El cruce (Cap 63) (AU)

Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Saga ha decidido algo con respecto a Shaka, ¿Qué será? ¿Cómo será su reencuentro? ¿Cómo estara Asmita sobre o sucedido?

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Temas: Yaoi, drama, romance, comedia, Lemon, angst
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Kanon, Asmita, Defteros, Manigoldo, Shion, Shura, Pandora, Seraphina, Degel, Kardia, Kardia
Resumen: Los cruces del destino son parte de la vida. De esa forma se cobra lo que se debe, se regresa lo arrojado, se libera lo atado. Shaka es un joven que cambia de ciudad para vivir con su tío Asmita y su pareja Defteros, a quien no ha visto durante diez años. Luego conocerá a Saga, quien será el jefe del departamento donde trabajará, junto con Mu, su compañero de estudio y Kanon, el gemelo de Saga que solo pasea buscando conquistar a Mu. Pero, ¿Qué les espera ante estos encuentros? ¿Qué más cruces tendrán que enfrentar?

Saga ha decidido algo con respecto a Shaka, ¿Qué será? ¿Cómo será su reencuentro? ¿Cómo estara Asmita sobre o sucedido?

Capitulo 63: Amar y Odiar

Apenas Saga lo vio entrar a ese pasillo, con esa velocidad, con ese desespero, no pudo evitar sonreír. Por fin, había conseguido la pieza que le faltaba para comprender a Shaka, para entenderlo y para decidir, definitivamente, que no había vuelta atrás.

“Toda mi vida he estado acostumbrado a alejar a las personas que no tengo en cuenta en mi plan de vida, meramente por hacerlo.”

Esas fueron sus palabras en el auto, luego de robarle aquel beso para callar su arranque de histeria, aquel con el cual vociferaba que su orgullo no era genuino. Shaka había vivido toda su vida solo, sin la presencia de una verdadera figura paterna, sin su madre, sin sus hermanas, condenado desde el principio a ser el heredero de la familia, alejándolo de aquellos lazos que lo harían débil… Sin saber, que son precisamente los sentimientos de amor, confianza y amistad los que fortalecen. Su vida tampoco había sido muy distinta en los Géminis, pero contaba con la compañía de su hermano Kanon… Shaka… Shaka estaba totalmente solo…

Por ello, Shaka alejaba a todos… para Shaka ninguno de ellos podían darle mayor importancia en su vida, ni podía humillarse a pedirles consuelo o aceptación. Así le enseñaron a vivir… No… Así aprendió a vivir, en soledad… sólo él y su orgullo. Sólo él y su anillo… Sólo él y él mismo… nada más…

“Ya estoy acostumbrado… a esas miradas… a dejar esa sensación… Por eso siempre me vi como un falso oasis en el desierto. Creen que han encontrado algo pero, me desvanezco, los dejó con más arena, más sol, más calor…”

Sus palabras en el archivero, aquel día que despreció a Shura. Shaka los alejaba porque sentía que era lo correcto. Los alejaba porque pensaba que él no era lo que estaban buscando… Él mismo se veía como un espejismo en el desierto… Él mismo no comprendía que era todo un Edén.

“No puedo hacer más… simplemente no puedo hacer más… ¿Cree que terminen odiándome por ser como soy? Tal vez me he ganado varios enemigos…”

Y allí estaba… Shaka ese mismo día le había revelado su más duro, cruel, profundo e intimo temor… No sólo era la soledad, era el desprecio, era la indiferencia… era el odio… Y entender no sólo eso, sino recordar las palabras que de sus propios labios salieron en respuesta  a esa interpelación de Shaka, esa tarde donde el café se derramó entre ellos, esa tarde donde sintió que al irse lo destruiría; por fin, consiguió la respuesta a la pregunta que le hizo al doctor.

“¿Se puede amar y odiar a la vez a la misma persona?”

Y su respuesta fue…

“Yo no te odiaría…”

Apresuró su paso. Lo alcanzó, cubriéndolo entre sus brazos desde la espalda, inmovilizando cada movimiento mientras clavaba su cabeza al hombro del menor, quien ante la inesperada interrupción se había detenido.

No puedo sólo odiarte Shaka…

–Saga…–murmuró al sentir el aroma de su presencia en su espalda, buscando verlo a los ojos aunque el agarre no se lo permitía–. ¿Qué sucede? ¿Por qué te desapareciste de repente? ¿Dond…?

Preguntas… efímeras…

Razones… inválidas…

Saga no estaba para dar explicaciones… tenía dos días enteros matándose buscando explicarse a si mismo lo que sentía. Saga en ese momento sólo pensaba en dejarse devorar por esos labios que lo corrompieron al tal punto que no podía, siquiera en juego, si quiera en serio, pensar en estar lejos de ellos. Amor y odio le parecieron exactamente lo mismo, dos decisiones, dos cadenas tan íntimas, tan indestructibles que te ataban irremediablemente a esa persona, sin posibilidades de escapar entero, condenado a dejar lo más valioso de ti en ese intento y Shaka… Shaka esos días había sido el merecedor de ambas decisiones…

Y lo había decidido… Y se había atado por ello. Más, más y más… como si aún pudiera cautivarse más a él, pertenecerle más a él, emborracharse más de él… Más, mucho más… Por completo, por entero… Esos días Saga terminó fundiéndose más al olor de canela que desprendía su cabello, al poderoso erotismo que fungían esos ojos, a sus labios, a su cuerpo, a su ser, su demencial orgullo, su lacerado corazón, su tierna alma… todo de él… y se maldecía. Saga mismo se maldecía por ser tan débil al caer en ello y por ser tan fuerte como para aferrarse a él… Sí, era una contradicción completa lo que Saga sentía en ese momento pero sólo quería vivir, quería ser feliz y lo quería a él para ello… Era urgente, necesitado, implorado…

Tanto así era su desesperación que casi empujado se llevó a Shaka hasta el auto, dispuesto a tomarlo en donde le provocara. Sólo era necesario un mínimo movimiento del rubio para hacerle desbocar sus más enfermas pasiones dentro de él. Y es que Shaka despertó en él una parte dormida, la dominante, la contrariada, la posesiva que se ataba a él sin pedir permiso, corrompiéndose y corroyéndose con él. Lo odiaba… lo amaba… y por los dioses que en ese momento amor y odio le sabía exactamente igual. Saga no podía siquiera pensar correctamente luego de pensar tanto durante esas horas, de pensar tanto en él y en sus razones, sus argumentos, su pasado, sus planes, su ser entero… Shaka había sido el único en su mente incluso mientras le hablaban de Defteros…. Era como si no pudiera sacárselo de su cabeza y en ese momento tenerlo al lado con ese rostro interrogante le carcomía cada uno de sus huesos.

Recordar el gestó de burla que le dibujó cuando le habló que mencionó su nombre en medio de aquel orgasmo infiel le creaba hedor y le provocaba matarlo… pero recordar también la forma que lloró aferrándose a él en medio de esa entrega casi anhelada le incitaba a tomarlo por entero. Matar, beber, morir, hacer el amor, ya nada parecía distinto… todo le sabía igual… y ahora entendía totalmente las palabras del doctor. Odiar y Amar te atan, te atan a la persona, sea que la ames, sea que lo odies, te atan… y él se ató, con doble cadena… y lo disfruta…

Apenas estacionó su auto en el edificio donde estaba su hogar, no pudo, siquiera esperar. Tomó uno de los brazos de Shaka y lo besó, de una forma tan bestial que desgarró los labios con sus dientes. Era animal, era obsceno pero al mismo tiempo ávido de una pasión tal que Shaka no podía eludir. Besos, mortales besos que sabían a la sangre que brotaban sus labios rotos y que empezaban a inflamarse al paso de cada succión que con violencia le era proferida. Por qué en este momento no era el Saga que sólo amaba… en este momento también lo tomaba el Saga que odiaba… y por infame que parezca, la brutalidad de esos besos a Shaka le gustaba.

No supo como el griego logró sentarse sobre él en el asiento del copiloto hasta que de un movimiento brusco el asiento se reclinó, sin siquiera dejarlo reaccionar. Los besos continuaban, con leves mordidas y caricias que más que tiernas parecían querer desgarrarle la piel, lamidas que bebían el sudor de sus pieles en ese calor infernal, el olor a asfalto y el chirriar de los neumáticos ante el danzar de esos cuerpos que aún con ropas se clamaban. Si Shaka pensó en quejarse al inicio, toda duda había sido aventada a mordidas, arrancadas de su mente a punta de succiones lascivas en su cuello, en el lóbulo de su oreja, en su clavícula y en el pecho que a zarandeadas le descubría, lanzando por allí y por allá botones que con la fuerza de arranque saltaban de sus cuencas y aplastando con sus dedos a un punto donde el placer y dolor se conjugaba en uno solo… de la misma forma que el odio y el amor.

Y parecía que más que victimas del ensortijado danzar del hermoso sexo amante, eran testigos de una tortura fatídica de dos enemigos que se habían descubiertos, demasiado odio conjunto y demasiado amor de por medio. El aliento de Saga era caliente, brutalmente caliente, de rabia y de excitación. Los ojos de Shaka ardían, dominantes, exigiéndole aún más de esa fuerza con al cual era domado. Porque si creían que con un poco era suficiente para satisfacerlo estaría equivocado. Uno desafiaba, el otro arremetía. El calor encerrado de sus pieles destilaba hilos de sudor que luego era profanado con sus dedos y lengua.

Se odiaban…

Se amaban…

Todo sabía exactamente igual. Porque era exactamente lo mismo… sea cual fuera el sentimiento que los atasen, estaban atados, ambos, atados, sin contemplaciones… atados a buscarse, a desafiarse, a corromperse… como en el ascensor, como en la oficina, como en la fiesta, en el parque, la vida misma… estaban condenado a encontrarse para matarse así sea a lujuriosas mordidas. Y es en ese momento que con voz ronca, Saga ríe, ríe mientras obliga a Shaka a gemir con fuerza su nombre, apretando con sus dedos el respaldar del cuero, apegar su otra mano sudada al vidrio de la puerta a su lado. Ríe, porque comprendió que al final, aunque Shaka hubiera logrado alejarlo… aunque hubiera aceptado a Seraphina a su lado, en algún momento, en algún punto de su existencia, se cruzarían de nuevo… sus caminos se interceptarían y olvidándose de todo, de sus pasados, de sus compromisos, de sus sueños conseguidos y por conceder; se harían el amor, de esa misma forma, salvaje… como dos enemigos y amantes condenados por dos palabras contrarias e iguales. Porque amar a Shaka, era odiarlo, y al mismo tiempo someterse al ventilar de sensaciones que significaba domarlo. Shaka siempre ha sido, desde que entró a su vida, una serie de contradicciones. Un devenir de momentos placenteros como amargos, lágrimas, risas, sexo, amor, todo… Y lo peor de todo es que lo disfrutaba, de una forma tal que no había forma de querer desprenderse de ello. Y… Shaka lo sabía, muy por dentro, lo sabía. Sabía que esa tortuosa relación a la que están sumergidos desde un principio era su muerte y su vida. Era su todo, su renacer, su realizar, su satisfacción infinita. Porque viviría cada vez que besara sus labios caramelos y se hiciera dueño de su cuerpo marmoleado, de sus piernas cinceladas, de sus deseos, de su voz en gemidos, de sus gritos, de su mirada zafiro desafiándolo, felicitándole, incitándole. Y moriría, cada vez que tuviera que abandonarlo…

Amar…

Odiar…

Era justamente lo mismo. Entenderlo en medio de las arremetidas rítmicas y profundas del griego dentro del hindú era suficiente. Embestidas que en medio de aderezados gritos de placer y dolor, de desesperados manotazos blancos buscando sostenerse de algo y hurgando un punto donde posar su mirada enrevesada de lujuria; en medio del calor, de la fricción de su cuerpo en ese asiento de cuero, del golpeteó aliciente de ese falo ardiente que contraía sus entrañas, quemaba sus vísceras y al mismo tiempo lo llevaba a la cúspide de los cielos. Desesperado arañó con un jadeo sonoro los brazos del griego y recibió de recompensa una intensa penetración animal. Él rugió como un carnívoro devorando la carne de su cierva. Shaka sonrió con el más infame de los gestos de placer.

Se sentía castigado… y le gustaba.

Se sentía reprendido… y le apasionaba.

No entendía la furia de Saga, pero dentro sabía que lo merecía y ¡por los dioses que lo disfrutaba! El griego era un demonio de placer andante, que decidido a no dejarlo ir tan rápido, había cambiado la posición, colocándolo ahora boca abajo, con su espalda adolorida del calor, la fricción y el sudor que la perlaba. Hizo que su cabello dorado se colara por unos de sus hombros mientras hería a su espalda a punta de mordidas, nalgueaba sin contemplaciones a los glúteos blancos y pellizcaba a su paso, creando dolor, creando placer. Shaka lo observaba con sus ojos centellando de sensaciones… esas esmeraldas tendrían un rojo escarlata en su interior. Era Saga y al mismo tiempo no era y siempre fue… una contradicción. ¿Una más para su vida?

El griego lo tomaba con fuerza y sin medidas, sin consideraciones… y el hindú le encantaba la tortura a la que era sometido. Si ese iba a ser su castigo, ¡pecaría las veces que fuera necesario! Y lo pensó mil veces más en hacerlo cuando la ardiente lengua irrumpió su morada, lamiendo sus paredes calientes, haciéndole mover la cabeza de lado a lado víctima de un endemoniado torrente de placer que le nublaba la cordura. Sus manos se afincaban a la piel de cuero de ese asiento, y se herían y lo disfrutaba. Un jadeo sonoro con el nombre de Saga se escuchaba y el griego se reía triunfal, tan fuera de sí, que aterraba y al mismo tiempo, incitaba. Shaka temblaba de placer, de terror, de excitación, de expectativas. Las manos del griego por un lado trabajaban poderosamente sobre su hombría, otra sobre sus gemelos, su lengua en su entrada y victima de aquel energizado torrente de emociones, se dejó ir, una tercera vez, con más fuerza, con más hambre…

Era hambre…

Era necesidad…

Era amor… Odio…

Era sexo…

Porque horas atrás Saga le profirió con su cuerpo las palabras de amor más sinceras. Y horas atrás vociferó las más profundas maldiciones… a la misma persona que ahora descontrolaba en ese asiento de su auto, controlándola a su antojo, manipulándole sus sensaciones, domándolo… ¡DIOSES! Lo domaba y se sentía rey de los imperios. Tomarlo a él era la cúspide de sus concupiscencias. Y se descubrió, de nuevo, dispuesto a atarse al odio, al amor, sólo si con eso lo mantenía condenado a tenerle… quería esa sentencia… la sentencia de siempre a su lado… lejos, cerca, daba igual… pero era el ahora o el nunca. Y lo mejor es que sabía, que sólo era cuestión de tiempo, de paciencia, de amor, de odio, de todo… para terminar de hacerse su dueño… eternamente.

Jaló su cabello para hacerlo voltear su rostro y volverle a proferir, al tiempo de otra penetración lasciva, un beso sediento de él. Al sentirlo dentro de él, de nuevo, y casi de inmediato de ya su tercer orgasmo en esa noche calurosa, sudorosa… llegó a la locura misma… Shaka tomó un impulso para sentarse sobre el miembro palpitante del griego, gimiendo ya como dos animales en celo, buscando que se incrustase hasta el más intimo espacio de su alma y lo castigue… lo castigue eternamente. La danza de nuevo empezó. Los besos que se desviaban, entre acompasadas estocadas, entre sus manos que arañaban, pellizcaban, presionaban sobre sus pieles llenas de sudor y semen; parecían hambrientos y deseosos de querer destrozarse los labios con sus dientes. Y sonreían, enloquecidos, ensimismado en ese danzar animal, carnal, vilmente carnal… lo suficiente como para que la mente no le diera tiempo de traer a colación absolutamente nada que lo desviaban. Sólo sus cuerpos hablaban, gemían, gruñían…

El movimiento se aceleró… Saga lo empujó hacia adelante hasta pegar el rostro de Shaka de nuevo al asiento, conforme penetraba, entraba, salía, con más fuerza, con más demencia, desgarrando si era posible, lacerando, corrompiendo…

Dolor… Placer…

Odio… Amor…

Dos amantes locos, dos enemigos enamorados… era una contradicción… su amor siempre fue una contradicción, todo era una contradicción y así lo querían, y así deseaban eternizarlo, así lo añorarían… así lo extrañarían… así, justo así… entre los límites de la locura y la cordura. Porque su amor siempre fue así, entre lo insano y lo correcto, entre el tiempo y el espacio, entre gemidos y silencios… despedidas y reencuentros, idas y venidas que seguirían repitiéndose… eternamente… rumbo al éxtasis… justo como el entra y sale en ese cuerpo, el entra y sale en sus vidas… era su destino… quizás…

–¡Shaka! –gritó, fuera de sí, sintiendo que cada músculo de su cuerpo se tensaba ante lo que por fin había encontrado–¡TE AMO… MALDITA SEA! –rugió con toda su alma al estallar… al sucumbir… al morir…

–¡SAGAAAAA! –gritó sonoramente al sentir la lava incendiar sus vísceras y su propio semen, de nuevo, bañar su asiento y vientre.

Desfallecieron… en silencio… ambos se dejaron caer con sus respiraciones entrecortadas, su corazón acelerado… incrédulos…

–¡DIOSES!… Shaka… juró… juró… que te… amo… tanto… que… terminaré… odiándote…–le dijo entre un jadeo cortado por el aire, a su oído. Shaka se sonrió, de forma tan irónica que congelaba sus sentidos. Terminaría por odiarlo… sí que lo haría… el plan funcionaría…

Tú me odiarás… yo te seguiré amando… es inevitable…

Y así regresaron a su realidad… No fue romántico… pero era lo que clamaban ambas almas…

Pasó más o menos dos horas antes de que Saga pudiera salir de su ensueño, gracias al calor y al hedor de sudor, semen encerrado en el auto junto al ruido de unos gatos por las cercanías. Lo observó, a su lado, dormido plácidamente, sucumbiendo al cansancio. Sus cabellos se apegaban a su piel desnuda debido a la humedad y aún el sonrojar de sus mejillas estaba presente. Su cuerpo olía a sus dos esencias conjugadas y, si no fuera porque ya había sido demasiado brusco en esa noche, lo tomaría de nuevo. Verificó antes de salir a los alrededores, viendo que no había nadie, para entonces fuera del auto ponerse el pantalón. Se sentía como adolescente regresando de una fiesta en la madrugada, indagando que nadie los encontrara, escondiéndose de cualquier transeúnte que medio pasara por allí. Así usó su camisa para cubrir a Shaka y cargarlo entre sus brazos, aunque pesara, para llevarlo así hasta el apartamento. El auto tendría que ser llevado a primera hora a un auto lavado, porque había quedado hecho un verdadero asco. Se sonrió…

La cara del vigilante del edificio cuando lo vio entrar todo sudado, despeinado, sin camisa y Shaka medio cubierto con su camisa, fue todo un poema. Saga se reía, victorioso, sentía que era el rey de una manada de monos mostrando su hombría al cargarlo de esa forma. Gritaba con ello que le pertenecía, y no, no podía dejar de sonreír pensando en ello. Shaka le pertenecía y quería que todos lo supieran, que no hubiera duda de ello.

Llegó a su apartamento empujando con sus pies la puerta y cargándolo hasta la cama, donde rápidamente se acomodó el rubio entre sueños. Buscó algunas toallitas húmedas que siempre Shaka tenía en su mesita de noche para limpiarlo un poco, y así dejarlo dormir. ¡Dioses! ¡Lo hizo sangrar! No pudo evitar sentirse un tanto bestia por la forma que lo tomó pero… Shaka tampoco se quejó ¿cierto? Otra sonrisa delictiva adornó su rostro. Entendió que a Shaka también le gustaba ser dominado. Pensando en eso, con un gesto de triunfo al haberle hecho el amor varias veces en ese auto, se fue a duchar para dormir, siendo ya las 4am.

Entre tanto, el escenario no era muy distinto en la casa de Asmita. Apenas llegaron y luego de hablar lo sucedido, entre besos tiernos y caricias sinceras, se tomaron. Asmita buscaba consuelo a las palabras que Shaka y Saga le habían destinado… la culpa… la culpa y las consecuencias de haberse ido de casa… Saga no tuvo reparos en decirle la realidad de las cosas. Simplemente su padre había criado a Shaka como a su hijo… el hijo que siempre tuvo y nunca veló por él. Ahora entendía aún más ciertas imágenes del pasado y entenderlas… le dolía… Amó a su padre, Asmita estaba seguro de ello… pero ese amor se estaba enrevesado con un sentimiento contrario, con una decisión impropia…

Odiar…

Por ello ahora estaban ambos abrazados, desnudos entre las colchas y en su alcoba. Ambos sin poder dormir. Asmita no dejaba de llorar y eso le angustiaba. Él desearía poder borrar una a una las heridas que le ha dejado su sacrificio hacía él… quisiera poderlas borrar para siempre.

Viendo que aún no se calmaba, el moreno entonces intentó, de nuevo, besarlo por su cuello, tenuemente, con deseos, con amor, con calma, para volverlo a tomar si era necesario y hacerle olvidar aunque fuera por una hora el dolor que lo estaba cercenando por dentro.

–Defteros… –le escuchó hablar, con voz entrecortada–. Pensé que estabas dormido…

–No puedo dormir si estas así…–contestó mientras besaba sus mejillas, buscando sus labios.

–No es necesario que hagas esto…–le dijo, deteniendo así los besos de su amante–, puedes dormir… estaré bien…

–Quiero hacer algo Asmita… déjame hacer algo…–suplicó, posando una de sus manos en la mejilla izquierda, llamando su atención. El rostro contraído de dolor del rubio lo estaba matando en vida–. ¿Qué hago? Dime que hago…

Asmita, en respuesta, se acercó a él, rodeándolo con sus brazos y apegando su cabeza al pecho, buscando un abrazo que de inmediato fue correspondido. Defteros lo cubrió con su cuerpo, acariciando su cabellera dorada y susurrándole te amos al oído. Una conexión, buscando así anclarse al alma del otro, sanar heridas, olvidar…

–Cuando Shaka nació–le empezó a relatar, con su voz turbia y suave–, sentía que había mucho alboroto a mi alrededor. Sólo tenía diez años y no entendía porque, ante ese parto las cosas se movían con más velocidad. Con las hermanas de Shaka no fue así y por ello, me extrañaba y estaba siempre cerca, tratando de escuchar que ocurría. Mi padre me apartaba a manotazos cada vez que buscaba acercarme y yo, de verdad tenía miedo… porque pensé que algo malo le iba a pasar a mi hermana mayor–Defteros escuchaba, atentamente todo lo que le decía–. Entonces, escuché los gritos del parto y pronto, el llanto de Shaka. Fue fuerte, dinámico, con una potencia increíble. Lloró, como si quisiera que todo el mundo se enterara que él había llegado. No te sé explicar cómo me sentía al oír ese llanto, pero tenía ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Mi abuelo siempre contaba que yo no lloré mucho al nacer, pero Shaka tenía unos pulmones potentes–se apegó más a su pecho, limpiando sus lágrimas con la piel morena–. Entré sin pensarlo, escurriéndome en las piernas de los presentes y guiándome por el llanto de Shaka y entonces, lo escuché… escuché la voz de mi padre preguntando “¿puede ver?” –el moreno lo afianzó más entre sus brazos, sintiendo un nudo en su garganta–. Yo… sólo tenía diez años y, no entendía muy bien el porqué. Lo cierto es que cuando pude tocar a Shaka ya él tenía un mes. Mi abuelo me llevó hasta su cuna, y me permitió tocarlo–se sonrió, con dos lágrimas que cayeron–. Era suavecito… lo más suave que he tocado en mi vida. Gordito, provocaba apretarle los cachetes–se reía, con tristeza y nostalgia–. Yo estaba asombrado, de que alguien tan chiquito sería grande como mi abuelo. Y entonces… entonces yo, en mi inocencia, pregunté lo mismo que preguntó mi padre esa noche: “¿Puede ver?”. Mi abuelo se quedó en silencio, sentí que respiraba con dificultad y me preguntó, al final de unos minutos, el por qué lo había preguntado. Yo le conté lo que había oído y sin entenderlo, mi abuelo me abrazo con fuerza a su pecho y percibí unas lágrimas brotarle, cayendo sobre mis cabellos, antes de decirme: “Si, puede ver…”.

Asmita calló, se mantuvo en silencio por varios minutos. Defteros comprendían el porqué de ese relato… el porqué de esas palabras. El padre de Asmita había sido muy cruel con él al haberlo despreciado por su ceguera.

–Tiempo después, el día que mi padre por fin me dijo la verdad… entendí, que el alboroto era porque estaba naciendo quien debía ser el heredero… quien si cumpliría con sus peticiones, quien si era fuerte, atlético y tenía ojos que veía. Entendí porqué papá le regalaba todo a Shaka, porqué lo llamaba para todo… y porqué yo me había quedado con mi abuelo… porqués… muchos porqués tuvieron sentido esa noche, Defteros…

–¿Qué sientes al respecto? –preguntó Defteros, acariciando su espalda blanca, consolándolo con sus caricias.

–No quiero odiarlo…–el moreno se quedó en silencio… pasmado, sintiendo una daga atravesar su corazón–. Pero… cada vez siento que deseo hacerlo… y aunque sé que es una decisión, cada vez tengo más argumento para tomarla y… tengo miedo… no quiero…

–No–sentenció con fuerza, con autoridad. Se apartó un poco sólo para ponerse sobre Asmita, tomarle su rostro entre sus manos y enviarle una mirada penetrante–. Abre los ojos Asmita y mírame. Mírame por favor–el rubio accedió, algo descolocado con el cambio repentino, mostrándole sus pupilas enrojecidas por las lágrimas–. Tú no puedes odiar… No puedes hacerlo…

–Defteros…

–No Asmita… No odies… Yo odié durante muchos años y eso me llevó a la locura. Y sé, aunque me duele, que también le guardas algo de rencor a Aspros por lo sucedido.

–Tu odio a Aspros era justificado, Defteros.

–Jamás hay justificación para odiar. Asmita, tú me enseñaste que no hay personas malvadas, sólo personas que han sido víctimas de sus propios demonios–el rubio prestaba atención, acariciando el dorso de una de las manos que sostenía su rostro–. Mi hermano estaba enfermo y por eso, hizo lo que hizo… cuando lo entendí logré perdonarlo y recordar los momentos buenos que pasé con él, para enterrar los momentos amargos.

–Pero mi padre no estaba enfermo…

–Tal vez, no físicamente, no mentalmente… pero… definitivamente si lo estaba del alma. Porque si fue tan ciego que ni siquiera logró ver la vida que desprendes a tu paso, Asmita, definitivamente debía estar enfermo del alma…

Se mantuvieron en silencio… por varios minutos… cada quien meditando en que decir, en cómo responder a la oleada de emociones que sentía, a la tristeza y la melancolía. Pronto, fue Defteros quien juntó sus labios a los finos labios de Asmita, besándolo, correspondido con la misma dedicación, en un beso profundo y sincero que buscaba hacerse sentir todo los pensamientos que abarrotaban su mente.

Se abrazaron, aún besándose, aún amándose, consolándose hasta que vieron que el cuerpo reclamaba aún más. Al notarlo, Defteros se separó un poco, buscando acabar con la conversación antes de pasar al segundo plano de su encuentro. Las mejillas de Asmita estaban sonrojadas, con un intenso color carmín, aderezado por el sudor que bañaba su frente y el calor que se sentía en su piel. Como siempre, hermoso, muy hermoso para él.

–Cuando Saga y Kanon nacieron–relató el moreno, besando dulcemente las mejillas de Asmita para secarle las lágrimas–, Aspros fue quien llegó a avisarme de sus nacimiento, minutos antes de que tía muriera. Y fui yo, quien preguntó si sus pieles eran blancas. Aspros me vio con dolor y recuerdo, que mas abrazó con fuerza, antes de besar mi frente y hacer que lo viera fijamente, para decirme: “Si… y eso te sigue haciendo especial” –Asmita se sonrió al escucharlo–. Por eso… a pesar de lo que hayan dicho mi familia sobre mí… tú me hiciste ver que ellos estuvieron equivocados, Asmita. Y a pesar de lo que haya pensado tu padre sobre ti, estaba equivocado y me consta… Tú ves más de los que muchos pueden ver… Tú me vistes a mí cuando yo me había perdido a mí mismo.

–Defteros…

–Por eso… no lo odies… No quiero que se corrompa tu alma con el odio Asmita… no vale la pena…

–Defteros…–le susurró, besando sus labios suavemente–, y después dudas de tu fortaleza. La decisión más difícil de tomar es la de perdonar… y tú has perdonado a tantos tantas cosas amor… y a mí me cuesta perdonar estas pocas…

–Por qué piensas de más…–acotó, pasando su flequillo a un lado para besar su frente–. Déjame ahora quitarte la capacidad de pensar por un rato…–Asmita le sonrió, accediendo a su pedido.

–Te amo Defteros…

Se besaron, se abrazaron de nuevo… se amaron… hasta que la luz del sol atravesó su ventana, encontrándolos a ambos, entrelazados en su sudor, en su calor, dormidos uno sobre el otro… buscando dejar el odio muy lejos de ellos.

Esa mañana, Afrodita salió de su habitación en el apartamento, luego de haber pasado todo el día con Shura y llegar sin ver a nadie. Se estaba preparando un jugo de naranja cuando sintió la puerta del cuarto principal abrirse y Saga salir, con una bermuda negra y en busca de agua.

–Buenos días–saludó el griego y Afrodita no contestó. Luego de saber su decisión no quería verlo…–. Dije buenos días–remarcó, mirando al joven fijamente. El sueco volteó para mirarlo con esas miradas amenazantes que sólo tenía reservadas a los enemigos.

Afrodita dio un vistazo rápido al mayor, notando varios chupones y arañazos por los brazos y el pecho. Mordió sus labios con ira, pensando en que se habría revocado por allí con cualquier mujerzuela u hombre en la calle  para pasar la pena de lo de Shaka.

–Vaya que fue una buena noche, Saga–acotó con sarcasmo y una mueca intentando ser sonrisa. Saga se rio animadamente, molestando aún más al sueco.

–Sí que lo fue… muy buena noche.

–¡Maldito descarado!–siseó con furia, como si con su mirada quisiera fulminarlo. Saga tomó un vaso de leche y se lo tomó con toda la parsimonía del mundo. Para Afrodita ese hombre era distinto al inseguro que siempre había conocido, parecía jugar con él con sus reacciones y reírse de ella. Era un Saga desalmado, muy diferente al que vio en aquel parque–. ¡Quítate esa maldita sonrisa de una buena vez! –amenazó, dispuesto a quitársela con un golpe. Sólo pensar que volvió a engañar a Shaka le hervía la sangre.

–¿Qué te pasa, Afrodita? –preguntó, con falsa expresión de inocencia que airó más al sueco–. La pase muy bien anoche con Shaka para que te pongas así conmigo.

–¿Con Shaka…? –repitió quedando inmóvil, con sus pupilas celestes desorbitadas de la sorpresa. ¿Estuvo con Shaka? ¿Pero…?–. ¿Y lo que usted dijo de abandonarlo hoy? –Saga se sonrió con más efusividad y una mirada manipuladora. Afrodita no entendía nada de lo que estaba pasando.

–¿Dejarlo? No, ya no quiero dejarlo–Afrodita iluminó sus ojos emocionado. Era la mejor noticia que había recibido en días.

–¿Entonces me ayudaras? ¿Armaremos un plan para…?

–No, no, Afrodita… tampoco he dicho que voy a interferir en los planes de Shaka–el sueco lo observó contrariado. Saga le envió entonces una mirada llena de control que congeló todos sus sentidos.

–Pero… ¿y entonces? No… no entiendo…

–Le seguiré la corriente–dijo el griego encogiendo los hombros con sutileza–. Le seguiré el juego a Shaka y veremos quién sale vencedor–Afrodita lo observaba sin entender una pizca de lo que estaba ocurriendo.

–Sigo sin entender que ganará… esto sólo seguirá haciéndole daño  a Shaka…

–Lo sé… y eso busco…–confesó, pasmando más a Afrodita. El griego dejó el vaso vacío en el mesón para irse dirigiendo a su habitación–. Por cierto–agregó, antes de perderse por los pasillos–, el auto necesita una buena lavada. Para que me hagas el favor y lo lleves a un auto lavado lo antes posible. Shaka no soportara entrar allí así como esta–Afrodita lo observaba aún sin entender nada–. Por favor…

Y así, sin más, Saga se perdió por el pasillo. Afrodita estaba consternado. Jamás había visto a Saga de esa forma… Tan seguro, tan confiado y tan controlador. Era un poco a cómo ve a Shaka, pero lucía aún más peligroso, más calculador. ¿De verdad no haría nada? ¿De verdad le seguiría el juego? ¿Y de verdad era Saga?

En la habitación, entre tanto, Shaka abrió sus ojos perezosamente, pasando su vista de un lado a otro y sintiendo que todo el cuerpo le dolía. Recordó la fogosa noche y no pudo evitar sonrojarse todo el rostro al memorar toda esa entrega salvaje. Ni siquiera cuando jugaron con lo de las esposas Saga había sido tan violento y… salvaje y… ¡DIOSES! Shaka no conseguía otro adjetivo pero sea lo que haya sido fue la mejor noche en su vida. ¡Y en un auto! Cuándo de por sí él no era de hacerlo en lugares tan incómodos como esos pero… cada vez que Saga se calentaba y lo calentaba a él simplemente dejaba de pensar.

Allí se dio cuenta que necesitaba un buen baño. Estaba pegajoso del sudor y de sus esencias aún en varias partes de su cuerpo.

–¡Saga fue un bruto! –se reclamó a sí mismo con una sonrisa en sus labios. Intento levantarse pero sus piernas y caderas no daban para el esfuerzo, realmente se sentía cansado–. ¡DIOSES! ¡No puedo pararme! –refunfuño con el ceño fruncido, cayendo de nuevo de espalda al colchón.

–Veo que ya despertaste–escuchó en la puerta. Con un poco de esfuerzo levantó su rostro para ver a Saga entrando, con una bermuda puesta y cerrando la puerta con llaves–. Buenos días amor–le siseó de forma seductora. Shaka se sonrió.

–Buenos días, bestia–le dijo en un falso reclamó, Saga se rio divertido con el gesto–. Estas raro…

–Estoy loco por tu culpa, eso es lo que me pasa–confesó con una sonrisa en los labios, triunfante, de esas que a Shaka estremecían. Cada vez que veía ese rostro de victoria en Shaka no podía evitar sentir deseos de borrarle la sonrisa a punta de mordidas–. Creo que debes bañarte… ¿quieres que te ayude? –le sugirió con gesto provocativo. Shaka intento de nuevo pararse y de nuevo, estaba muy adolorido como para hacerlo. Saga se rio con más fuerzas al ver que Shaka no tenía opción.

–Sólo a bañarme…–acotó con expresión indagadora. Saga volvió a reírse, divertido, muy divertido. Shaka estaba extrañado con tanta felicidad por parte de su pareja–. En serio, estás extraño… ¿Qué te pasa?

–Después de lo de anoche me siento Alejandro Magno después de triunfar toda una cruzada–Shaka se sonrió con gesto incrédulo–. O como Bonaparte cuando ganó la guerra. O como…

–Sí, si ya entendí… ¡Bestia!

Saga se rio con el comentario, mordiéndole un poco la nariz al rubio para sacarle otra de esas caras molestas antes de tomarlo entre sus brazos para llevarlo al baño y sí, bañarlo él mismo. Estaba feliz, estaba feliz porque ya entendía que debía hacer. Debía quebrar la máscara de Shaka, pero para hacerlo, le seguiría el juego… Si Shaka quería seguir con su plan, que lo hiciera, hasta las últimas consecuencias… porque ni así, ni siquiera así sería capaz de escapar de él.

Eso… claro… si lograba llevar el plan hasta el final…

4 thoughts on “El cruce (Cap 63) (AU)

  1. OMG!!!!!!!!!!

    POR TODOS LOS DIOSES!!!!! *0*

    Angui!!!!! Que feliz me has hecho (se ve a aLe-Chan poniendole un altar a Akira) *0* fue el capitulo mas Sugoi!!!!!!! Re-hermoso!!!! Re-bello!!!!! Re-cardiaco!!!! Dioses!!! cuantos sentimientos >/////<

    Quien fuera Shaka ^//^ alguien se apunta??? (se ve a ale en primer lugar) jojojo

    Es que no tengo palabras….fue simplemente….

    "MARAVILLOSO"

    Tan shockeada estoy…que no me sale un rew decente T_________T Quiero al patrimonio de Grecia *¬* juju *-* Soñare con la "bestia" y esta vez no sera DEfteros ^^

    Gracias Angui!!!!!!!!!!!!!

    FLOTANDO EN EL CRUCE 63 *0* QUIERO CRUCE 64!!!!!!!!

  2. HOLAAA como estas ^^ regrese:D a dejar rr y mostrate q te sigo apoyando con tus exelentes fics, siempre leo los cap ya es como una novela o.o la verdad q sos una geniaaa

    pobre asmita u_u si papa era una basura de persona,suerte q el tiene a defteros q esta asu lado

    no suelo dejar muchos rrs por q son un asco, pero deje este para darte mi apoyo al defmita 😀 hasta q ya tiene galeriaaa…ahi deje mi mail por si me queres agregar soy una gran fans tuya 😀

    pd:tb odioaa yauma

  3. DIOS!!!
    –Juraba que dejé post… no lo hice *se mata*–

    Bueno, si no lo hice ahora o hago ^^
    OMG!!!!!!!!!!

    Si ese es el castigo por odiar a Shaka… espero que lo odie muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho más ^^ – y es que fue tan sexy, tan salvaje, tan cool, tan sexoso, tan orgásmico,. tan— se me fue la palabrita — es que la cosa que no pude jamás imaginarme a un saga así de sañvaje… waaooo — como dice mi subnick, saga trátanos así a tus fans ^^ —

    Alechan yo tambiénm me apunto!!! *segunda luego de alechan en la cpasula de las fantasias*

    Jejeje… y el defmita me parecó sweet *¬* Defteros tan tierno consolando al rubio… quiero un Defti para mí… *se lo roba* ahhh!! me mataste de amor ♥♥♥

    bien, creo que no digo nada coherente xDDD — me retiro Anguy —
    solo lo que digo será esto: 64!! 64!! 64!!

  4. Jajajajaj y aquí tenemos al Saga full dmeon Bestia OMG!!! *SUGOI*

    Y es que en este punto Saga esta entre dos sentimientos, el odio y el amor y ambos fueron manifestado a atrves de sus cuerpos en uno de los lemons más turbios que he escrito más que todo por todo lo que significaba. Intenso de por si.

    La parte de Defmita fue especial, porque se ve que al final, Asmita dejó de encerrarse a Defteros y ahora, si se muestra tal como es y no como cuando su papá murio. Eso además muestra que su relación luego de la locura de Defteros se afianzo y unió más y ahora juntos, estan buscandko sanar las heridas que crean. Son bellos, los amo!!!!

    Mucha sgracias por compartir y estar aqui siempre chicas!!!. Lola, que bueno leerte de verdad, me agrada leerte y espero que todo lo que sigue te guste!!

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