Lienzo de Guerra (Cap 02)

Kanon ha sido encontrado por un grupo de jovenes que dicen saber de Asmita, mientras en el pasado se recuerda como los principes de Auva llegaron a Alhenas. ¿Qué pasó con Shaka? ¿Lo mató Asmita? ¿Y porqué Amsita es el simbolo de la esperanza para Alhenas?

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Lienzo de Guerra

Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Kanon ha sido encontrado por un grupo de jovenes que dicen saber de Asmita, mientras en el pasado se recuerda como los principes de Auva llegaron a Alhenas. ¿Qué pasó con Shaka? ¿Lo mató Asmita? ¿Y porqué Amsita es el simbolo de la esperanza para Alhenas?

Capitulo 02: El enviado de Asmita.

El sonido de gotas caer y el agua correr lo despertaron de aquel agarre que lo asfixiaba. Sus ojos estaban empañados por la falta de aire, o las lágrimas, incluso pudiera ser por ambas cosas. Dos brazos estaban dirigidos hacia él, dos manos estaban cerradas en su cuello, a su derredor, cortando el pase del aire a sus pulmones, impidiendo que la sangre brotara libremente dentro de su yugular…

Matándolo…

Gritos de auxilio escuchaba a lo lejos. Creía que gritaba, pero ningún sonido podía salir de esos labios que abiertos, palidecían y se moreteaban por la falta de oxigeno. Manos que lo aprisionaban… manos que lo mataban… ¿Dónde estaba su hermano para salvarlo? ¿Dónde estaba Asmita para socorrerle? Lágrimas siguieron cayendo, un temblor en su cuerpo le atestiguaba que pronto llegaría tan plácidamente el sueño. Sus pupilas azules zafiros subieron hasta el techo y anclaron su visión a los mugrientos ladrillos de piedra y concreto que encerraba su nueva prisión.

Asmita…

Su cabeza cayó por la fuerza de gravedad hacía atrás, ya cansado de tratar de pensar. Las voces se hacían más audibles y entendibles conforme las sombras teñían su vista.

−¡SUELTALO ASMITA! –la voz de Shion, desesperada, ronca ya de llorar.

El niño abrió sus ojos de nuevo, de par en par. Puso una de sus manos sobre las muñecas de quien lo asfixiaba y fue moviendo su cabeza para volver a enfocar sus pupilas zafiros.

−¡SUÉLTALO ASMITA!

Los ojos zafiros se encontraron por fin con la imagen de su verdugo. Lloró…

Hermano…

Ojos azules con rojo inyectado en sus cuencas antes blancas. Rostro desesperado y lágrimas que caían, con sus labios fruncido y muestra de mordidas por su piel.

Hermano Asmita…

Ojos de sangre, piel de papel, determinación oscura… Odio… el estado más puro del Odio…

Oscuridad y Muerte…

______________Acto uno: El recuerdo

Abrí mis ojos, asustado, asfixiado y sintiendo que estaba encerrado en una cueva de fango movedizo que penetraba por cada agujero de mi cuerpo y me había ahogado. Una de mis manos pasaba por mi rostro sudado, y mi cuerpo temblaba de terror. Ciertamente, se sentía aún muy real… a pesar de que ocurrió hace veinte años, todavía la sensación era muy palpable. Me senté en la cama de maderas con algunas colchas que provisionalmente era mi refugio. Traté de calmar mi respiración, aunque, me costó su tiempo. La sensación en mi cuello aún estaba manifiesto en mi piel… ver a mi hermano de esa forma… tan desesperado… tan fuera de sí…

Locura…

¿Qué le habrían hecho? Desde que recordé ese episodio, no he dejado de preguntármelo. ¿Qué le hicieron esa noche para que decidiera terminar con mi vida? ¿Para preferir matarme con sus propias manos? ¿Él que sólo velaba por mi seguridad y salud en nuestro reino?

La locura del Odio…

Muchas preguntas aún tengo en mi mente y pensaba en ellas mientras salí de mi tienda para tratar de ordenar mis pensamientos. Todo estaba a oscura y por la posición de la luna menguante sobre nosotros, debía ser poco más de la medianoche. El frío de la noche calaba en mis huesos y me vi obligado a cubrirme con el manto de cuero de mi amante. Es su favorito, pero, luego le explicaré. En ese momento necesitaba despejar mis ideas.

Esta memoria fue la brecha de lo que yo conozco como mi vida. Antes, mucho antes, yo no recordaba ni a mi hermano, ni a mis padres o procedencia. Me crie al lado de Afrodita en una familia de sacerdotes lemurianos, donde conocí a Mu. Por muchos años llegué a pensar que era uno de ellos, que eran mi familia aunque, en las noches, las memorias me asaltaban. Muchos años después supe de mi origen y entonces… al recordar esa escena, me llené de odio. Recordar la forma que mi hermano peleó por protegerme y terminó intentando matarme. Las miles de dudas que se anidaron en mi cabeza… dudas que al final nunca obtuve respuestas de sus labios…

Pensando había llegado a la laguna que circula cerca de nuestro escondite entre las montañas. El espesor del bosque nos ayuda a cubrirnos y escondernos en este lugar, lejos del peligro de los soldados de Alhenas y Rukbat. Fue el lugar que él ubicó y ha sido la mejor decisión. No estaba conmigo al despertar, así que algo debió haber ocurrido para que no haya llegado. Preferí no pensar nada al respecto para no intranquilizarme.

Me despojé de mi franela blanca, mi pantalón beige y las botas de lana y cuero. Permití entonces que las aguas de aquella fría laguna me tranquilizaran, dejando ingresar primero poco a poco los dedos de mis pies y luego, tobillo, pantorrilla, rodilla y muslos hasta cubrir mi cadera. Ya este cuerpo ha sido marcado muchas veces por el paso de espada y flechas, desde hace dos años que empecé con él esta travesía. Con él, él único que no cuestionó mis motivaciones. El agua cubrió muy pronto mi pecho, empezando a humedecer el anillo de oro que cuelga de mi cadena. Lo tomé entre mis manos y vi el sello de aquella piedra de topacio con la firma de los Alhenas, un anillo de oro de la corte real de este país que tratamos de liberar. Este… este era el único recuerdo que tengo de mi hermano.

Te extraño…

Antes de que mis ojos tan siquiera pensaran en llorar, me hundí en el agua, ahogando así todo intento de mostrarme débil ante incluso la naturaleza. Salí, echando mi cabello dorado hacía tras para abrir de nuevo mis ojos y ver el cielo estrellado. Había mucho que pensar.

______________Acto dos: El Dolor

///Hace 20 años///

Su cuerpo estaba mal herido. Moretones, marcas de besos y mordidas en esa piel que antes era virgen. Sus tobillos y muñecas lastimados aún vertían un poco de sangre y toda su intimidad había sido herida al extremo. Jamás pensé en mi vida ver tanta brutalidad junta. Por fortuna, había logrado entablar una buena amistad con el carcelero.

Se hizo llamar Manigoldo y tenía poco más de tres años en el lugar. Apenas llegué me entretuvo conversando, mientras cargaba a Shaka en mis brazos sin saber el destino del príncipe heredero de Auva, hasta que aquella noche lo tiraron como saco de piel y huesos, desnudo y horrorosamente tratado. A pesar que el tono jocoso del carcelero no ayudó a formarme una opinión muy honesta de él, la forma que actuó cuando arrojaron a Asmita a la celda me dio a entender que aquel hombre fuera de su sonrisa macabra y comentarios sarcásticos era más de lo que aparentaba. De no ser por su ayuda, no hubiera podido salvar a Shaka…

−Dale esto. Con esto recuperara fuerzas−me extendió un vaso de algún liquido con un olor bastante desagradable, el cual fue suficiente para revolver todas mis vísceras pero obedeciéndole, me acerqué a Asmita y con dificultad logré que bebiera un sorbo. El carcelero seguía al pendiente−. Partió para tomar posesión del reino, así que estará un tiempo libre.

No podía evitarlo. Verlo tan malherido y ultrajado me provocó terribles deseos de llorar. Había pasado ya 5 noches desde nuestra llegada y aún, aún su cuerpo mostraba series lesiones por todos lados y además… estaba en estado de shock. Sus ojos abiertos miraban la nada, ya la sangre había cedido de ellos, mostrando sus cuencas blancas y pupilas azules empañadas. Sus labios entre abiertos y partidos, mordidos con sadismo, dejaron escapar un poco el aire que respiraba muy lentamente por su nariz. Todo él estaba deshecho, en cuerpo, en alma, honor y orgullo… no era ni la sombra del príncipe heredero a quien serví.

−Manigoldo… Gracias por ayudarme a salvar al príncipe Shaka…−le dije, secando una de mis lágrimas con el manto amatista ya sucia por la humedad y la tierra a nuestros pies.

−Tranquilo… ese viejo lo conozco, me crió cuando era sólo un crio. Estoy seguro que lo cuidara bien. Pero dime, Shion, ¿le dirás a Asmita que al final no lo mató?

−Creo, que es mejor que piense que si lo hizo… De esa forma, no sufrirá pensando en su bienestar…

−Es fuerte…−comentó el carcelero arrodillado, para estar a mi nivel a pesar que nos separaba los barrotes de la cárcel−. Por lo general, los que son víctimas de esos actos son aldeanos atrapados en la conquista y no sobreviven… mueren desangrados por… el abuso.

−Asmita tuvo un fuerte entrenamiento. Es el mejor en las espadas de nuestro país, aunque su cuerpo es delgado, es bastante ágil, rápido y flexible, eso sin contar la fuerza…−mojé un poco sus labios con agua, para darle de beber−. Aunque… sinceramente… hubiese preferido su muerte a tener que verlo así.

−Shion… pediré la forma de que te integres como esclavo de la cocina. Si saben que estabas con él y él no se ha recuperado, el diablo que tenemos de rey te podría tomar a ti−sentí un respingo en todo mi cuerpo con sólo imaginar la escena. No, yo no quería pasar por algo tan asqueroso−. Es lo único que puedo hacer por ti.

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Había pasado un mes y Asmita poco a poco recuperó la consciencia, aunque se quedaba en la celda viendo al limbo. Cuando preguntó por Shaka y le dije que lo había matado, se quedó inmóvil, sujetando con sus manos las piernas y sin expresión alguna. Tardó tres días en reaccionar y llorar. Luego, no volvió a mencionar más.

Esa tarde se escuchó el rumor que el Rey Aspros estaba de regresó y el castillo entero revolucionaba. Yo logré salir del calabozo y me convertí en ayudante en la cocina, gracias a la ayuda de Manigoldo. De esa forma podía darle mejores alimentos a Asmita, mucho más comestible que la comida que se les da a los esclavos encarcelados. Había recuperado un poco de su color, pero seguía ausente a la mayoría de los estímulos, demasiado metido en sus pensamientos. Me daba miedo pensar en que lo tendría tan ocupado pensando. Esperaba que no fuera en los recuerdos de esa fatal noche.

Cuando fui a buscar a Asmita en la noche para llevarle cena, la celda estaba vacía. El plato de barro cayó resbalándose de entre mis dedos ante la impresión, sintiendo que mis piernas estaban a punto de desfallecer si no fuera por el agarre de Manigoldo en mi hombro. Casi cargó con todo el peso de mi cuerpo mientras mis amatistas parpadeaban de dolor… El hecho de que Asmita no estuviera allí justo cuando el rey había llegado sólo podía significar una cosa.

−Lo siento… pero el rey lo mando a pedir… No pude hacer nada por él… Lo quiere como su esclavo personal.

Escucharlo fue suficiente. Su aliento pegado a mi oído no causó nada en comparación al estremecimiento de mi piel al imaginar el estilo de vida que tendría que soportar mi antiguo señor al lado de nuestro nuevo Rey. Y sin poder hacer nada por él… ni con fuerzas de gritar mi frustración, volteé y me abracé a aquel quien hace pocas semanas era un perfecto desconocido pero en ese momento, se había convertido en la única persona de confianza que conocía. Lloré en sus brazos y él, simplemente acarició mi cabello dorado.

Parece que las oraciones a Buda no fueron suficiente…

______________Acto tres: El Amante

El idiota del principito nos alentó demasiado el camino. Cargar a esta masa de huesos y carne sobre mis hombros ya había empezado a cansarme, pero aún faltaba para llegar al refugió y no tenía otra opción más que seguir adelante, mientras Mu y Afrodita vigilaban que nadie nos siguiera.  Apresuré el paso y al final pudimos ver la cueva donde estaba nuestro, ahora llamado hogar. Con una orden, Afrodita y Mu prepararon una de nuestras carpas para dejar al gemelo heredero, aún desmayado después de mi golpe. Alrededor no había nadie más, sólo a lo lejos podía ver al viejo Kardia de nuevo haciendo figurita con la madera.

Alce mis ojos al cielo y despejé un mechón de cabello de mi frente sudada. Había durado ya cinco días en Geminga y sí, me hacía falta ya estar con él. Me sonreí ya pensando premeditadamente en cómo habría de despertar al hombre que me metió en esta locura. Un hombre tan lleno de odio como yo y al mismo tiempo, determinado a seguir una utopía, un sueño que no le pertenece pero del cual se ha aferrado. Un hombre que burla a la muerte con tanta facilidad que hasta he llegado a creer que es dueño de ella.

Pasé por nuestra carpa, notándola vacía para mi molestia. Chasqueé mi lengua antes de cruzarme de brazo y detenerme a pensar en donde demonios estaría mi pareja a esas horas de la noche. Entonces, noté que mi capa favorita no estaba en su lugar y supuse, que habría salido a caminar. Empecé a hacer lo propio, dispuesto a encontrarlo, dejando que el mismo cuerpo guiara mis pasos hasta encontrarlo.

La noche corría brisa otoñal. Estaba seguro que pronto el verano dejaría de cobijarnos y empezaremos a buscar la manera de sobrevivir otro invierno en la intemperie. Pensando en todo lo que debíamos planear juntos para esa etapa, fue que llegué, sin meditarlo, a la laguna. Lo vi y un sobresalto tensó mi cuerpo. No importa cuántas veces lo haya tomado, sigue siendo tan hermoso y perfecto como para hacer vibrar cada fibra de mi piel. Su cabello dorado se apegaba a su espalda húmeda, cubierto de agua hasta la base de sus caderas, dejándome suficiente terreno para pensar en donde deseaba posar mi lengua justo en ese momento. Estaba de espaldas, con la vista al cielo y quien no lo conociera creería que no se ha dado cuenta de mi presencia. Pero no es así, sé que está al tanto de mi llegada.

−¿Qué ocurrió para retrasarte? –preguntó, sereno como siempre, con esa expresión tan neutral que intentó decirme que no le afecta, aunque su tono de voz levemente molesto me dio indicios de lo contrario.

−¿Qué sucede? ¿Me extrañaste tan pronto? –le contesté, divertido. En esos momentos ya no tengo ánimos de discutir nada que no sea a punta de besos y caricias. Como respuesta, se sonrió de medio lado, de forma inquisitoria, causando otro temblor en todo mi ser. El maldito sabe perfectamente como desarmarme.

−Admítelo. No pudiste soportar no encontrarme en nuestra carpa−respondió volteando por completo, dándome la exquisita vista de su pecho formado humedecido, con algunas hebras doradas apegadas a su piel y formando con delicia cada pliegue de músculos. Una cicatriz adorna un lado de su cuello, a la derecha, otras más se salpican por sus hombros y brazos y el camino de vello dorado que empieza en su ombligo y se pierde entre las aguas me tienen delirando−. ¿Te provoca? –indagó con sus ojos zafiros seduciéndome y apartando un poco sus brazos de la vista, ofreciéndose provocativamente. Relamí mis labios con lujuria. El banquete de esa noche prometía en exceso.

−Cuando te diga que encontré por allí tirado, te aseguro, mi Shaka, que te ofrecerás como perra en celo−rió a mi comentario, pasando una de sus manos por su cabellera dorada, apartando el flequillo de su frente para luego destinarme una de esas miradas de fuego azul que consume todo rastro de cordura. Me desafió y yo tenía la victoria asegurada.

−Sorpréndeme entonces, desgraciado. Dime que encontraste.

Me sonreí de medio lado. Este juego donde nos medio insultamos sólo hace hervir la sangre dentro de mis venas. Él es endemoniadamente intenso.

Me senté en la grama, frente a él, sosteniendo mi espalda con mis brazos hacia atrás, dejando que mis palmas me sostuvieran y recargando mis rodillas a la tierra, entre abiertas, también ofreciéndome a él en un juego de seducción innato. Lo miré con codicia, recorriendo cada milímetro de su piel húmeda, antes de sonreírle ampliamente. Tengo su total atención y en cuanto suelte la noticia, tendré su cuerpo también.

−Te he conseguido a uno de los hijos de Aspros, Kanon de Alhenas−dije, con aire triunfante porque esta batalla era mía.

Sus ojos azules se abrieron de par en par para mostrarme su visible sorpresa. Sólo duró unos minutos para reponerse de la impresión y dibujarme una expresión sumamente controladora, conforme se acercaba a mí y el agua iba cediendo espacio en su cuerpo, permitiéndome ver todo el resto de su preciosa extensión hasta quedar totalmente desnudo frente a mí. Entonces se arrodilló y se sentó sobre mí, presionando seductoramente mi pelvis mientras pasaba sus manos felinamente por mi rostro y cabello, observándome con esos ojos zafiros que buscan quemarme en su hoguera. Es un demonio con cara de ángel… No, es el mismo ángel de la muerte.

−Creo que mereces una recompensa, Delio…−me susurró antes de clavar sus dientes en mi mentón. Yo sonreí, tenerlo así es la cosa más placentera de la tierra−. ¿Qué es lo que quiere el rey de la muerte de mí? –preguntó, de forma seductora mientras lamió el pabellón de mi oreja. Me provocaba deliberadamente.

−Te quiero a ti, Shaka… A ti, de nuevo, una y mil veces−se sonrió, pasando sus manos por debajo de mi pantalón conforme me encerraba en sus zafiros encendidos. Yo entonces tomé mis manos para recorrer su espalda y bajar hasta sus glúteos. El fuego que sólo provocaba mirarlo de esa forma ya me había arrebatado la cordura−. Eres… delicioso…

−Delio… tú sabes que te pertenezco…

Un beso nos quitó las palabras de nuestras bocas. Un beso ansioso y candente que quemó nuestra saliva y nos sumió a un acto animal que disfrutábamos gozosamente. Estábamos juntos desde hace dos años y no, no hay momento que no deseé volver a estar con él en mis brazos. Él es fuego, fuego Fausto, divino, inmortal. Él es sangre y sal, arde y envenena hasta la medula. Es todo, todo lo que amo.

Una mano recorrió su fuerte espalda con fuerza, otra se posó en su entrada santa, sólo dispuesta a recibir a un dios… mi dios… la muerte. Entre besos que encendieron nuestras pieles, se sentó sobre mí, penetrándose a sí mismo con la ayuda de la gravedad y mostrándome su expresión de placer carnal. Apretamos nuestros cuerpos, entrelazados uno sobre el otro y nada era imposible cuando estábamos así. Se movió sobre mí con ese ritmo y vaivén que sólo él conoce y que me enloquece a puntos desquiciantes, mientras tomé su cabello dorado para llevármelo a la nariz y respirar su sudor, agua y excitación mezclado de aromas, antes de volver a atraerlo a mis labios y tragar de su garganta cada gemido que pudiera despertar a los demás.

Y es que, sólo yo lo comprendo… sólo yo conozco el odio que como úlcera lacera su estomago cada noche. Las pesadillas que él vive, el sueño utópico del que se aferra como lo único que puede hacer por su hermano, aún a pesar que sea salvando un pueblo al que odió desde el momento que recordó todo su pasado. Shaka odia a Alhenas, y allí estaba, dos años promoviendo una revuelta para salvar el país que odia. Shaka odia a los reyes de Alhenas, odia todo lo que tiene que ver con este país pero sólo, sólo lucha impulsado por el odio a estas tierras, el amor a su hermano Asmita y la desesperación, al no entender como poder sopesar sentimientos tan contradictorios en una misma visión. Y eso, eso es lo que recuerda día y noche al ver esa cadena de oro con el anillo del rey… el último recuerdo de su hermano.

Y en ese vaivén, aunque gimió mi nombre y apretó mis hombros para ejercer su maldita fuerza y provocarme el mayor de los placeres animales, pude escucharlo, muy dentro de su alma, desgarrado y aferrado a su garganta, encerrado tras sus parpados, el dolor, insano, vil, añejado… Mi Shaka, allí que estábamos conectados en cuerpo y alma, pude oírlo llorar en lo más intimo de su ser, odiar, llorar y maldecir… Y yo… yo soy el único que lo entiende… Mientras nuestros labios se unen una vez más antes de colapsar victimas del arrebato, en medio de nuestro acto de amor… comprendo… de nuevo, que por él, sería capaz de bajar al mismo infierno, traer el alma de su hermano para que al fin… pudiera contestar las dudas que laceran su alma…

Y como no puedo hacer tal cosa, no me queda otra opción más que amarlo y acompañarlo hasta el mismo averno…

−Tuviste otra pesadilla, ¿no? –le pregunté, ya varios minutos después de habernos fundidos. Lo tenía recostado sobre mí, usando uno de los arboles como espaldar y cubriéndolo del frio con mi manto favorito.

-Más que pesadilla, fue otro recuerdo…-suspiró y esperé en silencio. Sé que en cualquier momento me dirá más-. No entiendo a mi hermano… aún no logró comprenderlo-de nuevo, las mismas preguntas que no podré responder jamás. No conozco sus respuestas-. Después de todo lo que le hicieron para que buscara matarme y luego de quince años, muere protegiendo el maldito trono de Alhenas-se reincorporó buscando sus ropas, visiblemente indignado consigo mismo-. ¡Sé que Kardia tiene idea de qué ocurrió pero no quiere hablar el maldito alacrán!-espetó furioso. Cada vez que lo veo con su ceño fruncido y esa mueca de enojo, me excito-. Con eso del amor me tiene harto…

-El bicho está resentido porque no consigue a su pedazo de hielo… yo lo entiendo, te llego a perder a ti y te juro que lleno una casa de las caras de todos los hombres, mujeres y niños que mataré en mi locura.

-¡No digas algo tan miserable, Delio! –me reclamó. Sé lo mucho que le molesta que hablemos de la separación-. Viviremos y liberaremos este maldito lugar, junto a Saga. ¡Si es que quiere claro! Si no, no importa, ¡escaparemos y seremos libres también! ¡Libre de la corona!

−Él único rey aquí eres tú, Shaka. En mi sangre no hay nada de tinte azul−le comenté, divertido, sólo para verlo más molesto.

−¡Cómo sea! –desvió la mirada. Resopló un poco de aire antes de continuar−. ¡Llévame a donde está ese cobarde!

Lo observó caminar, con ese paso firme y controlador, con su mirada encendida de fuego mientras recogía su cabello dorado en una cola alta. Le seguí, como estoy dispuesto a hacerlo por el resto de mis días. Le seguí hasta quedarme a su lado y llevarlo al desgraciado hijo del rey y mostrarle un poco de nuestra hospitalidad. Porque en este refugio, Shaka y yo, somos los reyes.

______________Acto cuatro: El Emisario

Desperté en este maldito lugar hediondo a humedad, a pasto mojado y algo de alcohol. No entendía que había pasado, cuando me levanté de esa cama de paja y recorrí esa carpa pequeña. Mi capa negra estaba a un lado, esperándome y yo aún no decidía que debía hacer. De seguro estaba en el escondite de esos imbéciles y pensarlo no me producía la menor alegría. Lo más seguro es que ese cuento de Asmita sea todo un montaje y que esta gente no sea más que un grupo de malhechores que se gozan de la desesperanza de los más pobres. No es como si me importara, pero sólo pensar que usaron el nombre de Asmita para hacer esta porquería me creó nauseas.

Me detuve entonces, y sentí que alguien entró a la carpa sin avisar, tensando mi cuerpo inmediatamente. Mayor sorpresa cuando vi que quien estaba frente a mí no era un enemigo. Reconocí inmediatamente su cabello azul ensortijado y visiblemente áspero por la miseria, su rostro desencajado con algunas líneas de tiempo pero, la mirada turquesa tan ardiente y sedienta de sangre como lo recordaba. Era el segundo al mando de mi tío Defteros, fue el general del ejército más grande de Alhenas, Kardia de Scorpius.

−¿Qué haces aquí, Kardia? –pregunté asombrado. Podría haberme imaginado a muchos menos a él en este lugar−. ¡No me digas que también creíste en el cuento de que Asmita está aquí…! o peor aún, ¿eres parte de esta maldita farsa? –espeté, furioso viéndolo a él, mi antiguo maestro de espada en ese inmundo lugar. Me sonrió como solía recordarlo, con ese deje de sensualidad y terror que erizaba mis venas. Es un maldito manipulador.

−Donde haya sangre allí estará yo, príncipe Kanon−lo observé con furia ante tales palabras−. Y este lugar me asegura mucha sangre…−siseó provocativamente. Molesto intenté golpearlo pero me inmovilizó por completo tomando mi muñeca derecha y aplicando una llave hasta torcer mi brazo entero tras mi espalda y obligarme a hincarme al suelo. Desde allí le dirigí una mirada indignada. ¡Todo esto apestaba!−. ¡Vaya que te hace falta práctica, príncipe! Así no podrás pelear con nosotros.

−¡No tengo intenciones de involucrarme en este circo! –grité, enfurecido. Ese hombre debió morir junto con Asmita, pero abandonó su puesto buscando salvar la vida de su amante−. ¡¡No creas que he olvidado lo que hiciste en la revuelta!! –reclamé y vi la mueca de odio que dibujó en su rostro−. ¡¡Maldito traidor!! ¡¡Por tu culpa Asmita…!!

Una bofetada volteó mi rostro y me hizo caer al suelo. Boté algo de sangre y lo miré desde allí, con ira y él me observaba con sus turquesas encendida de la más pura rabia.

−No hables de lo que no sabes, Kanon−me dijo, esta vez quitándome el adorno del príncipe−. Ese día ocurrieron muchas cosas que tu mente noble no entendería. Incluso, el niñato que dice seguir la voz de Asmita no termina de entender, el muy imbécil, la verdad tras su muerte.

−¡Sólo sé que Asmita murió protegiendo el trono de mi hermano y que tú te fuiste patéticamente a buscar al curandero! –le reclamé, con ira y él sólo me sonrió de forma irónica.

−Vamos, príncipe. ¿Qué puedes decir tú? ¡Fuiste el primero en salir corriendo buscando como salvar tu trasero! ¡Y has estado estos cinco años seguro haciendo lo mismo! ¡Hubiese sido Defteros, y hubiera tumbado al maldito de Youma en menos de un año!

Callé, comprendiendo que ante esas acusaciones no podía hacer nada. Ciertamente no soy más que un príncipe cobarde que jamás le interesó el maldito reino. Sólo las orgías que pudiéramos disfrutar y el buen vino. Así mi padre nos había enseñado a mi hermano y a mí. Mientras Defteros conquistaba naciones para él, él armaba orgías y fiestas de alta alcurnia para liberar sus apetitos. No teníamos, ni Saga ni yo, apego alguno al reino… Hasta que Saga conoció a Asmita y empezó a cambiar su visión. Yo, por lo menos de mi parte, nunca le di la mayor importancia.

−¡Vaya!, parece que ya dejó de cogerse al otro−le escuché decir con una sonrisa burlona. Caí en cuenta que alguien más había entrado a la carpa, eran dos hombres más y a uno, por las botas reconocía como aquel que se hizo llamar DeathMask o Delio. El otro, desde donde estaba pude ver sus botas de lana y cuero.

−¡Cállate alacrán! –gritó el que me había capturado. Parecía no llevarse muy bien−. Es mejor que aprecies un poco esa lengua larga que tienes antes de que te la arranque.

−Déjalo DeathMask…−una voz dulce y autoritaria. Una contraposición para mis sentidos que pudo reconocer a distancia ese acento extranjero hablando nuestra lengua−. Como ya no tiene con quién hacerlo, se muere de envidia−No pude evitar reírme ante el tono divertido que uso aquel y más cuando Kardia furioso intentó golpearlo y fue atajado por el otro.

−No se te ocurra tocarle un solo cabello, bicho.

−¡Eres un maldito desgraciado! Pero igual me sirves, ¡por eso me quedó! –gritó mi antiguo maestro con furia. No podía dejar de sentirme complacido, molestarlo sigue siendo divertido, tal como hace años.

−Sí, si, como sea, Kardia. Déjame a solas con el príncipe.

Me senté, dándole la espalda mientras limpiaba el rastro de sangre que me dejó la bofetada de Kardia. Todavía el otro estaba allí, parecía vigilar cualquier movimiento. Por lo que acabé de ver, lo protegía, protegía al hombre que desconozco con acento extraño. Pude sentir una mirada clavada en mí, inspeccionándome de pies a cabeza. Esa mirada tenía algo que se me hacía familiar.

−Bien, príncipe Kanon. Mi compañero y segundo líder al mando de este lugar−aclaró, como colocando los términos en la mesa−, me comentó que intentaste perseguir a uno de mis hermanos. Eso estuvo muy mal hecho…−dijo lo último con cierta pausa ronca en su voz, intimidante.

Volteé, dispuesto a darle la cara y ver quién era el maldito que estaba hablándome y en ese momento, palidecí. Mi cuerpo se tensó por completo y me eché hacía atrás, aterrado ante la visión que me presentaba mis ojos. El cabello dorado caía húmedo recogido en una cola alta. Su franela manga larga sujeta con unas tiras a su muñeca, pantalón beige, botas de lana y cuero y… esa cadena… ese anillo… ¡Imposible!

−Así es, Kanon… yo soy el enviado de Asmita…−siseó, con una sonrisa complacida por mi reacción. Esos ojos azules que si podían ver me estremecían con su mirada afilada. Era verlo… era verlo a él… ¡era ver a Asmita! −. Ahora… ¿estás dispuesto a usar tu maldito trasero para liberar tu propio reino?

Y allí, entendí. Era cierto… mientras ese hombre estuviera respaldando esta revolución, no había forma de fallar. El pueblo lo aclamaría… Él era el emisario de Asmita y la prueba era esa cadena y anillo de oro que sólo el consorte del Rey tenía en su cuello. Y su figura, una copia maldita de ese mismo hombre, era razón suficiente para seguirlo.

______________Acto cinco: El juguete

///Hace 20 años atrás///

Me sacaron de la celda. Cuando escuché su voz entendí que estaba ocurriendo pero no opuse resistencia. Ya no. Buda me ha enseñado el camino para mi venganza… Buda me ha mostrado el camino para despejar mi odio. Ya estaba decidido, decidido a aprovechar esa maldita oportunidad para vengar a mis padres, a mi pueblo, a mi querido hermano que con estas mismas manos había matado, sólo para salvarlo de él.

Me bañaron con esencias de rosas. Derramaron miel entre las aguas y tallaron todo mi cuerpo. Me preparaban como preparan a la novia en la boda para entregarse a su amado, pero yo iba a seguir con mi penitencia. Lavaron mis cabellos y los peinaron, para luego sujetarlos sobre mi cabeza. Cubrieron a mi cuerpo con un manto sedoso y suave que se escurría en mi piel y me dejaron, sentado en una cama amplia, en algún lugar del castillo. Supuse que es la habitación del rey. Habían apresado mis manos en grilletes, junto con mis tobillos y de mi cuello ya pendía una gargantilla de oro que me reclamaba como esclavo real. Me quedé quieto allí, flexionando mis piernas y sentándome en posición de lotos, para aclarar mi mente, prepararme mentalmente para el siguiente encuentro. Porque… ya lo único que me sostenía era el odio… y el odio me llevaría a la locura y la venganza…

Escuché el ruido de la puerta y su voz, llamándome. No me moví. Permanecí inerte en mi posición, aclarando mis pensamientos… preparándome para dejar mi cuerpo como un cascaron vacío. Sus manos pasaron de mis hombros hasta mis muñecas, recorrieron entonces mis piernas esquivando mi intimidad y se alojaron, en mis tetillas. Su aliento golpeó mi cuello y su nariz se posó sobre mi oído. Permanecí inmóvil, controlando a mi cuerpo para que este no mostrar el temor que sentía ante cada acercamiento, tratando de olvidar el sabor del dolor que me dejó esa terrible noche.

−Te extrañé mucho… príncipe de Auva−me susurró, lamiendo el pabellón de mi oído y creando un erizar en mi piel, que también controlé−. No sólo sobreviviste, sino que llego y te veo más hermoso que nunca… eres especial−su lengua rodó desde mi oído hasta el cuello, para luego delinear la base de mi mandíbula y clavar sus dientes en mi mentón. Su cabello creaba cosquillas en mis hombros−. Esta vez, seré bueno contigo. Me dijeron que mataste a tu hermano para salvarlo de mí… eso estuvo mal hecho, Asmita−tomó mi rostro con una de sus manos, obligando a entreabrir mis labios para delinear con su lengua el contorno de ellos, muy suavemente. Me es difícil contener las corrientes que estaba creando en mi cuerpo−. Te recompensaré por eso…

Me besó, metiendo su lengua hasta mi paladar y seduciéndome con su trato delicado. Pero no, no dejé en ese momento que las sensaciones nublaran mis sentidos y mucho menos mi cordura. Acallé cada gemido de forma satisfactoria y simplemente le di espacio a que él hiciera lo que quisiera con este cascaron vacío. Mordiendo mis labios cuando sentía que la corriente era avasalladora, porque por desgracia, el placer carnal, sigue siendo placer, por mucho que el corazón no esté de por medio. Y esa vez, la bestia que me tomó con brutalidad aquella noche, ahora me degustaba lenta y pacientemente, con caricias que despertaban cada milímetro de piel, lamidas y besos que recorrían las extensiones de mi cuerpo. Era el rey, el rey Aspros quien ahora usaba todos sus conocimientos para provocarme y así obligar que salieran gemidos que no estaba dispuesto a darle. Y aunque pude controlar mi garganta, no pude hacer lo mismo con mis caderas, que desobediente y traicionera con su movimiento le dieron indicios de placer.

No importaba… ya nada importaba para mí en ese momento… porque este cuerpo sólo es un cascaron vacio… el alma, el alma no estaba allí y si el cuerpo quería sucumbir a los insanos placeres terrenales, lo haría, solo, sin el alma… el vacío del sólo sexo.

Por ello, me permití disfrutar lo que se podía disfrutar. El movimiento cadencioso que tocaba algún punto de mi ser y me obligaba a morder mis labios con fuerza para, al menos, cumplir mi decisión de no emitir suplica alguna. Mi cuerpo ardía de sensaciones encontraba, pero al menos… al menos, a mi garganta la mantendría doblegada.

Honor… ¿Dónde quedó el honor?

Sólo era un juguete, ahora juguete real… desde esa noche, su preferido.

______________Acto cinco: El heredero

−Según los rumores, los profetas volvieron a anunciar al supuesto enviado de Asmita en la ciudad de Geminga.

Oí la voz de mi sobrino, Shiryu, luego de ir a la ciudad más cercana a constatar los rumores. Han pasado cinco años desde que tomaron la corona aprovechando la muerte del antiguo Rey. Yo, Dohko Librais, no descansaré hasta volverlo a colocar, en nombre de Defteros, mi principal líder y del reino de Alhenas, al cual serví por 25 años.

Tal vez mi cuerpo ya no es el mismo del de hace 20 años, cuando ganaba batallas y reinos al lado del príncipe Defteros, disfrutando del fuego y la sangre que se derramaba a nuestro paso; pero mi alma esta tan joven como ese día. Escuché que parece ser muy cierto lo de un joven que ha venido como emisario de Asmita, no pude quedarme de brazos cruzados. Debía entonces ubicarlo, porque él tiene algo que a mí me falta y al mismo tiempo, yo tengo algo que a él le falta. Él tiene el legado de Asmita, yo tengo al heredero de Aspros. Nuestra alianza es imprescindible.

−¡No uniré fuerzas con un bastardo que se hace llamar Asmita! –le escuché decir, con la terquedad que no sé si viene de su padre o su tío. Creo que de ambas partes.

−¡Por favor, príncipe Saga! La gente le cree y es lo importante. Nuestro objetivo es volverte a dar la corona, para eso necesitamos de un símbolo que te avale−vi en sus ojos esmeralda un brillo de desaprobación, igual a su padre, orgulloso y altivo−. Y debes reconocer, príncipe Saga, que el sólo hecho de ser hijo del rey Aspros no es buen aval.

Chasqueó su lengua, molesto, y pude entenderlo. De los años de reinado de Aspros no quedó muy buena impresión. Sin embargo, el símbolo de Asmita, como consorte del antiguo Rey es un detonante para el movimiento de las masas. Es necesario para nuestro movimiento.

−Sabe, mi señor, que tengo a más de 300 hombres esperando para dar sus vidas por usted, pero no sólo nos enfrentamos al príncipe de Mefis, sino al reino de Rukbat.

−¡Malditos bastardos! –espetó furioso−. Todo porque al final el principito Aioria no se pudo casar con el príncipe menor de Auva.

−Por lo que haya sido, son nuestros enemigos, y necesitamos armar un buen ejercito. Ellos pueden ser nuestra salvación, príncipe.

Entiendo lo difícil que era para él, el príncipe Saga, realizar una alianza con lo que él llama un impostor. Asmita para él representaba mucho más que un emblema o una medalla para la victoria. Asmita no sólo había sido consorte del antiguo Rey, esclavo de Alhenas, príncipe de Auva… también había sido su primer amor y aún, a pesar de que ha pasado cinco años, no logra  perdonarse el hecho de su muerte tratando de salvar la corona. Él vio el final de su cuerpo… el vio la forma en que lo exhibieron… eso alimenta el odio que le tiene a el actual rey de Alhenas que vendió el país a los de Rukbat.

−Está bien…−dijo, cerrando sus puños, en donde en el izquierdo se puede ver el anillo real que le corresponde como el heredero de la corona, de oro y grueso, con un topacio enmarcado con el signo de Alhenas−. Busquemos al maldito desgraciado y unámonos a él. Y no me importa que tan enviado sea de Asmita, que tan parecido incluso sea, pero jamás lo aceptaré como Asmita, jamás reemplazara para mí lo que fue Asmita y en cuanto tenga la oportunidad, lo mataré por manchar su nombre de sangre.

______________Acto seis: El Amor

///Hace 19 años///

Acabamos de llegar del norte, donde vivíamos en el castillo con nuestra madre que acababa de morir. Para ese entonces, teníamos tan sólo 14 años. Kanon siempre decía que estábamos cerca de llegar, pero ese “cerca” se convirtió en días. Al final, me canse de ver la ventana del carruaje esperando ver los rastros del castillo de mi padre.

Era el heredero. El heredero legitimo del reino con solo 5 minutos de diferencia, cosa que siempre usé para molestar a mi hermano menor, mi gemelo. Por ello, estaba ansioso de llegar al castillo donde algún día reinaría y tendría esclavos clamando mi nombre, haría fiestas como las de mi padre y gastaría el tributo de los pobres para la comida del ejército. Sería un Rey.

Llegamos finalmente al castillo y fuimos escoltados por soldados. Mi tío Defteros estaba en otra guerra, creo que era contra el reino de Garuda, así que tendríamos que esperar meses para verlo. Nos hicieron bañar y vestir para presentarnos ante nuestro padre, el Rey, colocándonos nuestros mejores atuendos. Yo de verde esmeralda y mi hermano de azul índigo, para diferenciarnos. Peinaron nuestros cabellos para atarlos hacia atrás con un lazo y nuestra corona de príncipe fue sujeta en nuestros cabellos azules. Nos miramos los dos y nos sonreímos, nos veíamos guapos, como príncipes y de seguro pronto podríamos acompañar a nuestro padre en las fiestas.

Nos anunciaron entonces en el salón real y ambos entramos, al mismo ritmo de los pasos hasta que de la impresión, me detuve dejando que Kanon se adelantara. Mi padre, con una amplia corona de oro y piedras preciosa junto con el signo de Alhenas, y vestido con un traje azul zafiro que contrastaba con su cabello, dejando que la capa roja cayera al lado del estrado; y justo al lado de él, mi rey, estaba un hombre.

Su cabello dorado caía derramado entre piedras preciosas, recogido a la altura de su cabeza. Su pecho descubierto sólo tenía de adorno una extensa cadena de oro que dejaba caer lluvia de hilos de oro y zafiros sobre su piel blanca, cubriéndolo. El pantalón azul de seda y sentado en un cojín, al lado derecho del rey, con brazaletes en sus brazos, grilletes en sus muñecas, una gargantilla que mostraba pertenencia en su cuello alto, pero de oro y un punto rosa en medio de sus cejas. Su rostro… blanco, delicado en facciones pero varonil, con espesa pestañas y parpados cerrados, labios finos… un flequillo adornando su frente.

Hermoso…

Era el esclavo real… el preferido por el rey.

De él me enamoré.

5 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 02)

  1. *o* q buen cap ojala q aspros se muera por maldito >___<…se nota q no soy buena para los rrXD….pero espero el tres pronto q quiero leer mass 😀

    pd: me gusta la karita q aparece cuando te dejos comentarios se parece ami XDDD

    ^^ VIVA AKIRAA Y SUS FICCKKS

  2. gracias lola por comentar!!!

    Los reviw no tienen mucha ciencia, solo decir que tanto te gusto y lo que opinas de ella, ponerte a pelear con los personajes si quieres y comentar las partes favoritas xDDD Los coment me animan mucho, ya que me dan indicio de que también lo estoy haciendo al escribir.

    Aspros es muuuuy malo, pero tiene su razón de ser así, solo leer la visión que tiene el mismo saga en el pasado sobre ser Rey da una idea de ello.

    PD: La carita la pone el blog y ya eres creo que la tercera pesona que me dice lo mismo xDDD sera adivino el blog? xDDD

  3. Lo de la intención de matar a su peque hermano me puso la piel de gallina, sencillamente impactante. DeathxShaka????? jajaaj me sorprendiste XD Y Luego me serviceaste con MANISHIONADA OMG y luego me dejaste sin uñas con ese último flash back ¿SagaxAsmita? mi segundo sueño húmedo en camino de concretarse jujuju

    Muy bueno, como siempre las piezas van encajando con toda naturalidad en su sitio perfestemente destinado.

  4. WordPress malo ya no me recuerda T_________________T

    SALIÓ KARDIA!!!! Tenía que gritar eso!!!! Qué sexy su entrada!!!! Sexy sexy, quiero más sexy Kardia!!!

    Y en serio leete la trilogía de la Bella Durmiente… acá también me recordó al aire que tiene XD Quizás te guste mucho!!!

  5. Mis Dioses!!!
    Saga y Asmita O.O ieeeee!!!! Donde me perdí u_u Bueno, tendremos q esperar a q vea a Shaka *-* baka Saga!! jaja

    Pobre ASmita u_U mira que ser esclavo de Aspros…>.< y ahora el cree que mató a su hermanito!! la vida no puede ser tan cruel…o si angui??

    Kardia *¬* sexie y violable Kardia…mientras no aparece Dégel aqui estoy yo xDDD

    Y si lo de Saga me sacó de orbita O.o lo de Shaka me mandó al yomotsu!! como Delio!!!! y yo pensando que habría algo con Mu!! Dioses Death y Shaka O.o aunq…me encantó!!! en serio! Esa forma de ser de ellos…de amarse, de insultarse…de vincularse…definitivamente me agrada…aunque…

    SAGAxSHAKA!!!!!!!!!! pido…exijo jaja ntc angui…

    me despido…por ahora!! jaja beso grande!!

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