Memoria Añeja 700 palabras

Los pasos, sigilosos, casi silenciosos, eran sentidos a través de su cosmos. Una noche oscura, un aire lúgubre y mortal que se respiraba, al menos para él, que ya sentía en su aura divina que algo ocurriría. Era como si su consciencia estuviera alertada de un evento, tanto así, que hasta aquel antiquísimo ornamento había adquirido, de repente, importancia para él…

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Los pasos, sigilosos, casi silenciosos, eran sentidos a través de su cosmos. Una noche oscura, un aire lúgubre y mortal que se respiraba, al menos para él, que ya sentía en su aura divina que algo ocurriría. Era como si su consciencia estuviera alertada de un evento, tanto así, que hasta aquel antiquísimo ornamento había adquirido, de repente, importancia para él.

La escena que estaba viviendo despertaba viejas memorias, muy antiguas, que además no le pertenecían. Para él que podía tener contacto con sus antiguas reencarnaciones, la sensación no le era novedosa, pero sí inquietante. Por primera vez se sentía invadido por un severo estado de expectativa, más un amargo sentimiento nostálgico, jamás vivido por él, el santo de Virgo, Shaka.

Percibía de nuevo esos movimientos silentes, escabulléndose, escurriéndose entre las sombras de sus templos, creyendo que pasaba desapercibido a él, un santo dorado. Casi se sonrió por dentro ante la incauta seguridad de aquel que había traicionado al santuario. Pensó, por un momento, enfrentarle; pero algo dentro de él se negaba. Un mensaje en el olvido, escondido, voz anciana que palpitaba en el centro de su esencia. Pasado. Efímero y eterno.

La oscuridad de su templo resguardaba su presencia y escondía su cuerpo lastimero. Aún así el dolor era palpable y audible, dolor antiguo, dolor de tiempos, dolor de décadas, incluso de siglos. Virgo no entendía porque, no entendía que, no entendía el cómo pero podía sentir un ente, llamándole, suplicándole:

Misericordia…

−¿Qué haces aquí? –y al escucharse a sí mismo decirlo, sintió, que ya lo había vivido, mucho tiempo atrás.

El cuerpo se tensó, el sudor como sopor ácido manaba y lo sentía. El latir asustado, apresurado, en contraste a una mirada desafiante, decidida. Todo el cuadro, toda la presencia, todo detalle y sensación le era conocida.

Recuerdo…

Pasaron pesados minutos de silencio, el guardián en su posición de meditación, sereno y altivo, inmóvil y expectante; junto a aquel, intranquilo y severo, nervioso y amenazante. Dos rostros, dos cosmos, dos entes. Y todo, todo parecía haber ocurrido, tiempo atrás, muy atrás.

−He venido a rogar perdón a la diosa Athenea−respondió aquel, con voz decidida y turbia, entre el dolor y la ansiedad, entre el temor y la esperanza.

Un ligero temblor en su pecho alertó al santo dorado. Aquella voz lo seducía, desde lo lejos, el infinito. Unas manos que entraban a su alma y consolaban a su pecho, una voz que le susurraba al oído, le explicaba la duda que se había anidado al sentir aquel paso húmedo sobre su templo.

Destino…

−¿Acaso me detendrás, Shaka de Virgo? –preguntó él, desafiante, aún resguardado entre las columnas de ese templo de mármol.

La noche transcurría. Las esmeralda esperaban, un movimiento, cualquier cosa, para ganar la autorización. Para él, un pecador que necesitaba de redención. Para él, un delincuente que buscaba penitencia para pagar sus culpas. Para él, Kanon, el menor de los géminis.

Virgo se levantó de su posición sempiterna, con movimiento elegante y etéreo, un rostro sin rastro de emociones, como siempre, neutral, inconmovible, indescifrable. El gemelo tensó sus músculos, esperando, temeroso, ansioso, suplicando con su mirada. Pasos firmes dorados acompasaban el latir furioso de un corazón lacerado por el tiempo, por la maldad, por el dolor. Un movimiento armonioso de sus hebras doradas danzaban en el espacio de su aire frío. A su vista, inmaculado, divino.

Virgo…

A sólo dos pasos se detuvo. Frente a frente, enemigos, aliados, almas que fueron transportada a un pasado lejano. El gemelo iba a retroceder un paso y la mano derecha del santo se levantó, en señal de alto. El cuerpo del mayor obedeció al instante esa orden silenciosa.

Sin tocarlo, lo palpaba. Sin sentirlo, lo acariciaba. La mano subía de su pecho a su rostro, lejos y cerca, unido y distante hasta llegar a los gruesos labios, los cuales, temblaron. Ambos enfrentados… ambos encontrados…

Inevitable…

La mano cedió terreno conforme unos labios se acercaban. Temblaron. Una necesidad añeja, un sentimiento inmortal acomodado y escondido en los rincones de sus almas.

Beso…

Volteó. Se alejó. Shaka de Virgo regresó a su postura.

−Ve.

Un palpitar en ambos pechos. Una despedida silenciosa. Condenados a la separación.

Adiós…

Una memoria añejada revivida.

3 thoughts on “Memoria Añeja 700 palabras

  1. Recuerdo cuando hablábamos de esto en msn y vaya, qué lindo te quedó! Me encantó cada palabra elegida, es corto pero envolvente, la verdad es de lo más bello que te he leído últimamente, una joyita… y me encanta que sea canon =)

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