Entre Sabanas «Amo Tenerte»

Temas: Yaoi, drama, romance, Lemon
Personajes: Defteros, Asmita
Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.
Resumen: Cada vez que se encuentran lo terrenal y lo divino se funde. Entre cada caricia y cada beso, sus pensamientos solo pueden pensar en él.

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Entre Sabanas «Amo Tenerte»

Temas: Yaoi, drama, romance, Lemon
Personajes: Defteros, Asmita
Spoilers: Cap 152 pasado de Defteros.
Resumen: Cada vez que se encuentran lo terrenal y lo divino se funde. Entre cada caricia y cada beso, sus pensamientos solo pueden pensar en él.
Cronología: Después de “Sueño de Libertad”. Antes de la rebelión de Aspros.

La luz de la luna esculpe sus senderos de plata sobre tu piel de marfil. Incrédula, ¿acaso cree que no es suficiente con la belleza natural del color de tu piel para hacerme perder las razones, el tiempo, el mismo espacio? Déjame decirte, luna, que no es necesario pero tampoco reprocho que cubras con caminos brillantes las colinas que quiero surcar usando mis dedos ásperos, esperando el erizar de su piel como cuando el viento mese el pasto verde en la mañana, observándola humedecer de dulce sudor como el rocío que sube y espolvorea su tez en cada amanecer. Lo amo… ¿Sabías eso? Y conforme me acerco, observando ese rostro tan blanco, tan puro, recibirme complacido, olvido todo… olvido los designios del destino, olvido lo pasado, olvido el futuro… ¿Para que los necesito? Si justo ahora tengo en mi presente lo que no quiero perder, lo que me pertenece, lo que me busca con sus manos, intentando tantear en el aire hasta hallar mi piel, alegrándose al encontrarme en su espacio, acercándose. Ven, yo también te había extrañado, había anhelado este momento para encontrarme contigo, para compartir, a tu lado, un poco de ambos, un poco de la nada. Ven, yo también te deseo.

Me desvivo acomodándote en mi cuerpo, cubriéndote con mis brazos, mientras respiro el dulce aroma que dispersa tus cabellos dorados, mientras peino tu cabellera de hilos de oro entre mis dedos, sintiendo la electricidad estática que crea en mi piel. ¿Desde cuándo tan simple contacto es capaz de quemar mis neuronas? ¿Cómo pude sobrevivir tantos años sin esta sensación de sosiego? No importa pensar en eso, solo concentrarme en sentir el aire que respiras cerca de mi piel, las corrientes nerviosas que mi cuerpo envía a su cerebro, arrullándolo entre el pase del viento que nos cubre. Tus ropas holgadas acaricia mi tez, el sonido de tu corazón pareciera que cantaran mi nombre. Curioso, ni había notado que aquella bata vinotinto, del color de la más roja rosa, tenía bordados dorados y plateados en sus pliegues. ¿Sabías que ese tipo de atuendo me rememora la imagen de un dios? ¿Sabías que eso me enloquece?

Coloco mi mano derecha, levemente en contra de tu cintura, en la base de tu espalda, sintiendo el bordado de los pliegues que te cubren. ¡Qué innecesarios son! No hace falta vestirte con tan ostentosa telas para mostrar al mundo que eres la encarnación de un dios. Tu cuerpo perfectamente formado, detalladamente esculpido, de pie a cabezas, ese que ahora cubro entre mis manos, solo eso es suficiente muestra de tu divina envestidura. Todas estas telas, me estorban. Entorpece mis deseos de tocar directamente tu piel de porcelana y hacerla, de nuevo, encenderse a mi paso. Contengo dentro de mí el fuego que ya quiere devorar tu cuerpo. Esperare, pacientemente, a que tú mismo busques lo mismo. Sé que no tardas, te conozco bien y ya siento a tus dedos delgados, de marfil, buscar acomodarse en mi espalda.

Mueves tu rostro, subiéndolo un poco para poder verlo. Me dibujas una sonrisa cómplice, de esas que erizan mi piel apenas las detecto. ¿Es ese tu permiso divino? Tus manos en mi espalda me presionan con fuerza, mientras te alejas un poco de mi pecho, sonriéndome de frente, dejando que tu cabello dorado baile sensualmente entre tu cuello. Subes tu rostro, siento tu expectativa, conforme me haces sentir con tu agarre tus ansias de tenerme. Eres un dulce misterio, lo divino, lo inmortal, lo mío… no puedo verte directamente, tu imagen quema mis retinas de deseos. Hoy no, tu cuerpo me llama y temo no poder ser lo suficiente cuerdo como para soportarlo más tiempo. Y no, tú eres un manjar como para devorarte de dos mordiscos… eres tan dulce, tan suave, tan excitante, que vale la pena contener mis anhelos hasta poder saborearte por completo, hasta por fin, tenerte enteramente. Dejare que sea mi nariz quien se acerque, catando el dulce aroma de tus mejillas, sintiendo su textura caliente y tus poros que se abren al sentir el aire que respiro. ¿Puedes percibirlo cierto? Puedes sentir que en estos momentos estoy desbordando por tenerte… tu correspondes de la misma manera.

Te acercas. Dejas que tu hermosa nariz perfilada se encuentre con la mía, como dos enamorados que luego de tentarse se rozan entre sí buscando con solo ese contacto el mayor de los cielos. Mi respiración se acelera, siento que la tuya me sigue. Solo un leve contacto es suficiente para encendernos. Subo mis manos hasta tu cuello y te sostengo, temiendo aplicar demasiada fuerza muy diferente a ti, quien más bien empleas sin misericordia una presión en mis caderas que me enloquece. Yo temo por herirte, tú buscas matarme. Está bien, me dejaré matar por ti, asesíname a punta de besos, sé duro. Sé tan duro como puedas ser y llévame contigo, que aún en la otra vida, buscare no herirte… siempre buscare ese deseo…

Tus labios se acercan a mí. Yo no me opongo a ello. Dejo que tú mismo claves en mis esa piel que quema, dejo que claves tus espinas en mi boca, dejo que empieces… y te sigo, busco tu ritmo, me nivelo y luego… te domino. Siento que me respondes, respondes complacido a mi lengua, que como pincel en manos de un pintor altamente cuidadoso, busca redibujar el contorno de tus labios. Suspiras, y con ello, me alientas. Siento que al respirar ese aire que exhalas tengo nueva vida. Te muerdo, te erizas. ¿Es posible desear algo más? Tomo tus labios, los pruebo usando mis implacable dientes pero aún así, sin lastimarlos. Me apresas con tus labios, captura la punta de mi cincel entre tu muralla de marfil. Me colapsas, te sonríes. Como gozas hiriéndome, como me desvivo dejándote. Me succionas, me corrompo. Dejo que mis manos instintivamente bajen de tu cuello y recorra tu espalda. Me afano redibujando tus músculos, sintiendo como con cada paso se ven un tanto humedecido. Dejo que devores mis labios. He sido misericordioso pero estas despertando, peligrosamente, la bestia que está dentro de mí. ¿No le temes? O es que acaso ¿A ella buscas? Tus ropas me fastidian, mis sentidos pierden el control. Quiero poseerte.

Tomo el curso de mis labios, les ordeno que se escurran por la comisura de tus labios, lamo tu abertura. Bajo peligrosamente por tu mentón, siento que me abres el espacio, subes tu rostro dejando que tu cabello dorado caiga como manto de oro sobre tu piel. Siento que te gusta. Siento que te poseo. Recorro tu cuello con deseos. Lamo un poco, te erizas de nuevo entre mis brazos. ¡Dios mío! ¿Es posible sentir más placer? Sujeto tu cintura para no perderte. No… no puedo más.

Las colchas blancas de tu alcoba nos esperan, preparada tan prolijamente como estás acostumbrado. Te llevo a ellas, te recuestas enteramente entregado a mí. Quisiera quedarme aquí de pie para solo observarte. Ese sonrojar de tus mejillas blancas, ese respirar profundo que tienes, agitado y tus labios, rosados, abiertos de deseos, pronto a encontrarse de nuevo entre los míos. Descuida. Ya iré a tu encuentro. Primero deja que me quite esta ropa que ya estorba a mi piel. Quiero ya sentir tus manos directamente en mí, como braza de fuego que amenaza a consumirme por completo. Dejo mi camisa a un lado y siento que te desesperas. Tus sentidos son muy agudos, sabes que me estoy desnudando y quieres participar en ello. No te detendré, no voy a negarme a tus pedidos.

Primero usas tus manos para rodear a mi torso. Siento que me quemas. Siento que tus dedos queman, mientras notas cada contorno de mi pecho, pasas uno de tus dedos juguetonamente sobre mis pezones y luego, de improvisto, recuestas tu mejilla sobre mi vientre, dejando que tu cabello dorado también me sientan. Malvado. Haces más insoportable la espera. Tus manos no dejan de recorrerme y estoy a punto de ebullición. ¿Es posible desear algo con tanta vehemencia? Haz algo antes de que colapse y termine echándote a la cama. Antes de comerte a besos y arrojarme hacía ti… haz algo… Tu nariz ahora es la que inspeccionas. Tus manos siguen sus senderos hasta mi vientre, mientras que tus labios, desde el centro de mi ombligo, a quien delictivamente humedeces con la punta de tu lengua, van subiendo. Doble sensación. ¿Qué buscas? Tú que te desvives por el tacto, ¿me haces acaso sentir lo que anhelas en tu piel? Seré buen alumno y hare lo mismo y más. Lo hare hasta el punto que gritaras mi nombre pidiendo misericordia.

Tus labios me han vuelto a atraer a tu rostro. Tus manos están en mi cadera. Siento como vas despejando la tela de tus terrenos, mientras me besas dulcemente. Tu boca me quema, tus manos cruzan mi entrepierna y se afincan a mis muslos. Los tornea, se escurre entre mi vello con fuerza. Me inmovilizas, me obligas a arrodillarme ya que mis piernas no toleran, no toleran la tortura de tus labios y manos al tocarme. Uso mis manos para ir despejando las telas que te cubren. ¿No pudiste ponerte más encima? ¿O es la desesperación de la que estoy preso que me hace ver tanto que quitar del terreno? No importa, mientras te desvives tomándome por detrás, circunscribiendo mi espalda y glúteos, te iré quitando, de a poco, ese profano material que me quita de vista tu belleza. Lamento tener que detenerte un momento de tus besos, pero necesito despejar ese manto vino tinto que me tapa tu cuerpo. Así que déjame escurrirlo de tus hombros, y sacarlo cuidadosamente de nuestro encuentro. ¡Qué delicia es ver tu cabello escabullirse como cortina de oro por tu espalda! Otra vez te beso, ya casi ni puedo pensar en que más hacer además de dejarme atrapar por tu lengua dulce, dejarla juguetear dentro de mí, mientras saboreo tu piel. ¡Como pensar! Si tus manos ya están en mi bestia despierta, que ya te busca, inclemente, enfurecida de ser despertada de su letargo y tenerla aún atrapada, sin poder tomarte aún.

Perdóname, pero no lo soporto. Rasgare la tela blanca que aún te cubre porque no lo aguanto. No aguanto el intenso placer que quiere desbocarme. Quiero sucumbir a mis deseos. Te empujo hacia la colcha, te encierro entre mi cuerpo, sujetando tu cuello y cadera, sin darte espacio a escaparte de mí. Te agitas, te quejas dulcemente de los besos que empiezo a plantar con fuerza en tu piel. Perdóname, pero no puedo más. Tú me has despertado. Tú me has desatado, y curiosamente, te gusta. Te gusta que presione tu cuerpo hacía el mío. Te fascina que muerda tus hombros mientras voy quitando la tela blanca que te cubre. Te desvives mientras recorro rápidamente tus pechos, mamando de tu piel, como sediento en el desierto que ha conseguido por fin un pequeño pozo de agua que no dejaría ir… y hablando de agua, tu sudor, con esa brillante luz de luna que nos observa, hace parecer a tu piel aún más deseable. Perdóname, pero voy a poseerte.

¿Te gusta el juego sucio eh? Me sonríes provocándome, me buscas con tus manos y rasguñas mis hombros buscando más fuerza. ¿Quieres que te hiera? No me tientes, no me incites a ser más duro contigo. No lo hagas… Ya suficiente tengo con mis deseos, como para tener que pelear por no complacerte… ¡Al diablo con eso! Te daré el gusto, pero antes… antes te probare enteramente. Quito el resto de tus ropas que te cubren, ya quiero ver por completo tu humanidad. La escurro entre tus piernas y tomo tu pie derecho. ¡Qué hermosos pies! Incluso lo que toca la tierra es hermoso en ti. Beso cada dedo. Lamo los espacios entre ellos. Veo como te erizas, con espasmos que contornean tu figura, disfrutándolo. Lamo la planta de tus pies, limpia, fina y me distraigo en ello. Tu piel me gritó que lo ama. Sigo ahora hacia tu tobillo, acaricio tus rodillas mientras me acerco con mis labios. La expectativa parece desbordarte. ¿Ahora quien es el vilmente castigado? Debo admitirlo, adoro la expresión de piedad que dibujas cuando no puedes contenerte. Me haces intensificar aún más tu tortura. Espera, deja que termine mi recorrido, apenas estoy pasando por tu muslo y también quiero saborear tu otra pierna, antes de subir y encontrarme de nuevo con tus labios. Me sonrío viendo cómo te enloquece. No puedo sentirme más complacido.

No lo creas, yo también lo deseo. Mi bestia clama por devorar el interior de tu cuerpo y creo que terminaré por complacerlo. Tu divinidad también me clama. ¿Lo sientes cierto? ¿Quieres que lo atienda? Me dirijo a él y te poseo. Siento como tus caderas se contraen del placer, como tus manos su sujetan en las colchas y callas los gemidos, mordiendo tus labios seductoramente. ¡Me enloqueces! No puedo más, debo poseerte ya. Escurro mis manos hacías las tuyas, acomodando mi cadera sobre ti, tomando tus dedos entre los míos, observándote de nuevo, pasivamente. Mi cuerpo tiembla, tu cuerpo vibra de gozo, el sudor que nos cubre es como el dulce acompañante a nuestra entrega. Te amo. Te amo y aún creo imposible el poderte tener de esta manera. Te amo y ¡no pienso soltarte! Dejo que una mano tome la tuya, con la otra me abro espacio dentro de ti y luego, te someto. Te poseo. Te tomo sin pensarlo, involucrándome directamente a ti. Desviviéndome con tu sonrisa forrada de delirios, con la cual me dices que estoy haciéndolo tal como te gusta. Con mi mano afinco el movimiento, tú lo recibes sin reserva, sosteniendo tu mano libre sobre mi cabello, jalándolo sin misericordia, demostrándome cuanto lo amas. Escucho los murmullos pronunciando mi nombre, jamás pensé alegrarme un día de escuchar ese nombre que recuerda mi maldición. Pero oírlos de ti, me llenan, me satisfacen, alimenta mi inexistente orgullo, fortalece mi hombría. Me hacen poseerte con más fuerza.

Me encuentro dentro de ti, me detengo un momento, besando tus labios, sintiendo tu mano escurriéndose en mi cabellera. Sigo, con una embestida más que te sacude por completo. Con esa sonrisa y ese susurro me confiesas que lo adoras. Me sonrío, me apasiono entre tus gestos. Amo hacerte mío. Te empujo una vez más y los movimientos entre ambos se aceleran. Ya no puedo pensar… No puedo imaginar… Solo puedo concentrarme en las sensaciones que electrifican nuestros cuerpos. La dulce sensación que me agobia. ¿Sabías que te Amo? Déjame confesártelo al oído justo antes de dejarme ir dentro de ti y sentir que me bautizas, de nuevo, con tu agua bendita.

“Te amo Asmita…”

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La luna estaba hermosa esa noche. Llena, brillante, plateada en un cielo estrellado que se podía vislumbrar desde su ventanal. Las sabanas se escurrían entre sus piernas, mientras ambos cuerpos miraban el techo luego de extasiarse del otro, luego de tenerse. Asmita reposaba sobre él, escuchando el dulce latir de su corazón calmado, mientras Defteros se embriagaba del olor y la textura de su cabello, acariciándolo tiernamente. Totalmente embelesados de placer.

Asmita en un momento se incorpora sobre Defteros, dejando caer los finos hilos de oro en su piel morena, llamando su atención, a lo cual él respondió con una mirada ensimismada de ternura hacía él: su dulce posesión. El gemelo responde con una caricia tierna en la mejilla aún sonrojada de su dios, aún absorto de tanta felicidad. Este le sonríe… Si iba a morir ese era el momento indicado… quería morir tan lleno de placer como estaba en ese segundo.

El rubio, luego de detenerse unos minutos sobre el rostro de Defteros, se acerco dulcemente hasta su nariz, para besarla, antes de tomar su verdadero objetivo: sus labios. Se deleito tocando la textura de ese rostro que al partir tendría que volver a cubrir con la máscara. Unicamente un suave beso, delictivo, travieso, lleno de esa picardía que el solo mostraba para él, para luego susurrar, entre dientes, eso que él estaba esperando:

“Feliz cumpleaños, Defteros”

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