El cruce (Cap 44) (AU)

Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

El pasado empieza a revelarse y las cosas comienzan a tomar forma. El pasado de Defteros ahora debe ser enfrentado por Kanon y Shaka ¿Cómo lo tomaran?

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Temas: Yaoi, drama, romance, comedia, Lemon, angst
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Kanon, Asmita, Defteros, Manigoldo, Shion, Shura, Pandora, Seraphina, Degel, Kardia, Kardia
Resumen: Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

El pasado empieza a revelarse y las cosas comienzan a tomar forma. El pasado de Defteros ahora debe ser enfrentado por Kanon y Shaka ¿Cómo lo tomaran?

Capitulo 44: La sombra del pasado

Cuando lo conocí, hace 11 años, inmediatamente lo supe. Eso era lo que con tanto empeño buscaba en las diversas actividades que me planteaba, algo que podría hacer sólo yo, una acción a la cual entregarme por completo.

A pesar de ser ciego, gozo de cierta facilidad para intuir las motivaciones. En él, detecté la desesperación, el dolor y la suplica. No había odio en él, no había rencor; sólo el más puro estado de agonía, de angustia. Tanta que al verme creyó ver la muerte. Quizás porque en mis ojos no vio vida. Él me necesitaba y no pensaba dejarlo solo, sabiendo que yo pudiera ser la clave para ayudarlo a salir de ese túnel oscuro donde estaba atrapado.

Luego de ganarme el permiso del Dr. Degel, Kardia y yo visitamos la cárcel, mudándonos a esa ciudad en una residencia de estudiantes. Allí empezó nuestra faena, empezando a cuidar del hombre alto y de piel morena que Kardia no dudaba en describirme con todos sus pormenores. Lastimosamente algunas de sus descripciones no me daban mucha información sobre cómo era y otras más bien eran demasiado… visuales.

–¡La debe tener así de grande! –exclamó Kardia haciendo que con mis manos palpara las dimensiones. Estoy seguro que me sonrojé.

–No lo sé Kardia, aunque lo baño yo no me detengo en esas cosas…

–¡Entonces no lo bañas bien! –concluyó de nuevo, colgándose otra vez de mí cuello como siempre lo suele hacer–. Hay que restregárselo bien–me susurró con lascivia. Sólo le sonreí pícaramente.

–Por eso no te dejó acompañarme a bañarlo. Eres capaz de violarlo, Kardia.

–¿Yo a él? Prefiero que él me lo haga a mí…

Sí, no hay forma de pelear contra Kardia sobre el sexo. El simplemente es así, y si no fuera porque estoy totalmente seguro que sus intenciones conmigo no tienen que ver con lo sexual, él no me estaría acompañando. Y sobre el tamaño… claro que lo sabía, sé todas sus dimensiones y es normal siendo yo ahora quien lo baño, le doy de comer, lo duermo y lo entretengo mostrándole fotografías o jugando con las pelotas de colores.

Sobre esos baños, noté que al principio era difícil hacerlo. No se negaba, al menos que me acercara a su intimidad y tampoco quería hacerlo él mismo. Se asustaba en cuanto le indicaba que debía hacerlo y temblaba si era yo quien lo hacía. Por eso descubrí lo del abuso sexual aunque Degel me lo haya ocultado, y con un poco de esfuerzo y paciencia, primero logré que tuviera confianza para hacerlo yo mismo y luego le enseñé para que él lo hiciera, liberándome de esa tarea que me incomodaba en sobremanera. Pronto sólo me ocupaba de su cabello y espalda y él, muy pacientemente, se encargaba de lo demás. Había aprendido a comer sentado y con las manos, a dormir en las horas acordadas y aunque aún no hablaba, ya comprendía que era lo que deseaba. Muchas veces al verme se lanzaba a mí rodeándome una pierna, jalando mi túnica negra para que me siente y empiece a peinar su cabello. Parecía un niño encerrado en el cuerpo de un hombre… un hombre apuesto… de cuerpo fuerte, voluminoso, duro como roca, todo grande… No entendía porque, unos meses después, pensar en eso aceleraba mis latidos.

–¿Pasa algo? –escuché la voz de Degel, al salir del baño, aturdido. Ya habían pasado 5 meses pero desde hace pocos días la hora del baño se me hacía asfixiante.

–Sí, estoy bien, sólo un poco acalorado.

–Debe ser porque estamos en verano y esta zona suele ser muy caliente. Defteros ya poco a poco se puede bañar solo, así que es un gran logro. Me has demostrado que estaba equivocado.

No supe que decir… no había forma de confesar que mi calor no era precisamente por el clima y que daba gracias a esa bata negra que me cubría y evitaba que se viera reflejado el estado de mi cuerpo. Estaba mal.. algo estaba muy mal en mí y meditaba en ello, día y noche, al punto de no poder dormir. Las enseñanzas de mi familia, la religión que ahora seguía, todo condenaba esto que se gestaba dentro de mí. Eso sin contar, que en unos meses recibiría la heredad como Virguien.

Una tarde, mientras lo bañaba, algo ocurrió, algo que puso en jaque mis emociones, mis sentimientos, mis ideales… Pasaba la esponja por su cuello, siempre tenso, rígido, mientras le decía que enjabonara sus piernas. De repente, él tomó mi mano derecha, quitándome la esponja y colocándola en su pecho, en su corazón. Me detuve entonces, sintiendo sus pálpitos acelerados, su piel caliente a pesar del agua fría y sentí, en ese momento, que mi cuerpo estaba igual. Él hizo rodar mi mano por su pecho, muy suavemente, deslizándose entre el jabón y yo… yo no pude detenerlo… sentía que mi cuerpo colapsaba con ese contacto y aunque intente deshacerlo su mano me asió fuertemente la muñeca. Pronto, dejó resbalar mi mano por su vientre, escuchando su respirar ahogado, escuchándole sonidos que me estremecían. Así mismo hizo escurrir mi mano en su intimidad y en ese momento, reaccioné, quitando el contacto, al mismo tiempo que escuché la caída de toda la electricidad en el lugar; detectable porque los ventiladores habían dejado de moverse y todo estaba en estricto silencio. Aprovechó el momento en que yo estaba manejando la nueva variable para volver a colocar mi mano y apresar con ella su hombría, sacudiéndome por entero, mientras que ladeando un poco su cabeza me susurró una palabra que me dejó totalmente desarmado.

–Mío…

–S-si… –le respondí, temblando, jadeando ante las sensaciones y la idea de que todo a nuestro alrededor estaba a oscura, sin cámaras que vieran, sin nadie que nos encontrara–. Eso e-es tuyo…

Sin pedir permiso, ingresó rápidamente su otra mano dentro de mi túnica hasta llegar a mi intimidad, todo tan velozmente que no me dio ni tiempo de actuar. Gemí sin quererlo y mordí mis labios, avergonzado, cayendo de rodillas junto a él, temblando…

–Mío…–volvió a susurrarme, apretando un poco mi miembro, colapsándome.

–N-no… no Defteros… eso no es tuyo… es mío…

Me levanté, asustado, atolondrado por las sensaciones y logré liberarme un momento de él, intentando de escapar pero antes, él se lanzó a mí, metiéndome a la regadera con él, poniéndome contra la pared, acercándose tan peligrosamente que sentía que ya no era dueño de mis actos. Y así fue… ese día quebré mi voto de castidad, mi voto ante la iglesia, mi familia, mis ideales. Yo mismo propicié ese beso y aunque intentaba morderme, le enseñé como lo quería y se dejó llevar por ello. Cuando era muy violento, con sólo susurrarle que fuera más lento o más suave, me obedecía y al final, me tomó primero con fuerza y niveló el ritmo de sus embestidas conforme a mis pedidos, hasta que por primera vez, pude ver luz en mi eterna oscuridad. No sabía en ese momento si sólo era mi cuerpo el que lo deseaba o si había algo más, pero en esas condiciones no hubo siquiera razones que pudieran detener mi decisión. Esa fue nuestra primera vez, aquella que ni Degel ni Kardia pudieron atestiguar, aquella que él nunca recordó, esa que sólo permanece en mi memoria…

Después de eso, tuve que dejarlo tres semanas, porque debía tomar el anillo de los Virguien…

…..

–¿Eres tú el primo de Defteros? –preguntó Asmita al nuevo que se encontraba en la salita. Kanon lo observó, convenciéndose que a pesar de ser tan pareció a Shaka, tenía algo muy diferente–. Supongo que sí. ¿Podrías acercarte? –preguntó de nuevo. Kanon aceptó de muy mala gana, acercándose y sintiendo de repente como las manos de Asmita, algo lastimada, tocaron su rostro y lo recorrieron por entero hasta reconocerlo. El rostro del rubio dibujó consternación primero, luego dolor y al final bajó el rostro, abrumado–. No pensé que fueran tan parecidos…

–Me fije de su parecido pero… no lo pensé, tenía entendido que todos los Géminis son blancos…–murmuró Mu algo apenado. Shaka permanecía en silencio, sin ánimos de objetar nada.

–Se supone que todos somos blancos, pero en ese caso ocurrió eso…–respondió Kanon con la voz baja. Asmita levantó su rostro intrigado.

–Cuéntame Kanon, cuéntame lo que conoces de Defteros, y yo te contaré entonces, lo que yo sé.

Kanon resopló con pesadez. Recordar el pasado no le era agradable bajo ningún punto de vista pero era momento de hacerlo, el pasado se le había aparecido en las narices y estaba afectando bastante a Shaka, viéndolo totalmente angustiado ante todo lo que estaba pasando, entendiendo que en ese momento estaba entre su tío Asmita y Saga, una situación para nada fácil. Sintió que la mano de Mu tomó la suya como gesto de apoyo y lo agradeció. Con eso, tuvo fuerzas para hablar.

–Ellos eran hijos del hermano mayor de mi madre. Sus padres murieron cuando tenían cinco años y así quedaron bajo la tutela de mi madre y mi padre. Cuando mi madre murió al nacer nosotros, Youma adjudicó la desgracia de las muertes al nacimiento del gemelo con piel de color. Le dijo a toda la familia que gracias a esa anomalía en el color de su piel, se había sentenciado una desgracia a la familia de los Géminis y si ya de por sí, Defteros era bastante retraído y discreto, eso terminó por encerrarlo por completo. Aspros, su hermano gemelo mayor sería el nuevo heredero y a quien le quedaría la fortuna apenas cumpliera la mayoría de edad, así que el asistía a todos los bailes, a todos los lugares con la familia y Defteros permanecía encerrado en su habitación. Casi nunca lo veía, nosotros jugábamos era con Aspros, era bueno en todo…–en este punto, Kanon bajó su mirada e intento respirar para mantener su tono de voz.

–Tomate tu tiempo, Kanon–le susurró el mayor de los cuatro, con tranquilidad.

–Yo… recuerdo…–prosiguió el griego con la voz algo turbia, luego de beber un sorbo del café–, que Aspros decía que iba a hacer muchas cosas en cuanto heredara los bienes, y que nosotros podríamos jugar como los niños de nuestra edad, creíamos en eso… hasta esa noche, que los alaridos y gritos nos despertaron. El primero en correr fue Saga…–Shaka levantó su mirada asustada, temiendo lo que venía–. Yo le sigue, muy atrás, porque tenía miedo… los gritos prosiguieron hasta que al final hubo silencio. Cuando llegué, mi hermano estaba de pie, temblando, con sus ojos muy abiertos, con la puerta abierta…–Kanon puso sus manos en la cabeza y Mu vio la necesidad de abrazarlo por detrás, entendiendo la magnitud de lo que estaba contando. Shaka sólo dejó otra lágrima caer–. Adentro… estaba Defteros… con el cuerpo de Aspros… lleno de sangre… –el griego cerró los ojos para respirar, ahogándose las lagrimas que clamaban por salir. Mu afianzó su abrazo.

–¿Vistes el cuerpo? –preguntó Asmita, necesitando obtener esa respuesta. Kanon negó primero con el rostro.

–No lo vi… pero Saga sí… Saga desde ese momento necesitó ayuda psiquiátrica. Pierde el control, enloquece en instante y en otros simplemente se queda estático, sin hacer nada. Dicen que es por el trauma…–Shaka bajó su rostro, cargado de lágrimas, sufriendo al entender ese carácter tan voluble del hombre que ama–. Mi padre entonces aprovechó para asustarlo, meterle ideas en la cabeza, artimañas para tenerlo en su poder y cada vez que él actúa, Saga no puede hacer nada, se inmoviliza… por culpa del miedo… el miedo que tiene desde que vio esa escena que al final bloqueo de su memoria.

–Quieres decir que si le preguntamos en este momento a tu hermano sobre eso…–indagó el hindú mayor.

–Él no lo recordara… él solo recuerda desde el velorio pero no recuerda lo que paso esa noche.

–¿Quién lo apoyo como psiquiatra? –preguntó Shaka, dispuesto a conocer más sobre el pasado de Saga y así poderlo entender mejor. Ya comprendía porque actuó de esa forma con su padre, el porqué dejo que lo humillaran… era algo que arrastra desde hace mucho tiempo. La inseguridad de Saga y su personalidad tan voluble era debida a ese suceso.

–El Dr. D’Garcia. Él fue quien lo atendió.

–¿Qué más pasó con Defteros? –preguntó Asmita para retomar el hilo de discusión. Ya sabía que debían manipular por completo el encuentro de Saga y Defteros.

–Bueno, de allí… sólo sé que a Defteros lo condenaron 25 años, pero nos hicieron creer que murió a los 2 años de cárcel. Realmente no me importó. Luego de eso todo el peso por la maldita herencia recayó sobre nosotros. Decían que Defteros se declaró culpable, que confesó haber violado a su hermano, que mantenían relaciones consentidas y que… lo mató. Eso es todo lo que sé de él…

–Morir después de dos años… bastante adecuado a decir verdad…–comentó el rubio con molestia. Kanon lo observaba, tragando grueso, sosteniendo el abrazo de su pareja–. Kanon, si quiere sal un momento al patio, con Mu. Ordena tus pensamientos, relájate un poco antes de continuar… lo que tengo que contar, no es nada fácil.

Con esas palabras, Mu convenció a Kanon de tomar la sugerencia y ambos salieron de la casa. Shaka y Asmita se quedaron en esa sala, en silencio, un sepulcral silencio.

–¿Cuántas veces? –preguntó el menor, con las palabras que parecían masticarse primero entre sus dientes– ¿Cuántas te tomó hoy?

–¿Te sentirás mejor con saberlo? –preguntó el mayor, levantándose para reposar un poco y verificar el estado de Defteros.

–No, pero…

–Entonces no necesitas saberlo… Hay cosas que es mejor no saberlas, Shaka–caminó hasta el umbral, retirando la cortina de piedras. El menor mantenía su mirada a su tío, quien aun tenía la expresión implacable hacía él–. Por ejemplo, yo no necesitaba saber lo que te dijo mi padre antes de morir…

Shaka abrió sus ojos, sintiéndose señalado, culpable, abandonado… Asmita no esperó más, estaba muy herido por esas palabras como para seguir obligándose a mantener su temple. Así que salió del lugar y dejó a su sobrino, llorando, sintiéndose condenado.

…..

Las tres semanas entre la preparación de la fiesta de la heredad para mí fue un infierno. Albafica, con su tono gentil y dulce buscaba animarme, pero sentía que en vez de tomar algo por mi voluntad, me estaba atando por obligación. Me probaban las telas hermosas cubiertas de piedras preciosas y oro sobre mi piel, y sólo pensaba en el dolor de ese hombre en la cárcel, en su angustia. Recogían mi cabello con arreglos y joyas, pero para mí la mente estaba clavada en su vida, en su pasado, en su enfermedad y en el deseo que tenía de estar a su lado. Ataviaron mis pies con aquellas sandalias de oro y yo solo pensaba en él… Pensaba en estar con él… deseaba estar con él… no me importaba si al final lo que ocurrió en aquel lugar para él no fuera nada, no importaba si después de curarse me dejaría, nada de eso me importaba. Simplemente estar allí, simplemente atenderlo, darle mi vida entera para su bienestar, vivir su recuperación y si era necesario, verle partir, buscando su destino y yo deseándole la mejor de las suerte… sin importar que yo no fuera parte de su futuro… sin remitirme al hecho de que tal vez lo estaría liberando para estar en otros brazos… yo sólo quería, sólo deseaba, saberlo libre, saberlo feliz…

Allí entendí que lo que ocurrió en ese lugar no fue sólo mi cuerpo… que lo venía anhelando desde tiempo atrás, y que fue una respuesta a las atenciones que me entregaba, a la forma que acariciaba mi rostro para llamar mi atención, la risa ronca cuando jugábamos con las pelotas en esa celda, su curiosidad para las fotografías y a veces, los besos que casi como caricia destinaba a mis labios. Degel lo regañaba cuando lo hacía, pero yo le decía que lo hacía de la forma más casta, aunque mi cuerpo respondiera de otra manera. Él me amaba de la forma más inocente y sabía, estaba convencido que sólo era porque yo era la única persona que estaba con él. Que no era una decisión… que simplemente era también sus respuestas a mis atenciones… al igual que le di respuesta a las suyas… Yo era lo único que podía amar… su única salida…

Me presenté ante esa multitud. Escuché los aplausos, los flashes, las voces, el bullicio… sentí los halagos, las miradas admirándome, los gestos comentando mi belleza. Hice el ritual tal cual lo pedía el protocolo, me tomé las fotografías, comí, bebí… Y me sentí mortalmente vacío. Por cada bocado que probaba sólo pensaba en si había comido bien en su celda. Por cada bebida, en si había bebido agua, si lo habían ayudado a bañarse… Entendí entonces que no podía estar más tiempo separado de él… lo necesitaba… lo quería… lo extrañaba… y ya con eso en mente, entendí, que debía hacer.

A pesar de los pedidos de mi padre, regresé a la ciudad dispuesto a seguir mi tarea. Le diría a Degel que trajeran a Defteros a la mansión. Acondicionaría un lugar para él, lo atendería con Kardia y Degel allí y si era necesaria una fortuna para ello, estaba dispuesto a pagarla. Pero antes, antes debía verlo… antes debía sentir sus toques, corriendo hacia mí como solía hacerlo. Primero debía estar a su lado… Sin embargo… lo que encontré… no era el Defteros que dejé tres semanas atrás… lo que encontré…

Apenas me vio, me tomó por el pie llevándome a un rincón. Por mucho que forcejeé, no podía liberarme de él. Arrancó con sus dientes la parte superior de mi túnica negra, la que usaba más por costumbre que por convicción, y besó animalmente mi cuello, mis hombros, pasando a mis labios sus dientes, mordiéndolos y besándolos con violencia. Lo que primero era mi rechazó, pronto fue mi permiso. Sin pensarlo mí cuerpo reaccionó a su toque y sin querer detenerlo, mi alma, cuerpo y mente se entregó al momento. Esa era la manera que le habían enseñado a amar… a través del abuso… era la única forma que él conocía y parecía querer demostrármelo de esa forma… yo lo había detectado… descifré mil te amos en esas caricias bestiales que parecían buscar hacerme daño, entendí sus verdaderas motivaciones y las acepte sin vergüenza… Pero olvidé… el lugar en donde estábamos, las cámaras… Degel… Kardia…

Las voces de Degel y Kardia junto con los gritos de los oficiales y de Defteros diciendo “Mío” me hicieron volver a la realidad. Kardia me tomó del brazo y me sacó de allí. Grité reiterada veces para que no lo lastimaran y escuchaba desesperado los alaridos de dolor que él pronunciaba ante cada golpe. Varias oportunidades intente soltarme del agarre de Kardia para correr a su auxilió y en medio del forcejeó que sostenía con él, se dio cuenta del estado de mi cuerpo, paralizándome por entero.

–Asmita… tú… tú…–le escuche murmurar con terror en mi oído…

Caí de rodillas, llorando…

–Esto no es posible…–se negaba a admitir Degel, quien también se dio cuenta de lo que había pasado, de que le había correspondido–. ¡Hasta aquí llegó esto Asmita! ¡No lo volverás a ver más!

…..

Kanon y Mu, luego de permanecer media hora fuera, respirando, calmándose; entraron a la casa y se sentaron en la salita, donde Shaka estaba recostado en algunos cojines, realmente deprimido. Al poco tiempo, Asmita y Degel salieron de la habitación, tranquilos porque Defteros estaba mucho más calmado y durmiendo, además que la bala que lo hirió la habían podido extirpar sin problemas . Había sido bueno aprender todo eso en la cárcel.

Los dos mayores entraron al lugar y los observaron por un momento. Degel puso especial atención en la actitud del heredero, aplastado ante tantas cosas. Le dijo algo en el oído a Asmita que le provocó una mueca de molestia y negando su rostro, siguió su camino hasta sentarse en el mismo lugar donde estuvo anteriormente.

–Bien, creo que es hora de contar ahora lo que sabemos– comenzó Asmita a hablar, con esa pasibilidad impresionante–. Les presentó a Degel D’Acua, fue el encargado de tratar a Defteros en la cárcel, casualmente, fue alumno del Dr. D’Garcia. Degel, él es Kanon y su pareja Mu.

–El parecido entre Kanon y Aspros es impresionante. Entiendo porque las cosas se salieron del control más allá de lo que teníamos pensado–concluyó el francés al ver a Kanon.

–¿Usaste tu dinero e influencia como Virguien para que Defteros tuviera ayuda médica? –preguntó directamente Kanon, viendo a Asmita con odio.

–En realidad, el programa donde entró Defteros fue un acuerdo multinacional entre Francia y este país. Yo vine como doctor de intercambio, apoyado por el mismo D´Garcia. Cuando Asmita usó sus influencias fue para involucrarse en el programa. La idea era evaluar quienes de los que necesitaban tratamiento médico tenían la posibilidad de recuperarse. A pesar que Defteros estaba en la lista de los irrecuperables, Asmita me demostró todo lo contrario–respondió Degel con frialdad–. Asmita me ha comentado tu relato, y es tal como pensábamos, veo que al final las cosas no han cambiado mucho… Lo que sí me llamó la atención es que tu hermano haya recibido ayuda médica, la que no le entregaron ni a Aspros ni a Defteros.

Kanon abrió los ojos, extrañados. ¿Qué sus primos necesitaran tratamiento médico? ¿A que se referían con eso?

–Tus primos sufrían un trastorno psicológico que el Dr. D’Garcia había detectado en su tiempo pero que la familia Géminis no tomó caso alguno. El señor Youma Géminis no destinó fondos para el tratamiento y más bien reforzó sus patologías con acciones–Kanon lucía pasmado con esas palabras–. Defteros sufría de un trastorno de la personalidad por evitación. Por ello evitaba  el contacto con el resto de la familia, sometido a mayor intensidad cuando se empezaron a crear los rumores de ser la oveja negra de la familia y la razón por la cual sus padres y la señora de Géminis murieron. En cambio Aspros, sufría del trastorno histriónico, donde el paciente presenta esfuerzos por exagerar sus gestos, mostrarse de una forma falsa, exagerando sus estímulos para ser el centro de atención y además, creyendo que sus relaciones son más intimas de lo que son. Esto fue reforzado con la idea de ser el heredero de Géminis y las atenciones que recibían en su honor.

–¿Quieres decir… que mis primos…?

–Tus dos primos necesitaban ayuda médica Kanon… y no se la ofrecieron.

–Para cuando conocí a Defteros–tomó la palabra Asmita con seguridad–, él tenía nueve años sin hablar. Intentaron abusar de él en la cárcel debido a su crimen, y los terminó matando. Por ello, lo castigaron por meses en una celda oscura donde perdió la cordura por el trauma.

–Empezó a oír la voz de Aspros en todas partes, partir los espejos, responder violentamente y cada vez que eso sucedía, lo arrojaban a ese agujero oscuro durante semanas–los tres jóvenes oían con estupor. El primero en sollozar fue Mu, conmovido con la historia–. Su diagnostico era un grave caso de esquizofrenia y cuando lo encontramos no atendía a ningún impulso… hasta que encontró a Asmita.

–Creyó que yo era la muerte–Shaka lo observó pasmado, con su garganta hecha un nudo–. Por ello no me atacó, sólo se quedó inmóvil, llorando, esperando que la muerte se lo llevara… Allí decidí intervenir. Vi en él, esperanza… y quise atarme a ella…

–Decidiste tener esperanza…–murmuró Shaka comprendiendo las palabras… su tío lo observó con dolor, asintiendo.

–Logramos salvarlo de la oscuridad donde estaba sumergido, luego de 3 años de trabajo arduo, con ayuda de mi pareja y Asmita. En medio del proceso, Asmita y él se unieron. Y fue hasta después de esos tres años que escuchamos la verdad por parte de Defteros, verdad que luego comprobamos al abrir de nuevo el caso, gracias a un amigo de Francia que me ayudó en ello.

–Aspros le dijo que los hermanos se amaban, y para amarse debían compartir todo–el gemelo empezó a llorar, incrédulo… queriendo que todo fuera mentira–. Le dijo…–se detuvo, al sentir el agarre de Degel.

–Está bien así, por ahora…–el francés se acercó al griego, secando sus lágrimas, viéndolo agitado–. Es mejor que descansen. Creo que ha sido una larga noche y lo que falta por decir es aún más difícil.

–No puede ser… que ellos necesitaran ayuda… y nadie…–sollozaba el griego, temblando… pensando en todo lo que había pasado, en todo lo que le habían mentido…–. Díganme que Aspros no fue quien lo violó…–suplicó el menor abrumado. Mu bajó la mirada, sabiendo de antemano la respuesta.

–No sólo lo violó… –contestó Asmita con la expresión airada, como si él sólo mencionarlo encendía de ira su corazón.

–¡Asmita! –reclamó Degel. El rubio ladeó su rostro molesto. El doctor volteó de nuevo su rostro hacía el menor de los gemelos–. Aspros, hizo lo que hizo, porque no le ayudaron. No fue malo, simplemente… no recibió el tratamiento que requería.

Con eso, Kanon empezó a sollozar cayendo en las piernas del tibetano, quien lo acompaño en ese llanto sordo y mudo, silencioso, angustiante y desolador. Shaka aún así, tenía algo que no encajaba en tan enorme rompecabezas, una pieza vital…

–Entonces, ¿Por qué abandonaste el anillo? –preguntó sin comprenderlo. Asmita dirigió su rostro hacía él–. Con él pudiste darle los mejores médicos, las mejores atenciones, la mejor clínica… ¿Por qué tuviste que dejarlo?

Degel y Asmita se quedaron en silencio ante esa pregunta, una muy difícil de explicar. Los otros dos se mantuvieron atentos…

…..

Tal como Degel me lo advirtió, dio aviso a mi padre de lo que había pasado. Intente por todos los medios convencerlo para que no lo hiciera, pero no hubo forma de detenerlo. Por esa razón, me encontré en ese despachó, el mismo donde solía jugar con mi abuelo, frente a mi padre, quien me recriminó el tiempo que he perdido en el caso de Defteros, luego de investigar sus antecedentes, su enfermedad y conocer los detalles del accidente que ocurrió con Defteros en la celda, me condenó por ello. Me gritó, me insultó y tantas otras cosas que aunque me hirieron, me hería aún más el pensar que tendría que abandonarlo.

Yo entendí el porqué se comportó de esa forma, el porqué me atacó con violencia, besándome de esa forma tan animal, tomándome como si fuera su presa. Debió creer, que lo ocurrido en el baño me molestó… que no me gustó esa forma que me amó y quiso usar la forma que le habían enseñado… Sólo pensarlo me sumía a la tristeza y la depresión… Yo no podía dejarlo… no en ese momento… no antes de ayudarlo. Tenía que hacer algo por él.

Entonces, sugerí utilizar la fortuna para ayudarlo y eso encolerizó a mi padre. Empezamos a levantarnos la voz, el reclamándole, yo respondiéndole. La discusión tomó un tinte oscuro y cuando él dijo que mandaría a internarme para que lo dejara de ver y él, muriera pudriéndose en la cárcel, me enfurecí. Renegué de mi familia, confesé que lo amaba y con ello… me abofeteó tirándome fuera del despachó… insultándome… diciéndome que era débil, blando… un ciego discapacitado que jamás tendría la capacidad de manejar una familia como los Virguien… Por fin, por primera vez… me habló con sinceridad, sin esa mascara de falsedad… Y lo entendí…

Yo lo amo… no me dolió dejar mi familia, mi apellido, con mi frente en alto, saliendo de esa casa escuchando a lo lejos el sollozo de Shaka y el clamor de mi hermana que le pedía a mi padre que recapacitara. Sabía que el anillo jamás me permitiría estar libre con él. No me importaba si al final del camino él elegiría dejarme de lado, estaba seguro que si lo sentía feliz, alegre, con libertad; yo sería feliz. Sabía que no era a mí a quien vio… sabía que no fue a mí a quien le hizo el amor en ese lugar… fue a la muerte, su eterna y perpetua muerte, esperando que esta se apiadará de él y le brindara el descanso eterno, mientras yo… el Asmita… el Asmita que no veía… le sonreía buscando enseñarle vivir, esperando, pacientemente, que al menos.. algún día, pudiera escuchar mi nombre en sus labios… con su voz… con su aliento…

…..

–Shaka… después que Asmita recibiera el anillo… bueno…–el francés tartamudeaba… tratando de explicarlo de la forma correcta–. Tres semanas duró sin ir y Defteros estaba, inquieto… esperándolo… entonces…

–Dejé de ir por tres semanas y lo confundí–interrumpió Asmita dispuesto a explicarlo–. Antes de irme, había estado con él… en el baño…

Degel volteó asombrado, impresionado… ¿Había estado con él?

–¿Qué quieres decir Asmita? –preguntó el francés intrigado.

–Que Defteros y yo estuvimos juntos antes que aquella vez–el francés lo observaba perplejo–. Fue antes de ir a tomar el anillo…

–¡¿Estuviste con él cuando creía que tú eras la muerte?! –exclamó abrumado. Asmita asintió con dificultad– ¡¡POR QUÉ LO OCULTASTE!! ¿ACASO TE…?

–No, ¡fue totalmente bajo mi consentimiento y fue normal! ¡Pero me fui por tres semanas después de eso! ¡Debió pensar que lo había hecho mal! ¡Que me fui porque no comprendí que él me amaba! Y por eso… por eso cuando me vio… ¡intento abusar de mí! –los tres jóvenes oían todos perturbados–. Me quedé… abandoné todo porque después de ese accidente mi padre quiso internarme para alejarme de él, alegando un trauma psicológico. Sabía que podría hacerlo, que pagaría los doctores para formarme un falso expediente, manipularía a mi abuelo para lograrlo… y no lo soporté…–Shaka lo oía pasmado, llorando. Asmita dirigió su rostro hacía su sobrino, mostrándose algo ahogado ante la confesión–. Lo que Defteros hizo hoy fue mostrarme el amor de la forma que su hermano le enseño… De la enferma forma que Aspros le enseño…–lágrimas volvieron a rodar de sus ojos muertos. Degel vio necesario terminar con la reunión.

–Es suficiente Asmita… debes descansar también. Muchachos, retírense, yo llamaré a Shaka para que cuadremos una reunión mañana y terminemos de hablar. Y… no le comenten nada a Saga–tomó a Asmita por el brazo–. Ven, te llevare para que te acuestes…

Los dejó a solas, abrumados con todo lo escuchado. Mu ayudó a levantar a Kanon, aún débil ante la revelación y vio a Shaka levantarse, secar sus lágrimas y suspirar profundo, como si no pudiera respirar. El tibetano se acercó, necesitando una respuesta por muy dura que fuera…

–Shaka… acaso… ese hombre hoy…–el hindú entendió la pregunta que intentaba hacerle, y con un movimiento lo afirmó. Mu se quedó en silencio, sintiéndose pesado con tantos acontecimientos–. Entiendo… pediré dos taxis para que regresemos a casa… o ¿prefieres quedarte aquí?

–No… quiero ver a Saga… necesito verlo.

–Te entiendo… entonces voy a llamarlos.

No dijeron más y prefirieron no comentar nada de lo oído. En silencio, se despidieron y esperaron, que al amanecer las cosas fueran más sencillas.

Eran las dos de la mañana cuando Shaka llegó al apartamento. Entró a su habitación y vio a su pareja, dormida, con la bermuda negra y aparentemente esperándolo con una almohada en su espalda y casi sentado en la cama. Él lo vio y se sonrió… necesitaba verlo.

Se bañó, dispuesto a quitarse el cansancio, las lágrimas y el dolor de encima, queriendo descansar un poco de la pesadez que sentía. Se acercó a la cama, con un pantalón negro de seda y se le acercó por el otro lado de la cama, recostándose en su pecho y besando delicadamente su piel, hasta hacerlo despertar. Saga abrió sus ojos adormitados y lo observó, recién bañado, con su cabello húmedo, sus ojos brillantes. Vio la hora y notó que ya eran las tres de la mañana.

–¿Todo está bien? –le preguntó pasando su flequillo a un lado. El menor asintió con su rostro aunque la expresión en sus ojos delataba la tristeza–. No lo está, mentiroso…–le reclamó tiernamente, el rubio se sonrió con tristeza.

–Es imposible ocultarte algo, ¿no?

–Tus ojos son un espejo, Shaka. ¿Quieres hablar? –le negó con un movimiento en su rostro–. ¿Qué quieres entonces?

–Que me ames…

Saga lo observó consternado ante el pedido, pero la mirada zafiro, con ese tono suplicante en su brillo, le hizo entender que Shaka necesitaba sentirlo y además, el mismo también necesitaba sentirlo después de lo ocurrido en esa cena. Atendió el pedido de su pareja, y recostándola en la cama, empezó a besarla con ternura luego con pasión y pronto, se dejaron llevar entre las caricias y los besos. Saga vio con dolor como en medio de todo el acto, Shaka empezó a llorar, sus lágrimas salían por si sola sin poderlas detener. Con eso dedujo que debió ocurrir algo muy grave…

Viendo que por muchos besos y caricias que le diera, Shaka no podía hacer otra cosa más que llorar, Saga lo cubrió con sus brazos dejándolo desahogarse en su pecho, llorando él también, como si el dolor pudiera ser transferido entre sus lágrimas, entre sus pieles. No era necesario que sus cuerpos se unieran en el acto sexual para sentirse uno… no era necesario el sexo para entenderse… por ello, los besos que siguieron, fueron para limpiar las lagrimas del otro y decirse que estaban juntos… pasara lo que pasara… iban a estar juntos…

2 thoughts on “El cruce (Cap 44) (AU)

  1. Kardia!!! XD Qué feliz me hace. A propósito de nada, me gustó la reflexión de que Defteros había aprendido a amar a través del abuso, está muy creíble, aunque me da mucha cosa. Interesante flashback!

  2. Jajaja Kardia y el sexo son una sola cosa xDDD

    Lo de Defteros y su historia es triste, peor como hablabamos en el msn, muchas veces las personas no actuan por maldad sino porque no le enseñaron de la forma correcta. Es triste, peor por ejemplo, muchos asesinos en serie tienen un historial horrible en su niñez. En este caso, a Defteros le enseñaron a amar de la forma incorrecta.

    ¡Gracias por comentarlo!

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