Lienzo de Guerra (Cap 12)

Defteros ha convocado a Asmita en un duelo para darle la muerte, mientras que Ya el en presente, el duelo de Saga y Shaka esta preparado. ¿Quién será el vencedor de ambos encuentros?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Defteros ha convocado a Asmita en un duelo para darle la muerte, mientras que Ya el en presente, el duelo de Saga y Shaka esta preparado. ¿Quién será el vencedor de ambos encuentros?

Capitulo 12: Choque de Espadas

En el ardor del alba, todos estaban ya en el sitio indicado para el combate. La cueva central de una de las montañas de Gemínidas sería el corazón de un duelo que decidiría el rumbo de la revolución.

Una cripta de enormes dimensiones, capacidad como para albergar un pueblo dentro de ella, pero no apropiada para ello, debido a la humedad del agua que se filtra por algunos riachuelos que desembocan en el rio Aqueron, junto con enormes protuberancias filosas y rocosas que yacen en la superficie del techo. El agua corre entre las piedras que resbalosas se disponen en todo el derredor. Algunas luces se veían penetrar por pequeños agujeros alistados de la montaña, luz que se perdía entre la negrura de la sombra.

Columnas de madera sostienen 12 antorchas en un círculo perfecto. Las doce son encendidas para iluminar el lugar donde será el ruedo. Todos estaban listos, tanto los hombres que seguían a Shaka de Auva, como aquellos que venían con Saga de Alhenas. Todos esperando el desenlace. Dohko y Kardia están cada quien al lado de su señor. Delio entró con Shaka, quien con un pantalón negro y una camisa de manga larga beige, entraba con su rostro neutral, decidido. No había atisbo de duda en su semblante. Se sentó en su lado sobre la piedra rojiza, con sus piernas cruzadas. Cerró sus ojos, en aparente estado de meditación.

Por un lado, Milo, Kanon, Dohko y Saga se acercaban a la arena de combate. Shayna sería quien daría el grito de aviso al comienzo del duelo. Las armas estaban frente a ellos, los suyos rodeándolos expectantes, la luz poco a poco ganaba terreno en una estela de paredes rojizas, el agua que corría, la luz que como reflectores iba inundan la escena en esa cueva escondida.

—Los dos señores deberán recogerse su cabello. No se permitirán golpe bajos, ni jalones de cabello—iba anunciando Shayna las reglas para un duelo limpio, bajo las reglas del honor—. El perdedor será aquel que quede en visión vulnerable mortal. No hay segunda oportunidad.

Delio empezó a tomar los cabellos de Shaka para levantarlo en una cola alta. Milo hizo lo mismo con Saga. Los zafiros y esmeraldas ya se estaban desafiando en la distancia, observándose fijamente, ambas determinadas. Ambos no querían perder, no podían hacerlo. Para ambos, dejar la dirección de la revolución al contrario, no era una opción. Los dos tenían un mismo objetivo y diferentes métodos. Su única opción era vencer.

Los cabellos fueron sujetados. Shaka de Auva y Saga de Alhenas se levantaron para tomar sus respectivas armas. Las voces de todos empezaron a resonar. Eran gritos de guerra, cada uno acompañando a su líder, cada uno apoyando a su semental. Los zafiros rodeaban el filo recto de la espada de Saga. Los jades cruzaban de lado a lado viendo el filo curvo de las espadas de Auva. Mu y Afrodita veían todo asustados con el final del duelo. Delio tenía su mirada fija en el escenario. Dohko y Kardia estaban juntos, analizando todo, al lado de Milo que parecía estar nervioso.

Shayna anunció el inicio del duelo. Shaka en posición de Auva. Saga en posición de Alhenas, en las montañas que eran limites de ambos reinos. Era una ironia, vista desde cualquier modo. Era como ver a esos dos pueblos peleando por honor… Auva buscando hacer pagar su afrenta, Alhenas peleando por mantener su poderío. No era Shaka, no era Saga. Eran las almas de un antiguo ejército y un antiguo pueblo, peleando… buscando saldar sus deudas bajo un duelo de honor.

Se miraban… daban pasos lentos, rodeándose mutuamente. Esmeraldas y zafiros enfrentados… el consorte y el rey…

______________Acto uno: El castigo

///Hace 20 años///

Tu respiración es lenta, pausada… puedo sentirla a través del viento que nos cubre. Las empuñaduras de oro se marcan en mis manos, ya posicionado en aquella santa pose que aprendí en mi reino, junto a nuestros sacerdotes. Esta danza que aprendí para adorar a la luna, dar tributo a los dioses por la fertilidad de nuestra tierra, ahora la utilizo vilmente para matar… para matar por odio, por rencor.

Venganza.

Soy un hereje… perdí todo desde el momento que me trajeron aquí, por tu culpa. Perdí mi dignidad, rebajándome a revolcarme en las sábanas reales, gemir y jadear como animal, recibir sus caricias y prodigarle el placer a él, sólo para atarle… sólo para vengarme.

Perdí la cordura, al tomar la vida de mi propio hermano con mis manos, ignorando sus llanto de vida, sus palabras que dulces me gritaba implorándome el perdón… manchándome con la sangre de mi mismo… derramando mi propia sangre.

Perdí mi razón de vivir. Porque con Shaka, lo perdí todo… perdí todo y tú, príncipe de Alhenas… no podrías entender eso.

El sonido en la tierra y el movimiento en el viento me alarman. Te has acercado. Esquivo con mi espada derecha y de inmediato atacó con la izquierda. Evades el movimiento. Me atacas de nuevo, esquivo, golpeo, nos movemos, dos, tres, cuatro pasos. El choque de espadas, regresamos. Nos detenemos.

Mi respiración se agita. La tuya también, al mismo ritmo y conectados… Has dicho que quieres mi perdón, pero te has cansado de pedirlo usando tu nobleza. Ahora has venido a mostrarme tu fiereza. Es mejor así… tu nobleza me confunde… me confunde a tal punto que he incluso llegado a pensar que pudiera saciarme de ella, emborracharme de ella hasta morir… morir ahogado por tus brazos…

Me atacas de nuevo. Uso mis dos espadas para detener el movimiento y friccionamos. Siento el calor de nuestros filos chocando entre sí, la chispa del fuego que emana el conflicto de nuestras armas. Pateo para hacerte retroceder. Muevo el filo derecho en sentido circular hacía ti. Esquivas. Mi filo izquierdo es detenido por tu espada que veloz usas para atacarme, rozas mi rostro pero evado. Es pareja… tus movimientos son rápidos y directos, llenos de fuerzas. Pero yo gozo de flexibilidad, más mis sentidos que agudizados me permiten sentir el movimiento, antes de siquiera notarse con la vista. Retrocedemos. Jadeamos. Me sonrió.

—Realmente, eres digno de tu fama, príncipe de Auva—me dices, algo ahogado, pero puedo sentir por tu voz que estas sonriendo—. Será divertido desarmarte para luego hacer rodar tu cabeza—amenazas y levantó mi rostro con suficiencia.

—Necesitaras más que palabras para tener mi cabeza, perro de Alhenas—espeto, moviendo mis espadas en mis muñecas—. Porque aún no te he mostrado todo lo que soy capaz de hacer.

—Estoy ansioso…—siseas y reiniciaste el encuentro.

Un choque. Dos. Nuestras espadas se encuentran una y otra vez. Apunto hacía tus piernas y siento el filo rasgar tus carnes, tenuemente. Sólo un rasguño pero el sabor de la sangre en el aire me excita. El sabor de tu sangre que se derrama por el pasto, como fiel indicio de que te he herido. Gruñes. Jadeo. Esta vez, yo me adelanto al movimiento. Mis espadas chocan con el filo oscuro de tu arma, siento que cojeas. Debe ser la herida que te he provocado. Sonrío. Tengo ventaja en este combate y el sólo pensar que te hare sentir aunque sea una minúscula parte del sufrimiento de mi pueblo, ¡me alienta! Apresuro mis movimientos. Siento que el viento danza conmigo… si… danzo… danzo para la muerte que como mi único dios me observa y sonrío… danzo ante el dios de la venganza, del dolor y la decadencia humana… danzo frente al odio, quemándome en este fuego que no me consume… no… me alimenta, me sostiene entre la locura y la desesperación. Y ataco… sigo atacando… golpeo con fuerza, la sangre comienza a resbalarse por el filo, llegando al mango dorado, sintiéndola entre mis manos. Rio… rio enardecido por el gozo que nauseabundo se contrae en mis entrañas, lastima mis vísceras… Mi cuerpo reciente el cansancio, más no me detengo. Golpeo, golpeo… ¡GOLPEO! Quiero hacerte caer, ¡príncipe de Alhenas! ¡Cae ante mí!

—¡Muere!—grito, agitando más mis armas, haciéndote retroceder aún más— ¡Muere maldito perro! ¡Muere por mi pueblo!—el choque, el sonido de hierros que se cruzan y crujen… crujen como la hierba debajo de nuestros pies. Como mis huesos a cada orden violenta accionada por mi cerebro. ¡Crujen y no ceden!— ¡Muere por mi hermano! ¡¡Muere por mí maldito!!

—¡No moriré, príncipe de Auva!—gritas y un acelerado movimiento casi alcanzó mi brazo derecho de no haberme movido lo suficientemente rápido.

No he terminado de tomar el equilibrio cuando la espada sigue atacándome, varios puntos, cabeza, cuello, hombros, todos evadidos, retrocediendo, perdiendo terreno… Muevo mis espadas, contraataco. Choque de nuevo. Nuestras espadas están en un duelo de fuerza. Nuestros cuerpos se tensan, brazos, ese conjunto de músculos, huesos y pieles; se contraen intentando dominar los contarios. Uso toda mi fuerza tratando de hacerte retroceder… pero en fuerza física me superas… Empiezas a hacerme reclinar hacia atrás…. Mis espadas tiemblan entre mis manos, el calor de la fricción puedo sentirlo en mis mejillas. Muerdo mis labios.

No perderé. Entierro mis pies en esta tierra que no me pertenece, busco sostén para ganar tiempo, ganar fortaleza, hacerle frente a esta fuerza sobrehumana que desprendes. Siento tu mirada índigo sobre mi… nuestros alientos se juntan en uno solo, respiro el aire que exhalas, aspiras mi aliento febril, caliente, por la excitación, la adrenalina pura que borbotea en mis venas. Nuestros cuellos tensados al mismo nivel de nuestros brazos. Tu respiración acelerada. Jadeamos… con nuestros rostros tan cerca que puedo sentir el erizar de tu piel ante mis bocanadas de aire… separado sólo por el filo de espadas que tiemblan para doblegarse. Siento el filo, siento el calor, y tu aroma de tierra y sudor que penetra por mis poros. Te siento, Defteros de Alhenas.

—Demasiado… bueno… en tu… arte—murmuras entre dientes, con ese aliento de ardor. Tu pecho que palpita al ritmo de la tierra, esta tierra, tu tierra—. Pero no lo suficiente…—sentenciaste, con una ronca risa. Me sonrío, relamiendo mis labios por la sed que ya ataca a mi cuerpo.

—Diría lo mismo, su majestad—le susurré, con una sonrisa de medio lado, mis ojos aún abiertos al vacio. Siento que los miras directamente. Hasta creo ver esperanzas de que estas, mis pupilas azules, se fijen en ti—. Porque con un ciego como yo ha tenido bastantes complicaciones—declaro, riéndome con triunfo.

—Orgulloso—me señalas, con una sonrisa por tu tono de voz. Pareces divertirte… ya no parece un duelo por honor—. Me gusta eso… aplastar el orgullo ha sido uno de mis mayores pasatiempos.

Nos empujamos, impulsados por la fricción, dando tres pasos hacia atrás. Estoy dispuesto a llevar esto hasta las últimas consecuencias y tú también, puedo olerlo… entre nosotros… el deseo de hacer que nuestros cuerpos ardan por el filo de las espadas.

—Pensé que habías enloquecido. Que ya en la locura lo mejor que podía darte es la muerte—me explicas, dando leves círculos con tu espada, debido al sonido y corte del aire—. Me tranquiliza ver que no es así… que sólo estabas pensando de más.

—¿Enloquecer?—repetí, dando dos pasos más, moviendo mis espadas de forma circular entre mis manos—. ¿Acaso no lo ves, príncipe?—clavo mis ojos al vacio… quiero que veas la determinación insana que hay en mi alma. La venganza…— Estoy loco… Demente a decir verdad—siseo con una sonrisa en labios—. Enloquecí desde el día que maté a mi hermano. Todo lo que ves aquí es un demente que sólo vive con el alimento del odio y la esperanza de que algún día veré caer estas tierras. Sólo despierto pidiendo a cualquier dios que escuché este simple pedido… ¡VENGANZA!

Grito para moverme rápidamente hacía ti. Muevo mis espadas con velocidad, dispuesto a quebrarte con ellas, quiero que estas mismas espadas, las que llevaba mi padre en vida, las que heredaría tras el paso de la corona, ahora sientan tu sangre caliente rodar por su brillante filo. Quiero que consuman de tus carnes, se abran espacio entre tus músculos y cercenen tus huesos. ¡¡QUIERO TU CUERPO AHORA!!

Pero no te dejas, te defiendes usando tu arma, eres como un lobo que se escurre en la oscuridad, con mirada fija, penetrante, que traspasa incluso estos vitrales rotos de azul profundo. Una montaña de fuego… un volcán en actividad que al menor movimiento estallas. Impenetrable, salvaje, bestial y amenazante, tu risa ronca con el hedor de tu aliento fértil. Hombre… hombre de guerra… hombre del sol y la arena, del fuego que recorre tus venas, tal como ahora haces correr en las mías. Más excitación que todos los orgasmos juntos que he tenido con tu hermano, más goce, del crudo, del animal, de impío que provoca sólo pensar en que una de mis espadas hieran tus carnes. Producirte dolor, me causaría placer… el sadismo que penetra por mi sed de venganza…

Me atacas. Retrocedo de nuevo, defendiéndome con las espadas, sintiendo cada movimiento que destaja al aire en dos, separando sus partículas mientras el viento se encarga de enfriar el sudor que ha manado por nuestras pieles, refrescando un poco nuestros cuerpos acalorados. Mi cabello se ha apegado a mi piel, tensándose en mi espalda, siento el sabor salado de una gota de sudor que rueda por mi nariz y atrapo con mi lengua, saboreándolo con lujuria. Sonrío… porque si he de morir aquí, lo haré viviendo al máximo.

Me estás dominando… estás tomando control de la batalla. Lo siento, siento que mi cuerpo pierde equilibrio. Quizás el cansancio, quizás la sed, quizás he dado mucho o tu aún no has dado el todo… pero me haces retroceder y me defiendo fieramente, buscando un espacio… un movimiento en falso para retomar el control de este combate. Las piedras se retuercen a nuestro paso, la grama gruñe, el sonido del metal chocando junto con el viento es lo único que acompaña a nuestras respiraciones, nuestros jadeos ahogados y húmedos de sudor.

—¡¡Hasta aquí llegó este combate!!—sentencias, golpeando fuerte mi espada izquierda que cae lejos de mí.

Ataco entonces con mi derecha, no dispuesto a rendirme. Siento que esta se incrusta en las telas de tu camisa, desgarrándola. Tu filo roza mi cuello, haciéndolo sangrar levemente. Retrocedemos. Contraatacamos. Estamos decididos, ¡¡es ahora o nunca!! Golpe tras golpe, ataque tras ataque. Nuestra adrenalina aumenta, las palpitaciones furiosas de corazones que buscan desgarrar al contrario. Los hilos de sudor que perlan en nuestros cuerpos a la intemperie, con el único testigo siendo la luna, mi hermosa luna, mi dios que ahora debe estar viendo como su principal servidor se llena de sangre, de sudor, sediento de odio, enrojecido, enfurecido…

Me desarmas, haciéndome perder mi espada aún lado, cayendo sobre mí en una embestida animal con todo el peso de tu enorme y ardiente cuerpo. Caigo a la tierra húmeda, entre el pasto, debajo de ti. Siento tus piernas que están limitando el movimiento de mi cintura, una de tus manos en mi hombro izquierdo, la otra empuñando aún tu espada. Estoy desarmado… y mi respiración se acelera al ritmo de la tuya. Tus labios cercanos, puedo saberlo por el calor de tu aliento que cae sobre mi frente. Tu mirada que afilada traspasa de nuevo mis aguas turbias. Me mataras… sé que me mataras…

—Si es así…—me dijiste, jadeando—. Si ya estas demente… entonces, ¡terminaré con tu locura!—¡no moriré!—. ¡Hasta aquí ha llegado tu demencia!—¡NO MORIRÉ!— ¡Muere…!

El viento… el movimiento de tu arma cuyo filo tiene de objetivo mi cabeza. Mi desesperación que abrumada me hace tomar una determinación… baja, burda… pero es por vida… es por mi vida… ¡NO MORIRÉ!

Tomo tu cuello con fuerza, me levanto con la ayuda de mis brazos. Persigo velozmente tu aliento. Abro mis labios sedientos. Beso…

______________Acto dos: La Estrategia

Ambos estaban frente a frente. Los puedo ver, con mis esmeraldas, con mi experiencia de años en campo de batalla. Los dos están dispuestos a ganar. Los dos no piensan en perder. Shaka de Auva observa a mi príncipe con determinación en sus zafiros. Quizás sería la misma mirada que Asmita hubiera lanzado en cada combate de esos ruedos reales, de haber tenido sus ojos. Pero mi rey, mi rey también tiene esa ferviente decisión que mana por sus poros, la mirada fría y calculadora que solía ver en Defteros. Salvaje, indomable, llena del honor que gozaba su padre. Sí… mi rey es una combinación entre la fortaleza de Defteros y la pasión de Aspros.

Miré a un lado a Kardia, con su mirada fría, viendo todo, premeditando todo. Su seriedad me abrumaba… era tal que me hacía pensar que estábamos en un momento decisivo de la historia. Lo sentía en mis venas.

En un momento de distracción, las espadas colisionaron. Fue Saga quien empezó el movimiento. Dos pasos precisos y la espada directo al hombro que fue evadida rápidamente por el de Auva, en un movimiento circular apoyado por el filo de su espada derecha que de inmediato choco con la espada de Alhenas. Se separaron y fue el de Auva quien contraataco, con ambas armas a la vez, en un movimiento decisivo como dos caninos de un tigre buscando arrancar la piel de su presa. La espada de Saga quebró su paso, friccionando por un momento antes de retroceder. Se miraron. Sonrieron. Un segundo ataque combinado de ambos, las espadas curvas golpearon hacia los dos hombros del de Alhenas, siendo detenidas por el filo de la espada recta que en el mínimo momento intento golpear la costilla derecha, siendo evadido por el movimiento circular del cuerpo de Auva. Retrocedieron de nuevo.

—Veo que el príncipe Saga ha practicado bastante. Sus movimientos son certeros, bien calculados—admitió Kardia mientras el combate se reanudaban. Filo de espadas se topaban una y otra vez, sus cuerpos se movían de un lado a otro, un rasguño en la mejilla derecha de Shaka y Saga tomó el control, atacando sin piedad, siendo detenido con facilidad por el filo curvo de ambas espadas—. Aún así, necesitara de más para vencer a Shaka.

—Pero si ahora tu “escogido” está retrocediendo—aclaré, con un tono con el que le quise decir que estaba en ventaja. El se sonrió de medio lado.

—“Hazle creer al enemigo que tiene la victoria”—siseó, con sus turquesas brillando—. Shaka sólo lo está midiendo.

El grito de euforia me llamó la atención de nuevo al ruedo. Una de las mangas de Saga había sido atravesada y un hilo de sangre caía a las piedras húmedas. El pedazo de tela aún colgaba del filo de una de las espadas curvas, siendo arrojado de un movimiento autosuficiente por Shaka, colocándose de nuevo en su posición. El príncipe sonrío, secando el sudor de la frente con su mano y levantando orgullosamente su espada en la pose de defensa, listo para continuar.

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Eres fuerte, debo admitirlo. Tu técnica de combate es exactamente igual a como recuerdo la de Asmita. Me observas desafiante, con tus zafiros rebosantes de supremacía. Dominante, siento que estás acostumbrado a hacerte obedecer. El porte de un príncipe, no lo has perdido a pesar de sólo escapar de tu tierra cuando tenías 5 años y haber estado ya 20 años viviendo fuera del castillo. Pero tienes el porte, tienes la presencia, despliegas a tu alrededor el aura noble de un rey. Me sonrío, viéndote agitar tu espada para que el trozo de mi camisa cediera de tu filo. Te veo satisfecho, sonriendo de medio lado, amenazante y ciertamente ya la sangre fluye en mis torrentes sanguíneos con fuerza, como si fuera el agua de los rápidos antes de caer en picada al suelo por la gravedad. Es adrenalina pura.

Atacas, con una velocidad impresionante, haciendo un movimiento semicircular con tus espadas que van una hacia mi hombro y otra hacia mi pierna. Evado una y la otra la sostengo con mi espada, chocando ambos filos antes de separarnos y ser yo quien atacara directamente hacía tu pierna derecha. Se estrellaron los filos de nuevo, la sangre de mi brazo se escurre mientras ataco una nueva vez, a tu brazo, lastimándote en el momento con una superficial herida sangrante. Me sonrío y retrocedes dos pasos, arrancando la manga de tu camisa por entero, mostrándome el cincelado brazo, con algunas marcas más de espada cicatrizadas. Una piel tan blanca y tan herida… es una verdadera lástima.

—Lamento tener que lastimar tu hermosa piel, Shaka—comento, con una sonrisa—. Según tengo entendido, los de Auva eran muy dados a cuidarla.

—Agradezco el cumplido—me respondes, sarcásticamente—, pero esta piel está lejos de ser cuidada como en mi tierra, gracias a la gentileza de Alhenas, su majestad.

Orgulloso… engreído… sarcástico… ciertamente, hay ciertos puntos que recuerdo haber visto algunas veces en Asmita. Sí, puedo ver en ti muchas cosas que Asmita tenía, muy reservadas, sólo para aquellos enemigos… Entonces, tal como él, la mejor de tus caras la debes tener reservada para tus cercanos…

Inevitablemente viro mis ojos por un segundo a Delio. Él, debe ver aquellos rostros que tú ocultas… Muerdo mis labios devolviendo mi mirada hacía ti, que ya vienes a atacarme. Evado tu espada, colisiono el filo con la segunda, atacas con fiereza y me defiendo con la misma velocidad… Tú, tu rostro y el de Asmita son tan parecidos que me estremecen. Pensar que de nuevo, otro hombre es capaz de ver ese rostro contraído por el placer me hace hervir de celos. Es ridículo, por mucho que te parecieras, Shaka, no eres Asmita y eso, no debería incomodarme.

—¡¡¡ARGGH!!!—grito. El dolor… ¡me he distraído!

La espada perfora mi brazo derecho y sale con la misma fuerza, dejándome una profunda herida. El grito de mi hermano me alarmó y caigo de rodilla, más porque perdí el equilibrio. Siento que de nuevo atacas y con mi espada en la izquierda empiezo a defenderme, terminando con patearte para hacerte retroceder y levantarme a tiempo. ¡MALDITA SEA! ¡Me distraje y cometí un grandísimo error!

—Distraerse viendo mi rostro me causa mucha satisfacción, su majestad—me siseas, rodeándome con tus pasos lentos, amenazando con tu espada. Me descubriste y aprovechaste el maldito momento. ¡MIERDA!—. Pero he de comentarle que mi rostro no es más que el disfraz de un arma letal. Pensé que debería saberlo… Soy una tormenta de oro lleno de fuego—te defines, abriendo más los filos de tus armas—. Así que, no debería subestimarme.

Abro mis ojos con la consternación. Ahora estabas en otra posición, esa posición es la de Alhenas… ¿Usarías técnica de Alhenas? ¿Acaso las manejas a ambas al mismo tiempo? No me diste tiempo de razonarlo cuando ya me estabas atacando, con esa técnica que denotaba fuerza y agresividad. Detengo con dificultad tus espadas cuando de repente vuelves a la posición de Auva. ¿Usaras ambas al mismo tiempo? ¿Qué clase de monstruo eres? ¡Realmente me estas superando!

—No crea que tengo intenciones de dejar el sueño de mi hermano en sus sucias manos—confiesas, con tu mirada brillando, brillando con el fuego del odio que te vi en la noche… Esa noche… cuando te vi tan lleno de un odio asfixiante… ¡NO PUEDO DEJAR EL FUTURO DE MIS TIERRAS EN TUS MANOS!—. ¡¡Así que hoy le cortare su cabello como señal de victoria!!

Atacas. Me defiendo. Esta vez estoy más decidido. Aún con mi hombro herido, aún con esta sangre que brota de mis heridas ¡NO DEJARÍA ESTA REVOLUCIÓN EN TUS MANOS! Ataco con fuerza, te defiendes usando técnicas de Alhenas, me atacas con la gracia de Auva. Eres, en verdad, un digno príncipe de tierras lejanas, dominabas ambas técnicas con una facilidad indomable… ¡¡Eres un demonio!!

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—Te dije, Dohko. El heredero no ganará con sólo su técnica—me recordó, mientras veíamos como Shaka tomaba cada vez más terreno.

—Kardía…

—¿Le dijiste lo que te comenté anoche?—me preguntó y recordé. Sí… aquel punto débil de Shaka, ese con el que decía poder descolocarlo. Asentí y se sonrío—. Entonces, ya la moneda está echada. Si Saga usa eso, la pelea terminará en pocos minutos.

Pero yo realmente dudaba que mi príncipe cayera tan bajo como para hacerlo… aunque en ese momento, deseaba que lo hiciera. En la guerra todo se vale… y necesitamos ganar.

______________Acto tres: El Odio

///Hace 20 años///

Me besas… me besas furiosamente, sosteniendo mi cuello con tu mano… Estos labios… labios que arden… que saben a la sal de tu sudor, tu aliento caliente… tu boca… cueva de sulfuro… me derrite… Mis ojos azules te ven, con tus parpados cerrados, enteramente concentrado en tu labor… en este beso que me has entregado sin esperarlo… Y me dejo llevar, por la pasión que tus labios prodigan, que tu lengua clama, como una espada de carne y fuego que se resbala por mi paladar… me excita.

Mi respirar ahogado al ritmo de tu respiración entrecortada… Te beso… nos besamos y cierro los ojos, dejándome quemar por este fuego que empieza a confundirme… Mi espada cae de mi mano, prefiero usarla para sujetar con fuerza tu cuello, sintiendo que me abrazas la espalda… que me besas, buscas profundidad y me entierro en ti. Mi lengua recorren ahora tu cavidad, tu cueva caliente, húmeda, ahora mía… esta cueva que mi hermano ha debido saciar innumerable veces pero ahora… ahora yo estoy tomando posesión de ella. Una de tus manos se queda en mi espalda, la otra va bajando cadenciosamente por mi brazo. Me quemo ante tus caricias… me quemo… y… escuchó el hierro… abro los ojos… de reojo veo lo que tu mano busca… entiendo…

Me engañas…

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Usar mi cuerpo de nuevo… vilmente… no tengo otra opción para detener esa espada que destinabas a mi cabeza. Era el ahora o el nunca, y así lo aproveche.

Pero tu beso… tu beso sabe tan distinto a los de tu hermano. Sabe a sal, a tierra, a sangre y sed animal… es salvaje, es aguerrido, indecoroso, asfixiante y al mismo tiempo… apasionado… sutil. Tú eres una contraposición Defteros… hasta besando eres nobleza y fiereza al mismo tiempo… y justo ahora, que sigo besando, que dejo que penetres en mi boca, que ahogo un gemido en tus labios, me doy cuenta, que lo que usé para salvarme está terminando por confundirme. De nuevo… me confundes…

¡PERO NO! No puedo dejarme engañar… ¡no más! Esta es la oportunidad, es el momento… aunque mi cuerpo reciente de ello… aunque no desee abandonar esta mano de tu espalda caliente, que ha empezado a excitarme… No puedo… eres mi enemigo… eres quien mató a mi padre… ¡¡NO PUEDO REBAJARME MÁS!!

Llego a mi destino, muerdo tus labios, busco distraerte mientras empuño tu espada que, erróneamente dejaste caer. La tomo, apunto…

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Siento el filo de la espada clavarse en mi hombro derecho, por la espalda. Rugí como un animal, levantándome rápidamente y sacando la espada de mis carnes, viéndote correr y buscar con tus manos la que te había arrebatado, consiguiéndola y colocándote en defensiva. Tu rostro sonrojado… estás sonrojado… pero mi ira es tal que ni siquiera quiero pensar en las razones de tus sonrojos… ¡ME HAS ENGAÑADO!

Te has burlado de mí, Asmita… me hiciste creer… creer… ¡INCREDULO! ¡Soy un incrédulo al creer en ese beso! ¡En que pudieras no sólo perdonarme sino amarme! ¡MALDITA SEA!

Tomas la espada y te miro con furia… mas tu semblante es exactamente igual… odio, ira… ¿como creí que podría ver amor allí? Es cierto… no lo merezco. Destruí tu pueblo, maté a tu padre, te he obligado a estar en este cautiverio obedeciendo los designios de mi hermano, obligado a matar al tuyo… Entiendo… No merezco tu amor… Fui incrédulo…

—¡Eso fue muy bajo, Asmita!—grito, aún agitado… ¡Diablos! ¡Realmente me había excitado!

—¡Tan bajo como atacar a una tierra de sacerdotes!—reclamas con voz altiva. Tiembla tu cuerpo… también… también lo estabas… ahora me doy cuenta de ello—. ¡Ya no te daré más oportunidades, príncipe!—amenazas—¡Te voy a matar!

Me atacas, con todas tus fuerzas. A duras penas puedo defenderme con mi espada, detener el filo de la tuya, enfrentar con mi filo oscuro el de tu arma, el choque de metal a metal, una y otra vez. Retrocedo y tú me acorralas, me vas acorralando, agitas tu espada enfurecido… veo ira… veo confusión… estás confundido… lo huelo… huelo temor. ¿Pero qué temes? Tienes la ventaja de este duelo ¿A que le temes?

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¡Maldita sea! ¡MALDITA SEA! ¿Qué me pasa? Mi cuerpo… mi cuerpo lo clama… ¿no lo entiende? Soy como una polilla ciega… ¡debo vivir en la oscuridad! Pero ese fuego… tu fuego… el fuego que emanas Defteros… ¡me seduce! ¡¡¡Y ME QUIERO QUEMAR!!! Me quiero quemar en esa nobleza, ¡ahogarme de ella! ¡Saciarme hasta olvidar mi pasado! ¡Que ella purifique de nuevo mi cuerpo, mi alma, mi mente!

Pero eres mi enemigo…

Y si me acerco… me quemaras…

Me extinguiré…

No puedo hacerlo…

Te ataco…. ¡¡Te ataco con toda mi ira!! Debo odiarte ¡¡ODIARTE!! Golpeo con mi espada. Escucho el choque de los aceros, de los hierro y no… ¡¡quiero tu carne!! ¡¡Quiero escuchar crujir tus carnes!! ¡Brotar tu sangre de las heridas! ¡¡¡Quiero tu dolor!!! ¡Que sea el filo de mi espada quienes corten tu cuerpo! Para no pensar… no pensar en que anhelo que sean mis dedos… que sean mis manos… mis labios… mi lengua… ¡PARA OLVIDAR QUE TE DESEO!

Te odio…

¡¡¡TE ODIO!!!

¡¡¡MALDITA SEA!!! ¡¡¡NO PUEDO PENSAR EN AMARTE!!!

—¡¡TE ODIO MALDITO!! —grito, golpeando, atacando, desesperado de mí mismo, angustiado ¡ESCAPANDO DE MI CUERPO!—. ¡¡TE ODIO DESGRACIADO!! ¡¡TE ODIO!! ¡¡TE ODIO!! ¡¡TE ODIOOO!!—me detienes con tu arma, ¡¡¡no me dejas herirte!!! Sigues luchando… ¡luchas con la fuerza de la tierra que mana por tus poros!—. ¡¡¡MUERE!!! ¡¡¡MUERE!!!—me ahogo… me ahogo en mí… en este deseo indigno… insano… ¡CORRUPTO!—. ¡¡DESAPARECE!!—y lloro… porque lo que de verdad deseo es tenerte…

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Lloras mientras empuñas la espada. Lloras mientras me atacas… lloras enrojecido, Asmita… lloras y no comprendo… ¿Tanto me odias? Aunque me ataques con toda esta ira, aunque me lo grites a todo pulmón… ¡NO SOLO VEO ODIO! Veo algo más… algo oculto… ahogado… ¡está ahogado en tu odio!

Me has acorralado. Un árbol se encuentra detrás de mí, no puedo retroceder más… sólo defender, estrellarme con tu espada, verte allí, sumergiéndote en la nada… ¡Estás enloqueciendo!… frente a mí…. Trasmutas a algo extraño… es un ente entre el odio y la locura… la necedad… Siento que escapas de ti… que tu cuerpo tiembla… tus ojos lloran Asmita y ¡¡no soporto verte llorar!!

Asmita…

Tú que me has engañado…

Tú… quizás… ¿podría creer en eso?

¿Podría creer que algo en ti quiere perdonarme?

Decido… Golpeo con fuerza tu espada para quitarla de mi camino… te embisto. Sin darte tiempo a nada, corro con tu cuerpo en mis brazos… Hasta las aguas…

Nos hundimos…

______________Acto cuatro: La trampa

La victoria está en mis manos. La siento. En este combate, yo tengo la victoria, Saga. Te veo cada vez más cansado, mis heridas están drenando tus fuerzas y lo sé… no me muevo mucho, sólo me defiendo y ataco para obligarte a atacar. Te canso, Saga… Porque la victoria es mía.

Mis espadas siguen mis designios. Te confundo Saga… uso ambas técnicas, las intercambio en medio movimiento, para confundirte. Que no esperes hacía donde va mi filo. Que te caigan de sorpresa en esas carnes y sí… que rasguen, corten… hagan sangrar. ¡HIERAN TU MALDITO CUERPO! Porque eso quiero… para ti, el dolor… el más puro y palpable dolor, Saga. Porque te entregare tu corona manchada de la sangre de tu tierra. ¡¡Esa será mi venganza!! La venganza por lo que le hicieron a mi hermano… la venganza, ¡cumpliendo su último pedido! Sí… este odio sólo será saciado el día que te vea gemir en tu trono, recibiendo tu corona llena de sangre de un pueblo oprimido y diezmado por mi espada.

Lloraras Saga…

Y ese día, Shaka morirá…

Ese día, seré Shijima de nuevo…

Me iré… olvidaré todo…

Mis espadas siguen atacando. Te defiendes. Jadeas. Sonrió… ¡es fascinante! El sudor, el jadeo, verte tan cansado, sonrojado por el esfuerzo, con esas esmeralda que se niegan a doblegarse. ¡TE HARE SUCUMBIR A MI, SAGA! Porque tú, ¡oh rey de Alhenas!, serás quien pague.

Tus ojos me observan… Veo dudas… hay dudas en ti. Algo que quieres hacer pero… peleas con ello. ¿Qué es? No me importa, sigo peleando, sigo combatiendo. Rio de tus pasos en retroceso. Me mofo de tus fuerzas que se diluyen. Saga, Saga… caes, ¡estas cayendo ante mí!

—Cuando… gane esto…—me dices, jadeando y moviendo tu espada. Chocando ambos nuestros filos de metal, cada vez más cerca nuestros cuerpos en este combate que se ha extendido ya mucho—, haré contigo… lo mismo… que hizo mi padre… el día que… fui presentado… como heredero—sigues hablando, entre dientes. Tus ojos están inyectados de sangre, tu aliento caliente.

Nuestras espadas se encuentran una vez más, pero no retrocedes. El filo de ambas chirrían de la fricción, el calor del metal quema mis mejillas pero entiendo que es lo que quieres. ¿Pruebas mis fuerzas? Te demostraré mi fuerza Saga.

Posiciono mis pies al suelo, que se claven en la ferocidad de la roca húmeda. Afianzo mi cuerpo por entero al filo, llevo por completo la presión a mis brazos. Te veo tensionar. También aplicas tu fuerza, mueves tu cuerpo hacía mi, al punto que sólo las espadas nos dividen. Nuestros alientos se conjugan… siento nauseas de respirar tu mismo aire, maldito de Alhenas.

—Ese día…—continúas, mientras nuestras espadas chillan por el contacto… chispas de calor se abren en la escena. Mis ojos te observan… te estudio… ¿que buscas?—, mi padre… frente a todos los príncipes de otros reinos…—jadeas… enarco una ceja extrañado. ¿Qué diablos pretendes?

—No creo que estés en condiciones de contarme un cuento, príncipe—comento de forma burlona, con sorna, mientras afianzo mi fuerza… intento doblegarte. Te sonríes. En tu rostro puedo ver algo que me intimida… una decisión maligna…

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No dejaré mi reino en tus manos… No dejare el destino de mi tierra en ti, un hombre con tanto odio. ¡ME NIEGO HACERLO! ¡PREFIERO HUMILLARME! Tomar esta salida… la única para descontrolarte. Necesito que enloquezca como en la laguna. ¡Necesito que pierdas los estribos como allí! Porque de esa manera… tendré el espacio para dominarte, someterte, obligarte a seguirme, Shaka. ¡Porque tú me seguirás! Y luego pagaré en ti la ofensa de usar el nombre de Asmita para enlutar mi pueblo, este pueblo que él amó… el que me enseño a amar.

No lo dejaré en tus manos. ¡JAMÁS!

—Frente a ellos…—retomo el relato, riéndome a lo bajo cuando me interrumpes. Te observo… Esa mirada zafiro intrigada, veo algo de miedo… ¡suficiente reacción para mí!—, mi padre mando… a llamarlo…—Tus ojos se desorbitan en tus cuentas… puedo verlo… ver como tu yugular palpita más rápido. Kardia tenía razón… ¡esto es la única forma de descontrolarte!

Perdóname Asmita…

—A él…—sisee, sintiendo algo que por dentro se partía en pedazos… usarte Asmita… usarte de esta forma… ¡PERDONAME!—. Lo llevaron… en medio de todo el salón…

Tus fuerzas se repliegan… pronto logró hacerte dar un paso con mi cuerpo… nuestras espadas siguen luchando por terreno y tus ojos… tus ojos me miran abrumados… Tengo que partirte en pedazos para ganar, ¡aunque en el proceso yo me parta de la misma forma!

—Lo amarraron—tus ojos me observan… fuego… fuego veo escupir de tu mirada. Tiemblas…—. Mi padre lo violo allí—tus ojos se quiebran cuan vidrio al suelo… me arrepiento, pero no puedo ceder—. ¡Frente a todos los que una vez lo vieron en la gloria de tu reino!—grité, mientras mi espada se abría espacio en su defensa. ¡Estaba listo!— ¡Frente a quienes lo conocieron como príncipe, lo tomó!

Mi espada gana terreno, retrocedes abrumado bajando por un momento los puños. Aprovecho entonces y clavo mi filo en tu hombro derecho. Gritas de dolor, cubriendo tu herida arrodillado. Te he desarmado… Ya solo tengo que dar el último golpe para tener la victoria.

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Maldito…

Maldito…

¡MALDITO!

¿Fue por un hombre como tú que él dio su vida? ¿Por un hombre como tú que dio su cuerpo a los de Rukbat? ¿¡POR UN MALNACIDO COMO TÚ!? Te odio… Te odio… y veo que te acercas a mí dispuesto a arrebatarme esta venganza, esta revolución… ¡mi misión! Y te odio… te odio… ¡¡¡TE ODIO SAGA!!!

Pero no te la entregaré

¡¡No me rendiré!!

Porque sobre mi odio, ¡¡esta mi amor a él!!

Y sí él me pidió llevar la corona hasta el castillo, ¡¡así haré!!

¡¡LE CUMPLIRÉ A ÉL!!

¡Asmita! Aunque no te entiendo, hermano…

¡¡¡LE ENTREGARÉ LA CORONA A ESTE DESGRACIADO!!!!

Me levanto a tiempo para desviar tu ataque. Contraataco, con toda mi determinación. Te odio Saga… ¡¡PERO NO ME DEJARE CEGAR!! ¡¡¡¡Quiero llorar maldita sea!!!! ¡¡¡Saber esto me asquea!!! Que este hombre… se burle de su sufrimiento ¡¡¡¡me asquea!!!! ¡¡¡Por eso lo aplastaré!!!

Ataco. Me abro espacio en tu defensa. Veo tus ojos la confusión. ¿Esperabas que me desboronara? ¡Te equivocas! Porque por encima de mi odio a tu tierra, esta mi amor a él… ¡¡¡MI AMOR A ASMITA!!! Es este odio a tu corona y el amor a mi hermano quienes me sostienen entre la desesperación y la demencia. ¡No podrías entenderlo! ¡Y mucho menos detenerlo! ¡¡HASTA AQUÍ LLEGASTE SAGA!!

Pierdes el equilibrio. Caes. Clavo ambas espada rasguñando tu cuello y a la roca. Cayendo a horcajadas sobre ti.

¡He vencido!

______________Acto quinto: Los Sentimientos

///Hace 20 años///

Salgo de las aguas, aturdido. Sólo escucho el sonido del agua moverse, las gotas… el viento… pero no te siento… ¿Dónde estás? Me asusta… me asusta sentirme tan vulnerable… los ruidos me confunden… las ondas de esta laguna donde algunos peces pasan cerca de mis piernas me estorban más. No me permiten ubicarte. Respiro con fuerza… busco aire, sintiendo que mi cuerpo se ha enfriado violentamente. Te busco… te busco…

Te encuentro…

Sales detrás de mí repentinamente, sujetando mi cuerpo con uno de tus brazos, levantando mi rostro con la otra, desde mi espalda, me apegas a ti… me besas… me besas con ira… me besas salvajemente… me quemas…

Tu fiereza… que disfraza tu nobleza…

Me sueltas y asustado camino hacia atrás. Tomas mis antebrazos para volver a apegarme a tu pecho… caliente… húmedo… desnudo… Las gotas de tu cabello caen en mi rostro… el aliento caliente se escurre en mis mejillas… me atraen…

Eres como el fuego que seduce a la herida polilla… eres como el fuego que quiere quemarme… y yo… polilla ciega… estoy cediendo…

—Te quiero…—me susurras, con voz ronca…—No solo quiero tu perdón…—me confiesas, rozando con tu colmillo mi mentón… me estremezco—. Quiero tu confianza… quiero tu sonrisa… Te quiero a ti, príncipe de Auva…—siseas sobre mis labios, apegas tu nariz a la mía, me obligas a sentirte…

Y cedo… cedo… a esta tu nobleza que se escuda de fiereza… tiemblo…

Perdóname Shaka…

Me besas… te respondo… me dejo ahogar en tu nobleza… desgarrar por tu fiereza…

Me olvido de mi venganza…

///Presente///

Te veo… asustado…

Tus zafiros están humedecidos y han dejado caer, por fin, dos lágrimas que inclementes cayeron sobre mis mejillas. Me miras con odio e indignación… con tanta ira conjunta que me quema con sólo enfocar tus ojos en mí…

Perdí… y en el proceso te herí y me herí…

Fui un idiota… un grandísimo idiota…

—Llegue a pensar, que eras distinto…—me dices… quebrándome con esas palabras que apenas pueden salir de tus dientes—. ¡Pero eres igual a tu maldito padre!—gritas mordiendo tus labios, con tu rostro enrojecido.

Te he destruido…

Más de lo que ya estabas, Shaka…

Yo te he destruido aún más…

Levantas tu espada de la derecha… espero el golpe que de seguro quieres darme… Cierro mis ojos…

—¡TE ODIOOOOOOORHGGGG!

Gritas y ruges al mismo tiempo en un alarido animal. Escucho a varios que te llaman por tu nombre y abro mis ojos asustados… Al abrirlos… gotas de sangres manchan mi mejilla izquierda… sangre de tu mano izquierda que atravesaste deliberadamente con tu espada.

¿Qué he hecho?

¿Es tanto el dolor del alma que necesitas dolor físico para mitigarlo?

¿Tanto te he lastimado?

Tus zafiros están cubiertos por tus parpados que cerrados con furia, delinean pliegues de piel a su paso… tus lágrimas corren furiosas por tu rostro… muerdes tus labios con tanta ira que han sangrado…

Lloro…

He lastimado de muerte al hermano de Asmita…

Lloro…

Te levantas. Tiras las espadas… nadie dice nada…

Tu victoria ha sido amarga… Mi derrota, nauseabunda…

3 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 12)

  1. O.o

    Meu deus!!!!!

    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SAGABUDISMO AL MÁXIMO!!!!!!!!!!!

    Defte *¬* Dios mío!!!! Quiero!! Me ha gustado ese DEfti *baba* toda una bestia!!!! OMG!!! El encuentro con Asmita ha estado orgasmeante!!!!!

    QUIERO BESO!!!!! y luego… el agua!!! Dioses!!!! en el agua que habra??????

    Ya dame más!!!!!!!!

    Y OH POR DIOS!!!!!!

    SAGA ¬¬ CARA DE BESTIA!!!!!

    Como te atreviste?????? Hundiste más a Shakita T___________________T

    MUERTE A SAGAAAAAA!!!!!!!!!!

    Pensé que la balanza se inclinaría a favor de Saga >.< por lo que dijo Kardia!!! Pero hasta kardia se equivocó

    Shaki!!! asi se hace!!! demuéstrales lo que eres!!!

    Odia a Saga ¬¬ que el maldito se arrepienta

    LIENZO 13 T________T sip???

  2. por que les castigas tanto tanto aman y odian a la vez se puede amar y odiar al mismo tiempo
    o solo es que no podemos distinguir entre amar libres y seguir con el pasado
    defti asmita que genial
    shaka rewee que sucedió
    todo todo jaja me a encantado
    gracias angar que tengas un buen dia y salud

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