Mutaciones

El reino de la tierra ha sido sitiado por barbaros nómadas y piden la entrega de uno de los príncipes para levantar el asedio. Shaka, como el mayor de los príncipes debe tomar una terrible decisión.

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Temas: Yaoi, lemon, romance, angst, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Ikky, Kanon, Mu
Resumen: El reino de la tierra ha sido sitiado por barbaros nómadas y piden la entrega de uno de los príncipes para levantar el asedio. Shaka, como el mayor de los príncipes debe tomar una terrible decisión.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: Quería algo medieval y no sé, el fic de la bestia me inspiro xD

Mutaciones

El dolor lacerante en sus entrañas. Sus piernas que flaqueaban al son de las pervertidas estocadas que sin misericordia recibía, a tal punto de saborearle la punta en su garganta. Sus ojos vendados no veían nada más que la oscuridad infinita del odio que lo corroía muy dentro. Ardía… ese pedazo de carne abrupto quemaba en sus paredes. Comía… mientras tanto él comía de sus hombros y espalda, bebía la sangre que a mordida lograba fluir… y sus manos sostenidas por potentes garras… no hacía más que apretar puños impotentes, en una toma que se hacía todas las noches, la condena y paga de la libertad de su pueblo…

La esclavitud… mientras amaba a otro…

A otro que no podía tocarlo…

Y cuando la esencia de nuevo volvió a corroer su orgullo… cuando el sabor hirviente lo podía sentir en sus labios, cuando por fin el monstruo se había saciado de sus carnes; Shaka caía en sabanas doradas manchadas. Shaka mordía sus labios con dolor… si tan sólo fuera aquel quien lo tomara… si tan solo fuera aquel hombre de quien se enamoró quien bebiera de su cuerpo, todo sería distinto… Pero no, era el lobo negro de la manada, el jefe de los barbaros quien podía irrumpir en sus vísceras mientras jadeaba como animal. Y cuando las garras destajaban su piel de marfil, los colmillos mordían sus labios, el falo agrio invadía sus carnes; Shaka sólo podía pensar en ver el amanecer… en sobrevivir para volverlo a ver.

La puerta se cerró. Pronto, el otro de sus motines entró a la habitación, desató sus manos esposadas, quitó la venda de sus ojos, vio el terrible estado en que lo había dejado.

—No debiste molestarlo Shaka…—susurro el compañero, usando un paño húmedo para lavar los rastros de sangre y semen—. Ya llevas tres meses en esto, ya deberías saber que mientras más te resistas él…

—No me entregaré…—orgullo de príncipe, fortaleza de rey…—. Aunque terminé matándome a punta de penetraciones, jamás me entregaré tan fácilmente a él. Tendrá que obligarme… tendrá que hacerlo hasta el fin de mis días.

No se dijo más. Mu, príncipe de Lemuria, también era parte de sus motines, entregándose por orden de su rey, en contra de su voluntad, para salvar a su tierra. De entre los barbaros, luego de batirse a duelos entre ellos para tener semejante obsequio, fue Kanon, uno de los más sanguinarios, quien se hizo dueño de él. Había pasado seis meses y ya, ya el joven de cabellos lavanda había aceptado su destino. Pero Shaka, él no se rendiría. El reino de la tierra, donde él vivía al menos fue salvado. Pero su honor y orgullo de noble jamás lo vendería a ese animal que lo humilló en aquella misma noche…

Los barbaros Androfontes, así se llamaban a aquellas hienas que arremetían en contra de reinos asentados, sitiándolo y exigiéndole de pago a uno de la realeza. Se habían entregados a príncipes y princesas como garantía de que ese ejercito de desterrados no arremetieran contra su reino. Y el reino de la Tierra, fértil y prospero, fue uno de sus objetivos.

Luego de dos meses sitiados, el rey cayó enfermo de impotencia, teniendo que decidir enviar a su pequeño hijo, el menor de su rebaño, Shun. Ikky, el segundo príncipe lloró amargas lágrimas. Estuvo dispuesto a enfrentarse a los barbaros él solo si con eso permitía que su hermano no sufriera tan cruel destino. Pero Shaka, siendo el mayor y heredero no quería permitir que su pequeño hermano de tan solo 13 años soportara semejante destino. Prefería, mil veces, ceder su corona y ser él quien se entregara como cordero al matadero.

Y esa mañana que se levantó con la decisión tomada, Shaka logró escurrirse de los barbaros, vestido con su armadura de oro, con su manto blanco que cubría toda su belleza. Galopó hasta las cristalinas aguas de la laguna de Venus, rodeada del bosque de los cedros. Su cuadrúpedo de pelaje blanco se detuvo a su orden, el príncipe bajó de él con cuidado, cerciorándose que nadie hubiera seguido su camino. El sol rayaba el alba, hermosos caminos dorados caían hasta su piel, reflejándose en la armadura de oro dejando que su cabello danzara ante la bruma. Y acercándose a la laguna, iba preparándose mentalmente para tomar un baño, un baño para entregar la pureza de rey en esas aguas, para poder así entonces, entregar su cuerpo a los dientes de las hienas.

Las doradas vestiduras cayeron en el pasto verde del lugar, el manto blanco desplomó con pesadez sobre ella, dejando al descubierto el cuerpo labrado y de marfil que había estado atesorando esos veinte años. Dejó entonces que las aguas cubrieran su belleza, se llevara con ellas su virginidad. Pidió a su regente sol que le enviara algún dios que se cobrara su pureza, para regresar mancillado… y entregarles a los animales sólo la piel ya tomada. Oró deseándolo… Cerró sus ojos y permitió que las aguas acariciaran su tez, la besaran, devotas hasta llevarse su inocencia. Se bañó serenamente, les regaló al sol y al bosque la imagen de su piel nácar humedecida, sus cabellos destellando de oro puro, sus labios rosados relatando su vida al viento, para que esta la escribiere sobre algunas piedras y alguien, algún día supiera, del sacrificio que le tocaría hacer por su tierra.

Entonces lo escuchó. El rechino de un caballo negro como la noche, en manos de un hombre vestido por mantas azules índigo, de cabello azul, espeso y desordenado; dos esmeraldas engalanaban su figura. El porte de un rey. Shaka quedó sin aliento y sonrió, al sentir que su oración había sido escuchada.

—Lo lamento mucho—se disculpó aquel, volteando para no ver más… de lo que ya había visto—. Sólo vine para que mi caballo tomara un poco de agua.

—No hay de que lamentarse, caballero—siseó con galantería—. Ciertamente tomar un baño en plena luz del día y en una laguna no es algo que llame a la privacidad.

Estudió con cuidado a aquel hombre, sereno, expresión noble, que estaba justo en el lugar y el momento correcto. Vio como aquel dejó a su caballo beber de las aguas y se dirigió hasta el mantón blanco que había dejado abandonado, tomándolo y extendiéndoselo mientras viraba su mirada.

—Veo que le avergüenza nuestra situación—murmuró Shaka divertido, acercándose a él mientras las aguas cedían terrenos en su faz.

—No es correcta.

Tomó el manto entre sus manos y sonrió complacido. Un hombre interesante, un hombre que mostraba un fuerte valor a la justicia y la moral. Un hombre que además tenía la belleza de un dios encarnado.

Quiero que me poseas…

—¿Cuál es tu nombre?—preguntó el heredero, con voz melodiosa, sensual…

—Saga.

—¿Reino?

—Pertenezco a ningún lugar—la sonrisa no cabía en sus labios, viéndolo como aún estaba desviando su mirada.

—Mi nombre es Shaka. Saga, puedes voltear.

Aquel obedeció y al hacerlo sintió un pálpito que cubrió su corazón. Degustó su mirada ante la hermosa aparición enfrente, aquel hombre de doradas cabelleras desnudo para él, con el mantón en su mano derecha, escurriéndose hasta el suelo. Recorrió con sus esmeraldas la piel de marfil y mármol cincelado, cada musculo torneado, cada pliegue perfecto y al bajar, contemplo la virilidad divina cubierta de oro fino. Subió su mirada de nuevo, encontrándose con zafiros anhelantes, piedras preciosas sacadas del mismo cielo.

—¿Qué piensas de lo que ves?—preguntó el príncipe, satisfecho al notar el ligero rubor provocado en esas facciones nobles, esos labios gruesos saboreándose a sí mismo.

—Eres lo más hermoso que he visto en mi vida—concluyó, intensificando las miradas, mostrándole a través de ella que estaba dispuesto a caer en su juego.

—Puede ser tuyo, aquí y ahora, si lo deseas—se acercó provocativamente, haciéndole ver que estaba dispuesto a entregarse sumisamente. Aquel recorrió de nuevo con su mirada, relamió los labios, subió con esmeraldas ardiendo de deseos.

—¿Por qué?

—Te lo diré… cuando termines.

Aquel se acercó decidido a tomar lo que el destino, la naturaleza, la fortuna o los dioses le estaban entregando. Rodeó con sus fuertes brazos la cintura, acarició con sus manos la punta de la cabellera dorada. Adoró con sus pupilas, relamió sus labios ansiosos. Preguntó con la mirada y los zafiros dieron su respuesta. Besó…

Manos que danzaron en lienzo de porcelana. Poseyeron con la delicadeza que se toma hacía la seda, y la fuerza contrapuesta al capturar el diamante.

Esmeraldas escupiendo fuego dorado, recorriendo lascivos senderos de nácar, los mismos que su lengua apoderaba sellando con saliva.

Y ante el ritmo de sus sendas marcando carnes, el príncipe gemía de delirio. Se deshacía en sensaciones que aseguraba jamás volvería a vivir. Entre esos dedos de hierro liso sintió que moría, porque al entregarse a los barbaros ciertamente dejaría de existir. Y sí, vivía mientras moría… moría mientras preparaba su desolada existencia.

Labios que marcaron la piel de leche, bebieron la savia de su tallo. La seducción de otras carnes invadiendo su cuerpo, explotando con estrellas de esmeraldas, en el mar de zafiros. Orquestando una nueva tonada olímpica que viajaría hasta los Elíseos y con al cual Zeus recordaría a su amado Ganimedes. La danza de la abeja a la flor… erógeno… palpitante… excitante…

Hombrías delirando de placer. Gargantas arroyadas de deleite. Gemidos sonoros, entre agua y semen que se destila con una explosión glacial. Las mejillas rosadas, gemas que han quedado enamoradas…

Shaka rio…

Fue su última sonrisa…

Por fin el malvado Miaiphonos se había ido. Por fin llegó el amanecer…

Shaka se levantaba de su lecho ya entrado a mediodía. Con el dolor aún en su entrepierna se puso de píe. Afrodita, uno de los sirvientes de los barbaros, entró a la habitación para cambiar las sábanas manchadas, por otras ahora plateada. De día podía descansar, el líder y su dueño dormía de día, y sólo aparecía, entrada las siete de la noche, a comer de nuevo… a humillarlo.

Pero él lo toleraría. Jamás se entregaría a él sin pelear, sin combatir y sólo, sólo obligándolo podrían tenerlo… Su orgullo de noble se lo exigía…

Afrodita ayudó a llevarlo al baño, preparando agua en la bañera de barro y dejándolo dentro. Shaka abría sus ojos mirando las telas de la carpa donde permanecía. Aquella que se movía cada mes de un lado a otro… Nómadas, los barbaros eran nómadas e iban de tierras en tierra a asentarse hasta cansarse, cuando estaban aburridos de su estilo de vida atacaban un pequeño pueblo y los esclavizaba hasta matarlos de dolor… y él, quien lo poseía cada noche era quien disfrutaba de ello… quien se desvivía del dolor ajeno. Tal como su nombre lo indicaba, estaba “manchado de sangre” y tal como los describía, aquella manada de Hienas eran “asesinos de hombres”. Shaka deseaba que algún día se hiciera justicia…

Cerró sus ojos… lavó su cuerpo. Entretuvo sus manos en limpiar toda su humanidad, despojar su piel de las huellas macabras de aquel maldito que lo poseía, para presentarse ante aquel que amaba. Cubrió su cuerpo con telas de satén, recogió una gruesa trenza de oro. Esperó sentado, hasta que el sol estuviera en las tres. Recordando… recordando…

Aquella noche su pueblo tuvo duelo. La caravana lo enviaba fuera de sus límites. Su padre lloraba su decisión, su hermano Shun gimió en los brazos de Ikky y el ahora heredero al trono, lo miraba decidido a cumplir su pedido. Un beso casto en ambas frentes, una mirada fija en el de espíritu que como el fénix, jamás era derrotado.

—Juro que los mataré. Me haré de un ejército… ¡¡Los destruiré!!

—No Ikky… no hermano… Este pueblo pacífico no lo manches con tu venganza—le pidió—. Sé un buen rey, vela por nuestro pequeño hermano… Haz un reino tan prospero como el que estoy protegiendo—le sonrió—. Tu hermano mayor es fuerte… jamás se doblegará… Soy como el fuerte roble.

Le sonrió. Tomó su destino.

La caravana llegó hasta los límites en donde millares de barbaros los tenía rodeados. Antorchas eran lo que iluminaban en esa noche sin luna, mientras el príncipe bajaba y caminaba ante aquellos animales que lo miraban con hambre libidinosa. Su mirada zafiro se levanto arrogante ante ellos, no dispuesto a mostrarse amedrentado. Caminó así hasta el centro, donde un hombre vestido por una amplia toga negra, escondido en las penumbras, de largos cabellos negros, lo esperaba.

—Este es mío—decidió, con sólo verlo. Shaka mordió sus labios, desconfiado al no poder verle el rostro a quien decidió tomarlo como si se tratara de un objeto.

—Ya estoy aquí, ¡¡exijo que abandonen mi tierra!!—pidió con mirada en alto, porte de rey. Aquellos se mofaron con risas estrepitosas, pasando copas de sangre y licor, tomando sus presas y algunos mancillándoselas entre ellos.

—¿No es lindo?—se burló “Miaiphonos” riéndose con malicia—. Demuéstrame que tienes el temple que dices, y abandonaremos el pueblo esta misma noche—el príncipe sonrió, seguro de sí mismo.

—Probadme—brillo sangriento detalló de esa mirada en el rostro que aún no veía.

—¡¡¡Lo han escuchado!!! ¡¡¡Desvestirle mis bestias!!!—Shaka tembló, cerrando puños de impotencia—. Kanon… ve y prueba su temple. Será sencillo… si llegas a flexionar un poco tus piernas… si llegas a flaquear, ¡¡invadiremos esta misma noche!!—sus hombres gritaban enardecidos—. Si logras ser fuerte y mantenerte en pie, nos iremos de inmediato.

Los zafiros lo miraron con profundo odio, odio que se iba acrecentando conforme las garras de esos animales destajaban su ropaje de noble, arrancándole mientras admiraban con lujuria su esbelto cuerpo… todo mientras los zafiros no quitaban su potente mirada de aquel… maldiciendo… maldiciendo…

Las telas hechas jirones cayeron, mostrando su belleza real frente a todos… Muchos aullaron cuan animales al verlo, relamieron labios, sacaron lenguas deseosas de catar esas carnes. Kanon se acercó, con esmeraldas perversas… Shaka reconoció las facciones, pero supo, de inmediato, que no se trataba del mismo a quien le entregó su virginidad en la laguna… No, no era él… Su rostro denotaba maldad pura.

Kanon se arrodilló frente a él. Tomó entre sus manos la flácida hombría del príncipe. Shaka tembló, abrumado ante lo que ocurriría. Todos jadeaban y gemían como borregos enloquecidos. Apretó sus puños… cerró sus parpados con fuerza cuando sintió esa lengua empezando a hacer su trabajo.

Lengua y labios, recorriendo toda su carne mientras esta reaccionaba. Corrientes de placer que empezaban a emboscarlos… gemidos que querían salir de su garganta… Boca experta que estrujaba su miembro contra de la cavidad… la despertaba con su saliva caliente, con succiones rítmicas… lo enloquecía…

—¡¡Nghhhh!!—ahogó un gemido y clavó sus zafiros en aquel…

Lo miró con ahínco mientras sus piernas ya empezaba a temblar… su cuerpo colapsaba… corrientes de deleite invadían sus nervios… lo embrutecían… La felación seguía… alentando… acelerando… a puntos que el sudor se agolpaba en su frente, corría por su mandíbula… El temblor era sostenido con fuerza, músculos tensos… mirada de fiera enfurecida… mirada que no decaía… Le demostraría…

—¡¡Arghhh!!—una mordida en el glande… un torbellino de sensaciones que le nubló la vista.

Más no tambaleo…

Era el destino de sus hermanos, su pueblo él que estaba en juego si su temple decaía. Dientes que rechinaron, puños enrojecidos por la contención. Garganta tensada mostrando venas fluctuantes… el rojo en sus mejillas era cubierto por la enrojecida faz de su cuerpo entero manteniéndose en pie y peleando en contra de la marejada lujuriosa que lo sacudía. Su carne estaba caliente… su hombría estaba en pie de guerra, apuntando hacia el cielo ennegrecido… roja… alta e imponente… Tan orgullosa como esos zafiros que no se doblegaban.

—¡¡¡Hazlo enloquecer Kanon!!!—ordenó aquel con voz ronca. Los demás gritaron de júbilos queriendo ver caer al príncipe.

Labios conquistadores, robaban contorsiones en la espalda noble, reclamaba los gemidos que la garganta de un futuro rey doblegaba… miraba enfurecido como el príncipe no se sometía…

Lengua endemoniada… revoloteaba insulsa sobre la faz de su intimidad… estocaba, acariciaba, golpeaba… comía…

El sabor de su esencia empezaba a ser probado… aquel que lo humillaba gemía poseído por el gustillo de esas carnes. Shaka no se dejaba dominar por la excitación… sus zafiros se mantenían regios, soberbios… decididos…

La carne que colapsó… el cuerpo que sólo tembló mientras su néctar era bebido por aquel… una lágrima que cayó por su mejilla… Sintiéndose humillado… burlado… rebajado…

Pero triunfó…

—Ciertamente… un temple interesante…—murmuró divertido—. Prepárate… porque aprovecharé ese temple, todas y cada una de mis noches… te lo meteré hasta que tu agujero no pueda volver a cerrarse—zafiros enfurecidos… labios mordidos…—. Mientras más orgulloso seas, más me divertiré quebrándote.

Los animales bufaron insatisfechos. Se burlaron de las habilidades y aquel se enfureció. Tomó a su amante, el de cabellos lavandas, y les demostró frente a todos sus capacidades, al hacerlo gemir hasta perder el juicio. Shaka observó el espectáculo, resintiendo el frío, devolviendo su mirada a quien sería su dueño. Ordenándole con ellas.

—¡¡Alzad las carpas!! ¡¡¡Es hora de irnos!!! ¡¡Ya tengo a mi juguete!!

Y así fue… esa noche Shaka no vio más a su monstruo… pero… las siguientes…. cumpliría su amenaza.

Recordando pasaron los minutos…

Recordando escuchó la puerta que se abrió. Miró esperanzado. Lo encontró. Él mirándole con rostro triste, arrepentidos. Shaka respondiéndole con una sonrisa de felicidad… Sí… soportaba las agónicas noches… para disfrutar esas apenas tres horas que podía estar con él…

—Shaka…—murmuró aquel con voz trémula, acercándose vestido con sus mantos esmeraldas, que resaltaban sus ojos… un noble entre animales…—. Mira como te dejo…—susurró con voz ahogada.

El rubio no le dio tiempo de terminar. Lo besó, aunque él se negaba a responderle… le besó con ansías… le entregó su alma en aquel beso necesitado…bebió de él, para recobrar fuerzas… vida… Hasta que Saga lo separó… lo abrazó con fuerza… le lloró…

—No hagas esto Shaka… No hagas esto…—gimió dolido—. Porque él se enterará… y te lastimará en reprimenda.

—¡Que me maté! ¡Que me maté por amarte entonces, Saga!—lloró, aferrándose a él—. Tú… si tan sólo tú tomaras mi cuerpo como en la laguna…

—No… no puedo… si él se entera podría…

—¡¡¡NO ME IMPOR…!!!—gritó hasta que fue callado por un apasionado beso. Enredo el cuello con sus manos… lanzó lágrimas de amor encerrado.

—Pero a mí sí…—lo sostuvo entre sus brazos… abrazó con fuerza—. A mí si me importa, Shaka… Si pudiera protegerte de él… si pudiera…

—No hablemos de él… no hablemos de él… no vale la pena…

El primer día después de ser poseído con violencia, lo distinguió. Saga estaba entre los barbaros… Saga lo vio con ojos entristecidos. Shaka sintió desvanecerse al verlo allí y tan siquiera pensar que pudo ser testigo de tan atroz prueba… de la forma en que lo habían humillado. Bajó zafiros azules… sintiéndose indigno… Más fue él quien se acercó… quien al verlo lo llamó, le sonrío con luz de esperanza… y Shaka, Shaka se ató a ella.

Noche tras noche era vejado por aquel hombre a quien nunca había visto su rostro. Vendado lo recibía… vendado lo soportaba y su odio hacía aquel bastardo se acrecentaba… aunque nunca hubiera visto sus rasgos lo dibujaba como un demonio de sed de sangre… toleraba sus enfurecidas embestidas… y jamás contestaba sus pedidos… Una noche le pidió que le dijera que lo amase y jamás respondió… castigó cada negativa con mordidas, arañazos, estocadas vomitivas y golpes en su rostro… Pero sus zafiros no se doblegaban… su temple no caía… Jamás se le entregarían…

Justo la noche anterior su petición fue que saltara sobre él… No quiso hacerlo… su castigo fue la brutalidad…

—Obedécele Shaka…—le pidió Saga mientras acariciaba los mechones dorados que se liberaban de la trenza, casi en tono de suplica—. No permitas que vuelva a herirte de esta forma… no importa… con haberte tenido en la laguna, haberte disfrutado a plenitud… con eso me es suficiente.

—No puedo, Saga… Por orgullo… por honor… no lo haré… no me entregaré a otro que no seas tú.

—Shaka…—le susurró… suspirando profundo…—. Él quiere que lo ames… me lo dijo…

—Me sorprende que puedas conversar con él… con ese animal, desquiciado, bestia infame…

—Yo también soy su esclavo… y su confidente… y su amigo, digamos…

El tiempo se agotaba… Saga tenía que irse antes de que Miaiphonos despertara. Besó de nuevo sus labios, lo abrazo con fuerza… lo cobijo en su cuerpo…

—Shaka… te amo…—le susurró en su oído—. Por favor… accede ya… deja tu orgullo y accede… te lo pido porque te amo…

El antiguo príncipe suspiró profundo apretando sus túnicas… queriendo volver a estrujar entre sus manos toda aquella piel cubierta.

—Si eres tú quien me pides que abandoné mi orgullo, lo haré… Pídelo…—le dijo, mordiendo su labio inferior—, por ti, sólo por ti, lo haría…

—Shaka…—sostuvo ese rostro de nácar con fuerza entre sus manos—. Hazlo… cumple su pedido… satisfácelo… hazlo por mí…—lágrimas de perlas cayeron por las mejillas de porcelanas. Zafiros abrumados e impotentes—. Hazlo como si fuera para mí…

—Está bien…

Un último beso en su frente. Shaka antes de soltarlo besó su cuello, lo marcó como suyo. Le sonrió. Lo dejó partir, dejándolo solo…

La cena fue servida. Shaka comió.

El momento había llegado, siete de la noche, la oscuridad de nuevo sobre ellos. Afrodita lo preparó.

Ojos vendados, manos atadas, perfume que aromatizaba a la presa del líder. Sentado en la cama debía esperar… sentado en la cama Shaka pensaba en la injusticia del destino…

Ese hombre, podría ser hades, al tomar la vida de quienes están en sus manos, o Ares, al promover la guerra y el dolor… Tal vez los dos juntos… Tal vez… Complacerlo a él… complacerlo como si fuera Saga. Por mucho que quisiera hacerse la idea no podía… no podía mentirse a sí mismo… no podía fingir.

La puerta se abrió… escuchó la voz ronca llamarlo… Su piel se erizó, su cabeza cayó, sumisa…

Sólo por ti, Saga…

Escuchó el pedido… Obedeció…

Tomó la potente virilidad que le extendió en la boca. La cubrió con sus labios, la probó…

Se sintió asqueado…

Aquel empezaba a gemir de placer… alaridos agudos de fiera se escuchaban al recibir la lengua del antiguo noble humillándosele. Tomó sus cabellos dorados con fuerza y lo empujo contra sí. La punta de su hombría rozó su garganta. Creyó que vomitaría…

Más lo soportó…

—¡¡¡¡ASI!!!! ¡¡¡Argggghhh!!! Sigue… hmmm si…¡¡¡GUE!!! ¡¡¡AMAME SHAKA!!!

Y lágrimas salieron de sus orbes cubiertas. Succiones lascivas que aplastaban su orgullo… Amarlo… no… jamás podría amarlo… no podía… ¡¡¡NO PODÍA!!!

Mordió hasta hacerlo sangrar con ira… Aquel rugió… más no atacó al sentir que las succiones seguían… Shaka bebía sangre y semen al mismo tiempo…. Shaka atacaba esas carnes con furia… Volvió a morder… La bestia golpeó su cabeza en reprimenda. Ahora castrarlo con los dientes se convertía en una lujuriosa opción para el noble humillado. Sí… era el mejor castigo…

Mordió… Alarido de dolor. Un golpe que casi lo entumece, lanzándolo contra la cama. El animal herido se lanzó sobre su presa. Ojos de carmesí enfurecido… era un demonio desatado…

—¡¡¡¡¡¡¡TE MATARÉ MALDITO!!!!!!

Manos que apretaron su cuello. La presión mortal. Shaka pateaba a la nada… la oscuridad era permanente y se hacía, poco a poco, apetitosa… El aire dejó de llegar a sus pulmones. Moriría en manos del devorador de hombres… ya no volvería a ver las esmeraldas de Saga… ni su sonrisa… ni oiría su voz… Moriría…

Pero era mil veces preferible antes que amar a otro…

Las garras mataban… los movimientos se detenían… el rojo de su rostro denotaba el ahogo… la sangre no podía bajar por su yugular… Shaka sentía que estaba durmiéndose del dolor… o la muerte quizás… lo que fuese lo estaba arrastrando a un abismo y él… él ya no pelearía… Pero antes… antes tendría que ver el rostro de quien lo tomaba… Antes…. Antes debía conocer al hombre que lo ha ultrajado. Darle un rostro a su odio que lo haría regresar del averno, encontrarle los rasgos a quien maldeciría antes de morir.

Movió su cabeza de lado a lado… con dificultad logró que sus manos y la fricción contra el colchón movieran la venda… Lo vio…

Lo vio…

Zafiros quebrados lanzando lágrimas…

Era él…

Era Saga…

Saga con cabello negro… Saga con mirada de sangre… Saga con la marca que le había dejado en el cuello antes de marcharse… Saga… Saga…

¡SAGA!

Luchó… luchó contras las manos que lo amenazaban…

Su cuerpo desfallecía…

—Por favor…—lágrimas en el filo de la muerte…—. No… me… mates…

Bruma… vio brumas… vio la laguna… vio a Saga con el corcel… le vio sonreírle…

Pensó… Saga de día… el monstruo de noche… Saga jamás asistía a las celebraciones nocturnas… Miaiphonos dormía de día… dos seres… en un mismo cuerpo… dos almas… dualidad… la dualidad del viento… que se convierte en huracán cuando el frio y el calor se conjuga… destaja en tierra… arrebata… sucumbe… regresa luego sereno, noble, tranquilo…

—Te amo…—la bestia escuchó sin soltar el agarre—. ¡Puedo… amar…te!

—¿Puedes?

—¡¡Puedo!! ¡¡Puedo amarte… Miaiphonos!!

Soltó el cuello… Aunque la venda se había movido… no se podía ver que fuera lo suficiente como para haber visto su rostro…

El animal veía entonces a su víctima tomando aire… usando sus manos para sostenerse, tosiendo, enrojecido. Se acercó detrás… olió su aroma… lamió su espalda desnuda.

—Entonces… danza sobre mí…—el pedido…—. Danza y no te mataré…

El rubio volvió hacía él. Tanteó con sus manos la sangrienta virilidad… aún potente… inquebrantable… la misma que lo había hecho suyo todas las noches…

Siempre fue Saga…

Con sus labios limpió la sangre… aquel tembló… Veneró ahora aquella carne con su lengua… la enjugó con su saliva… se desvivió besándola a lo largo y ancho…

—Tanto… quieres ¡¡¡hmmmm!!!… ha….¡¡¡NGHHH!!! ¡¡¡VIVIR!!!

No escuchó… sólo actuó… sólo besó… la limpió del líquido carmesí…

Subió luego sobre él… se meció sobre la carne dura… aquel tembló… Shaka se sostuvo de los potentes hombros… decidió… se clavó en su espada…

—¡¡¡¡AAARRRRGGHHHHHH!!!!—gritó el antiguo príncipe del dolor… rugió aquel en el mismo alarido animal…

Las garras lo afianzaron por la cintura. Tomó… lo empujó… penetró con más fuerza… gimió aquel… se quejó Shaka…

Eres tú, Saga…

Movimientos rítmicos, vertiginosos, angustiantes… La hombría aún brotaba sangre, las carnes de Shaka eran heridas. Aún así, el rubio le saltó.

—¡NNNNGGGGGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHHHHH! ¡¡¡¡GRRRRRRRRRRRR SHAKAAAA!!!!

El baile del desquició… Shaka empezaba a sentir más placer que dolor… Shaka se estocaba enloquecido… Shaka regalaba un espectáculo… Shaka ahora gemía para él…

Poseído…

Demonio que bebía el más profundo éxtasis… Tomaba las caderas, acompasaba las embestidas… profanaba…

Príncipe que se infringía dolor y placer… chocaba con sus músculos las bolsas gemelas… creaba delirio, enloquecía…

Aquel devorador de hombres lo empujó contra la cama… volteó ahora boca abajo, arremetió con violencia… Shaka gimió exaltado…

Si quieres un animal… me haré tu animal…

Transmutación… el príncipe dejó salir su parte más primitiva…

Alcanzó el cuello de quien lo tomaba… mordió, sonrió bebiendo sangre. Aquel jadeo demente.

Bestia de noche… hombre de día… Seré como tú… ¡Mutante!

Los jadeos sonoros no cesaban… en las piernas de nácar corría hilos de sangre… el dolor los poseía… el placer los capturaba… el clímax…

La explosión…

Alaridos de dos animales en celo…

La colisión…

El debacle… el sueño…

Cayeron rendidos en las redes del Mukai…

Cuando Shaka despertó… Ya él no estaba a su lado. Las sábanas eran muestra de su encuentro salvaje. El dolor era aún peor que los anteriores… pero se permitió estar acostado, sintiendo los rayos del sol mañanero atravesar algunos agujeros de la carpa en el techo. Sonrío.

Acomodó las sábanas. Fue al baño, se aseó, se preparó para la hora de la visita. Pronto Afrodita entró y se sorprendió al verlo despierto y en pie, ya arreglado.

—Hoy ha despertado temprano—comentó el sirviente mientras recogía las sábanas manchadas—. Aunque, veo que ha sido igual de violento.

—Lo sabían, ¿cierto?—el hombre lo miró extrañado—. Sobré Miaiphonos y Saga.

—¿Qué sobre ellos? Nunca los vemos juntos—las pupilas azules analizaban—. Saga es algo extraño, parece penar por algo. Y Miaiphonos pues… es sólo un demonio sediento de sangre que se cubre tras esos mantos. Nadie ha visto con seguridad su rostro y dicen que quien despierta su sueño, muere…

Shaka escuchaba… Shaka comprendió… Dos entes que se hablaban en su mente… dos entes que eran conocidos como dos personas diferente… un secreto, que debería mantenerse…

“Él quiere que lo ames”

Las palabras tuvieron sentido… cumpliría…

A horas del mediodía, muchas horas antes de la acostumbrada visita, Saga se presentó ante él. Shaka vio la mordida que había dejado. Se sonrió al ver como Saga intentaba ocultarla tras su manto.

—Me alegro que me hayas hecho caso… que lo hayas complacido—le comentó mientras acariciaba cabellos dorados, respirando su perfume… cuidándolo… Shaka no comentó nada de su descubrimiento… Jugaría su juego… sería mutante como ellos… como el viento—. Estaba contento.

—¿Sí? ¿Qué te dijo?

—Que le hiciste pasar una noche tan delirante que se quedó dormido antes de tiempo—Saga se sonrió—. Eso significa que ya no será tan severo contigo… que no te lastimará. También…—esta vez sus orbes verdes denotaban cierto dolor—, que le dijiste que lo amarías…—Shaka enarcó una ceja curiosa.

—Mi corazón tiene espacio para los dos… ¿No te molesta?—indagó.

—Supongo que no debo quejarme si con eso no te hace sufrir…

—Y si lo hago feliz en las noches… ¿permitiría él que pudieras tomarme en el día?—Saga lo miró contrariado ante esa petición—. Dijiste que eras su amigo y confidente… Quizás si le haces saber que…—aquel desvió su mirada. Shaka suspiró, recargándose de nuevo en su pecho.

—Quizás más adelante pueda hablar con él…

—Entonces… me encargaré de hacerlo sentir muy contento en las noches… para que no tenga problema.

Besó y abrazó… susurró mil te amos en su oído… le hizo sentir querido…

En la noche, la bestia regresó. Ante el dolor de su hombría prefirió deleitarse con una petición lasciva… el rubio le dio el mayor espectáculo auto complaciéndose…

De noche, comido como animal…

De día, adorado como hombre…

De noche, Miaiphonos lo mataba con sexo…

De día, Saga pronto le hizo el amor…

Al final… se volvió una mutación con ellos…

De noche el Shaka poseído por la lujuria…

De día el Shaka embelesado de amor…

Y cuando se dieron cuenta que ya el rubio los había descubierto… No hicieron nada…

Siguieron su juego…

Mutaban… como el viento…

Bajaban hasta el príncipe de la tierra.

De noche, un huracán…

De día… la brisa envolvente…

Nota: Androfontes (Ανδρειφοντης, ‘asesino de hombres’) y Miaiphonos (Μιαιφόνος, ‘manchado de sangre’) son epitetos del dios Ares 😉

2 thoughts on “Mutaciones

  1. Hola mi querida Akira, este te quedo maravilloso me encanta la forma en que sabes utilizar las personalidades de shaka y saga eres la mejor de veras, te mando un saludo y sigo al pendiente de tus historias.

  2. wooooo genial este no le avia visto me gusto mucho violencia y amor
    de eso siempre se da que lindo por amor a la familia por amor de amante
    una encrusijada mas
    que tengas un buen dia y mucha salud

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