Encuentros Prohibidos «El Infiel»

Saga contrata a Shaka para investigar a su esposa y verificar si le es infiel, pero, terminará enredado en su propia infidelidad

Encuentros Prohibidos  «El Infiel»

Temas: Yaoi, lemon, romance
Personajes: Shaka, Saga.
Resumen: Saga contrata a Shaka para investigar a su esposa y verificar si le es infiel, pero, terminará enredado en su propia infidelidad.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo
Inspiración: Me provocó hacer un Shaka seductor y calculador que ponga a Saga a temblar

Saga Gemm, hombre de negocios, gerente principal del banco central de la capital. Hombre de 32 años, felizmente casado con una mujer de alta alcurnia y belleza envidiable, sin hijos, con un pastor alemán que llamó Ares, un auto de último modelo, un teléfono celular de última tecnología, hermoso, con físico envidiable, miembro del club de Griegos de Apolo; todo un hombre que sería la envidia de cualquier mujer. Cabellos azules que caían graciosamente en su corpulenta musculatura, ojos esmeraldas, cejas gruesas, nariz perfilada, un mentón de dioses, labios gruesos… todo un dios en la tierra. ¿Y qué hacía ese hombre en la pequeña oficina de un investigador privado respetable? Pues, había tenido que recurrir a servicios privados para verificar si su mujer, la glamorosa señora de Gemm, le era infiel y luego de seis meses de investigación exhaustiva, el joven Shaka ya le tenía respuesta.

Shaka Virgun, rubio de 24 años, conocido por su perfeccionismo y discreción, era el más adecuado para investigar sobre casos de sobornos, secuestros y desaparición de personas. Tanta era su fama que desde hace tiempo él mismo decidía si tomar o no un caso y, vale acotar, esos de infidelidades los había dejado desde hacía mucho. Para él era atentar en contra de su inteligencia. Alto, de musculatura esbelta pero pronunciada, ojos zafiros y abundantes pestañas. Por su creencia familiar tiene un tatuaje en forma de gota en su frente, señal hindú, que le daba ese aire de misticismo. Ordenado, meticuloso, desconfiado y orgulloso, de buen gusto, un joven que era el blanco de muchas mujeres, pero que su interés recaía en su mismo sexo. Labios delgados, mentón suave, su perfil era el de un dios de tierras lejanas, el porte de un príncipe. ¿Y por qué este hombre había tomado otro caso de adulterio cuando tenía ya dos años sin hacerlo? Resulta que al ver a semejante prospecto entrar a su oficina había decidido que sería su cliente si o si, aunque el caso fuera buscar a algún perro perdido. Y es que Saga le llamó la atención y pensó aprovechar ese tiempo para conquistar al esposo que de seguro, ya gozaba de varios cachos encima.

Y allí lo tenía, luego de seis meses de investigación y varias reuniones preliminares recolectando datos que ni iban al caso pero con el cual buscaba hacer tiempo, Shaka por fin le había enseñado el resultado de una investigación que terminó hace cinco meses, pero que se tomó el lujo de preservar hasta ese momento. ¿Al final le era infiel? Si, y con todas las letras. La mujer se veía con cinco hombres distintos en horarios ya programados en su propia casa. Se trataba del jardinero, el plomero, electricista, un repartidor de pizza y un taxista. Sí, todos jóvenes, guapos y que le daba su buena ración todas las semanas, y la mayoría desde hace más de ocho meses, el taxista incluso ya llevaba dos años. Quería decir que el apuesto y adinerado gerente bancario lo adornaba unos cuernos perfectos desde hace mucho tiempo. Eso había golpeado seriamente el orgullo del griego; sintiéndose miserable, un mal hombre, dudando de su propia hombría y valor sexual; cosa que Shaka no iba a permitir y muy amablemente decidió “consolarlo”. ¿Y cómo Saga podía pensar en las razones de ser merecedor de semejantes cuernos si en ese momento le estaban destinando la mejor felación jamás sentida en su vida?

—Shaaaaka… hmmm… No… no ha… gas… ¡eso!—gemía entrecortadamente el hombre vestido de traje, apretando los pasamanos de cuero con fuerza en sus manos, sudando en su frente a pesar del aire acondicionado, con esas corrientes de placer quitándole todo razonamiento.

—¡Vaya Saga, lo tienes más grande de lo que llegue a imaginar!—comentaba con una sonrisa el hindú, para luego lamer toda la poderosa erección—. ¡Esa mujer debe ser frígida!

—Nun… nunca quiso… hacerme… ¡ha!… ¡oh Dios Shaka!—la lengua daba vuelta por la cabeza de su miembro para luego morder juguetonamente el glande, todo con una calma pasmosa.

—¿Te gusta?—preguntó con una mirada orgullosa. El griego a duras penas asintió mordiendo sus labios—. ¡Eres todo un semental! ¡Vaya desperdicio estando casado!—y con ese comentario jocoso, el hindú ingresó la punta a sus labios, para lamer tranquilamente desde dentro.

—¡¡OH DIOS!!… eres… ha… ha… un… demo… ¡nggggh! ¡nio!… ¡ha!

—Lo sé…

Ingreso la extensión por completo, succionando con lento bombeo, haciendo que el griego se contorsionara en el asiento. La cabeza de Saga se aplastaba al cuero del asiento, respirando agitado, enrojecido de placer. ¡Aquello era la gloria! Esa forma de mover la lengua y hacerle sentir el nirvana con tan poco esfuerzo lo tenía abrumado. ¿Desde cuándo no disfrutaba una felación de esa forma? Pero lo que ese rubio estaba haciendo con él era simplemente sorprendentemente. Gemía enloquecido, su cuerpo temblaba compulsivamente, todo su ser era renovado con las descargas eléctricas en sus nervios y se sentía, en mucho tiempo, deseado.

De improvisto, una mano delicada del hindú irrumpió dentro de su bóxer negro, para apresar uno de los gemelos con cuidado, mientras impartía a su carne caliente succiones lasciva, llevándolo rápidamente a las extensiones del orgasmo. Saga estaba simplemente extasiado, a tal punto que olvidó todo prejuicio y con una de sus manos sujetó los cabellos dorados para asignarle el ritmo, ritmo que él investigador aceptó gustoso.

—¡¡Dioses!!… hmmm… ha… ha… más… dame… ¡MAS!

Y esa boca se envestía cadenciosamente sobre aquella turgente virilidad, que ya dejaba probar el sabor de su semilla, excitado, realmente excitado. La mano apretaba y acariciaba la piel de los gemelos, enviándole más corrientes de delirio y con la mano aún libre, se adentró dentro de la chaqueta buscando tentar una de sus tetillas sobre la camisa. Al sentir ese trato delicado e insinuante, Saga arqueó su espalda, levantando su cadera y estocándose así dentro de su garganta. Desesperado por el calor, el griego, abrió rápidamente los botones de su camisa, ante la vista triunfante del hindú. Definitivamente le estaba gustando.

—¡Y eso que no te agradaban los hombres!—se burló el rubio, dejando el miembro ahora con el cuidado de su mano, para subir y lamer la extensión del abdomen y pecho que le había descubierto. Retiró el sudor que brotaba de esa piel bronceada con su lengua, lamiendo lujuriosamente hasta llegar a la mitad de sus pectorales e irse acercando, lentamente, a la tetilla derecha.

—¡Sólo hazlo!… ¡HA!… dios… esto… hmmm… ¡me gusta!

—¿Soy bueno entonces?—indagó, soplando un poco sobre el pedacito de carne que ya temblaba por la atención.

—Muy… ¡hmmm!… buen… ¡no!… ¡ha!—el bombeo lento en su miembro y esa lengua acariciando con ritmo al pezón lo tenía deslumbrado.

—¿Mejor que tu mujer?—volvió a interrogar, mordiendo y jalando aquel montículo de carne. Saga tembló por completo, casi saltando sobre ese sillón.

—¡¡ARRGGGHHH!!… ¡¡oh si!!… mucho… mucho ¡¡AH!!… ¡¡Mejor!!

El rubio se sonrió, dispuesto a llevar a ese hombre al mismo tesoro del cielo y comprobarle que esa mujer simplemente no sabía aprovechar lo que tenía en su casa. Volvió sus labios a toda la hombría y metió ambas manos detrás, adentrándose al pantalón desabotonado y el bóxer negro, para capturar con sus manos aquellas colinas rígidas y suculentas que resguardaban su entrada santa. Saga gimió, ensimismado, gloriado con tan buen trato.

—¡Ohhh Shaka!… Dale… Dale HMMMM… ¡MÁSRGHHH!… Así… ¡¡así!!

Y el bombeo persistía, estocándose a sí mismo y recibiendo de ambas manos griegas el ritmo que necesitaba para terminar. Saga ya lo sentía, sentía el cielo en sus manos, moviendo sus caderas para que las estocadas fueran más rítmicas y gimiendo como un animal apareándose, simplemente enloquecido. Esa cueva caliente y húmeda le estaba regalando el mejor orgasmo en muchísimo tiempo, incluso, podría atreverse que era el mejor en su vida y ese rubio sabía usar muy bien toda su lengua y boca para darle el placer más impuro que pensó sentir. Y es que si se asustó y estuvo a punto de golpear a aquel joven que se atrevió a desabrochar su pantalón y sacar su virilidad sin permiso, ahora simplemente se lo agradecería. Era, sin lugar a dudas, ¡delicioso!

Pronto la señal de su cerebro fue enviada y el sudor de su frente ya apegaba hebras azules  en su rostro. El movimiento se hizo vertiginoso, su cuerpo se tensaba sintiendo la corriente enviar la orden hasta su vientre y al final, estallar dentro del hindú.

—¡WAAAAAA!… ha… ha… ha…

El rubio lamió y tragó toda la esencia, con tranquilidad, saboreando la piel humedecida y encargándose de limpiar cualquier resto con su lengua. Saga estaba en la gloria misma, viendo muy lejos, con su esmeralda empañada, en el orgasmo más profundo jamás sentido y vino a ser, precisamente, en boca de un hombre.

—¿Mejor?—preguntó Shaka, levantándose mientras se acomodaba su traje marrón. Luego se acercó a su rostro, sosteniéndose con sus brazos en los pasamanos, buscando señal de insatisfacción en las esmeraldas, encontrando todo lo contrario. Definitivamente lo había llevado al nirvana—. Creo que sí.

Besó los labios gruesos con dulzura, aún con sus zafiros abiertos, frente a frente a esas esmeraldas que lo veían poco a poco contrariado. Los labios del griego no se movieron, por mucho que los hindúes lo enjugaran y le diera de probar el sabor de su propia esencia, sintiendo en su aliento su propio aroma viril. Pero esa reserva no se extendió mucho; Saga se dejó ir por el deseo, atrapando entre sus dientes el labio inferior de Shaka, mirándolo aún deseoso, deseoso de más. El rubio se sonrió complacido, entendiendo que había logrado su cometido. Acto seguido, cerró sus ojos y le besó lentamente.

Labios enjugándose, labios encontrándose. Saga también cerró sus ojos y se dejó envolver por el hechizo poderoso que le producía el trato de ese joven hindú. Sólo labios, por lo pronto, succionándose mutuamente, enredándose y rozándose, mientras suspiraban sobre ellos, extasiados, ensimismados. Saga reconocía que tenía mucho, mucho tiempo sin disfrutar un beso sin lengua y con tanta pasión como ese.

—Deliciosos labios, además…—murmuraba el rubio sobre él, ligeramente temblando. Se veía que disfrutaba realmente el momento.

—Y tú besas increíble…

—Gracias… viniendo de ti tiene mucho valor.

—¿Qué me hiciste?—preguntó buscando de nuevo los labios, succionando el superior para luego enmarcarlo con la punta de su lengua. Shaka se sonrió triunfante.

—¿Sinceramente?—indagó divertido—. Seducirte hasta hacerte caer en mis manos.

Dejando al griego con las ganas de profundizar el beso, el rubio se alejó hasta ponerse al filo del escritorio, donde habían quedado las fotografías de su investigación. Saga lo veía desilusionado, por primera vez desilusionado y eso le hizo sonreír.

—¿Quieres más, Saga?—preguntó insinuantemente. El griego, avergonzado ante su debilidad, empezó a acomodarse su traje—. ¿Por qué no terminas de admitir que te gustan los de tu mismo sexo?—Saga levantó su mirada nerviosa, no dispuesto a hacerlo, no a esa altura después de habérselo negado desde las catorce años.

—¿Qué te hace pensar en eso? Esto lo hiciste porque estaba con la baja guardia pero…

—Vamos Saga, ¿crees que no me di cuenta de la forma que me veías cada vez que nos encontrábamos?—el griego tragó grueso, viendo la expresión de autosuficiencia que tenía dibujado el hindú—. Era evidente que desde hace tiempo querías probarme. Yo lo admito, tomé este caso porque me gustaste y no pensaba dejarlo hasta tener las pruebas suficientes que me aseguraran que no querrías ver a esa mujer jamás en tu vida.

—Tramposo…

—Sólo sé jugar mis piezas, Saga—respondió estrechando sus hombros en un gesto de extrema suficiencia. El griego se sentía de alguna manera manipulado por el joven—. Ahora dime, ¿qué piensas hacer con tu linda esposita? ¿Seguirás jugando al matrimonio feliz? Porqué por lo que me has demostrado debías tener un buen tiempo sin buen sexo—el mayor se enrojeció sintiéndose descubierto, antes de levantarse y buscar huir del lugar. Sentía que si no lo hacía terminaría acostándose con él… y para su desgracia, anhelaba saber qué más podía hacer con esa lengua.

—Obviamente me divorciaré. Buscaré de inmediato un buen abogado y… la botaré de la casa.

—Con tu orgullo lacerado luego de que ella se paseó a todos los conocidos, poniendo en tela de juicio tu hombría—completó con sarcasmo. El mayor lo veía molesto, aunque tenía toda la razón—. Yo siendo tú, le daría una cucharada de su propia medicina.

—Si pretendes que nos acostemos…—la mirada fulgente del hindú le dio la respuesta evidente. Saga tuvo que inclinar su mirada, tragando grueso, calmando a su cuerpo que simplemente le pedía aceptar—. ¿Acaso haces esto con tus clientes? ¿Qué es lo que buscas de mí?

—Te seré sincero Saga. Para escoger una pareja, a pesar de ser como soy, suelo ser demasiado exigente. No me acuesto con cualquiera y mucho menos en la primera cita, reviso a fondo su historial, que tipo de parejas frecuenta, su trabajo, familia, incluso, su historia médica. Y tú, Saga, superaste cualquier tipo de estándar que haya tenido antes. Simplemente eres perfecto para mí—y el griego estaba para ese punto sonrojado y sintiendo que su orgullo se iba levantando poco a poco—. No sólo un hombre inteligente e interesante, cada tema que sacaba era manipulado soberbiamente por ti, dominas todo a tu alrededor. Además un físico envidiable, y debo acotar, muy bien proporcionado—dijo el hindú levantando una ceja con una expresión lujuriosa—. Me muero por saber cómo lo mueves dentro—el griego se sintió, virtualmente, en la gloria. El coqueteo descarado diciendo semejante virtudes le eran muy pero muy provocativo.

—Veo que estas dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias conmigo.

—Yo, Saga, estoy dispuesto a hacerte entender, no que te gustan los hombres, sino que YO te gusto—acotó, caminando hacía él para acomodar el cuello de su camisa—. Me gustas, y sabiendo que al menos te muevo el piso, no pienso dejarte ir tan fácilmente. ¿Hasta cuándo pelearas con eso, Saga? Termina de admitirlo y deja de pensar lo que dirá la sociedad. Apuesto mi reputación, que ya es mucho, de que te casaste con esa mujer porque era bella y tú alrededor decía: una mujerona sólo digna para un hombre con todas las letras. Y tú, para convencerte a ti mismo que eras un hombre, la conquistaste y te casaste con ella. Pero es frustrante cuando tienes sexo y no puedes, literalmente, gritar el aleluya.

—Parece que te hubiera contado mi vida.

—No pero, he oído muchos de esos tipos de casos.

—¿Como hiciste para asumirlo? La sociedad te juzga, si no tienes una mujer que hable de los centímetros de tu miembro entonces no eres un verdadero hombre.

—¿Importa lo que diga la sociedad? Me quiero como soy, busco a alguien que piense lo mismo de mí y me haga sentir bien. Suelo buscar seguridad y tú no eres precisamente quien me la podría dar, pero me gustaste… como decirlo… eres tan hombre que te quiero probar por entero, ¿lo entiendes?—la mirada zafiro parecía darle a entender que estaba dispuesto a todo—. ¿O me vas a decir que no te atraigo, Saga? Si me lo dices, te doy las fotografías, cerramos el negocio y no sabrás de mí.

Con esa pregunta al aire, el rubio volvió a alejarse hasta el escritorio, tomando las fotografías que había mostrado y colocándola cada una en los sobres. Saga lo veía contrariado, meditando en sus palabras. Era cierto, desde sus catorce años había peleado con su verdadero gusto, fingiendo frente a los demás para no recibir burlas, incluso casándose para así convencer en la sociedad que era un hombre hecho y derecho. Compraba revista de hombres fingiendo que era para cuidarse y conocer nuevos ejercicios y demás, cuando se excitaba viendo los modelos masculinos. El gimnasio tenía que ir de mañana, para no encontrarse con los corpulentos jóvenes que lo ponían a hervir y su mujer, por mucho que le paseaba desnuda, no lograba el cometido. Pero aún así se esforzaba, su hombría estaba en tela de juicio y más de una vez se imaginó viendo un hombre desnudo para excitarse y corresponderle a su esposa, aunque, en los últimos años, se había escudado del estrés y el trabajo para evadir varias veces su deber conyugal. Debía admitir que no era que amaba a la mujer, pero el hecho de que ella le haya sido infiel y con cinco jovencitos le golpeaba su virilidad, lo hacía sentir un hombre incompleto y con serios problemas para satisfacerla, aunque, él nunca se sintió satisfecho.

Sin embargo, en ese momento había recibido placer de la boca de ese hombre, que desde un principio le había llamado la atención. Se había encontrado fantaseando con besar esos labios, tomar ese cuerpo, tener una idea de que se resguardaba entre tantas telas que celosamente ocultaba su piel de nácar. Y había notado desde un principio el ligero pero persistente coqueteo del rubio hacía él, preguntándole si se ejercitaba, como se cuidaba, que si hacía deporte entre otras cosas. Además, no podía negar que era un joven sumamente interesante y atractivo, que desviaba mirada de hombres y mujeres. Debía terminar de admitirlo, Shaka le atraía y de verdad quería dejarse seducir por esas manos, esa boca, esa lengua.

—Si no me gusta, enterraré esta experiencia y te lo diré tajantemente, sin importar si tu orgullo termina en el piso—amenazó el griego, acercándose por la espalda del rubio y atreviéndose a apresarlo con sus fuertes brazos por la cintura. Shaka se sonrió triunfante.

—Te prometo que te sentirás como hombre nuevo. Te lo dije, sé usar muy bien mis cartas.

Lo besó seductoramente, antes de separarse y buscar su maletín. Saga lo miraba nervioso, esperando ver que haría el rubio, hacía donde iría, más la idea del joven era, realmente, arriesgada.

—Vamos Saga, si ella te puso los cuernos en tu propia cama, lo mínimo que merece es lo mismo, ¿no lo crees?

Lo dudo un momento, sólo un momento. Pero el rubio tenía razón, lo mejor que podía hacer era simplemente jugar en su mismo juego y con sus mismas reglas, así que se apresuró hasta el auto, esperando a que el rubio cerrara toda su oficina y le siguiera. Ya dentro del auto, se miraron cómplices, dispuestos a dejarse llevar y que fuera, lo que tuviera que ser.

Llegaron a la enorme quinta, una hermosa propiedad ubicada en la zona más adinerada de la ciudad. Shaka admiró el buen gusto del griego, esperando que el dueño de la localidad le abriera las puertas y le diera permiso de entrar. Así entraron a la sala, notando que estaba sola. La mujer a esa hora estaba en sus horas de Spa y eso, por cierto, el rubio lo sabía. Saga miró de reojo al investigador quien simplemente encogió los hombros en señal de autosuficiencia. Sí, era un vil calculador que cada vez se le antojaba más sensual.

Sin problemas, se adentraron a la habitación matrimonial. Todo bien decorado, hermosos juegos de muebles caobas con cojines de diversos tamaños, de color vino tinto y beige. Toda una decoración elegante y de buen gusto.

—Admiró el gusto de tu mujer, es una lástima que no sepa aprovecharlo.

—En realidad todo esto fue por un decorador contratado. Ella sólo elige el color de sus uñas.

—Ya decía…—murmuró el hindú, quitándose la chaqueta tranquilamente. Saga estaba inmóvil, inseguro de cómo proseguir. Era su primera vez con un hombre y realmente no sabía cómo llevar las riendas. Su acompañante lo notó—. ¿Nervioso?—el mayor lo admitió, con un leve asentimiento. Shaka se sonrió enternecido—. Sólo déjate llevar.

Se acercó a él, quitando la chaqueta de su paso, mientras tentaba con su nariz a la nariz griega, respirándole muy de cerca, seduciéndole. La piel del mayor se erizó al sendero de ese aliento, terminando por cortar la distancia y besar esos labios que tanto había anhelado. Fueron besos, largos y deseosos besos, primero labios, labios que buscaban fusionarse como uno, saboreándose entre sí, mientras los botones de las camisas cedían al paso de las manos. El nerviosismo de Saga virtualmente desapareció al instante, dejándose llevar por el fuego de esa boca y buscando el espacio para penetrar con su lengua. Shaka se lo permitió, entreabriendo sus labios y dejando que la lengua griega, ávida, recorriera toda la extensión de su paladar. Saga se desvivía, encendiéndose, buscando más contacto, mientras las manos de Shaka al terminar de desabotonar la camisa, ingresaron para aprisionar las caderas griegas y así provocar que ambos se frotaran.

—Hmmmm… Shaka…—gimió el griego extasiado, Shaka apresó esa lengua y la succionó con locura, mientras se abría espacio debajo de la camisa para acariciar fuertemente aquella poderosa espalda.

—Atractivo… demasiado atractivo, Saga

—Dime más…—murmuró, quitándose rápidamente la camisa y haciendo lo mismo con la de su compañero. Realmente tenía deseos, ya todo rastro de timidez e inseguridad se fueron al caño. Shaka se sonrió, empujándolo poco a poco al filo de la cama, para luego hacerlo caer, él encima del griego, restregándose sin pudor.

—Te quiero dentro, Saga—le susurró, besando todo su rostro, lamiendo su mandíbula para bajar lujuriosamente al oído. El griego ya estaba agitado, acariciando con fuerza la espalda hindú, su cabello, su cuello y bajando hasta sus caderas, para luego aplicar presión con sus manos—. Quiero tu grandísima, dura y gruesa virilidad haciéndome gemir.

—¡Oh Shaka!… hmmm…—gemía, temblando ante esa lengua que lasciva se ingresaba a los pliegues de su oído. Y esas palabras tan crudas no hacían más que alebrestarlo—. ¡Delicioso!

—Eres… toda… una… montaña… ¡de placer!—jadeó, cuando la lengua caliente del griego pasaba por su hombro desnudo—. Déjame demostrarte lo que eres capaz de hacerme…

Sus cuerpos se friccionaban. Entre beso y beso Saga apresó la cabeza de Shaka para hacer más profunda la invasión de su lengua, y el rubio con sus dos manos tentaban las tetillas griegas, erigiéndose ellas como dos rocas que daban muestra del placer. La mano libre del mayor entonces se coló al pecho hindú para apresar sus pezones e incitarlos hasta levantarse fuertemente, robando gemidos ahogados, sintiendo como las caderas del menor se acentuaban a la suya propia y ya dentro de las telas se podía sentir la potencia de sus hombrías queriendo ser liberadas. Shaka vio necesidad de separarse, enrojecido de deleite, con sus mejillas sonrojadas y sus ojos hirviendo del más puro deseo. Se levantó de la cama para quitarse el resto de las ropas y el griego hizo lo mismo, dejándose ambos solamente las medias. Para Saga, ver semejante aparición masculina lo puso a volar lejos. Aquel pecho labrado celosamente, ese abdomen formado, con cuadritos bien cincelado y el ombligo, que era el inicio de un lujurioso camino de oro que resguardaba con ahincó la enorme erección del hindú, hambrienta necesitada y para mejorar el panorama, dos piernas, gruesas, perfectas, esperando por ser estrujadas por sus manos.

—Eres simplemente perfecto…—murmuró el griego en un hilo de voz, lamiéndose los labios de tan sólo pensar en apresar ese enorme pedazo de carne entre sus labios. Shaka se sonrió, complacido, recorriendo también toda la extensión griega y quedando, literalmente, sin aliento.

—Perfecto es lo que te define, Saga. En mi vida había visto tanta virilidad junta—se acercó seductoramente, sentándose sobre él y dejando que ambos miembros se tocaran, con una corriente que lasciva los puso a temblar a ambos—. Dejarme poseer por ti, es, definitivamente, una experiencia que no pienso desperdiciar—hablaba sobre sus labios, mirándolo con deseos, restregándose a él. Las manos del griego tomaron con fuerza sus glúteos, para afianzar la fricción entre ellos—. Hmmm… Saga…

—Aunque es mi primera vez… Shaka ¡hmmm!… deseo… ¡arghhh! tomar el control—jadeó ahogado, pasando sus manos por toda esa piel, tratando de controlar los impulsos de hacerlo suyo ya mismo. Quería que él lo disfrutara tanto como sí mismo.

—Haz… conmigo… lo que te… provoque—las manos del menor recorrían los hombros, para apoyarse en el cuello y así obtener su atención—. Hazme todo lo que has soñado en todos estos años Saga… quiero que desates tu pasión en mí… ¡Hazme tuyo!

Y no pensaba desperdiciar semejante oportunidad. Saga tomó las palabras de Shaka muy seriamente y sin previo aviso lo lanzó de espalda a la cama.

Besó sin reparo todo el rostro del hindú, con deseos, con frenesí, mientras restregaba su propio cuerpo desnudo sobre el de aquel, arrancándole sonidos libidinosos que demostraba cuanto el rubio lo estaba disfrutando. Los dedos largos y blancos se enredaban en la espesa cabellera azul, bajando por su espalda y palpando con fuerza toda esa musculatura trabajada, y esa piel que se iba humedeciendo a causa del sudor. Los labios griegos fueron bajando rápidamente, pasando por el cuello que lamio con hambre, mordiendo sus clavículas, la nuez de Adán y luego entre mordidas y lamidas marcando el pecho del rubio.

—Ohhh… ¡mmm!… Saga… ¡me gusta!

—No te imaginas… cuando… anhelé… hacer un día… esto…—murmuró entrecortadamente, con la respiración ahogada de tanto placer acumulado, y encima de una de las tetillas del joven que ya quería devorar—. ¡Haré que grites de placer!

Y con esa amenaza se cansó de morder, succionar, lamer, saborear y jalar cada uno de los montículos, provocando en Shaka contracciones en todo su cuerpo, arqueándose en la cama, jalando los cabellos azules al compás de los alaridos del más puro deleite. Semejante coral tenía el orgullo viril de Saga en la cúspide. ¡Jamás su mujer le había gritado con tanta locura ni él había disfrutado tanto besando pezones como en esa oportunidad! Sinceramente, Shaka respondía demasiado bien a cada una de sus caricias, haciéndole sentir renovado. Y ya con ambas tetillas enrojecidas por el trato agresivo y lujurioso, su lengua fue bajando, lentamente, hasta alojarse al ombligo. Para ese punto ya Shaka había abierto sus piernas todo lo humanamente posible, sintiendo Saga el roce de esa carne caliente y dura en su cuello, erizándole la piel y enviándole al joven espasmos placenteros.

—Ohhh… hmmmm ¡SAGA!… Dios… eres… ¡WAOOO!

Y ya Saga estaba en las puertas del cielo al olfatear ese olor viril que desprendía el cuerpo sudado y desnudo del afamando detective. Lamió de ese pozo con locura, creando convulsionante movimiento en el hindú, que ya se tomaba de las sábanas vino tinto para aplacar las ondas de deleite. Luego de probar hasta hartarse de ese pedazo de piel, subió su mirada para ver la sonrisa delictiva del rubio, sonrojada sus mejillas, sudando con el flequillo a un lado y el punto que se alzaba sin vergüenza entre sus cejas. Hermoso… un hombre simplemente hermoso, no tenía nada que envidiarles a los modelos de las revistas que coleccionaba. Jamás en su vida, ni en sus sueños húmedos más perversos, se había imaginado estando en la cama matrimonial que comparte con su mujer, con un hombre de tan extrema belleza e increíble virilidad.

—Creo que estoy soñando…—susurró sin aliento el mayor, tomando entre sus manos la hombría del hindú, masajeándola lentamente para apreciar, en todo su esplendor el movimiento lujurioso de cadera, espalda y cabeza que aplicaba Shaka al sentir el placer recorrerle los nervios. El rubio se sonrió complacido, con sus zafiros centellantes.

—Que… se siente… tener uno distinto… en tus ¡hmmm!… manos…

—Indescriptible…—siseó con sus labios temblando de ansías, ya deseaba probarlo, como muchas veces ha soñado en esos largos dieciocho años de negación—. ¿Puedo…?—preguntó, pidiendo permiso. El rubio se rio entrecortadamente, excitado y enternecido por el nerviosismo del mayor.

—Haz lo que te apetezca, Saga… Ya me has demostrado… que lo… disfrutaré… plenamente…

Se acercó con su aliento, soplando un poco y viendo como el vello dorado se erizaba al paso de sus suspiros. Shaka seguía abriendo sus piernas, atrapando la sábana entre sus manos, preparándose para lo que venía. De improvisto, la punta de su miembro recibió la primera lamida y un gemido sordo fue la respuesta del hindú. Saga estaba en las nubes, disfrutando el momento, haciendo lo que tanto imaginó que haría si pudiera tener esa oportunidad y con ello en mente, empezó a lamer de forma circular toda la superficie, llevando sus manos hasta los gemelos, mientras que con su lengua amenazaba la turgente hombría. Shaka gemía enloquecido, abriendo sus ojos azorado, realmente impresionado por la forma en que ese hombre lo saboreaba. Era como si lo hubiese deseado toda la vida, sentía tanta pasión que se desencadenaba que simplemente no daba crédito…

—Dios… ¡¡SAGA!!… ¡¡Por Dios!! Hmmm… hmmmm sigue…—jadeaba el hindú levantando sus caderas y buscando que el griego ya ingresara de una vez toda su carne, pero Saga no pensaba hacerlo, quería disfrutar al máximo tan importante evento en su vida.

—Delicioso… simplemente… delicioso—exhalaba con aliento caliente sobre la piel, mientras mordía el glande e iba ingresando la punta, para seguirla lamiendo por dentro. Sus manos acariciaba la piel rugosa de los gemelos, apretando un poco, para acompañar las corrientes placenteras que ya tenían a Shaka en el Olimpo.

—¡OH Dios!… Hmmm Sagaaa… ha… ha… más… por… ¡hmmm!

Y Saga seguía saboreando, de a poco, viendo complacido como el miembro de Shaka se hinchaba, se enrojecía, pedía más, mucho más placer y ya hasta había tenido el gusto de saborear un poco de la semilla, ácida y fuerte, varonil en extremo y que lo alebrestó a puntos indescriptibles. Llevado ya por las corrientes rápidas hacía el orgasmo, el griego ingresó toda la carne entre sus labios, tomando las piernas del hindú y acariciándola con fuerza, al ritmo de sus cadenciosas succiones, provocando espasmos incontrolables en el rubio que ya jalaba como poseído las sábanas.

—Ahhhh ¡hmmm! ¡¡Saga!! Más… oh Dios… ¡¡¡OH DIOS!!! ¡¡SIGUEE!!

Por supuesto que seguiría, esa coral era simplemente como estar en las puertas del cielo. Las succiones seguían vorazmente, percibiendo esa piel arder, resbalándose de sus manos por el sudor y alebrestado por el olor y sabor viril que ya se sentía venir. Sus manos acariciaban con fuerza las gruesas piernas, pasando por los glúteos, aplastándolos y arañándolos al paso de sus dedos. Llegó a un punto en que el hindú escurrió sus manos por la cabeza y empezó a embestirse a sí mismo y a él sobre su hombría, poniendo a Saga en modo de ataque, aumentando el ritmo, el sopor, el calor, la ansiedad. Pronto el cuerpo de Shaka se tensó por completo y se descargó en los labios de Saga, lo cual fue bebido con verdadero deleite, saboreando toda la piel con su lengua.

—Hmmm… Saga…—murmuró el rubio ahogado de delicia. El griego levantó su cabeza, acercándose para besarlo y darle de probar su propio sabor—. ¿Nunca lo habías hecho? ¡Dudaría de tu palabra!

—¿Tan bien lo hice?

—Aprobado y con honores—lo besó, sonriéndose, pasando sus brazos detrás del cuello griego para regalarle un pasional ósculo de recompensa por tan excelente trabajo. Saga lo recibió satisfecho y feliz consigo mismo—. Incluso, me postulo como tu campo de prueba. ¿No te gustaría?—el mayor se relamió los labios, excitado con esa propuesta.

—¿Me dejarías probar todo?—inquirió ya tentando con su mano aquel aro de carne que lo esperaba con ansías.

—¿Qué quieres probar ahora, Saga?—indagó el menor con los ojos brillando de lujuria, deseando más y bajando sus manos hasta los glúteos griegos, apresándolo con anhelos.

—Beso negro—los zafiros refulgieron con fuerza, dándole la respuesta que necesitaba—. Dioses… ¡por fin podré dar uno!

Y así fue, besando a largos pasos por la piel perlada de sudor, Saga se deslizó hasta las caderas del rubio. Pidiéndole que cambiara de posición, Shaka se incorporó a horcajadas, descansando su rostro en la almohada, boca bajo y con toda la intimidad a su disposición. El griego se desvivió un poco besando la espalda del rubio, mordiendo los platillos, lamiendo la extensión, robándole de nuevo quejidos y gemidos de placer, mientras sus manos masajeaban reiteradamente sus glúteos, bajando a punta de besos húmedos.

—Perfecto… Shaka eres perfecto…—suspiraba el griego pasando la lengua por el camino que llevaba al lugar que deseaba irrumpir.

—Y tú… hmmm… muy pa… ¡haaa!… ¡pasional!

Por fin lo había encontrado, lamia suavemente sobre aquella carne corrugada mientras la espalda del hindú se tensaba con las corrientes placenteras. Saga estaba extasiado, viviendo por fin su mayor deseo, disfrutando enteramente del momento y decidido, empezó a presionar con su órgano, provocando un alarido de goce por parte de Shaka, mientras poco a poco su carne iba ganando espacio. ¡Y se sentía tan caliente! Saga estaba en la gloria, dejando que su lengua ingresará aún más, lamiendo de forma circular, jugando con ella en esa cavidad que se resistía y al mismo tiempo lo recibía con deseos, todo con los aclamados gemidos de placer que Shaka no dudaba en hacerle oír, sin reprimirse un sólo jadeo, dispuesto a hacerle saber al griego lo bien que le estaba haciendo sentir.

—¡¡Dios!! Saga… ¡más!… dame más… ¡hmmmm!… ha… ha…. ¡HAAA!

Saga seguía ensimismado en su tarea, jadeando entrecortadamente mientras las carnes del hindú se abrían para él, y las caderas hacían un lento vaivén excitante. Con sus manos buscó de nuevo la hombría del rubio, notando que ya estaba levantada al pie de guerra. Saga salió un momento, ahogado por el goce que sentía, ya desesperado. Su propio miembro reclamaba ya esas tierras y veía que Shaka, a través de sus ojos, también se lo exigía.

—Voy… voy a entrar… Shaaka—le dijo, recostando su cabeza en la espalda del hindú, acariciando de nuevo sus tetillas. Shaka ya no veía del delirio.

—HA… ha… hazlo… Saga… ¡METELO!—pidió el rubio ya angustiado. ¡Quería sentirlo dentro ya!

No pensaba esperar. De por sí, ya Saga había esperado mucho en su vida para ser por primera vez sincero consigo mismo y ahora, era libre de amar y hacer lo que siempre ha querido, al lado de un hombre increíblemente hermoso y sensual. Sólo podía pensar en una cosa: ¡lo quería meter hasta el fondo! Determinado, busco rápidamente un condón para protegerse, colocándoselo con maestría y preparado para irrumpir dentro de esa cueva caliente que lo esperaba. Intentó entrar y el grito de Shaka le hizo saber que aún era muy estrecho, por lo que buscando lubricante se concentró en abrir un poco más el lugar, usando tres de sus dedos y dando vuelta dentro de él, agitado, soportando casi sin fuerza toda su excitación.

—¡¡DIOS!!… ¡¡SAGA!!… ¡¡¡HAZLO YA!!! Ha… HA…

—Ya… ya casi…

—¡¡¡DIOS MIO!!!… ¡¡¡QUIERO!!!… ¡¡¡LO QUIERO DENTRO!!!… HA… HA…

¿Y cómo pedirle al griego que fuera paciente si su compañero estaba al borde de la locura? Y es que Saga no entendía que Shaka estaba enfermando, envenenado por las múltiples corrientes de placer que le enviaron esos dedos cuando tocaron su punto clave, contorsionándose en la cama, arqueando su espalda y restregando el sudor de su frente sobre la almohada. Y cuando Shaka hizo la invitación jamás pensó que la pasaría de maravilla con el griego. Saga era todo un amante exquisito, dispuesto a probar todo y a provocar el orgasmo más profundo en su acompañante. Y tomando en cuenta que Shaka jamás se rebajaba a estar con un novato en la materia, en esos momentos sentía que estaba más bien con todo un experto en la cátedra. Saga se dejaba ir por el instinto y las ansias guardadas y Shaka recibía todo con supremo gozo.

Sin más preámbulo y animado por la coral del rubio, Saga ingresó la punta de su miembro, sintiendo como esas carnes apresaban y engullía con hambre su hombría y soltando un alarido de placer carnal.

—¡¡Oh Shaaaka!! Tan estre… ¡cho! ¡¡ARGHH!!… ¡divino!

—¡¡SAGA!!… hmmmm Saaaga… ¡dioses!… dioses… ¡¡muy grande!!

Empujó un poco más, guiado por el movimiento de caderas del hindú, y recibiendo gustoso corrientes blasfemas en sus nervios. Saga acariciaba los glúteos, las piernas, con deleite, con hasta incluso amor, tratando de aliviar la intrusión en el rubio, que complacido le sonreía, dándole permiso de continuar. Entre embestidas pequeñas y parones de varios minutos, Saga se iba acoplando a la nueva experiencia y Shaka acostumbrándose a la potente erección que lo estaba penetrando.

Cuando ya se sintió totalmente dentro, temblando se recostó sobre el menor, exhalando aire, respirando, totalmente flotando entre las emociones. Destinaba besos en las mejillas del rubio, lamiendo su oído, agradeciéndole que le diera la oportunidad de ser libre y sin prejuicios. Shaka hizo un esfuerzo para alcanzar la boca del griego y besarlo con ansías, dedicándose varios minutos a un intercambio de labios y lenguas que les permitía estar conectados mientras sus cuerpos se acoplaban.

—Shaka… gracias…

—Ni hablar… Más bien,… quiero repetirlo… y eso… que no… hemos… terminado…

—Me darías… ¿la oportunidad?—preguntó, ilusionado. Shaka le sonrió, afirmándolo.

—Me gustas… demasiado… Quizás, hasta llegue a amarte.

—Me encargaré de que no… quieras a nadie más… Soy posesivo…

—Y yo fiel…

Se sonrieron… Sí, aunque en ese momento era más un intercambio de cuerpos y placeres, no podían descartar que más adelante pudiera ser un verdadero acto de amor. La atracción existía, se gustaban y se podría decir que pueden avanzar más. Y ya con la decisión de divorciarse, Saga pensaba, al fin, dejarse de mover por lo que dijera la sociedad.

Ya llegado el momento, empezó el vaivén. Saga estaba emocionado al sentir esas carnes caliente friccionarlo con tantos éxtasis y moverse dentro del hindú era realmente un pasaje al nirvana. Shaka por su parte recibía las embestía con alaridos de deleite, apretando las sábanas y cerrando sus ojos para concentrarse en todo el goce posible. Las manos de Saga buscaron las suyas, entrelazándose entre las sábanas mientras el movimiento dentro y fuera persistía, con estocadas firmes y lentas. Lo disfrutaban, estaban regocijados en ese momento, en esa unión y no pensaba perder un solo minuto de ella. Pronto alcanzó en una estocada el punto del hindú y Shaka se arqueó por completo, atrapado por la oleada de placer que ahora, rítmicamente, era incitada. Saga aumentó el poder de sus golpes secos, sintiendo que esas carnes lo aprisionaban con más fuerza y las corrientes de placer lo tenían enloquecido.

En un punto fueron cegados por el placer, Shaka soportando su cuerpo con los antebrazos y emitiendo sus propias embestidas para auto penetrarse mientras Saga ahora sostenía las caderas el hindú para aplicar mayor fuerza a sus irrupciones. Ambos gritando enloquecidos, con sus ojos cerrados, tocando el cielo con sus manos. Tanto que no se dieron cuenta que la mujer había llegado y estaba viendo perpleja semejante escenario. Su esposo, tomando el cuerpo de otro hombre y ambos vociferando, literalmente, como animales en celos, en lo que se podía palpar como el orgasmo más impresionante de sus vidas. Ni siquiera en lo que ella podía decir que había sido sus mejores momentos sexuales con él, lo había visto gritar así.

—¡¡¡Oh Shaka!!! Eres… ha… ha… ¡¡increíble!! ¡ARGHH!… ha… Me fasc… ¡¡fascinas!!

—¡¡SAGGAAA!!… hmmm… ha… ha… ¡¡delicioso!!

Y ellos ya estaban colapsando, sintiendo ambos la orden de su cerebro que era emitida y transferida por todos los nervios debajo de su piel, tensando músculos, abriendo labios, preparando gargantas y quemando todo rastro de raciocinio.

—¡¡SHAAAAAAAAKAAAAAA!!—gritó Saga alcanzando el nirvana, con sus ojos abiertos al limbo, cayendo para abrazar con fuerza al hindú mientras se descargaba dentro de aquel cuerpo.

—¡SAAAAAAAAAAAAAAGAAAAAAAAAA!—exclamó con fuerza el rubio, abrumado por el deleite experimentado.

Ambos cayeron, agotados, cansados y encantados, Shaka boca abajo y Saga a un lado, notando entonces que su mujer estaba parada en la puerta, aún en shock, testigo de su propio orgasmo. El rubio seguía disfrutando su momento mientras que Saga se levantó, sentándose en la cama, viendo a su esposa.

—¿Qué… cómo…?—la mujer tartamudeaba, aún incrédula de lo que veía. Shaka al escuchar la voz de la mujer, se reincorporó, aún jadeando, para enviarle una mirada fulminante, llena de triunfo—. No… esto… ¡esto no puede ser!

—Oh Saaga… ¡que lamentable!—comentó jocoso el rubio, mirándola de forma aguda—. Creo que debimos apurarnos pero… ¡estaba tan bueno!

—Es que sólo tú puedes ponerme a hervir así, Shaka—remató el griego, golpeando vilmente el orgullo de su mujer—. Contigo pierdo la noción del tiempo.

—Bueno, ya se enteró, ni modo ¿no?—replicó el menor, tomando una almohada para cubrirse, sonriéndole a la mujer con malicia.

—Eres… ¡¡¡ERES UN DESPRECIABLE!!! ¿Cómo pudiste?

La mujer gritó y salió tirando la puerta de la habitación, a lo que Shaka lanzó una carcajada divertido. Miró de reojo a Saga y este parecía preguntar qué hacer ahora, a lo que el rubio de una vez contestó, buscando en su maletín la evidencia y dejándola en sus manos. Saga comprendió, colocándose el pantalón y saliendo para encarar a la mujer.

Shaka escuchaba desde la habitación los gritos de la mujer y la voz de Saga que muy tranquilamente le interpelaba. El rubio, totalmente confiado, se quedó en la cama viendo todo alrededor, revisando luego su teléfono celular y sonriéndose porque al final, obtuvo lo que quería. Al cabo de una hora, Saga regresó, resoplando fastidiado, mirando a su acompañante preguntar con su mirada. El simplemente se encogió de brazos.

—Se fue. Firmaremos el divorcio lo más pronto posible.

—¿Quieres que te consuele?—preguntó el rubio irónico. Saga lo observó acercándose pícaramente.

—Necesito mucho consuelo, Shaka.

—Tenemos toda la noche para hacerlo, Saga.

Se miraron, cómplice del mismo delito. ¿Quién pensaría que al final terminarían así? Pero si ya había sido infiel, podría seguir siéndolo, por el resto de la noche…

2 respuestas a “Encuentros Prohibidos «El Infiel»

  1. De Infartoooooooooooo

    Que bello es ser infielllllllll

    lalala *saltando en el nirvana*

    Dioses!!! que banquete angui!!!!! tanto tiempo si comer…*0*WAAA

    Fue exquisito!!! Ese rubio…DIoses!! si q tiene agallas!!y Sagui *¬*

    waaaa dominante!!! los dos!! *p* como me gusta esta serie de encuentros prohibidos!!!!!!

    dame massssssssssss *¬*

  2. 100% cinismo:

    “—¿Quieres que te consuele?—preguntó el rubio irónico. Saga lo observó acercándose pícaramente.

    —Necesito mucho consuelo, Shaka.”

    jajaja Me mato el remate, cuanto cinismo ¡por favor!
    ¿qué puedo decir? ULTRA ORGASMICO… y la situación, dios, un plato el argumento: delicioso y adictivo. La actitud descarada del rubio y los momentos inocentes de Sagita OMG Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii vendetta!!!!!!!!!!!! mucha vendetta!!!!!!!!!!!!! nadie me lo hace sentir poco hombre a ese hombrazo griego, lo que se pierde la loca ¿mejor! el rubio si que sabe como sacarle jugo *babaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa*

    100%PLACER
    Cómo te extrañaba linda!

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