Lienzo de Guerra (Cap 11)

Shaka y Saga ya han llegado al campamento, para encontrarse con el terrible panorama de Kanon que intentó abusar de Mu. ¿Podrá Shaka dejar las cosas así tal cual su hermano se lo pidio? Y en el pasado, ¿habrá sido Defteros una de las razones para que Asmita protegiera el reino?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Shaka y Saga ya han llegado al campamento, para encontrarse con el terrible panorama de Kanon que intentó abusar de Mu. ¿Podrá Shaka dejar las cosas así tal cual su hermano se lo pidio? Y en el pasado, ¿habrá sido Defteros una de las razones para que Asmita protegiera el reino?

Capitulo 11: El dolor de Antaño

Leda, segunda ciudad fortificada de Alhenas. Ubicada a ocho horas de camino a carruaje, al noroeste de Polux; es una fortaleza también resguardada por la extensa formación Gemínidas, arenosa y árida, dueña del clima más férreo y la meca de la extracción de hierro. Es allí donde se fabrican el armamento con el cual Alhenas prepara a su ejército para la guerra, encontrándose allí la mayor fabricación de armas del país. Siendo Alhenas un pueblo de guerreros, con décadas haciendo conquistas, el avance en ciencia militar era bastante adelantado en comparación a sus contrincantes, incluso frente a Rukbat.

Ese día, Leda se había vestido de fiesta. Todo había sido decorado y preparado para el paso del Rey, Aspros de Alhenas, en medio de la ciudad, en el carruaje real. Todos los habitantes habían salido, algunos temerosos, otros expectantes, ante lo que significaba la visita de su rey a esas tierras, donde estaba el segundo castillo, lugar donde la reina Seraphina y los herederos Saga y Kanon de Alhenas vivían, fuera de Polux. ¿Las razones? El pueblo prefería no comentarlas, pero según se rumoreaba, el matrimonio no estaba en buenos términos, la reina no aprobaba las actividades del Rey, y por ello, el Rey decidió sacarlos de su castillo, enviarlos a Leda.

Algunas noticias de Polux y los rumores de malestar por parte del ejército, había alcanzado la segunda ciudad amurallada de Alhenas. Ante esos comentarios, la reina había decidido hablar con su esposo, verificar el estado de su gobierno y entender que había ocurrido para que se enfrentara directamente al ejército comandado por su hermano. Aspros sabía las razones de ese llamado, junto a una nueva recaída de salud que ya se hacía constante y le fastidiaba. Varias veces había evadido los llamados de su hijo Kanon para visitar a la reina, pero esta vez no podía prescindir de su responsabilidad. Fue el mismo heredero, Saga de Alhenas, quien hizo el llamado oficial. No había forma de evitarlo.

El carruaje pasó en medio de la multitud que aclamaba a su rey. Traspasó los murales del castillo y llegó a la puerta principal, donde al pie y vestido con el traje real, le esperaba su hijo mayor, Saga, de tan sólo 13 años. El príncipe heredero se inclinó ante él en señal de reverencia y detrás de uno de los pilares estaba su otro hijo, Kanon, observando al rey, su padre, con odio. Aspros no hizo caso de ello y simplemente se dejó guiar por su heredero, hasta los aposentos de la Reina. Allí estaría por dos largos meses.

______________Acto uno: La pesadilla

///Hace 15 años///

Pensé que sería divertido… pensé que sería una travesura… pero al verlo, ver a aquel que decían llamar consorte real, un cúmulo de imágenes abarrotaron mi mente. Me sentí abstraído de la realidad, totalmente en un manto de oscuridad donde sólo estaba yo, y estaba él… él… aquel que tiene mi mismo color de cabello, ese punto que pensé que era original, el porte… el porte…

Sentía el galopé de los caballos que se acercaban a mí. Sentí la voz de Dita llamarme y luego una caída. Ojos que me miraban, todos me miraban pero… entre ellos… entre ellos estaba él… él con ojos rojos… él con lágrimas de sangres…

El con ojos que no veía…

Me asusté… realmente estaba asustado, aterrado, aterrado ante la imagen que tenía frente a mí. Todos aquellos rostros que me rodearon desaparecieron, sólo quedamos él y yo, solos en una eterna oscuridad, solos… Hasta que los aplausos y gritos de la gente que aclamaban al rey y su consorte, se mudaron en gritos de guerra, en los chirridos de los caballos, el galope del metal, el sonido de las armas… y se acercaba… se acercaban a mí… y él me miraba… miraba con ojos de sangre, miraba con expresión enloquecida…

Locura…

—¡¡¡CIERRA LOS OJOS, SHAKA!!!

Le escuché gritar y grité. Corrí sintiendo que los caballos me perseguían. Todo en cuanto miraba se confundía con caballos, con enemigos, hombres, hombres enmascarados… hombres con mascaras de hierro, con mirada enrejada, con una risa que se ahogaba detrás de sus pieles, lascivia, odio, sadismo, desprecio… y él… él también me perseguía… él también… pero… me protegía… me protegía…

—¡¡¡CORRE SHAKA!!!

Escuchaba gritar a Mu mi nombre, Shijima… pero aquel gritaba Shaka y yo obedecía… Mu decía “Detente Shijima” y él “Corre Shaka” Y yo… ¡¡YO OBEDECÍ A AQUEL!! Corrí entre la multitud que enmascarada me observaba, sentía manos que querían atraparme y me alejaba. Corría, aunque me dolieran las piernas, aunque desfalleciera en el intento… pero debía huir… ¡¡¡HUIR!!! Hasta que llegué a un callejón vacío… hasta que me encontré sin salida, cansado, sediento, asustado…

Sentí pasos detrás de mí, pasos serenos… De seguro era de aquel que me protegía… de seguro era de aquel que me llamaba Shaka… Pero tenía miedo y lloraba… lloraba sin entender que era lo que veía… Porque veía fuego… porque veía extensas colinas quemándose… un castillo derrumbándose… sí… me veía, podía ver bien…

Cadáveres… cadáveres a mi alrededor… caballos descuartizados, hombres ensangrentados… rostros que detrás de las mascaras habían quedado inertes. Con ojos en platillos observándome… rostros… y el olor nauseabundo… sangre, y el calor del fuego…

Vomite…

Ya no estaba en Polux… ya no estaba en Alhenas… ya no era Shijima… era otra persona… era otro ser, en otras tierras… ¡Estaba aterrado!

—Shaka…

Volteé, queriendo encontrar respuestas… y lo vi… vi a aquel… con su ropa hecha harapos… heridas, tantas heridas que no podría decir de donde brotaba la sangre… y sus ojos… ojos de sangre… ojos de dolor… ojos de locura… ojos que no veían… manos que se acercaban…

—Mi Shaka…

¡¡¡Me ahorcó!!! ¡¡ÉL!! ¡¡CON SUS MANOS!! ¡¡ME ESTABA MATANDO!! ¡¡ÉL!!

—Mi pequeño hermano…—me sonreía…. ¡ME SONREÍA!—. Perdóname hermano…—el agarre que se fortalecía… en medio de aquel lugar… en medio del fuego, de los cadáveres, de los cuerpos con sangre… con sus manos heridas, con esa gargantilla en su cuello—. Te amo Shaka…—me estaba matando…—. Te amo Shaka…—me estaba asesinando…—. ¡¡¡TE AMO SHAKA!!!—¡¡¡yo no quiero morir!!!—¡¡MUERE SHAKA!!—¡no me mates hermano!!!—¡¡MUEREEEEE!!

Y aquel día… mi hermano me mató…

Y ese día, volví del infierno…

Ese día, dejé de ser Shijima…

///Hace 20 años///

Otra vez lo oía… otra vez… Desde que ese hombre me obligó a llorar en sus brazos, podía oírlo, podía oír a mi Shaka clamándome por vivir… A mi Shaka preguntándome el porqué lo hacía… el porqué cerraba el paso del aire en su garganta con mis manos… el porqué lo mataba…

Lo podía sentir pataleando… podía sentir esas manos que angustiosas peleaban por zafarme de mí… por huir de mi… su hermano mayor… el que lo protegía… el que lo cuidaba… el que nunca debió lastimarlo…

En esta espesa oscuridad, pude dibujarlo… pude dibujar su rostro marcado por el llanto de vida, tan fuerte como el día que nació, tan potente… tan agudo… ¡PERDONAME! ¡¡PERDONAME HERMANO!! Perdóname mi Shaka… Espero puedas perdonarme… espero puedas entenderme… Mi pequeño hermano… tú que estas con mis padres… con Buda… pide piedad por mí… que la locura no sea impedimento para la venganza…

Por favor, hermano, deja de llamarme…

______________Acto dos: La Impotencia

A duras penas me dio tiempo de verlo alejarse, ingresando al bosque en un caballo, totalmente fuera de sí. Jamás había visto a Asmita así, por lo cual, ver a ese hombre que era su hermano de esa forma me sorprendía. Era como si pudiera ver un retrato de lo que hubiese sido ver a Asmita enfurecido. Y eso, sinceramente me abrumaba.

Tomé también el primer caballo que tuve disponible, pesé a los reclamos de esa mujer que nos había recibido y traté de seguirle el trote, sin que me notara. No fue muy difícil; por como el cabalgaba no estaba prestando atención a nada a su alrededor, ni las enramadas que furiosas se golpeaban con sus brazos, ni a las piedras que aplastabas tenían que ceder a su paso. Parecía huir, escapar de algo, como si al no hacerlo terminaría lastimando a lo que amaba, o al menos, eso sentía tras esa carrera demencial que emprendía con el pobre animal, que llegue a tenerle lastima.

Estuve persiguiéndolo por al menos media hora hasta que lo vi detenerse y me vi obligado a quedarme quieto, a decenas de metros de él. Bajé del caballo y lo encubrí entre los matorrales de ese espeso bosque, para ver desde allí y aprovechando la neblina, el brillo del agua frente a nosotros. Vi desde allí cuando sujetó las riendas del caballo al árbol para luego acercarse a la orilla de esa laguna. Decidí entonces acercarme más, cubriéndome entre los arbustos, totalmente agachado para que no se diera cuenta. No sé porque lo hice, el porqué sentí que debía esconderme y certificar que pensaba hacer allí. Aún así, me quede quieto cuando lo vi caminar hacia la laguna, sacando sus dos espadas curvas, viendo al cielo. El cabello dorado se mecía, tomado por una larga cinta que lo rodeaba desde la nuca hasta la cintura. Pensé que era el momento de acercarme y disculparme por mi hermano, pero cuando estuve al punto de ponerme al descubierto, vi que el viro su vista hacía la izquierda, como si viera a alguien.

—Supuse que esto pasaría…—esa voz… era la voz de Delio. Me costó ubicarlo desde donde estaba, pero estaba allí, sentado frente a uno de los arboles más gruesos, con una espada en mano—. Supongo que Mu te convenció de quedarte tranquilo, ¿no?—se levantó, dando vuelta a la espada sobre su muñeca—. ¿Qué paso Shaka? ¿Te sientes frustrado?

—Vete Delio…—espetó Shaka. Desde donde estaba podía sentir la ira en su mirada—. No me provoques.

—Por favor, mi querido Shaka… ¿Provocarte yo?—dijo con sorna, acercándose con la espada en mano, moviéndola de lado a lado—. Tú no necesitas provocaciones… ¡estás muerto de ira! Eres capaz de matar lo que tengas en frente con tal de sacártela de encima, ¿no?—indagó, con gesto de burla. Para luego reírse a carcajadas—. Pero claro, no es a cualquiera que quieres tener entre tus manos para traspasarlo con tu espada… No es a cualquiera que quieres destruir, golpearlo hasta quitarle el reconocimiento de su rostro, violarlo incluso hasta que no pueda sentarse a defecar. ¿O me equivoco?

—¡Basta ya, Delio!—gritó con voz turbia. Me estremeció—. Sólo… sólo vine a calmarme…

—Claro… porque si lo ves en ese estado eres capaz de fallarle a tu hermanito, ¿no?

—Delio…

—¡¡No voy a dejar que te tragues tu furia, maldita sea!!—exclamó amenazándolo con la espada—. ¡Ve por él, Shaka! ¡Destájalo!—veía que el aludido lo miraba con fuego… con un fuego que quería devorarlo—. ¡¡¡Hazlo de una maldita vez!!!

—¡¡BASTA DELIO!!

—¿O es que piensas dejarlo así? ¿Piensas dejar que un hijo de ese maldito vuelva a tocar a uno de tus hermanos? ¿Otra vez no podrás hacer nada?

—¡¡DELIOO!!

—¡¡¡NO SEAS COBARDE SHAKA!!!

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Sus palabras me quebrantan…. Me desatan… me enloquecen… Delio. ¿Qué buscas de esto? ¿Por qué me incomodas justo en este momento? ¡Te amo! ¡TE AMO MALDITA SEA! ¡PERO NO ME OBLIGUES A LASTIMARLOS A ELLOS! Por mucho que los odie… por mucho que destete en estos momentos sus existencias, ¡por mucho que me recuerde el dolor de mi hermano Asmita! Su sufrimiento… su locura… la locura que lo obligó matarme…

Vete Delio… No me provoques Delio… No lo hagas… ¡VETE…! ¡MALDITA SEA! ¡VEEETEEEE!

—¡¡¡HE DICHO QUE TE CALLES, MALDITA SEA!!!—grité empuñando las espadas—. ¡¡¡DEJAME EN PAZ!!!

—Que patético Shaka… otra vez, ahora que puedes actuar… dejaras que ese maldito quede ileso luego de intentar abusar de Mu—me decía, siseando maliciosamente, incitándome, encolerizándome—. Mientras él desnuda con sus ojos a Mu, tú te quedaras de brazos cruzados… tú lo verás recorriendo a tu hermano con lascivia, ¡devorándolo con su mirada!—no lo soporto… ¡no pude soportarlo!—. ¡¡Lo mismo que el rey hizo con tu hermano!!

—¡¡¡MALDITA SEA!!!

Blandí mis espadas. Lo ataqué. Lo ataqué con todas mis fuerzas. Puños, cuerpo, brazos, piernas, todo se movían en gritos que laceraban mi garganta saliendo de mis riñones, gritos de rabia de, ira, de odio… profundo el odio que me estaba quemando, quemando, ¡MATÁNDOME! Este odio con el que lo ataqué y él se defendía… Se defendía con fiereza, con una sonrisa, con una sonrisa con la que se burlaba. Y yo… yo perdía la visión, con cada feroz ataque, con cada movimiento enfurecido de mis filos, con el agua que salpicaba entre nosotros, con la noche, el frio… las lágrimas que furiosas cubrieron mis mejillas… la impotencia… la vil impotencia…

—¡¡¡LOS ODIO!!!—grité mientras daba otra estocada que fue evadida—. ¡LOS ODIO DELIO! ¡PERO NO PUEDO! ¡NO PUEDO MATARLOS!—clamé con rabia, con tanta indignación junta que sentía que ya ni lo veía… no lo veía a él, ni el bosque, ni la noche… me veía preso en una oscuridad asfixiante… la misma donde vivió mi hermano por 15 años…—. ¡NO PUEDO MATAR LO QUE MI HERMANO PROTEGIÓ CON SU VIDA! ¡NO PUEDO HACERLO! ¡MALDITA SEA! ¡¡MALDITA SEA!!—otro movimiento, otra vez detenido—. ¡LOS ODIOOO!

—¿Y qué quieres hacer, Shaka?—me preguntó mientras me hacía retroceder con su espada—. ¡¡Dime que les quieres hacer a esos malnacidos!!

—¡¡APLASTARLOS!! ¡¡HUMILLARLOS, MALDITA SEA!! ¡¡HACERLE SENTIR UNA A UNA LAS HERIDAS QUE LE HICIERON A MI HERMANO!!—lloraba… mientras daba cada golpe, lloraba… no podía detenerme… era el llanto, llanto resguardado por décadas…—. ¡LOS HARÉ ENLOQUECER! ¡TAL COMO HICIERON CON ÉL! ¡LOS DEJARIA SIN OJOS!—golpeaba sin norte… mis huesos desfallecían—. ¡LOS CASTRARÍA! ¡¡LES MANCHARÍA EL ORGULLO!! ¡¡LOS EXHIBIRÍA COMO PERROS EN CELOS PARA QUE LOS DEMÁS SACIÉN SU LUJURÍA EN ELLOS!!—perdí el equilibrio, las espadas se resbalaban de mis manos—. ¡¡PERO NO PUEDO!! ¡¡DEBO DEFENDERLOS!!

El sonido de nuestras armas caer a la laguna. La sensación de sus brazos rodear mi cintura y cubrirme en un enfurecido abrazo, obligándome a esconder mi rostro en sus hombros… Golpeé con ira su cuerpo, su pecho, llorando, de tanta rabia… de tanta cólera contenida… de tanta furia desbocada…

—Mi Shaka…—me susurraste en el oído, aplastando con tu mano mi cabeza a tu cuello—. No voy a dejar que te hundas solo en tu ira. Así sea conmigo, te la haré sacar. Así sea a punta de espadas, ¡te voy a hacer a sincerar conmigo!

—Maldita sea… —murmuré ahogado con mi propia saliva—, maldita sea… si no fuera… si no fuera por él… por mi hermano… ¡¡No estaría haciendo esta farsa!!—clamé, cansado… cansado de dos años peleando por algo que odio, que realmente odio—. Lo hubieras visto, Delio… si lo hubieras visto pelear… el cómo se levantaba… aún con sus heridas… firme… poniendo su cuerpo a los leones de Rukbat… ¡¡DEJANDOSE DEVORAR POR SU FILO!!—me ahogué, me hubiera desplomado si no fuera por su fuerte agarre—. Durante 15 años gocé de libertad mientras él se hundía en el castillo…—gemí, asfixiado— lo único que puedo hacer por él… es proteger lo que el protegía con su vida… cumplirle ese último pedido…

Me separé, sintiendo sus ojos azules indagándome, viéndome de esa forma que conozco… Me comprende… él es el único que puede comprender este infierno que yo mismo me he creado… él único que puedo soportar la furia de mi odio descarrilado, para poder entonces, tomar las riendas, calmarme… ser impenetrable.

Sin aviso me tomó de nuevo para besarme con su furia salvaje, con sus labios que lastiman pero incluso este dolor… es dulce… es reconfortante en esta agonía. Respondí a su beso como quien toma del pequeño pozo que se seca en un desierto. Lo bebía con deseos, tomando su rostro con mis manos, obligándolo a ser más feroz, más hiriente… Hasta quedarnos sin aire… hasta que nuestros rostros aún cerca se miraban… me conoce bien… sabe quien soy… porque peleo… porque sufro…

Sólo él lo sabe…

—Hago todo esto por Asmita… pero uno de esos malditos se atrevió a tocar a Mu, que es como mi hermano… ¿qué sentido tiene todo esto entonces?—le pregunté, agobiado y él de inmediato tomó mi rostro con sus manos, fuertemente, viéndome con fiereza, desafiándome—. ¿De qué sirve seguir el deseo de mi hermano de sangre, si estoy poniendo en peligro a mis hermanos de crianza?

—Nada les pasara… Así tenga que poner mi maldito pellejo frente a ellos, no dejaré que les pase nada. ¿Me entiendes?—asentí, recuperando fuerzas, ánimos—. No podemos lograr nada si actúas de esta forma. ¡Tienes que mantenerte firme! Si no, ¡no nos sirves!—es duro, pero totalmente certero… lo entiendo, sé que es así…—. Sólo te permito estar así ante mí… no ante nadie más… jamás dejes que alguien más te vea así, Shaka.

Me abrazo de nuevo… en sus brazos siento la calma, porque siento el mismo fuego del odio que también le embarga, la misma oscuridad… Sólo quienes han sufrido lo mismo, pueden entenderlo… él y yo pasamos por lo mismo… él y yo nos entendemos… y aunque seamos como dos bestias que se lamen las heridas entre sí… así estaremos, así seguiremos… hasta que el filo de la muerte nos cercenen.

—Cuando todo esto termine, dejaremos estas malditas tierras. Nos iremos con Mu y Afrodita muy lejos de aquí. Seremos nómadas, Shaka. Dejaremos este lugar que tanto odiamos, para hacer nuestra vidas, libres, sin ataduras—promesas… esas promesas que nos mantienen. Lo miré con mis ojos cristalizados… promesas… ¿sobreviviremos acaso a esto?—. Vamos, Shaka. Al menos déjame soñar.

Me sonreí, dejándome ir con su aroma a tierra, a sudor, a árboles. Sí… al menos soñemos… aunque sepamos que nunca se cumplirán…

Supongo que también hiciste lo mismo, ¿no hermano Asmita?

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En medio de ese combate, me fui. Viendo la forma que gritaba lo que quería hacernos, lo que lo agobiaba, me sentí sumamente angustiado… ¿Es eso lo que lo motiva? ¿Odio y una promesa? ¿De qué forma puede semejante tormenta de fuego dorado llevar el estandarte de paz que llevaba Asmita?

Intenté comprenderlo… intenté comprender el dolor que ha estado acumulando durante años… pero como Rey, no podía permitir que sea él quien tome las riendas de esta revolución. Tenía que vencerle en el duelo…

______________Acto tres: El Secuestro

///Hace 20 años///

Habían sido una semana de pesadillas. Más no mías sino de él. Eran sus pesadillas las que no me dejaban dormir. A veces me quedaba sentado en el diván, observándolo dormir, preguntándome cómo hacer para recibir su perdón, qué más podía hacer por él; para ser sorprendido por un arranque angustiado de llanto que cesaba tan rápido como llegaba. Pero, pero la noche anterior realmente me aterró. Jamás en mi vida había visto algo tan horrible como lo que vi esa noche, cuando de repente lo vi simplemente con su rostro hacia la pared, extendiendo su mano a la altura de más o menos un metro, moviéndola como si acariciara algo. Se sonrió de repente, todavía recostado, como si estuviera peinando el cabello de un niño.

—Aún no puedo ir, Shaka…—susurró, antes de dejar caer su mano y abrir sus ojos, muertos al vacio.

De allí, el abrumador silencio, junto al latido de mi corazón pasmado, asustado… realmente impresionado… ¿Acaso, ha llegado al punto de la locura?

Intentaba distraerlo de miles de formas mientras estaba a mi lado, pero cada vez más, lo sentía más perdido… ¿Era mi presencia la que lo estaba enloqueciendo? ¿Acaso, era por mí? ¿Por qué con mi hermano no le veía así? Ahora, ahora lo siento perdido en sí mismo. Me da miedo verlo sentado mirando la nada… me da terror pensar que en ese momento estaba viendo a su hermano… y más, cuando sin razón aparente, sonreía de esa forma tan triste, decía algunas palabras en otro idioma, para volver a callar. ¡¡Esto es locura!!  Me decía Kardia cuando una vez lo presenció. Dohko de una vez me aconsejó que lo mejor era hacerlo regresar a la habitación del rey. No era posible que mi intento por ganar su perdón haya terminado de esta forma.

Veía todo los esfuerzos fracasar… me veía más perdido aún en mi culpa… lo veía a él hundirse en la demencia… y me pregunté, si lo mejor no era permitirle morir… ¿Para qué dejarlo con vida? Pero… al meditar en eso, por alguna extraña razón que no comprendía en el momento, me dolía pensar en su muerte… No quería perderlo…

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La voz de mi hermano… cada vez más aguda, cada vez más cerca… ¿Acaso, era que iba a morir? Ya no sabía… desde que lloré con él… me sentía totalmente perdido en mí mismo. Entre el odio y este maldito interés insano en sentir más de esa nobleza que me demostró esa noche; sentía que le estaba fallando… ¿Cómo es posible que me haya detenido a pensar en que tan distintas hubieran sido las cosas si él fuera el rey? Era ridículo… ilógico… irracional que estuviera pensando en que hubiera sido mucho mejor ser esclavo de él, quien en sus manos aún se seca la sangre de mi padre, de mis hermanos y mi pueblo…

Debe ser por eso que Shaka me llama…

Debe ser porque he enloquecido…

Debe ser porque estaba muriendo…

Sí, el odio me estaba matando…

Y para hacerme más agónico este suplicio, estaba esa mirada, aquella mirada que me traspasa por entero, esa que me seduce… como la polilla que se acercaba al fuego, sabiendo que se quemaría… pero se acercaba, porque es la única luz que veía… ¡MALDITA SEA! No podía dejarme engañar… no podía permitir que él me engañe… que me hiciera perder el sentido de todo lo que he hecho por tantos meses… No podía… no podía permitirlo…

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Por eso, esa noche lo decidí. Le dije a Dohko que preparara mi caballo y mis armas, que lo tuviera todo listo mientras lo buscaba. Era hoy o nunca, iba a darle la oportunidad de morir con honor, aunque después tuviera que pesar sobre mí la furia de mi hermano. Pero no iba a dejar a Asmita hundirse más en la locura… haría que ese día fuera su fin.

Entre a la habitación y lo vi, vestido con la ropa de esclavo, sólo el pantalón negro y la camiseta gris. Sigue allí, perdido en la nada, como si pensara en muchas cosas. No pensé siquiera pedirle permiso, por lo que lo tomé de improvisto por la cintura con mi brazo y lo alcé como si tomara un saco de piedras.

—¡QUE PASA! ¡QUIEN…!—gritó enfurecido ante mi arrebato. Me sonreí, al menos si reaccionó.

—Vamos a pasear—le dije, divertido al verlo patalear. De inmediato me tomó por el brazo para intentar ponerse de pie y zafarse de mí—. ¡Quédate quieto!

—¡¡NO!! ¡¿A dónde me lleva?!—lo sujeté completamente a mí, casi alzándolo con mi peso, abrazándolo con fuerza mientras no paraba de golpearme furiosamente la espalda—. ¡¡¡MALDITA SEA!!! ¡¡¡SUELTAME!!!

—¡¡TE CALMAS O TENDRÉ QUE DESMAYARTE!!—le grité con fuerza y se detuvo por un momento… muy corto momento, para seguir peleando con más ímpetu. ¡¡Era obstinante!! Necio, testarudo, orgulloso y…

—¡¡¡SUELTAME!!!—me reí de su grito furioso… y era fascinante… esa altivez, esa dominancia que puedo doblegar… ¡es impresionante!

—¡¡Jamás he visto a un príncipe gritar y golpear tanto como tú!!—comenté triunfante, ya frente a Dohko quien me miraba desconcertado y Kardia quien se reía a lo lejos del espectáculo—. Pensaba que estabas loco, ¡¡pero ya veo que no!!

—¡¡MALDITO PERRO DE ALHENAS!!

Mi primer general me observó con desaprobación, como si estuviera haciendo algo muy malo mientras que Kardia simplemente sonrió y me dio mil ánimos para continuar. Con dificultad logré subir al caballo, con él aún forcejeando salvajemente. Para su contextura es realmente fuerte y difícil de dominar, pero eso, lejos de irritarme, ¡me fascina!

—¿Esta todo, Dohko?—pregunté mientras tapaba la boca de mi rehén con mi mano, sintiendo como lamía y mordía buscando liberarse. Mi general asintió y entonces solté sus labios para tomar las riendas, mientras que con mi otro brazo sujetaba con fuerza sus muñecas—. ¡Vendré al amanecer!

—¿CÓMO QUE AL AMANECER? ¡¡¿A DÓNDE ME LLEVAS MALDITO?!!

Agité las cuerdas y el caballo empezó a correr, mientras él aún peleaba, mientras yo me excitaba con tenerlo tan renuente… pero no, no pienso tomarlo… sólo quiero darle la oportunidad de morir con honor…

______________Acto cuatro: La Intersección

Aún seguía vigilando la carpa del príncipe Kanon, quien luego de su discusión con el príncipe Saga no había dejado de estar en el suelo, hincado, pensativo. Me dolía verlo de esa forma, pero ya era momento que alguien le pusiera freno a esa conducta tan irresponsable por parte de un noble. El príncipe Saga había hecho lo correcto, su hermano debía meditar sus acciones y corregirlas. En estos momentos, no podemos perder el tiempo apoyando sus antiguos hábitos reales.

—Entonces el principito no le bastó la patada de Delio para quedarse tranquilo—escuché a mi lado y reconocí su voz. Era mi primo, Kardia Scorpius, antiguo general de Alhenas, alguien que tenía tanta sangre en sus manos que ya el olor está impregnado en su piel y, a quien admiraba, pese a todo.

—Creo que luego de lo que paso hace poco, corregirá su comportamiento—me miró con gesto incrédulo antes de soltar una carcajada animada, con una mano en la cintura y la otra manoteando el viento. Lo miré algo molesto—. Milito, Milito, ¡siempre tan optimista!—susurró con burla, mirándome con sus turquesas destellando—. Si no lo arregló la pobreza estos cinco años, ¡nada puede hacerlo!

—Deberías creer un poco más en nuestros príncipes…—susurré indignado con sus palabras, viendo que Dohko Librais, mi antiguo maestro se acercaba al lado de un joven con manto blanco, reconocido uniforme de los médicos reales, de lejos, se me parecía a Degel—. Veo que por fin conseguiste a Degel…—comenté, sin saber que estaba cometiendo un error.

La mueca de dolor que dibujó mi primo fue desoladora. Me miró con cierta rabia, antes de voltear y darme la espalda, con sus manos en la nuca, tratando de lucir indiferente. No entendí en el momento su reacción, hasta que al ver más cerca al médico me di cuenta que era una versión de Degel mucho más joven y, vale acotar, más frío. Su cabello aguamarina caía sin reparo por su manto blanco, sus ojos eran como dos esmeraldas heladas, fríos e inexpresivos, todo su semblante era neutral totalmente ausente de emociones. Alguien… peculiar, podría decirlo. No me detuve mucho a verlo, ya que Dohko había llegado hacía mí para saludarme luego de 5 años sin vernos.

—Es bueno verte con vida, Milo. Veo que no en vano ustedes son escorpiones de fuego y arena. No importa cuán cerca estén la muerte, ¡siempre le huyen!—comentó mi maestro contento. Yo sólo sonreí en respuesta, cortésmente.

—¡Te dije que para matarme tendría que venir el mismo Aioria con todos sus ancestros juntos!—replicó mi primo con voz altiva. Noté de inmediato que esquivaba la mirada hacía al médico y no me fue difícil imaginar la razón.

—Sí, lo sé, ¡Alacrán!—exclamó mi maestro antes de reírse a carcajada, amenamente. Con ellos no pareciera que estuviéramos armando una revuelta que promete derramar sangre por doquier—. Y bien, me dijeron que el príncipe Kanon se encuentra aquí y está herido—asentí—. Bueno, Camus, por favor, ve a atender a su excelencia.

Él medico asintió mecánicamente antes de ingresar a la carpa, a hacer lo propio. Lo miré de reojo hasta perderse en la gruesa tela, para de nuevo sentarme, viendo como mi primo y Dohko se sentaban también a mi lado. Supongo que había mucho que conversar.

—¿Dónde será el duelo por fin, Alacrán?—escuchar esa palabra llamó mi atención. ¿Duelo? ¿Entre quienes?

—Tenemos una cueva especial para los entrenamientos, es un lugar cerrado y bastante amplio, húmedo además, tiene las condiciones perfectas para un duelo divertido—siseó con una sonrisa sádica en labios—. Supongo que será usando las mismas armas los dos, ¿no?

—Conociendo al príncipe Saga, querrá que sea usando la arma que dominen mejor.

—Bien, tenemos espadas curvas más la espada recta de Alhenas, será un duelo interesante.

—Disculpen—me atreví a preguntar, abrumado—, ¿acaso el príncipe Saga se batirá en duelo con el señor Shaka?—mi primo asintió con fastidio, enroscando uno de sus mechones entre los dedos—. ¡Imposible! Acaso es por…

—No, ¡no te alarmes Milito!—me interrumpió mi primo con mirada indiferente—. No es por eso… es para decidir quien tomará el rumbo de esta guerra.

Quedé callado, totalmente absorto… ellos dos se batirían a duelo… y lo peor… lo peor era que conocía muy bien las capacidades de Shaka, tanto que temí de inmediato. Shaka no era alguien que se pueda subestimar… él tenía un estilo de pelea que combinaba la gracia y velocidad de Auva con la fiereza de Alhenas, muy digno de su forma de ser, representante perfecto de él, un príncipe de tierras lejanas criado en el pueblo que lo ha mancillado. Sus motivaciones no las conocían, pero no pude dejar de admirar la fortaleza con la que encaraba un destino que no le pertenecía, ni buscaba pero sentía que perseguía con la misma pasión con que una vez Asmita defendió a los nuestros. No necesitaba conocerlo a fondo para poder sentir ese fuego dorado que fluye de sus venas, para reconocer al consorte en él.

Pero en ese momento, me sentí en una verdadera disyuntiva. Yo seguía a Shaka, pero mi príncipe Saga también estaba pidiendo el mando de esta revolución y siendo sincero, creí que en sus manos la sangre derramada sería sólo la necesaria. Todo se decidiría en un duelo…

El rumbo de esta revuelta, el destino de Alhenas, en el enfrentamiento de espada estaba por decidirse…

______________Acto cinco: La preparación

///Hace 20 años///

Desconocía hacía donde me llevaba y tenía miedo, mucho miedo de que al final haya decidido matarme para liberarse de mí. ¡MALDITA SEA! ¿Por qué baje la guardia? Pero allí estaba, inmóvil en sus brazos, indefenso y totalmente vulnerable a sus designios.

Lo único que podía alegar a favor de esta extraña situación era que el viento que golpeaba mi rostro junto al cada vez más cercano olor de una laguna natural me aliviaba, me aliviaba mucho. Era como sentir cuando cabalgaba en mi tierra, en medio de los sembradíos, entre las lagunas… sí… si iba a morir, creí que con esta sensación moriría con algo de alivio.

Se detuvo de repente, en algún lugar donde el olor del agua era más palpable. El aire susurraba tímidamente entre los pastos y matorrales, el canto de los grillos era perceptible… Un lugar natural, tan contrario a la cárcel de piedras donde había estado confinado durante meses. Me bajó y sin siquiera esperarlo me acerqué a la laguna, me arrodillé para tocar sus aguas, sentirlo… sentir el agua natural, con olor a tierra, con vida… naturaleza… el equilibrio natural que perdí…

Lo escuché sacar algunas cosas del caballo y de repente, sin mediar, me lanzó dos espadas curvas. Al tomarlas, las reconocí… eran de mi padre. Un fuego airoso dominó mis sentidos.

—Bien, Asmita de Auva—le escuché, firmemente, posicionándose a pocos pasos de mí. Me levanté con ambas espadas en mano, aún reconociendo el mango de oro y piedras preciosas con el que se había labrado la historia de Auva, nuestras tradiciones y leyendas, nuestro legado—. Te desafió a duelo, en honor de tu pueblo, de tus padres, de tu hermano que asesinaste con tus manos—entendí entonces sus intenciones, empuñando las armas—. Porqué hoy pretendo matarte, príncipe de Auva.

—Pensé que buscarías mi perdón… que habías entendido que con matarme regresaría a atormentarte desde el averno—le recordé y lo escuche reírse a lo bajo.

—Un cadáver más para mí, un cuerpo más no hará la diferencia. Y si vienes desde el infierno, te volveré a enviar a él—había determinación, pura y cruda, la mirada de él ya no era indagadora, ya no era escudriñadora. Su mirada ahora buscaba matarme… su mirada era tan cruel como sus palabras. Ya no estaba frente a la nobleza… estaba frente a la bestia que asesina a su paso.

—Entiendo… como te dije, yo no moriré—abrí mis parpados. Quería que él viera mis ojos muertos, se confundiera en el vacío de mi mirada, mientras me posicionaba con las dos espadas de mi padre. No lo mataría, no quería hacerlo porque la muerte no sería suficiente castigo. Estaba convencido de ello—. Ganaré este combate, ganaré y te humillaré, ¡príncipe de Alhenas!

El viento, sólo el movimiento y el leve sonido de nuestras respiraciones sincronizando en ese ambiente era lo que nos acompañó. En esa noche, que peleamos… en esa noche, la noche donde toda mi venganza pendió de un hilo.

///Presente///

Lo vi llegar con Delio a poco más de media hora luego de haber llegado yo al campamento. Desde la fogata, dirigí mi mirada hacía él, buscando algo que me diera indicios de su estado anímico, encontrándome una mortal neutralidad, una inclemente expresión sin emociones que no daba señal de la más mínima perturbación. Era muy distinto al hombre que presencié pelear enloquecido, sin rumbo, sin destino, enloquecido por una ira que estaba cansado de controlar.

Caminaba derecho, seguido de cerca por Delio, quien se detuvo a mitad de camino para concretar de seguro los últimos arreglos del duelo que se efectuaría al día siguiente, en la mañana, apenas el alba se diera. Me acerqué entonces, aprovechando que se dirigía solo a la carpa de mayor tamaño y la más alejada del refugio, para hacerle saber mis disculpas por lo que hizo mi hermano. Lo veía caminar sereno y me tocó correr un poco para alcanzarlo.

—Shaka—me atreví a llamarlo por su nombre y él se detuvo, sin dirigirme la mirada, ya a las puertas de su carpa. Su silencio me dio oportunidad de hablar, aunque el hecho de que ni siquiera se haya dignado a verme me había irritado—. Quería disculparme personalmente por el agravió que mi hermano cometió con uno de los suyos. Espero, que sepa perdonarlo y le juro, por lo más valioso que tengo, que no volverá a ocurrir—lo vi resoplar, antes de meter sus manos en los bolsillos, aún sin mirarme, dándome la espalda—. Lamento mucho lo ocurrido—culminé, algo indignado.

—Sus palabras sinceramente no me interesan—dijo tajantemente, con esa forma de ser tan terriblemente sincera que irremediablemente me recordó a Asmita—. Son vacías, son vanas, si no vienen acompañadas por hechos. En vez de perder el tiempo disculpándose, asegúrese que su hermano no vuelva a acercarse a uno de los míos o no responderé. Después de todo, usted es el único heredero y aún así, hasta a usted estoy dispuesto a sacrificar si llega a tocar a uno de los míos. ¿Comprende?—directo, preciso, conciso. No tuve dudas al respecto luego de semejante forma de responder mis sinceras disculpas.

—Comprendo—no quería darme oportunidad para más y lo noté cuando ya con su mano apartaba la cortina que daba entrada a su lugar de reposo. Pero, yo necesitaba decir más—. Con respecto a Asmi…

—¡Es hora de dormir!

La voz de Delio a mis espaldas me hizo voltear, encontrándolo a él, con su mirada airosa sobre mí, acercándose con paso firme y sin muestra de temor. Viré de nuevo la mirada hacía Shaka y ya esté se había internado en su carpa, dejándome con las palabras en la boca. Chasqueé la lengua, molesto por la interrupción. Pensé que era el momento para hacerle saber que Asmita, pesé a lo que Shaka creía, en algún momento logró conseguir algo que le hizo vivir feliz en el castillo. Creí que saberlo le aliviaría ese dolor que sentí manarle de los poros en aquel enfrentamiento en la laguna.

Devolví mi mirada a Delio, quien mantenía así mismo su expresión iracunda, visiblemente señalándome los límites. No pude negar en ese momento la idea de que ese hombre no era simplemente el amante del hermano de Asmita. Era algo más, mucho más fuerte lo que los unía que las aparentes noches de sexo. Ese hombre parecía él único que llegaba a comprenderlo. Y además, lo sentía mucho más peligroso también. Ese hombre sería capaz de vender su alma a Hades por aquel.

—Mantente alejado—me advirtió, con una mirada amenazante, siendo bastante claro. Me sonreí de medio lado, haciéndole entender que no había nada que “temer”

—Sólo me estaba disculpando. Pero veo que el “príncipe de Auva” dejó sus modales en su tierra—espeté, aprovechando para criticar la falta de cortesía hacía mí. Aquel se rio a carcajadas antes de enviarme otra mirada, realmente fulminante. Yo mantuve mi expresión fría.

—Y usted tendrá que dejarlos a partir de mañana, “su majestad”—mascó con sorna, antes de voltear y entrar a la misma carpa donde había entrado Shaka.

Observé por un momento aquella carpa de lana y madera, donde se podía vislumbrar las sombras de los dos que estaba allí, notando que Shaka estaba sentado en la cama y Delio se acercaba, hablándole de algo de pie. Volteé entonces, para dirigirme a la carpa de mi hermano, donde de seguro dormiría por el momento.

“¡NO PUEDO MATAR LO QUE MI HERMANO PROTEGIÓ CON SU VIDA! ¡NO PUEDO HACERLO!”

“¡¡PERO NO PUEDO!! ¡¡DEBO DEFENDERLOS!!”

Escuchar todo eso, había sido determinante para mí, para entender que debía hacer y para entenderlo a él. Quisiera saber qué es lo que él vivió, que recuerda de lo ocurrido con su hermano, para guardarnos tanto rencor. Pero sea lo que sea, es tan fuerte como el compromiso que de una forma u otra asumió por Asmita, para defender lo que Asmita defendió, para cumplir su última voluntad.

Shaka tenía el anillo del consorte, ese que sólo colgaba del cuello de Asmita, ese que aún llevaba cuando me despedí de él. Eso quiere decir que Shaka debió verlo antes de morir, porque dudo que los de Rukbat hubieran desechado ese anillo sabiendo el valor que tenía para el pueblo. ¿Cómo lo vio? ¿Estaba en el castillo? ¿Qué fue lo que le pidió Asmita? ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Acaso lo vio morir?

Debía admitirlo, pero para todas estas preguntas que me agobiaban, sólo Shaka tenía respuesta a ella. Y también debía admitir que pese a que yo venciere el duelo, la imagen de Asmita era relevante y esa era representada por él, su hermano menor. Así que, sin importar el resultado del duelo, debía acercarme a él, muy a pesar de las amenazas de Delio y del conflicto que me crea verlo…

Si, ver a Shaka me creaba un conflicto interior entre el odio y la nostalgia, junto a una ligera compasión…

4 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 11)

  1. son ls 7 am hora de mexico ya me voy de viaje no alcase a leerlo completo
    T__T pero alo que voy jaja
    me a facinado sus recurdos su dolor su amargura y su amor shaka es tan humano como para permitirse esa emoción y tan frio par negarla

    bueno espero que en estos dias amiga te cuides mucho tengas una buena salud sigas dando lienzo
    amm no encontre el oneshot de afro por dm jaja
    espero regresar y ponerme al tanto de tu arte que me facina

    ALBAFIKA POR CID jaja espero si aya espacio para ellos en lienzo *_*
    cuidate angar te extrañare
    portate bien

    no vemos pronto

  2. Gracias por tus lindas palabras Sahasrara. ¡¡Que te vaya super bien en el viaje!! ¡Es posible que de regreso te consigas con Cid x Alba en el lienzo! ^^

    Si, el dolor y los recuerdos de Shaka aún estan en flor de piel y Kanon con sus acciones se ha encargado de revolotearlo. Shaka es humano, muy lastimado, porque muchas veces no es necesario sentir el dolor en carne propia, para que este duela. Porque si alguien que amas, sufre y no puedes hacer nada para remedediarlo es como sentir el mismo dolor…

  3. O.o me he quedado así
    Me has hecho sentir de todo
    ¿Cómo decirte? La parte de Shaka la sentí, te lo juro!!! Me hizo caer junto con él… esa desesperación, el sentimiento de odio, la rabia, impotencia (waaaaaaaaa ya te dije lo que casi hago) TREMENDO!!!!!!

    La pesadilla O_O fué una pesadilla????????? lo sentí tan real… pensé que en realidad fué el encuentro de Asmita y Shaka… DIOSES ANGUI!!! Me dajas sin aliento

    Por otra parte Deft corazón quemado *¬* me secuestra al lindo Asmita!! OMG!!! y digo… lo secuestra para una fanserviceante escena *baba* PERO NOOOOO!!!!!! Lo lleva para matarlo!!! OMG!!! si será ¬¬ que aproveche xDDDD jajaja pero en serio, ésto se pone de tensión O.O aquí empezará lo bueno entre éstos dos!!!! QUIERO!!!!!! DESEO!!!!!! DAME!!!!!!

    DUELO DEFMITA

    DUELO SAGAXSHAKA

    Ganador: Defti!!!!! y ¿? Aún no sé quién ganará!!! Yo quería a Shaki de vencedor pero en este capi veo muy determinado a Sagui!!! ¿Será?

    Waaaaaaaa me has dado a Milo (milo *¬* pariente de Kardia *¬* KARDIA *¬*) que ya se vio con Camus!!!! ¿Habrá?

    jajajaja OHH Si ANGUI!!!!

    DAME LIENZO 12!!!!!!!!!!

    beso grandote

    nota: nu se vale U.u ya comentaste arriba

  4. al fin los dioses me dejaron ver
    el capitulo 11 completo
    felicidades como siempre super genial
    regrese para mas lienzo

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