Lienzo de Guerra (Cap 09)

Saga ha partido hasta el escondite de Shaka, mientras este se queda en la hacienda con Dohko. ¿cómo será el encuentro entre los gemelos? ¿y en el pasado de que forma se desarrollo la división del reino?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Saga ha partido hasta el escondite de Shaka, mientras este se queda en la hacienda con Dohko. ¿cómo será el encuentro entre los gemelos? ¿y en el pasado de que forma se desarrollo la división del reino?

Capitulo 09: Ineludibles Encuentros

Reinos, confederaciones, países… sea como sean llamados, son precisamente estos los protagonistas de las más terribles masacres mundiales.

El hombre en busca del poder, destruye. En busca del amor, mata. En busca de venganza, consume. Y al final, su maligno ser insaciable jamás tendrá suficiente sangre, suficiente dolor o suficiente pobreza para detenerse.

Auva, reino de sacerdotes y sembradores, apostados en las enormes columnas de Venus, gobernado por el dios Luna y Buda. Sus tierras eran verdes de color lleno de vida, irradiaba esperanza en un reino donde no existía malicia, más que la suprema adoración a seres inmortales. Colinas de pastos verdes y sembradíos de trigos y especias, los terrenos enriquecidos con los mejores frutos de la madre tierra, las lagunas de agua dulce que engalanaba el lugar, como fosas de vida. Un reino hermoso y equilibrado, que vivía para la naturaleza, creían en el ciclo de la vida y el respeto de todo ser que vive, incluyendo las plantas. Todo en Auva era dignificado y entregado bajo las enseñanzas de Buda.

Un reino joven y pequeño, de pocas extensiones de tierras pero rica, rica en todo tipo de piedras preciosas y oro, además de su fertilidad, la misma que gozaban las doncellas de Auva y le hacía el merecedor del título de las vírgenes de los dioses. Muchos reyes de otros reinos codiciaban las hermosas damiselas o los jóvenes vivos y saludables que también eran bendecidos por los dioses y el más resaltante de los dones era el cabello dorado.

Asmita de Auva era el heredero al trono y conocido en su pueblo como la espada dorada de Auva. Reconocido por su pasión por las armas blancas, fue adiestrado por los sacerdotes y dotado de movimientos militares que asemejaban la danza de diversas aves hermosas que engalanaban al reino. El estilo de combate de Asmita era delicado, rítmico, un movimiento de pies y manos que asemejaban más al cortejo de los pavos reales, donde las dos espadas se convertían en el plumaje que orgulloso exhibía a su compañero. Como futuro rey, todo el reino esperaba con ansías el momento que tomará a una doncella de Auva o una princesa de un reino cercano para desposarla y convertirla en su reina, pero el joven no había mostrado interés aún, más que en aprender la arte de las espadas dobles, los secretos de cultivos en sus tierras y promover la equidad de alimentos en el pueblo, siendo él quien promocionara los cultos al dios buda y la luna llena. El pueblo lo amaba, y esperaba con ansias cuando en los servicios a la madre luna, el príncipe danzaba en el pozo de las vírgenes, con sus dos armas de acero de diamante, empuñadura de oro, vestido con sedas que danzaban al movimiento de su cuerpo, una ofrenda que destinaba un domingo de cada mes para agradecer las bondades de la tierra y los frutos que eran cosechados.

En una de las excursiones del rey Sisyphus a los reinos vecinos, presencio en Auva dicho espectáculo. Ante el rey de Rukbat, no paso desapercibida la belleza del príncipe heredero de Auva, junto con la gracia y elegancia de sus movimientos, conjugado a la amenazadora presencia de dos letales filos que destajaban el viento a su paso. Danzando en aquel pozo, el agua caía y salpicaba sobre su piel blanca, en un baile que a la vista del de Rukbat pareció más erótico que religioso, viéndolo danzar en el reflejo de la luna llena dorada. Encantado con la belleza de su arte de combate, quiso desposarlo, encontrándose con la dificultad de que al ser el heredero al trono, no podía contraer casamiento con otros reyes, pero entonces, ofreciéndole al príncipe menor, Shaka, un rubio de sólo 3 años para hacer el enlace entre los reinos. Auva y Rukbat lo necesitaban, el pequeño pueblo de sacerdote necesitaba la coraza de un pueblo grande y de guerreros que protegieran sus viñas y Rukbat necesitaba de un pueblo fértil con costumbres legendarias que purificaran sus años bélicos antes del rey.

Rukbat era hace muchos años atrás un reino totalmente militar, reconocido por tomar en posesión variadas tierras, ser amenazantes, bajo el reinado de Izou, padre del actual rey. Sisyphus al llegar al trono a la edad de 13 años, decidió terminar con los periodos de guerra, dándoles honor a los antiguos soldados para convertirse en caballeros de la corte y disfrutar de las artes bélicas y la caza como deporte a la diosa Athenea y su padre, el dios Zeus. Conocido por sus enormes fortalezas amuralladas, el reino de los leones y centauros era temido aún dentro del gobierno de Sisyphus, a pesar de la nobleza de su rey, era célebre que su reina podía ser bondadosa y decidida si le provocaban; una mujer que podía llorar por el dolor de la perdida y gritar en pos de ataque para defender a los suyos. Ante la oferta de Auva, Sisyphus pensó que en su pequeño hijo, Aioria para hacer el compromiso, quien tomaría el mando como león del reino.

Así fue, como en el otoño de ese año, el heredero Aioros de Rukbat, junto al príncipe Aioria de Rukbat, se dirigieron a Auva para fortalecer el compromiso, presenciando las festividades a Buda en el jardín de los sales gemelos, donde el heredero de Auva, Asmita, reposaba en una extensa meditación de 108 horas, para liberarse de los malos pensamientos. Cuando terminó el ritual de purificación, el pequeño Shaka fue presentado ante el príncipe Aioria, recibiendo de regalo por parte de Auva una Flor de loto labrada con oro y zafiro, un prendedor para el príncipe. Satisfecho, y llevándose ambos príncipes obsequios de Auva y la mejor de las perspectivas de tan bello reino, partieron a inicios de primavera, hasta su tierra, con el compromiso asentado.

En verano de ese año, las tropas de Defteros de Alhenas tocarían las fronteras con Auva, condenándola a su destrucción…

______________Acto uno: El honor

¡Esto es desquiciante! El maldito del hijo de Aspros cree realmente que soy su esclavo para estarle preparando baños calientes y es tan fastidioso que no tengo otra opción más que cumplirle el capricho si quiero respirar en paz sin él detrás de mí reclamando nuestra falta de cortesía. Si Shaka estuviera aquí, fuera mucho más fácil. Pero no, ni él, ni Delio y Kardia. Quedé yo como cabecilla y por desgracia el don de mando no es principalmente mi habilidad.

Y entonces allí estaba, sentado en una piedra mientras aquel se baña plácidamente con el agua caliente que acabo de entregarle en el estanque de madera, vigilándolo de paso y para empeorar mi situación, él muy maldito no tiene reparo alguno de pasearse totalmente desnudo frente a mí. Odio admitirlo, pero me intimida. No estoy acostumbrado a esto.

—Mu—me dijo con esa mirada esmeralda llena de picardía que tanto odiaba. ¿Cuántas veces me ha visto así desde que estoy obligado a servirle? Hasta siento que de vez en vez me desnuda con los ojos—quita esa cara ¿eh? Me divierte que seas tan tímido—siseó enroscando uno de los mechones de cabello azul, mirándome con cierta lujuria—. ¿Temes que te coma?

—Si crees que no puedo defenderme de usted, “su majestad”, puedo demostrarle lo contrario.

—¿Ah sí?—murmuró de medio lado, mientras con la taza dejaba caer un poco más de agua por su cabeza—. Quiero verte defenderte…—comentó, en una visible amenaza. Sentí que todo mi vello se encrespó. ¡Maldita sea! ¡Por mucho que Shaka me haya enseñado a defenderme no creo poder si esa pared humana me cae encima! Ya lo comprobé en la carpa que en fuerza me supera—. ¿Te asustas, carnerito?—indagó con sus esmeralda refulgentes—. No creas que dejare pasar lo que me hizo tu hermanito y tú…—su mirada me desnudó por completo, de arriba abajo, haciendo que me erizara por entero ¡Maldito!—, serás un excelente juguete.

Me levanté, asustado con la amenaza y no dispuesto a arriesgarme a ser tocado por ese maldito hombre y al intentar huir con paso apresurado aquel cuerpo húmedo me apresó contra una de las paredes de la cueva oscura, sólo alumbrada por unas antorchas clavadas a la roca. Estaba a mi espalda, veía el agua que aún se deslizaba en forma de gota de esa piel bronceada, y su respirar caliente estaba justo en mi nuca, olfateando mi cabello, tentando mi piel descubierta del manto con su nariz. Esta asustado, realmente asustado.

En un esfuerzo por defenderme, me volteé e intenté patearlo pero rápidamente me aplastó en contra de la roca, con su cuerpo desnudo y humedecido, su cabello goteando el agua caliente, su aliento en mis mejillas, mirándome como lobo que ha capturado una liebre. Jamás había estado en una situación así y sinceramente estaba aterrado, con mi corazón palpitando a mil, temblando al darme cuenta que fui un idiota al acceder su pedido de tener un baño a medianoche, ¡precisamente cuando ninguno de los líderes del campamento estaba!

—Hueles delicioso…—susurró sobre mis labios—. No te preocupes… si te portas bien, ¡no dolerá!—recostó más sus caderas sobre las mías, haciéndome sentir su hombría despierta.
¡MALDITO SEAS!

—¡Maldito!—le espeté, intentando golpearlo con mis manos pero siendo sujetadas mis muñecas por las suyas, dejándolas extendida en contra de la pared de roca, vulnerable, totalmente vulnerable. Lo miraba con odio, deseos de matarlo si intentaba tocarme un solo dedo—. ¡Eres un maldito gusano cobarde! ¡¡Apenas Shaka sepa esto te va a matar maldito!! ¡¡Y tomare tu cráneo para sostener las velas de mi carpa!!

—Es bueno saber que al menos le darás un uso personal…—siseó aprisionándome con su cuerpo. Obligándome a separar mis piernas con las suyas que se escurrían entre las mías, sentir su sexo frotándose—. Entiendes lo que quiero, ¿verdad Mu?

Me besó, con hambre, con ansías… Me besó y mordí sus labios con toda mi fuerza, haciéndolo sangrar, separarse de mí por el dolor. Grité entonces al momento que me sentí libre y antes de que con su mano apresara mi antebrazo y me detuviera en mi huida.

—¡¡ALEJATE!!—grité esperando que alguien viniera en mi ayuda. ¡Es muy fuerte!—¡¡SUELTAME YA MALDITO!!

—¡¡PLEBEYO DE MIERDA!! ¡ME LA VAS A PAGAR!

Se lanzó de nuevo hacía mí, haciéndome caer a la tierra, tomando el manto violeta con el que suelo cubrir mi cuello para taparme todo el rostro y mis manos, mientras me restregaba su erecto miembro, subiendo mi bata de lana con sus rodillas. Intentaba gritar pero la gruesa tela me estaba quitando el aire, más todo el esfuerzo que poco a poco hacía que me asfixiara. Mis piernas empezaban a sentir el frío, lo que significaba que ya estaba logrando desvestirme. Intenté patear pero no lograba alcanzar nada, sus dos manos sujetaron mis manos sobre el manto en mi cabeza, sus dientes empezaron a mordisquear mi cuello. Sentía ese pedazo de carne caliente rozar en mis muslos y sentí asco. Verdadero asco… No podía terminar siendo usado de esta manera… No podía permitirlo… ¡MISERABLE!

—¡Suéltalo!—escuché la voz y la reconocí—. Dije que lo soltara, príncipe Kanon.

Sentí que las esperanzas me hacían recuperar la fuerza. Ese cuerpo se separó del mío, permitiéndome quitar este manto de mi cabeza y ver a Milo, con solo un pantalón y las botas de cuerpo, con la espada recta desenvainada, una espada de Alhenas.

—¿Piensas herirme a mí? ¿Un príncipe?—desafió él con una sonrisa petulante, aún de rodillas, con sus manos al aire—. No te atreverías…—siseó con malicia.

Milo no dijo palabra sino accionó. Con velocidad clavó la espada en el brazo derecho del príncipe, haciéndolo gritar de dolor. Se alejó en el instante, obligándolo a levantarse de la tierra y separarse por completo de mí. La mirada de Milo, esas turquesas, ardían de indignación. Difícilmente lo veía tan molesto, él suele ser muy capaz de dominarse.

—¡Maldito! ¡Y eres familia de uno de los generales del ejército de mi padre!—gritó con furia, tomándose el brazo, tapando su herida que sangraba sin parar—. ¡TRAIDOR!

—¡¡Me avergüenza pensar que es por nobles como tú que arriesgo mi vida!!—exclamó Milo con rabia, su mirada iracunda—. ¡Con nobles como tú entiendo el odio del Señor Shaka! De ahora en adelante, Mu—me observó, decidido—, yo me encargaré de vigilar al príncipe. Hablaré con el Señor Shaka, no comentaré esto porque de seguro lo matará si sabe lo que ha intentando hacerte.

Pensé que definitivamente era lo mejor. Por la mirada molesta y llena de odio del príncipe, supe que no le gustaba la idea pero a mí me convenía. Milo es una persona que sabe actuar conforme las circunstancias, noble y con un sentido de justicia muy arraigado. Se nota que se educó para ser guardia de honor del rey, cuando dejaron de preparar a simples guerreros sanguinarios para levantar un ejército de caballeros, bajo la tutela de Dohko Librais y el consorte.

—Gracias Milo…—le susurré, con una sonrisa, antes de irme a la laguna para quitarme el olor de ese maldito de mi piel. Realmente entendí el odio de Shaka al rey de Alhenas… si… su odio era comprensible.

______________Acto dos: La despedida

///Hace 20 años///

Gimes… gimes con locura y me hacer caer en la demencia…

Asmita…

Cuanto extrañaré tus besos, tu cuerpo, que se entrega. A mí, sólo a mí. Apreso tu virilidad en mis labios y te veo retorcerte entre la seda de mi cama real. Delicioso, hermoso, mío… Sólo mío… Lamo, disfruto… degusto el sabor de tu esencia que destila por la excitación, acaricio tus tetillas, pellizco, jaló; tapas tu rostro con tus manos. Bombeo, succionó, quiero probar, todo de ti, hasta la última gota de tu semilla. Dejarte vacío, por completo vacío, para que no pueda entregarle de ella a nadie más… para poder soportar los meses que estaré fuera. Porque no puedo llevarte a ver a mi señora esposa. No es correcto, por mucho que nuestro matrimonio sólo haya sido un trato legal entre el reino de Bluegard para sobrevivir al accedió de Giudecca; ante la vista de los nobles sería una vergüenza que te llevara, a ti, más que mi esclavo real, mi amante.

Explotas con tu esencia en mis labios, con un arquear de espalda, con un sonido agudo, antes de volver a caer,  sobre mis sábanas, respirando entrecortadamente, enrojecido por mí.

—Me encanta tenerte así…—te susurro, acariciando su mejilla, haciendo un lado ese flequillo dorado que se ha apegado a tu frente—. No te duermas…—te pido, con leves palmaditas en tus pómulos—. No pienso dejarte dormir hoy, Asmita de Auva.

—No creo poder soportarlo…—murmuras con una sonrisa de satisfacción, atándome a ti—. Estoy muy cansado, su majestad.

Me sonrío. Reconozco que ya este ha sido tu tercer orgasmo, aunque aún no te he penetradol. Me abrazo a tu cuerpo, oliendo el sudor que mana de tu piel, lamiéndolo en tu cuello y detrás de tu oído, dejándome acurrucar por el tacto de esta cabellera de oro. Oro puro, leche y marfil, zafiros que escondidos sólo se abren para mí. Un tesoro que me pertenece… en momento como estos me arrepiento de haberte compartido con todos esos nobles. De haber sabido lo que eras, no hubiera dejado que nadie te tocara…

Y sé que aún me odias…

Pero esto es algo que podré arreglar a punta de caricias, Asmita. Porque si me he atado a ti, me encargaré que tu también… Que no sólo sea tu cuerpo quien me anhele. Me encargaré que ese odio se convierta en deseos, hambre de mí…

Porque quiero convertirte en mi consorte…

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Había amanecido y maldije el sol que se encargó de sentenciar su compañía. A mi lado el manto dorado se enredó entre mis dedos, destilando ese aroma, su aroma. No importa si es el hedor de la sangre, el sudor, o el de rosas y almendras… su cuerpo me enloquece. Ahora entiendo la fama que tenía el príncipe de Auva en las naciones. Era conocido por su belleza y mortal danza de espada, he visto y saboreado ambas y puedo certificar que no le hacían justicia. Es aún mucho más embriagante.

Me levanté, desganado, vistiendo mi traje real para partir a la ciudad de Leda, donde está el segundo castillo, el de la reina y mis hijos. Lo vi estirarse en las sábanas, para volver a acomodarse de lado. Varias marcas sellaban mi pertenencia sobre él.

—Asmita—lo llamé, sentándome a un lado de la cama y acariciando su cabello—. ¿No te despedirás del rey?—le reclamé en voz baja. Él se estiró de nuevo, entreabriendo sus labios. Parecía tener sed. Su desnudez apabullante me excita.

—¿Ya se retira?—me preguntó—. ¿Podría darme el permiso de caminar en los jardines del reino en su ausencia?

—Le diré a Degel que te acompañe y vigilé que nadie te toque. Quien lo haga, pesara sobre él la pena de muerte—advertí y él se sentó en la cama, echando su cabello dorado hacía su espalda.

—¿Aún si es el príncipe?—palidecí. Su rostro era totalmente neutral—. Temó que en su ausencia quiera cobrar sobre mi cuerpo la sangre de sus soldados en la arena del castillo—me confesó, reclinando su rostro—. No quiero quedarme sólo con el asesinado de mi padre y reino aquí, con libertad para…

—Ni el príncipe—le aseguré, enfurecido de sólo imaginar que Defteros logrará tocarle un solo cabello y dada a las recientes discusiones, tenía razones para esperar una respuesta como esa—. Ni siquiera el príncipe podrá escaparse de mi furia si llega a tocarte. Así que todo lo que pasé—le tomé por el rostro, obligándole a atenderle, viendo esos labios que se entreabrían para mí—, me lo dirás al llegar. Todo Asmita—acoté, enviándole con mi mirada la determinación—. Por qué tú serás mi consorte.

Lo vi abrir sus parpados de asombro. Vi sus pupilas muertas observarme en el vacío. No pensaba decírselo de una vez, pero ha llegado el momento.

—Sí, Asmita de Auva. En cuanto mi reina muera, tú, serás mi consorte—lo besé, sin darle tiempo a responder, despidiéndome—. Volveré en dos meses. A mitad de Verano. Hasta entonces, mi flor de loto.

Me alejé, mirándolo una última vez por un tiempo. Me llevé plasmado en mis retinas la imagen de su desnudez y esa sonrisa que me entregó al partir. Me fui…

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¿Consorte Real? ¿Oí bien? ¿Dijiste consorte real? Sonreí con sólo imaginarme la idea… Yo, Asmita de Auva, consorte real de Alhenas, el pueblo que aniquiló mi gente, mi familia, mis tierras, mi cordura…

Escuché los caballos del carruaje emprender el viaje. La servidumbre que desde los pasillos anunciaban que el rey había marchado. Me reí de mi suerte, me reí estrepitosamente, me reí con locura. Caí sobre la cama, cubriéndome con las sábanas y riéndome como un demente… riéndome hasta que las lágrimas saltearon por mi rostro… riéndome hasta que cada risa fue mudada por sollozos…

Shaka…

El odio me está enloqueciendo… De vez en vez creo oír su voz llamándome tras las colinas verdes de nuestra tierra, corriendo con su turbante celeste en la cabeza, su pantalón blanco que danzaba al aire, volteando para mostrarme sus dientecitos de leche, sonreírme…

Mi Shaka…

Si vieras lo bajo que he caído para vengarte… Espero ir directo al infierno, para no tener que encontrarme con tu pureza e inocencia y presentarme ante ti, sucio… con mi cuerpo que sé que lo extrañará a él, con mi corazón hecho añicos a causa del odio, mi alma lacerada. Me he ensuciado, humillado… Me he revolcado en su semen y saliva para conseguir un alivio al odio que me consume y no mata… y pronto, pronto, obtendré la recompensa a mi sacrificio…

¿De amarlo?

Incluso el amor estoy dispuesto a sacrificarlo…

______________Acto tres: La disputa

Nos detuvimos a mitad de camino, cerca de Geminga, en un pequeño bosque de robles adyacentes a la cordillera Geminidas. Tomamos un poco de agua en un pozo que encontramos en el camino, y aprovechamos para dejar descansar nuestros caballos. Me arrodillé para tomar agua, ayudado de mis palmas, mientras veía de reojo a aquel joven de cabello albino. Él me miró también de reojo, con mirada despectiva. A pesar de estar cinco años fuera del castillo, nadie me había visto de esa forma tan irrespetuosa. Pero estoy claro que en la situación que estamos y si terminaremos peleando juntos para recuperar mi corona, debo mantener las paces incluso con él.

—¿Aún molesto por lo que ocurrió con Shaka?—pregunté seriamente, con una de mis manos en la rodilla que está a la altura y mi otra mano en la empuñadura de mi espada, en caso de requerirlo. Aquel subió su rostro con desprecio, para reírse de nuevo con sorna.

—¿Tan rápido lo llama por su nombre, Saga?—espetó aquel amenazantemente. Contraje mi rostro, molesto. ¿Cómo se atreve a llamarme directamente por mi nombre?

—Príncipe Saga o su majestad para ti—acoté, dispuesto a dejarle en claro los límites de familiaridad que tendríamos.

—Entonces, tendrás que referirte a él como príncipe Shaka o su excelencia—siseó con una sonrisa descarada. ¡Vaya igualado!

—¡Príncipe sin reino y pueblo no existe!—aclaré, no dispuesto a dejarme rebajar por este inmundo ser.

—Entonces, usted, príncipe Saga, está en las mismas condiciones.

Volteamos los dos para ver a Kardia acercarse, con sus brazos cruzados y esa mirada turquesa llena de experiencia, de años, del peso de la autoridad ganada con sudor, sangre y no por una cuna de oro. Mi antiguo maestro.

—Usted tampoco tiene pueblo, ni castillo, ni corona. En estos momento su situación comparada a la de Shaka no es muy distinta—pasó un mechón de su cabello azul entre sus dedos para darle vueltas—. Así que todo ese protocolo estúpido de majestades y excelencia valen mierda en estos momentos.

Me quedé en silencio, sólo oyendo la risa estrepitosa de DeathMask, mientras aplaudía con burla frente a mí. Le envié una mirada llena de autoridad, también poniéndome en pie, observándolo con desafío.

—¡No habías dicho algo tan coherente en siglos, alacrán!—espetó quien se hace llamar DeathMask. Kardia curveó una sonrisa llena de lujuria.

—¡Hay que enseñarle a nuestro heredero como se llevan las cosas en el escondite! Pero lo haremos al llegar… en cuanto Shaka gané el duelo—me quedé pasmado ante esas palabras de quien fue general de nuestro ejército. ¿Acaso da por sentado la victoria de ese impostor?—, iremos a conquistar las ciudades tal como lo tenemos planeado. Gemilga serpá el primer blanco, de allí subiremos hasta Alzir y nos dividiremos en dos para tomar a Melkuba  un grupo y Wasat el otro grupo. En cuanto el pueblo se nos una a las revueltas, las ciudades de Leda, Mebsuta y Tindano se doblegaran a nosotros, atacando así a Polux desde los tres ángulos.

—¿Invadir las ciudades? ¿¡Saben cuántas muertes pueden provocar revueltas individuales para luego masificarlas!?—exclamé alarmado. Estos quieren derramar sangre a su paso—. ¡Estoy en contra de sus métodos!

—¿Y desde cuándo su opinión valdrá?—indagó el albino con desdén, apegando su codo a mi hombro, gesto que rechacé cruelmente y él solo respondió con una risa burlona—. En cuanto MI—remarcó con voz grave— Shaka lo humillé frente a su gente su voz será el canto de un grillo a media noche en medio de una orgía. Imperceptible.

—¡Yo ganaré!—afirmé, decidido a detener semejante masacre de vidas en Alheñas, mi tierra, mi gente—. ¡Aplastaré a ese impostor en su tierra!—aquel me miraba incrédulo, por lo que decidí darle un golpe bajo—Y no sólo tomaré su cabello… sino que lo obligaré a ser mi esclavo real—Kardia me observó pasmado—. Sí… ¡¡¡será mi esclavo real tal como estaba destinado cuando fue capturado!!!

—¡¡¡MALDITO PERRO DE MIERDA!!!

Aquel casi se lanzaba sobre mí y en mi defensa saqué mi espada, manteniéndolo así a distancia, viéndolo a él enrojecido de la ira, respirando entrecortadamente, casi con humo que salía de sus fosas nasales. Me reí, me reí con burla, con superioridad, ante él, un plebeyo que cree poder colocarme límites a mí, un rey. ¡Iluso! Y sí, mi padre me lo dijo. Si Asmita no hubiera “matado” a su hermano Shaka, ¡el hubiera sido mi esclavo real! Kardia entonces se entrometió, colocando límites entre nosotros.

—¡Cálmense los dos o los despescuezo a ambos!—gritó con autoridad, haciendo que los dos retrocedamos—. ¡Porque para poner la corona sólo necesitamos una cabeza y al único maldito a quien voy a proteger es al rubio!—resaltó, dejando bien en claro hacía donde estaba su lealtad. Es una lástima que no cuenta con la lealtad absoluta del alacrán de Alhenas.

—Tranquilo, Kardia. Mientras este individuo y el impostor no me provoquen, no habrá problemas—murmuré caminando hacía mi caballo.

—Usted perderá, su majestad—semejante afirmación me hizo detener, volteando con ira, buscando una razón para declarar la victoria a ese hombre. Kardia me miró con seriedad, de esa que muy poco usaba, haciéndome entender que sus palabras no eran una burla—. Shaka ha sido el único que me ha vencido en combate. Así que él ganará. Vaya preparándose, porque su primera orden, conociéndolo, es quitarle el título de príncipe y llamarlo directamente por su nombre.

______________Acto cuatro: La revelación

///Hace 20 años///

Las caballerizas eran nuestro lugar de encuentro. El lugar donde podía despojarme de estos mantos de esclavos y cocinero, escapar de esta realidad en la que vivía, olvidar que soy un simple objeto extraviado ejn la guerra, pensar que soy príncipe de una tierra lejana. Y sólo tú, Manigoldo, con tus manos, con tus caricias, con tus besos, me haces sentir que todo esto es una pesadilla de la que despierto.

El crujir de la paja a mis espaldas, el cosquilleo y desagradable picazón que esta provocaba a mi espalda, no era suficiente para mitigar al placer insano que me provocaba tus besos en mi cuello, quitando mi manto del medio, ingresando tu lengua incluso debajo de esta gargantilla de acero que me hace ver como esclavo, provocándome. Jaló tus cabellos, afianzándote a mi piel, llamándote para que subas a mí y me permitas besarte de nuevo.

—Hmmm… Shion… Hueles a lentejas…—comentas sobre mis labios, con tus ojos azules envolviéndome en su potente fuerte.

—Eso comí antes de venir—te respondí, apretando sus glúteos entre mis manos, para hacerle saber que lo deseaba. Tenía días sin poder escaparme a este lugar para estar con él—. Te extrañé…

—Yo también…—mordió mi oreja y me sonreí—. Y me gustan las lentejas—me siseó entre risas, provocando que me riera de ello.

Nos besamos de nuevo, entrelazamos nuestros brazos, hasta que nuestro sudor se une entre nuestros pechos. Tu piel bronceada junto a la mía, aún blanca, a pesar del calor de las brasas, del sol que debo soportar cuando lavamos los trastos, se fusionan en un solo mármol, una sola obra de arte. Abrí mis piernas para recibirte, ansioso de que me liberes de este infierno, en los brazos que consigo la muerte y luego la vida. Estar contigo es como si me transportara al borde del averno, en los límites entre la muerte y la vida, entre la realidad y la fantasía; y lo sabes, y te ríes de mi incredulidad de pensar que estar contigo me liberará del yugo de Alhenas. Pero aún así, me permites tomarme de esa promesa efímera, de esa falacia que yo mismo me he creado para huir de este castillo, de estas tierras, de la humillación. Y recibí tu potente hombría con un gemido que ahogo casi sin éxito y me pierdo en tus ojos que me observan fijamente. En esta oscuridad, con este lecho de pajas, con algunos de los gruñidos animales de los corceles que reposan en este lugar, con el lejano olor a plasta de caballo que de costumbre ya hasta ni lo percibía; te haces dueño de nuevo de mi cuerpo, yo de tu esencia… ambos del otro…

—Me gustaría llevarte fuera de este lugar de mierda—espetabas mientras acariciabas mis mechones dorados—. Te mereces más… un antiguo sacerdote, aquí… teniendo sexo en las caballerizas…

—Suena perverso—te bromeé, para hacerte sentir mejor. Mi libertad era imposible y ya me había resignado a ello—. Al menos, lo hago por voluntad propia y con quien amo. Es mucho mejor que mi querido príncipe.

—Mmm… los rumores dicen que tu príncipe no anda tan mal acomodado—me comentó con seriedad, mirando el techo de madera como si contara las piezas de madera sobre nosotros—. Oí que el rey y el príncipe han discutido por él. Cómo que el príncipe Defteros quiere que le entregue a tu príncipe como esclavo y el rey no lo permite. Las malas lenguas afirman que el rey está obsesionado con él.

—No me extrañaría. Mi príncipe Asmita llamaba la atención. Incluso, recuerdo que el Rey de Rukbat lo había pedido para ser su consorte, pero por ser el heredero a la corona no se pudo concretar la unión.

—Mmm… pues, a mí me preocupa hasta qué punto puede llegar las discusiones entre el rey y el príncipe Defteros—lo dijiste de forma tan seria que me preocupaste—. Escuché de una posible división de reinos. En la repartición una guerra federal sería inevitable. No sé si el viejo Sage y los niños podrían soportar el hambre que se abrirá en medio de las confrontaciones de la corona.

—¿Hablas en serio, Mani?—le pregunté asustado, reincorporándome en su pecho. Él se sonrió de medio lado, pellizcándome la nariz para obligarme a recostarme de nuevo.

—¡Son rumores!—dijiste, buscando tranquilizarme—. De todas maneras estaré pendiente para informarte.

El latido de tu corazón serenándose fue calmando mi ansiedad. Realmente no me importa mucho el destino de estas tierras pero… Shaka ahora estaba creciendo en una nueva vida, sería muy trágico que perdiera un segundo hogar…

______________Acto quinto: Los hermanos

El sol avasallador del mediodía fue quien nos acompañaba ya dentro del bosque de los gemelos. Veía de reojo al príncipe Saga que a pesar del sudor y lo extenso del viaje, se mantenía inmutable, con gotas de sudor que apegaban mechones sobre su piel. Delio me había cubierto con la capa negra para que no me quemara la piel. Siempre me ha dicho que mi piel tan blanca no debería ser azotada por el sol. Son pequeños gestos como este que me han hecho enamorarme de él. Kardia seguía silencioso, guiándonos en el camino. Ya veía que estábamos por llegar.

Los árboles y arbustos fueron desplegándose al activar un mecanismo de cuerdas entre los matorrales, mecanismo que sólo nosotros conocemos, permitiéndonos ver la entrada a una de las catatumbas. Allí, ya nos esperaba Shayna, una guerrera de sangre asesina, acostumbrada a matar a su paso, antigua asesina del reino cobijada bajo la sombra de Shaka. Ella oculta la mitad de su rostro con una máscara de plata que cubre de su frente a la nariz. Muchos dicen que se trata de alguna herida que encubre con ese antifaz. Observó con sus ojos claros al heredero y no hizo gesto de respeto, sólo sonriéndose de lado. Inmediatamente con su mirada empezó a buscar a Shaka.

—Vendrá más tarde con una centena de hombres—respondió Kardia bajándose de su caballo. Delio detuvo también el suyo y me baje a su lado, tomando las riendas, dispuesto a llevarlos a descansar—. ¿Nada nuevo?

—Nada nuevo Señor. Todo muy tranquilo, tanto que ya empiezo a impacientarme—reprochó la mujer vestida como un hombre cualquiera. Una camisa de manga larga cubría su pecho, con un pantalón negro y las botas de cuero alto hasta las rodillas. De su cintura cuelga dos dagas de tres puntas, con mango de madera, hechas por Mu—. Supongo que también debemos prepararle una carpa a “su majestad”—siseó con malicia. Delio se rió divertido con el comentario.

—El “su majestad” le durará muy poco—aseguró él con total confianza, haciéndome con una señal de sus manos la orden de llevar los tres caballos a las caballerizas dentro de las cuevas.

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Vi que el joven de cabellos celeste se apartó de nosotros con nuestros tres caballos y aquella mujer no tuvo reparo de repasar mi figura con sus ojos azules. Desvié mi mirada, ignorando la presencia de aquellos y me dediqué a seguir los pasos de los caballos, pensando en muchas cosas a la vez. Ya a esta altura me costaba pensar en que obtendría la victoria. Ciertamente ese muchacho peleaba muy bien, pero pude mantenerle el ritmo. Si no hubiera descubierto el parecido con Asmita, quizás hubiera ganado… Aunque, cabe la posibilidad que al saber de antemano mi identidad no haya peleado totalmente en serio…

—¡¡Afrodita!!

Salí de mis pensamientos cuando escucho la voz de un joven, corriendo hacia nosotros, con un manto beige y un turbante purpura en su cuello, que recogía desordenadamente una melena de color lavanda. Por los puntos en su frente supe que venía de familia de sacerdotes, joven, hermoso para ser sincero, con enormes y expresivos ojos verdes. Abrazó al peli celeste quien al verlo, soltó las riendas de los caballos, y corrió a su encuentro.

—¡Estuve muy preocupado, Dita!

—¡Pues ya ves que estoy bien! No pensé que el mismo Shaka iría a buscarme…

—¡Sabes cómo es él! ¡Cuando supo que pasó nadie quería acercarse, hasta Delio le huía! ¡Estaba hecho una fiera!

—¡Pero se arriesgó! Si hubieran sido las hordas de Rukbat o los traidores de Youma…—el joven fue callado por unos dedos que se posaron cerca de sus labios. El de ojos esmeraldas le sonrió con ternura. Toda la escena me conmovía mirándola de lejos.

—Shaka no nos dejarían en manos de enemigos… prefiere morir, lo sabes… ¿No te hicieron daño?

—Afortunadamente no, Mu.

Esos ojos esmeraldas se posaron sobre mí y de inmediato me envió una expresión de asco y odio. Tal parece que debo acostumbrarme a todo tipo de expresiones de “cariño” en este lugar. No comprendo. Pelean para devolverme la corona sin tenerme en buena estima. ¿Qué es lo que los motiva entonces?

—¡Príncipe Saga!—escuché el clamor y volteé para verlo. Se trataba de Milo, uno de los aprendices para ser parte de la nueva guardia de honor cuando me tocara tomar el trono. Primo de Kardia.

—¡Milo!—me sorprendí al verlo inclinarse ante mí, de pie, con gesto de nobleza que ya extrañaba de la hacienda donde me había escondido.

—Mi señor, es un placer teneros aquí en la revuelta. Con usted a nuestro lado estoy seguro que podemos retomar el poder con el menor número de víctimas posibles—Me sonreí. Tal como recuerdo, Milo sigue siendo el hombre que por sobre todas las cosas estaba el honor. No en vano Asmita había sido uno de sus maestros.

—No me hables tan formal. ¡No tú, Milo! Me alegra mucho que hayas salido con vida.

—Ha sido una verdadera fortuna que por desgracia no muchos pudieron alcanzar. La mayoría de mis compañeros murieron en la toma del poder del príncipe Aioria—se acercó para tomar las riendas de los caballos que ya yo estaba tomando entre mis manos—. Permítame encargarme de esto, su majestad.

Tomó las correas de cuero y reclinó su rostro antes de voltear e ir llevando a los caballos a su paso. Antes de dejarlo ir necesitaba saber algo. Ya que ninguno se ha dignado a hacerme un recorrido de este lugar, y aprovechando que él estaba aquí, debía preguntar el paradero de mi hermano. Corrí hacía él para acercarme y el volteó con incertidumbre.

—Milo. Mi hermano, me dijeron que aquí estaba—detuvo su caminar—. ¡Dime donde esta!

—Está en la cuarta capa al lado izquierdo, en la tercera fila. La reconocerá porque frente a ella está mi lanza de Scorpius. Sólo le informo que debo conversar sobre su hermano, mi señor. Porque temo que estará en problemas.

—Después hablamos de eso. ¿Me dices a la izquierda?—asintió—. ¡Gracias Milo!

Corrí, corrí entre las carpas que se iban mostrando frente a mí, de diversos tamaños y colores, lugar donde ellos habían estado conviviendo y me preguntaba cuanto tiempo tenía mi hermano en este lugar, como lo habían tratado, si había comido bien. Afortunadamente la lanza de Scorpius es tan hermosa que la reconozco a distancia, y apenas la visualice supe hacía donde debía dirigirme, corriendo emocionado, preparándome mentalmente para un encuentro después de 5 años. Con mi hermano gemelo, mi hermano Kanon. Entre a la capa sin preguntar y lo vi, sentado comiendo un plato de pan y queso, con un vaso de leche en el piso, descamisado, con una venda que cubría una herida en su brazo derecho. Él me miró y sus ojos brillaron, lucían desconcertados, observándome, de la misma forma que yo lo hacía.

Habían sido 5 años… 5 largos años de incertidumbre, con la única seguridad de que estaba vivo, porque mi sangre así me lo confirmaba. 5 largos años sin saber nada de él, aquel que nació y creció conmigo. Mi Kanon… di dos pasos, sintiendo que la emoción corría por mis venas, tensaba mis piernas y me quitaban la facultad para hablar. Él colocó de inmediato los platos a su lado y se levantó, observándome.

Nuestras esmeraldas cruzaron inmediatamente por nuestros cuerpos, certificando que todo estuviera en su lugar. Noté con dolor el hambre que le había quitado la lucidez y la juventud a mi hermano, algunas heridas, las magulladuras en sus manos, la ropa sucia, y esa herida en su brazo derecho que aún sangraba. Entonces volví a posar mis ojos sobre los de él y me sonrió, reconociéndome, saludándome…

No hubo palabras…

Dimos pasos apresurados para el encuentro…

Nos abrazamos…

Por fin, de nuevo, juntos…

______________Acto sexto: La oportunidad

///Hace 20 años///

Apenas supe la partida de mi hermano, supe que era el momento. Sólo requería su perdón, si obtenía el perdón de ese hombre las cosas cambiarían. Dejaría de tener pesadillas en la noche. Dejaría de sentirme culpable. Sólo su perdón. Y ahora que mi hermano ha partido tengo la oportunidad de ganármelo, sin necesidad de extender este conflicto que podría terminar con la división del reino.

Pensando en eso, me dirigí hasta las habitaciones del rey, respirando profundo, dispuesto a hacer lo que fuera necesario para ganar esa simple palabra de su parte. Abrí la puerta con cuidado y lo vi entonces, sobre el diván, trenzando su cabello dorado, con un pantalón de seda bordada vino tinto, ocre y naranja, con un camisón semitransparente que se sujetaba a sus hombros en dos prendedores de oro, de los mismos colores y con el mismo bordeado. Parecía alistarse a pesar de que el rey no estaba, y no podía dejar de observarlo y recordar la vez que lo vi en la alberca, pensar en lo que estaba cubierto debajo de esas telas y sentir que mi piel bullía con sólo esa imagen.

—¿Qué hace aquí, príncipe Defteros?—preguntó con su ceño fruncido, sujetando la gruesa trenza con un medallón de oro—. El rey no se encuentra aquí y ha prohibido que se acerqué a mí—lo observaba, ensimismado, ante tanta belleza junta… ¿Sólo quiero su perdón? Empezaba a dudarlo…—. Cualquier cosa que se atreva a hacer conmigo, será oída por el rey—me advirtió, acomodándose en el diván de forma recta, calzándose con las sandalias de cuero.

—He venido a pedir tu perdón—le dije, firmemente, acercándome con paso firme y echando a un lado la gruesa capa de pie que se sujeta con una cadena gruesa de oro en mi pecho desnudo—. Mataste a 126 de mis hombres. Con eso parte de la deuda esta saldada.

Aquel dibujó en su rostro, frente a mí, una expresión iracunda. Se levantó sobre sus pies, de forma firma, severa, denotando seguridad y orgullo, con su rostro en alto, su flequillo que por la ligera brisa que entraba del ventanal de la habitación se movía lentamente; todo él noble y de realeza. Hermoso… No puedo dejar de pensar en ello.

—Ni con matar con mis manos a todo su ejército, y usar su cuerpo para alimentar los gusanos, será suficiente para pagar la deuda que me debe, príncipe Defteros—me sonreí y me descubrí deseoso de apresar esos labios contra los míos—. No hay forma en que pueda perdonarlo. Le dije, debe buscar la manera de matar mi odio y dudo que exista una.

—No me subestimes, Asmita de Auva—le siseé, dando un paso más al frente, acercándome peligrosamente a esos labios que se contrajeron en una mueca de molestia—. Conseguiré tu perdón… Así sea a la fuerza.

—Retírese, príncipe—me ordenó volteando y caminando hacía el ventanal, con voz imperativa, como si fuese ahora dueño del castillo—. Nada puede hacer. Nada matará mi odio hacía usted, el ejercito, estas malditas tierras, todo lo que tenga que ver con Alhenas.

Caminé hacía él y al sentir que de nuevo buscaba alejarse lo tomé por el antebrazo con fuerza, empujándolo hacía mi y él con sus manos en mi pecho puso la distancia necesaria como para no terminar abrazándolo. A pesar de que su cuerpo se ve delgado y labrado, tiene fuerza, mucha fuerza, pero jamás comparada a la mía. Lo miré profundamente, notando su expresión de desaprobación, sus esfuerzos por zafarse de mi agarre solo me hacen reír. Como si realmente pudiera. Lo había tomado por sus dos antebrazos y él sólo pudo reclinar su rostro, visiblemente enfurecido, más por el ritmo de su respiración agitada y ese sonrojo en la mejilla combinado a sus cejas contraídas y sus parpados cerrados con fuerzas. Aún con esa mueca de enojo era demasiado hermoso.

—Dormirás conmigo a partir de hoy hasta que mi hermano regrese—le informé y él levanto su rostro ahora sí, rojo de ira. Veía la indignación tomando forma en sus gestos.

—¿¡QUIÉN SE CREE!?—me gritó, peleando por salir de mi agarre—¡¡SUELTEME MALDITO PERRO DE ALHENAS!!—me pisó de sorpresa pero ni eso pudo lograr que lo soltara— ¡ANIMAL DESGRACIADO!

—¡SÍ, LO SOY!—le exclamé, lanzándolo a la cama real, cayéndole encima e inmovilizando sus miembros. Sus dos brazos con mis manos, sus dos piernas apresados por las mías que las sometían a presión contra el colchón, mi cuerpo sobre él, como una trampa, imposibilitando cada vía de escape. Pude verlo… incluso olerlo, al miedo que se filtró en sus pensamientos. Me temé y es un grave error que lo haga. Porque si algo me quita la cordura es oler el temor—. Escúchame, Asmita de Auva. Desde que te encontré en la alberca no he podido dormir gracias a las pesadillas y además he vivido la humillación de ver a mi ejercito ser destruido con tus manos—abrió sus ojos, mirando la nada pero encendidos de odio. Brutal odio que congelaba sus expresiones a una inmutable neutralidad, aunque el ligero contraer de sus cejas me daba indicios de su temor—. Así que desde hoy dormirás en mi habitación, como mi esclavo me servirás. Al menos, que quieras que pruebe en ti mi fuerza para otros menesteres más allá de la guerra—le siseé, oliendo el aroma a vainilla que desprendía y para completar su cuadro de terror, lamí su mejilla, hecho que me excitó mientras a él lo erizó del miedo.

—Así pretende ganar mi perdón, “su majestad”—espetó indignado, enrojecido e iracundo. Me sonreí de medio lado, pasando mi lengua por el colmillo que he heredado.

—Tú quisiste jugar con sangre… Y desgraciadamente la única forma que conozco para conquistar mis objetivos, es a la fuerza.

Lo solté y me reí al ver de qué forma se replegó al otro lado de la cama, buscando colocar la mayor distancia posible, ocultándose y protegiéndose a sí mismo. Quiero su perdón, pero antes de poder empezar a ganármelo necesito obligarlo a que me siga. Debo aprovechar este tiempo que mi hermano estará afuera. Es mi única oportunidad.

—Esta noche, te quiero en mi habitación. De no ser así, me tendrás aquí, Asmita de Auva. Y recuerda, que ante la ausencia de mi hermano, en este castillo soy la máxima autoridad—respiraba aceleradamente, su rostro era letal, asesino… estaba seguro de verle deseos de matarme—. Hasta entonces.

Salí… lo dejé. Lo escuché maldecirme en un alarido animal que retumbó el palacio…

4 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 09)

  1. Yeah!!!! Y apareció Milo!!!!!!!!!! *0* milo *¬* milo *¬* escorpio *¬* pariente de kardia *¬* KARDIA *¬* jajaja

    Es que me encantan los escorpiones *¬*

    OMG!! Con que de eso se trataba el spoiler!!! Eran Mu y Kanon!!! ¬¬ ese kanon se pasa… aunque me fanservicee xDDD jaja!!! me quedé con ganas de más!!! Suerte que Milo *¬* intervino O.o casi deja sin un miembro al lindi Ka!!! La pregunta es… ¿Qué hará Shaka cuando se entere??

    O.o ARDERA TROYA!!!!!!!!!!!!! Cuidado Kanin!!! Que un virgo cabreado, géminis desmembrado xDDDD

    jajaja ya deseo verlo!!!!

    Y Saga ¬¬ otro alzado!!!! Principito de m… omitan eso xDDD es que aquí lo “odioamo” jeje!!! Kardia es la ley!!! le ha bajado por el momento

    -Entonces, usted, príncipe Saga, está en las mismas condiciones.- xDDDD excelso kardia!!!!

    *¬* Me han matado con Aspros *0*

    ASPROS RULEZ!!!!!!!!!!!!!

    me tiene enganchada aquí en lienzo!!! jojo ya quiere hacer consorte a ASmita!! yeah!! veremos que opina Defti cuando se entere

    O.o

    —Esta noche, te quiero en mi habitación- OMG!!!!!

    q le hará??? QUIERO QUIERO QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    DAME LIENZO 10!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    DAME SAGAXSHAKA!!!!!!!!!!!!

  2. oooooohoooo!!!!
    por todos los dioses jaja dios se amaran kani y mu deven de jaja si bien que mu
    siente deseos por kanon pero se niega hay mu si tu tampoco quieres que le pase nada a
    kanon por eso le cuidabas bien y le atendias sus caprichos
    awu aioria enamorado de shaka y la danza de asmita me parecio muy agradable
    mucho muy agradable

    reencuentro de hermanos aunque falta shaka
    pero al menos mu y dita ya andan juntos

    a saga ya le dio miedo pelear con shaka
    y ya otra ves salio el hermoso de milo bicho por copo

    mi dita T__T su piel es tan blanca que el sol no merese tocarla jaja
    pero bueno esperemos pierda el amor o algo mejor pase en su situación que llege su amigo camus

    amo lienzo amo lienzo
    no se como sobrevivire casi 5 dias sin leer algo de lienzo ajaja
    te aquedado muy bueno el capitulo gracias angar por consentir a tus fans como yo jaja

    cuidate mucho que tengas salud y un buen dia para que sigas con inspiracion

    albafika por cid jaja andale siiii

  3. “—Tú quisiste jugar con sangre… Y desgraciadamente la única forma que conozco para conquistar mis objetivos, es a la fuerza.”(((———- ese es mi demonio brutal!!!!!!!! I LOVE IT *OMG*

    Gran capí, una sola crítica ¿CÓMO RAYOS ME CORTAS SEMEJANTE RAPE KANIMUISTA??? no se si supere este trauma, tanta emoshion imaginando bufandas delana y cosas sexis OMG, amo, amo y re contra amo tus kanimuismos, son mis sueños realiazados -casi culpa de Milo¬¬ Milo idiota como interrumpe XD igual cuando lo vi todo honorable al final medio lo perdone pero… por qué tuvo que interrumpirr??? jajjajajj

    La despedida Asprita, los flash back, Saguita, todo estupendo. Un placer leer, a ver si el tiempo me da para el diez, corrooooooooo

    Besooooo

  4. Me da risa que mientras uno alaban a Milo por salvar a Mu, Karin lo odia precisamente por salvar a Mu xDDDD Milo tenía que entrar a salvarlo o Shaka lo degollaba xDDD, de haber sabido que era el rape que soñaba lo hubiera uisado en optro momento xDDDD ¡Pero te recompensare! creeme xD

    Kanon y Sga ase han reencontrado. Milo es un hombre realmente honorable, Shaka aún no ha llegado y para rematar en el pasadao, Aspros ya le pide a Asmita ser su consorte, para dejarlo solo con Defteros quien, al parecer, ¡tiene otros planes!

    ¿Qué pasara en la habitación? ¡Ya veremos!

    ¡Gracias por sus comentarios chicas!

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