Bello Durmiente

Saga es un médico de guardia que cuida a un paciente en especial, mientras recuerda todo lo que ha pasado y ha hecho para llegar a ese punto.

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Temas: Yaoi, lemon, romance, angst, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Aioria, Shura,
Resumen: Saga es un médico de guardia que cuida a un paciente en especial, mientras recuerda todo lo que ha pasado y ha hecho para llegar a ese punto.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: Quería hacer algo angst. En fin, ando pasando por muchas etapas hormonales. ¡¡Entendedme!!

Bello Durmiente

Otra noche más de guardia. Otra noche más calmada. Ya más de las dos de la mañana, no había mayores contratiempos. En aquella clínica estatal las enfermeras se aglomeraban para hablar del capítulo de la novela de la noche y de lo buena que había estado, los médicos que estaban cumpliendo sus horas conversaban de los últimos resultados deportivos. Pero él, él tenía algo más que hacer.

Con una bandeja de porcelana llena de agua tibia, un paño, su bata blanca y cabello recogido fieramente en su nuca, el Dr. Saga entraba a la habitación de un paciente que espera allí por él. Ya nadie lo visita… los que creyeron que eran sus más cercanos lo abandonaron a su suerte. Ya muchos se habían resignado. Excepto él.

Puso la bandeja a un lado. Contempló la faz de aquella persona tan joven y hermosa, durmiendo. Su respirar era pausado, calmoso y lento, casi imperceptible, sumamente relajado. Su tórax subía y bajaba con lentitud, el aire entraba por la nariz, salía por su boca encerrada en la mascarilla. Una vía intravenosa en su brazo derecho.

—Buenas noches, Shaka—saludó, quitando las sábanas del medio—. Lamento venir tan tarde hoy, tenía cosas que arreglar.

Tomó una pequeña linterna. Abrió un parpado e iluminó, estudiando el comportamiento de su retina. Tomó notas en el expediente, para luego comprobar los aparatos, medir la presión, tomar el pulso, la temperatura, verificar las sondas y todo era escrito religiosamente en sus notas. Quitó la mascarilla un momento y revisó su boca, todo tomando datos que serían plasmados en el expediente en mano, con suma delicadeza. Sus esmeraldas lo estudiaban, buscando una señal especial, algo…

Viajaron entonces sus manos entre las hebras doradas, palpó el cráneo, acarició el cuero cabelludo, miró con fascinación el rostro entre sus manos, lo adoró con sus orbes verdes y recordó…

Aquella noche, hace trece meses, pensó que todo sería normal. Como de costumbre, las horas de guardias eran acompañadas de café, un crucigrama, y su laptops revisando páginas de noticias. Y él estaba precisamente entretenido en la columna 03: “Nombre mitológico del dios de la seducción”

“Eros…”

Y Eros le apareció. Las esmeraldas al subir la mirada y ver el paciente que venía de emergencia quedaron pasmadas ante la belleza que tenía frente a él. Pero no tuvo tiempo de admirarla, un golpe en la cabeza exigía atención. Con las enfermeras le ayudaron a acomodarse en la camilla, el rubio maldecía con ira, una brecha bastante profunda en su frente le tenía tapada la mitad de la cara por la sangre. Primero la limpió, ante la resistencia del paciente que gruñía por el dolor. Y luego, viendo las muecas de dolor contenido del hombre a su cuidado, empezó a cerrar la herida. Los parpados se cerraban con fuerza, parecía tolerarlo no muy bien.

—Pronto terminara—le dijo, buscando calmarlo—. Se dio bastante fuerte. Debe tener cuidado, estos tipos de golpes pueden ser contraproducente.

—Lo tendré—escupió las palabras casi masticándolas.

Se sonrío e intentó verse amable, aunque al parecer el rubio estaba muy molesto con algo. Finalmente lo dejó y siguió con sus oficios, atendiendo a otros y viendo de lejos que ya se estaba marchando. Casi por inercia revisó sus anotaciones para ver el nombre de ese paciente tan arisco y bello al mismo tiempo.

“Shaka”

A la semana el mismo paciente regresó, esta vez para quitarse los puntos. Observó con discreción su forma de vestir, bastante formal, un carnet universitario colgaba de su cuello, un maletín de cuero, todo él presentable. Le pidió que se recostara en la camilla y mientras buscaba los utensilios para quitar los puntos, decidió sacar un poco de conversación.

—¿Es profesor o estudia de noche para sacar un titulo?—preguntó directamente.

—Profesor.

—Interesante. Creo que yo no podría enseñar si quiera como atarse los zapatos. ¡La paciencia no es precisamente mi fuerte!—el rubio se rió un poco con el comentario, una risa que le pareció al doctor como melodía angelical—. Y bien, ¿puede decirme que es lo que enseña? Me da curiosidad por su juventud.

—Programación, además de cálculo avanzado y lógica digital. Soy Licenciado en Computación.

—Interesante. ¿Recién graduado?—seguía indagando mientras quitaba los puntos y veía la mueca de malestar en ese rostro. “Hermoso” pensó dentro de sí.

—Digamos que sí, un año de graduado, pero fui preparador de estas materias como estudiante.

—Chico estrella entonces—concluyó, siguiendo con su trabajo—. ¿Algún alumno abrió la puerta cuando iba saliendo? Esto aparenta ser uno de esos tipos de accidentes en lugares tan concurridos como una universidad—el menor desvió la mirada a la izquierda.

—Si… eso paso…

“Miente…”

Más aún sabiéndolo, o al menos intuyéndolo, Saga prefirió no tomarle mucha importancia. Terminado su trabajo, le recetó una crema para ayudar a la cicatrización de la herida y tomó de nuevo sus datos. Suspiró al verlo irse, pensando que tal vez sería la última vez que lo haría. La vida, sin embargo, tenía otros planes.

Luego del examen, el doctor dejó el expediente de lado y desató la túnica blanca con cuidado. Lo desvistió y empapó el paño. Se dio tiempo de apreciar la hermosura de su paciente, delinear la blancura de su piel y sus músculos, el rosado de sus aureolas, el vello que cubría piernas e intimidad. Todo quieto… El doctor se sonrío al ver el leve erizar de toda la piel por el frio de la noche.

—Como siempre, tienes el sueño muy pesado—comentó, pasando el paño húmedo primeramente por los pies, cubriendo las hendiduras, pasando dedo por dedo. Volviendo a humedecer, exprimiendo, limpiando ahora su planta del pie—. ¿Me pregunto si tendrás cosquillas?—susurró, pasando ahora el paño húmedo por el tobillo—. De seguro, todos tienen cosquillas en los pies.

Y su mano con el paño de nuevo acariciaba la inerte piel de nácar. Vello dorado resguardaba las columnas de mármol y se humedecían al paso del paño que pacientemente limpiaba a su paso. Con su mano, Saga tomó una de las piernas para flexionarlas y permitir que el paño cubriera toda la superficie, certificando que su labor fuera completa. Esa pierna… pierna que…

Diez meses atrás. De nuevo otra noche aburrida de guardia. Saga ahora veía el final de futbol Europeo con varios compañeros, algo distraído, cuando llegó un paciente por emergencia. Al salir a atenderlo, sintió un sobresalto en el corazón al ver al mismo rubio, acompañado de un hombre de cabello corto y negro como el ébano, de visibles rasgos españoles. Con cuidado lograron sentarlo en una camilla, lucía algo golpeado, un fuerte golpe en su mejilla, y en su brazo y la pierna derecha fracturada. Con las enfermeras empezaron a revisar todo, el muchacho estaba inconsciente.

—¿Qué le sucedió?—preguntó Saga de inmediato. El español dudó un poco antes de responder.

—Según él, intentaron robarle pero…—desvió su mirada con signos de preocupación e indignación—. ¿Estará bien?

—Sí, no se ve algo grave. Ya le diré mi diagnóstico.

Contusión leve en el rostro, hematomas en el brazo derecho y una pierna fracturada. Cuando Shaka despertó tenía una compresa fría en su mejilla, algunas vendas en su brazo y el yeso en la pierna. Su acompañante entró y aunque Saga no logró oírlos pudo ver perfectamente como el mayor reclamaba y el rubio simplemente ignoraba, pegando la compresa a su herida, con expresión como si tuviera una severa jaqueca.  Al verlo salir, decidió acercarse para darle las instrucciones de su tratamiento y el tiempo de reposo.

—¿Puedo saber cuál es su parentesco con el paciente?—preguntó de antemano, como si fuese algo normal aunque por dentro sentía que la pregunta era más al nivel personal.

—Compañero de trabajo.

—¿Puede comunicarse con su familia o… pareja?—indagó, buscando conocer más de ese paciente.

—Vive solo, y su pareja… —miró a un lado. Saga estudiaba todos los gestos, extrañamente golpeado a saber que existía una pareja—. En fin, yo me encargó. Dígame que necesita.

—Reposo, al menos no podrá ir a la universidad a dar clases por aproximadamente cuatro semanas. Aquí le recetare unos analgésicos para el dolor y antiinflamatorios. También la apartare cita para verificar el estado de la fractura…—calló al notar la mirada fija de su acompañante—. ¿Sucede algo?

—¿Cómo sabe que es profesor?—inquirió el español desconfiado. Saga simplemente suspiró.

—Hace unas semanas lo había atendido también—el rostro del ibérico se contorsionó mostrando indignación—. Fue por un golpe en la cabe…

—¿También?—reclamó al doctor abrumado—. ¡¿No es la primera vez?!

El español, al notar el desconcierto del doctor prefirió no comentar nada más, tomando las indicaciones y agradeciendo por el apoyo. Al día siguiente, con ayuda del ibérico y un joven de cabellos lilas que también era compañero de trabajo, Shaka salió de la clínica. Saga, quien también iba de salida, pudo verlo cuando el joven de cabellos lavanda lo ayudaba a entrar al auto, mientras el ibérico discutía con un joven de cabellos castaño, visiblemente golpeado también. Volteó y dejó el escenario atrás, creyendo que quizás, no era de su incumbencia. Aunque, por dentro, el rubio le apareciera de tanto en tanto en su mente.

—Sanó muy bien tu herida, Shaka—murmuró el doctor mientras pasaba el paño de nueva cuenta por la pantorrilla, delineando el cincelado de ese musculo que debido a su estado ya estaba flácido.

El paño de nuevo humedecido. Ahora el doctor tomaba rumbos hacía el grueso muslo blanco, rodeando con sus manos y la humedad de la tela humedecida, peinando hebras doradas a su paso. Se detuvo un momento, con un tanto de temblor en sus manos, y buscó el rostro de su paciente, esperando que quizás haya despertado le reclamara por estarlo bañando él mismo en vez de ser las enfermeras como suele ser.

Pero no despertó…

Y Saga devolvió su mirada a su labor, tragando grueso, afianzando el agarre de esa piel que nunca pudo hacer suya y de la cual, al tiempo descubrió, que deseaba.

Luego de esa oportunidad, vio al paciente unas tres veces más, verificando el estado de la fractura. Intentaba formarle conversación, saber más de él mientras no abandonaba su labor. Todas eran preguntas comunes y Shaka no dudó en responder sabiendo que algunos médicos tenían esa fama de preguntar y hablar de cualquier cosa mientras atienden a su paciente. Pero, Shaka no imaginaba que ese trato de Saga era exclusivo para él, que el doctor solía ser bastante callado y directo con sus pacientes pero con él, con él conversaba amenamente y además, sonreía… sonreía con una naturalidad impresionante.

Pronto Saga logró ganar la confianza de su paciente lo suficiente como para recibir de él palabras que lo alentaron hondamente.

—De verdad es muy bueno en lo que hace—concluyó el rubio al ver que su pierna estaba totalmente sanada y sin mayores contratiempos.

—No hago nada diferente a lo que está en los libros, Shaka.

—Quizás, pero en las manos está la diferencia—halagó con una sonrisa sincera, gesto que provocó una sonrisa hermosa en el médico—. Ya sé que si tengo algún otro accidente lo buscaré a usted directamente.

—Espero que no sea necesario. Debe ser cuidadoso. Preferiría que viniera por cualquier otra razón, quizás me ayudaría a resolver los crucigramas.

—Quizás—consintió con un dejo de picardía—. Me retiró, Doctor Saga, debo ocuparme de ciertas cosas en la universidad.

Lo acompañó a la puerta, le extendió la mano como gesto de despedida y el rubio la tomó con fuerza, regalándole una sonrisa.

—¿Shaka?

Escucharon atrás, y el rubio al voltear dibujó una expresión de enojo severo. Un hombre de cabello castaño, visiblemente más corpulento y un poco más alto que él, había ido a buscarlo. La expresión de él era de arrepentimiento. Saga de inmediato unió los puntos.

—Shaka, ¿cómo estás amor?

—Vete Aioria—espetó directamente, siguiendo su camino.

—Shaka, por favor, ¿hasta cuándo me harás buscarte? Lo que pasó… fue un error de mi parte… yo…—calló al ver las potentes pupilas azules fijas en él, inquebrantables, inmutables.

—No quiero saber nada de ti, Aioria. Vete. Deja de perseguirme o te denunciaré por acoso.

El rubio iba caminando, aquel le iba siguiendo. Parecía suplicarle, rogarle, incluso al final del pasillo vio de lejos como se le arrodilló, abrazando las piernas de su paciente y este en respuesta miraba a todos lados notándose perturbado e incomodo. Al final, se fueron juntos. De allí volvería a verlo el mes siguiente.

El paño humedecido volvía a exprimirse. En las manos cuidadosas del doctor, ahora subían por los glúteos, subiendo sus caderas con su otro brazo, abriéndose espacio entre la cama y su piel. Sus orbes verdes miraban fijamente el rostro dormido de su paciente, totalmente en descanso. Las manos con el paño daban círculos armoniosos en aquellos músculos traseros, subiendo por la cintura, para viajar a la espalda, con cuidado de no mover las sondas que tomaban los desechos de su cuerpo.

—Dormido te ves hermoso, Shaka…—susurró a lo bajo, con su voz temblorosa—. Muy hermoso…

Puso el paño a un lado y con sus manos cargó el cuerpo del paciente, obligándolo a sentarse a pesar que se escurría cuan muñeco entre sus brazos. Puso la cabeza dorada en su hombro, rodeándole la cintura con su brazo derecho, apoyándolo sobre si mientras tomaba el paño de nuevo, para seguir limpiando su piel más blanca que cuando lo conoció.

—Ya no hueles a musgo—comentó, con ojos quebrados, mientras su mano pasaba por la parte baja de la espalda y el cabello dorado caía a un lado, apartándose de su camino—. Hueles a sólo medicina…

Suspiró profundo, exhalando una bocanada de aliento turbio mientras cerraba sus ojos, se resignaba a sentir la piel humedecida al paso del paño, mientras él dormía…

Y viviendo ese pequeño momento, recordó aquella vez que de nuevo, Shaka terminó solicitando sus servicios. Aquella noche, antes de las doce, Shaka llegó a la clínica ahora con una torcedura en su muñeca izquierda. Quien lo acompañó fue el de cabellos lavandas, que se hizo llamar Mu. El rubio espetaba molesto mil maldiciones a un tal Aioria y cada movimiento que hacía Saga para devolver su mano a su lugar sólo provocaba un grito maldiciendo a ese hombre.

—¡¡EL MALDITO ESE LO VOY A MATARRRRGHHH!!—Saga subió su mirada verde para ver el rostro enrojecido de ira de su paciente, con lágrimas furiosas cubriendo sus mejillas.

—Te dije que no iba a cambiar. Ya es la segunda vez que…

—Tercera…—se atrevió a corregir el doctor, bajando la mirada indignada. Shaka lo observó incrédulo y no tuvo el valor de reclamarle nada. Tenía razón, era la tercera.

—¿Tercera?—repitió el compañero abrumado.

—Y última…—aclaró el paciente, mordiendo sus labios hasta que al final el hueso consiguió su sitio—¡¡¡WAAAAAAAARGHH!!!

—Ya estamos listos—comentó el doctor buscando unas vendas—. Deberás evitar hacer esfuerzo con esta mano, vendaré para mantener el hueso en su lugar, tienes magulladuras en tus nudillos, así que también recetaré una crema para ello.

—Al menos valió la pena. Lo dejé irreconocible por estúpido—respondió divertido con una leve mueca de triunfo.

—Al menos… porque el espectáculo que te armo en la universidad…

—¡¡ES UN IDIOTA!! ¡¡¡SOY PROFESOR!!! ¿QUE ESPERABA? Es normal que me busquen mis alumnos…—Saga escuchaba atentó, comprendiendo el escenario. Su pareja era posesiva y celosa al extremo, al punto de responder con violencia—. ¡Es como si lo celaran a usted porque las enfermeras lo llaman!—escuchó el último comentario dirigiéndose a él y no pudo evitar sonrojarse. Desviando la mirada sólo asintió, buscando las palabras para responder ahora que Shaka lo había involucrado a la conversación.

—Sinceramente si no le tiene confianza, creo que pierde el tiempo—Shaka asintió mostrándose de acuerdo—. Por experiencia y créeme que es algo amplia, ese tipo de persona nunca cambian. Le recomiendo que traté de evitarlo.

—Lo haré. Me cansé de sus celos enfermizos. En fin, gracias de nuevo Dr. Saga. No olvido su invitación para los crucigramas—el médico sintió una fuerte emoción al escucharlo y sobre todo constatar el aire de complicidad que el rubio le regalaba—. Ya que estaré solo puede que venga a acompañarle un rato y conocer los casos extraños que debe haber visto—se sonrió, emocionado.

—Será un placer tener a alguien más con quien comentar las cosas que se ven en emergencia.

—Y para mí un alivio. Con su permiso.

Lo vio partir y se sintió enamorado. A pesar de sólo haberlo visto cuantiosamente, Shaka se había adueñado de sus pensamientos. En la próxima visita, una semana después, el rubio había ido solo y se quedaron conversando de varias cosas. Nada estaba fuera de lo normal, todo eran conversaciones en lo cotidiano, pero para Saga cada momento tenía algo especial. Pronto ya Shaka no tuvo necesidad de ir a verlo y de nuevo, Saga se quedó con la imagen grabada, tentado a pedirle el número de teléfono, tratarlo fuera de las paredes de la clínica. Pero pensando en que venía de una ruptura vio que no sería el momento. Esperaría y confiaría que Shaka, tal como lo dijo, no olvidara la invitación para los crucigramas y lo fuera a buscar.

El paño húmedo ya había cubierto toda la espalda y ahora se escurría por los hombros. Recostándolo de nuevo sobre la cama, empezó a pasar por el pecho, terminando su labor, limpiándolo, pasando sus manos en delicadas caricias que aquel no sentía…

Finalmente, empezó a vestirlo de nuevo con la bata, amarrándola detrás de su cintura, cargándolo un poco de nuevo hasta otra vez dejarlo reposar por entero en la cama. Constató sus signos vitales de nuevo, antes de colocar el paño sobre la bandeja y sólo sentarse a verlo. Despejó hebras doradas de su rostro, delineando sus facciones dormidas. Recordando…

Siete meses atrás, Shaka regresó en compañía de Mu. Esta vez, su brazo necesitaba ser enyesado. Shura y Mu preguntaba al rubio lo que había pasado y Saga, al salir de su consultorio para ver quién era el nuevo paciente y verlo, de nuevo herido, sintió un malestar incontrolable inundar sus venas. Sin mediarlo, inmediatamente dijo lo que tenía en mente.

—¡¡¿REGRESASTE CON ÉL?!!

Los tres se quedaron sin habla, en especial el herido que lo miro sin saber que responder. El primero en reaccionar fue Mu, con gesto conciliador, entendiendo o al menos asumiendo el porqué del reclamo.

—No, no… esta vez, si fue un accidente en la universidad—y Saga se le subió los colores por el arranque y ver la mirada fija del rubio estudiándolo—. Habían pulido la baldosa de la escalera y no avisaron. ¡¡Dio como tres vueltas!!

—Si mal amigo, y luego de que terminaste de reírte ¡fue que fuiste a auxiliarme!—replicó el hindú en un claro gesto de reclamo. Mu se rió y Shura simplemente lo ayudó a sentarse, estaba algo adolorido.

—Creo que se fracturó el brazo—intuyó el ibérico pasando su mirada oscura al griego.

—Bien, me encargaré de revisarlo.

Toda la revisión fue totalmente en silencio. Saga no tenía el valor de dirigirle una mirada a su paciente luego del malentendido y su forma de actuar, sintiendo su corazón latiendo por mil. El rubio entre tanto lo analizaba y por primera vez detallaba la belleza del médico que le atendía el brazo. Había estado ciego para no haberlo detectado antes pero ahora que lo tenía allí y justamente lo vio tan preocupado por él, incluso, recordándolo, Shaka vio necesario pasar esa relación médico-paciente a otro rumbo.

—Desde aquella vez no volví a salir con él—le informó y el doctor hizo esfuerzo para no mostrarse complacido—. Todavía me busca pero ya se cansará.

—Me alivia saber que no volverá a lastimarlo.

—No crea, yo le dejaba sus buenos golpes también—le dijo con una sonrisa—. No soy tan fácil—comentó divertido.

Durante toda la consulta hablaron de varias cosas. Luego del tratamiento y el tiempo de reposo, Saga lo siguió viendo durante ese mes, todavía en la clínica. A veces se llamaban informalmente en las noches, conversaban un rato y luego se despedían. Las cosas iban en forma progresiva pero notar que el rubio también estaba interesado le había aumentado las esperanzas. Por eso, luego de que le quitó el yeso del brazo, decidió visitarlo a la universidad, donde le informaron donde estaba dando clase. Lo esperó fuera del salón y Shaka se llevó una enorme sorpresa al verlo, esa mañana, vestido de forma casual y sonriéndole.

—Se ve que tus alumnos te respetan—comentó el médico en la feria de comida del centro comercial donde lo invitó a comer.

—Al principio es difícil que te respeten cuando eres nuevo, pero de alguna forma se han sentido reflejados en mí y han terminado por admirarme.

—23 años y ya eres docente universitario. ¡Es mucho que alabar!—el rubio le sonrió con ternura.

—No sólo fue mi crédito. Recibí ayuda de gente de adentro a quienes les parecí una buena inversión.

—Eso es simplemente parte del todo. ¿Tienes clase en la noche?

—Sí, tengo la noche completamente ocupada. ¿Acaso no tienes guardia?

—No, hoy estaba libre y pensé en salir contigo—le dijo guiñándole el ojo.

—Podríamos dejarlo para mañana si no tienes problema.

—Arreglaré mi agenda. Cobraré el favor de un amigo.

Saga lo llevó hasta su departamento, lo acompañó hasta la puerta y se quedaron conversando allí, de nuevo, como si no quisieran despedirse. Si ciertamente resentía las horas que había estado en vigilia, cuando estaba con Shaka era como tomar un revitalizante. Simplemente tenía fuerzas incluso para tomarlo si él se lo permitía. Pero Shaka iba dejando que las cosas fluyeran a buen ritmo, ni acelerando, ni alentando. Saga comprendió sus razones y quiso primero ganarse su confianza, sin dejar de mostrar su interés.

—¿Me permites besarte?—solicitó el griego, ya con un acercamiento intimo, con su nariz casi rozando la del menor. Shaka le sonrió en respuesta.

—Déjame probar que es lo que tienes, doctor.

—Ya le enseñaré, profesor.

Un ligero roce que pronto se fue profundizando. Sin importar que estuvieran en la puerta del departamento, en el pasillo del edificio, Saga puso sus manos en el cuello del rubio, Shaka dejó abrir sus labios para recibirlo. Un beso que mostraba el interés y deseo del mayor, el permiso y anhelo del menor. Se separaron, buscando aire, con sus parpados cerrados, temblando. La atracción que era evidente ya para ellos se estaba profundizando. No sólo era física, lo sintieron con sólo ese contacto. Abrieron sus ojos buscando el del compañero, sonriéndose.

—¿Su diagnóstico?—preguntó Saga sensualmente.

—Aprobado…

—Hasta mañana a la noche…

—Hasta mañana entonces…

Lo dejó en la puerta, sonriendo… se despidió con su corazón acelerado, feliz.

La última sonrisa que le vio…

Eso fue hace seis meses.

Aquella noche que Saga tomó la guardia, para tener el sábado libre; un accidente en la avenida había traído a varios heridos, dos de gravedad. Alarmado, Saga salió del consultorio con sus compañeros, buscando atender a los nuevos pacientes y palideciendo, cuando en una de las camillas vio a Shaka, con su cabeza llena de sangre, entubado. Se detuvo en medio de la escena. Se sintió desfallecer…

Shaka era llevado a cirugías de inmediato, el otro paciente sería atendido precisamente por él y al verlo… lo reconoció.

Aioria…

Se sintió burlado, se sintió herido… miles de preguntas venían a su mente, no podía razonar. Las enfermeras no le dieron tampoco tiempo, el paciente necesitaba su atención, Shaka ya había sido llevado lejos de su lado. Aunque vio a los dos compañeros de Shaka llegar y preguntar, no pudo quedarse y fue, a salvarle la vida a aquel que durante esos meses había lastimado al hombre que había aprendido a amar.

Fue curando sus heridas, cerrando, limpiando, enyesando las piernas fracturadas, aplicando sus conocimientos; al tiempo que su mente revoloteaba en miles de conjeturas. ¿Shaka lo habría engañado? ¿Acaso estaba jugando con él mientras seguía saliendo con Aioria? ¿Lo de tener ocupada la noche era por Aioria? Estaba desesperado… deseaba respuesta, deseaba buscar a Shaka y preguntar su estado, hablarle, pedirle explicaciones… ¡Necesitaba respuestas!

Pero no… sólo pudo conformarse con atender a aquel hasta dejarlo estable. Esperar por las noticias de los otros que atendían a Shaka y darle noticias al hermano mayor de su paciente, un hombre de piel tostada y cabellos castaños como él. Aioria tenía evidencias de estar bebido. El auto donde se estrellaron, chocó contra un camión en la intercomunal. El golpe fue mayormente recibido por el copiloto, Shaka. ¿Su estado? Era desconocido. Pero Saga seguía pensando en que hacía Shaka con Aioria…

—¡¡¡MALDITA SEA!!!—gruñó Mu, impotente, siendo tomado de hombros por el ibérico—EL MALDITO SÓLO TUVO UNOS RASGUÑOS Y UNAS FRACTURAS Y ¡¡¡SHAKA ESTA EN CUIDADOS INTENSIVOS!!!

—¿Qué paso?—se atrevió a preguntar, ya harto de armar conjeturas. De pensar, de desear no haber sido engañado. Shura decidió comentarle, ya sabiendo que entre él y Shaka existía algo más que una relación médico-paciente, aunque no estaba enterado de que era algo más intima.

—Bueno lo que sucedió fue…

Saga cerró puños impotentes. Saga odió su obligación ética. Saga deseó matarlo…

Aioria había ido a la universidad, enfurecido, buscando a Shaka y armando un escándalo, diciendo que le había sido infiel. Alguien le había comentado que lo habían visto con otra persona en el Centro Comercial y para Aioria, quien no terminaba de asumir que simplemente Shaka no quería seguir con él, eso era un acto de traición. Y al encontrarlo rodeado de un grupo de muchachos mientras hablaban de un proyecto de final de semestre, lo enfureció, tomándolo del brazo. Forcejearon y casi arrastra se lo llevó al auto, discutiendo ambos. Al ver el alboroto, Mu y Shura fueron tras ellos.

El auto fluctuaba por la carretera en plena noche, estaba lloviendo en la avenida. Por la luz que se reflejaba en los espejos podían ver de vez en vez a ambos discutiendo. De repente la velocidad aumentó. Shaka le enviaba mensajes a Mu para que llamaran a la policía o alguien que lo detuviera. Aioria estaba bebido, totalmente enloquecido. A Mu apenas le dio tiempo de llamar a la policía, cuando frente a sus ojos vio el carro desviarse directamente hacía el camión que pasaba. Ellos presenciaron el choque.

El auto chocó a un costado del camión, dio media vuelta y terminó con la parte posterior atravesada por el camión. Shura y Mu se detuvieron asustados ante lo que habían visto, corriendo para auxiliar. La cabeza de Shaka estaba llena de sangre, su lado del automóvil estaba golpeado al punto que la puerta había quedado sellada. Aioria, que aún estaba consciente, llamaba llorando a su acompañante, mostrando sólo leves heridas en la cabeza, salvado por el AirBag. La ambulancia y la policía llegaron, lograron sacar a Shaka destruyendo la puerta del copiloto. El conductor del camión se defendió diciendo que aquel auto simplemente se metió en su camino. Las huellas en la carretera daban evidencia de ello.

Fueron 5 horas de incertidumbre. Los médicos que atendían a Shaka no mencionaban nada. Saga intentó usar sus influencias para conocer noticias, pero nadie quería adelantar diagnostico. Drenaban sangre y agua de su cráneo, la contusión había sido severa. Sus demás heridas eran menores, pero la de la cabeza, era mortal. Dos golpes, uno en la frente, otro de costado al vidrio. Estaba inflamado, la intervención debió ser inmediata.

Para el amanecer, la noticia fue dada. Shaka estaba en coma. Los médicos hicieron lo que podían, dependía ahora del paciente y de cómo avanzara la herida craneal. El sábado que iban a salir, esa noche la pasó Saga con él en una habitación. Lloró.

Enfurecido… odió.

Odió al destino que quería arrebatárselo de los brazos…

Odió su ética que lo obligó a salvar la vida del culpable de su estado…

Odió a la vida que había decidido esa situación…

Y odiando fue hasta la habitación donde reposaba Aioria. Y harto con la injusticia, pensó en tomar justicia el mismo. Lo vio descansando, respirando tranquilamente, con esperanza de pararse de esa cama y seguir con su vida, mientras Shaka se batía entre la vida y la muerte, pendiendo en una cuerda floja, quien sabe por cuánto tiempo.

Una parte maligna que hasta entonces descubrió, le dio la idea. Una burbuja de aire en la vía intravenosa. Una muerte silenciosa, certera…

Tomó la inyección… La lleno de aire… 10ml… Suficientes…

Se acercó al paciente… Inyectó…

Vio con deseos asesinos a la burbuja descender por la vía, lentamente, mientras el suero se iba consumiendo. Ojos enrojecidos de dolor… ojos clamando una justicia personal, ya que la divina le pareció inapropiada… en la oscuridad su cabello lucía negro, sus ojos enrojecidos de llorar.

Y la burbuja de aire seguía bajando, dando vueltas en la primera curva, precipitándose.

Y Saga saboreaba de antemano el momento en que esa burbuja ingresará en el torrente sanguíneo, se dirigiera al corazón. El instante en que su corazón no reaccionara y activara el infarto. El justo segundo en que su cuerpo se contorsionara de dolor antes de que la máquina dictara su muerte…

Y Saga lloraba…

Y la burbuja bajaba, acercándose a la mariposa… acercándose para…

Shaka…

No pudo… antes de que la burbuja llegara, quitó la sonda y el suero cayó al suelo.

Si quito vida… no podré salvarte…

Le perdonó la vida…. Cambió el suero, lo dejó estable. Se fue…

De allí… fueron agónicas semanas…

Aioria se restableció, a la semana pudo salir con tranquilidad.

Shaka no despertaba…

Mu y Shura iban todas las semanas, se sentaban a su lado, le hablaban…

Y Shaka no despertaba…

Saga iba todos los días, verificando su estado, leyendo de nuevo sus estudios, aprendiendo de los estados de coma, de cómo ayudar, de casos donde las personas despertaron…

Y Shaka seguía durmiendo…

Pronto, Shura dejó de ir… Mu se resignó, saliendo una última vez con lágrimas en los ojos… despidiéndose. Como Shaka no tenía familia en el país, se quedó solo…

Y seguía durmiendo…

Ya sin tener a alguien que pagara los gastos, Saga hizo un convenio con la clínica, horas de servicios para que lo mantuvieran vivo…

Y seguía durmiendo…

Sólo él cuidaba y velaba de aquel, sólo él se encargaba de estar pendiente de las sondas, de los sueros, del estado de la máquina, bañarlo, vigilarlo.

Y su sueño se veía eterno…

Y en noches precisamente como esa, donde después de limpiarlo y arreglarlo Saga peinaba hebras doradas, lo llamaba con voz temblorosa, anhelando escuchar de nuevo esa voz melodiosa decir su nombre; entonces recordaba esos cuentos que se contaba de niños. La princesa que despertaba por un beso…

Un sueño como él de Shaka…

Y deseando que por una vez en su vida, la fantasía superaran la ciencia, el milagro los diagnósticos médicos; Saga besaba labios inmóviles… Saga le entregaba un ósculo suplicando vida.

Saga pedía que despierte…

Noche tras noches… semanas tras semanas… se cumplieron los seis meses… Besos tras besos que no rompían el hechizo… su amor sometido a un profundo sueño que lo llevaba a la muerte…

La clínica había dado el veredicto…

Y por eso… esa noche había ido tan tarde… luego de pensar… de meditar… de reprochar su suerte…

Y beso una vez más, con lágrimas amargas…

Y rogó, pegando su frente sobre la de él, dejando que sus lágrimas lo bañaran…

—Despierta Shaka… Despierta amor…

Pero el hechizo no se rompía…

Shaka seguía durmiendo…

Y al otro día las máquinas serían apagadas…

Sobre su escritorio, esperaba la nota para unas vacaciones. La clínica le regalaba dos meses para despejarse y superar lo que muchos de ellos reconocían como una gran pérdida…

Al otro día Shaka moriría…

Una hora se quedó acostado sobre él. Una hora llamándolo… Una hora suplicándole…

Shaka seguía durmiendo…

—Debes estar soñando algo muy hermoso—murmuró, resignado. Ya faltaba poco para el amanecer—. Me pregunto… si yo estaré en él…

Saga se levantó… delineó su rostro entre los dedos…

—Te amo… Duerme bien…

Saga besó con devoción… una última vez.

Saba besó como lo hizo esa única vez, frente al departamento. Ese día que pensó que nada le faltaba.

Saga besó ya no llorando, ni riendo…

Saga entregó su vida a través de sus labios…

Y se separó afligido…

Se llevó la bandeja, apagó la luz…

Cerró la puerta…

Y dos parpados se abrieron mostrando zafiros azules…

3 thoughts on “Bello Durmiente

  1. T____________________T
    no hay conti???
    necesariamente quiero saber que no lo desconectaron… que Saga regresó junto a él!! Que vivieron felices por siempre
    >.<
    suena como a cuento de hadas, pero merecen amar!!!
    Dioses!!!
    Creo que me quedaré con ese final uºu

  2. ahmmm… comenté en ssy? zD
    bueno, te pego el coemtn xDD
    belleza… belleza… angsteante total… desgarrador…

    ¡sabes que soy malísima para comentar!

    pero igual hago el intento…

    saga amando al rubio… maldito Aioria ¬¬ cpomo se aocrre violentar así a NUESTRO sahaka— lo busca y lo mata-

    y es que leí cada parte… la parte del veredicto OMG! Lo iban a desconectar… cada beso con el aliento de vida de Saga hizo que al fin el rubi abriese sus ojitos… ojalá radiantes de vida… ¡¡Yo quiero conti!! quiero seguir llorando –disminuye el ruido con sus manos, me excuchan–

    el amor todo lo puede… que mal que Shura y Mu abandonen a Shaka, pensando que ya no se podía hacer nada por él…

    pero igual hermoso y shockeante… sigo llorando-…

  3. Ok… estuve a punto de ponerme a llorar. Lo juro.

    No lo desconectaron, claro, además que daría lo mismo: Shaka está consciente, para alegría de Shura, Mu y, por supuesto, Saga, y supongo que podemos imaginarnos el panorama feliz para ambos.
    Por cierto, si mi memoria no falla, Aioria podría haber sido condenado por cuasidelito de homicidio.

    No suelen gustarme los AU… pero, acá están los mejores AU que he leído… Debo confesar que leí pensando en un ShakaxAioria (que tienes algunos excelentes, además que con tus fics, he descubierto que ellos me gustan más en un AU – y sé por qué, jajajaja!! dramas personales XD – al contrario de los ShakaxMu, que me gustan dentro del canon), pero, aunque no me gusta la dupla SagaxShaka… me encantó el fic.
    Se me alcanzaron a humedecer los ojos.

    Saludos!

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