidad. Kanon era siempre quien le avisaba de una nueva comunicación de ella y Saga la escuchaba y veía sin mostrar alguna expresión pero siempre, siempre se detenía a pensar en aquella noche en la que él le prometió las estrellas y ella le confesó que quería el universo. La noche en que se dio cuenta que estaba atado a un apellido, a una herencia, a una historia y tuvo que dejarla ir, con una promesa que se había diluido en el tiempo.

Por esa razón, Saga trabajaba con el objetivo de independizarse. Por esa razón deseaba tener algo forjado con sus mismas manos y aunque el tiempo fue apagando la llama que sentía por ello, creía que de alguna manera renacería en cuanto la viera, en cuanto regresara. Aún así, ella había sido tan respetuosa con sus sentimientos y con su promesa, que en ningún momento pidió algo más. Quizás y al final esa promesa y ese futuro que vislumbraba hace ocho años se derritió junto a la nieve de ese invierno. Aunque el hecho de haberse sentido tan pobre en aquella oportunidad era lo que lo impulsaba.

Ahora estaba antes esta disyuntiva de la vida. Un reto, un desafío, eso fue lo que pensó al encontrarse con ese rubio en su primer día de trabajo. Algo que se le estaba escapando de las manos. Debía controlarlo, tenía que hacerlo, no podía permitir algo más con Shaka. Era un imposible. El rubio regresaría a su lugar después de tres meses y allí acabaría todo.

Cuando Shaka llegó a su nuevo hogar y cenó, quiso comentarle a su tío sobre lo que estaba pensando, buscando una manera de poder esclarecer sus dudas. Precisamente, su tío se encargó de confirmar lo que Mu le había asegurado.

–Me temó que tu amigo tenía razón.

–No puede ser… esto está mal, muy mal… podría afectar mi estadía en la empresa… –murmuraba Shaka apenado.

–Tranquilo, simplemente deja de hacerlo y todo se solucionara. ¿Dices que sólo ha llegado a miradas e indirectas no? Estas a tiempo para dejar todo como lo que es, una simple relación laboral.

Asmita tomaba un sorbo de su té, tranquilo intentando que con su propia actitud su sobrino se sintiera más cómodo. Shaka suspiro profundamente antes de tomar otro sorbo de su té.

–No sé porque causo una impresión equivocada… no busco seducir a alguien y aún así se me tiran encima… no lo entiendo…

–Eres guapo Shaka, y las cosas hermosas se llegan a codiciar. Es parte de la naturaleza humana.

–Pero tío, ¡eso no pasó contigo! Al menos nunca vi cuando estabas en casa que te buscaran…

–Si lo hacían, de forma directa y los rechazaba abiertamente, fuera hombre o mujer. En ese tiempo no estaba interesado en ningún tipo de relación, sólo buscaba algo en mi vida, algo para sentirme realizado.

–¿Y qué encontraste? –preguntó Asmita curioso. No veía nada anormal en la vida de su tío más que esa calurosa casa y su pareja. No había un gran empleo, ni propiedades, ni ningún tipo de tesoro especial u ocupación exitosa que le indicara alguna señal de autorrealización. Al menos eso era lo que él hubiese buscado.

–Encontré la esperanza, el dolor, la confusión y el amor –Shaka quedó pasmado con la respuesta sin poderlo comprender –. Todo eso con Defteros. Pequeño Shaka, veo en ti algo de mí, estas en búsqueda de algo en especial, pero definitivamente en otra área, muy diferente a la mía. ¿Por eso no estás pensando en pareja cierto?

–Sí, creo que tienes razón…

–Bien, eso está bien. Es mejor así, que el amor te llegue sin esperarlo, que simplemente te envuelva y te haga presa de algo al que al final tienes que ceder. Dejarte someter por él y luego dominarlo a tu antojo.

Shaka oía todo algo contrariado. Su tío lucía muy sereno mientras lo hablaba, como si relatara parte de su propia esencia con ello, sentía que de alguna forma esas palabras lo estaban definiendo a él y esos diez años lejos de su familia. Tomó el último sorbo de su té y se atrevió a preguntar algo que tenía en mente durante mucho tiempo.

–Tío Asmita, desde un principio, ¿buscó un hombre? –Shaka lo pregunto nervioso, viendo el rostro de incertidumbre de su familiar.

–No, no fue tan sencillo. No fue que un día desperté diciendo: quiero un hombre. Me enamoré de la persona, sin importarme su género y cuando pensé en ello, tampoco me importo. Amo a Defteros y Defteros es hombre, así que amo al hombre que es Defteros. Nada más. Lo demás no me pareció necesario tomarlo en cuenta. Y fue una fortuna que Defteros opinara lo mismo. Ninguno estábamos buscando un hombre, solo buscábamos el amor y lo encontramos en otro hombre. Así de sencillo y complejo, sé que suena así.

El menor resopló y entendió, que quizás, aún le faltaba mucho que saber. Por lo pronto, debía ocuparse de lo urgente y era el asunto con Saga. Seguiría el consejo de su tío.

El día siguiente llegó y Saga se encontraba especialmente nervioso de llegar a la oficina. Después de las palabras de Kanon que no dejaban de resonar en su cabeza, ahora estaba consciente de ese algo que quería aplastar antes de que terminara de germinar. Intento concentrarse y entrar, preparándose para el olor a capuchino que de seguro lo esperaba en su oficina. Para su sorpresa y decepción, sólo olía a café y la taza de un café convencional estaba sobre su escritorio. Saludó, recibió el saludo de su pasante y se sentó algo desconcertado. Probó un poco del café, normal, corriente y sintió como si una navaja le perforara el corazón. Intento sobreponerse a ello, sólo se trataba de café.

Aún así, sintió que algo había cambiado en el ambiente. Shaka ejecutaba cada tarea con tranquilidad, sereno y sin hacer mucho ruido. Además que se mostraba mucho más cerrado que de costumbre, que aunque él no hablaba mucho en la oficina, era detectable una especie de burbuja que lo apartaba de los demás y lo hacían inalcanzable. Seguía con su rutina común, y a pesar de sus esfuerzos por entablar una conversación se veía cruelmente cortado por las respuestas cerradas del menor. Por lo general, cuando él hablaba al aire de cualquier tema, se encontraba con la atención de Shaka, quien sin interrumpirlo y solo escuchándolo aún así le hacía preguntas instándole a proseguir. Pero ahora, muchas veces se sintió que estaba hablando con la pared y que el café de la tarde, tan común como siempre, le prestaba más atención que el rubio que se sentaba a su lado.

Saga pensó, que quizás, era que estaba de mal humor. Tenía derecho, era una persona y habían días en el que los humanos no amanecemos totalmente bien ¿cierto? Saga se convenció a sí mismo que era eso, que era la manera de Shaka para demostrar su molestia y que ya el día siguiente sería igual. Pero para su total desconcierto, eso no paso. El día viernes siguió con la misma rutina y ya se sentía desesperado. Tan asfixiante se había vuelto el ambiente en la oficina que Saga tenía que caminar cada dos horas, buscar aire fresco, distraerse antes de terminar agarrando al rubio por el cuello y suplicarle su atención. La frialdad e indiferencia con la que se sentía tratado era mucho más doloroso de lo que pensó. ¿Pero por qué? No había forma de que Shaka se haya dado cuenta de algo ¿Y qué si es así? Saga se encontraba con ese dilema muchas veces frente al espejo del baño del piso, luego de haberse echado agua para tratar de despertar de esa pesadilla en la que se había convertido su día de trabajo.

El fin de semana el gemelo se la pasó en sus cavilaciones y pensamiento, ahogado tratando de descifrar que había pasado, recordando para ver que pudo haber hecho, que sucedió. Lo único que encontró es el abrazó de Kanon y se airó de sólo pensar que eso haya provocado que Shaka se encerrará de esa forma. Y aún así, no quería adelantarse, aún no. Primero esperaría que llegara el lunes y si la actitud del rubio seguía actuaría en consecuencia. No pensaba trabajar en ese ambiente plagado de apatía.

–¿Entonces dejaste de hacer lo café y todo eso? –preguntó Mu luego de probar un poco de su helado de fresa, mientras veía a Shaka distraído con su torta de chocolate, en una heladería del centro de la ciudad, disfrutando de su fin de semana.

–Sí, hice lo que mi tío me recomendó. Creo que es lo mejor.

–Si no buscas nada más que una relación laboral, sí, es lo mejor.

–Sabes que no busco nada más… –tomó otro bocado de su torta y lo comió con gusto –. Me pareció que estaba algo inquieto. Su mirada siguió insistente, a veces me sentía nervioso, no sabía cómo responder a eso.

–Digamos que no siente nada aún, que la mirada haya sido por el cambio repentino. Pero si siente algo, te lo dirá. Sino, lo ignorará.

–No quiero que sienta algo…

–¿Cómo harás si te pide café especial? –pregunto Mu intentando desviar la atención. Se veía que a Shaka le incomodaba el asunto en sobremanera.

–Pues… saque la canela y el cacao. Así que cuando pregunte, simplemente le diré que no hay. Se supone que no debería insistir y si es así… le diré que lo busque en una cafetería –tomó otro bocado, con algo de fastidio ante la idea.

–Sé que sabrás manejarlo, cuando decides sacarte a alguien de encima, lo haces y de eso soy consciente. ¿Y qué si eso te llega a afectar su evaluación final de tu desempeño laboral?

–No puede evaluarme en base al café que hago –renegó Shaka con rapidez, queriendo alejar esa idea –. Para eso me esfuerzo para cumplir cada una de sus órdenes, tener al día su agenda, responder cada recado y organizar todo los documentos. Me abocaré a eso.

Mu prefirió no seguir conversar del trabajo. La tensión que percibía en su amigo por el asunto era notable y por lo que veía no era por algo sentimental. Simplemente en Shaka no estaba planes de parejas y esa posibilidad sobretodo en el trabajo era un poderoso problema para su objetivo ya a punto de culminar sus estudios. No podía darse ese lujo y lo sabía. Lo único que le preocupaba a su amigo rubio era su perfecta vida académica y su pronto inicio de su vida como profesional.

El lunes transcurrió exactamente igual y ya Saga estaba cansado del asunto. Intento entonces un cambio de estrategia, involucrar al rubio en una conversación, preguntándole directamente.

–¿El tío con quien vives, es Asmita? –preguntó Saga al aire, casi como si estuviera preguntando del clima. Shaka levantó su mirada extrañado.

–Sí –respondió y siguió tecleando sin agregar más. El gemelo exhalo e intentó de nuevo.

–¿Él te buscó o…?

– Yo lo busque.

–Bien… –parecía que intentaba atajar el agua con sus dedos y lo estaba exasperando –. ¿Cómo lo encontraste?

–Mu se encargo de hacerlo. No sé los detalles, no me importaron, sólo me importo verlo.

–Debió ser un encuentro dramático… –comentó, algo aliviado al recibir una respuesta con más de cinco palabras. Pero ante la última frase dicha, solo recibió de respuesta su silencio.

En ese momento, Shaka sintió en su espalda esa mirada penetrante que tanto lo aturdía. Intento vanamente seguir tecleando, concentrase en su trabajo, pero algo en esa mirada lo estaba envolviendo, sentía que parecía estudiarlo con fuerza y desespero. Se movió de forma brusca intentando espabilarlo, pero Saga mantuvo su mirada sin pestañar. Eso lo desconcertó, Shaka ya había detenido esa mirada con solo un movimiento mucho antes pero ahora parecía que no funcionaba. Se sintió desarmado y no tuvo opción. Concentró todas sus fuerzas en mostrar un rostro neutral y volteó, para devolverle la mayor indiferencia que era capaz dibujar en su rostro, encontrándose así con la mirada esmeralda.

Pesados minutos pasaran en medio de ellos. El aire se volvió por demás turbio y pesado, venenoso para sus pulmones. Shaka sentía que algo dentro de sí mismo se revolcaba ante esa mirada insistente, no entendiendo el porqué, llenándolo de conjeturas sin sentidos y asustándolo por completo. La expresión de Saga lo perturbaba. Lucía afligida, muy afligida, como si él buscara una razón, un algo que le respondiera un millar de dudas que se anidaban en su mente. Y el hecho de que esa mirada se la estuviera dirigiendo precisamente a él era algo que terminaba por sofocarlo.

Para Saga no era distinto. La expresión de Shaka era fría, severa, ecuánime, tan perfecta como si estuviera frente a una estatua de mármol. Se sintió golpeado, vilmente golpeado y esta vez ni se detuvo a preguntarse porque, simplemente se sentía así, no quería explicárselo a sí mismo para no seguir anudando más preguntas que al parecer nunca podría responder. Se dolía de ver cómo era dejado de lado, como de repente se encontraba hablando solo y ni siquiera sus intentos de al menos hablar funcionaban. Frustrado al no tener respuesta alguna y tener miedo de tan siquiera preguntar.

Pronto notó que las pupilas del color zafiros, aquellas que en un principio parecían imperturbables, empezaron a palpitar denotando terror. Al verlo, al entender lo que estaba pasando se sintió aún más herido. Shaka le temía. Su silencio, su actitud era porque le temía… ¿Qué hizo? Empezó a preguntarse alocadamente, casi perdiendo la razón, buscando una razón, un algo que le diera la clave… un algo…

Al silencio que se mecía entre ellos de forma pesada se unió el sonido del teléfono, que insistente, repicaba a cada tanto. Aún con ese ruido que cortaba con el silencio, el ambiente entre esos par de miradas no concluía. Los ojos de Saga seguían clavados de forma dolorosa en los zafiros que le gritaban al aire un auxilio a una penitencia. Sus rostros seguían sin modificar su expresión, todo mientras el teléfono volvía a resonar. Sin darse cuenta, al tragar uno, el otro seguía el movimiento, como si se hubieran conectado de forma arbitraría, de la misma forma en que sus miradas seguían aferradas al otro. Sus latidos estaban en el mismo ritmo, acelerados, por razones distintas pero acompasadas por el mismo ritmo. Ninguno podía bajar la mirada, ninguno podía cortar aquella conexión que los estaba matando en ese momento, a uno de agonía, al otro de terror; hasta que finalmente, al séptimo timbrado del teléfono, Saga tomó el auricular y habló, sin quitar la mirada pero observando que al hacerlo el rubio inclinó su rostro.

Pareció que fue algo urgente, porque sin mediar palabras, Saga tomo su chaqueta y se fue de la oficina. Sólo en ese momento, Shaka pudo respirar aire puro. Se sentía ahogado, buscaba oxigeno como si hubiera estado inmerso en las profundidades sin poderlo obtener. Algo le asusto de todo lo que había pasado, algo lo aterró de tal forma que no podía dejar de pensar en lo ocurrido. ¿Por qué?

Al final del día, Saga no regresó. Shaka cerró todo y se fue, confundido ante lo sucedido, con miedo de comentarlo temiendo que la respuesta fuera lo que él mismo había concluido luego de horas de pensarlo. En el ascensor cerró sus ojos, meditando dentro de sí mismo, recordando que en ese mismo lugar había empezado lo que ahora era su pesadilla. Si tan solo ese maldito beso no se hubiera dado…

Esa noche, por fin Mu había aceptado su invitación aunque no estaba convencido por la excusa que tuvo que usar. Realmente, más que excusa, esa era una razón, la verdadera razón pero le dolía que sólo por mencionar ese argumento, Mu haya decidido ceder. Lo fue a buscar en el auto de su hermano, donde el griego iba vestido con un jean negro bastante ajustado y una camisa roja con algunos botones el pecho sin abotonar y una cadera de oro que caía por sus pronunciados pectorales. Mu en cambio iba con un pantalón beige sencillo, una camisa manga corta de líneas finas y un suéter amarrado al cuello. El tibetano observó el aire galante de Kanon y pensó si quizás eso de hablar de Saga era tan sólo una fachada para hacerlo caer. Por fortuna para él, Kanon había sido sincero al respecto.

–No me gusta hacer esto, pero Saga no quiere hablar por mucho que le pregunte y lo veo así desde hace días –comentaba Kanon mientras buscaba donde estacionarse en el lugar donde comerían –. Así que pensé que tal vez sería algo del trabajo y que tenga que ver con tu amigo rubio.

–¿Con Shaka? –preguntó Mu incrédulo.

–Sí, así es.

–¿Por qué con Shaka? Él sólo es un pasante, no debería afectarle…

–Eso mismo pensé yo Mu, pero no, le afecta, y más de lo que pensé en un principio –Kanon tomó un poco de aire antes de continuar –. Cuando me dijiste lo del olor a café y chocolate, fue a verificarlo allí mismo. Fui hasta la oficina y abrace a Shaka –Mu dibujo una expresión entre asombro y molestia –. No se me ocurrió de qué otra manera podría acercarme tanto para olerlo y tenías razón.

–¿Lo hiciste frente a Saga? ¿Cómo que no había otra forma? Creo que se me ocurren millares de otras formas…

–El hecho es que sí, lo hice frente a Saga y se puso como una bestia. Nunca lo había visto tan enfurecido –el tibetano empezaba a comprender por donde venía el asunto y no pudo evitar sentirse tensó. A pesar de que ya se habían estacionado, por la conversación ninguno había bajado del auto –. Entendí que de alguna manera le estaba gustando Shaka, y me pareció gracioso porque mi hermano jamás ha salido con un hombre.

–¿Crees que le gusta Shaka? –preguntó Mu directamente, temiendo la respuesta

–Creo que es más que gustar… Lo cierto es que de repente está demasiado pensativo, afligido por no sé qué. Intente razonar con él, hablar pero no sirvió y ahora, antes de llamarte, discutimos y de repente me dijo un: ¡Por tu culpa Shaka me teme! –Mu palideció al escucharlo. ¿Era posible que las cosas fueran más complicadas de lo que pensaban?–. ¿Shaka ha hecho algo? Te comento porque no se sí fue que a partir de ese abrazó se puso paranoico o…

–En realidad, no se trata de eso… ni siquiera Shaka me comentó de ese abrazó…

–¿Entonces porque crees que Saga piensa que le teme?

–Te responderé sólo porque veo que estas siendo sincero y me tienes la confianza como para hablar de algo como esto, cosa que aprecio –dijo Mu con ternura, aunque en sus ojos se visualizaba un cierto temor con todo lo oído –. Verás, hablé con Shaka sobre lo del olor a café y chocolate, sobre los café que preparaba y demás. Le hice ver que podría confundir a Saga y veo, que ciertamente no estuve equivocado. Cuando me escuchó decidió dejar de hacerlo, cortar todo por lo sano y…

–¿Saga no tiene esperanza? –pregunto Kanon dolido, desarmando por completo al tibetano quien sólo exhaló un poco de aire, algo contrariado.

–No te sé decir. Pero si dices que tu hermano nunca ha salido con hombres y que Shaka tampoco lo ha hecho ni tiene interés de hacerlo, lo veo difícil.

–Si fuera un gustar común ni me preocupara pero… no había visto a Saga tan deprimido desde hace mucho tiempo, y la última vez que lo vi así precisamente era por algo más que un gustar.

–Shaka es un hombre muy interesante, es inteligente, es seguro de sí mismo y sobretodo, tiene un aire seductor casi tatuado en su mirada. Sin siquiera pensar en serlo puede hacer gestos que confunde a las personas. Ya varias veces le ha pasado y le es difícil controlarlo, es parte de sí.

Hubo un silencio algo incomodo entre los dos, Kanon pensando en su hermano con cierta preocupación y Mu intentando entender como en una semana las cosas habían llegado a ese punto.

–¿Crees que este tan deprimido sólo porque ya no hace café con sabores? –pregunto de nuevo Mu, algo confundido con todo el asunto.

–No creo, parece que lo del café es sólo parte de un todo.

–Cuando Shaka intento sacarme la idea, también fue duro. Me trato con una indiferencia en la que creí que podría golpearme con una pared de hielo y no sentir tanto dolor como sentía cuando me miraba con esa expresión neutral. Tiene la costumbre de cortar todo, a la raíz, sin dar tiempo de nada. Supongo que puedo entender a tu hermano si siente algo parecido a lo que sentí en ese tiempo.

–¿Cómo hiciste para que fueran amigos después de eso?

–Simplemente lo convencí de que ya no buscaba nada más. En cuanto se sintió seguro que ya sólo había una desinteresada amistad, volvió a ser el mismo Shaka de siempre.

–Creo que podría intentarlo. Podría asomarle la idea a Saga.

Kanon salió del auto y fue seguido por Mu, aún con la conversación latente. En vez de entrar al lujoso restaurant, Kanon se le antojo sentarse en una de las bancas de una pequeña plazuela que estaba frente a ellos. Apretaba con fuerza su cuello y espalda, visiblemente tenso con todo, allí Mu pudo entender que lo de su hermano le estaba apegando considerablemente, sintiéndose apenado por él y por Saga. Se acerco a él y sin preguntarle, empezó a intentar masajear sus hombros, provocando en el gemelo menor una corriente dulce recorrer su cuerpo.

–Mu…

–No seré tan bueno como Veronica, pero… creo que lo necesitas.

–Gracias… sí que lo necesito…

Ambos se quedaron en silencio por un buen rato, solo oyendo el pasar de la brisa y el canto de los grillos de alrededor.

Al mismo tiempo, en la habitación de Defteros, Asmita se entretenía peinando el rebelde cabello de su amado, quien acababa de ducharse y se estaban preparando para descansar. Shaka llegó ese día más callado de lo normal, inquietando a Asmita pero consciente que no podía hacer mucho por él. Sin embargo, Defteros también estaba preocupado por la forma en que lo vio llegar.

–Asmita… deberías hablar con él.

–¿Con Shaka? –preguntó mientras peleaba con el peine y uno de los nudos de ese cabello azul.

–Sí, no se ve bien. Me preocupa.

El rubio se sonrió al escucharlo, dejando el peine de un lado y abrazándolo con fuerza, entreteniéndose en esos fuertes pectorales que le enloquecía tocar.

–Eres muy tierno Defteros…

–Asmita, hablo en serio –el gemelo lo dijo con voz ronca, algo molesta, antes de tomar las muñecas del hindú y alejarla de su cuerpo. Asmita quedó desconcertado.

–Pero Deft…

El moreno se volteó, soltando las manos del rubio que estaba sentado en la cama algo confundido y sujetando ese rostro blanco para así obtener la total atención. Asmita tocó el rostro de Defteros con sus manos, dibujando su expresión y notando que hablaba muy seriamente.

–Ve a hablar con él. No me gusta verlo así.

–¿Qué sucede Defteros? –pregunto el menor algo contrariado.

–Me recuerda a la expresión que ponías en ese tiempo. No me gusta…

–Defteros… –fue lo único que pudo susurrar antes de que Defteros soltara su rostro y se sentara a su lado, sin tocarlo. Entendió que debía hacerle caso a su compañero –. Está bien, iré, pero dudo que pueda ayudarlo. Está peleando con algo en donde no puedo ayudar.

–No importa, al menos inténtalo. Yo puedo esperar.

–Bien, iré.

Asmita se levantó de la cama, buscando una bata, ya que solo traía puesta su ropa interior que era lo único que usaba para dormir. Cuando estuvo a punto de salir, volteo para darle a Defteros una hermosa sonrisa.

–Lo de que eres tierno también era en serio, Defteros.

–No le digas nada.

–Está bien. Espérame, ya regreso.

Aún a pesar de haber intentado hablar con Shaka, este no dijo nada al respecto. Se excuso del estrés del trabajo e intento tranquilizarlo con eso, antes de pedir que lo dejaran solo para poder descansar. Pero Asmita sabía que no era así y a pesar de eso, no quiso insistir. Cuando regreso a su habitación se sentía algo preocupado por el asunto, hablándolo con Defteros y recibiendo de respuesta el mismo malestar. De alguna manera saber que su compañero compartía la misma sensación le daba cierta tranquilidad y pesadez.

Cuando Kanon llego, por otra parte, a su apartamento a medianoche, encontró a su hermano Saga tomando un vaso de leche desde la cocina con la vista perdida en el ventanal de la sala. Cerró la puerta con cuidado e intento no decir nada, ya que luego de esa última discusión pensó que a lo mejor era más efectivo darle un tiempo a Saga antes de conversar. Pero al estar a punto de cruzar el umbral hacía el pasillo la voz de su hermano mayor lo atajó.

–Pensé que no vendrías a dormir…

–Fui con Mu y desgraciadamente aún no me deja pasar a la siguiente fase –le respondió con picardía, deteniendo su paso y acercándose a su hermano–. Es raro que estés despierto a estas horas.

–No podía dormir, pero ya arreglaré eso.

–¿Por lo de Shaka? –el gemelo menor vio como su contraparte se notó incomodado con la pregunta, desviando su mirada a la pared–. Me disculparé con él por lo del abrazo, sólo quería comprobar lo que me dijo Mu.

–¿Qué te había dicho Mu como para responderlo abrazándolo? –reprochó el mayor severamente.

–Que olía a café y chocolate–Saga levanto su mirada para encontrarla con la de su hermano menor, quien se la devolvía con algo de pesar. Ese olor que lo había embriagado en esos últimos días y que el mismo había detectado –. Parece que Mu le dijo que podía llegar a malinterpretarse… Espero que no le digas nada de esto a Shaka o ¡allí si es verdad que nunca veré a Mu en mi vida!

–¿Entonces es por eso? –preguntó Saga algo dolido. No malinterpretarse, ¿ahora se detenía a pensar en eso?

–A groso modo, sí–respondió el menor intentando estudiar la expresión de su hermano para saber sin continuar o no. Sintió que el silencio de su hermano le daba motivaciones de terminar lo que había empezado–. Saga, Mu me comentó que Shaka no ha salido con un hombre, nunca–enmarcó eso último, observando el rostro de Saga contrariado–. Quizás sea por eso que…

–Te equivocas, no siento nada en particular por Shaka–sentenció el mayor tomando toda la leche de un solo golpe y dejando caer el vaso con fuerza en la mesa. Kanon frunció el ceño al ver que se mentía.

–Saga, negar la nada es aceptar el todo*. Tú lo sabes.

–Voy a dormir Kanon, haz lo mismo, mañana hay que trabajar.

–Saga, mientras más lo niegues más pesado se te hará.

–Buenas noches Kanon.

Sin dar tiempo de nada, Saga cortó con la conversación y con toda posibilidad que Kanon intento vislumbrarle sobre un futuro a ese mal. Cerró la puerta de su habitación y se recostó con pesadez, pensando en lo que había pasado, en esas miradas que se encontraron en la oficina y donde leyó el temor que le tenía el menor. El temor a que las cosas se malinterpretara… terminó concluyendo eso luego de escuchar lo que Kanon le había comentado. Ahora lo entendía, Shaka no tenía intenciones de nada más, le dijeron que sus acciones pudieran vislumbrar ese algo que él no deseaba y decidió desistir de ellas. Además, nunca ha salido con un hombre, él mismo tampoco y no pensaba cambiar eso a esa altura de su vida. Tal vez era mejor así, tal vez Shaka le estaba facilitando las cosas con esa actitud… tal vez debería imitarlo…

El siguiente día llegó y Saga lo recibió aún despierto. No había podido dormir casi nada en toda la noche, pensado, pensando de más. Se levantó dispuesto a echarse un baño y seguir con su existencia, dejando que el agua fría cayera sobre él y recorriera su piel sin problema, mientras él solo la veía caer, escurrirse entre sus manos, como todo en su vida…

La oficina tibia, el olor a café y el rubio sentando en su escritorio, siguiendo su eterna rutina, con su sempiterna expresión de neutralidad que ya hasta se le hacía tan fría como el helado viento de una noche oscura. Saga entró a la oficina, saludó, tomó el café y se sentó. No habló nada, no hizo comentarios. Se dedicó a sólo dar sus órdenes, contestar llamadas, perder su mirada tras la luz de su monitor, escapándose en su mente del infierno en vida que se había convertido el ir a trabajar y evitando observar al muchacho que obedecía cada orden con extrema eficacia, con calculada exactitud. Tan perfecto, tan perfecto como una maquina fría, que hace su trabajo sin siquiera hacerse notar.

Sí, Saga intentaba convencerse a sí mismo que Shaka pronto se convertiría en eso, una simple maquina que obedecía y a quien apagaba antes de salir de su oficina, para ser fuera de ella lo que solía ser, el joven con mirada orgullosa y actitud altiva, el de brillantes ojos azules que tenía la risa melodiosa, la actitud de hacerse notar con solo presentarse, el mismo de siempre… y obviamente lejos de él. Porque, “no había lugar de malinterpretaciones”. Él era el jefe, aquel solo un pasante. Así debía ser, así debían permanecer…

De esa manera, Saga empezó su auto infringido castigo, lastimando la semilla que germinaba con la indiferencia de Shaka y sus propios pensamientos, corroyéndola desde dentro, matándola antes de que empezara a germinar, ayudado precisamente por la frialdad del dueño de ese mal sentimiento, de ese “pecado”.

Y fue así, que al final de la tercera semana, luego de una despedida apagada, de una retirada desganada, Shaka se detuvo en medio de la oficina antes de cerrarla, observando el escritorio de su jefe, desordenado como siempre. Saga se había ido antes, como solía hacerlo esos últimos días y resintió de alguna manera el hecho. El café a medio saborear, las extensas horas de silencio y la pesadez de un ambiente moribundo, todo había sido notado por el rubio.

Con dolor en su pecho, con culpa, con confusión, Shaka abandonó el lugar luego de apagar las luces, deseando, deseando que esas semanas que aún faltaban corrieran y se diluyeran. Anhelando que ya acabaran… que le tocara el tiempo de irse… Porque de alguna manera, empezó a dolerle su propia indiferencia…

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