El cruce (Cap 29) (AU)

Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Defteros ha decidido abandonar a Asmita, mientras Shaka permanece dentro del entierro, sin saber nada de Saga ¿Podrán aclarar todo?

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Temas: Yaoi, drama, romance, comedia, Lemon, angst
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Kanon, Asmita, Defteros, Manigoldo, Shion, Shura, Pandora, Seraphina, Degel, Kardia, Kardia
Resumen: Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Defteros ha decidido abandonar a Asmita, mientras Shaka permanece dentro del entierro, sin saber nada de Saga ¿Podrán aclarar todo?

Capitulo 29: No olvidaré

Asmita…

No sabía desde cuando estaba con él, lo que si estaba seguro es que por alguna extraña razón su presencia no le era indiferente ni desconocida. El aroma de su piel le era familiar, su voz y el movimiento de su largo cabello dorado lo reconocía. Decían que había estado a su lado por largos meses y es hasta ese momento que se había dado cuenta de ello. O más bien, es hasta ese momento que había razonado su presencia.

Pensé que era la muerte…

No entendía muy bien el porqué… aún no tenía las capacidades para recibir más argumentos. Lo único que contaba es que aquel estaba allí de nuevo, en su celda, como parecía ser ya su rutina, rutina que para él había sido totalmente inexistente. No recordaba haberlo visto antes y aún así sabía que lo conocía. Es como si estuviera al lado de alguien y es hasta ese instante que se das cuenta de ello. En medio de una espesa oscuridad empezó a detectar la piel blanca, el rostro fino, el cabello dorado que danzaba tan tenuemente, brillante…

Pero él es la vida…

Escuchaba la voz que siempre oía por los altavoces. Esa voz también la reconocía y sabía de su existencia. Obedecía cada orden de comer, bañar y dormir como si fuese el dueño de su vida. Ahora esa voz, le presentaba esa persona, diciéndole que había estado visitándolo todos los días, a la misma hora, por ya 20 meses. La observaba, incrédulo. Si es así…

¿Por qué hasta este momento lo veo…?

Se acercó, temeroso y aquel extendió su mano como si ya fuera su costumbre. Le habló con terrible confianza, le comentó que el día anterior había leído una historia que quería contarle y que pronto traería un nuevo álbum de fotografías para que viera el mundo de afuera. No entendía… y sin embargo, su cuerpo, su alma, su corazón respondía como si lo esperara, a esa misma hora, en ese mismo lugar, con esa hermosa sonrisa, con esa voz melodiosa.

¿Será cierto…?

Viendo que se había sentado en medio de la celda, dejando que su cabello cayera a un lado y abriendo el libro entre sus piernas, se le acercó, con sigilo, con cuidado. Lo tocó y él otro sólo le sonrió. Trazó cada uno de sus pliegues del rostro y aquel hizo exactamente lo mismo. Lo hicieron hasta que se reconocieron, hasta que los ojos griegos pudieron grabar esa imagen y apegarla a sus memorias, razonarla, conservarla en su mente…

Él se llama Asmita…

Lo llamó por su nombre. Aquel levantó su rostro viéndolo con sorpresa. Pensó que había hecho mal hasta que de esos hermosos labios, se dibujó una hermosa sonrisa de felicidad…

Mientras atravesaba la gran autopista, Defteros había recordado esa escena, la que tenía clara luego del abismo vacío que significaba parte de su memoria. El momento en que por fin reconoció que aquello que en su oscuridad veía como la muerte, era un hombre de nombre Asmita. Para ese momento, ya Asmita tendría unos 13 meses sin ver a su familia…

Tragó grueso… ciertamente Asmita tomó la decisión mucho antes de que él siquiera pudiera razonar que él existía. La tomó, sin la garantía de que él algún día pudiera reconocerlo, sin la certeza, sin el conocimiento… sin esperar algo a cambio…

Ahora recorría con su moto a un lugar desconocido. No sabía qué hacer justo cuando había dejado a Asmita atrás. Hacía donde dirigirse, donde descansar, donde reanudar su vida… Pronto se dio cuenta que por mucho que imaginara un futuro sin él, al final de ese camino terminaba regresando a su lado. Intentaba dejarlo fuera de sus planes y de alguna manera su inconsciente lo involucraba, de alguna forma en cierta parte de su futuro lo encontraba de nuevo, veía esa sonrisa que lo cautivó. Entendió…

Degel observaba que poco a poco la motocicleta bajaba la velocidad, luego de ya tener casi  dos horas en persecución y de forma paulatina se iba acercando a la orilla de la carretera para detener su trayecto. Suspiro profundo. Pensaba que nunca terminaría esa loca carrera tras él.

Para Kardia las cosas no fueron más sencillas. Golpeando la puerta trasera reiteradamente, por fin logro partir el seguro y entrar. Se acercó entonces a la puerta de la habitación y también estaba asegurada. Esta vez ni se detuvo a pensar. Tomó impulso y se tiró hacia ella, usando su cuerpo para envestirla y lastimándose su brazo izquierdo en el proceso, pero logrando hacerla ceder y golpear en el proceso la pared del lado. Cuando el griego subió la mirada, vio los dos celulares hechos pedazo, la cama alborotada y un Asmita recostado sin siquiera reaccionar.

–¡Asmita! ¡Maldita sea! ¡Al menos hubieras gritado! ¡Me tenía espantado! –gritó Kardia con su voz conmovida, pensando que en medio del enfrentamiento entre ellos Defteros hubiera atentado contra su vida.

–Kardia…–murmuró el rubio que se sentó en la cama, sus ojos cerrados pero inflamados de llorar y con una expresión intrigada.

–¡Ven acá! –exclamó Kardia mientras asió al rubio por su brazo izquierdo, obligándolo a levantarse– ¡Mirá nada más como estas! –lo dijo con tono dramático aunque estaba sonriendo– ¡Pareces nena despechada!

–¡Kardia! ¿A dónde me llevas?

–Al baño.

Asmita no había terminado de reaccionar ante esa respuesta cuando ya Kardia lo estaba metiendo a la ducha, y sacándole la camiseta sin preguntar. El rubio subió su rostro atolondrado sin entender que pasaba, el porqué Kardia estaba allí y sobretodo el porqué quería que se echara un baño. Cuando sintió que las manos de su compañero se pusieron en el botón de su pantalón fue que volvió en sí.

–¡KARDIA! ¿QUÉ SE SUPONE QUE HACES? –gritó avergonzado. Kardia sólo sonrió con aire seductor.

–Te desnudo, Asmita.

–¡PERO QUE…!–sintió que le jalaron la bermuda de un solo tajo. Por inercia puso sus manos para tapar su cuerpo, apenado y confundido –¡QUE DIABLOS! –gritó exaltado.

–¡METETE EN LA DUCHA DE UNA BUENA VEZ! –le dijo en el mismo tono, empujándolo y abriendo la llave para que empezara a correr agua, dejándolo con su ropa interior. Asmita mantenía la expresión desconcertada mientras el agua caía por su cuerpo–. ¡Y MÁS TE VALE QUE TE BAÑES BIEN SI ES QUE NO QUIERES QUE ME META CONTIGO A LA DUCHA! –Asmita subió su rostro rojo de vergüenza, divirtiendo así al griego–. Ve que me estoy conteniendo… –seseó con voz seductora.

–¡SAL DE AQUÍ!

Kardia se alejó de la cortina, dándole algo de privacidad al hindú, mientras pensaba en sí Degel habrá tenido suerte alcanzando a Defteros. Vaya, esos dos a veces les daba unos problemas…

Miró de nuevo hacía la cortina y pudo ver que el cuerpo seguía inmóvil, solo dejándose empapar. ¡POR LOS DIOSES! Si le están pidiendo paciencia a Kardia era como pedirle manzanas a una palmera y ya el griego perdió la mínima porción con la que cuenta, así que se apresuró a entrar a la ducha entre el grito de un Asmita ya molesto y prácticamente lo sentó en una pequeña sillita de plástico que contaban en el lugar para encargarse del baño el mismo. El rubio simplemente se mantenía con la cabeza agachada, avergonzado a más no poder y ya hasta demasiado cansado con su propia alma como para quejarse de nuevo.

–¡DIOSES! ¡Tienes una habilidad especial para sacarme de las casillas! –refunfuñaba el griego mientras restregaba con furia la cabeza del rubio con champoo.

–¿Por qué haces esto…? Es vergonzoso…

–Ni que fuera la primera vez que lo hago…–repusó el griego con brillo nostálgico en los ojos.

–Sigue siendo vergonzoso…

–Vamos, ¡estoy muy contento con mi pan francés como para meterme con la galleta hindú! –Asmita se sonrió brevemente con el comentario, recordando viejos tiempos.

Kardia y él se conocieron en el centro de desarrollo social religioso. Para ese momento, las motivaciones eran totalmente distintas. El griego, un joven demasiado despierto, social, curioso y galante, tenía el único interés de conocer la cárcel por dentro y molestar a uno que otro reo en el proceso, mientras que el rubio sólo deseaba aliviar la carga que estos debían soportar ante el peso de sus pecados. Para Kardia, Asmita le pareció un buen espécimen para molestar, y se encargó de hacerlo muchas veces, se metía en el baño mientras este se duchaba para asustarlo, le robaba la comida, lo asaltaba en la cama a la que el rubio siempre terminaba lanzándole patadas y todo le divertía. Lo curioso es que terminaba haciendo todo porque la cara exasperada que dibujaba en ese rostro que siempre se mantenía tan neutral era como el mayor de los premios. Y es que el rubio tenía una divertida mueca de enojo.

Nunca alegó que el interés para molestar a Asmita haya tenido alguna connotación sexual, simplemente sentía que el rubio necesitaba algo de desorden en su vida y él, por su lado, requería algo de esa paz que respiraba a su alrededor. Pronto se hicieron una extraña combinación de amigos. A donde los enviaban, ambos iban juntos. Por alguna razón le gustaba que Asmita prestara atención a todo lo que decía por muy estúpido que era y siempre se reía de los chistes por muy idiotas que parecieran. Tenía su total atención y eso era algo que nunca había gozado, tanto que por primera vez había sentido que eso era lo que quería seguir haciendo, visitar presos, acompañar a Asmita mientras se encargaba de hablar y dar las charlas de perdón y reconciliación, vigilar que nadie se atreviera a aprovechar su ceguera para molestarlo mientras él se unía a los juegos de los presos, basquet, futbol, incluso hasta las apuestas… Ninguno de los dos imaginó que en esas faenas terminarían conociendo a las personas con quien compartirían su vida después.

Había pasado ya 11 años desde su primer encuentro, donde le llamó la atención la presencia de un chico rico en esos programas sociales, uno sobre todo por su belleza e innegable aire de nobleza. 10 años desde que decidió huir de su casa y terminó viviendo con Degel para seguir lo que consideraba su camino, y a lo cual, él siguió sin pensar, dispuesto a acompañarlo en esa travesía que estaba emprendiendo. Mucho tiempo…

Y allí estaba de nuevo, como en esos momentos de antaño cuando se metía en su ducha para molestarlo, lavándole el cabello mientras le recordaba sus viejas travesuras y el rubio se reía ante ellas, memorando…

La misa había acabado. Ahora tocaba dejarlo unas horas en exhibición, como si se tratara de una vitrina, mientras todos los allegados se acercaban a darles el sentido pésame. Shaka se colocó firme al lado de su madre, sujetándole la mano con fuerza para darle apoyo moral, mientras recibían con cortesía y como si fuera un teatro costoso, los pesares de personas que solo pensaban en cómo se verían afectados sus intereses con la repentina muerte. Para el joven rubio, las cosas estaban totalmente alejadas de ese lugar. Sólo podía pensar en Saga, en el porqué no estaba allí. Estaba seguro que sabía, porque Mu había ido. Su mente en ese momento empezó a trabajar de forma acelerada.

¿Qué si lo de esa noche fue falso? ¿Qué si fue engañado? Después de todo, Saga era también un increíble manipulador, convencía a cualquiera de seguir sus intenciones. ¿Qué si sus palabras no fueron sinceras? En ese momento lo necesitaba a su lado y no estaba. ¿Por qué? No había podido comunicarse con él desde que se fue y sabía que eso pudo haber afectado, pero no podía remediarlo. ¿Qué si por ello está molesto? ¿Cómo saber? Shaka trataba de mantener su porte serio ante esa avalancha de preguntas. Pronto se convenció que lo ocurrido si fue serio, que no pudo fingir esas miradas de adoración que le enviaba, ni el tono de voz en sus palabras. Todo fue real y fue sincero, así lo sintió y rápidamente sacudió todas las dudas que empezaron a ventilarse por esa atmosfera fatalista que le rodeaba, por la tristeza, por la sensación de soledad que tenía en su pecho desde que llego a su ciudad natal.

Pronto vio a un Afrodita que caminaba de un lado a otro, algo atareado. Supuso que sería algún contratiempo de última hora. Dispuesto a entretenerse con cualquier cosa lejos de los pésames falsos, el rubio se disculpó con su madre y padre y se acercó al sueco, con ese aire elegante que enfundaba respeto a quien lo viere.

–¿Qué sucede Afrodita? Tu cara de espantó no es esperanzadora…–susurró Shaka en el oído del joven desde la espalda, provocándole un temblor en todo el cuerpo.

–Mi señor, ¿siempre tiene que tentarme? –le siseó con seducción. El rubio solo dibujó una sonrisa pequeña.

–Necesitaba entretenerme un rato… Dime, ¿algo con que distraerme?

–Llegó una corona que no teníamos planificada…–Shaka abrió sus ojos por completo. ¿Una corona? ¿Podría ser…?

–Llévame inmediatamente.

Pronto los dos jóvenes se perdieron en los pasillos del lugar.

El sonido relajante de la playa y la brisa salada golpeó sus sentidos. El francés bajó del auto luego de casi tres horas en persecución y observó a Defteros, en la orilla de aquella playa, sentado en la arena y totalmente metido en sus pensamientos. Recorrió con la vista el lugar y recordó perfectamente de cual se trataba. Fue esa playa donde hace cinco años habían comenzado su vida. El lugar donde Asmita y Defteros decidieron quedarse juntos y él le había pedido a Kardia que lo acompañara en su largo viaje, en calidad de pareja.

–Retornar al inicio –murmuró el doctor para sí, quedándose en una distancia prudencial para dejar al griego pensar detenidamente como parecía necesitar hacerlo.

El aire bailaba entre sus cabellos, el ambiente en ese lugar era fresco, a pesar de estar a un poco más del mediodía, ayudado por las nubes que evitaban que los rayos del sol les golpeara severamente. Sí… era un día muy parecido a ese que para festejar la salida de Defteros se habían ido a esa playa inhóspita, los cuatros, sin saber que les deparaba el futuro. Recuerda que cuando le preguntó a Asmita sobre que haría con su vida, el joven rubio sólo se remitió a dibujar círculos en la arena, diciendo que no sabía… que todo estaba en manos de esa noche. Y así era.

Había estado junto a Defteros esos años de cárcel. Incluso, su relación paso hasta la parte sexual y sabía, que de alguna manera, los dos los unía algo demasiado especial. Pero ya Defteros era libre… Ahora él podía escoger su destino y si en ese futuro que el griego vislumbraba no se encontraba el hindú, Asmita no lo recriminaría. Después de todo, era fácil armar una relación con la única persona que has estado viendo y siguiendo durante tantos años, el rubio estaba consciente de que las posibilidades de que Defteros lo abandonara para seguir su camino eran enormes y aún así, no parecía afligido. Sólo inquieto, expectante. Degel asumió que esperaba la respuesta de ese hombre para poder entonces planificar su propio futuro.

Estar en ese lugar, en ese ambiente, de alguna manera le hizo recordar la conversación que tuvieron en la arena, antes de que Defteros lo agarrara y metiera al agua obligado, antes de que al final el griego le pidiera que se quedara a su lado.

–Dime Asmita, ¿cómo puedes estar tan tranquilo sin saber si Defteros piensa irse por su cuenta? O ¿estás seguro que te dirá que lo acompañes?

–No estoy seguro de nada, Degel. Sólo estoy esperando. Sea cual sea su respuesta, la respetaré y aceptaré.

–¿Aún si se va? ¿Aún si te deja después de todo lo que hicist…?

–Degel…–la voz melodiosa, la sonrisa… el rostro apacible que subía al cielo, cómo si pudiera verlo… la felicidad impresa…–. Amar es una decisión que no depende de ser correspondida–recuerda el cabello danzando desordenado, la mano que en vano intentaba sujetarlo de aquella fuerte brisa que los sacudía–. Yo no lo hice esperando algo a cambio… ¿Lo ves cierto? Es libre, es feliz, dueño de su propio destino… ya con eso me doy por satisfecho.

“Amar es una decisión que no depende de ser correspondida”

La filosofía de Asmita en cuanto al amor siempre fue algo demasiado profunda y filántropa. Amar sin esperar ser amado… ¿Es posible hacerlo? Para ese momento, pensaba que algo así era imposible, pero entendió, mucho después, el significado de esas palabras y se sonrió al comprenderlas. Como también comprendió, que al amar sin esperar ser amado siempre recibes la recompensa, aún si estas lejos de la persona a quien amas, siempre, ese amor te dará sus frutos. Para Asmita los años que desinteresadamente entregó a Defteros fueron recompensados…

Ya en el presente, luego de dejarlo a solas por varios minutos, decidió acercarse, viendo que la brisa se encargaba de alborotar su melena y su semblante se mantenía pensativo. Se sentó a su lado sin mediar palabras por unos minutos, sólo esperando que el griego intentara decir algo, que conociéndolo, no tardaría en hacerlo.

–A veces no lo entiendo… –murmuró el moreno como si hablara con el aire. Degel prefirió dejarle tiempo para que hablara–. Le digo que estoy con él… me quedo a su lado… le pregunto… trato de mostrarme atento… y él solo me esquiva. Supo de la muerte de su padre y no me comentó. Lo que hizo fue quitarle la batería a mi teléfono y apagar el de él–Degel enarcó una ceja en señal de desacuerdo. Sí, Asmita a veces tomaba actitudes demasiado radicales–. Y cuándo busco respuesta sólo se queda callado… Me irrita…

–Sé que Asmita es algo difícil de tratar…

–¿Difícil? –gruñó el mayor con voz ronca –. Es intransigente, terco, necio, egoísta, a veces tan implacable, tan reflexivo…–el francés sonrió. Claro que sabía todo eso, no en vano vivió cinco años con él–. Se encierra y cuando lo hace no hay quien lo aguante… me desespera a veces…

–Pero lo amas–. Ante esas palabras, el griego sólo desvió la mirada a un lado–. Por eso regresaste aquí, ¿cierto?

–Necesitaba decidir qué hacer ahora que lo dejé… Y este lugar…

–Es el lugar de tu inicio–completó el doctor con la mirada en el cielo. Defteros sólo exhaló aire pesadamente por la boca, viendo el ir y venir del oleaje de las aguas–. ¿Y ya sabes a donde iras?

–No quiero dejarlo… Vine hasta aquí sólo para concluir que no quiero dejarlo…

–Me alegro por eso… No iba a permitir que lo hicieras. No después de dejártelo–dijo el doctor con una sonrisa irónica. El griego le devolvió una mirada amenazante.

–¿Dejármelo? –murmuró con voz aterradora–. Que yo sepa jamás fue tuyo.

–Poco me faltó–el griego enarcó una ceja molesto–. Pero lo deje, no insistí más, en cuánto entendí que él jamás me miraría con otros ojos más que el respeto y la amistad sincera. Que jamás me miraría como te miraba a ti–Degel se levantó, con la mirada en el horizonte opaco de esa playa–. Sé que para Asmita este momento es difícil y no es su intención alejarte…

–Pero lo hace… estos días he sentido que la casa se ha convertido en un laberinto donde cada callejón para acércame sólo encuentro una pared.

–Eso es porque Asmita en este momento se siente así consigo mismo… Sé la sensación que describes, también la viví, pero esa es su forma de encarar las cosas, de encerrarse para poder responder sus dudas y evitar que alguien sea lastimado con su inseguridad.

–Y mientras él hace eso, ¿yo qué? ¿Qué hago? ¿Me quedó callado?

Degel se sonrió mirándolo pícaramente. El griego se quedó en silenció en espera de una respuesta, mientras el viento se acompasaba a su paso.

–Haz lo que hace Kardia…

Justo en ese momento, Kardia se entretenía secando el cabello de Asmita, en la cama, pasándole el secador por el cabello, revolcándoselo, pasando de vez en vez ese aire caliente en el rostro para hacerle sacar malas caras, riendo con él, burlándose porque el colchón mostraba rastro de muchas envestida soportadas, hablándole de cualquier cosa, pero allí a su lado… En medio de esa actividad, sin que el joven griego dijera una palabra de la muerte de su padre ni de la partida de Defteros, Asmita simplemente empezó a llorar, desahogándose cómo si por fin hubiera podido armar el rompecabezas de su interior, como si hubiera encajado la última pieza. Kardia simplemente lo dejó, sin preguntar nada, sin decir nada, terminando de secar su cabello, permitiéndole que en el mismo silencio se consolara.

–Cuándo Asmita se puso tan insoportable por la muerte de su abuelo, yo estuvo a punto de desistir. Kardia fue el único que logró quebrar el hielo en donde se había metido. Para cuando me di cuenta, lo que a mí me tomó días intentando conversar y encararlo, a él le costó escasas horas lograrlo.

–¿Y qué es lo que hace? –preguntó Defteros intrigado.

–Ser simplemente él… irreverente, atrevido, él que se mete así no lo llamen y es capaz de ignorar lo importante para entretenerse en cosas insignificantes…–dijo un Degel sonriente, con mirada enamorada–. Le dio el espacio para que Asmita pensara, mostrándole con acciones ridículas que él estaba allí y de un momento a otro, él mismo se sinceró sin que se lo pidiera, abrió la puerta sin que se la tocaran. Recuerdo que ese día se presentó ante mí con gesto vencedor y me dijo: “Y bien doctor, a que la terapia de Kardia fue más efectiva ¿verdad?”. No lo podía creer pero, entendí, que esos dos eran tan raros que sencillamente se comprendían muy bien.

–Con quienes nos terminamos juntando…–murmuró con burla el griego, más tranquilo.

–Sí, ambos son un dolor de cabeza andante, pero les amamos…

El viento seguía susurrando entre ellos, en aquel lugar, donde habían decidido unirse a esas dos personas que de alguna u otra forma, a veces ponían su vida de cabeza pero de quienes no se podían desprender.

–Creo que es hora de regresar…–susurró Defteros.

En ese mismo momento, Shaka tenía la vista puesta en esa nueva corona, hecha de lirios, hermosa, flamante. La inscripción en la banda que lo decoraba decía un mensaje que lo golpeó por completo.

“No olvidar”

Se acercó a la corona y vio una pequeña tarjetilla que al abrir sólo decía “que estoy contigo”. Los ojos azules brillaron y no pudo evitar dejar correr dos lágrimas por la emoción que lo desbordaba.

Saga…

Mientras Afrodita sólo comentaba los contratiempos que significaba ubicar esa corona que había salido de la nada en la larga caravana que iba al cementerio, Shaka sólo mantenía su vista en ella y en la inscripción. Por supuesto que no olvidaría…

–Afrodita, deja esta corona para el final de la caravana, y yo me encargaré de llevarla personalmente.

El sueco levantó la ceja sin entender hasta que el rubio, con una sonrisa sincera y sus ojos destellando, salió de la habitación. Sin preguntar más, cumplió con el pedido de su señor.

Él estaba a su lado…

Y pensando en ello, después de que el féretro fuera llevado al cementerio y enterrado apenas concluyó la última oración, conforme las coronas eran puesta sobre el nuevo lugar donde reposaría un hombre que se llevo consigo un orgullo que le había arrebatado la oportunidad de ver a su hijo una última vez y en medio de la vista de todos los presentes, Shaka caminaba con la última corona, una corona de lirios, hermosa, brillante, que se encargaba de engalanar al resto porque esta era sincera… Con una inclinación solemne, Shaka se despidió de su abuelo para siempre.

No olvidaré a aquellos a quienes amo…

Con esa frase en su mente y corazón, se quedó pensativo hasta el final de la ceremonia.

En la casa de Asmita, ya gobernaba el silencio. El rubio dormía en su cama, luego de haber llorado y confesado lo que pensaba y que había concluido. Kardia le escuchó sin interrumpirlo, guardando forzosamente la rabia ante la indignación que sintió cuando escuchó las palabras de ese hombre al desterrarlo del hogar y las esperanzas que tenía Asmita de volverlo a ver para recibir su perdón y al mismo tiempo, perdonarlo. Porque lo que Asmita le dolía no era sólo la perdida, sino el hecho de que nunca, ninguno de los dos, hizo un esfuerzo para encontrarse con el otro y siempre, desde ese día, Asmita había guardado un pequeño rencor hacía él, rencor que lo hizo sentir culpable al enterarse de su muerte. Lloró pensando que no tuvo tiempo siquiera de pedirle a su padre perdón, que ya no podría verlo y que al final, su padre tampoco lo había perdonado.

Y es que, ¿cómo no pensar en eso? Si su padre hubiera querido verlo, lo habría llamado de la misma forma que lo hizo con Shaka. Incluso, pudo haberle dicho a Shaka que lo llevara con él. Porque Shaka en ese momento vivía con él. Pero lo ignoró, hizo como si él no existiera y fue eso lo que terminó de embaucarlo en un sentimiento extraño que lo consumía por dentro. Al final, el remordimiento se apoderó de él…

Ya encontrando su respuesta, Asmita pudo llorar libremente y soltar el peso que lo estaba aprisionando. De esa forma, podía sincerarse con su alrededor.

Entrada la noche, Defteros y Degel regresaron, cada uno en su vehículo y con cierto aire pesado a su alrededor, cómo expectante esperando el estado en que encontrarían a Asmita. En la cocina –y luego de comprobar que la puerta estaba con el seguro destruido–, estaba Kardia intentando hacer café.

–¡Hasta que llegan! –refunfuñó el griego menor con fastidio–¡Ya estaba aburrido! ¡Hasta me puse a cambiar el azúcar y la sal del lugar! –lo dijo señalando los dos contenedores enmarcados con aire de travesura ante lo cual Degel sólo puso una mano en la frente como de cansancio.

–Asmita siempre prueba antes de agregarlo a la comida–comentó Defteros dándole a entender que su esfuerzo por “dañar” la comida de Asmita había sido en vano.

–¡VAYA! ¡Pero si es el grandulón malcriado! –exclamó Kardia con aire burlón–¡No deberías dejarlo sólo mucho tiempo!–Defteros le devolvió una mirada amenazante ante lo que el griego menor agregó para molestarlo–. ¡Hasta tiempo de bañarlo me dio! –confesó provocando la reacción que quería.

–¡QUE HICISTE QUE! –gritó el moreno con furia, con sus ojos desorbitados por los celos. Degel se vio obligado a interponerse temiendo que las cosas se complicaran–. ¡SI LE TOCASTE UN SOLO CABELLO…!

–¿Uno? –repitió sarcásticamente, con el brillo amenazante en sus ojos azules–. Metí mano hasta donde me provocó…–siseó provocativamente, encrespando la piel  de Defteros.

–¡KARDIA! –reclamó Degel viendo que lo estaba provocando deliberadamente.

–¡MALDITO BICHO DEL INFIERNO…!

–Defteros…

El gritó enardecido del mayor fue cortado por la suave voz de Asmita a sus espaldas. Vestido con una larga camisa y un pantalón holgado blanco, dejaba que sus cabellos, más brillante y lacios por el secador, cayeran de forma sinuosa sobre su figura.

–¿Qué te hizo Kardia? –fue lo primero que preguntó Defteros luego de unos segundos recuperándose de la hermosa visión que representaba verlo.

–Me baño…–dijo encogiendo los hombros como si fuera lo más natural del mundo. Degel y Defteros abrieron los ojos sin dar crédito mientras Kardia se reía entre dientes –. Y me secó el cabello. ¿Por qué? –pregunto con aire pícaro.

– ¿Cómo que porque? –gruño el menor aún descifrando las palabras.

–Es normal… hacía lo mismo cuando estábamos en el centro…

Asmita simplemente siguió caminando dispuesto a hacer Té para todos, mientras Defteros miraba al rubio más intrigado aún. ¿Normal? ¿Hacía lo mismo? La mirada de Degel a Kardia era exactamente igual a lo que el griego sólo se sonreía con aire provocativo y sensual, triunfante a decir verdad.

–¿Quieren té? –preguntó Asmita para cortar la tensión del ambiente.

–Creo que mejor nos vamos…–murmuró Degel entre dientes, dispuesto a pedir una serie explicación sobre lo ocurrido en esa tarde.

El griego aceptó con una sonrisa, despidiéndose no sin antes enviarle a Defteros una mirada como si le hubiera tumbado a Asmita, mirada que obviamente no pasó desapercibida al moreno.

Ya dejándolos solos, Defteros devolvió la mirada a su pareja, mientras colocaba el agua a hervir, con una expresión tranquila en su rostro. Ya no sentía que estaba en un laberinto intentado acercarlo, sino simplemente al alcance de su mano. Y además, el aroma que tenía y la suavidad con la que su cabello brillaba eran demasiado tentador. Pero sabía que debía aguantarse, en ese momento, no creía que Asmita estuviera con ánimos de sexo.

–Kardia se metía en las duchas sólo para molestarme. Era su manera de llamar mi atención–narraba el rubio entendiendo que el moreno necesitaba una explicación–. Nunca intento sobrepasarse conmigo y esta vez fue igual. Sólo intentaba distraerme.

–Vaya manera tiene de hacerlo…–resopló el mayor no muy de acuerdo.

–¿Por qué regresaste, Defteros? ¿Por qué Degel te detuvo?

Se acercó hacía él. Le abrazó por la espalda, abriendo espacio en su hombro para recostar su rostro y hablarle con franqueza.

–De haber querido dejarte, ni Degel lo hubiera evitado… Regrese porque no quería dejarte… porque te amo.

–Te lo agradezco…–murmuró el menor afirmando el abrazo con sus manos, sujetando así los brazos griegos que lo apresaban a él–. Perdóname… No dije nada de la muerte de mi padre porque no entendía como me sentía al respecto… me sentía confundido… sentía deseos de llorar y no comprendía porque… quería entenderlo antes de decirte…

–Hiciste una tontería… pudiste haberme dicho algo… lo que fuera…

–No quería hablar…

–Hubieras aceptado mi abrazo…

–Sentía que si lo hacía iba a llorar… y no quería llorar, no hasta saber el porqué…

–¿Lloraste?

–Sí.

–¿Supiste porque?

–Sí.

–¿Qué supiste?

–Que le guardaba rencor y mi tristeza fue porque lo deje ir sin perdonarlo y sin recibir su perdón…–Defteros se quedó en silencio ante esas palabras, sólo fortaleciendo el abrazo, respirando hondo. Asmita prosiguió–.Sentí remordimientos por el sentimiento que había guardado hacía él y ahora que ha muerto, ya no hay tiempo para remediarlo… De alguna manera, sentí mucho resentimiento cuando supe que sólo llamó a Shaka al filo de su muerte… Supongo, que para él, Shaka fue lo que yo nunca pude ser. Empezando con que Shaka si puede ver, es más fuerte, atlético… De seguro crió a Shaka pensando en lo que yo debí ser, porque se avergonzaba de mí ¿sabías? Por eso me dejó al cuidado de mi abuelo, por eso me despreció desde niño…

–Fue ciego…–interrumpió Defteros, al oír que la voz de su amante se cortaba por el aire–. Cómo en un tiempo lo fui yo… Que creí ver muerte donde abundaba la vida… Sólo porque estaba acostumbrado a la oscuridad. Quizás, a él le paso igual.

Asmita se quedó en silencio, meditando esas palabras. Quizás… el peso del anillo, el orgullo, la presión de una heredad, la riqueza, se había encargado de crearle un mundo donde él no pertenecía. Quizás, se dio cuenta muy tarde que su hijo estuvo a su lado y lo abandonó…

–Pero afortunadamente… me di cuenta a tiempo… me di cuenta que eras tú y no la muerte quien me visitaba.

–Yo fui el afortunado…–se volteó. Lo abrazó de frente, apoyando su cabeza en el pecho del griego, oyendo el latir de su corazón acompasado con el propio, viviendo su presencia–. Te amo Defteros… Gracias por no abandonarme…

Se abrazaron en silencio, mientras el agua hervía, la noche avanzaba, sus corazones se confesaban que no podían estar separados…

Para la noche, ya en la mansión y dentro de la habitación, Afrodita le comentaba a Shaka los nuevos eventos que debía tomar en cuenta para el día siguiente, una agenda menos atareada, pero igual de pesada. Al final de su visita, el sueco le devolvió el teléfono y le comentó que ya podría comunicarse si lo necesitaba. Agradeció con un gesto y espero que el joven se retirara de su recamara para revisar su teléfono, recostado en la cama, con la chaqueta negra abierta y el manto a medio poner. Al ver la bandeja de mensajes, vio incrédulo que tenía más de cien mensajes nuevos en espera. Abrió la lista y vio que la gran mayoría era de Saga. Se sonrió tristemente, atestiguando con ello como el griego lo estaba buscando. A pesar del cansancio que tenía, empezó a leer cada mensaje desde el primero, riéndose solo al comprobar que los primeros días Saga le comentaba de todo lo que hacía, que si había hecho café y no le sabía igual, que si busco un documento en su organizado archivero que olía a ricitos de oro, que si lo llamaron, o se detuvo a ver mi escritorio como por media hora. Con leerlos, era fácil imaginarse las escenas y le parecía sumamente graciosa. Estuvo así, leyendo e imaginando como por un lapso de dos horas.

Después de leerlos completos, le escribió un sencillo mensaje, lo suficiente para expresar lo que sentía, para irse a cambiar y bañar antes de dormir.

“Estoy bien. Gracias por la corona. Te he extrañado también. Descansa y sueña conmigo.”

Saga leyó el mensaje, acostado de lado ya en la cama, a punto de conciliar el sueño cuándo el teléfono recibió la alerta. Lo leyó y le respondió, también dispuesto a dejarlo descansar, sabiendo que ha sido una dura jornada para él pero complacido, porque su única forma de hacerle sentir que no estaba solo llegó a tiempo.

“Siempre he soñado contigo. También descansa.”

5 thoughts on “El cruce (Cap 29) (AU)

  1. Ohhhh mucho Degel y Kardia, Len feliz!!! En especial la parte de Kardia, me encantó!!! Cómo fue llevando a Asmita, y también imaginarme el pasado… quiero más del pasado! XD Muy Kardia todo lo que hizo/hacía.

    Y detalles como que dijera que le había dado tiempo de cambiar el azúcar por la sal, y que estuviera haciendo el café (awww), Kardia cute!!! XD Disfruté pila este capítulo.

    Ahhh, una cosa ortográfica que se te pasó por alto (porque sé que sabes escribirla, te la he visto escribir bien): poner envestir en lugar de embestir (envestir: cubrir, entregar un cargo)

    Besos!!

  2. Este cap trás un suceder de emociones me dejo en un estado de paz, finalmente un momento de calma, fuerza, de respuesta tras dudas. Con Kardia mori de risa, con Def y Asmita sufri montones para luego acabar toda conmovida e inflada de amor OMG, y fue muy lindo como separabas la escenas con lo que pasaba con Shaka allí solo en el fúneral y finalmente el presente de Saga ¡quiero un Saga para mí!!!!!!!!!!!!!! fueron geniales también las pistas sobre el pasado ¡Dioses! eso es provocar a las lecoras, lo estas haciendo desear ya se me enjuga la boca de deseo por ese flash back OMG…

    Ternura^^

  3. Jajajaja gracias por comentar chicas!!!

    Pues si Len!! Ahora ves porque los separe de esa manera. Kardia para poder sacar a Asmita del trance y Degel para poder calmar la rabieta de Defteros que al final el mismo llego a la conclusion de que no queria dejarlo T____T Y la parte Kardia la disfrute a montones!! Creo que al final si hare una secuela porque ese pasado lo tengo totalmente retratado y dudo que me de tiempo de mostrarlo todo aqui (al menos que me tome un monton de capitulos hablando de ello). Gracia spor la corrección. No se porque a veces se me graba mal una palabra y la empiezo a usar así, algo subconsciente.

    Karin! xDDD Me alegro que te haya llevado por tantas emociones, porque son las mismas que yo sentía cuando escribia esta secuencia de capitulos. La parte defmita para mi fue algo inesperado, simplemente los personajes hicieron conmigo lo que quisieron pero me encantó porque marcó la etapa que necesitaba para lo que sigue y el pasado… YA VIENE ! XD Me apoyaras tambien en la precuela? xDDD –buscando nombre para el titulo–.

    Y sobre lo del entierro y Shaka si, quise alternarlo para que se viera que de alguna manera todo se estaba desarrollando al mismo tiempo y Saga OMG!!! Saga lo veo como romantico más no empalagoso, de esos que con pocas palabras y más acciones se encargan de decir lo que sienten. Y bueno, se viene la sgeunda parte del fic. Espero que la disfrutes tanto como yo.

  4. T__T POR DIOS ESTE CAPITULO TE KEDO TAN LINDO…ENTIENDO MUCHO A ASMITA YO SUELO HACER LO MISMO ME ENCIERRO EN MI Y BUSCO RESPUESTAS , SOLO Q YO NO TENGO UN KARDIO O UN DEFTEROS Q ESTEN AMI LADOxD…ADORO COMO ESCRIBIS YA SON TU FAN NUMERO 1 ¬¬ DIGA LO Q DIGAN SOS LA MEJOR 😀 SEGUI ASI POR FAVOR ^__^

    1. Hola Lola!! que lindo ver que lees el cruce, me alegra mucho que cada vez más se unan a esta historia que le tengo mucho cariño. Y si, Amsita es asi y yo soy asi, como buenos virgos a veces nos encarramos y nos ponemos dificiles pero para eso es necesario simplemente entendernos.
      ¡¡¡Gracias por decir eso!!! ¡¡Con tenerte comentando me doy feliz y satisfecha!!

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