Plasmados en Gloria (Cap 01)

“Buenos días Asmita, ¿cómo estás? Todo aquí ha estado tranquilo, no pareciera que estuviéramos precisamente en esta zona. Pero digamos que todos estamos disfrutando de cada momento como si fuera el último, rememorando viejas memorias, riéndonos de anécdotas que nos contamos entre nosotros, para, pensar que se pueden revivir…”

Asmita lee unas cartas que Shaka le ha enviado, recordando todo lo ocurrido y como llegaron a ese punto.

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Temas: Yaoi, Lemon, romance, angst, drama, Universo Alterno.
Personajes:
Saga, Shaka, Kanon, Asmita, Defteros
Resumen: “Buenos días Asmita, ¿cómo estás? Todo aquí ha estado tranquilo, no pareciera que estuviéramos precisamente en esta zona. Pero digamos que todos estamos disfrutando de cada momento como si fuera el último, rememorando viejas memorias, riéndonos de anécdotas que nos contamos entre nosotros, para, pensar que se pueden revivir…”

Asmita lee unas cartas que Shaka le ha enviado, recordando todo lo ocurrido y como llegaron a ese punto.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: Quie hacer algo heróico y angst. Incluye lemon y Muerte de Personajes

Capitulo 01:

Luchando contra el Orgullo

“Buenos días Asmita, ¿cómo estás? Todo aquí ha estado tranquilo, no pareciera que estuviéramos precisamente en esta zona. Pero digamos que todos estamos disfrutando de cada momento como si fuera el último, rememorando viejas memorias, riéndonos de anécdotas que nos contamos entre nosotros, para, pensar que se pueden revivir. Es gracioso… en estos días estábamos hablando de la comida. El cocinero aquí da lástima, de verdad, creo que he bajado unos kilos por su culpa. ¡Es que cocina tan mal! Y por eso fue que nos pusimos a comentar sobre nuestros platos favoritos. Fue vergonzoso, porque terminamos todos con hambre.

Dante hablaba de que le gustaba una pizza de peperoni con guisantes que hacía su abuela en Italia. Shura en cambio, extrañaba una paella de marisco especial que su esposa le hacía en los días festivos, con buenas piezas de pescado, camarones y pulpo. Yo le hablaba de un delicioso estofado de pollo que solías hacerme, ¿recuerdas?, con la salsa de jitomates y cilantro para dan tan buen olor. Terminamos riéndonos al final al ver como a Dante se le resbalaba la saliva por la comisura de sus labios. Fue ameno, muy ameno… nos ayuda a olvidar la razón por la que estamos aquí, nuestro destino, hermano.

Espero que Defteros esté bien y te esté cuidando. Si no lo hace, ¡dile que me la descobraré al verlo! Yo le confié tu seguridad, aunque sé que eres mayor que yo pero, no puedo remediarlo. Espero que estés muy bien, que sigas con la tienda de tejidos de nuestros padres y haya muchas ganancias. Creo que en esta época que se asoma el invierno, deberán aumentar las ventas.

Bueno… estaré escribiéndote. Sólo te digo, que si esta es la última carta, recuerdes, que yo, Shaka, siempre te amaré y que esto, lo hago con toda mi pasión. No me arrepiento de haberlo decidido… No te preocupes por mí… Este es el lugar que quiero… estar a su lado…

Te amo hermano…”

La voz ronca de su amante cesó. Asmita mantenía su vista zafiro al vacio, sin muestra de debilidad, de dolor. Desde que había recibido esa caja, no hacía más que todas las mañanas leer una a una la carta que Shaka, su hermano menor, le escribía todos los días. Su pareja esperaba paciente cualquier reacción, pero el rubio sólo le sonrió, con dulzura, antes de pedir la carta, ingresarla en su sobre y colocarla detrás del bulto. Ya sólo faltaban tres por leer, pero lo haría, el día siguiente.

Se levantó. Tomó la cajita entre sus manos y la llevo consigo hasta su habitación, colocándola frente a un retrato de ellos dos, juntos, que se tomaron antes de la partida. Se quedó unos minutos en silencio, sumido en la oscuridad de sus ojos siempre sellados. Tragó grueso. Se sentó en su cama. Tomó de nuevo las cuentas de aquel rosario. Eran 108 cuentas, dos se perdieron… Había logrado reconstruirlo, con sus flecos violetas, juntarlo todo de nuevo en una sola pieza de ahora 106 perlas…

Las apretó contra su mano… Recordó…

—Te presento a mis primos, Kanon y Saga.

Así había sido su escueta presentación. Definitivamente Defteros no gozaba de elocuencia y eso a Asmita le hizo sonreír. Había sido hace 6 años, apenas 20, su hermano Shaka apenas 15. Y estaban allí presentándose al fin sus familias, listos para asumir lo que ya los mayores habían entendido. Se amaban, lo demás no importaba.

—Saga, Kanon, es un placer conoceros—se inclino frente a ello, una reverencia respetuosa—. Les presento a mi hermano menor, Shaka—señaló hacía su derecha, donde un joven rubio de altiva mirada azul los observaba analizándolos—. Espero que puedan llevarse bien.

—Un placer—contesto el mayor de los primos.

—Nos divertiremos—afirmó el menor de ellos con un guiño pícaro, aplacado de inmediato por un codazo del mayor.

—Ninguno de ustedes se les va a acercar—sentenció el moreno con mirada gélida—. ¡Es un niño!

—Por el hecho de aceptar tu relación con mi hermano, ¡no te da derecho de decidir nada sobre mí y mucho menos cuidarme como si fueras mi padre!

Todos callaron. Quien había alzado la voz de forma prepotente, había sido el menor del los rubios, con una mirada amenazante. Asmita frunció su ceño, molesto, enviándole con el gesto una terrible reprimenda que hizo que el menor bajara su vista. Quizás había sido un poco severo. Kanon simplemente cortó el ambiente riéndose animadamente y Saga lo veía de reojo, tratando de dilucidar qué era lo gracioso del momento. Pronto entenderían que todo lo que había pasado, era un ataque de celos del menor, que no soportaba la idea de que su hermano y única familia ahora velara por alguien más.

—Disculpen a mi pequeño hermano. Digamos que aún no se acostumbra.

—Es difícil acostumbrarse a ser el segundo plato—refunfuñó de nuevo el menor.

—¡Suficiente Shaka!—levantó su voz, como casi nunca ocurría, un Asmita indignado con la actitud inmadura de su hermano.

Shaka no lo soportó, no soportó ser reprendido frente a extraños por… precisamente por ese desconocido que de repente había embaucado a su hermano, enamorado, idiotizado, pasando ahora más tiempo con aquel que con él, que era su sangre, eran amigos, hermanos, casi cómplices… Bufó molesto, echando su flequillo a un lado, dando media vuelta.

—Bien, disfruten la velada sin mí.

Se retiró, con orgullo, ardido de vergüenza. Asmita iba a seguirlo cuando la mano fuerte de su amante se posicionó en su hombro. Lo dejaron así… luego se le pasaría… o al menos eso pensaron… Los primos no le dieron importancia al asunto, después de todo, era solo un niño…

El tiempo pasó y lo menos que pensó Shaka es que terminaría viviendo, bajo el mismo techo, de aquel hombre a quien consideraba enemigo y además, sus dos primos. En la primavera siguiente luego de aquella incomoda presentación, Asmita y Shaka se mudaron a un departamento de Grecia, donde Defteros ahora  trabajaba en las excavaciones de un centro arqueológico. Un departamento cómodo, 4 habitaciones, era propiedad de su hermano, quien para ese momento estaba viajando en el extranjero y parecía durar bastante en dicho viaje. Ahora, no sólo Shaka tuvo que dejar a sus antiguas amistades, su antiguo estilo de vida, sino que tenía que soportar las veinticuatro horas del día al hombre que le robó a su hermano y sus dos primos. Pero para hacer más penosa su situación, para él, tenía que aguantarlos a ellos dos buscándolo y llevándolo a la universidad. Se habían turnado, Kanon lo llevaba en su moto por la mañana, Saga lo buscaba por la tarde en su auto. Y así, tenía que pasar incómodos minutos con la copia del hombre que odiaba en color arena.

Los meses iban pasando y la situación estaba igual. Asmita ya se había cansado de discutir con Shaka su frialdad y despotismo inmaduro con el cual trataba a los tres griegos, terminando también por crearle la ley de hielo. Por esa razón, el joven Shaka, dentro de su universidad, fue agregando actividades extracurriculares, para llegar de noche a la casa, sólo cenar en silencio y encerrarse en su habitación. Pronto perdió comunicación con todos ellos, encerrándose en su mundo, olvidándose de los demás, enfocados en la sola idea de sacar su carrera, para poder independizarse. ¿Su hermano ya no lo necesitaba? Él también le demostraría que no le hacía falta, a pesar, de que cada noche resentía el rechazo.

—Eres un frívolo, ególatra y soberbio.

Esas palabras fueron dichas con voz imperativa, molesta, del mayor de los primos. Aquella noche Shaka había llegado luego de su carrera de atletismo, una de las tantas actividades que había escogido para estar afuera. Habían pasado ya cuatro años desde que se conocieron. Del niño de 15 años, ya no quedaba nada, excepto su ego.

—No pierdas el tiempo y regresa por donde viniste—reclamó el menor, obstinado, recostado en su cama luego de un duro día de entrenamiento. Sus piernas le dolían.

—Tu hermano esta lastimado. No piensas más que en ti mismo, no te das cuenta que con esa actitud lo estas lastimando seriamente—lo miró de reojo, como si le prestara atención—. ¡Es tu hermano! ¿Crees que si no le importaras, te hubiera traído hasta aquí?

—¿Y supongo que debería salir corriendo a pedirle perdón a tu primo y decirle: Defteros cuida de mi hermano si?—espetó el menor con sarcasmo. El mayor frunció su ceño, realmente molesto. No podía creer que ciertamente ese muchacho fuera así de prepotente—. Olvídalo Saga. Pero tranquilo, ya falta poco para graduarme, pronto tendrán la dicha de no verme—dijo irónico, con un movimiento dramático de sus manos pero su voz, voz turbia.

—Te darás cuenta en algún momento que estas desperdiciando tiempo, tiempo valioso que puedes pasar al lado de quienes te aman, por tu egoísmo.

Shaka escuchó esas palabras, severas, serias y no soportó escuchar un sermón de ese perfecto desconocido a quién jamás le había dado razones para meterse en su vida. Se puso de pie, iracundo, acercándose en largas zancadas hasta estar frente a frente, mirarlo a los ojos, decidido. Fue en ese momento, que Saga lo notó.

Ya no era el niño… ya no era el quinceañero… en algún momento, sin darse cuenta, Shaka había crecido y ahora mostraba un cuerpo esbelto, formado por las diversas actividades deportiva, oliendo al sudor corporal. Alto, fácilmente podía mantenerle la mirada sin tensar su cuello. Atlético, espalda que descubierta se veía amplia, pectorales cincelados, cabellos de oros que sudados se apegaban a su piel de marfil humedecida…

Debe saber a sal…

Ese pensamiento desbordó la mente del gemelo antes de dar un paso hacia atrás y encontrarse con la puerta que él mismo cerró. Esos dos zafiros lo veían, sin inmutarse. Aproximándose, verdaderamente cerca.

—No necesito tus sermones, Saga. Ahora, sal de mi habitación.

Saga tembló, más no por las palabras, sino por la cercanía, la cercanía y ese aliento mentolado que venía después de una melodía gruesa y agradable…

Voz de hombre…

Bajo su mirada. Sin más se retiró, haciendo que el menor se sonriera como si hubiera triunfado. Pero Saga se quedó en la puerta, del otro lado, contrariado…

Ninguno de ustedes se les va a acercar. ¡Es un niño!

Esas fueron las palabras de su primo, pero Shaka… Shaka no era un niño… ya no…

Saga y Kanon habían descubierto que también tenían esa inclinación desde hacía mucho. Enfrentarse a la idea de gustarle alguien de su mismo sexo no le incomodaba, ya lo habían superado. Después de todo, ya tenían 27 años, dos hombres hechos y derechos, cada uno con sus trabajos, habían tenido parejas, incluso, algunas las compartieron tranquilamente. Pero… encontrarse con la idea que bajo su mismo techo había otro hombre y uno que simplemente con la cercanía le hizo tambalear las piernas, eso era muy diferente.

Impresionantemente, cuando le comentó a su hermano Kanon sobre lo que sintió al encontrárselo tan cerca, percibió que también lo había notado.

—¡Shaka ha estado creciendo en nuestras narices y no nos habíamos dado cuenta!—exclamó el menor de los gemelos, viendo tal situación como irrisoria, después de todo, tenían 3 años viviendo juntos, 4 desde que se habían conocido.

—Igual, eso no significa que tenga nuestros mismos gustos—trato de eludir el mayor, queriendo sacarse de la cabeza el hecho de que en verdad, le gustaría, probar el sabor de su piel sudada.

—Nada perdemos con intentarlo—susurró el menor con una mirada picara. Saga lo observó y sin en un momento iba a replicar, pronto se arrepintió, dibujando una sonrisa.

—Tienes razón… ya no es un niño. Intentemos a ver si alguno de los dos puede. Sin rencores, ¿eh?

Se miraron, cómplices. Decidieron intentarlo.

Fueron seis largos meses, entre invitaciones que fueron tajantemente rechazados, regalos totalmente hechos de lados, chistes evadidos, cumplidos ignorados… Shaka era una pared de oro impenetrable para cualquier intento de los gemelos por acercarse. Todo seguía igual, Shaka en su mundo, los gemelos persiguiéndolo y Asmita y Defteros, quienes ya habían notado el interés de ellos, los dejaron tranquilos. Asmita pensó que tal vez, si ellos lograban acercarse a Shaka, las cosas podrían mejorar entre todos.

Y Shaka no entendía a que venía el repentino interés y cuando lo meditaba, terminaba asegurando que quizás era algún gesto desesperado tratando de que fueran la “hermosa familia feliz” que él no pensaba crear ni participar. Tal vez era cierto, muy egoísta, ególatra, soberbio, irritable… pero sí, así era él, así se sentía bien. La soledad de su habitación era su templo donde el simplemente se alejaba de los demás.

—¡Mira lo que tengo aquí!

Kanon agitaba entre sus manos una revista documental que tanto coleccionaba y que por estar pendientes de unos exámenes finales había olvido comprar y de paso, no la encontraba en ningún puesto. Los ojos del rubio menor se abrieron emocionados, brillando agradecido mientras veía el titulo ir de un lado a otro, en manos del menor de los gemelos, quien sonreía triunfante. Pero cuando Shaka se dio cuenta de esa reacción, volvió a subir su impenetrable pared.

—¿Cómo supiste que las colecciono?—pregunto, desviando la mirada, tratando de mostrarse neutral aunque ya quería arrancárselas de la mano.

—Sólo tenía que ver tu librero repleto de ellas—respondió, lanzándosela finalmente a la cama. El rubio reprimió el deseo de caer a ella y hojearla como un hambriento de la lectura frente a él—. ¿De qué trata?

—¿La compraste y no sabes de qué trata?—indago incrédulo el rubio.

—La compré para ti. ¿No me contaras?

—Bueno…—bufó algo contrariado—, esta revista siempre tare artículos muy interesantes sobre tecnología, documentales de cuales han sido los últimos avances y el cómo han mejorado el estilo de vida de las grandes ciudades. Por ejemplo, esta habla de domótica, es una rama de la electrónica donde se aplica los conocimientos de electrónica y automatización para hacer espacios urbanos más inteligentes. Por ejemplo…

Siguió hablando, con voz elocuente. Kanon seguía escuchando, pacientemente. Sin darse cuenta, se acercaron y sin darse cuenta, Shaka no se encerró completamente.

No fue la primera vez. Por mucho que Shaka se recriminaba, terminaba hablando de algún tema con cualquiera de los dos gemelos. Saga siempre le hablaba de las noticias de último momento y nuevos aparatos electrónicos; Kanon por su parte, de la nueva música, nuevos conciertos y resultados de partidos deportivos. Pero Shaka no quería reconocer que estaba cediendo terreno. Muchas veces, llevado por el orgullo, no daba su brazo a torcer, se volvía arisco a las atenciones de los griegos que no se daban por vencido. Hasta que al final, los dos hermanos gemelos tuvieron que sentarse y replantear la situación. Lo que habían comenzado como algo foráneo, les estaba pegando demasiado fuerte.

—Estoy enamorado, Saga.

Una confesión, certera, precisa, inevitable… el mayor estaba en el balcón de ese departamento, viendo la inmensidad de Athenas iluminada, sintiéndose igual.

—Estamos en un serio aprieto—murmuró el mayor—. No podemos compartirlos como con nuestras aventuras.

—Pero no le veo interés por ninguno de los dos.

—Yo más bien creo que no se da la oportunidad por orgullo.

—Entonces, ¿lo seguimos intentando? ¿Sin rencores?

El mayor le sonrió, dándole permiso… aunque en realidad, el iba a desistir para darle el espacio a su hermano. Se iba a hacer un lado, sin decirle nada… pero eran gemelos y el menor, hizo lo mismo… Los dos se dieron espacio, los dos cedieron, sin darse cuenta.

One thought on “Plasmados en Gloria (Cap 01)

  1. o.o
    me re gustoo
    quiero el suiguiente cap`:D….para cuando color verdadero T_T ya se q soy la unica q lo quiere pero:D contii XDDDDDDDD
    NOS VEMOS
    CUIDATE Y UN GUSTO CONOCERTE POR MSN
    ^^

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