Lienzo de Guerra (Cap 04)

Asmita decidió en algún momento vengarse de ambos hermanos de Alhenas. ¿Qué ocurrió con esa venganza? ¿Qué pasara con Mu ahora quede resguardar a Kanon? ¿Y cuándose reencontraran los gemelos principes de Alhenas?

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Lienzo de Guerra

Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Asmita decidió en algún momento vengarse de ambos hermanos de Alhenas. ¿Qué ocurrió con esa venganza? ¿Qué pasara con Mu ahora quede resguardar a Kanon? ¿Y cuándose reencontraran los gemelos principes de Alhenas?

Capitulo 04: El odio camuflado

Aquella tarde, Afrodita había salido con otro grupo al mando de Shaka para seguir con sus labores anunciando al pueblo, llamándolo para que levantara armas. En la ciudad de Gemilga todavía los rumores corrían y en cualquier momento, Shaka aparecería en la noche y recorrería las calles de la ciudad con su cabello dorado, señal de los habitantes de Auva, lo cual le daría las pruebas suficientes al pueblo de que él, era precisamente Asmita de Auva. Por ello, su deber como hermano de Shaka era seguir anunciando su llegada, eso que hacía Mu antes de ser perseguido por Kanon.

Resopló desilusionado, pensando que estaría tiempo a solas con Delio, pero comprobando con pesar que el albino había decidido quedarse con Shaka en el escondite y que sólo contaba la compañía de un joven familiar de Kardia, llamado Milo, de cabellos rebeldes pero algo más lacios que los de su primo, mucho más noble también que aquel, con una mirada llena de honor. No parecía ser parte de una rebelión, sino de un ejército real, su definición de honor era bastante incauta. Tenía apenas un año con ellos, pero su primo no lo tenía en buena estima, siempre discutían sobre los métodos que usaban para guerrear.

Para Milo, una rebelión no debería estar entintada con tanta sangre como Kardia lo percibía. Pero era entendible que un hombre que desde sus quince años ha destajado cuerpos en nombre de su propio sadismo tuviera una visión distinta. El poder se toma con poder, y como decía Defteros: “La fuerza es el poder de someter”. Ante esa mentalidad, Shaka complementaba el enfermo cuadro con su definición de justicia. “No hay maldad ni justicia perfecta, incluso se puede ejecutar la justicia desde la maldad”, esas eran las palabras del antiguo príncipe de Auva, palabras que DeathMask o Delio respaldaba con su visión del “los fuertes son los que escriben la historia”. Ante ese cuadro de los tres pilares de la revolución, no podía más que correr sangre por toda Alhenas.

Shaka era la cabecilla y mente intelectual detrás de la revolución que se formaba. Odio, odio y una promesa a su hermano y antiguo consorte real era lo único que lo mantenía con vida y dispuesto a traerse a todos los cadáveres del pueblo para lograrlo. Hace dos años había comenzado a tejer los hilos, al lado de Kardia, antiguo general del ejército y el principal al mando de las tropas. El entrenaba a todos los aprendices, inculcándole la mentalidad de guerra que su anterior maestro y líder, el príncipe Defteros, les había enseñado. “El poder de someter” era su slogan y Shaka parecía darle bastante importancia, porque con su andar orgulloso y prepotente, su mirada asesina y el porte de un príncipe de tierras lejanas, sometía a su paso, incluso al iracundo de Kardia. Y su mano derecha, Delio o apodado DeathMask, era quien se encargaba de supervisar la seguridad del refugio, administrando todo, supervisando y dando órdenes cuando el rubio no estaba en el lugar. Además, era su principal protector y si se puede decir, su amante.

El antiguo príncipe de Auva estaba decidido a derramar sangre hasta el fin de las consecuencias, cuando por fin recuperaría el trono y entregaría la corona a Saga de Alhenas, todo claro, si él seguía con vida o aceptaba. De no ser así, estaba dispuesto a tomar el reinado con sus mismas manos. Kardia lo apoyaba, muy a pesar que la mayoría de las veces se veían discutir acaloradamente, aquel hombre de guerra le respetaba en nombre del antiguo consorte. Además, para él antiguo general, la promesa de encontrar a aquel médico real lo mantenía con vida, en un torbellino de odio y desesperación que alimentaba sus ansias. Delio en cambio sólo quería seguir al rubio hasta el final de la guerra que estaban preparando, tomar tantos rostros de mujeres, hombres y niños para su satisfacción y ofrecérselo de tributo a él… El trío en realidad era una oleada de fuego oscuro a punto de sacudir a Alhenas, y los seguidores lo sabían.

Afrodita pensaba en ello,  y a pesar de estar dispuesto a seguir con quien se crió como su hermano, temía las consecuencias de lo que estaban gestando. Shaka perdió hace mucho tiempo la cordura cuando se dejó seducir por el odio, cuando recordó su pasado, a su hermano y la vida que debía estar viviendo en el castillo. Shaka se llenó de un odio tan lacerante como hermoso, porque ese mismo odio lo mantenía vivo y fuerte, deslumbrante y avasalladoramente sensual. Era el fuego que consumía a su paso y la forma que todo terminaba a sus pies lo que lo hacía un desafío que sólo alguien que no teme la muerte como Delio, había decidido asumir.

Todos los que seguían a Shaka en total eran apenas ciento cincuenta hombres. Pero eran ciento cincuenta seres dispuestos a dar su vida en batalla, no había miedo en ellos, Kardia se había encargado de extirparles el temor de su medula y Shaka, a su vez, les había inculcado el odio. Con apenas contadas excepciones, el ejército de Shaka estaba dispuesto a dar su vida por él y además, la decisión del rubio de estar al frente, codo a codo, diente a diente en cada uno de los combates, le había hecho merecedor de dicha fidelidad y admiración. Al frente de las pequeñas batallas que hasta ahora habían sostenido, los tres pilares estaban abriendo el camino, con la única bandera de aquella cabellera dorada que ondeaba al paso del galope y se llenaba de sangre al paso de sus filosas cuchillas. Los soldados antiguos del reino cuando veían el paso dorado tomar forma en la oscuridad, temblaban. Todos creían que el mismo Asmita había regresado para devolver la corona a su lugar… que había venido a vengarse…

______________Acto uno: La Emboscada

−¡Milo!−otra vez se había detenido a ayudar a un anciano que por las carretas de la ciudad lo habían atropellado. Estábamos perdiendo tiempo.

Acababa de dar el mensaje tal cual como lo teníamos acostumbrado pero esa tarde en Gemilga, las cosas estaban algo movidas. Había mucho más guardias y al parecer el ministro de economía del reino, estaba allí. Las personas agolpadas por los callejones parecían asustadas y ese ambiente no era adecuado para quedarnos. Conforme nos adentrábamos más a la ciudad, más nos veíamos rodeados, por eso cualquier acción benéfica fuera del salvarnos la vida era un riesgo.

−¡No podemos dejar que esos salvajes sigan atropellando gente a su paso! –refunfuño con molestia mi compañero, ganándose así de mi parte una mirada despectiva. Si algo salía mal no quería ser yo quien aguantara los reclamos de Shaka y menos la burlas de Delio. No soy capaz de soportarlo de él.

−¡Pues apresura el paso, alacrán! –le espeté furioso, tomándolo del brazo−. Debemos salir de aquí antes de que las cosas se compliquen.

Lo jalé casi hasta el final de la ciudad, ambos vestidos con mantos de campesinos que nos ayudaban a escurrirnos entre la multitud. Yo cubría mi cabello celeste, tal cual como Shaka siempre me imperaba a hacer, con el asunto de que mi cabello pudiera llamar la atención de los guardias. A veces suele ser un poco sobre protector…

Llegamos a la salida de la ciudad y nos internamos al bosque espeso de los gemelos, donde se dice que cada árbol tiene un idéntico en otra parte del bosque y eso propicia la perdida dentro de él. Shaka y Delio conocían el bosque como la palma de su mano y nos habían enseñado a guiarnos en él a través del viento. Así nos adentramos entre los árboles y arbustos conforme la tarde caía y veíamos el sol esconderse tras la cordillera de Gemínidas, una creciente formación rocosa de varias montañas con espesa niebla y bosque selvático de por medio. Era difícil adentrarse allí todo un ejército y por ello, era nuestro mejor escondite.

−Nos siguen…−escuche la voz de Milo y me puse en guardia pero antes de que pudiéramos sacar nuestras armas, diez hombres cayeron de las copas de los arboles, cubiertos con un mantón negro cubriendo así su identidad.

Milo fue el primero en caer, cuando un hombre quien no se molesto en mantener su rostro cubierto, dejándome ver su piel morena, cabello castaño que caía en varios cortes sobre sus hombros, con muestra de canas a través de su cabellera; lo golpeó por detrás. Su rostro ya estaba marcado por variadas arrugas y sus ojos esmeraldas se notaban serenos pero llenos de deseos de sangre. Los hombres lograron inmovilizarnos a ambos y desarmarnos, colocando sus botas sobre nuestra cabeza y sosteniendo nuestras manos, de rodilla al suelo.

−Parece que logramos atrapar a unos ratones…−murmuró el castaño, mirándome fijamente. Estaba temblando, tenía que salir de allí−. ¿Tú eras el que decía que Asmita ha regresado no? ¿Creés que te vendrá a liberar? –me preguntó, usando su espada para correr uno de mis bucles celeste de mi rostro. Se quedó mirándome fijamente y eso me lleno de miedo−. Eres muy bello para estar en esas, muchacho.

Hizo una señal con sus manos y vi cuando dejaron inconsciente a Milo en el suelo. Grité en busca de auxilió pero me amordazaron antes de terminar mi llamado y me hicieron poner de pie, amarrando mis manos y presentándome ante el hombre.

−Soy Dohko, Dohko Librais y tú, pareces ser la llave que necesito para encontrar al tan llamado Asmita−temblé… si esos tipos buscaban a Shaka de seguro lo conseguirían… mi hermano vendría a buscarme y caería en la trampa. ¡DIABLOS!

Desesperado intenté seriamente salir corriendo, pero un hombre me tomó de la cintura y me cargó con absoluta facilidad por sus hombros. Hasta que, con el olor de un extraño liquido que colocaron en una de las telas, perdí el conocimiento…

______________Acto dos: La seducción

///Hace 20 años///

El príncipe de Auva… escuchar que habían traído ante mí a un príncipe de uno de los reino que mi hermano conquistaba en mi nombre, sólo hizo hervir mi sangre de deseos. Tomar entre mis manos y humillar a un antiguo monarca se me hacía delicioso y él, él tenía además de la corona y el orgullo, una belleza inquebrantable. Incluso molesto, con su ceño fruncido, mordiendo sus labios y sonrojado de la ira contenida, era un banquete demasiado exquisito para mí. Por eso lo tomé como mi esclavo real, por eso sólo lo quería para mí, no pensaba compartirlo con nadie más, ya no… ya después de probar ese cuerpo tantas veces, sentía que yo y sólo yo, Aspros de Alhenas, rey y soberano, era su dueño. Disfrutaba entonces llevándolo a la cumbre del placer, haciéndolo estallar con lujuria mientras contenía sus gritos y gemidos… Ese era, el mayor de los placeres. Y ahora que la llegada de mi hermano se acercaba, mi hambre de ese hombre se incrementaba al paso de los días.

Oírlo gemir esa noche me hizo sentir el dueño del mundo. Por fin, había domado al príncipe hasta hacerlo gritar por el placer insano que le entregaba y eso, se volvió un aliciente para mí. Lo tomaba cada noche, entregándole horas de preludio mientras él se negaba a entregarme su voz hasta que lograba hacerlo gritar. Se volvió una droga… algo que me hizo tan dependiente de él, que no me di cuenta en qué momento, empezaba a pensarlo cuando no estaba a su lado… Sabía o pretendí, que era algo meramente sexual, pero ya empezaba a pensar demasiado en ello.

Todo empezó esa noche, que lo tenía encadenado. Por alguna razón, él había pedido a la servidumbre que le prepararan un baño de rosas y tenía otras más en sus manos para cuando llegue a la habitación. Él era mi esclavo, pero como esclavo real tenía también a otros que le servían dentro de mi alcoba, lugar donde duerme en un diván al pie de mi cama, cuando claro, yo lo permito. Cuando entré estaba sobre el diván, recostado con un pantalón purpura con hilo de oro que cubría sus tan formadas piernas. El cabello dorado humedecido caía como torrente de oro sobre el diván vino tinto y el hecho de que simplemente ignorara mi presencia fingiendo que lee un libro usando sus dedos era algo perturbador. Nadie ignoraba al rey, pero que ese antiguo príncipe lo hiciera me resultaba erótico, sobre todo al pensar que al final terminaría encadenado y gimiendo por el placer.

Me detuve a ver entonces el paso de sus falanges en él rustico papel de ese libro de medicina oriental, sus parpados cerrados concentrados, pasando uno de sus dedos por sus labios para humedecerlo tímidamente con la lengua y pasar la otra página, todo hecho con un movimiento sumamente sensual. No lo soporté. Casi le arranque el libro de las manos y lo hice empujar sobre la cama, colocándome sobre él, disfrutando de la vista… cabellos dorados largos y brillantes, piel blanca, con marcas de mis anteriores posesiones, de nuevo esa expresión de desaprobación, de nuevo se niega… de nuevo me excita…

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Lo sentí llegar y no me inmute. Me he dado cuenta con el paso de los días que poco a poco va cayendo. De principio, sólo seguí el juego del prisionero torturado, sin que él se diera cuenta que ya, para mí, todo era una actuación. No fingía los orgasmos, estos eran reales, pero toda la treta de resistirme sólo era el preludio para hacerle creer que él tenía el control… cuando ya yo era quien lo tenía en mis manos.

Desde hace días les había pedido a las servidumbres que me preparara baños especiales, con especias escogidas con esmero, que solíamos usar en Auva para complacer a nuestro consorte. Ya me habían enseñado todo lo concerniente, porque en algún momento yo tendría que escoger a alguien para acompañarme en mi reinado, ahora uso esos mismos conocimientos para ir penetrando, poco a poco, en el corazón del maldito Rey que me quitó todo.

Sentí su mirada afilada en mí y me hice el desentendido. Ese día las rosas serían la compañera y… su carnada. Esa noche, le tenía preparado algo especial… Por ello, seguía con mi actuación, dejando estratégicamente unas rosas al lado de la cama y permitiendo que me arrojara a ella sin más, mostrándome, de nuevo, inflexible de caer.

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El aroma a rosas me tenía extasiado… no había mucha cordura en mi en ese momento y por ello, lo até a pesar de su forcejeo acostumbrado. Verlo con su rostro ladeando a un lado, mordiendo sus labios como ya sabiendo lo que venía sólo me aceleraba más. Despejé el pantalón que llevaba y lo observé con lujuria, con deseos. Era hermoso, y era mío… mi hermano conquistó su reino para mí y tenerlo a él sobre la cama, era como pensar que fuera el obsequio de mi hermano… una compensación por no corresponderme.

Por ello me dediqué a hacer lo propio, usando esas rosas que estaba en la mesa para seducirle aún más, parece que él mismo se había tendido la trampa y de nuevo, lo tenía debajo de mí, enrojecido, sudando el aroma a flores por sus poros, negándose a soltar los gemidos de placer mientras permitía que la rosa acariciara su potente hombría. Era delicioso…

−No importa cuántas veces lo vea, sigue siendo delicioso verte así, Asmita−le dije al oído, pasando ahora la rosa por su rostro y viendo que sus labios temblaban mordidos−. Vamos… sólo tienes que gemir…−necio, iracundo, mostrándome el odio con sus gestos pero sediento de explotar con todo el placer. Semejante contraposición en él, ¡me excita! −. Quiero escucharte…

Seguí haciendo mis maniobras, hundiéndolo en las llamas de la lujuria, robándole de nuevo, como descubrí en ese momento que quería hacer por mucho tiempo, su cordura.

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Se acercó a mis labios con la rosa y yo sólo esperaba el momento preciso. Mi cuerpo ya estaba sudado y contorsionado de placeres, deseando estallar pero sabía, que mientras no gimiera él no me dejaría en paz. Y esta vez, le tenía una sorpresa, algo que, dado mis constantes esfuerzos, no lo esperaría.

En cuanto sentí el aliento en mi rostro, abrí los labios y me lance a los de él. De respuesta, se alejó y yo, seguí con mi actuación, fingiendo que fue un acto inconsciente por el deseo, mordiéndolos de nuevo

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¿Me besó? ¿Realmente me besó? La corriente de esos labios sobre los míos de forma tan fugaz me creó una oleada de placer mucho mayor que los más anhelados orgasmos. Lo miré, impresionado y verlo mordiendo sus labios con una expresión de auto reclamo me caló los sentidos. Estaba cediendo… poco a poco estaba cediendo a mí y eso… me creaba una sensación de victoria. Sonreí.

Acerqué una de las rosas a su rostro de nuevo y la pasee lentamente por sus labios temblorosos. Lo vi dudar antes de ceder y abrir su boca para sujetar pétalos con sus dientes. Con locura fui testigo de cómo su lengua enjugaba esos pétalos con lascivia, viéndose tan desesperado de sentir aún más, que no pude contenerme. Lo penetré, ya habiéndolo preparado para tomar su rostro entre mis manos y abrir mis labios, dispuesto a obligarlo a responderme

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Cayó… miserablemente cayó en mi trampa y fue difícil esconder la sonrisa cuando pasó esa rosa sobre mi rostro. Le mostraré uno de los besos más cadencioso de nuestra tierra. Por ello, cuando esos pétalos llegaron a mis labios, los tomé con mis dientes y humedecí con mi lengua, demostrándole con el movimiento circular de ella lo que podría hacer con su paladar y tal como lo supuse, accedió, abriéndome sus labios y dándome espacio para continuar.

Has caído Aspros de Alhenas…

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¡Por los dioses! Sentir esos pétalos, su lengua, sus dientes en mi boca me aceleró por completo. Jamás había sentido un beso tan hambriento, sensual y sediento como este. Este hombre… este hombre estaba loco de placer y estaba en mis manos, cediendo cada centímetro de su humanidad a mí y yo… ¡lo disfruté maldita sea! Su lengua jugueteaba, mordiendo ambos los pétalos, lamiéndolos y sintiendo la textura suave con la rugosa de nuestras lenguas. Su lengua hacía círculos armónicos en mi paladar con un frenesí tan animal que me había desarmado y pronto su mismo cuerpo empezó el vaivén que me llevó al desquicio.

¡¡Era demasiado!! ¡¡Jamás en mi vida había sentido tanto como este hombre me estaba haciendo sentir!! Era intenso… ¡Intenso! Veía el cielo mismo con cerrar los ojos y dejar que esa lengua jugueteara en mi boca, sometiéndome a una tortura animal, delictiva e inhumana y sentía que todo él quemaba, quemaba de forma inmensa. Desesperado, abrí uno de los grilletes de sus manos para promover que me acariciara… ¡¡quería sentirlo!! ¡Más entregado! ¡Más mío! ¡Mi premio! ¡MIO!

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¡¡¡Me ha desatado!!! ¡Ha caído miserable! Ha caído en mis redes y aunque matarlo puede ser una opción, no es suficiente para sostener el odio que me corrompe. El mismo odio que arde en mí y me hace entregarme de forma tan asquerosa a sus brazos, el mismo odio que lo seduce, maldito… porque sólo puede ser seducido por el más vil odio camuflado de amor y entrega.

¡¡Sucumbe ante mí Rey de Alhenas!!

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Su mano se aferró a mi cabello azul, moviéndose debajo de mí con un movimiento criminal. Parecía una serpiente, una serpiente rastrera enredándose  bajo mi cuerpo, con su lengua penetrando en mi paladar y esos pétalos maltrechos siendo usado como veneno que me enloquecía. Seguí el ritmo de sus caderas y era demasiado, demasiado delicioso, estaba cayendo, a su pasión, a su fuego, oscuro, siniestro… mortal… ¡¡Y allí quería morir!!

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Me desató de mi otra mano y con rapidez me senté sobre él, moviéndome y danzando mientras seguía besándolo de la misma forma, desbocándolo, delirando al verlo entregado y cayendo poco a poco a mis garras, seducidos por el arte del placer carnal, quemándose en el odio que poco a poco lo corroería. Porque me hare necesario para él, imprescindible, no querrá que nadie me toque ni se acerqué a mí. Me convertiré en lo más preciado para él… tanto, que incluso a su hermano enfrentará. Tanto, que enloquecerá…

−hmmm… ¡Asmita!… ha… HA….ha… ah… ha−gemía él, en lo poco que le dejaba respirar

Y pronunciarás mi nombre al culminar…

Te seduciré hasta ese punto, Aspros…

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Ardía, mi cuerpo ardía como fuego infernal, ardía al paso de sus manos, a esos labios que no abandonaban los míos y quemaban todo rastro de cordura. ¿En qué momento me convertí en la presa? No lo sé, y no me importaba, pero la forma que él mismo se penetraba con fuerza, con fiereza, golpeándose su centro de placer, arqueando su espalda y atrayéndome hacía él para seguir besándome con esa pasión, con ese fuego en la lengua… me enloquecía.

Pasé de nuevo la rosa que aún tenía en mis manos sangrantes y él la mordió hambriento, para luego hacerme tragar los pétalos con otro beso más asesino…

Caía ante él… y… amaba… ¡AMABA!… Este hombre… ¡lo amaba!

Solté mis labios y metí dos de mis dedos heridos por las espinas y le lamió… lamió con tanto esmero que sentí que con sólo eso ya iba a estallar… no podía soportarlo… el orgasmo venía y con la amenaza de atarme a él para siempre.

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Caes… caes y ahora…

−¡ASMITAAAAAAAAA!

¡¡TE HE SOMETIDO!!

La corriente de placer me hizo esbozar una sonrisa triunfante sin aire, pero exhausto, embriagado por las sensaciones y más satisfecho con el resultado… Jamás, jamás olvidaría esa noche.

Me soltó, ayudándome a acostar en la cama y saliendo de mí, aún temblando. Podía sentirlo… había quedado tan drogado de mí, que no habría forma alguna de desligarse de mi presencia.

¡¡Has caído Rey de Alhenas!!

______________Acto tres: La desesperación

Ya conocía esa expresión de Shaka y sabía que significaba. Sus ojos azules centellando de ira mientras daba vueltas en círculos, con sus brazos cruzados y sus cejas se contraían en un gesto iracundo. En esos momentos, era mejor que nadie se acercara.

Había enviado a varios de nuestros hombres a revisar los alrededores donde Milo nos contó el ataque. Se habían llevado a Dita, considerado casi un hermano menor para Shaka, a pesar de tener la misma edad. Conozco muy bien a ese hombre que amó como para saber que estaba dispuesto a arrancar cabezas hasta encontrarlo.

−Shaka, deja de moverte tanto, ya verás que lo encontraremos−le dije con mi actitud más tranquila, hecho que sé lo molesta. Necesitaba hacerlo estallar pero no, estaba inflexible. Sólo me miró con ira antes de seguir lo propio−. ¡¡Diablos!! ¡¡¡Deja de dar vueltas mierda!!! –le espeté molesto por su actitud.

−¡¡Cállate desgraciado!! –me alzó la voz con su increíble neutralidad, aunque sus zafiros ardían con furia−. ¡Si me quieres ver tranquilo, mueve tu maldito trasero y trae a mi hermano de vuelta!

−Creo que me perdí la parte en donde dices “por favor” –le siseé provocativamente, con ánimos de exasperarlo y lo logré. La mueca de impotencia con ira contenida me dio fieles indicios de que terminaría sin un ojo si seguía molestándolo−. Bien, no te molestaré más. ¡Tienes una cara de perro desquiciante!

Me levanté del tronco donde estaba sentado dispuesto a irme, con los brazos cruzados en mi detrás de mi cuello, cuando sentimos el ruido en la carpa donde debería estar el príncipe Kanon. Ambos volteamos y nos miramos fijamente. Las cosas no pintaban bien.

______________Acto cuatro: El castigo

¡¡Maldito sean todos los monarcas!!

¿El maldito del príncipe que me pusieron a custodiar ahora pretende que le traiga vino? ¡¡Que se dejara de idioteces!! No era su sirviente ni él estaba en un castillo como para venir con sus burgueses costumbres. ¡Todos tomamos agua y él no será la excepción!

Pero allí estaba el muy maldito, mirándome con sus esmeraldas centellando de ira, luego de haberme golpeado el rostro tirándome el vaso de agua que le había traído, rompiendo la vasija de barro en el suelo.

−¡QUE MIERDA ES ESA! ¡PEDI VINO, IMBECIL! ¡SOY EL PRINCIPE!

−¡ME VALE UNA MIERDA QUIEN SEAS, COBARDE! –le espeté, furioso.

Y en ese momento, él me tomó por el brazo, sometiéndome rápidamente con su fuerza y musculoso cuerpo, tirándome a la cama de paja, mientras yo movía mis piernas con fuerza, ya que mi voz no podía salir gracias a su enorme mano que tapaba mi nariz y labios. Se puso sobre mí, asustándome con sus intenciones. Sus esmeralda brillaban enfurecidas y parecían reclamar algo para él que no tenía entendido que era. Apenas tenía unos 6 días con nosotros y ya se creía merecedor de pleitesías.

−Escúchame aldeano desgraciado−me susurró con voz ronca, sensual−, sino me traes el maldito vino, entonces tendrás graves problemas. Porque se supone que soy el príncipe, y sin mí, no pueden hacer nada ¿verdad? –lo miré con desprecio… ¿Pero quién se creía este grandísimo idiota? −. ¡Así que pórtate bien y tráeme vino!

−¿Qué sucede aquí?

Palidecí. Esa voz… ¡¡maldita sea!! ¡¡Es Shaka!! Vi que él volteó y pareció no importarle. Más bien le dirigió una mirada controladora y yo desde donde estaba y con ese cuerpo encima de mí no pude verlo.

−¿Acaso no puedo tener privacidad con mi esclavo real? –le dijo con falsa galantería y yo sentí que todos mis cabellos se crisparon−. Porque eso supongo que viene a ser este muchacho para mí.

Estaba jugando con fuego y se iba a quemar…

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¡Maldito! ¿Tiene la desfachatez de mencionar ese título en mi presencia? Siento que el fuego de mi sangre empieza a consumir mi tranquilidad iracunda y sí, he encontrado el punto especifico en donde drenar la ira que siento porque han capturado a uno de mis hermanos y el maldito este se atreve no sólo a tocar al otro de mis hermanos sino a llamarlo ¡¡esclavo real!!

Me acerqué a él, seguro de que mis ojos están encendidos de ira, pero mostrando un temple ecuánime, severo y neutral. Miré a mi hermano con su rostro impotente, indignado y visiblemente en contra del forcejeo y volví a pasar mi mirada a él, quien tenía el descaro de mantenérmela, mostrando cierto aire monarca de su sangre, aire que también poseo y usé justo en ese momento.

−Ciertamente… en su castillo sería algo como esclavo real−le di la razón y vi como el rostro de Mu se mutó a una terrible expresión de miedo. El príncipe se sonrió complacido−. Veo que mi hermano no ha sido suficiente para cumplir sus pedidos.

−Quería vino… ¿acaso tú, príncipe de Auva, me serviras vino? –propuso con sus ojos destilando lujuria. La mueca de odio que dibujé de seguro no pasó desapercibida y tuve que contener a Delio que casi se le abalanzaba a golpearlo. Una señal de mi mano fue suficiente para detenerlo, sin quitarle los ojos de ese malnacido.

−Ya veo… ¿quiere vino, su majestad? –le dije, con una falsa sonrisa y él me devolvió el gesto, petulante, engreído… parece que los cinco años en la calle no hicieron mella en su actitud altiva y orgullosa−. Vamos entonces a complacer al príncipe…

Sin darle tiempo a reaccionar le tomé por el cabello azul y lo arrojé contra el piso, de un solo movimiento. Apenas intentó levantarse, furioso por el trato, cuando Delio lo sujetó por detrás, aplicándole una llave dolorosa a su brazo izquierdo y manteniéndolo en rodilla, con su rostro agachado. Mu se reincorporó, levantándose de la cama y con una mirada que lo sentenciaba.

−Resulta, príncipe Kanon, que no tiene corona, ni reino. En este lugar no es más que un esclavo de guerra−le dije con una sonrisa sádica y él levantó su rostro humillado.

−¡MALDITO SEAS!

−¡Cállate imbécil! –le ordené−. ¡¡¡En este lugar, yo y Delio somos los reyes, maldito!!! ¡¡¡Y Afrodita junto con Mu son los príncipes de este maldito lugar!!! –lo tomé de nuevo por sus cabellos para obligarle a verme, disfrutando de su rostro orgulloso, ese que marcaría con mis manos−. Tocas un solo cabello de alguno de ellos y ¡te juro! ¡Qué el día que recibas la corona será castrado y sin un ojo! –me observó aterrado ante la amenaza y yo relamí los labios de complacencia−. ¡CUIDA TUS PALABRAS! –le grité, de forma imperativa−. ¡PORQUE FACILMENTE PODEMOS DARLE DE COMER A LAS AVES CON TU MALDITO Y DESGRACIADO CUERPO Y TU HERMANO JAMÁS SE ENTERARA DE ELLO!

Le di una señal a Mu para salir de la carpa. Y yo antes de que Delio lo soltase, le propiné una patada en la cara que le desfiguró el rostro, por todo el pómulo derecho, arrojando sangre por su boca. Lo miré despectivamente y lo dejé en el suelo, oyendo cuando salí de la carpa que Delio le había dado una patada de tal magnitud, que el príncipe lanzó un alarido agónico que despertó las aves de sus nidos. Me sonreí al escucharlo aullar como perro ulcerado.

−Con la patada que le di dudo que se le pare durante semanas−me comentó complacido mi pareja, con una mirada sádica. Vi a Mu aún cerca, dudoso de que hacer.

−¿Qué esperas Mu? Te quedas igual fuera de su carpa y vigila que no haga una locura. Ya deberías saber defenderte…

Me miró con dolor e indignación y no le di cuidado. Ciertamente esto me sacó un poco la ira que tenía contenida pero la preocupación era palpable. Me inquietaba el bienestar de Afrodita.

______________Acto cinco: Los Captores

Lo miré con desdén, desde mi asiento de cuero de toro que fabricaron para ser mi provisional trono. Su cabello celeste y hermoso corría por su inmaculado rostro de nácar, sus labios rosados y el lunar que enmarcaba la perfección de su belleza casi andrógina, pero sobre todo, esas aguamarinas pulsantes y llenas de odio. Desde donde estaba él y gracias a la iluminación, sé que no puede ver mi rostro y es mejor así. No nos conviene, aún no.

Di la orden con mi mano y rápidamente se obedeció, encerrándolo en una de las habitaciones de la hacienda que usamos de camuflaje para nuestras fuerzas. Dohko dijo que habían dejado al otro para dar aviso y de seguro, sólo será cuestión de tiempo para que el impostor de Asmita y yo nos encontremos. Él momento en que verificaré si es verdad es un digno sucesor de él… aquel, a quien quise tener a mi lado… aquel, que murió por protegerme…

///Hace 5 años///

−¡¡VEN!!

Su voz melodiosa y fuerte me arrancó de mis sueños. Con rapidez me levanté desde la cama real, asombrado al verlo tan inquieto. Con  un manto zafiro que cubría su esbelto cuerpo y un pantalón blanco, él había ido a despertarme poco más de la medianoche. Apresuradamente me hizo vestir y casi de inmediato me empujó a brazos de Dohko, quién también tenía rostro preocupado.

−¿Qué sucede? –pregunté, asustado ante tanto rebullicio. Asmita no quería contestar.

−¡¡Nos invaden!! –gritó Kardia saliendo de la habitación de mi hermano−. ¡¡Debemos sacarlos ya!!

−¿CÓMO? ¿QUIÉNES?

−El reino de Rukbat−informó Asmita con su rostro siempre sereno, esa serenidad que me arrullaba sin importar que tan dura fuera la tormenta. Ese a quien amó desde mis 14 años−. Vinieron en dos ejércitos, no pudimos contenerlos. Aprovecharon la muerte del rey. ¡¡Tiene que partir príncipe Saga!!

−¡No! ¿Y tú?

−Buscaré a tu hermano. ¡Ven conmigo Kardia! ¡Dohko, llévate al príncipe heredero y protégelo con tu vida!

−¡NOOO!

Me solté del agarre férreo de Dohko, ese hombre que era el primer general de Alhenas, mano derecha de mi tío Defteros y corrí hacía Asmita, atajando su mano y empujándolo hacía mí para besarlo desesperadamente, rodeando su cintura con mi brazo, sosteniéndole el cuello con mi mano, como si mi vida dependiera de ello. Al soltarlo, sentí que tenía un nudo en mi garganta al verlo con esa expresión de dolor en su rostro, expresión que para mí significó la sentencia. Me negué, rotundamente, a dejarlo.

−¡Vete príncipe! –me ordenó, soltándose y dándole una orden silenciosa a Dohko.

−¡Dime que también escaparas! –le pedí, con lágrimas en los ojos−. ¡Dime Asmita que también escaparas! –le supliqué, mientras Dohko me jalaba por los brazos para hacerme ir con él−. ¡YO QUIERO QUE SIGAS SIENDO EL CONSORTE DEL REY! ¡MI CONSORTE!

Dos lágrimas brotaron de sus parpados… dos lágrimas que me profetizaron la despedida. Tomó la cadena con el anillo de oro que siempre colgaba en su cuello y mordió sus labios con dolor.

−¡¡LLEVATELO, DOHKO!! ¡¡SÁCALO DE AQUÍ!!

−¡¡¡NOOOOO!!!

Un golpe en mi cabeza… la luz que se iba… su imagen que difusa corría lejos de mí al lado de Kardia, dirigiéndose hacia donde las fuerzas enemigas arremetía contra el castillo… Lo último que vi de él con vida…

Cuando desperté, desde la cumbre de Castor, a las afueras de la capital de Alhenas, Polux. Ya Dohko me había sacado fuera del peligro. El espeso bosque de las alturas nos cubrían y a lo lejos en la oscuridad se veía el fuego que rodeaba toda la capital. Habíamos caído… y no sabía nada de los que amaba, ni de mi hermano, ni de Asmita…

−¡Tenemos que regresar, Dohko! –le pedí con lágrimas en los ojos, viendo desde lejos como el castillo de Alhenas caía ante el ejercito de Rukbat.

−¡Ni lo piense, príncipe Saga! ¡Asmita me pidió que lo llevara lejos de allí! ¡¡Tengo que protegerlo!!

−¡¡NOOOO!!

Me negué con todo lo que pude, pero no pude evitarlo. Alhenas había caído y Asmita… él… Me eché a llorar, impotente, angustiado… Sin saber que había sido de ellos dos…

///Presente///

Dohko ha llegado para darme las noticias sobre el capturado. Np quiere confesar nada y dice, que efectivamente, Asmita habría de venir a buscarlo. Me sonrió cínicamente. Quien sea que venga, si viene, definitivamente no es Asmita y nadie me mostrará lo contrario… Nadie podrá lograr lo que él logró en mí… nadie suplantará su puesto como el consorte real.

______________Acto seis: La corona

Entré a mi carpa, cansado ya con las noticias. No había rastros de Afrodita por ningún lado y eso me angustiaba. Los malditos que lo capturaron pagarían con creces cada minuto de desosiego que tengo pensando por el bienestar de mi hermano. Afrodita creció a mi lado, junto con Mu, en la ciudad de Polux, algo lejos del castillo principal de Alhenas, lugar que sin saber, vivía mi único hermano en cautiverio.

El maldito de Kanon me ha hecho revolver las entrañas al mencionar ese título real. Mi hermano vivió años en ese lugar como un esclavo real y luego con el título del consorte del rey. Y yo aún, aún no logró comprender que fue lo que pasó para que el decidiera proteger esa corona, a costa de su vida…

La corona… ese momento necesitaba verla de nuevo, tenerla entre mis manos, palparla otra vez. Saqué el baúl de hierro que protegemos con nuestras vidas, sagrado como un altar, con marcas de emblemas de Alhenas, había sido forjado por Shion, usando sus habilidades para la herrería y de esa forma, proteger tan importante objeto. La llave, era el anillo de mi cadena de oro, ese que me entregó mi hermano antes de…

Despejé mis pensamientos… no quería recordar ese momento tan cruento, la forma en que lo mataron… como peleó… como murió… Sacudí mi cabeza de un lado a otro, para enfocar mi mente en lo imprescindible: la victoria. Fue lo que le prometí, aún sin entender sus motivaciones y aunque las mías no estaban del todo claras. Penando en eso abrí el cerrojo y escuché el sonido del seguro ceder, abriendo el armazón de acero y hierro negro dando paso a la iluminada y hermosa corona de Alhanas. Cuatro picos de oro con incrustación de Topacio, emblemas de Alhenas y del signo de los gemelos, labrado a mano, con un paso de lluvia de diamantina reforzando las formas. Una hermosa pieza de orfebrería…

La tomé entre mis manos y memoré, ese trágico día… él día que nos capturaron, él día que me alejaron de él, cuándo intentó matarme… La apretaba con fuerza y mi odio a esa corona se incrementaba, al mismo tiempo que las palabras y el juramento que le hice a mi hermano aumentaba el tono de su voz, sumiéndome a una tortuosa locura ante dos remanentes. Un juramento, un odio, la desesperación por no comprenderlo… No comprender porque se entregó a este reino…

−Shaka−escuché la voz de Delio y oculte la corona con mi cuerpo, sin virar la mirada−. Tenemos noticias de Afrodita.

Volteé, mirándolo abrumado y él me observó con decisión. No era momento de tratar de entender a mi hermano de sangre… sino de salvar a mi hermano de crianza. La corona tendrá que esperar…

///Hace 20 años///

Ante mi llegada, se preparó una gran celebración con todo mi ejército, celebración donde yo tenía que acompañar a mi hermano. La idea de que el príncipe de Auva fuera el esclavo del rey seguía calando en mi mente, atormentándome a una noche que no pude dormir. ¿Por qué no lo capturé para matarlo? Conociendo a mi hermano, ¿Qué clase de bienvenida le habría dado? y sólo pensarlo me sumía en la impotencia. Se supone que esto no debió ocurrir así, se supone que ese hombre debió morir, con su padre y madre… ¿Y qué paso con el menor? Tenía miedo, por primera vez… Miedo de preguntarlo…

−¿Pero qué es lo que te angustia? –preguntó Dohko mientras tomaba otra copa de vino. Los esclavos seleccionado para realizar la orgía de mi ejercito ya estaban siendo preparado en las mesas, yo y Dohko no participamos de ellas. Kardia aprovecha muy bien el momento y ya le puso el ojo a uno.

−No lo sé… se supone que no debe quedar nadie de los reinos que tomamos, los matamos en su tierra, para que no vengan como esclavos. La muerte es la forma en que obró con misericordia por ellos.

−Lo sé pero, ¿qué más da? –me dijo, como si no le importara.

Chasquee la lengua molestó, viendo como el príncipe había sido llevado para la celebración y estaba sentado justo al lado de mi hermano, con un mantón semitransparente purpura de piedras preciosas y un pantalón dorado. Era condenadamente hermoso pero su expresión neutral y lejana a todo me tenía contrariado.

De repente la voz de mi hermano llamó la atención y con una orden, pidió que la orquesta real interpretara la canción con la cual se recibe al rey de una guerra y para mi espantó, le ordenó al príncipe capturado a caminar en medio del ejercito, con la corona de su padre puesta, modelándola para que todos mis soldados se mofaran de su fortuna. Así hizo, caminó con paso firma y elegante, en medio de los vituperios. Al primero que se atrevió a arrojarle algo para ensuciarlo, recibió de mi hermano una orden con la cual lo ejecutaron en el momento. Todos quedamos en silencio y aquel rubio mantuvo su expresión inflexible, vacía. Se acercó entonces el rey, iracundo, molesto como nunca lo había visto en mi vida y tomó al esclavo por su cintura, de forma posesiva, y  el rubio bajó su rostro en respuesta para ocultar sus facciones con su flequillo dorado.

−AL PRÓXIMO QUE SE ATREVA A TOCARLO ¡¡¡SERÁ USADO PARA SATISFACER A LOS ANIMALES!!!

Hubo silencio y yo quedé pasmado, observando cómo se lo llevo hasta su asiento, sin quitarle la mano de encima. Se volvió a sentar en su trono y el esclavo a su lado, con la misma expresión, suspirando hondo. No podía dejarlo de observarlo…

−Parece que el rey está obsesionado con su nuevo esclavo…−comentó muy discretamente Dohko a mi lado y yo sólo asentí. No quería pensar en los porqués…

5 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 04)

  1. Lienzo!!!
    Si en el pasado Asmita me dio miedo -.- aqui ya le temo!! indudablemente el odio lo esta matando! Lo que le espera a Defteros y a Aspros…

    ¬¬ ese beso!! q se cree Saga…nos fue infiel Y.Y y Asmita no respeta xDDD puede ser su abuelito!!!! jeje

    Kanon, mis condolencias para el…mira q creerse q le llevaran vino! ja para eso esta shaka, para bajarle los humos al condenado gemelo sexy!!! Bien hecho shaki!!! q sepa kien manda aqui!! nºn Pobrecin de Mu…tener q cuidarlo…esos dos…se odiaran, lo presiento!!!

    Dita capturado!! Ya se viene angui ya se viene!!!

    ENCUENTRO SAGAxSHAKA!!!!!

    TE LO PIDO!!!!!!!!!!!

    al final…me sigue encantando la historia…

  2. WordPress sigue sin recordarme ¬¬ Voy a romper todo XD

    Bueno, hay Milo!! XD Ese es un nuevo motivo para hacerme querer leer. Me gustó la diferencia entre él y Kardia.

    ¿Y ahora Afro capturado? =/ Espero que…. si le hacen algo malo se vengue XD

    Las partes de Asmita están bien hechas y sexies, aunque me duela ver a Asmita así XD Sos buena para las descripciones eróticas en situaciones extremas XD

  3. A mi también me duele muchisimo que Amsita este asi, pero es parte de la trama y considero que por muy controlado que sea, pasar por todo lo que él pasó era para perder la cordura, el asunto es que al final parece que logró recuperarse y eso es lo que se busca responder, que pasó para que Asmita decidiera defender a Alhenas.

    Jajaja gracias por decir que me salen bien el erotismo extremo. Es algo que no había explorado auqnue sea literalmente un rogasmo escribirlo ¡OMG soy pervert! Jajajaja habrán algunas situaciones más así.

    Entor Milo y Dita secuestrado, Kanon puesto en su sitio por Shaka, que no es huesito facil de roer ya que el tiene también su odio y de paos, Saga enamorado de Asmita… waaaaa mi pobre gemelito enamorado desde jovencito. Veremos que pasó entre ellos y como se gestó! xD Gracias por comentar chicas, esta historia es bastante complidada para mí y sus comentarios me animan a seguirla! ^^

    1. Yo también pudo que muera, creo que permanece y es lo que tiene a Saga como es, lo que lo guarda y le da fuerzas. Ese amor que incluso es más fuerte que el solo el hecho de guardar odio a los que le quitaron todo. Ese amor que no admite que nada manche la memoria de Asmita…

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