Lienzo de Guerra (Cap 06)

Saga y Shaka están a punto de encontrarse, mientras que en el pasado, Asmita poco a poco va forjando su venganza. ¿Qué ocurrirá cuando el antiguo principe d eAvua y el heredero de Alhenas se encuentren?

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Lienzo de Guerra

Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Saga y Shaka están a punto de encontrarse, mientras que en el pasado, Asmita poco a poco va forjando su venganza. ¿Qué ocurrirá cuando el antiguo principe d eAvua y el heredero de Alhenas se encuentren?

Capitulo 06: Consorte y Rey

Para cuando el príncipe Asmita de Auva llegó a Polux, Alhenas, era mitad de Otoño. El rey salió dos días después y regresó entrado el invierno. A su regreso, el príncipe de Auva se convirtió en esclavo real. Durante ese tiempo, la servidumbre notó el trato especial que tenía el rey al noble príncipe que se había convertido en su compañero de cama favorito. Las mejores túnicas, las mejores joyas, los mejores perfumes y el mejor cuidado, durmiendo con él en su mismo lecho, con incluso entrada a la biblioteca real acompañado y escoltado por la servidumbre. Pronto, se dieron cuenta que más que esclavo, era tratado como uno de sus amantes. El príncipe de Auva empezó a tener su servidumbre dentro de la misma habitación y él mismo, cuadraba baños y ornamentos especiales para sus encuentros con el rey. En poco tiempo, se rumoreaba que lo estaba seduciendo.

Entre el tiempo que Asmita se convirtió en esclavo y el príncipe Defteros llegó de su cruzada en Auva, pasaron cinco meses. Para ese momento, ya Asmita se sentaba al lado del rey, quien no tenía el mínimo reparó de presentarlo a él en vez de presentar a sus demás concubinas y concubinos, en el lugar que una vez ocupara la reina. El esclavo ya tenía a un maestro que le enseñaba sobre las costumbres y leyes del reino, leía sobre medicina y parecía estar muy al tanto sobre la forma en que se vivía en el reino, pendiente de lucir presentable ante el rey y para todos, no sería extraño que en cualquier momento el rey decidiera llamarlo como su consorte. Dicha unión, creaba controversia. Se trataba de un antiguo príncipe pero al mismo tiempo de un esclavo de guerra. Entre las servidumbre las opiniones al respecto eran dispersas.

A la llegada del hermano gemelo del rey, el príncipe Defteros, las cosas cambiaron. La guardia de honor vio pasmados el primer enfrentamiento entre el rey y el príncipe, por la vida del esclavo, algo que jamás había ocurrido anteriormente. El choque fue intenso, aderezado por gritos y terminó con el rey sacando al príncipe del salón, no sin antes tomar a su esclavo y llevarlo él mismo a su habitación. La servidumbre y soldados pensaron que las cosas no pasarían de allí hasta que después de una semana, el rey salió furioso de la alberca y envió a casi todo el ejercito a buscar al príncipe, quien llegó horas después al castillo. Una terrible discusión en el despacho real y Defteros salió tirando floreros, armas y adornos por el pasillo. El tema, fue el mismo… la vida del príncipe de Auva. Todo ocurría mientras el príncipe y esclavo de Alhenas seguía con su expresión neutral… como si fuera indiferente a todo…

______________Acto uno: El encuentro

Conforme me acercaba podía verlo, los cadáveres de varios de mis soldados. Estaba claro, no nos estábamos enfrentando a simple maleantes, la estrategia para matarlos y todos con un solo golpe mortal me daba indicios de dos cosas: era alguien acostumbrado a matar y fue del ejército de Defteros. La idea corroía a mi mente.

Desde lo ocurrido en la revuelta, todos fuimos dispersados. No supe nada de los máximos generales del ejército del Rey, más que de la muerte de Asmita. La última vez que vi a Kardia fue cuando acompañó a Asmita a buscar al príncipe Kanon. De allí, no he sabido nada de ninguno de ellos, de ninguno del ejercito que acompaño a Defteros a las campañas de conquistas. Pero allí estaba, frente a un intruso que mostraba la misma eficacia y rapidez que recordaba de Kardia. Debía ser él.

Me adelanté con mi espada y seguía el rastro de sangre. Pude ver a unos metros de mí las dos antorchas que se movían y escuchar el sonido de las espadas y hierro chocar. Entre el brillo de fuego, identifiqué el ensortijado cabello azul y me sonreí. Tal parece, que el tan llamado Asmita venía muy bien acompañado.

−¡¡VIEJO KARDIA!! –grité y vi cuando volteó, con sus turquesas sedienta de sangre y esa sonrisa cómplice.

−¡¡¡PERO SI ES EL VIEJO DOHKO!!!

−¡¡MALDITO, DEJA DE MATARME A MI EJERCITO, BICHO!!

−¡DEBERÍAS ENTRENARLOS MEJOR! –gritó con suficiencia y me sonreí, dando una orden sonora para que dejaran de atacarlos. Veo que el joven que llevaba con él se muestra renuente y confundido.

Kardia se acercó a mí con el caballo y nos tomamos las manos, fuertemente. Habían sido cinco largos años separados y muchas cosas hechas juntos, éramos compañeros de armas, cómplices en la guerra y sí, éramos amigos.

−¡Maldita sea! ¡Entonces lograste salvar tu trasero!

−¡Por supuesto, Dohko! ¡La muerte aún no puede conmigo!

−¿Entonces estás con ese tal llamado, Asmita? ¿Qué te ofreció ese impostor para tener tu lealtad? − Pregunte intrigado y él se relamió los labios, como emocionado con tan sólo la idea.

−Dohko, ese Asmita, es el hermano menor, el príncipe menor de Auva−abrí mis ojos, conmocionado−, ¡¡se trata de Shaka de Auva!!

−¡QUÉ MIERDA OCURRE AQUÍ, KARDIA! ¡Y DE DONDE CONOCES A ESE SUJETO! –reclamó el que estaba a su lado, albino, visiblemente dado a la guerra, corpulento y de piel bronceada, con varias heridas en sus brazos superficiales. Lo miró con odio y Kardia le devolvió el gesto.

−¡Calma mascarita! ¡Es de los míos!

−¿Dices que el hermano menor de Asmita? –pregunté de nuevo, necesitado de respuesta. La noticia me ha llegado muy de sorpresa−. ¿El que supuestamente había matado?

−El mismo Dohko, y ahorita debe estar en tu casita matando a todos…

−¡¡MIERDA!! ¡¡SAGA!! –grité, preocupado por su estado.

No di tiempo y di media vuelta para cabalgar con velocidad hacia la hacienda. Vi que Kardia me siguió con el otro. El hermano menor de Asmita… No estoy seguro pero recuerdo que Defteros me había comentado que dichos hermanos eran muy parecidos… ¿qué tanto? No podía dejar de pensar en ello mientras deseaba que dicho encuentro no se hubiera ejecutado aún…

______________Acto dos: El pedido

///Hace 20 años///

Otra noche, otra entrega. Me levanté del lecho real y sentí su mano apresar mi cintura. Lleva días haciendo lo mismo, pidiéndome que me quede en la cama, rogando mi compañía. Sin él darse cuenta, ya yo había penetrado a su corazón, ya lo había seducido con mis caricias y besos, con mi paciencia… Esta vez, no se lo dejaría tan fácil.

Deshice el agarre y me cubrí con un manto de seda, el mismo que tenía antes de que me tomara y con él puesto, me asomé a la ventana enrejada, dispuesta así precisamente para evitar intento de escape. Me senté en la base de ella y tomé uno de los barrotes en espiral con mis manos, fijando mi expresión hacía la nada. El viento frío de la noche susurraba palabras a mi oído y me dejé arrullar con ellas… un poco de paz, a este infierno…

−¿Qué ocurre? –le escuché preguntar. Por su tono de voz, intrigado.

−Extraño mi vista−le respondí, no siendo para nada falso. Ciertamente en noches tan frías como estas, me gustaría poder ver las extensiones del cielo, dibujar con mis ojos las constelaciones y buscar la que me une con mi hermano en el firmamento.

Había pasado una semana desde lo de la alberca y él había tenido otra discusión con el príncipe. Otra vez el tema era por mi vida. Mientras nos veíamos a lo lejos, podía sentir la mirada indagadora del menor en mi cuerpo, buscando quizás la forma de matar mi odio, analizándome. Y eso, lo había molestado en sobremanera. El rey pensaba que su hermano buscaba algo más en mí… que me buscaba con las mismas intenciones que él tiene, y por obvias razones el menor lo negaba; aunque, algunas de sus miradas parecían desnudarme.

Ambos, tan parecidos y tan diferentes. Eso había prendido en estas dos semanas comparándolos. El rey, un hombre voluble, con grandes ideales, capacidad para engañar y manipular a su antojo, siempre buscando complacer a sus más cercanos para que lo mantengan en un manto de gloria. Con ideas torcidas sobre el poder y la sumisión, con la cual trata de llenar el verdadero vacio que tenía en su alma: su hermano. Amaba a su hermano de una forma torcida y este no le correspondía, por no corresponderle lo obligó a darle reinos y mandarlo a la guerra. La separación lo enloquecía y entonces, pagaba esa locura con los esclavos… Me tocó ser víctima de ella. Es débil… tiene una voluntad tan débil que necesita de las palabras y halagos de los demás para sentir que está en control y… nunca había sido seducido. Jamás había visto que alguien tuviera un interés especial por él y fue por esa razón, que cayó ante mí… Yo le daba el cuerpo que su hermano no le daba, más el espejismo de un amor que esperaba recibir de su hermano, era su trofeo para mostrar ante el mundo y además, su muestra de supremacía.

El menor, en cambio, tiene una voluntad más inquebrantable, fuerte, en contraposición a su corazón noble. Admito que cuando pensaba en el príncipe que lideró la guerra contra mi reino, no pensé tan siquiera en la posibilidad de que fuera un hombre como él. Tal parece, que jamás había sentido la culpa y el peso de sus conquistas. Supuse que el hecho de no tener esclavos, y de vivir de guerra en guerra con sólo resultados, le hacía creer que matando a todos en su tierra era suficiente. Pero entonces aparecí yo en su vida y por primera vez se vio asaltado por ella. La culpa no sólo de matar a tantos, sino del porque de esa masacre. Y es que me parece patético que tenga que estar cubriendo una deuda por no poder corresponderle a su hermano, lo que me hace pensar que realmente si lo ama, pero no lo ama de esa forma torcida.

Dos hermanos, de por sí estúpidos, que por guardarse cosas y no poder aclarar sus verdades, se alejan uno al otro, creyendo que no son del todo entendidos… Dos hermanos condenados a matarse uno al otro… un reino condenado a dividirse…

−¿Qué quieres que haga por ti, Asmita? –le escuché y salí de mis pensamientos, percatándome que se había levantado de la cama y se acercaba a mí. Ciertamente hay algo que deseo…

−Permítame vengarme por mis ojos, su majestad−le pedí, inclinando mi rostro. Sentí su mirada observarme fijamente.

−¿Quieres la cabeza de ese hombre? –me levantó el rostro para observarme−. Abre tus ojos−me ordenó y obedecí−. Ciertamente… fue un pecado dañar tan hermosos ojos.

−Quiero ser yo quien se la arranque, mi señor−me soltó y me miró, buscando razones. Yo sólo me levanté para alejarme de la ventana.

−¿Qué dices? ¡Jamás permitiré que pelees! ¿O es que acaso es una escusa para buscar tu muerte, príncipe de Auva?

−¿Mi muerte, su majestad? –inquirí con seriedad, acercándome a él−. De haberla buscado, mi señor, desde hace mucho hubieran encontrado mi cuerpo inerte en este lugar. No crea, que mi odio sólo sería saciado con mi muerte−me senté en el diván, preparado para dormir allí−. Yo sé defenderme muy bien y ese hombre… ese hombre me quito los ojos. Desearía poderlos vengar. Al menos eso…

−Si lo permito y sales herido, sin importar tu estado te tomaré esa noche, ¿lo entiendes? –me amenazó como buscando amedrentarme. Yo le sonreí, confiado.

−Si lo permite, le entregaré mi cuerpo manchado con su sangre, su majestad.

Escuché su silencio, pareciendo meditar en mi pedido. Si logró obtener su permiso, con esto crearé otro choque con su hermano, porque también me di cuenta que para él, su ejército era sagrado. Me miró entonces, antes de acercarse a mí y acariciar mi cabellera dorada.

−Considéralo hecho… Pero yo estaré presente.

−Prometo entregarle el mejor espectáculo, mi señor.

______________Acto tres: El recuerdo

Salí de la carpa cerciorándome que el príncipe Kanon se hubiera dormido, para regresar la vasija con el remedio y los paños. Me acerqué hasta el final del campamento donde nos escondíamos, en una de las catatumbas que había en las montañas de Geminidas. Los agujeros son pocos conocidos debido a la abundante vegetación selvática de este lado, cerca de la frontera y eso nos permite permanecer ocultos a todos. Además, este bosque  de los gemelos suele tener muchas historias ocultas que tienen muy lejos a los aldeanos.

Llegué resoplando aire y esperando que Shaka y Delio estuvieran bien y hayan logrado dar con Afrodita. Me preocupaba su bienestar, él se crió conmigo desde que tenía 3 años, y somos como hermanos, tanto como con Shaka y sé, que Shaka no descansará hasta traerlo de vuelta. Shaka… pensar en él es pensar en toda esta locura donde estamos metidos. Él no me deja ir al campo de guerra, igual que con Afrodita, nuestro trabajo es ser mensajeros y cuidar el escondite. Dice que no quiere arriesgarse a perdernos pero es egoísta… no entiende el sufrimiento que guardamos Dita y yo cuando lo vemos partir a uno de los tumultos, con sus espadas en mano y esa mirada decidida…

−Mu, deberías dormir−escuché la voz atrás y la reconocí. Era Shion.

Shion, antiguo sirviente de Asmita de Auva, esclavo de Alhenas. Logró sobrevivir a la revuelta. Tiene dos puntos como yo, que lo clasifican como miembro de la familia de los sacerdotes de Lemuria, pero de seguro, escapó o lo vendieron para llegar a Auva. Realmente, no hemos hablado de ello.

Su cabello dorado ya muestra algunas canas, con algunas marcas de expresión en su frente y comisura. Los años no han pasado en vano, es lo que él dice, con esa tierna sonrisa. Con él es que hemos creado las armas y armaduras para nuestro batallón, ha decidido servirle a Shaka con la misma fidelidad que le había jurado a Asmita aunque… por alguna razón, nunca habla de todo lo que vivió en el castillo. De mi parte, no tengo ánimos de removerle recuerdos amargos.

−Tranquilo Shion. Prefiero quedarme despierto esperando noticias.

−Bien…−dijo mientras se sentaba al lado de la fogata y yo iba dejando los implementos dentro de la carpa de abastecimiento. Me le acerqué para sentarme a su lado, de vista a la carpa del príncipe, para estar al pendiente de cualquier movimiento en falso.

−¿Qué haces? –le pregunté, al verlo tan apegado limpiando una pieza de hierro y alambre en forma de dije, como si no quisiera que se le oxidara. El permaneció en silencio, con su mirada llena de melancolía, como si el sólo verla le trajera enorme recuerdos. Detallándola, vi que era la forma de la cabeza de un cabrío.

Me quedé en silencio… parecía que él también tenía muchas cosas que recordar… esa nostalgia también se la he visto a Kardia…

///Hace 20 años///

Estaba en la cocina, pelando las papas para el estofado que se prepararía en honor a la llegada del príncipe Defteros. Estábamos todos colapsados en la cocina y yo realmente ya estaba cansado de cortar verduras así que para las últimas ya me había cortado tres veces los dedos. Allí llegó Manigoldo con su ánimo de siempre, intentando llamar la atención justo en este momento donde estábamos hasta la coronilla de platillos que hacer.

−¡Shion, mira lo que conseguí botado!

−¡¡Vete de aquí Mani!! –le espeté, ya estresado y cortándome una cuarta vez. Él me miró furioso, con esos dos ojos azules clavados en mí.

−¡VETE AL DIABLO!

Bien, se molestó y con razón pero… después hablaría con él. Así que me quedé terminando mi trabajo hasta la noche, donde logré escaparme para escurrirme a la parte del calabozo y llevarle algo de comer a Manigoldo. Tenía acostumbrado a hacerlo, la comida de la cárcel no era nada buena y de alguna forma, él es… lo más cercano que tengo. Desde que Shaka escapó y Asmita está como esclavo del rey, lo único que he tenido cerca estos meses ha sido Manigoldo. Él que me hace reír en medio de esta pesadilla, él que me escucha hasta los sollozos…

Lo conseguí sentado viendo la luna, peleando con unas piedritas en la arena, perdido en sus pensamientos. Me senté a su lado y le extendí el plato, en silencio, él con sólo un pantalón y una franela sucia blanca y yo con un pantalón grueso, una camisa y una bata, más mi collarín como esclavo. A diferencia de él, yo no tengo forma de salir de estas paredes de concretos.

−Toma…−le extendí, al ver que no había tomado del plato. Bajó su rostro para ver el plato y con un leve sonrojo refunfuñó algo, tomando el pan y comiendo ladeando su cara hacía un lugar donde no pudiera verlo. Me sonreí, era gracioso ver como trataba de hacerse ver el desentendido−. Perdona lo que hice ahora… estaba, muy estresado−no decía nada, simplemente comía sin comentar. Aspiré profundo y preferí esperar, mirando el cielo, recordando…−. Ese príncipe que viene… ¿es él mismo que conquistó mi tierra verdad? –se detuvo, tragando lo que tenía en la boca antes de mirarme−. ¿Crees que Asmita estará bien? Han pasado ya… varios meses…

−Escuché que estaba bien… que incluso, el rey lo trata como si fuera uno de sus amantes−me dijo, mirándome fijamente. No pude evitar bajar mi mirada dolida… era un príncipe él que estaba allí… quizás soportando que tipo de tratos y pedidos… sólo pensarlo me entristecía. Era mi príncipe…−. No te pongas así. Debes preocuparte por ti. ¡Mira esas manos! –ciertamente estaban heridas, pero no era mucho para alarmarse−. ¡Si sigues así un día el rey se conseguirá un dedo en la sopa!

−¡¡MANI!! –le grité divertido, golpeándole con el codo en la costilla. De verdad que ni mala idea era.

Tanto reía que no me di cuenta cuando cayó algo entre mis piernas y él simplemente se levantó con un “Póntelo” en el aire. Lo miré alejarse, con sus manos en la nuca, luciendo indiferente, pero al ver lo que estaba entre mis piernas entendí. Era un collar de cuero con un dije de hierro y alambre, con la forma de un cabrío. Una hermosa artesanía. Me sonreí, entendiendo el regalo y me lo puse inmediatamente. Él siempre lograba robarme sonrisa en este infierno.

______________Acto cuatro: El combate

///Hace 20 años///

Una locura. Simplemente una locura. Cuando vi que mi hermano llegó con su esclavo armado con dos espadas curvas supe inmediatamente que estaba loco. Jamás permitiría que retara a duelo a uno de mis soldados, por las razones que fueran. Su odio no podía llegar a tanto como para arriesgar su vida. ¿Acaso piensa que mis soldados no podrían con él? ¿O está buscando su muerte? Verlo allí, en el ruedo de nuestro lugar de entrenamiento, con una centena de mi ejercito vitoreando a Aldebaran mientras este sacaba su filosa espada recta y aquel, con sólo un pantalón holgado negro y dos brazaletes dorados en sus brazos cincelados, se colocó en esa posición extraña con sus dos armas. Su cabello dorado estaba sujeto en una cola alta, y su expresión, inconmovible. Las dos armas, izquierda sobre su cabeza, derecha a la altura de la cintura, sus dos piernas separadas, una posición que le daba velocidad e impulso. Aldebaran, un hombre de grande altura e increíble experiencia, se paró frente a él con la espada larga, en nuestra posición de duelo.

Miré a mi hermano, buscando algún indicio de arrepentimiento en esta decisión por demás absurda, mas él se notaba expectante. Yo había escuchado rumores del heredero de Auva y su habilidad con las espadas, pero jamás pensaría que podría vencer a uno de los míos y además… ese duelo debería ser conmigo, que soy el líder del ejército.

−Aspros−le dije de cerca, él sentado en un trono sugerido con palmeras que lo cubrían del sol del medio día−. Esto es una locura. ¡Lo va a matar!

−Si lo hace, morirá también−respondió inmutable. Lo miraba abrumado, desviando mi mirada de nuevo a ese hombre que parecía saborear el sabor del aire, con una sonrisa totalmente confiada−. Obsérvalo Defteros… está seguro de que ganará. Yo quiero verlo… quiero ver ese cuerpo manchado de la sangre de Alhenas.

−Yo soy quien debería estar en la arena con él. ¡Es conmigo con quien tiene que batirse a duelo por su reino!

−¡¡Ni se te ocurra intervenir!! –me advirtió, con sus ojos azules decididos. Lo miré molesto, reconociendo que dada a su posición de autoridad no podía evitar dicho duelo−. Déjalo… quiero ver que tan bueno es…

Aldebaran lo rodeaba con sus pasos, espetando palabras, diciéndole como tomó a cada hombre, mujer y niño en la guerra, buscando molestarlo, pero aquel estaba neutral, impenetrable. El viento susurraba ante nosotros y dejaba subir una nube de polvillo amarillo, mientras esperábamos el inicio del combate. Vi a Kardia y parecía emocionado, viendo el ruedo con sus ojos turquesas deseosos de ver miembros desmembrados de Auva y Dohko, estaba pensativo, analizando todo con increíble calma. En ese momento los envidié a ambos, yo estaba convertido en un manojo de nervios.

−¿Qué sucede, soldado de Alhenas? ¿Hasta cuando me rodearas? ¿Es que acaso dudas de tu fuerza? –su voz, melodiosa, irrumpía en el silencio de los alrededores. Mi hermano se sonrió complacido viendo como el rubio provocaba a mi soldado, que con una sonrisa, se lanzó hacía él−. Bien… muéstrame… ¡TU PODER!

Un golpe de la espada de Aldebaran y fue evadido, con increíble destreza, saltando a los cielos para luego arrojar en un solo movimiento su espada izquierda difícilmente interrumpida por el arma de mi soldado. Cayó al suelo y el otro retrocedió un poco para volver a arremeter, atacando de frente y siendo evadido con una danza mortal de su cuerpo que al final y por su espalda, terminó dándole una patada en la nuca hasta derribarlo al suelo. Me levanté impresionado, viendo como Aldebaran se levantaba contrariado y el príncipe de Auva estaba de nuevo en su posición, sonriendo… disfrutando el momento, saboreando el olor de la sangre que ya corría por el cuello de aquel. Vi de nuevo a Kardia y estaba conmocionado, emocionado, mientras que Dohko estaba de pie, tan impactado como yo por el reciente combate.

−Ciertamente, tú y tus hombres a pie no hubieran podido hacer nada para vencerme…−siseó el rubio, provocándolo−. Y aún así, a caballos, una decena de ustedes, ¡¡tuvieron que cegarme para detenerme!! –su voz era dominante, inconmovible−¡¡VEN AQUÍ PERRO DE AUVA!! ¡¡INTENTA MORDERME AHORA!!

Miré de nuevo hacía mi hermano y se sonreía, disfrutando del escenario, viendo fijamente al príncipe que se batía en un duelo y en el cual, visiblemente tenía la ventaja. Aldebaran volvió a arremeter con furia, usando todo su cuerpo en un solo movimiento de piel, huesos, músculos y espada. Asmita lo evadió con sublime facilidad, hiriendo una de sus piernas con la espada derecha y golpeándolo con una patada que lo hizo caer al piso. Recobró su posición, sin moverse de su sitio. Era como si simplemente lo retará a derrumbarlo y esa sonrisa… esa sonrisa macabra ya cantaba su victoria.

−Es… ¡sublime! –susurró mi hermano, el rey, con una expresión impresa de lujuria. Volteé de nuevo a verlo… esto, esto era una locura.

Otro golpe y la sangre chispeó por su níveo pecho, marcando con sangre su musculatura. Aldebaran cayó herido por sus hombros mientras el movimiento seguía, intentando evadir las dos espadas conforme Asmita danzaba con ellas, con una facilidad tan impresionante que parecía ser parte de su mismo cuerpo. Otro golpe en la rodilla, uno más marcando su espada y la sangre caía en su rostro y brazo, sin mutar su sonrisa llena de satisfacción. Sabía que tenía la victoria y aún así, disfrutaba cada línea, cada trazó que marcaba en el cuerpo de mi guerrero, haciéndolo sufrir. Era demasiado.

−¡¡¡BASTA YA!!! –escuché el gritó de uno de los soldados y pude identificarlo. Se trataba de Teneo, uno de los más fieles discípulos de Aldebaran. Iba corriendo para detener el duelo.

−¡Dohko! ¡Detén a Teneo!

No bien había dado la orden y ya Dohko había tomado a Teneo por la espalda, evitando que se involucrara en el combate. Pero el desgarrador grito del menor nos advirtió y viré la mirada al centro del ruedo, donde ya el filo de la espada de Asmita había separado la cabeza de mi soldado de su cuerpo, haciéndola rodar a un lado. La sangre corrió por su pantalón, manchando un poco su cabello dorado y su pecho, antes de soltar y con un movimiento quitar la sangre que había quedado en su espada curva. Se dio media vuelta, ignorando todo el escenario para ponerse frente a mi hermano, quien se levantó de su asiento para aplaudir con júbilo. Todos estábamos consternados.

−¡¡¡Maestro!!! –corrió Teneo llorando hasta el cuerpo. La sangre de uno de mis soldados… muerto por el capricho de ese príncipe… ¡Maldición! ¡Y como reclamarle si nuestras espadas está llena de la sangre de los suyos!

−¡¡MALDITO!! –gritó Kardia y eso me alarmó… No… que no se le ocurra…− ¡¡INTENTA QUITARME LA CABEZA SI PUEDES!!

−¡¡¡KARDIA NO!!! –ordené pero había sido tarde, ya Kardia estaba en la mitad de la arena desafiando a Asmita con su lanza.

−¡¡QUE VENGA DE UNA VEZ!! –gritó de nuevo, colocándose en posición, retándolo−. ¡VEN A MATAR A ESTE PERRO DE ALHENAS, RAMERA!

−¡¡BASTA KARDIA!! –esa vez fue Dohko quien intentó hacerlo reaccionar.

Asmita dirigió su mirada al rey, en espera de su respuesta. Hice lo mismo, negándole con el rostro, suplicando por un poco de cordura pero… Aspros accedió.

−¡¡ASPROS NO!!

−Acepto el desafío−contestó Asmita caminando de nuevo hacía la arena, listo para enfrentarse a Kardia.

−¡¡NOOO!!

Esto, simplemente, fue una locura…

______________Acto cuatro: El enfrentamiento

Sus pasos silenciosos en el césped me habían alertado. Pude escucharlo y sé que hay alguien allí, pude olerlo incluso, sigiloso, joven pero alto…Sí… sin tan siquiera verlo pude imaginar quien es la persona que se encubre en los matorrales. Me acerqué, sacando mi larga espada recta, con el mango de oro y piedras preciosas adornándola, la espada de mi padre el rey, la que me llevé del castillo al escapar. Mi rostro era cubierto con una de las mascaras que usaba mi tío Defteros en guerra y estaba listo, totalmente listo para atacar.

Escuché el sonido de dos armas filosas salir… por el movimiento, curvas… las mismas armas que usaba Asmita… Maldije a mis adentros. El maldito impostor estaba allí y además, tenía el descaro de usar las mismas armas que él. ¡No le perdonaré la vida! Di un paso más, sentía su respiración… incluso, la olía… su olor… olor a bosque… podía saborearlo…

Un movimiento y sólo vi el filo de su espada intentar herir mi pecho y di un paso hacia atrás, interrumpiendo su movimiento con mi filo. No bien había terminado, la otra espada se movía de forma diagonal descendente hasta mi hombro derecho y logré detenerla. Nos posicionamos, uno frente al otro, aquel con botas altas de cuero marrón, un pantalón ocre , una camisa crema y un manto negro que cubría su rostro sólo dejando ver dos poderoso zafiros decididos, ardiendo con fuego, sediento de sangre… La posición en la que se colocó me molestó aún más. Las dos espadas derechas, la de la izquierda por sobre su cabeza, la derecha al nivel de su cintura, ambas curvas, con la pierna izquierda medio flexionada para darle impulso y la derecha extendida, indicando el límite de su movimiento. Yo me posicionó también, con mi espada al nivel del pecho, recta hacia su humanidad, mis dos piernas separadas para darle mayor equilibrio a mi cuerpo y mi mano izquierda levantada, y a la altura de mi cabeza, para tener la posibilidad de hacer un agarre a lo que tenga libre.

Sus ojos me analizaban, analizaban cada movimiento y yo analizaba fríamente los suyos. Dimos dos pasos, uno al lado contrario. Esperamos… con nuestros ojos decidimos. Él se lanzó a mí con su espada derecha y eche otro paso hacia atrás, para tomar impulso y atacar con mi espada, la cual detuvo con la izquierda, dando media vuelta y lanzando de nuevo el filo de su derecha el cual evadía con mi cuerpo. Otro paso más, su espada derecha es evadida por mi brazo y la izquierda detenida con mi espada hasta hacerlo retroceder con dos golpes más y ser detenido por su dos espada en forma de cruz. Forcejeamos allí unos segundos, viendo que ninguno de los dos ejercía dominio por la fuerza y nos separamos de nuevo. Me sonreí, viendo como su mirada brillaba gozosa… parece que está disfrutando este combate tanto como yo.

−Muy bueno, a decir verdad−dije volviendo a posición y viendo que él hacía lo mismo… peleaba con honor, para mi complacencia−. Pero no creas que me es indiferente esa técnica de combate.

−Realmente−lo escuché, una voz melodiosa y fuerte que erizó mis sentidos… Tan parecida a la de Asmita. ¡Imposible!−, debo admitir que no esperaba que fuera tan buen contrincante, príncipe Saga.

−Veo que sabe quién soy, pero es una descortesía que no conozca el rostro de mi contrincante.

−El conocerlo sólo lo distraerá, ¡su majestad!

No bien había terminado el grito y se lanzó de nuevo hacía mí, esta vez la izquierda intentando alcanzar mi cuello y la derecha dirigiéndose a mi pierna. Evadí ambos golpes para luego contra atacar con mi espada directo a su cabeza y ver como evadía el movimiento estirándose hacia atrás con increíble flexibilidad, tanta, que no medí su pierna derecha que con el movimiento se alzaba en una patada y logre evadir con dificultad. Tomó entonces el control del enfrentamiento, lanzando espada y su cuerpo para hacerme retroceder, rápido y tan eficaz como recordaba que peleaba Asmita y no… eso me distraía aún más. ¿Quién era él? Me preguntaba cada vez que lograba a duras penas evadir un golpe y su espada, con esos zafiros decididos a destruirme.

Otro movimiento y sentí que estaba perdiendo terreno. No podía rendirme, debía despejar las memorias que me estaban distrayendo de este combate donde era mi vida la que dependía de ello. Arremetí entonces con fuerza invadiendo su espacio de defensa y obligándolo a echarse hacia atrás, evadiendo la espada. Volví a arremeter, aprovechando el minuto que tenía disponible, apuntando a su cabeza y lo evadió con dificultad, aunque mi espada logró tocar lo que buscaba, ese manto negro que ante la fuerza y el roce se iba deshilando y abriéndose a mi paso. Mis ojos se abrieron en par en par y tal fue la sorpresa que ni me di cuenta en qué momento me apresó contra la pared amenazando mi cuello con su espada derecha.

Cabellos dorados… de esa abertura salieron hebras doradas de Auva… Y mientras el manto caía a sus hombros y me descubrían ese rostro y ese cabello… quede paralizado. El cabello dorado, ese punto en su frente, cejas, nariz, labios… ¡¡malditos labios!! Era él… ¡¡¡era Asmita!!! Imposible… ¡¡¡IMPOSIBLE!!! Yo vi su cuerpo, vi su cadáver en la ciudad, exhibido para ser comido por las aves a pleno día… ¡¡¡YO LO VI MUERTO!!!

Mi espada cayó… estaba abrumado, espantado, desconcertado ante esa imagen… Porque podría jurar que era Asmita si no fuera por esos furiosos ojos azules que me miraban… me veían…

−Creo que he ganado, su majestad…

______________Acto cinco: El anillo

///Hace 19 años///

Me escurrí entre los pasillos del castillo hasta la habitación de mi padre, el rey, para verlo. Para verlo de nuevo. Lo había intentado hacer ya varias veces y siempre me arrepentía a última hora, regresando a mi cuarto con Kanon, recriminando mi cobardía. Pero esta vez sería diferente.

Abrí la puerta con cuidado, viéndolo recostado en el diván, con su cabello siempre suelto escurriéndose hasta el suelo, con un mantón blanco que se amarraba a uno de sus hombros y dejaba libre el derecho, mostrando su hermoso pecho, cayendo también al suelo, con su cabeza recostada en su mano izquierda y un libro en reposo a su lado. Mi corazón se aceleró al verlo, tragando grueso y sintiendo que mis piernas temblaban y se golpeaban una a otra. Tan sólo tenía 14 años, pero sabía que era lo que sentía. Comprendía el porqué mi cuerpo reaccionaba de esa forma al estar con él.

Lo quería…

Y si yo fuera rey, le quitaría esa gargantilla de esclavo y lo deposaría, como mi consorte. Reinaría a mi lado… por siempre… le daría mi anillo de Rey para sellar la promesa…

−¿Qué hace aquí, príncipe Saga? –me preguntó y decidí.

Corrí hacía él y antes de que él pudiera reaccionar le di un fugaz beso en sus labios, para luego salir huyendo, con mi corazón retumbando en mi pecho, con las mejillas calientes, sonriendo… sonriendo feliz. Mi primer beso… y sentía que podría ser capaz de lo que sea por tenerlo a él…

///Presente///

Cuando llegamos, ya Shaka tenía contra la pared al príncipe Saga, con la espada izquierda clavada en la pared y la derecha amenazando su cuello. La espada real había caído y por el rostro del príncipe, la impresión había sido desbordante. Dohko me miró y yo sólo sonreí, sabía que la impresión era por demás justificada.

−¿Qué ha pasado, Kardia? –preguntó Shaka sin dejar de mirar al futuro Rey y quitándose el manto por completo.

El príncipe miró con dolor la cadena de oro con el anillo, quitándose la máscara, mientras sentí que Delio llegaba tras de mí, mirando todo con desconfianza. Shaka bajó las armas.

−Tranquilo. Dohko también es de los nuestros−le dije y él se aquietó, guardando la espada.

De repente, el heredero tomó el anillo que colgaba de la cadena de oro, llamando la atención de Shaka y de los demás. Esperaba esa reacción pero lo siguiente… simplemente no lo espere…

:::::::::::::__________::::::::::::::::

Me observaba a mí y al anillo de forma extraña. No entendía de qué forma poder definir esa forma de reaccionar. Si bien, el príncipe Kanon se asombró, no esperaba que el heredero se mostrara tan… ¿dolido? ¿Esperanzado? ¿Qué fue mi hermano para él como para reaccionar de esta forma? Sus ojos… al ver sus ojos podía sentir que estaba viajando al pasado… me sentí intimidado…

−Asmita…

No tuve tiempo de reaccionar cuando me tomó por el brazo y me empujó hacía él, besándome, rodeando mi cintura con su otro brazo. Sentí que todo se paralizó en ese momento. Y apenas, no sé si de inmediato o luego de varios minutos, logré reaccionar empujándome fuera de él, tapando mis labios con el dorso de mi puño, sorprendido, asustado. ¿Qué clase de reacción era esa? ¿Por qué me beso?

Seguía observándome, angustiado, temblando entre emociones… viendo el anillo… este anillo.

///Hace 16 años///

Cuando regresé a Polux, estaba emocionado. Ya no era el niño que conoció, era joven, ya a punto de cumplir mis dieciocho años y poder entonces pedir la mano a casamiento. Mi anillo ya lo tenía en mano, preparado para dárselo en señal de mi compromiso. Porque aún a pesar de estar dos años sin verlo, yo, lo seguía queriendo.

Corrí apenas el carruaje llegó a la puerta del castillo de Alhenas, y no tuve cuidado de las palabras de Kanon que me pedía que lo esperara. Tenía que ir, llegar hacía él, decirle que he regresado y lo voy a quitar de esas manos que tanto daño le ha hecho… que yo lo cuidaría, sin importar que fuera siete años mayor que yo, sin importar que fuera hombre. Yo lo quería, para mí… yo sería el rey que él merecía.

Llegué a su habitación, emocionado y lo vi acostado, en la cama principal y no en el diván como acostumbraba. Parecía dormido… hermoso, con las sabanas cubriendo su cintura y el cabello dorado de nuevo serpenteando entre la seda. Me acerqué, para verlo mejor y me alegre de verlo mucho más repuesto de cómo lo dejé, más hermoso e incluso, parecía que entre sueños sonreía. Hasta que… lo vi… el anillo… ya le habían dado el anillo… colgando en su cuello, junto con la gargantilla de su esclavitud.

Di dos pasos hacia atrás, sintiendo que mi corazón era comprimido. Ya él… ya él no podría ser mi consorte… ya estaba atado…

______________Acto seis: El consorte

///Hace 15 años///

Luego del tratado de paz con Rukbat, para que este no atacara nuestras tierras, en el pueblo de Polux se desarrollaba una gran celebración. El rey, había tomado como consorte al antiguo príncipe de Auva, Asmita, quien había sido tomado como esclavo de guerra. Afrodita estaba emocionado y quería ver el carruaje real, junto con los corceles, los soldados y el vestido del consorte y por ello, decidí acompañarlo, invitando a Shijima conmigo. Ese fue, nuestro peor error.

Cubriéndose su cabello dorado con el manto, nos fuimos hasta la calle principal de la ciudad, atestada de gentes, donde los bailes, la música y el arroz caían en una celebración con júbilo. No parecía que hasta hace unos meses estuvieron a punto de invadirnos. Era como si siempre hubiéramos esperado este momento. No entendía muy bien las razones por la cual la gente festejaba este evento, pero la alegría contagiaba, y los tres, de diez años, corríamos buscando alzarnos entre la multitud para ver pasar al rey y su consorte real. Entonces, conseguimos unas cajas acopladas, una sobre otra, de una venta de verduras y decidimos usarla de plataforma. El primero que se subió fue Afrodita, más emocionado que nosotros y exclamó contentó cuando divisó que el carruaje real estaba a punto de pasar frente a nosotros, Apresuré el paso y ayude a Shijima a subir conmigo, para que también lo viera.

Estábamos en la cima y todo se veía, había cintas y bailes por todos lados, era una verdadera celebración y me emocionaba, viendo para todos lados. Shijima hacía lo mismo, absorto, ya que desde que lo trajeron a la casa, abuelo Sage no lo dejaba salir muy a menudo al menos que no fuera con él. Para él todo era nuevo y lo comprendía. Sería nuestra pequeña travesura.

Hasta que llegó el momento. La carroza se acercaba y los tres abrimos nuestros infantiles ojos para poder captar en todo su esplendor la escena y así, lo vimos. El consorte del rey, vestido con un traje azul zafiro, un mantón del mismos color bordeado en oros y piedras preciosa cubría todo su cuerpo, cayendo en una toga amplía, su cabello recogido a la altura de su cabeza y la corona real, de oro y zafiros, con un topacio en el medio, la piedra principal del reino. Era hermoso, blanco, con el cabello dorado como Shijima, cosa que era muy rara aquí en Alhenas, tenía un puntito en la frente como Shijima y… era muy parecido a Shijima. Afrodita me miró, asombrado, señalándolo y por inercia, voltee a ver a Shijima. Me asusté…

Sus zafiros estaban abiertos, cristalizados, en shock… era como si la imagen hubiera golpeado en su memoria. De repente, dio un paso atrás y cayó de los cajones, apenas dándome tiempo de sostenerlo. Afrodita gritó asustado y uno de los aldeanos logró ayudarnos a bajarnos. Él permanecía con sus ojos abiertos, absorto, temblando, hasta que, de repente, lanzó un alarido estruendoso que heló mis venas. Corrió apartándose de todos, corrió como si huyera de algo. Yo corría tras él, asustado, viendo como se alejaba de la carroza y gritando a pesar que entre la música y la algarabía su grito se ahogaba. No entendí, en ese momento, que lo que había pasado era que se había enfrentado, de golpe, con su realidad…

4 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 06)

  1. ohhhhhhhhhhhhhh…!!

    demasiado angst para mis ojitos T___T

    Y es qie pobrecito mi Saga… confundir a asmita con shaka… (claro, tampoco sabía que era shaka, simplemente actuó pensando que era asmita) y te juro que lloré cuando se dió cuenta de que asmita ya era conosrte real… y ya tenía el anillo… el maldito anillo!!!! amor juvenil, el más hermoso y puro que pueda existir…

    te juro que no tengo palabras… pobre shakita, viendo a su hermano, cryenedo que era shijima… ohh eso sí que fue shockeante (ahh yo también estoy en sock)

    deme 7 porfaaa… //me mato sino xDD//

  2. No estoy inspirada para comentar, pero me encanta cómo te sale Kardia y quiero más. Ah, y de repente tengo la impresión de que si por msn no menciono algo de Géminis y Virgo, no contestas XDDDD (sé que estássssss XD)

  3. DIOSES!!!! Porque no te habia dejado rew aqui???

    >.<

    Me has enamorado con esta historia!!!

    Quiero mas!! mucho mas!!!

    Ya sabes… somos insaciables xDDD

    Beso grande!!!

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