Enferma Obsesión (Cap 02)

Por fin se encuentran, una reunión donde no sólo se afianzan sentimientos, sino los pasos a seguir. ¿Qué fue lo que ocurrió esa tarde del asesinato?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, suspenso
Personajes: Shaka, Saga, Aioria, Mu, Lune, Aiacos.
Resumen: Saga ha sido incriminado por el asesinato de Aioros en el colegio donde ambos trabajaban y Shaka estudiaba, pero dice ser inocente. Diez años después, Shaka regresa como abogado y promete liberar a Saga, en base a un amor impuro que han ido alimentando desde lejos a través de cartas. ¿Qué fue lo que ocurrió esa tarde en el gimnasio? ¿Podrá Shaka liberarlo?

Por fin se encuentran, una reunión donde no sólo se afianzan sentimientos, sino los pasos a seguir. ¿Qué fue lo que ocurrió esa tarde del asesinato?

Capitulo 02

Nuestro amor: Fuerte

Tus besos que me atrapan, me friccionan… tus labios que me comen, beben mi saliva, mi alma… mis fuerzas…

Saga… ¿Tanto me habías anhelado? ¿Cómo cortar este idílico momento? Mi razón me dice que debo detenerme. No estamos ni en el lugar, ni el momento óptimo pero…

¡Han sido diez años!

¿Acaso besarnos con frenesí hasta que el aire nos falte será suficiente para pagar diez años de separación? No lo creo… no lo creo… Pero tus dientes muerden, mi respiración se acelera, mis mejillas enrojecen… deliro y… recuerdo…

Esa tarde que me besaste, esa tarde que quedé solo… algo pasó…

Ese beso que me diste intenté profundizarlo. Había tomado tu rostro con mis manos y eso te hizo regresar a la realidad. Te alejaste de mí, con mirada arrepentida. Me pediste perdón… saliste sin el impermeable, en plena lluvia. Yo me quedé en silencio, temblando de frio y de excitación. No podía culparte… supuse que había hecho mal… que esto estaba mal… Temí que te alejaras, que me dejaras…

Lloré…

La luz entonces se apagó de golpe luego de otro estruendo. La puerta se abrió, pasos húmedos se acercaron. No levanté mi vista, supuse que eras tú quien venías a buscarme, esperé pacientemente tu mano alborotarme mis cabellos, pedirme perdón o abrazarme, incluso regañarme. Pero…

No fue así…

En la oscuridad sentí un golpe seco que me tiro a la colchoneta. En la oscuridad una grande mano me tapó la boca. En esas tinieblas inhóspitas otra mano blasfemaba mi cuerpo. Yo temblaba… Y allí… en medio de esas penumbras yo fui…

Abro mis ojos de lleno. Aparto el contacto velozmente, mis dos manos sobre tus hombros, aplicando distancia, deteniéndonos. Estoy agitado, asfixiado, excitado además pero… nervioso… No puedo dejarme llevar, no es propio y podría ser contraproducente, para ambos.

Me aparto un poco. Te sonrió. Tus mejillas rojas son muestra fiel de cuanto lo disfrutabas, de cuanto lo anhelabas. Yo también lo deseo… pero no es el momento. Primero debo liberarte…

—Saga…—te abrazo con fuerza, me dejo caer en tu hombro—. Te extrañé Saga…

—Shaka… mi Shaka—me sostienes en tus brazos, acaricias mi cabello… respiras sobre mi—. También te extrañé… mucho… no sabes cuánto….

Nos quedamos abrazados por varios minutos. Sólo disfrutando de esa sensación tan placentera, por fin juntos, después de ya diez años.

—Saga… yo, debo mostrarte algo.

Busque separarnos. El tiempo era limitado, sólo teníamos una hora… y hay mucho de qué hablar. Avanzo hacía la mesa y veo mi maletín. Lo abro ante tu presencia, que sigue inmutable, en el mismo lugar

—Saga… Eres tú la única persona a quien he querido mostrarle esto—saco del maletín los dos cilindros de cartón adornados, los dos envases de mis títulos de grado—. Aquí está, por lo que he estado luchando estos diez años. Mi titulo de leyes y mi maestría. Con esto, podré salvarte.

Me miras con ojos orgullosos, complacido, satisfecho. ¿Cuánto he anhelado este momento? Más por fin ha llegado y por fin puedo ver en ti y encontrar, las felicitaciones y los ánimos de tu parte. Te extiendo entonces mis títulos, tú los tomas en tus manos, los lees atentamente, delineas entre tus dedos los sellos. Levantas el rostro… me sonríes… te sonrío…

—No esperaba menos de ti, Shaka—te acercaste a mí. Me abrazaste. Siento que todo ha valido la pena con esto. Las becas, el trabajo a medio tiempo, los semestres atestados de materia, buscando adelantar, las mejores calificaciones, lo mejor en todo, encerrado en libros… todo ha valido la pena.

—Gracias… te lo dije, te lo prometí. Que lo lograría y vendría para sacarte.

—Y summa cum laude… Simplemente eres excepcional, Shaka…

Cuanto me gustaría quedarme aquí, todo el tiempo, todos los días, sin importar que… Cuanto amaría poder extender este abrazo eternamente. Aunque ya no huelas a ese perfume de marca que usabas en el colegio, sino a jabón de pasta, sigues siendo para mí, el hombre que más amo… al que entiendo… al que seguiría para siempre…

—Saga… de verdad quisiera quedarme aquí, abrazado a ti, pero el tiempo sigue corriendo y necesitamos hablar—me soltaste, con un suspiro hondo—. Yo…

—Estás más hermoso de lo que llegué a imaginar, Shaka—me dices, mi corazón se acelera en sólo segundos—. Todo tú, todo ha crecido… todo es maduro… todo… ¡Dioses!—ladeas tu rostro. Sacudes la cabeza. De inmediato buscas el asiento para sentarte, hago lo mismo—. Creo que puedo decir que soy afortunado porque aún crees en mí y has regresado… cuando estás libre… tú has decidido quedarte a mi lado.

Tus palabras me enternecen… tus palabras me enamoran más… mucho más… Mi Saga, ¿cómo podría abandonarte? Mi vida entera la he entregado a ti y no, no me arrepiento.

—Te amo Saga—busco tu mano y la sostengo con fuerza—. Estoy aquí Saga… mírame—levantas tu rostro… suspiras… me sonríes—. Como antes, frente al escritorio, sin mis lentes gruesos, ahora sin prejuicios…

—Es impresionante lo mucho que has cambiado… y yo… yo te deseo Shaka… desde que eras un jovencito de catorce años a quien adiestraba y dejaba que pasara la asistencia del curso. Por eso…

—Lo sé…—me sonreí y me respondiste el gesto con otra sonrisa, triste, impotente… Sentía que querías callar y hacerme saber lo que sentías con las manos—. Ahora… aquí tengo el expediente—acoto, para sacar a relucir el tema que nos atañe a ambos. Eso que necesitamos arreglar para que podamos amarnos sin ningún tipo de cadena: tu libertad—. Necesito que me vuelvas a decir lo que paso esa tarde con Aioros—me miras, con ojos entristecido—. Yo sé que no fuiste tú. Pero necesito oír de nuevo tu testimonio Saga, para saber cómo proceder.

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Quisiera besarte, tomarte aquí mismo. Hacerte saber con mis manos y labios lo mucho que te extrañé, Shaka. Pero en tu mirada veo un alto. Veo tiempo… veo advertencia y hasta un poco de temor. De no ser por ello, no me hubiese detenido.

Ahora me pides que te cuente de nuevo ese día. Recordarlo me abruma, me abruma en sobremanera. Recuerdo que esa mañana el director y tutor nos llamó para mencionar un nuevo ascenso. Había trabajado todo ese año para obtenerlo, pero quien fue merecedor de él fue Aioros. Sin embargo, lo comprendí. Aioros tenía ya tres años trabajando en el colegio, era un excelente educador, un guía de curso prodigioso que tenía a todos los demás profesores admirados por su calidez y empatía con los alumnos. Incluso yo lo admiraba, por eso no me molesto en lo absoluto… aunque… no niego que me sentí mal conmigo mismo.

Recuerdo que esa tarde me encontraste en el escritorio… trataba de pasar unas notas, pero pensar en que tendría que esperar otro año para lograr ese puesto me tenía algo frustrado. Frustración que se fue apenas vi esos dos zafiros resguardados por los cristales. Ver en tus ojos esa admiración infantil, inocente, me hizo sentir dueño de todo. Mi Shaka, te sonreí y miré a todos lados antes de atreverme a tomar tu rostro y besar tu frente. Temblaste, lo sentí, yo también me estremecí con ese leve contacto. Pero no, era impropio… en ese momento tocarte no era una opción.

Más bien, me excedí aquella tarde de lluvia con besarte los labios. Fue una falta de respeto de mi parte y me dolió hondamente dejarte tan descorazonado. Caminé en la lluvia por mucho tiempo hasta quedarme dormido debajo de un árbol, bajo la lluvia, llorando por este deseo impío que me pedía poseerte. ¿Y cómo no desearlo? Tus jóvenes piernas se mostraban fuertes para mí, debajo de mi propia camisa. Eras un pecado envuelto en mi aroma, con tu cabello humedecido, aún tus mejillas sonrojadas y estornudando, a mi lado, titiritando por el frio. Ansié secar con mi lengua cada gota de lluvia que hubiera caído en tu piel, anhelé vestir tus piernas con mis manos, besar tu cuello, morder tu espalda… escucharte gemir con esa voz que poco a poco mutaba… pero no… no…

Al despertar, ya estaba serenando. No sé cuánto tiempo pasó, quizás una hora. Fui a buscarte al almacén y te encontré, con tu pantalón de nuevo puesto, aún mi camisa puesta, cubierto por completo, un ovillo estabas hecho. Me acerqué a ti, arrepentido, de seguro te sentías rechazado por mí y mi actitud. Al dar mis pasos abriste lo ojos y temblaste, asustado. Me quedé por un momento quieto, inseguro de cómo proseguir.

Olía a semen…

¿Acaso te había excitado ese pequeño beso que tuviste que masturbarte? Me sentí asqueroso conmigo mismo. Esperanzándote, incitándote, tentándote a ti un niño. No merecía siquiera recibir tu mirada.

—Perdóname…—musité, adolorido, realmente golpeado con verte así, tan indefenso, con tus ojos enrojecidos de llorar, por mi—. Yo… yo también te quiero Shaka…—te confesé. Me mirabas fijamente, tus ojos de nuevo se empañaban… zafiros quebrados… por mí—. De verdad, no te imaginas lo mucho que he estado peleando por esto… Yo, yo nunca quisiera hacerte daño y está mal, esto que siento, por ti, está mal…

Te levantaste. Me mirabas, sorprendido. Pronto te calmaste y me sonreíste, con tristeza, con resignación incluso.

—Yo lo entiendo…—bajaste la mirada, suspiraste profundo—. Yo lo quiero, Saga… y yo comprendo…—volteaste, me diste la espalda—. Quiero ir a casa.

Te tomé de la mano… Salimos. Noté que te costaba caminar, había incomodidad en ti. Pero no soltaste mi mano, no hasta dejarte en tu casa.

Desde aquella vez habían pasado poco más de tres meses cuando el día del ascenso frustrado llegó. Cada vez estabas más unido a mí, me sonreías sinceramente, era como si con la confesión todo hubiera quedado claro, a pesar, de que no éramos nada. Y ese día, te dije lo que sucedió. Me animaste, sonriéndome, me dijiste que estabas seguro que más adelante lo lograría. Creí en ti… ¿quién iba a pensar que ese día nos separarían por diez años? De haberlo sabido, ese beso que te di en la frente lo hubiera posado en tus labios. Te hubiera besado en tus labios, una última vez…

Luego de eso en el salón, horas más tarde me conseguí con Aioros en el gimnasio… hablamos y sucedió.

—Esa tarde fui al gimnasio, iba a contar las pelotas que teníamos guardadas y cuántas eran necesario ser reparada o desechas. Aioros fue a hablar conmigo, a decirme sobre lo del ascenso y como podría ayudarlo—te miro, estás atento a cada palabra. Tus zafiros parecen atravesarme—. Me comentaba sobre los planes para unos decatlones y maratones científicos entre los estudiantes. Te mencionó incluso, comenzó a hablar cosas de ti, a decir que estaba sorprendido por la forma que habías mejorado, el cómo te acoplaste a tus compañeros, tus triunfos en atletismo y que tenía planes para ti—me miras, sorprendido. Lo sé, en ninguna de nuestras cartas a lo largo de esto diez años hablamos de esto. Nunca comentamos ese fatídico día—. Sí, quería que fueras el líder de atletismo en el año consiguiente y buscar una forma de incluirte en las olimpiadas regionales. Todo estaba bien… hablábamos y de repente sentí un golpe… o un dolor… no sabría cómo explicarlo. Pero cuando desperté… Aioros estaba muerto a mi lado. Me asusté, tomé el cuchillo intentando sacarlo, me llené con su sangre, grité por ayuda pero al encontrarme me creyeron culpable.

Era imposible olvidar ese día. Todos me acusaban, yo estaba asustado, realmente asustado y cuando te vi, con tus zafiros apagados, fijos en mí, sentí, realmente sentí, que lo había perdido todo.

Me odiaras…

Era lo único en que pensaba… Los gritos del pequeño hermano, Aioria no me habían estremecido tanto como sólo esa mirada zafiro que me dirigías, traspasándome por completo.

Y lloraste…

—Yo… sé que debió ser traumático para ti presenciar todo ese alboroto—me sujetaste la mano y me sonreíste—. ¿Por qué Shaka? ¿Por qué creíste en mí?

—Simplemente, lo sé.

—Sólo encontraron mis huellas en el cuchillo… las mías y las de él, entonces, como…—temo hacer la pregunta, pero necesito saberlo—. ¿Cómo harás para liberarme, Shaka?

—Confía en mí. Ya verás que todo saldrá bien.

Nos miramos por eternos minutos. Tanto que decir, tanto que hablar, tan poco tiempo en nuestras manos… manos, mis manos quieren navegar por tu espalda Shaka, mis labios quieren saborear la laguna en tu vientre… ansío… deseo…

Me acerco a ti, acortas distancia, nuestras manos tomadas, nuestros ojos fijos en el otro… buscamos de nuevo el leve contacto. Suave, tímido esta vez. Nuestros labios tiemblan, nuestras manos vibran, nuestros cuerpos se estremecen… si supieras Shaka, todo lo que he soñado por tenerte… por hacerte… hasta las cosas más impuras que jamás creía pensar, las he soñado contigo. Te deseo… ¡¡CIELOS!! ¡Cuánto te deseo!

Tu frente se recarga sobre la mía, separando nuestras bocas… suspiras. Sí… debería ser yo quien me detuviera por las circunstancias pero parece que tú eres el más cuerdo para hacerlo. Yo desde que te vi al entrar estoy embrutecido, dejándome llevar por mi cuerpo que te aclama…

—Shaka…—murmure, buscando tu oído, aspirando tu aroma… ¡cuánto has cambiado!

—Cuando seas libre, Saga… cuando seas libre, podremos…

—Cuándo sea libre, ¿querrías vivir conmigo?—te escucho soltar un leve risilla… melodía, música… un adagio para mí… Te separas de mí, me miras con esos ojos… hermosos, abiertos… míos…

—Si… querría vivir contigo, Saga… No puede ser de otra forma, estamos atados, desde hace diez años—tus palabras que me dan esperanza, que me alientan…—. Por lo pronto, nuestra prioridad es sacarte de aquí.

Nos avisan que ya se ha acabado el tiempo. ¿Por qué? ¿No pueden entender que hemos esperado mucho como para conformarnos con una hora? Yo no quiero separarnos, pero tus ojos, tus ojos me miran con resignación, una sonrisa comprensiva… Te quiero… Shaka te quiero… No creo aguantar mucho…

—Shaka… yo… yo quiero que vuelvas a venir pero…

—Vendré, quizás en tres días, te traeré noticias del proceso…—te callo con mis dedos en tus labios…

—No… yo… yo quiero…

¿Cómo decirte que quiero poseerte aunque sea en una celda? Siento que no es apropiado… que mereces más, mucho más, pero… simplemente no tolero… ahora luego de verte, de por fin ser testigo de cuanto has crecido… ¡No soportaré más noches soñando contigo sin tenerte!

—Shaka… yo quiero tenerte—me miras, fijamente… te siento estremecer al contacto de mis dedos que suben a tu mejilla. Tu mirada sigue igual… es devoción… suprema devoción a mí—. Quiero que vengas, pero… como mi pareja—tus ojos se abren, un poco abrumados, antes de sonreírme con comprensión.

—¿Visita marital?—preguntas, con rostro lleno de picardía—. Primero déjame armar el caso y luego, te avisaré cuando—suspiro, ahogado… esperar… ¿Cuánto más tendré que esperar?—. Yo también lo deseo.

Nos tuvimos que separar, que despedir… te dejo ir con esa promesa y esa certeza en mano, en nuestros corazones.

Tu figura que se funde con el concreto y la madera. Puerta que se cierra. Incluso, olvidé entregarte la carta que había escrito. Tendré que esperar… todo deberá esperar…

:::::_____:::::

Salí yo, porque sabía que tú no entrarías a tu celda sabiendo que yo seguía allí.

Es una condena, este amor es una condena que pretendo ponerle fin… es hora de que seas libre Saga, que seamos libres…

Tomé un taxi y fui de inmediato a casa de Mu. Allí me espera. Como siempre…

—Es una locura lo que pretendes hacer, Shaka. Las pruebas están en su contra, sólo te meterás en un caso imposible y además…—me miras con ojos esmeraldas, llenos de dolor, de rabia, de impotencia incluso. Creo que te has dado cuenta que en estos zafiros sólo existe una cosa.

Determinación…

—Lo sacaré de allí.

—Es… estás loco…—cruza sus brazos, viendo hacía un lado. Un bufido salió de sus labios nacarados—. Te estás metiendo e una cruzada condenada a perder.

—No perderé.

—Tantos hombres que han estado tras de ti Shaka, tantos que te han anhelado, cortejado… ¡¿Por qué sigues obsesionado con él?!—me reclamas, siento en ti frustración. Yo sé lo que sientes y me halaga, pero… no estoy dispuesto a aceptar a nadie que no sea él—. Incluso… aunque tú lo niegues… ya casi estoy seguro que te tocó… estando en el colegio…

—Saga jamás me tocó. Me ha respetado… me sigue respetando… y por lo que veo de nada sirve compartir esto contigo Mu.

Me levanto de la mesa del comedor de ese departamento donde viví largos siete años. Shion, el director de esa escuela y mi antiguo tutor, está de acuerdo conmigo. Él mismo me dijo que nunca creyó que Saga fuera capaz de hacerlo. Su testimonio me es valioso, para acudir a la reputación de Saga, la que tenía antes de que todo esto pasara. Eso, junto a su propia intervención me ayudará a mostrarle al jurado que realmente tienen al hombre equivocado.

—Yo de todas maneras… Te apoyaré. Como siempre lo he hecho—murmuras a un lado, con dolor, incluso, resignación.

—Te lo agradezco Mu, porqué tu eres como mi hermano.

Palabras escogidas deliberadamente para convencerte una vez más que es esto, y nada más que esto, lo que puedo ofrendarte de mí. Una mueca que llamarías sonrisa se dibuja en tus labios. Lo lamento mucho, Mu. Lo lamento…

Preferí regresar a casa antes de seguir alimentando ese incomodo momento. Mientras viajaba en autobús, los recuerdos siguen agolpando mi mente. Saga, estos diez años sólo han fortalecido el hechizo que me ata a ti, sólo han formado un hombre con una madurez y fuerza apabullante, que me atrae y de quien me quiero envolver. A ti quiero entregar este cuerpo… en ti quiero fusionarme…

Para borrar el paso violento…

Ese que sigue latente a pesar de diez años. De aquel día donde recibí el cielo y el infierno… Mi primer beso… y…

Mi pérdida total…

Tú que siempre me protegías, no pudiste protegerme de él. No pudiste hacerlo, Saga… ¿Pero cómo hacerlo? Sí él sabía en qué momento estabas ausente, él vigilaba tus pasos, como una maldita sombra te estudiaba y quería cumplir esos deseos que tú dejabas encerrados. Todos y cada uno de ellos…

Yo me vi arrastrado.

En aquella tarde de lluvia, mientras tú no estabas, él tomó mi cuerpo.

En la oscuridad desoladora deshojó mi alma…

Como un maldito conjuro me desnudó la mente, sabía que deseabas tú, que deseaba yo… y yo presa del miedo, de la confusión, de las preguntas, de lágrimas que sin freno se escurría en mi mirada azul, no hice nada… no hice nada…

Me dejé comer.

Él quien tomó este cuerpo, quien besó mis labios con demencia. Y fue él quien irrumpió en mis entrañas, buscando desesperadamente el centro de mis nervios, decidido a hacerme ver estrella en medio de la brutalidad de la muerte. Fue él…

Y no puedo revelar su identidad…

Y aún así te liberaré.

Es una promesa…

Nuestra promesa…

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