Encuentros Prohibidos «El Juicio»

Nueva serie, encuentro prohibidos. Serán una serie de oneshot candentes pero Universo Alternos, para no chocar con la idea de Entre sábanas que es Canon. En esta serie de fics se daran lemons candentes que le den sentido al nombre del club, Santísimo Pecado. Aquí el primero, ¡espero les guste!

Shaka es un prestigioso abogado que está a punto de cerrar su caso más difícil y significativo, pero la noche antes de dictar sentencia recibe una visita inesperada.

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Temas: Yaoi, lemon, rape, romance
Personajes: Shaka, Saga.
Resumen: Shaka es un prestigioso abogado que está a punto de cerrar su caso más difícil y significativo, pero la noche antes de dictar sentencia recibe una visita inesperada.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo
Inspiración: Nahhh quería hacer lemon y desde hace bastante tiempo también deseaba hacer una trama medio así de abogados y leyes, pero como no manejaba los términos muy bien, lo deje así y terminé retomando la idea para algo avasalladoramente sexual.

Nueva serie, encuentro prohibidos. Serán una serie de oneshot candentes pero Universo Alternos, para no chocar con la idea de Entre sábanas que es Canon. En esta serie de fics se daran lemons candentes que le den sentido al nombre del club, Santísimo Pecado. Aquí el primero, ¡espero les guste!

El juicio

Era de noche y ya la presión estaba haciendo mella en su tranquilidad. La impoluta quietud del abogado Shaka Virgus estaba siendo carcomida por los nervios ante el día donde por fin se dictaminaría sentencia en uno de los casos más difíciles que le ha tocado enfrentar. Había sido escogido para defender a un magnate de serios problemas judiciales y había trabajado duro para hacer libre a ese hombre que estaba dispuesto a pagarle toda la fortuna del mundo por su libertad. Y él, Shaka Virgus, no iba a dejar un caso sin resolver y por supuesto, sin ganar.

Con 24 años había ganado una gran fama en el medio legal, conocido abogado penalista que no había tenido un solo fracaso en el estrado, reconocido por su forma mordaz y elocuente de dar argumentos que a simple vista parecían irrefutables con una seguridad tal que no quedaba duda de su capacidad para manipular incluso las emociones del jurado. Era joven, de largos cabellos dorados que siempre sabía tener sujetos, un esbelto cuerpo de 1.81 mts, ejercitado además, por ser amante del buen comer y del gimnasio, soltero, apuesto y por sobretodo orgulloso. Después de todo era hijo de un diputado reconocido y eso no hacía más que sustentar su ya formada fama dentro de la ámbito judicial. ¿Su meta? Ser juez de la suprema corte de justicia y no descansaría hasta lograrlo.

Pero este caso era un tanto peculiar más no por su defendido ni mucho menos por algún contratiempo en la búsqueda de evidencias y pruebas contundente, sino por quien le tocó enfrentar. Sólo pensarlo le hacía sentir diferentes cosas en el estomago entre unas nauseas lacerante y unas cosquillas burbujeantes y sinceramente no sabía reconocer cual era la mayor sensación. Lo cierto es que durante 3 meses de juicio, reuniones y secciones ese hombre y él se habían jurado una guerra, una guerra de orgullo, donde ninguno tenía ánimos de retroceder y mucho menos de admitir su derrota. Ahora, por fin llegaría el día donde se declararía el ganador y pese a todos los argumentos que había dejado asentados para defender a su cliente, sentía cierta inseguridad, sentimiento que jamás en su vida había sentido y que le provocaba, en demasía, rabia consigo mismo.

Se levantó siendo ya las dos de la mañana sin poder dormir, en una casa de soltero de una residencia cómoda en los suburbios de la ciudad. Amaba la tranquilidad y esa se la daba, con buena vigilancia, un espacio satisfactorio y sobretodo, lejos del tráfico. Se levantó para tomar un poco de leche y así poder bajar las ansías que no le permitían dormir con tranquilidad, abriendo así la puerta de su cuarto hasta llegar a su sala. Debía calmarse, eso era lo que pensaba conforme pasaba su flequillo hacía atrás y tomaba un vaso de vidrio para llenarlo con la leche fresca que había comprado antes de llegar. Tomó lentamente cada sorbo, calmando así a su mente, intentando convencerse de que todo saldría bien y que de nuevo, saldría victorioso de ese juicio que le daría al final, más reconocimiento del que ya gozaba. Exhaló sintiéndose el ganador del caso y así camino hasta su habitación, sólo vistiendo un bóxer rojo con una franela blanca y roja, en conjunto. Cerró la puerta y antes de que pudiera remediarlo, sintió un golpe en la cabeza.

−Creo que fui algo brusco…−escuchó en las lejanías y él intentaba enfocar su mirada en la oscuridad−. Bueno, al menos ya despertaste…

Abrió los ojos espantados, tratando de mover las manos y notando que estaban amarradas en su cama, cuya cabecera era de hierro forjado. Alguien estaba sobre él, lo suficientemente pesado como para asfixiarlo un poco y además, le imposibilitaba mover sus piernas. Quiso gritar y notó para su impotencia que una cinta lo tenía amordazado y por la oscuridad no podía ver a su agresor. Horror, sintió el más infinito y oscuro temor al sentirse tan desprotegido e impotente para defenderse, vulnerable ante aquel que no podía verle el rostro y pensando en ese momento en la decena de casos que él había condenado. ¿Acaso sería alguien buscando venganza? En ese momento se arrepintió de no seguir las advertencias de su madre que le decía que era una carrera para ganar enemigos. Se había ganado a muchos pero jamás pensó en verse en tan deplorable situación.

Frunció su ceño molesto, no dispuesto a dar lastima aquel que quería victimizarlo. Sacudió su cuerpo entero y sólo sintió cuando dos manos se posaron en sus hombros y una boca se acercó peligrosamente a su oído derecho, sintiendo, para vergüenza propia, un escalofrío por la cercanía.

−Tranquilo, no quiero hacerte daño…

Y vaya que podía dar fe a esas palabras en la situación en la que se encontraba. Shaka casi y reía irónicamente ante lo irrisorio de ese comentario y su situación en particular. Amarrado, amordazado, con él encima y ¿no quería hacerle daño? Pero entonces, la voz caló en sus memorias y lo llevó de inmediato a identificarlo. Podría pensar en cientos de personas que quisieran hacerle esto pero jamás, en su más tenebroso, absurdos o graciosos sueños hubiera imaginado que fuera, precisamente, él.

−No quería hacerlo de esta manera, pero tú mismo lo dijiste, lo recuerdas ¿Shaka? A veces hay que usar métodos radicales para alcanzar nuestros… fines.

Su corazón estaba acelerado. Se sentía asustado, realmente asustado ante esa voz. Era gruesa, ronca y hasta se sentía sensual pero con un tono tan lúgubre que le hacía temblar hasta sus huesos. Cerró los ojos, buscando calmarse, viendo alguna manera de salir de tan humillante cuadro y concluyendo que no tenía forma alguna. La desesperación corroía pronto en su calma momentánea, sentía que algo muy malo pasaría si no se defendía y fue más evidente esa sensación cuando una de esas manos viajó hasta sus piernas acariciándola lentamente, creando una corriente que por el temor, no podía ser disfrutada.

−Jamás pensé que en esa coraza de traje de marca, se encontraba un cuerpo tan cuidado−una lengua penetró por su oído, lamiendo gustosamente todo el pabellón y contorsionando su piel−. Pero, debo admitir que me he llevado una grata sorpresa−suspiró sobre su oído antes de lamer ahora un poco de la piel detrás de él. Una de esas manos ya iba tentando el miembro escondido entre la tela roja−. Me pregunto, si el dulce es tan delicioso como la presentación.

Suaves besos, muy suaves besos ascendieron desde su nuca que descubrió violentamente al hacerle voltear su rostro con una mano; hasta su mejilla, suspirando en el recorrido y lamiendo cada tanto. Shaka temblaba, intentando liberarse pero no podía, le era imposible mover las piernas porque el cuerpo de aquel reposaba en sus muslos. Sabía quién era él, incluso ahora podía reconocer su aroma, ese perfume fuerte de hombre que llenaba el lugar cada vez que entraba. No le fue difícil identificarlo después de oír su voz. Voz que de alguna manera también lo seducía al armar esos argumentos que tanto le costaba rebatir, en cada comentario hiriente en el estrado, defendiendo sus interés con las uñas, con miradas asesinas siendo transferidas en medio del ambiente legal, cada quien, a lo suyo, enemigos en la corte.

Intentó decir algo en su defensa y apenas se sintió el murmullo. Aquella forma en que lo tenía amordazado no le permitía hablar y eso lo frustraba. Aquel lo miró con sus esmeraldas fijas, brillantes aún en la oscuridad y Shaka sin miedo le devolvió la mirada fulminante, zafiro, haciéndole ver que no le temía aunque por dentro temblaba de pavor. Vio a aquel sonreírse y un respingo gobernó por todo su cuerpo, haciéndolo sentir asustado ante las ideas perversas de aquel que lo tenía amarrado y no fue en vano su intuición. Una mano entró en sus ajustados bóxer rojo para apresar a su hombría en un agarre fuerte más no tanto como para hacerle sentir dolor… tenía la presión justa para hacerle sentir placer. Se contorsionó e inmediatamente intentó patear algo, pero lo único que podía mover eran sus pies. Sus muñecas estaban ya enrojecidas por la fricción y al parecer la escena era por demás deliciosa para aquel captor, que se divertía viendo las reacciones que le producía a su víctima.

Un ligero bombeo en esa mano y otra corriente de placer lo embaucó, haciéndolo sentir miserable al disfrutar de esas caricias prodigadas en contra de su voluntad. Forcejeó de nuevo, furioso, maldiciéndolo a pesar de que no salía palabra entendible en su boca. Aquel le sonrió, y pasó una de sus manos sobre la camisa para tocar una de sus tetillas, la izquierda, en un insinuante movimiento circular mientras aplicaba un leve, muy leve, bombeo en su miembro que poco a poco despertaba al trato. Tentó aquel montículo de carne sobre la tela, hasta sentirlo endurecido, jugando con la textura para luego ingresar su mano dentro de la franela y pellizcarlo con deseo. Un murmullo a modo de gemido salió de su garganta y cerró sus ojos con fuerza, recriminándoselo, mientras sentía que una candente lengua subía por su ombligo, y su miembro era acariciado de esa forma pausada. Los sentidos le hacían una mala jugada, despertando sensaciones nunca vividas, haciéndolo arquear la espalda con mínimos movimientos de sus manos.

−Si lo disfrutas, no podría llamarse abuso, ¿cierto? –le siseó divertido y el abogado le envió una mirada amenazante−. Haré que te guste.

Dejó un momento a su miembro para lamer uno de sus dedos e ir bajando lentamente hasta su entrada. La sensación hizo temblar su cuerpo, entendiendo que era lo que venía y no queriendo, bajo ningún argumento, recibir semejante trato. Dio patadas con lo que podía, movió su cabeza con fuerza y lastimó sus brazos en un desesperado intento por alejarse, pero nada, nada parecía poder ayudarlo a salir de ese infierno. Estaba vulnerable y entre sus manos, sobre su misma cama, en su casa donde debería sentirse seguro, siendo manipulado por manos ajenas y de la persona a la que definitivamente no quería ver en esa noche. Cerró sus ojos con fiereza y tembló de nuevo, al sentir la sensación húmeda que iba formando círculos sobre su ano. Intentó con todas sus fuerzas mantener las piernas cerrada, pero aquel aplicaba la suya propia para obligar que una de sus piernas le diera el espacio, aunque sea, para penetrarle con un dedo. Se sentía a punto de desfallecer y a pesar de tener refrigeración, hilos de sudor empezaba a aparecer por su frente, demostrando así la extrema presión en su mente. No quería ceder pero las sensaciones lo estaban llevando a un punto sin retorno.

De repente, el dolor. Shaka abrió los ojos desorbitados y arqueó su espalda debido a la horrible corriente nerviosa que lo lleno de dolor, pulsante y lacerante. Jamás había tenido una experiencia así y al sentir ese dedo penetrarlo, aunque era lento, había provocado un quejido de malestar que no pudo acallar. Intentó de nuevo suplicar, ya con el orgullo hecho trizas ante el miedo. Si un dedo le provocaba esa sensación de dolor apabullante no quería siquiera imaginar cómo sería si era penetrado con algo de mayor grosor. Sacudió su cabeza, ahogado, cerrando sus ojos y tensando todos los músculos al sentir tan dolorosa sensación en su entrada, además del asco que de por si le generaba la intromisión. Y luego subió su rostro para ver al de aquel, que no dejaba de clavarle sus esmeraldas, tratando de hablarle con la mirada, con su ceño fruncido, sus zafiros inquietantes, pulsantes a él. Quería decirle que jamás se lo perdonaría y que sin importar lo que le hiciera en ese momento, la victoria era suya. Lo aplastaría en el estrado y lo denunciaría para él mismo condenarlo al mismo infierno. Sí… eso era lo que le decía a través de sus ojos y aquel pareció comprenderlo porque una sonrisa llena de un desafió adornó sus labios griegos.

Se alejó de él quitándole de un tirón su bóxer y lanzándolo a un lado, momento en el que aprovechó y empezó a patear con todas sus fuerzas existente, no dispuesto a dejarse vencer, peleando contras aquellas manos que buscaban acercarse a su cuerpo y evitando con todas sus fuerzas ser humillado de esa forma por él, precisamente por él. Parecía que el otro lo disfrutaba. Incluso le escuchó una risa complacida que no hizo más que llenarlo de odio. Forzó con más fuerza con sus piernas, intentando liberar sus brazos, como una presa encarcelada tratando de huir por su vida y eso le parecía a aquel muy excitante. Era el mismo que desde que lo vio entrar en aquella celda, con su maletín inmaculado, su expresión triunfante, no había podido quitarse de la cabeza. Aquel que en cada sesiones intentaba humillarlo con sus argumentos, destinándole miradas autosuficiente, ignorando sus desplantes y sonriéndole lascivamente mientras saboreaba cada vez que el juez le daba razón a su intervención. El mismo que con su poderosa mirada lo visitaba cada noche entre sueños y le robaba su esencia derramada por sus propias manos en las sábanas que lo cubrían. El mismo que lo había enloquecido a tal punto de entrar como ladrón a tomarlo, aunque fuera, por la fuerza.

Porque ese hombre había significado un desafió excitante, primero para su carrera profesional como abogado y luego, como hombre, como ser, como persona. Nadie lo había rechazado tanto, nadie lo había humillado, ignorado, interpelado como él lo hacía y eso, le excitaba, en sobre manera. Y ahora lo tenía allí, orgulloso enviándole miradas amenazantes, sentenciándolo silenciosamente y guerreando por su vida, lo tenía allí y sentía que una pasión salvaje se adueñaba de los instintos. Quería hacerlo suyo y hacerlo de una manera tal que él mismo no pudiera desear otra cosa más que volver a ser parte de ese escenario, presa y cazador. Por ello se sonrió, casi de forma animal y con sus ojos le envió una mirada que lo hizo temblar, era intimidante, cruel y sobretodo, sensual. Con ello apresó sus dos tobillos con una fuerza inhumana, obligando a sus piernas flexionarse para apegar las rodillas con los hombros de él, dejando a la vista aquel agujero donde quería penetrar y había soñado durante esos meses en cada noche.

La mirada azul brilló, asustada y al mismo tiempo inquebrantable, con desprecio, con asco y aquel sólo relamió los labios. Si en ese momento sentía que lo estaban violando, pronto pediría más de él y pensando en eso, lamió, desde la hendidura de sus glúteos hasta su ano, subió hasta sus testículos y los acarició suavemente con su lengua, probando la rugosa piel y sintiendo el increíble erizar de esa piel y ese vello dorado que custodiaba sus intimidades, para luego subir y trazar una línea recta desde la base hasta la punta de su hombría semi despierta. Extasiado con sólo ese movimiento, quiso más, mucho más y por ello se apresuró hasta aquella entrada y lamió en ella, buscando entrar, buscando abrirla y hacerla ceder al paso de su órgano, queriendo saborear con ella todo lo que tenía que ver con ese orgulloso rubio.

La sensación lo escandalizó por completo. Si aquella caricia con su lengua hasta su miembro encrespó todo los vellos de su piel; ahora esa lengua buscando espacio en su intimidad le enviaba corrientes lascivas y obscenas a su cabeza. Se sintió casi al punto de desmayar, moviendo su cabeza de un lado a otro y tratando de forcejear en una posición donde su peso recaía en sus hombros, cuello y la parte superior de su espalda, doliéndole demasiado todos aquellos músculos. La lengua iba haciéndose espacio por mucho que sus músculos estuvieran tensos, temblando por la mala posición y lamentando el dolor de cuello que empezaba a quitarle las fuerzas. Las corrientes se incrementaban y sentía que aquel hundía más su rostro en su pelvis, erizando la piel con el aire que escapaba de su nariz, esa nariz que estaba pegada casi cerca de sus gemelos; sintiendo una contradicción de sensaciones que estaban ahogando a su cordura.

Abrió sus ojos de nuevo, desesperado, buscando algún punto de lógica a todo lo que estaba pasando. Era su enemigo en el juicio, su contrincante, el abogado acusador que remitía cada prueba buscando hundir a su cliente y a quien no permitiría que lo dejara humillado ante el jurado. Ese mismo que estuvo desafiando en la corte, destruyéndole pruebas, desbaratándole testigos, amenazándole con su mirada porque la victoria era suya. Y ahora allí estaba, jadeando ante la increíble fuerza nerviosa que lo agitaba con la lengua que lasciva lo penetraba, dentro y fuera, salía y entraba, se hundía con más frenesí y saboreaba cada parte intima de su ser. Sentía que incluso penetraba tanto que hasta podía saborearla y eso, por mucho que le costara admitirlo, lo tenía excitado. Quería gritar y gemir pero cada sonido se convertía en murmullos sonoros. No podía ni respirar bien, se sentía ahogado por la mala posición y por el cúmulo de emociones que desbordaban a su cuerpo. Sudaba, y la franela que aún tenía puesta se apegaba a su tórax humedecido por el sudor, mientras que el flequillo hacía lo mismo en su rostro, abrumado, realmente extasiado. Sacudía su cabeza en un intento de mantenerse fresco, de no dejarse llevar pero era desbordante. Apenas y podía contenerse y al abrir sus zafiros para mirarlo, sólo encontró a su vista a su propio miembro erguido, palpitando e inflamándose por la erección. Dejó caer su cabeza al colchón de nuevo, derrotado. Estaba cediendo y debía admitir que le gustaba.

Y aquel lo sabía, sentía que su interior empezaba a arder y eso le excitaba. Soltó sus tobillos dejándolos caer a cada lado para continuar sujetando sus caderas a la misma altura, mientras su lengua seguía haciendo su trabajo. Oía sus murmullos y eso le encantaba, aunque le gustaría mucho escuchar bien que era lo que intentaba decirle. Se sonrió con lujuria al notar que esas piernas intentaba moverse pero no podía, definitivamente lo estaba poseyendo, no había duda al verle el carmín en sus mejillas y aquella fuerte excitación dispuesto a penetrar, tan pulsante y aguda como la propia lengua del dueño rubio que se había atrevido a complicar su caso y hacerle perder el tiempo. A él, uno de los abogados más prestigiosos del país. Y aún así, ¡maldita sea!, le excitaba simplemente verlo al lado de su cliente, dominando todo, enviándole miradas triunfantes… y lo deseaba. Deseaba tenerlo, poseerlo, derrumbarlo entre sus brazos justo como lo tenía en ese momento.

Siguió con ello hasta que vio ese cuerpo temblar por el placer. Sus zafiros lo miraban enojados y eso le complacía aún más. Sacó su lengua de aquella caliente cavidad explorada y lamió uno de sus dedos, para penetrarlo ahora con él y moverlos de forma circular. Otro murmullo sonó y por la mirada podía sentir las maldiciones que espetaba el rubio aún a pesar que estaba contorsionándose por el goce animal y eso lo excitaba incluso más. Por ello le quitó aquella cinta, liberando así sus labios los cuales besó bestialmente antes de que una mordida lo hiciera alejarse de él, una mordida que le encrespó toda su piel. Amenazante, peligroso y vulnerable ante él.

−Eres un… ¡ahhh!…MAL…DITO−gruñó entre un jadeo y aquel se sonrió. Su dedo se movía con más fuerza, casi embistiéndolo, buscando mayor profundidad, queriendo tocar ese punto.

Empezó a darle patadas por la espalda, ya que sus muslos estaban en los hombros y cada golpe sólo lo aceleraba más. Sentía que su piel ya estaba humedecía por el sudor y ver la de aquel rubio en las misma condiciones lo llenaba de gula, miserable gula. Tomó con su otra mano el miembro erguido del menor, mientras ingresaba un segundo dedo con el cual penetró con todas sus fuerzas, haciendo que aquel soltara un quejido de dolor. Movía sus dedos dibujando círculos y con su otra mano bombeaba rítmicamente su miembro, viendo como aquel cuerpo se contorneaba entre las sábanas, aún con sus manos atadas, con esa mirada que lo odiaba, lo odiaba y repudiaba pero que brillaba al mismo tiempo de deseos.

−TE… ¡ha!.. ¡Aplastaré!… hmmm… ¡ha!… ha… ¡juro!… ¡¡DIOSES!!

No podía, no podía siquiera insultarlo. Aquella lengua recorría la punta de su hombría mientras la mano lo acariciaba con frenesí y aquellos dedos irrumpían en sus vísceras, creándole estallidos de placer insano por todo su cuerpo. Repudiaba toda la sensación, toda la situación, todo el ilógico y estúpido evento que estaba viviendo pero no podía controlar el hambre animal que deseaba más, mucho más de esas estocadas, de esas caricias, de esa lengua áspera que toqueteaba de vez en vez la punta de su virilidad, mientras la mano la bombeaba y sentía que la sangre se iba acumulando rápidamente en ese punto exacto.

Mordía sus labios, cerraba sus ojos, el cosquilleó en su vientre lo estaba enloqueciendo y su cuerpo se movía en contra de sus deseos. Sintió un tercer dedo invadirlo y la sensación era avasalladora. Sacudía su cabeza de lado y lado buscando la manera de huir a todas esas emociones que lo apabullaban pero le era imposible. Los dedos se movían y él seguía forcejeando con su propia voluntad, intentando alejarlo con sus pies, deseando escapar hasta que esos labios apresaron su punta y la succionó con toda su alma.

−¡¡ARHHHHH!! –rugió ahogado por la sensación−. Déjame… ¡ahhh!…ha …basta… ha… ya…¡¡AH!! –la lengua dentro de esa cavidad le hacía círculos en la punta y luego, de nuevo succionaba, estaba al borde de un abismo y sentía que quería caer− ¡¡MAAALDITAAA SEAAAAAA!! –gritó al sentir que algo dentro de sus entrañas le envió una marejada de placer.

−Donde quedo tu elocuencia, Shaka−le susurró jocosamente, siguiendo bombeando ese miembro con su mano. Había conseguido el punto y ahora lo tocaba con todas sus fuerzas, lo tentaba entre sus yemas mientras ese cuerpo ardía, ardía entre sus manos. Estaba en llama y él estaba sumamente excitado. Quería penetrarlo pero no, estaba haciendo uso de su autocontrol para poder doblegarlo completamente antes de poseerlo con todo su ser. Y lo estaba logrando, la mirada zafiro estaba empañada por el placer y esos labios no podían acallar gemidos sonoros y sensuales. Su piel temblaba y sudaba al ritmo de cada embestida de sus falanges y aquel miembro estaba a punto de explotar.

−¡¡Idiota!!… ha…ha…AH…deja… ¡ME!… ¡YAAA!… ha… hmmm… hmmmm…  haaa… HAAAA

Gemía y no podía controlarlo. Esos labios ahora succionaban uno de sus testículos mientras aminoraba la presión tanto de sus dedos como de la otra mano, no dejándolo liberar tan fácilmente. Shaka estaba embrutecido, molesto consigo mismo al pensar en pedirle que culminara de una vez, que no podía más con la sensación, que quería el placer ya. Pero aquel hombre parecía tener otras intenciones, por lo que bajó el ritmo y volvió ahora a darle caricias a sus gemelos, lamiendo toda la extensión, pasando por sus muslos para de repente volver a golpear con fuerza ese punto que lo hizo contraerse de un sólo golpe al colchón, excitado, sumamente excitado.

−¡WAAAAAA! –gritó, superado por el placer−ha…ha… basta… déjame… ¡IR! –pedía mientras las embestidas volvían a ser certeras y de reojo podía ver esas mirada esmeralda observarlo con deseos− ¡MALDITO! –le gritó con toda su alma−. Ha…ha…te acabaré… ¡¡TE DESTRUIRÉ!! –las estocadas digitales se hicieron más violentas, más rítmicas, más incontrolables para sus sentidos. El cuerpo se le ahogaba en ese caldo de sensaciones encontradas que no podía controlar y sus gemidos se hacían más fuertes. Su cadera empezó a moverse al son de esas manos, instando que golpeara, más dentro, más,… mucho más…−¡¡MALDITA SEAAA!! ¡TE OODIOO SAGAAA!… ha…ha… ¡HAAAA!

−¡No parece, Shaka!…ha−jadeo, sumamente excitado ante esa imagen. Lo veía retorcerse de placer tal como lo soñaba y para su sorpresa en vivo era incluso mucho más increíble. Su erección estaba imponente, enorme y ansiosa de irrumpir en él pero tenía que esperar, un poco más, sólo un poco más−. Quien te ve… diría… ¡¡¡lo contrario!!! –exclamó al borde del éxtasis, con su miembro ya destilando un poco de su semen. La sangre le bombeaba violentamente por sus venas y quería poseerlo ya.

−¡¡¡ERES UN MALDITO!!! –clamó mirándolo furiosamente. La sangre hervía en sus torrentes sanguíneos, el cosquilleo lo estaba matando de sensaciones que quería eludir. La sangre se agolpaba y una orden de su cerebro la sentía viajar desde sus columna, acercándose peligrosamente a sus caderas− TE ODIO…HA… ¡HAAA!…HMMMMM….¡¡HAAAA!! –no podía, su cuerpo se crispaba, contracciones en su pelvis, un ardor que bajaba desde su vientre, hasta la base de su miembro. Era el momento.

−Todo lo que digas será tomado en tu contra. ¡¡Pensé que ya sabías las reglas!! –espetó el mayor triunfante, sintiendo que ese cuerpo ya iba a colapsar−. Y las pruebas, Shaka, estarán… ¡¡SOBRE TU PIEL!!

−¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! –gritó con todo lo que sus pulmones le permitió cuando aquel explosivo orgasmo le consumió sus fuerzas. El temblor apabullante y todas esas corrientes orgásmicas lo habían dejado extasiado, cayendo agotado a las sabanas y sintiendo como toda su esencia caía por sus piernas y vientre, llenando su franela sudada.

Su mente se encontraba divagando, intentando recobrar sentido luego de esa sensación insana y demencialmente placentera que había sellado cada miembro, cada musculo, cada fibra de su piel. Shaka no podía más, el dolor en sus muñecas era increíble pero la sensación que lo dominaba era el más hondo y gozoso deseo satisfecho. Ni fuerzas tenía de recriminárselo, de culparse por sentir aquello a pesar de ser tomado en contra de su voluntad. Los argumentos racionales no servían en ese momento.

Cerró sus ojos, respiraba profundo, tomando aire, calmando sus sentidos, moviendo su cabeza de un lado a otro mientras un cosquilleo aún inundaba sus labios. Sintió que aquel se puso a horcajas sobre él, presionando aquella virilidad enorme y caliente sobre su vientre húmedo, meciéndolo en su piel y haciéndolo erizar. Era grande, grueso, podía sentirlo palpitar en contra de su dermis, ese enorme pedazo de carne que deseaba ser complacido. En ese momento volvió en sí, abriendo sus ojos, encontrándose con el rostro de aquel, con aquellas esmeraldas mirándolo con deseos y adoración, con su cuerpo apoyado en su antebrazo, acariciando las hebras doradas que descansaban en las sábanas, dibujando su rostro con esa mirada que le penetraba hondamente. Las dos manos griegas empezaron a subir su franela, alejando un poco su rostro y él no tenía fuerzas, aún no… No entendía el sentido de todo el asunto. Todo era un desbarajuste de situaciones irrisorias y descabelladas que no lograba comprender. Y sentía que al final, todo lo que estaba pasando era su culpa.

Acaso, ¿Había sido idiota proponerse a correr una carrera estúpida para alcanzarlo a él? Aún recuerda aquella tarde hace ocho años, que en la universidad iba entrando en el curso preliminar antes de cursar su primer año, formalidad que debía realizar para aclarar cuál era la verdadera carrera que quería tener como profesional. Y allí, entonces, mientras buscaba el salón en aquella enorme urbe universitaria, ese hombre se le acercó. Parecía ya haberse graduado, era bastante mayor que él y al verlo acercarse pensó en preguntarle lo que necesitaba saber, sorprendiéndose al ver que ese hombre se dirigía a él, con esa hermosa sonrisa seductora, las esmeraldas brillantes. Vestía de forma casual, un jean azul, una camisa negra por fuera, con una cadena de oro que brillaba en ese pecho formado. Dos esmeraldas adornaba la perfección de su rostro y su cabello humedecido estaba atado hacía atrás. Se presentó y él hizo lo mismo, le buscó conversación y al rubio le parecía una situación bastante interesante. No podía quitar la vista de esas esmeraldas, de esa sonrisa que le dibujaba con cada palabra, hablándole de todo un poco, acercándose, coqueteándole.

Estuvieron así como por durante media hora, olvidando incluso la hora que tenía que entrar a su clase. Todo parecía bien, se había confiado, había cometido el error de confiarse y dejarse embaucar por esas esmeraldas, haciéndole creer que de verdad existía un auténtico interés y se sonreía al hablarle, respondiendo a esa sensual sonrisa que él le dibujaba, haciéndole saber que también estaba interesado. Y entonces ocurrió. Ese hombre se acercó a su oído y lo invitó a salir, diciéndole que le gustaba. Ese perfume, junto con esa voz en el oído le hizo ir muy lejos, asintiendo al instante, enrojeciendo sus mejillas, con su corazón latiendo de prisa y un hormigueo en la boca del estomago. Le había gustado y ya estaba seguro, pero sobretodo, le emocionaba saber que era correspondido. Que esos ojos lo observaban con entera devoción y que todo daba indicio a que algo hermoso comenzaría en ellos. Sus labios griegos se acercaron y él respondió, cerrando sus ojos, dejándose llevar por la dulce caricia de esa piel sobre su piel, en un beso que si bien empezó suave, se hizo demandante, olvidándose que estaba en el pasillo de la universidad, que era un extraño, que no le conocía. Se había enamorado idiotamente y lo admitió, duramente, después.

El beso terminó, aquel lo miró con lascivia y entonces, quedó descolocado ante esa nueva impresión. Una mano despeinó su cabello sujeto, y se alejó, diciendo: ¡Gané la apuesta Kanon! Escuchó al otro, igual que él pero vestido de forma deportiva, llamándolo Saga y felicitándolo, al lado de un español que iba sacando su dinero de la billetera. Una apuesta… y mientras caía en el asunto vio al hermano gemelo reírse de la situación, burlándose de él, del rojo de su rostro por la ira y la vergüenza, de las lágrimas que retuvo dentro de sus parpados al sentirse cruelmente burlado. Lo odió…

Y fue así que, al verlo en el cuadro de los estudiantes graduados de derecho penal, él terminó tomando la misma carrera, esforzándose al máximo para, algún día, encontrarlo en los tribunales y entonces, allí, humillarlo, arrastrarle el orgullo, mofarse de él ante la corte y ganarle un caso. Eso era lo que buscaba, porque mientras él estudiaba aquel se iba convirtiendo en uno de los mejores abogados del país. Y sí, lo seguía, estaba al pendiente de cada caso, buscando su forma de trabajar, estudiando sus argumentos, como operaba, como quien meticulosamente estudia una víctima antes de lastimarla. Todos esos años estudiando y esforzándose le dieron fruto y cuando supo del nuevo caso que aquel tomaría y donde parecía que tenía su victoria, él entonces lo tomó, obtuvo la defensa y se encargó de desmantelarlo, emboscarlo, jugar con él en su propio juego. Lo había estudiado muy bien, conocía de qué forma destruirlo y la expectativa ante el desarrollo del juicio lo extasiaba a un punto casi enfermo. A aquel que por una apuesta lo humilló, ahora él humillaba por un desplante ante el jurado. Sería avergonzado por el chiquillo, uno que quizás no recordaba. Y entonces, cuando lo ganara, se lo diría, le diría que lo había aplastado y se llevaría todos sus meritos. Una victoria jugosa.

Pero allí estaba de nuevo, contorsionándose de placer cuando esos labios volvieron a posicionarse en sus tetillas, lamiendo la izquierda, pellizcando la derecha. La franela estaba detrás de su cuello, amarrando completamente sus dos brazos atados mientras esas manos hacían lo que querían de él. Otra vez, humillándolo como esa tarde, seduciéndolo con un trato gentil hasta hacerle olvidar todo lo cuerdo… Se maldijo y decidió… decidió no caer más y empezó a patalear, a sacudir su cuerpo, a buscar defenderse.

−¡¡¡LARGATE MALDITO!!! ¡¡SUÉLTAME!! –gritó con toda su fuerza, airado, enfurecido y enloquecido por sus propios pensamientos. No dejaría que lo volviera a humillar, ¡no de nuevo! −. ¡DEJAME EN PAZ!

−Quieto, Shaka…− le siseó mientras con sus dos manos inmovilizaba de nuevo a las piernas. Él se negaba a no resistirse, mordiendo los labios con fuerzas−. ¿No te gusto lo que hice ahora? –preguntó de forma burlona. Una lágrima de ira corrió por la mejilla del menor, sintiéndose burlado, tal como aquella vez. Él se sonrió plácidamente−. ¿Apelando a la meo culpa, Shaka?

−¿Qué ganas con hacer esto? –preguntó el rubio, sintiéndose derrotado ante esa fuerza.

−Tú me estuviste persiguiendo, ¿no es esto lo que buscabas? –sonrió lascivamente, mientras pasaba sus rodillas debajo de las piernas el menor para así evitar que lo pateara directo, preparándose para penetrar−. Admito que no te reconocí, pero gracias a mi hermanito menor recordé la dulzura con la que me jugué mi último día en la universidad−. Siseó burlonamente, tomando con sus manos las piernas que negaban a doblegarse−. Me hiciste enfurecer mucho en este juicio… complicaste todo… sentía que sin importar a donde iba, siempre estabas un paso delante−. Lamió entonces el pecho, sujetándole las piernas, sintiéndolo temblar en sus brazos−. Pero entonces, cuando mi hermano recordó, todo tuvo sentido…−miró los ojos azules observándolo con ira, un fuego iracundo que lo miraba con el más profundo odio−. Me excitó mucho la idea de que haya sido precisamente yo la razón de tu exitosa carrera−rio a lo bajo, apresando la tetilla derecha con sus labios.

−¡¡¡¡MALDITO!!!! ENTONCES COMO YA GANÉ EL CASO, ¡¡¡VIENES A HACERME ESTO!!! ¡¡¡ANIMAL!!! –gritó ahogado por el deseo de llorar que tenía, lágrimas que como aquella vez y bajó ningún motivo derramaría. Mordió sus labios con fuerzas, tensando los músculos de su cuello como cavillas para mirarle y espetarle sus más ínfimos pensamientos− ¡¡ERES UN MALNACIDO!! ¡¡DESGRACIADO!! ¡¡MALDITO, MISERABLE, SIN ESCRUPULOS!! ¡¡TE DENUNCIARÉ!! ¡¡TE HARÉ PAGAR ESTO, SAGA!!

−Shaka, no seas rencoroso−sonrió de nuevo, acariciando los muslos apresados con sus manos, mirándolo con benevolencia−. ¿No fue eso lo que te ha traído a este punto? –dijo arqueando una ceja, divertido−. Aunque admito, que había deseado desde antes tenerte así−susurró ladeando su rostro a un lado, mientras la punta tentaba la entrada del menor−. Desde que te vi entrar a esa celda a hacer las negociaciones del caso y mirarme de esa forma autosuficiente, te deseé−sonrió−¡AARRGHHH!−gimió y penetró de una sola estocada y aquel cuerpo se contorsionó entre las sábanas, lanzando un alarido de dolor. Las piernas de él seguían forcejeando, buscando liberarse de su irrupción pero no le daba forma de hacerlo. Y con sus manos sostuvo ese rostro que buscaba desesperadamente alejarlo de sí, moviéndose de un lado a otro, con esas gemas azules enrojecidas de la ira y la vergüenza−. Así que… si de ganar un juicio se trata, Shaka−le dijo sosteniendo ese rostro entre sus manos, obligándolo a verlo directamente−, tú ganaste dos…−los zafiro lo observaban, confundidos. Con una de sus manos apresó sus dos mejillas, obligándole a abrir la boca en contra de su voluntad−. Me ganaste a mí en el proceso…

Su lengua delineó los labios del rubio de forma cadenciosa. Shaka no comprendía, o más bien, no quería entender esas palabras. Sentía aquello que lo había invadido y palpitaba dentro de él, y el cosquilleó que esa lengua lasciva creaba al rozar sus labios, lentamente, con ese aliento que olía a su esencia, la que derramó hace poco. Lo estaba calentando de nuevo.

Cerró sus ojos intentando mover su cabeza pero esa mano no se lo permitía, mientras que con la otra acariciaba su pecho de arriba abajo, delineando cada musculo, cada pliegue, toda su piel. Estaba contrariado con las sensaciones. A pesar que lo tomaba a la fuerza, parecía gentil y odiaba, por los dioses que odiaba sentirse tan vulnerable, confundido y manipulado como en ese momento. Parecía que cada una de sus manos, su lengua, cada contacto por ínfimo le creaba un torrente de sensaciones que le costaba controlar, por muchos argumentos que tuviera en contra de ellos, su cuerpo se negaba a recibir sus órdenes.

−Pero ahora, Shaka−le dijo antes de ingresar su lengua en el paladar y acariciar de forma vertical, enviándole otra corriente de placer que agitó su cuerpo, arqueando su espada y provocando sentir aún más aquel falo griego que lo penetraba, aún quieto−, me niego a perder un tercer juicio en tu contra−tentó con su lengua a la del menor y la sintió temblar, la rozaba, la lamía deseando ser correspondido, viéndolo como él se erizaba debajo de su piel y de nuevo su miembro estaba levantado, excitado−. Este juicio, ¡lo ganaré YO! –exclamó dando la primera estocada.

−¡¡¡AAAHHH!!! –gritó Shaka al sentir aquel golpe de dolor y placer lacerar sus vísceras, sentía que de nuevo su cuerpo despertaba esas sensaciones y empezaba a sudar−. Estás…ha… ¡LOCO! –no podía decir mucho, esa lengua de nuevo estaba tentando la propia y ya de por sí, no era muy entendible lo que decía cuando lo tenían tomado de esa forma. Lo único que podía hacer era jadear ante ese vaivén lento y pecaminoso.

−¿Loco? –pregunto divertido, viéndolo mientras con su otra mano liberaba una de las manos atadas. Quería verlo forcejear más, llevarlo a un punto donde él mismo terminara acariciándolo con tanta vehemencia como él−. Si Shaka… estoy loco, ¡POR TI! –aceptó viendo animadamente como esa mano liberada buscaba salir de la franela que lo tenía aún atado de movimientos−. ¿Puedes culparme de ello? –preguntó acelerando un poco ese movimiento para verlo arquear la espalda del placer.

La mano al final se liberó y sostuvo con fuerza su hombro derecho, intentando alejarlo de sí mismo con fuerza, pero eso no hizo más que excitarlo más. Soltó su otra mano y casi con prisa, Shaka aplicó palanca con ella buscando liberarse de él. Verlo pelear le gustaba, peleaba a pesar que el placer también lo estaba cegando. Porque lo veía, veía el placer lacerarlo, veía el deseo hacer mover sus caderas tímidamente en el movimiento que iba imponiendo y convencido de ello, se recargó sobre él por entero, pese a la resistencia, poniendo su cabeza al lado de su hombro y abrazándose a ese cuerpo enloquecido. El cuerpo ardía con el ritmo lento de sus embestidas y esas manos jalaban su cabello, aruñaban su espalda, hombros y todo ese trato lo tenía enloquecido. Cada una de esas caricias furiosas lo tenía al punto del éxtasis.

Y Shaka debía admitirlo pero aquel cuerpo enorme y perfectamente formado no podía quitarlo y hasta se encontró en un momento pensando en si de verdad quería apartarlo de él. Las sensaciones que le estaban despertando esa ligeras estocadas y su miembro siendo friccionado entre ambas pieles, el tacto de esas tetillas erectas contras las suyas, esa piel sudada y caliente contra la suya… todo, todo le estaba contrariando. Eran enemigos, eran contrincante en un duelo legal y además, el hombre a quien persiguió por años para destruirle y ahora, ese mismo le estaba creando una condensación lujuriosa y demencial de placer, dolor y odio conjunto que no podía contener. El calor volvió a quemar sus neuronas, otra vez esa sensación de fiebre que hundía su mente en los más absurdos pensamientos. Aquello entraba dentro de él y estaba creando placer impuro, y aunque se odiara por eso, le estaba gustando. Otra vez golpeó con fuerza la espada de aquel, agitó sus piernas y mientras más forcejeaba, sentía que entraba más dentro, que la penetración era más profunda.

−HA…ha… ¡¡BASTA!!… ha… AHHHH…ha…−gritaba y jadeaba, deseando escapar de tan humillante sensación, de sus emociones,  incluso sus pensamientos−. ¡¡AAAAAHHHHHHH!! –otra vez ese punto. Otra vez esa marejada, sentía que enloquecería−. ¡¡YAAA!! Ha…ha… ¡déjame!… ¡¡SSAGGAAA!!

−¡¡HA!! −exhaló con fuerza contra su hombro, extasiado. Aquello se sentía tan caliente y apretado, lo recibía con ansias aunque las voces de él dijera lo contrario−¡¡¡¡OHHH SHAAAKA!!!! – gruñó con fuerza por la corriente placentera y dolorosa que le provocó una mordida en su cuello, rasguñando su espalda, golpeando furiosamente−. Ha…ha…ha… no… me… ¡¡cansaría!!… ¡¡JAMAS!!

−¡¡AAAAAHHHHHH!! –envestido con más fuerza, sentía que sus brazos desfallecían, que ya no querían golpear. Las sensaciones lo estaban enloqueciendo y un cosquilleó en sus labios lo hacía desvariar. Quería hacer algo y se lo negaba hondamente, se negaba a caer tan bajo−. Ha…  ha… SAAAGAAAA… ha… hmmm… hmmmm… Sa…ga…−sentía que estaba perdiendo terreno, su cuerpo estaba al punto máximo del goce y no quería perdérselo. Apresó esa espalda con fuerza, como si buscara sostenerse de algo, ya colapsando. Aquello que sentía era demasiado, el calor lo estaba enloqueciendo.

−HMMMMM SHAAAKAA−gimió sonoramente al sentir esas manos apretarle la espalda con tanta fuerza y deseo juntos. Lo sentía, sus barreras caían, y ese ritmo cadencioso y profundo estaba quebrándolas cada vez más rápido− ¡ARRGHHH!…ha…ha…hmmm−envistió con más fuerzas y aquel arqueó su espalda, sintiéndolo más caliente aún. Decidió entonces salir de él y mirarlo, verle los ojos.

Sentir que había salido de su cuerpo sin terminar de explotar lo había molestado, para su miserable percepción. Se mordió los labios insatisfecho, enojado consigo mismo por tener que desear a ese hombre que odiaba y quería aplastar en el estrado. Las dos manos griegas lo tenían tomado por sus hombros, viéndolo fijamente. De repente, penetró con aún más fuerza y todos sus sentidos se distorsionaron por completo.

−¡¡¡AAAAHHHHH!!! ¡¡SAAAAGAAAA!! –jaló los cabellos azules con sus manos, sus piernas se enrollaron en esas caderas. Estaba cediendo, era humillante, pero no podía, no podía tolerar más la tensión que se alojaba en su vientre−ha…ha…SAGA…ha…ha…−el movimiento era más fuerte, más voraz, más enloquecido. Shaka terminó dejándose llevar por ese libido, sucumbiendo al ritmo con sus caderas−. ¡Descarado!… ha…ha… ¡ABUSIVO!…ha…ha…

−¡HAAAAA! –exhaló sonriéndose, viéndolo insultarlo mientras cedía ante él. Era divino, enfermamente divino−. ¡¡ERES MIO!! –declaró posesión con una fuerte estocada y aquel gimió enloquecido. Jalaba sus cabellos, buscaba apresar sus manos en un lugar mientras aquellas envestidas seguían−. ¡SHAAAKAAA!

Tanto placer era apabullante. Sentía que en cualquier momento todo su cuerpo se desarmaría ante tanto deleite insano. Ese entrar y salir que lo tenía extasiado con un cosquilleó en sus labios que no cesaba. Veía sobre él esos labios gruesos, las esmeraldas fijas observándolo y declarándole posesión. Esos labios apetecibles, lo llenaron de un hambre y una sed animal. Quería apresarlos, quería hacerlos suyos. ¡AL DIABLO LO QUE FUERAN! Lo deseaba de una forma carnal, animal, lujuriosa. El vaivén seguía y todo, todo en él se quemaba en ese fuego y ya no le importaba, nada, nada en lo absoluto le importaba.

Usó sus brazos como palancas para alcanzar y morderlos hasta hacerlos sangrar, cayendo desfallecido porque con ese movimiento, Saga se encrespó por completo y una envestida fuerte e inconsciente golpeó de lleno su centro de placer.  Sintió que las envestidas tomaban más velocidad, entraba por completo, testículos y su piel golpeaban una y otra vez y todo, todo su ser se tensaba ante el evidente orgasmo que se avecinaba. De nuevo usó sus brazos de palancas pero esta vez para agitarse más contra ese cuerpo. Quería más, sin importar qué, aquello ya lo estaba cegando por completo y no le importaba, nada importaba. Sus piernas se abrían más, sus caderas lo golpeaban más a un ritmo frenético. Dejó sus piernas flexionadas y los más abiertas posibles, queriendo recibir aún más de ese hombre. Había llegado al punto de desearlo.

Para Saga, verlo así de entregado y hambriento nubló todos sus sentidos. Con las manos que lo sujetaban por los hombros rodeó su cuerpo sosteniéndole el cuello para besarlo, besarlo con todo el deseo que tenía acumulados. Esos labios no se movían, sólo abrían la boca y jadeaba ante cada estocada, pero eso le permitía meter su lengua, probar su cavidad, saborear paladar y lengua con gula. Bajó un poco el ritmo para atrasar lo inevitable, quería disfrutarlo, si era posible eternamente. El cuerpo de ese muchacho era la gloria misma y no, no quería salir de él.

Sí, ese segundo juicio que perdió era el de su consciencia, su razón que se negaba aceptar que deseaba y quería al rubio que lo estaba avergonzando ante la corte, que lo estaba humillando ante todos con esa increíble facilidad. Negarse que lo deseaba, que era por él que buscaba masturbarse esas noches en donde terminaba destruyéndoles los argumentos legales, que todo en ese rubio le provocaba un deseo inhumano, lascivo y perverso de poseerlo. Y esa tarde, cuando vio que se dictaría sentencia y estaba a punto de perder, ante él, ya sabiendo quien era, ya sabiendo porque tomó ese caso que por demás le era desventajoso y lo maniobró para convertirlo en su rotunda victoria; decidió hacerlo suyo, esa noche. Antes de que su triunfo se consumase, antes de que se fuera.

Y allí estaba, besándolo y por fin recibiendo respuesta de esa lengua pecaminosa, guerreando con ella fuera de sus cavidades. Los labios lo tomaban con ansías y ávidamente le prodigaba besos envenenados y mordidas. La sangre salía de sus labios y eran succionados con frenesí, mientras seguía estocándolo, Shaka le succionaba ese labio ya enloquecido del deleite. No podía más, el autocontrol perdió todo sentido y se dejó llevar por toda esa corriente. Jaló sus cabellos dorados y los apresó entre sus manos mientras lo besaba y le penetraba la boca con la lengua, estocando su paladar al mismo ritmo que su miembro estocaba su centro de placer. Eso fue suficiente para que el rubio perdiera todo rastro de cordura, sintiendo que su columna y espalda se tensaron, y algo ardiente bajaba de su cabeza hasta sus caderas. Saga lo sintió, sintió como sus músculos se tensaron y apretaron todo su miembro, ejerciendo esa fuerza descomunal que lo hizo estallar sonoramente contra de sus labios.

−Shaaaaaaaakaaaaaaaaaa−casi en un susurró ahogado en sus labios, Saga se dejó ir quemando el interior con su esencia. Había sido intenso, tan intenso que hasta el aire le arrebató de los pulmones

−¡SAGAAAAAAAAAAAAAAAA! –estalló el rubio al segundo de sentir la ardiente sensación en su entrañas, dejando salir su espesa y caliente esencia entre sus vientres y cayendo, derrotado, entre los brazos del griego.

Cayeron ambos cansados de tantas emociones y sensaciones, exhaustos y jadeando, Saga a un lado, saliendo de él y dejando que el semen saliera de esa cavidad, mientras Shaka sentía aquella sensación de vacío. No lo entendía, no entendía bien que era lo que sentía pero quería ese calor, ese cuerpo cubriéndole. Era absurdo pensando que había sido tomado a la fuerza pero era el mismo hombre de quien se había enamorado y de forma enfermiza atado en un rencor demente que lo llevó a buscar una venganza. Saga veía aquel perfil hindú, con sus labios entre abiertos, su mejilla sonrojada y los zafiros empapadas, adormecido y no pudo evitar sonreírse. Había logrado su cometido, lo había domado, en un juicio donde se argumentaba con el cuerpo; él había ganado.

Shaka viró su rostro y lo observó, aún confundido, intentando hallarle lógica a todo el asunto. ¿Ahora como llegaría a los tribunales a esperar la sentencia? ¿Con que cara lo vería después de esto? ¿Y realmente, pensaba denunciarlo? Ya hasta sentía que una denuncia sería incoherente y ridícula. ¿Cómo decirle a un jurado que fue “violado” cuando el mismo al final terminó cediendo al placer? Ahora, que el placer y el gozo se desvanecían, se sentía asaltado por un cúmulo de preguntas y al mismo tiempo, adormecido.

−Es hora de dormir, Shaka−le susurró sonriendo, acariciando levemente una de sus mejillas−. Mañana dictaran sentencia y tú serás el ganador. Lo sé, me ganaste el juicio−admitió riéndose tenuemente−, pero yo te gané este−remarcó y esta vez fue Shaka quien se sonrió−. Espero encontrarme de nuevo contigo en estos cómodos tribunales.

Sintió que se levantó de su lado y no hizo nada para evitarlo. Se dejó dominar por el sueño, cayendo en los brazos de Morfeo, con la sensación de haber tenido el mejor sexo de su vida.

El día siguiente, tal como Saga lo había dicho, se declaró sentencia y el defendido fue hallado inocente, dándole la victoria de tan sonoro caso al rubio. Mientras recibía las felicitaciones propias del evento, una sensación de vacío lo había asaltado. Había terminado por lo que tanto había luchado y a pesar de haber ganando sentía que no tenía el sabor que buscaba, como si todo hubiera perdido significado luego de esa noche.

Recibió cada felicitación y ofertas con cortesía, sintiendo que más bien tenía deseos de salir corriendo. Todo le sabía amargo en ese momento, culminar el juicio significaba que ya no lo vería y por las palabras del griego tal parece que todo quedaría en manos, de nuevo, del destino. Así fue que dirigió su mirada a él, quien también recibía unas pocas salutaciones y en ese momento volteó a verlo. Sus miradas se cruzaron, como tantas veces había ocurrido en ese recinto, pero esta vez el sentimiento era diferente.

Ahora entendía. Lo que lo ató a perseguirlo hasta hacerlo caer en los tribunales era una conjunción de orgullo y deseos. Deseaba verlo, ansiaba verlo de nuevo, encontrarse otra vez con esas pupilas verdes esmeralda y al mismo tiempo demostrarle su valía, quien era, con quien había jugado. Anhelaba hacerlo y por ello investigaba de él, le seguía los pasos, porque, al final de cuentas, seguía enamorado. Era idiota darse cuenta al final del camino y eso le hizo sentir a aquel cuando ladeó su rostro y le sonrió tristemente. Toda una carrera para llegar a ese punto… las cosas le parecían ahora muy absurdas.

Guardó todo su material en su maletín de cuero marrón, del mismo tono con el que se había vestido y dispuesto a salir. No quería hablar con él después de lo ocurrido, en lo más intimo de su ser temía que haya sido parte de otra “apuesta” en la que cayó miserablemente. Prefería alejarse y dejar todo casual antes de recibir de nuevo un desplante de él. Como bien había dicho, esperaba volverlo a encontrar, que fuera el destino quien lo decidiese.

Ya estaba dando la espalda cuando escuchó la voz del griego llamándolo. Se detuvo, volteando con cierto nerviosismo y mirándolo de forma interrogativa, sin saber que decir o cómo reaccionar. Y allí estaba él, con sus manos en los bolsillos de su pantalón y el traje negro, con una camisa verde agua dentro, formal, como siempre, como durante esos meses se estuvieron encontrando en ese estrado. Todas las miradas del lugar estaban sobre ellos y no podía recriminarlo. Fueron los abogados cabecera de un juicio muy controversial, enemigos declarados dentro de la corte quienes ahora se miraban luego de que Saga Geminius perdiera frente a Shaka Virgus. Todos esperaban cual sería la reacción y eso lo tenía demasiado contrariado. Quería decir muchas cosas, pero la situación no daba pie a ello y aún así, él le sonrió tranquilamente. Así se acercó, crispando cada vello de su piel y simplemente le extendió la mano.

Shaka entendió en ese momento el significado de todo, y sintió un nudo en su garganta formándose, tragando fuertemente antes de cerrar el saludo con su propia mano y en ese momento sintiendo algo pequeño y arrugado entre sus palmas. Shaka subió su mirada buscando la del mayor, confundido y este con sus ojos pareció decirle algo en silencio.

−Felicidades. Ha sido un honor perder contra ti−le dijo, con el tono formal de siempre, no denotando nada más que profesionalidad, muy distinto al ligero roce de mano que le dejó, más aquello que rozó su piel y Shaka encerró entre sus dedos antes de llevarse la mano rápidamente al bolsillo, para que nadie se diera cuenta de lo ocurrido.

−Lo mismo digo, Saga Geminius.

Le sonrió escuetamente y dio media vuelta sin mirar atrás, caminando lo más rápido posible para encontrar un lugar lo suficiente lejos e intimo para poder sacar aquello que le había entregado. Caminó saliendo de la corte judicial, hasta llegar a la calle, huyéndole a todos los medios con respuestas evasivas, ansioso de ver que le había entregado Saga en medio de ese saludo, de entender el significado de esa mirada, encontrándose realmente expectante. Llegó a un lugar que creyó adecuado, cerca de un parque y escondido entre los árboles sacó el pequeño papelillo doblado. Sentía ansiedad, el papel le temblaba entre sus manos mientras lo abría, hasta leer el mensaje que lo dejó descolocado.

Durante dos horas estuvo divagando en sus pensamientos, analizando, meditando todo, inseguro si debía ir o no a ese lugar donde lo había citado. Las dudas lo carcomía, su orgullo le reclamaba y su corazón le decía que debía arriesgarse. Fueron ocho años persiguiéndolo, ocho largos años y había descubierto que todo lo que buscaba en esos ocho años era estar de nuevo frente a él, verlo de nuevo, hablarle de nuevo… Decidió, dejando de un lado el orgullo, enfrentándose al destino.

Vio la hora y se dio cuenta que ya llevaba treinta minutos de retraso entre divagaciones. Corrió y tomó el primer taxi, llegando así al hotel, preguntando en recepción y buscando desesperado la habitación anotada. Estaba frente a la puerta y los nervios lo comían. Una y otra vez buscaba las palabras con las cuales se le presentaría, pero no hallaba ninguna ni lo ligeramente correcta para semejante encuentro. Y pensando tanto entonces le abrió la puerta, él, Saga, con la camisa verde medio abotonada y por fuera, mirándolo enternecido. Shaka sólo respondió con una mirada seria, no queriendo dejarse ver interesado tan fácilmente aunque el hecho de estar allí ya era suficiente mensaje.

−Pasa.

Le dijo, caminando hacía la cama y dejándole la puerta abierta. Shaka dudó unos segundos antes de entrar y cerrar la puerta tras de él, viendo entonces la suite, hermosa, elegante, con una cama cómoda donde el griego se recostó tranquilamente, con sus medias puestas, adornada con telas hindú, flecos y piedras de colores brillantes.

−Quería hablarte de un nuevo caso−empezó a mencionar el mayor, mirándolo con deseos. Shaka poco a poco empezó a entender los términos de la reunión, sonriéndole y quitándose su chaqueta marrón para dejarla en el perchero a su lado−. Es un caso algo… particular−remarcó Saga con una sonrisa, extendiéndole una mano, haciéndole evidente la invitación−. Resulta que el acusado hizo algo muy malo ayer y lo denunciaron por ello. Me toca defenderlo.

Shaka sentía que su corazón iba a estallar, sonriéndole con efusividad, viendo como esas esmeraldas le brillaban con fuerza, lo llamaban con ello. Se quitó los zapatos lentamente, haciéndose desear y gozoso al ver que esas esmeraldas lo esperaban con ansias. Se dio su tiempo desabotonando su camisa color crema, notando la desesperación del mayor que parecía excitarlo aún más. Ya con los botones despejados, aceptó su mano, lo miró fijamente.

−Entiendo. ¿Y cómo se declara el acusado? –preguntó Shaka, con una sonrisa provocativa. De inmediato, Saga lo jaló por el brazo haciéndolo caer en la cama para luego poner su cuerpo sobre él, de forma dominante. Esmeralda con zafiros enfrentados en un nuevo caso lleno de mucho fuego.

−Por supuesto que… inocente…

Lo besó. Se besaron… y de allí comenzaría un nuevo juicio en los cómodos tribunales…

2 thoughts on “Encuentros Prohibidos «El Juicio»

  1. OMGV!!!!!!!!

    *¬* Dioses!!! recuperandome del orgasmo!!! *0* OMG!!!

    Monumental Anguy!! Todo un cap lemonoso *¬* Yo kiero q me asalten asi!!! Ese Sagui se sacó un mil ocho mil!!!! pOR bUDA QUE nos llevó al nirvana!! tan solo recordarlo!!! Saga…violaste a nuestro rubio!!! Jojo quieres q te castigue??? xDDD creo ya lo va a castigar Shaka…

    Angui ^^ estuvo realmente geneal…Dioses!! lemon orgasmoso!!! Me encantó…de principio a fin!! me hiciste delirar y es que OMG!! esa intensidad nose ve todos los dias…te sacaste un Diez!!!! jaja digo 20!!!

    Bien! ahora si tendre un fantastico dia!!1 Gracias Angui por la dedicatoria!!! realmente te agradezco!!! Mejor sorpresa no puedo tener!!! Soñaré con ellos jeje

    Besos!!! tkm!!!

  2. gracias por la dedicatoria *_* te quedo hermoso genial yo también declararía al acusado inocente si fuera estos chicos de en sueño jaja
    nada mas sexy que un encuentro e ellos tan opuestos y complementarios tan orgullos y deviles en su amor y tentación por el otro

    por eso que viva por siempre el yaoi de saga x shaka y sus santísimos pecados

    te kiero mucho gracias por siempre alegrarme las tardes contan buenos ficks

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