Siete Pecados 800 palabras

Fuego infernal, abismo de pecados. Venir aquí es llenarme de todos los males, atragantarme de placer carnal, lo más impío, lo más vil, lo más insano. Y entonces me siento el señor de todo, cuando te tengo así, dispuesto, hambriento de mí. Podría dominar cualquier cosa si puedo domarte a ti. Hacerte caer, velozmente… irremediablemente…

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Fuego infernal, abismo de pecados. Venir aquí es llenarme de todos los males, atragantarme de placer carnal, lo más impío, lo más vil, lo más insano. Y entonces me siento el señor de todo, cuando te tengo así, dispuesto, hambriento de mí. Podría dominar cualquier cosa si puedo domarte a ti. Hacerte caer, velozmente… irremediablemente…

Orgullo.

Me buscas con tus colmillos. Lames, deseas con hambre… sediento de mí… de mi piel, de mis caricias de mis besos que sólo yo puedo prodigarte. Sólo yo transformo la bestia del volcán, sólo yo la poseo. Sólo yo la tengo. Mío, sólo mío…

Besas, muerdes, mamas, indagas en mis pieles. Desnudas con tus garras. Deshilas. Deshojas. Desvelas y comes. Sólo de mí… sólo mi piel, sólo mis labios, sólo mi esencia. Me dejo comer. Y empiezo a sentir lo que te rodea. A odiar a la lava que asedia tus pieles diariamente, las rocas que tocan tu cuerpo, el aire que te acaricia, el aliento que penetra. Ese que te toca, te invade, profana lo que es mío…

Envidia.

Y por ello te seduzco. Y por ello te deseo, te incito, te desafío. Más de ti, mucho más, más de tu lengua lasciva, más de tus caninos filosos, más de tu hambre, más de tu sed, tu necesidad… Quiero más, mucho más, entrégame todo Defteros. Dámelo todo. Toda tu piel, todo tu cuerpo, músculos y huesos. Todo lo quiero. Todo lo reclamo. Todo mío, nada más mío. Nada para el aire, nada para el magma, nada para el vapor y el fuego que te circunscribe. Sólo yo, ¡sólo de mí!

Avaricia.

Lamo tu garganta hasta saciarme. Aplasto tus tendones hasta hacerte gemir. Posesiono cada musculo. Redondeados glúteos, piernas de fuego, brazos de lava, aliento ávido. Tu fuego, tu presencia. Todo. Me hago dueño de todo. Declaró posesión de tus pieles. Me hago soberano de tus gemidos. Te poseo, ¡eres mío! Y quiero más…. Mucho más… más placer carnal… ¡más locura!

Te enloqueces con mis caricias hambrientas, demandantes, lastimeras. Aplastas mi cuerpo contra la piedra que hierve, al lado del lago que fluye con fuego. Penetras con todo tu cuerpo. Me irrumpes. ¡Gimo!

Lujuria.

El apetito animal me invade. Me empujo a ti, salto necesitado, codicioso, invasión pecaminosa. Y quiero que entre… entre…. ¡MÁS! ¡Penetra con todo! ¡Dame placer! Impuro y lascivo, carnívoro y bestial. Demoniaco, el más puro, el crudo, el imperecedero. ¡La locura! ¡Esa que sólo tú me otorgas! Quiébrame, aplástame, ¡DESTRUYEME!

Y te ríes de mi desesperación. De mi hambre primitiva. Disminuyes tus envestidas, irritándome…. exasperándome… queriendo hacerte rogar. Cuando yo quiero más… quiero más…. ¡COME MÁS!

Ira.

Golpeo tus hombros con fuerzas y gruñes. Lastimo tu cuello con mis dientes y gritas. Me enfurezco, me agito. Busco entrar más y me detienes. Me desespero, rasguño. Lacero tus pieles con mis uñas. Esta pasión animal debe ser saciada y reclamo tu fuerza. Desafió tu virilidad. Demuéstrame quien eres, exponme tu bestialidad, manifiéstame tu fuego demoniaco. ¡POSEEME DEMONIO DE KANON!

Obedeces. Aplastas mi cuerpo con tu masa de piel ardiente. Empujas y penetras, invades con fuerza, lastimas mis adentros, corroes, corrompe. Me desboco. La sangre corre por mi torrente sanguíneo hirviendo, en ebullición. Mis sentidos pierden el norte. Dejo de ser yo. Ya no Virgo, ya no Asmita, ya no hombre. Sólo animal, puro animal, con hambre de sexo, con hambre de fuego, con hambre de ser devorado por ti, demonio. Poséeme, sométeme, ¡MANCÍLLAME!

Movimiento vertiginoso. Velocidad insana. Demonio y fiera, en busca de carne. Engulles, aplastas, golpeas, jadeo, grito y ruges cuan bestia en celo. Caigo al infierno, al abismo, la oscuridad, pronta y esperada, deseosa, anhelante. Dejar de ser, repudiar el vivir. ¡MORIR! Hasta que olvido existir, hasta dejar de respirar. Corrientes que invaden mis nervios, fuego que corre por mis venas, temblor, placer, agonía… éxtasis…

Y caigo desfallecido… jadeando… exhausto…

Pereza.

Se nubla mis sentidos y me siento lleno… lleno de ti… lleno de tu esencia cancerosa… lleno de tu poder animal. No quiero hacer más… no aspiro regresar… no exijo respirar… no necesito más… Deseo quedarme aquí, justo en este lugar, precisamente en tus brazos, eterno, sin ánimos de moverme… nada… en el vacío total de tu aliento.

Besas tiernamente mi cuello. Lames mi oído. Me sonrió. Busco de nuevo tus labios hambrientos. Degusto tu lengua, presiono tus espalda, me muevo debajo de ti, como serpiente libidinosa que busca enredarse de nuevo entre tus piernas. Muerdo tu mentón. Jadeas. Deseo.

Gula.

Dame más… provéeme más… mucho más… Nunca podría saciarme de ti. Mientras más te tengo, más te deseo. Entre más me alimento de tu sudor, más anhelo lamerte. Conforme trago tu esencia, más ansió beberte. No puedo remediarlo…

Eres un demonio de fuego que se posesiona de mí.

En tus brazos cometo los sietes pecados capitales.

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