Es tiempo

Saga, como héroe griego, fue enviado para infiltrarse en los territorios sagrados para conquistarlos y entregárselos a su rey. Ya a punto de tomar posesión de las tierras debe tomar la cabeza de su líder, Shaka.

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga
Resumen: Saga, como héroe griego, fue enviado para infiltrarse en los territorios sagrados para conquistarlos y entregárselos a su rey. Ya a punto de tomar posesión de las tierras debe tomar la cabeza de su líder, Shaka.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: Me provocó hacer algo con odio, pasión, deseos de por medio en un ambiente trágico.

Es Tiempo

Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.

Eclesiastés 3: 1 – 8

Oírte recitar esas palabras, con tu voz llena de melodías angelicales, allí en tu jardín sagrado; me hace tambalear.

Yo debo matarte…

Vine a estas tierras para esto… Me filtré, haciéndome pasar por un herido nómada. Me cobijaron en este lugar, tú me diste de comer, de beber, de vestir. Tú me cuidaste, con tu silencioso sosiego que hacía sentir calma a esta alma de guerra, soñar con que esto sólo era el principio, de tal vez, una idílica historia de amor como esas que se cuentan en los libros, las que cantan los poetas de calles, las que versan…

Pero no… nuestra historia es una tragedia griega.

Y yo… condenado a matarte… te amo, Shaka.

Y tú, allí frente a ese roble fuertísimo, recitas esas palabras con delicadeza, dejando que el viento susurrase tras las cuerdas doradas de tu cabello. Creando música…

Fúnebre…

Porque de este encuentro sólo saldremos muertos Shaka. Tú, dejaras de respirar… yo, dejaré de vivir.

Y seguiré existiendo… destajando tierras, entregándoselas a mi rey. Hasta que una flecha alcance mi corazón, una espada cercene mi cabeza, la separe de mi cuerpo, me quite la vida… Hasta que llegue mi tiempo de morir…

—No dudes, Saga. Ciertamente, todo tiene un tiempo y es claro que el nuestro ha llegado a su fin.

Me sonríes, me insultas…

Tu serenidad al filo de la muerte me ofende…

Yo no quisiera matarte… mi mayor deseo es tomarte con estas manos impías, beberte, amarte. Deshojar la flor de tu virginidad, invadir con mis carnes tu cuerpo sagrado, rasgar esas vestiduras blancas y llenarte de mi esencia caliente… ¡Cuanto deseé por noches eso!

Mientras tu meditabas sentado en este roble, mis ojos no se apartaban de ti, creatura celestial, dios inmaculado, sacerdote del ébano y de la mañana, con cabellos tan brillantes como el albor del alba, con ojos tan azules como las inmensidades del cielo… caóticos, profundo, como el mar de mi tierra. Ojos que sólo yo vi… ese día que sonriendo descubriste mi farsa. Que en vez de juzgarme me diste la oportunidad de regresar a mis tierras, cumplir con mi objetivo, llegar hasta el fin de mis planes.

Y sonreíste

Como hoy lo haces…

Y me desarmas de nuevo en una espiral de deseos y deber que ya estoy cansado de recorrer. Y agitas estás manos que no piden más que clavarse en tu piel de leche. Labios que desean saborear la extensión de tus llanuras, de tus planicies, del pozo sagrado, de la cueva jamás tocada.

Lengua enferma… piel blasfema…

Y sigues sonriendo…

—Ven a cumplir con lo que has venido a hacer.

Vuelves a incitarme… vuelves a desafiarme…

Mirada azul que choca con mis esmeraldas, se rebelan, en este maldito teatro trágico donde no existen mascaras, sólo dos hombres, en el tiempo, momento, lugar equivocado… o más bien…

Con los sentimientos equivocados…

El viento que susurra sobre nosotros de nuevo… los gritos de guerra de mi ejército que espera afuera mi señal, que los ha rodeado… que los tiene cercado en este que será su fin. Y tú… apacible en medio del pasto y el roble… seduciéndome con zafiros de escarcha.

Me acerco…

Pasos lentos, difusos, caminando en el sendero que no deseo pisar, con la motivación que quiero olvidar, con el objetivo que quiero errar.

Mirándote… atrapado en el hechizo de tus gemas inmaculadas.

Filo de espada que corta la luz de este atardecer. Blanco metal que se vuelve fuego ante el reflejo del cielo teñido de sangre. Mi mano que tiembla. Tu cuello que se despeja del manto dorado para mostrarme el lugar donde esta espada debe beber tu sangre.

Cuando quiero que sea mi lengua…

La punta que se escurre en las planicies de crema, que crea un hilo de sangre, imperceptible en tus zafiros que siguen observándome. Frio acero que ahora viaja, ascendiendo la columna de mármol, tocando ahora las mejillas de leche, dejando camino de carmín, marcando el terreno que mis labios quieren saborear.

Tu mirada que no se aparta…

La aleación de tierra y pecado que escala la nariz de algodón, que se asienta en el punto del cielo… la esfera mística que se alza entre tus cejas. Ríos de roja sangre que se escurre en tu rostro, con el ligero pasar de mi espada en tu piel nácar.

Mirada que me clama… no dolor… sino verdad.

Mano que se toma con fuerza del mango de esta espada de guerra. Cerebro que envía una señal interpelada por mi corazón. Nervios que comunican… músculos que obedecen, tendones que se tensan… brazo que arremete…

Espada que se clava en los pastos de trigo blanco.

Sangre que brota como manantial de agua en arena de nieve.

Tu alarido de dolor, inmediatamente callado…

Por mi boca.

Mi espada que se aloja en tu hombro derecho y te clava a tierra. Mi brazo izquierdo que sostiene tu cintura en el armonioso arco iris de tu cuerpo. Labios que ansioso han obedecido otra orden, emitida al mismo tiempo… inaplazable.

Sin querer desobedecerla…

Filo que sigue invadiendo tu cuerpo. Manos que se alojan en mis cabellos e… incitan. Labios que me reciben con ansías. Fuego que se encienden entre nuestros cuerpos. Sangre que mancha tu mantón, que escurre entre mi faz de guerra. Lengua que lucha, que pelea, que conquista. Lengua que irrumpe, invade, posee… Lengua que es atrapada, asfixiada, provocada… cuerpo que vibra, tu piel que se estremece, gemidos que sordo no escapan de nuestra garganta.

Aún hay tiempo…

Espada que hago huir de tu piel, que se queda en la grama, inmóvil, sin rumbo. Mis brazos que estrujan tu cuerpo límpido, pervirtiendo, poseyendo. Tus manos que se escurren por mi espalda, y palpan, y marcan… y este fuego que se instala en medio nuestro, en medio de la guerra, de la destrucción, de la tranquilidad y la salvación. Ahora que mis labios beben la sangre de tu rostro, que mi lengua lame el líquido de tu vida.

Sabor metálico… sabor de carne… sabor de muerte…

Labios que se prueban mutuamente. Dedos que reconocen caminos inexplorados… se presentan, se invaden, se anhelan. Uñas que desgarran tus vestiduras sagradas, manos blancas que apartan mi armadura de guerrero. Zafiros desbordados, esmeraldas que anhelan ser encerradas en tu prisión azul. Labios que me sonríen…

De nuevo…

Y me hago dueño de los montes de rosas. Y me hago el compositor de las notas que agudas emiten tu garganta. La sangre escurre, el dolor no cesa… y aún así me hago señor de la llanura del sur, voy irrumpiendo, acercándome con mi filo de carne, al sembradío de trigos de oro que protegen tu torre.

Y tus puertas se abren como camino al infinito. Tus piernas que me reciben con elegancia. Mi lengua que navega en laguna de agua helada… que se quema con el frio de tus campos, con la nieve de tus entrañas.

Y se incendia…

Ante el fuego de mi boca en tu palpitar carnal. Mientras falanges blancos se escurren entre mis hebras de mar, conforme mis manos sujetan colinas de blanco alabastro. Estrujan, aprietan… y gimes como canto de golondrina en la mañana… y rujo como león que come su presa cazada. Me observas como águila azul desde el firmamento… Te venero como el pecador besando pies de mármol.

Y estalla el volcán de blanca agua. Y bebo de la peña de tus aguas subterráneas… que tiemblan, al paso de mis manos y mi lengua. Mientras tus hebras doradas se llenan de tus ríos de sangre. Mientras tus ojos muestran placer y dolor conjurado.

Es tiempo de amar…

Mi índice que circula por el desliz de tus caderas. Tus manos que me exigen subir a tus ventanas de azul marino. Labios que se buscan, portal que se encuentra. Mi dedo que se atreve a profanar cueva de carne caliente. Nuestras bocas que se funden en el calor de nuestra saliva hirviendo. Vapor viril… vapor de carne que se cocina en pasto inundados de sangre. Dedo que se abre el espacio, boca que busca aire de consuelo. Mi lengua que sigue engalanando tu cuello.

Y amo…

Y mi piel se calcina al paso de tus manos inmaculadas. Y mi cuerpo se desquebraja ante cada arañazo. Se buscan, se encuentran… y conquistas mis tierras griegas, te haces dueño de mis gritos de júbilo. Y sonríes.

Te sonrío…

Mientras tomo tu cuerpo para golpearlo contra el roble que te protege. Conforme tus piernas se enroscan en mi cuerpo, manos que se sostienen alrededor de mi cuello… y nos miramos… siento tu permiso… escucho tu alarido de dolor ante la invasión. Muerdes tus labios, aspiro tu aroma.

Y la madera se llena de sangre…

Tu hombro que sigue brotando vida roja, mi cuerpo que se tensa ante las corrientes de placer. Tus ojos que se opacan por el deleite y la muerte.

Tu vida que se escurre de mis manos…

Y arremeto con todas mis fuerzas buscando el punto de tus concupiscencias. Buscando hacerte pecar antes de caer en brazos de Thanathos, o en el pecho de Hypnos…

De quien sea…

Tus manos que se resbalan en el sudor de mis carnes. Mis labios que besan y muerden buscando mantenerte en este cuerpo… que se vuelve inerte.

Sangre que escurre…

La danza de este amor que por fin ve salida, de este deseo que al fin se cumple, de este fuego que encuentra escapatoria…

Y crea el incendio…

Tus manos que buscan aferrarse a la vida tras mi cuerpo. Las corrientes que por fin logro dispersar en tus nervios. Zafiros que claman vida, esmeraldas que buscan muerte… Y me deshago entre tu cuerpo de dios venerado… y me dejo ir entre tus paredes de lava, alcanzo el cielo de tus ojos… para caer en la certeza de que estas muriendo… Para beber de ti antes de enterrarte en las puertas del averno…

Es tiempo de odiar…

Ahora que mi semilla ha sellado con fuego tus tierras… cuando tus aguas brotaron de nuevo limpiando mis pecados… y haciéndome pecar, mil veces más…

Veo zafiros que se pierden en el limbo, en la fina línea de realidad y fantasía. Nuestros cuerpos que caen a la grama… se manchan de sangre… tu sangre, esa que sigue regando los pastos de vida, cuando te llevan a la muerte. Y busco perdón en ti y a cada uno de mis pecados. Beso con devoción esta tu piel antes de que se haga nieve… y se derrita… escurriéndose entre mis dedos como tus hebras doradas manchadas con rubí…

—Perdóname…—te susurro… un mantra que quizás seguiré cantando hasta el fin de las era.

Y sonríes… de nuevo…

En el umbral de las puertas de la muerte… tu sonrisa parece traerme paz…

Y seducirme… a seguirte…

Es tiempo de guerra…

Y escucho como sin esperar mi señal ya han empezado a tomar tus tierras. Los alaridos de dolor de esos quienes te siguen, los gritos desesperados y el padre de fuego que consume sus pertenencias… Mientras tú, y yo… tendidos en estas gramas de sangre y tierra… terminamos de amarnos…

—Hay tiempo de guerra… y tiempo de paz…

Tu mano de porcelana que se hace lugar en el filo de mi espada. Sangre que vuelve a caer a la hierba fresca. Atardecer que se extingue… el frio velo de la noche ahora nos cobija, ambos desnudos, abrazados… atados…

Y me encuentro cansado de la lucha, de las muertes, de la guerra…

Y me descubro deseoso de seguirte al encuentro del Hades…

Acepto tu invitación…

Es tiempo de paz.

El filo de mi espada que se clava en mi pecho y tu cuerpo. Filo que nos estampa a ambos a la fuerza del roble, árbol sagrado, árbol de años, árbol que recolecta experiencias para generaciones futuras.

Esmeraldas que pierden el color… la luz…

Zafiros… eterno azul… prisión de agua… atadura de cielos despejados…

Nuestra sangre que se escurre…

Nuestras almas que se desvanecen…

Y seremos encontrados, atados a este árbol… atados en cuerpo, en mente, en alma…

Porque se acabo nuestro tiempo…

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