El cruce (Cap 34) (AU)

Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Shaka y Saga han decidido vivir juntos, pero hay cosas que primero deben resolver. ¿Cómo lo tomaran sus cercanos esta decisión?

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Temas: Yaoi, drama, romance, comedia, Lemon, angst
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Kanon, Asmita, Defteros, Manigoldo, Shion, Shura, Pandora, Seraphina, Degel, Kardia, Kardia
Resumen: Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Shaka y Saga han decidido vivir juntos, pero hay cosas que primero deben resolver. ¿Cómo lo tomaran sus cercanos esta decisión?

Capitulo 34: Resolviendo y Construyendo.

Esa noche, tal como lo había presagiado Shaka, era aún joven.

No tardaron en fundirse dos veces más, hasta que sus cuerpos colapsaron del cansancio, embriagados con el aroma de su esencia, del sudor, de su ser y riéndose en el proceso, jugando como niños explorando sus cuerpos, conociéndose, amándose. Tal como ya Shaka lo había demostrado, esta vez fue un poco más activo en todo el acto, deleitando al griego con actos inesperados, caricias más voraces, besos más íntimos en su piel, todo con el fin de complacerlo, cosa que para Saga fue simplemente la gloria misma tocada con sus manos.

Por esa razón, siendo las 5:30am, Shaka despertó algo cansado, soñoliento, pasando su mano a su frente y sintiéndose algo adolorido en una parte especial de su cuerpo. ¡DIOSES! ¡Ese Saga no tiene misericordia! Esperaba que sólo fuera tan… fogoso, por el tiempo que estaban sin verse, porque de seguir así todos los días viviendo juntos ¡iba a envejecer más rápido! En ese momento entonces recuerda a su tío y se sonríe irónicamente. ¿Cómo hacía para soportarle el trote a semejante semental que tiene de pareja? Porque ese tiene cara de no ser muy delicado y de ser más intenso que Saga. Suspiró reincorporándose entre las sábanas, desnudo, aún sucio por la noche y deseoso de un buen y merecido baño “solo”. Vio a su lado a Saga, recostado de espalda a él, con el cabello que le caía alborotadamente y las sábanas que cubrían a partir de su tórax. Se acercó y beso tiernamente su hombro, viéndolo moverse un poco para seguir durmiendo. ¡Vaya que tiene el sueño pesado! Eso es bueno, así podrá bañarse sin contratiempos.

Se levantó de la cama verificando que Saga no fuera despertado. Se dio cuenta que no era necesario tanto esfuerzo para eso, ¡el griego parecía dormir como roca! Se acercó al baño y fue a ducharse, poniendo especial atención en su intimidad y buscando alivianar un poco el ardor que aún sentía. Debía existir algo para hacer el proceso de penetración más llevadero que usar su propia saliva y ya Shaka veía que era necesario investigar más al respecto. La primera vez el vino ayudo bastante pero en esta como que se quedaron algo cortos. Quizás Saga sabía al respecto pero como en ambas noches fue totalmente inesperado no se prepararon para ello. Con eso en mente, y luego de lavarse hasta el cabello, sale de la ducha para lavarse la boca, secó su cabello con una toalla mientras que con la otra la sujetó en su cintura e iba peinando su cabellera. Con todo ese proceso listo, más el desodorante y la colonia, Shaka sale del baño y ve a Saga, despierto y sentado como buscándolo en la cama.

Los ojos griegos se abrieron de par en par ante la visión que la vida le estaba regalando. Los rayos del sol ya empezaban a ingresar por la ventana de la habitación y dibujaba senderos dorados en el pecho de Shaka, con solo la toalla en su cintura y su cabello mojado plegándose a su espalda. El rubio le sonrió con un buenos días que el mayor recibió con otra sonrisa, extendiéndole su mano para que se acercara, cosa que aceptó Shaka con gusto, tomándole de la mano para que al final y antes de que él pudiera reaccionar, lo hiciera caer sobre él, sometiéndolo en sus brazos hasta besarlo dulcemente.

–Así me sabe mejor los buenos días… –le susurró muy cerca, saboreando la menta de la pasta dental y el olor a recién bañado que tenía el rubio –. ¿Porque no me levantaste para acompañarte al baño?

–El baño es el baño, Saga. Ve a bañarte, sino llegaras tarde a trabajar.

–¿Tengo que ir a trabajar hoy? –refunfuñó con pereza, dejando algunos besos en sus mejillas y mentón. Shaka se sonrío ante las caricias.

–Sí, tiene que trabajar, Señor Saga –remarcó el final con una sonrisita picara que hizo reír al mayor.

–¡DIOSES! ¡Quiero que vuelvas a estar en mi oficina haciéndome café!

–Quizás y pasé por la oficina en la tarde. Afrodita me comentó que hay cierta chiquilla que debería conocer.

Saga tuvo que soltarlo cuando vio que Shaka se sentó a su lado, volviendo a amarrar su toalla, enviándole una mirada picara y señalando el baño con una de sus manos. El griego obedeció, tomándose la ducha rápidamente y saliendo luego de secarse tal como Dios lo trajo al mundo, ante el aturdido Shaka que ya estaba a medio vestir. El menor hizo un esfuerzo sobrehumano para no verlo directamente, apenado con sus mejillas sonrojadas mientras Saga le paseaba con toda la intención del mundo, justamente para verlo así. Se vistió con lo que había traído en la noche, pensando en pasar por su casa para cambiarse y con ello se despidió, con la promesa de verse después del mediodía.

El día para la joven Serinsa era más alegre de lo que pudo imaginar. Su jefe se la pasó sonriendo toda la mañana, y se veía tan hermosamente sensual con el traje desabotonado, aire más desenfadado y su cabello atado atrás, que le hizo cometer varios errores y todos se los perdonaba. Era demasiado para ser verdad. Por otro lado, Mu en su nueva oficina como asesor de seguros institucionales, pensaba en las palabras de Kanon y en la idea de vivir juntos. Todavía no había encontrado un buen departamento y ya Manigoldo se mudaría el viernes, lo que le dejaba con solo tres días, al menos que quisiera pasar una noche con esos dos. Pensando en eso fue que Kanon pasó por la oficina dejándole una barra de chocolate que compró antes de venir. El tibetano se sonrió ante el gesto.

–¿Y esto? ¿Desde cuándo tan atento? –pregunto divertido reclinándose al asiento, mientras mordía una parte.

–¡Que ingrato eres! Me salió del corazón… –dijo dramáticamente colocando su mano al corazón. El menor se rió con ternura, recordando en ese momento aquellas palabras que fueron sinceras–. ¿Supiste quien no regresó a dormir anoche? –preguntó con picardía y Mu tuvo idea de lo que venía.

–A ver… ¿Saga?

–¡El mismo! ¡Y llegó con una ridícula cara de haber tenido al menos tres secciones! –el tibetano se rió sonoramente imaginándose que sería la misma cara con la que salió del cuarto ese día que Shaka se marchó.

–¡Entonces Shaka está aquí! –exclamó con alegría – ¡Ya sabía que no era de Shaka eso de cortar de lejos! ¡Entonces tu hermano debe estar feliz!

–Sí que lo está. Me comentó algo de tener que hablar conmigo hoy. No sé de qué.  ¿Y cómo van tus planes de mudanza? Sí necesitas ayuda moviendo las cosas puedo prestarte mi musculoso cuerpo –se le reclinó sensualmente haciendo un movimiento de sus bíceps que Mu vio complacido.

–Sería bueno ver que tanto puedes hacer con semejante cuerpo fuera de la cama.

Se rieron ambos, viéndose como cómplices de tantas cosas que no era raro quedarse mirando con sus ojos brillantes de afinidad. Kanon vio necesario regresar a la oficina dejando a Mu a solas, con la barra de chocolate y pensativo con lo de la mudanza y esa propuesta.

Esa mañana Asmita se llevó también su sorpresa, recibiendo a su sobrino en casa, en compañía de Afrodita, el hermano menor de Albafica. El rubio mayor los recibió amablemente, vestido con un jean y una franela manga larga, con su cabello dorado sujetado a la altura de los hombros. El sueco no tardó en analizarlo rápidamente, verificando su forma de vestir, la cual era bastante humilde comparada a la elegancia que aún mantiene intacta.

–Es bueno verte aquí, Shaka. Afrodita, espero le envíes a Albafica mis más sinceros deseos de mejora.

–Lo haré, Señor Asmita. Estoy seguro que se alegrará al saberlo… –respondió el de cabello celeste con cortesía.

–Dime solamente Asmita. El “señor” me hace sentir mayor y sólo tengo treinta años –comentó el mayor con una sonrisa tan sincera que heló la sangre del sueco. Era imposible pensar que era el mismo a quien por teléfono y luego de la muerte de su padre le recordó que no podía presentarse al funeral–. Shaka, mi hermana, ¿Cómo esta? Espero que no esté sufriendo mucho la muerte de nuestro padre.

–Cuándo la deje estaba más tranquila. ¿Y tú, tío? ¿Cómo has estado al respecto? –preguntó Shaka indagando en la expresión de su tío.

Ambos jóvenes observan como Asmita toma un sorbo de su té de tilo, con la forma tan ceremonial de tomar el tazón con sus dos manos, y luego dibujando una sonrisa de paz que los dejó a ambos perplejos. Afrodita miraba a aquel hombre abrumado de sensaciones. Le había dicho a Shaka que la belleza de Asmita era incompleta, pero ahora, al tenerlo en frente, muy a pesar de sus ropas, de la humildad en la que vivía en contraste a sus anteriores bienes, había algo en él que destellaba aún más. Debía ser esa la belleza que Shaka le mencionó que no podría tener. ¿Será eso los frutos de la libertad?

–Al principio fue difícil de asimilar. Parte de la vida es la muerte y antes del remordimiento existe la resignación. Me hubiera gustado que arregláramos nuestros asuntos antes de esa separación pero las cosas pasaron de esta manera. Sólo me queda aprender a vivir con ello.

Se quedaron en silencio un rato, meditando en las palabras del antiguo heredero mientras este tomaba con parsimonia su taza de té, respirando amenamente. Al poco tiempo, de nuevo el mayor empezó a hablar.

–Y dime Shaka, ¿Por cuánto tiempo estarás aquí?

–Por seis meses, tío –el mayor puso la taza en el mesón algo desorientado con esa información–. Estaré aquí al frente de una nueva sucursal de la distribuidora de alimentos.

–Entiendo, entonces supongo que debo empezar a acomodar tu habitación…

–No te preocupes por eso, tío. Voy a vivir con mi jefe.

Afrodita subió el rostro impresionado con la noticia y la expresión extrañada de Asmita tampoco se hizo esperar.

–Mi señor, pero pensé que estaríamos alojados juntos…

–Después cuadraremos esos detalles, Afrodita –interrumpió Shaka decidido a no discutir el asunto con su asistente y viendo fijamente el rostro de su tío en espera de su respuesta.

–Shaka, sé que eres un hombre que piensa muy bien antes de tomar decisiones importantes, pero también estoy consciente de que eres muy joven. ¿Estás seguro que es el momento de tomar este paso?

–Afrodita, espérame afuera por favor –el sueco lo miró, entendiendo que pensaba responderle a su tío con franqueza y que en ese momento él estaba sobrando. Pidiendo permiso se retiró del lugar, dejando ambos rubios en la cocina de la pequeña casa –. Tío, sé que hay un orden para hacer las cosas pero si algo aprendí en este lugar es que a veces es necesario tomar acciones arriesgadas –el mayor escuchaba atentamente, abrumado ante la idea de que su sobrino viviera con el hombre que está atado al pasado de Defteros. Una pesadez sacudía a sus pulmones –. Yo no sé cuando tendré otra oportunidad como esta de poder vivir en esta ciudad sin el peso de los Virguien directamente en mi espalda. Siento que si no la aprovecho me voy a arrepentir por el resto de mis días y… quiero creer tío… quiero creer que puedo conseguir la felicidad sin abandonar el anillo…

–Haces bien, no quiero que lo abandones… –replicó el mayor entendiendo las palabras de su sobrino y sonriéndose al ver que Shaka estaba bastante claro de su posición –. No existe un sólo caminó Shaka, existen muchos y cada uno de ellos son formados por nuestras decisiones. Apoyaré tu decisión, si es lo que deseas, te deseo éxitos.

–Gracias… Quería escuchar de ti esas palabras…

Shaka se levantó y abrazó a su tío por detrás, posando su rostro en el hombro del mayor con ternura, gesto que fue aceptado con alegría por Asmita. El abrazo sincero se mantuvo por unos minutos, acompasando sus corazones y sintiendo por alguna extraña razón que eran casi la misma esencia.

–Mi abuelo quería verte tío… Por orgullo no se lo permitió… –la revelación cayó con fuerza en su pecho, sus labios se entreabrieron espantados ante esa verdad, recordando la voz de su padre el día que lo había desterrado –. Me lo confesó antes de morir… –las lágrimas del menor de repente cayeron al cuello de Asmita, provocándole una sensación de tristeza demoledora… dejando salir él también una lágrima–. Me hubiera gustado hacer algo para poder acercarlos… Ver como el orgullo se tragó el corazón de mi abuelo fue horrible tío… yo…

–Shaka… Lo que has visto, lo que has oído, que todo se convierta en tu experiencia –el mayor tomó el rostro de su sobrino entre sus manos, secando las lágrimas con ternura y besando su frente con amor casto –. Decide que debes imitar y que no debes hacer. Aprende de lo ajeno y evita cometer los errores ya cometidos. Yo pude haber buscado el perdón, pero mi orgullo también me cegó. Me arrepiento por ello… –los ojos azules de Shaka lo observaban, veía en su tío la expresión de un dolor pulsante en su pecho, de una herida recién hecha que aún falta por curar –. Así que aprende de tu abuelo y de mí. Que el orgullo nunca te arrebate lo que amas.

Con esas palabras de reflexión, el mayor estrecha a su sobrino entre sus brazos, en un abrazo fraternal, desviviéndose en el contacto de su familia y consolándose con ello, diciéndole al dolor de su corazón que se resigne y termine de entender que ya el capítulo de su padre había terminado y había aún otros capítulos por cerrar… Se quedaron así por largo rato…

Despidiéndose de su tío, Shaka se reencuentra con Afrodita, con el rostro visiblemente molesto de seguro por la decisión que había tomado. El sueco espero en la parada para pedir un taxi, pero su señor tenía otra idea, decidiendo esperar el autobús, emocionado como si fuera un recorrido muy esperado por él. Se acomodaron en el asiento del autobús medio vacío y Afrodita cuidaba de no mancharse su jean prelavado y su camisa de líneas rosas que tanto brillaban con su labial semitransparente. Shaka estaba vestido con un pantalón de mezclilla marrón y una camisa manga larga con líneas verdes y marrones, una combinación extraña como de selva de colores que le hacía ver muy bien. Su cabello estaba suelto y viendo que el recorrido era algo largo, Afrodita termino trenzándolo desde los hombros hasta llegar al final, para sujetarlo con una cola que él tenía guardada. Shaka no hizo caso del gesto, era bueno que se entretuviera antes de ponerse a discutir por la idea de vivir con Saga. Aunque el sueco no pensaba quedarse callado al respecto.

Finalmente llegaron al edificio Geminis. Afrodita prefirió caminar hacia un Centro Comercial cercano y dejar a Shaka a hacer sus visitas, porque tenía entendido que eran variadas. Y así era, lo primero que hizo Shaka al llegar fue a buscar a Mu, pensando que estaría en el departamento de materiales subió al cuarto piso y se halló con la sorpresa de que no estaría allí. Se encontró con quien era su jefe, Aioria, quien lo miro con extraño interés. Shaka prefirió no extender la conversación e iba a salir para buscarlo en los asesores de seguro del piso 2, encontrándose en el camino con Veronica, que vestida con un sobretodo violeta y pantalón blanco se veía bastante bien. Shaka notó que llevaba puesto su regalo de cumpleaños. La asistente lo abrazo con efusividad, ante un renuente rubio que intentaba mantener la distancia, pero al lograrlo lo único que obtuvo fue un beso en la mejilla que lo puso todo colorado.

–¡Shakita precioso! ¡Se te extrañaba! ¡Tienes a Sagi vuelto un ogro en su oficina! –exclamaba divertida mientras le acomodaba la camisa al rubio, quien lo miraba  con expresión graciosa.

–Dije que me haría indispensable y ¡lo logré! –dijo el rubio guiñándole el ojo, provocando una risa alegre en la asistente.

–¡Oh eres tan bello! ¡Te veo como reluciente! –Shaka lo miraba extrañado, él se veía muy normal, ni siquiera estaba vistiendo distinto a como acostumbraba al ir a trabajar–. ¿Buen sexo, verdad?

El rostro de Shaka se puso rojo hasta las orejas, ante la risa simpática del asistente, que sin pena empezó a tomarle la mejilla para ver fijamente que tras esos ojos azules de seguro se estaban reviviendo algunas de esas incendiarias escenas.

–Deberías contarme cariñito. ¡Quizás y pueda ayudarte con algunos consejitos! ¡Saga lo debe tener indomable! –con esas palabras, Shaka se quedó pasmado, hecho una piedra de rubí por lo rojo y nervioso.

–Yo… no sé…

–¡No digas más precioso! –le susurró en el oído, de forma provocativa–. Cualquier duda del sexo te puedo ayudar… fue un gusto verte precioso.

Con esas palabras, Veronica se fue totalmente contento al ver la reacción del rubio, quien como pudo se recuperó de tan vergonzoso encuentro y se metió en el ascensor, dispuesto a desaparecer del mapa y estar al menos a 100 metros de distancia de Veronica.

Después de ir al baño para esperar que el sonrojo se le bajara de la cara, Shaka decidió dirigirse hasta los cubículos donde ahora estaba trabajando Mu, encontrándolo algo atareado con un montón de papeles en mano en aquella pequeña oficina que a duras penas tenía el tamaño del archivero de Saga.

–¡Shaka! ¡Qué sorpresa! –exclamaba el tibetano al tiempo que se levantaba para extenderle la mano.

–Buen día Mu, vine a ver si podíamos almorzar juntos. ¡Yo invito!

–Creo que no puedo negarme, pero debo arreglar esto…

–Déjame ayudarte con eso.

Aceptando la ayuda del hindú, Mu se ocupo de organizar los documentos. Observó con disimulo que a Shaka le incomodaba mantenerse en una posición sentado y se sonrió pensando que tal vez fue una noche de reencuentro demasiado movida, sellada además por el brillo de sus pupilas azules, tan natural que lo hacía ver más encantador de lo que ya de por sí es.

Luego de terminar con todo, ambos bajaron hasta el café frente al edificio, comentando de varias cosas, de los documentos de la universidad, sus proyectos de grados y como estaban con sus tutores de tesis al respecto, el nuevo trabajo de Mu ahora como asesor, la responsabilidad de Shaka ya casi fungiendo como el heredero hasta llegar al tema de la mudanza.

–Estoy pensando en alquilar un departamento pequeño, cerca de aquí, pero los precios de arrendamiento son algo exagerados.

–Es por la zona, Mu. Deberías apuntar a una zona menos costosa, aunque tengas que viajar con autobús.

–Me imagino que no tienes problemas con eso, debes haber conseguido algo bueno para vivir aquí. ¡Quizás y pueda mudarme contigo! –propuso Mu alegremente, esperando una respuesta afirmativa aunque ver el rostro contrariado de Shaka le hizo entender que no sería posible.

–Lo lamento, Mu. Primero, aún no tengo el lugar visto, estoy esperando que Saga me pueda acompañar para escoger un buen departamento…–para ese punto, Mu subió la mirada sorprendido– y ya tengo que pensar que Afrodita de seguro tendrá que quedarse con nosotros…

–Espera un momento, ¿Tú y Saga? ¿Ya? –exclamó asombrado, incrédulo a decir verdad.

–Sí, ayer lo llamé precisamente para hacerle la propuesta…–respondió con naturalidad. Mu terminaba sin creerlo.

–Pero Shaka, ¿no te parece que es muy pronto? Apenas desde que se confesaron han tenido unos dos meses y además ¡lejos! ¿Cómo sabes que compaginaran para empezar algo como eso? –el rubio lo miraba atentamente, mientras Mu seguía hablando, aún absorto por tan rápida decisión–. Saga tiene un temperamento fuerte y tú… tú no te quedas atrás Shaka.

–¿Crees que no pensé en todo eso, Mu? –preguntó directamente.

Mu se detuvo a observar la expresión seria y decidida de Shaka, leer en esos ojos azules la viva expresión de la determinación, como si todo estuviera calculado y medido por él, como si no hubiera sombra de duda ante ese paso. El tibetano tragó grueso, viéndose aplastado por semejante disposición, entendiendo que Shaka lo había pensado muy bien y estaba dispuesto a enfrentar las consecuencias.

–Sé cómo es Saga, no en vano trabajé con él por diez semanas. Y me conozco muy bien para saber lo difícil que puedo llegar a ser. Aún así, la vida me está ofreciendo esta oportunidad Mu y… no quiero desaprovecharla. Hable con Saga esperando su respuesta, estaba preparado para una negativa porque entiendo que es algo acelerado, pero me acepto, Mu.

–Creo que no tengo nada que decir, Shaka…–murmuró el compañero algo pesado, pensando en la petición de Kanon–. Creo que eres valiente para sumergirte de esa manera.

–Si me equivoco, sólo lo sabré hasta intentarlo Mu. Mi estilo de vida no me permite este tipo de oportunidades, siento que me arrepentiré más por no haberlo intentado que por haberlo hecho y haber fracasado en el intento.

–¿Qué si no se llevan bien? ¿Si terminan peleándose? ¿Si destruyen su naciente relación?

–Entonces, sabré que lo nuestro no podía tener futuro–sentenció Shaka de forma tajante, sincera y sin rastro de titubeo. Mu lo observó sintiéndose algo envidioso de no poder tomar una decisión así con tanta determinación y al mismo tiempo, tanta seguridad sin importar el resultado final.

–Entonces… sólo me queda desearte éxitos.

Shaka sonrió, seguro que a pesar de lo que terminara siendo esta aventura, lo único que le esperaba era el éxito.

Mu se despidió luego de terminar el almuerzo, caminando hasta su oficina con algo en el pecho retumbándole los pensamientos. Vivir juntos… Kanon le hizo esa proposición que pensó era en broma pero terminó entendiendo que eran los sinceros deseo de su pareja. Y aún así, se sentía abrumado ante la idea. Quería conocerse más, no había prisa para ellos pero… si Saga decide mudarse con Shaka, Kanon quedaría solo… ¿Cómo tomaría Kanon su vida en soledad cuando toda su vida ha vivido al lado de Saga? Ahora ese pensamiento azotaba a su pensamiento como un oleaje brusco y seco en un acantilado… Saga le comentó a Kanon que debían hablar… de seguro sería de eso…

En la oficina de Saga aún reinaba la paz. La jovencita Serinsa se encargaba de redactar unas cartas cuándo Saga le avisó que iría a una reunión y regresaría en una hora. La chica se despidió sonrojada, viendo como se veía especialmente feliz y eso le hacía ver mucho más guapo de lo que ya es. Se dio cuenta que su corazón estaba latiendo muy rápido en su presencia pero… era su jefe y era mucho mayor, de seguro hasta tendría de pareja una hermosa mujer.

Serinsa entonces se imaginaba de seguro una hermosa rubia, de ojos verdes, figura de una diosa. De seguro su sonrisa sería brillante, sus ojos llenos de ternura y con un movimiento sensual de caderas que enloquecería a cualquiera. Sí, la pareja de su jefe no debería ser muy diferente de eso. De repente, recordó el nombre que su jefe se la pasa mencionando cada vez que se equivoca. “Shaka”…

A quien les había preguntado de esa persona les decía las más inauditas referencias. Unos decían que era un rubio rico que se le metió a los ojos del jefe, otros que era un rubio muy inteligente que logró domar al ogro Saga, algunos otros simplemente comentaba del hermoso muchacho que era, y lo orgulloso que se comportaba por ser de familia adinerada. Sea como sea, cada vez que su jefe usaba ese nombre era para mostrar la igualdad de eficiencia, perfección y orden. Shaka hacía esto, Shaka hacía aquello, Shaka no dejaba que eso pasara, Shaka usaba de esa forma esto… todo era un Shaka, Shaka, Shaka que definitivamente dejó una huella en el departamento. Tuvo que conformarse con seguir trabajando bajo la cuenta de Shaka en el computador que le asignaron, el archivero organizado por Shaka, con los moldes de cartas hechos por Shaka, la base de datos que Shaka dejó, las agenda cronometrada que Shaka llevaba. A donde quiera que se moviera en esa oficina sólo se podía ver el sello de ese rubio a quien Saga le tenía cierta admiración, al menos ante sus ojos.

Pensando en todo eso, fue que sintió el toque en la puerta de la oficina, la cual abrió tan rápido como pudo, encontrándose con un hombre rubio, hermoso, con su cabello trenzado hacía su hombro derecho y una mirada abrumadora de  zafiro. La chiquilla se quedó boquiabierta.

Shaka, quien acababa de llegar, vio a la jovencita que lo recibía, de cabello claro corto, una mirada clara y tímida, joven a simple vista, parecía que saliera de una secundaria técnica y por ello estaba trabajando como asistente de Saga. Debía tener unos 17 años de edad y era bastante baja, a Shaka le llegaba por debajo de los hombros. Se quedo en espera de alguna palabra de la menor, quien simplemente se quedó sin habla. Reviso rápidamente a la oficina para darse cuenta que Saga no estaba y volvió su vista a la jovencita en espera de algo que nunca llegó.

–¿El Señor Saga donde esta? –pregunto directamente el rubio, incomodo por el silencio.

–Ah… yo…–tartamudeaba la jovencita, tomando sus manos de forma nerviosa–. El salió a una reunión… viene en una hora.

–Entiendo… ¿puedo esperar aquí?

–Sí… si claro…

Serinsa estaba muy nerviosa, apenas y lo vio cuando ya se estaba sentando en su escritorio sin decir nada más, dejando a Shaka de pie en el umbral de la puerta esperando que le diera el ofrecimiento de sentarse. Para el rubio la jovencita destilaba aires de ineficiencia y eso era algo que le incomodaba. De seguro Saga tampoco lo soportaba.

–¿No va a pedir mi nombre para revisar si tengo una cita con él? –indagó de nuevo el mayor, como recordándole sus deberes, cosas que la jovencita recibió con un sobresalto avergonzado.

–Oh, yo… lo siento… es que todavía no me acostumbro…–Shaka la miró fijamente, de forma despectiva. La joven se vio obligada a reaccionar ante esos ojos voraces–. Disculpe… ¿su nombre por favor?

–Shaka Virguien.

La jovencita subió sus ojos desorbitados. Shaka… era Shaka… el muchacho que tenía como sombra, de quien tanto hablaba su jefe. ¡Estaba allí! ¡Y era una muestra de belleza masculina! Si Saga representaba las leyendas de héroes griegos, Shaka era la encarnación de Adonis en vida. ¡POR TODOS LOS CIELOS! Dos bellezas como esas en la oficina, ¡con razón se armó tanta algarabía!

–¡Usted es Shaka! –exclamó aún asombrada. El rubio la miró con desconcierto ante la actitud–. ¡El señor Saga no ha dejado de hablar de usted! ¡Dice que usted es lo mejor que ha pasado por el departamento!

–¿Ah sí? –pregunto interesado el rubio, cruzado de brazos y mostrándole una demoledora sonrisa de satisfacción que puso a la jovencita a volar muy lejos–. ¿Qué más ha dicho el Señor Saga de mí?

–¡No deja de mencionarlo! Cada vez que me equivocó, sólo dice que usted si lo hacía bien…–la chica bajó el rostro, avergonzada, conmoviendo así al rubio–. Yo sé que no soy muy buena, me equivocó mucho, no sé hacer café y el Señor Saga me regaña todos los días…

–¿Cuánto tienes aquí?

–Esta es mi segunda semana, Señor Shaka…

–¿Por qué no has renunciado si te ha tratado tan mal? –indagó el hindú curioso, analizando a la jovencita frente a él.

–Porque si renuncio perderé mi beca…–Shaka abrió sus ojos con cierta pesadez. Muchas veces olvidaba que no todos tenían sus facilidades–. Pero estoy aprendiendo y trato de cumplir las órdenes lo mejor que puedo. Aunque a veces el señor se pone algo…

–¿Difícil? ¿Energúmeno? ¿Abusivo? ¿Temperamental? –nombró el rubio con aire divertido, la chiquilla solo asintió a cada palabra con una sonrisa, sintiéndose comprendida–. Sé perfectamente que a veces el Señor Saga tiene un carácter de los mil demonios pero es un buen hombre y sabe lo que hace aquí. ¿Quieres que te dé algunos consejos de cómo manejar el departamento?

La niña abrió los ojos ilusionada. No podía ser mejor, definitivamente iba a aceptar.

Luego de aquella reunión de directiva, Saga iba caminando a su oficina, viendo el reloj, esperando que fuera hora de irse para salir corriendo y ver a Shaka. No quería perder momento alguno ahora que lo tiene al lado. Sin embargo, todos sus pensamientos se dislocaron al momento de acercarse a su oficina y sentir el aroma de café con chocolate que lo embriagó al instante. Sin perder el tiempo, el griego abrió la puerta para ver a Shaka junto con la chica en el archivero, enseñándole a hacer café. Sus ojos se encontraron al instante y con una sonrisa se saludaron, mientras la menor servía el café en la taza muy emocionada porque podría darle a su jefe el café tal como le gustaba. Saga seguía inmóvil, solo viéndolo, allí, con su cabello sujetado a aquella trenza medio desordenada que caía en su hombro, la camisa y el pantalón que le sentaba muy bien, como solía vestir cuando iba a la oficina. Vio que Shaka le hizo seña con la mirada para que fuera a su escritorio y entendió, que estaba en la oficina y con una pasante nueva como para armar espectáculo.

Fue a sentarse y la joven Serinsa le sirvió el café con una sonrisa, gesto que el griego aceptó con un leve asentimiento y se decidió entonces a saborear con su olfato el dulce aroma de ese café que tanto extrañaba.

–Delicioso…–murmuró extasiado, sin darse cuenta que la jovencita se ruborizó por completo.

Shaka no salió del archivero. Se quedo allí, por unos minutos, observándolo como si lo hubiera añorado, sonriéndose a sí mismo recordando tantas cosas que pasaron dentro de él desde ese primer día. Escuchó la voz de Saga que lo llamaba y decidió dejar su nostalgia para después, sentándose en el asiento de visita frente al escritorio y recibiendo al poco rato una taza de café igual por la chica.

–¿Hablaras hoy con Kanon? –preguntó el rubio mientras bebía un sorbo de su café.

–Sí, ya le dije que teníamos que hablar. Pero no duraremos toda la noche hablando…–remarcó enviándole una mirada picara que Shaka entendió muy bien, respondiéndole con una sonrisa.

–Hoy pienso salir con Shura para aclarar lo ocurrido.

Saga inmediatamente mutó su expresión. ¿Con Shura? ¿Shaka hablaba en serio? ¿O era una broma de muy pero muy mal gusto? Desgraciadamente conocía muy bien a Shaka como para saber que él no era de andar con esas bromas, así que lo más seguro es que el rubio le hablaba muy en serio. Y a juzgar por la mirada indagadora que ahora le enviaba a través de esos ojos azules, estaba esperando su respuesta al respecto.

–¿Para qué? ¿Qué vas a arreglar con Shura? Creo que lo dejaste muy en claro esa vez.

–Por eso mismo, fui muy duro esa vez. Shura no merecía ese trato de mi parte y creo que le debo una explicación–la mirada de esos ojos verdes estaba encendida de celos, intentando doblegar la determinación del joven aunque, eso no sería posible–. Además, gracias a él pude entrar aquí, me puso en este lugar y hasta me acompañó a buscarte esa vez en el apartamento.

–No estoy de acuerdo. Podrás decir lo que sea pero no quiero que salgas con él. Complicaras más las cosas–espetó el mayor decidido a marcar sus terrenos. Shaka le envió entonces una mirada forrada de decisión.

–Es bueno saber que no te estoy pidiendo permiso–acotó, con su mirada fija, viendo como Saga enarcaba una ceja visiblemente molesto–. Y no soy de dejar las cosas a medias.

–¿Quieres decir que sin importar lo que diga vas a ir? –preguntó con voz ronca, intentando no levantarla aunque el sólo hecho de oír de los labios de Shaka el nombre de Shura lo tenía enfurecido–. ¿Entonces para que me dices?

–Para que estés al tanto. Si prefieres no estarlo, me avisas y te ahorraré los detalles.

¡POR TODOS LOS CIELOS! Saga hizo un esfuerzo sobrehumano para no golpear la madera ni gritarle, viendo como simplemente Shaka terminaba de tomar su café con una tranquilidad devastadora, como si el asunto fuera de lo más nimio y común. ¡DIOSES! No podía soportar la sensación de que todo era absolutamente normal cuando pensaba salir con Shura quien sabía que tuvo sus intenciones con Shaka y de seguro no es que las haya olvidado del todo. Para él las cosas era mejor dejarlas así. ¿Para qué aclarar algo que pasó hace más de dos meses? ¿De qué valía la pena? Pero para Shaka el asunto era una cuenta por pagar que no le dejaba de incomodar. Shura lo ayudó y fue muy amable con él como para haber recibido esa respuesta tan dura de su parte, sentía que debía hacerle saber en mejores términos cual sería su opinión al respecto.

La jovencita notó que de un momento a otro la atmosfera entre ellos cambio. Primero estaba muy amena pero ahora era como ver relámpagos y nubes tormentosas, sobretodo sobre la cabeza de su jefe, que no dejaba de mirar con ira al joven rubio que tomaba su café con tanta elegancia. En algún instante, vio que los ojos de Saga la miraron para decirle una orden silenciosa que obedeció sin preguntar, saliendo de la oficina y dejándolos a solas.

–Lo diré sólo una vez Shaka: No quiero que salgas con Shura–sentenció Saga levantándose de su asiento y dejándole clavada su mirada esmeralda.

–¿Debo suponer que me estas ordenando algo? –interrogó el menor con gesto incomodo, visiblemente molesto por la forma en que le estaba hablando–. Quiero saber tus razones como para pedirme eso. Porque obviamente no lo tomaré como una orden.

–Shura estuvo interesando en ti, es algo que ocurrió hace más de dos meses y no le veo el caso de estar reviviendo cosas ya enterradas… Además, me pone celoso la idea de que saldrás con él.

–¿Celoso? –ahora Shaka enarcó la ceja con incredulidad, dejando la taza en el escritorio y levantándose para quedar al mismo nivel de Saga–. ¿A qué vienen los celos? ¿O es que lo de anoche no es suficiente como para que estés tranquilo sobre lo nuestro?

–Confío en ti, pero no en él…

–¿Qué se supone que puede hacerme él que yo no pueda evitar, Saga? –preguntó cruzándose de brazos, notándose severamente molesto–. Shura fue todo un caballero, en ningún momento intento propasarse conmigo. De no haber sido así ni pensaría en dejar las cosas en mejores términos.

Se quedaron en silencio unos minutos, viéndose fijamente, notando que ninguno de los dos estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Con eso en mente, Shaka decidió cortar con la discusión, tomando las dos tazas vacías para llevarlas al archivero, totalmente callado. El griego suspiró hondo, intentado tranquilizarse. Apenas estaban pensando en vivir juntos y ¿ya estaban discutiendo? Era mejor bajar un poco la guardia y no permitir que Shaka fuera molesto a verse con Shura, eso sí sería contraproducente. Así que con eso en mente, fue hasta el archivero donde Shaka estaba recostado, con sus brazos cruzados, también buscando calmarse.

–¿Ya le dijiste? –preguntó al entrar, con un tono de voz conciliador.

–Aún no, pensaba avisarte primero antes de ir…

–Agradezco que me informes, pero no deja de incomodarme.

Cerró la puerta tras él, ante los ojos extrañados de Shaka y sin mediar palabras lo tomó del brazo y lo empujó suavemente hacía él, para abrazarlo mientras permanecía recostado a la puerta, aunque el menor no respondió dicho gesto. Se quedaron en silencio, Shaka con su cabeza en el hombro de Saga, y este último con su mejilla recostada en el cabello del menor. Finalmente, a los pocos minutos Shaka cedió y correspondió el abrazo.

–Cuándo termine de hablar con Kanon iré entonces a tu habitación. Esperare que termines con Shura.

–Mejor no–respondió Shaka, haciendo que Saga respirara hondo buscando calmarse–. Si vas, sé que no será a dormir y aún estoy algo adolorido.

–¿Fui duro contigo anoche? –indagó curioso ante la mirada incrédula del menor.

–Algo… pero por eso no dejó de gustarme–acotó con picardía, Saga se sonrió ante ello–. Debe haber algo que ayude a hacerlo más… sencillo… Me refiero a cuando…

–Sí, lo sé. Averiguaré al respecto.

Se separaron sólo un poco para mirarse fijamente. Sus ojos parecían llamarse y disculparse por el breve altercado que tuvieron en el escritorio, recibiendo las disculpas del otro en silencio, todo en silencio. Y fue de esa misma manera que sus rostros se acercaron para besarse, muy suavemente, con sus corazones desbocándose por el momento, como si fuese el primero. Esa sensación de entrega infinita que los envolvía en el mismo lecho. Se separaron. Se sonrieron tímidamente.

–Vendré mañana para que cuadremos los detalles para la mudanza. Quisiera que me acompañaras para visitar las opciones.

–Está bien… cuadraré mi agenda para que el jueves pueda tomarme el día.

–Algo más… no seas cruel con esa niña…–Saga enarcó una ceja curioso con el encargo.

Se sonrieron y finalmente, Saga lo dejó ir, intentando confiar que lo de Shura sólo sería una reunión para aclarar las cosas, aunque sentía algo que le decía que sería más complicado.

Ninguno de los dos sabía que Shura había estado albergando un sentimiento contrario luego de esa fiesta. Que estaba lastimado, como un animal, agonizando por la forma en que terminó su acercamiento a Shaka y que al final, un nuevo encuentro sólo sería echar sal a la herida…

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