Olvidemos…

Después de tres años sin verse, Saga va en busca de Shaka para arreglar los términos de su antigua relación, sin pensar que el reencuentro no sólo abriría viejas heridas sino que encendería un sentimiento enterrado

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Temas: Yaoi, lemon, romance, angst, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Kanon, Mu.
Resumen: Después de tres años sin verse, Saga va en busca de Shaka para arreglar los términos de su antigua relación, sin pensar que el reencuentro no sólo abriría viejas heridas sino que encendería un sentimiento enterrado
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: Pues… no me pregunten, no se de donde salió, pero se que estoy angst. A si, estaba pensando en una idea para el cumple de KArly y me vino esta, peor como era angst preferí usarla para el subforo ^^

Olvidemos…

Calles frías, vaporosas… las luces de la ciudad lo enviaban directamente a sus cavilaciones, mientras recorría las calles atestadas, veía los autos en el tráfico agitado de la noche, aire gélido, la neblina que nublaba su vista de la hermosa ciudad. Londres, la cuna donde él había ido a escapar, sólo llevándose su orgullo.

Saga caminaba por senderos antes no recorridos, cubierto por un espeso abrigo de pieles gris, siguiendo la dirección que le habían marcado antes de partir de Grecia a buscarlo. Habían pasado tres años y muchas, muchas cosas cambiaron en ese tiempo. El griego memoraba todo lo que había ocurrido, cuando en la universidad conoció a ambos jóvenes, ambos futuros artistas si se lo proponían. Él, siendo un cazatalentos no le costó descubrir el don de aquel joven de cabellos dorados para tocar el piano, y el de pintar para el joven de cabellos lavandas. Y muy a pesar que estudiaban ambos contaduría, el griego les había ofrecido fortuna con sus talentos.

Conoció a Shaka teniendo este apenas 18 años. Escucharlo tocar el piano del salón de música cuando hablaba con el director del centro para hacer una convocatoria de talentos, había sido suficiente para hacerle saber que ese muchacho era el indicado. Se le acercó con intereses profesionales, pronto eso cambio a un interés mayor. Se sintió atraído por él, Shaka correspondió el gesto y en una entrega llena de amor y sentimiento había tomado su preciada virginidad. Todo iba bien… todo estaba bien hasta que… hasta que Shaka le presentó a Mu.

Cruzó la avenida para irrumpir en un pequeño callejón apartado. El aviso fluorescente daba indicio de que había llegado al lugar. Un apartado restaurant, muy cómodo y reservado, ese era el lugar donde le dijeron que podrían ubicarlo. Entró, siendo recibido por jóvenes muy bien vestidos e invitado a tomar asiento. Desde la mesa que le entregaron, quitándose su abrigo y pidiendo un Martini, pudo verlo… Los años no habían logrado más que acentuar su belleza, el cabello dorado recogido en una gruesa trenza caía a un lado de sus hombros. Vestido de esmoquin, con sus parpados cerrados, tocaba hermosas tonadas en el gigantesco piano blanco en el centro del salón, alumbrando discretamente, mientras los comensales hacían uso de los servicios del restaurant. Las manos viajaban por las teclas del enorme instrumento, mordía sus labios sensualmente mientras la melodía era entonada. Sus dedos delgados y fuertes doblegaban el sonido con destreza, y no pudo evitar recordar él como esas mismas manos lo habían marcado esa noche que le prometió las estrellas, para luego estrellarlo contra el suelo… Memorar aquella noche que bebió de él sus primeros manjares, para luego dejarlo de lado, herido, humillado, derrotado…

Y allí estaba… seis años desde aquella vez, buscándolo luego de que había huido a la humillación segunda, al desprecio, la vergüenza y, de nuevo, la traición. Y allí estaba, deslumbrando a su alrededor, de nuevo con ese talento inexplorado seduciendo, viéndose hechizado por cada nota que interpretaba. Absorto, ante la melodía y la pasión que replegaba con cada toque… el cómo se entregaba a la música.

—Shaka, lamento mucho esto pero, ¡en el corazón no se manda!­—su explicación, sencilla, natural, certera, aquella noche que Shaka los había encontrado a ambos saliendo del apartamento del mayor. Mu lo miró con ojos enrojecidos, arrepentidos.

—No hay nada que reclamar—respondió el rubio, respirando profundo, conteniéndose. Acto seguido, dibujó una sonrisa triste, vacía—. Afortunadamente, lo nuestro no había llegado a ser algo serio—falacias… mentiras… el engaño que él mismo se creó para no sentirse tan lastimado. Claro que para él había sido serio, para él Saga había sido lo que buscaba… Saga a quien le entregó su preciada virginidad—. ¡Qué sean felices!

Y el griego lo vio partir sin remordimientos. Le dolió, quizás sí, pero sentía que estaba haciendo lo correcto. No pudo evitar caer bajos los encantos del ariano del signo de fuego. No pudo evitar serle infiel semanas después de haberle entregado todo…

Shaka siguió caminando con su vida. Mu siguió siendo su amigo. Incluso, Mu a veces le llegaba diciendo los pormenores de su relación, las a veces discusiones y Shaka, con ese gesto condesciende, le ayudaba y aconsejaba. Nadie, ninguno de ellos, lo veía en las tardes en la universidad, tocando enfurecido, como si buscara destajar con la música el dolor de su corazón, la humillación… la traición.

Tal como hacía esa noche, luego de tres años de su último golpe al orgullo. La tercera pieza que le oía en la noche resonaba con fuerza y vigor. A pesar del aire acondicionado, el sudor corría por su frente, mientras su rostro plasmaba fielmente los sentimientos que sentía al tocar cada melodía. Dolor en los momentos más lentos; rabia, ira, desesperación en las de mayor tempo, su música incitaba a la reflexión a la historia de un ave herida que cantaba en el ocaso de su vida. Y los aplausos inundaban el lugar mientras terminaba una pieza. Y Shaka empezaba la siguiente presa de un hechizo que buscaba escape. El escape en lo único que era suyo y sabía, o al menos confiaba, que no lo traicionaría.

Saga seguía observándolo, viendo su reloj, esperando la hora de salida. Los cubos de hielo chocaron al derretirse un poco, acomodándose en el espacio del cristal. El griego veía angustiado toda el aura de dolor que aún se podía olfatear en él. Camus había tenido razón. Debía arreglar lo sucedido. Era hora de dejar el pasado atrás. A él le costó hacerlo pero lo había superado. Shaka aún seguía aferrado a él.

Y es que el destino, no contento con haberlo golpeado con su propia traición, cruzó a su hermano y a él en otro torbellino que termino embaucándolo… a los cuatro. El día que Mu le dijo que Saga le había pedido formalizar, lo invitó a él para que fuera el padrino de la ceremonia. Habría podido pasar un año, pero la herida estaba allí, latente. Aún así, Shaka haciendo acopio de su fortaleza, les sonrió y les deseó la mejor de las suertes. Al menos, no quería que Mu pasara por lo que él pasó. Y el griego para su padrino había escogido a su propio hermano gemelo, que regresó de su trabajo en la marina precisamente para tal momento. En la cena donde se formalizaron el compromiso, Shaka y Kanon se encontraron.

Su relación fue vertiginosa. Kanon encantado ante la belleza de Shaka empezó a buscarlo. El rubio buscaba huirle. Y por gracioso que le sonare, Saga empezó a sentir celos al ver a su hermano acercarse tanto a aquel que había estado primero con él. Pero tenía al lado a Mu. ¿Por qué le incomodaba? No sabía decirlo en el momento, pero cuando en una de las reuniones los vio besándose, algo brotó dentro de él. ¿Qué fue? Muy tarde se había dado cuenta, que lo que sintió alguna vez por Shaka seguía latiendo y que aunque prefirió el fuego de Mu en la cama, no había podido dejar de pensar en la entrega y seguridad que significaron para él los brazos del pianista. Y ahora esas manos tocarían otras tierras, esos dedos compondría nueva música en otras gargantas y él, presa de la excitación, jadearía el nombre de otro…

¿Tenía derecho de recriminarlo? No… se había dado cuenta muy tarde, demasiado tarde. El compromiso con Mu estaba en pie, a los pocos meses Kanon logró encontrar el espacio para llegar al rubio. A los pocos meses su relación comenzó.

—¡Estoy feliz!—le sonrió su gemelo menor con dulzura, mostrándole la carta con la que pidió su asentamiento oficial en Athenas, para no seguir viajando, para no dejar a Shaka solo—. No he podido acostarme con él aún pero… ¡¡DIOSES!! ¡¡Como besa!!

Y claro que lo conocía… conocía ese beso que empezaba tímido, buscando acostumbrarse, entregándose hasta convertirse en un verdadero terremoto capaz de sacudir sus bases. Y lo añoraba… añoraba de nuevo uno de esos besos. Por ello… y aludiendo que había tenido problemas con su empleo y las cosas estaban inseguras, Saga canceló los planes de bodas hasta cuadrar bien lo que sentía. ¿Era Mu a quien amaba? ¿O era Shaka? El tibetano con la tranquilidad y complicidad le hacía sentir en un completo estado de efervescencia, de aventura, de mutismo. Pero Shaka con su seguridad y serenidad era capaz de calmar las turbulentas aguas que él representaba.

Fueron meses, meses de meditaciones mientras la relación de Kanon y Shaka se fortalecía, meses donde el menor se dio cuenta de los sentimientos de su hermano mayor y no dispuesto a perder, decidió atar a Shaka, atarlo con lo que sabía lo haría sin remedio. Y aquella noche que Saga por fin comprendió que a quien amaba era a Shaka, de una forma profunda, de una forma irrevocable; el menor presentó los aros frente al rubio. Aún recuerda esa llamada…

—Ey Saga, ¡ahora no puedo atenderte!—el mayor iba a replicar algo cuando escuchó la voz de Shaka al otro lado del teléfono—. ¡Shaka no hagas eso!—la risilla del rubio estremeció por completo al mayor, sintiendo un mortal espadazo en el pecho—. ¡hmmmm! Shaka, espérame en la cama, ¡ya voy!—las lágrimas se agolparon en las esmeraldas del dueño de la estrella de Polux, agobiado… derrotado—. Oye Saga, ¡¡hoy sí!! Hoy es la noche así que, ¿porque no hablamos mañana?

Sin decir nada, cortó la llamada, recostándose en el postal de luz de la plaza, con sus esmeraldas en el cielo. Lloró… lloró al saberlo perdido. Si Shaka ya estaba dispuesto a entregarse era bien sabido por él que era lo que indicaba que para el joven rubio, las cosas iban en serio. No había vuelta atrás… esa noche Shaka se le entregó a Kanon en cuerpo y alma… Esa noche Saga no durmió. Se reprochó, mil y una vez, el haberlo abandonado. Y a los meses, fue él y Mu quienes sirvieron de testigos para la unión de Shaka y Kanon. Ver al rubio tan sonriente y relajado le robaba el aliento al griego que por primera vez en sus largos años, había envidiado el lugar de su hermano. Esa noche, Shaka le tocó a su ahora esposo una melodía que el mismo había compuesto. Esa noche, fue legalmente suyo. Saga entonces decidió irse a viajar, con Mu, para olvidar, para enamorarse de su ahora pareja… para seguir con su vida. Todo eso ocurrió hace cinco años.

Y esa noche que lo veía tocando, luego de la quinta pieza. Los zafiros por fin se abrieron en la penumbra del local, buscando con su mirada aquella que no lo había abandonado por más de dos horas. Buscándolo, en medio de los aplausos, cruzó las dos esmeraldas que lo observaban. Zafiros inquebrantables, esmeraldas viéndolo con adoración y arrepentimiento. Respirando profundo, el pianista desvió su mirada, cerró sus parpados y empezó a tocar una melodía no dispuesta en ningunos de los programas y la cual no había tocado en años… la que le había compuesto a Kanon. Saga quedó mortalmente herido por ese gesto.

Año  y medio había durado afuera. Año y medio en el que pensó había logrado su cometido. El tiempo que pasaba con Mu no tenía perdida, era valioso y sentía que el joven de cabellos lavandas pronto llenaba cada área de su vida. Su hermano entre tanto siempre le hablaba feliz de su relación con Shaka, de lo bien que le había ido en su matrimonio. Que el rubio avanzaba en sus estudios y seguía tocando piano, por mero placer. Incluso que de aniversario le había regalado un hermoso piano negro de cola para adornar el centro de la sala.

Todo parecía que había tomado su curso. Saga creyó que las cosas ocuparon su lugar y que era hora, también, de formalizar con Mu. Así que regresó a su tierra, dispuesto a tomar el paso, pidiéndoles a ellos que tal como lo habían planeado al principio, fueran sus padrinos. Su hermano lo fue a buscar al aeropuerto, los recibió complacido, invitándolos a la casa que estaba decorada exquisitamente al gusto del hindú. Se sentaron en el comedor, Kanon les sirvió unos dulces caseros que Shaka había hecho en la noche anterior para ofrecerlos, y entre comentarios de cómo les había ido en su extenso viaje, Shaka llegó de la universidad. Saga quedó sin aliento.

Sólo fue necesario verlo de nuevo frente a él para que toda seguridad recayera. Sólo fue necesario ver esa tierna sonrisa sincera para que el griego reconsiderara su decisión.

No había quedado en el pasado…

Shaka se había tatuado con sangre en su pecho. Shaka se había convertido en su amor platónico, aquel objeto preciado que ya le pertenecía a otro, a otro de la misma sangre, la misma carne, su hermano menor…

Aún lo amaba…

Y bajando esmeraldas evitó todo contacto con esos fulgentes zafiros que lo partían en dos. Y lamentándose por dentro, escuchó de nuevo la melodía que Shaka le dedicó a su marido en la boda. Lo vio sonreír, feliz, lejos de él, en otros brazos, en otra cama, porque así él lo quiso. Y terminó resignándose… de nada valía combatir contra ello. Shaka era feliz con su hermano, Kanon era feliz con Shaka, él simplemente debía desearle éxitos y seguir su vida, con Mu…

Seguro de ello siguió con los planes de casarse.

—Entonces, ¿Estás decidido?—le preguntó su hermano esa noche, compartiendo una copa de vino.

—Sí, estoy seguro—le dijo mirando el cielo.

—Eso quiere decir que lo amas, ¿no?—indagó el menor, con ojos fijos.

—Claro, lo amo, Kanon—respondió, confiando que eso al repetirlo tantas veces se convertiría en realidad.

—¡¡Me alegro mucho!! ¡No hay nada mejor que estar con quien quieres!

—Kanon… y Shaka… ¿Shaka era virgen?—si, se sentía la peor persona del mundo pero necesitaba, necesitaba saber que le habría dicho Shaka al respecto.

—Mmm… pues no. ¡Y no me quiso decir tampoco quien lo estrenó!—se rió divertido—. ¿Tampoco importa cierto? ¡Quién quiera que haya sido le enseñó muy bien! Lo pasé de maravilla…—le dijo, guiñando el ojo y dándole un codazo. Saga dibujó una mueca que quiso llamar sonrisa.

—¡Mu tampoco era virgen!

Dejó de lado el dolor… quiso compartir con su hermano, de esa forma cómplice como solían hacerlo antes. Y se sorprendió al enterarse de cosas que Shaka hacía para atraparlo, desconociendo al que recordaba como el joven tímido en la cama, convertido en todo un arsenal de armas de seducción. Pudo haber sido él quien disfrutara de su crecimiento, de su entrega abnegada… pudo ser él, pero desaprovechó su oportunidad. Aún así… aún así, seguía en pie los planes con Mu. Y compartiendo entre los cuatro iban armando la nueva boda. Sin saber, que las cosas se complicarían aún más.

Y en medio de la pieza que Shaka tocaba, memorando esa noche que se unió al gemelo menor, Saga dejaba caer lágrimas frustradas. Lágrimas que dada a la iluminación pasaban desapercibidas, resoplando una huella de aliento en el frió del local, quebrado por dentro, viéndolo quebrado a él. Y Shaka tocaba con pasión y dolor; y Saga recordaba con angustia esos meses, horribles meses, donde todo se volvió un caldo de confusiones que terminaron con lastimarlos a todos al mismo tiempo.

Recordó aquella tarde que Kanon le avisó que estaba con Mu arreglando lo del traje para el nuevo y que Shaka necesitaba que lo pasaran buscando. Gustoso aceptó el encargo y lo acompañó, notando el tenso silencio del menor. Lo sentía, sentía esa atmosfera nerviosa que no sabía de qué manera describir. Al llegar al apartamento lo notó, notó que había algo, algo que se negaba a salir a flote y no… no podía quedarse con la duda. Por eso, al estar a solas en la casa, se arriesgó, embaucándolo y besándolo a la fuerza.

Labios que buscaban la apertura en el otro. Lengua que intentaba abrirse el espacio. Manos que eran inmovilizadas por las otras, cubriendo el cuerpo contra la pared, abriéndole las piernas con la suya, con ánimos de hacerse sentir, que él estaba allí, que le deseaba… que lo amaba. Esperanzado con encontrar que ese algo que había sentido era cierto. Y Shaka guerreaba por zafarse, casi sin aire, mientras esos labios cada vez le arrebataban la consciencia. Y Saga ardiendo de anhelos lo arrinconaba más, le hacía sentir el fuego que había almacenado sólo pensando en él, olvidándose de Mu, haciendo que Shaka olvidara a su hermano…

Obligándolo… a corresponderle…

Y memorando eso, también evocó la lágrima frustrada que salió de los zafiros. Lo que lo hizo regresar a la realidad, recordar que Shaka estaba casado, que él iba a hacer lo mismo con Mu.

—¿Qué crees que haces?—sus palabras quebradas, su voz convertida en un hilo de notas moribundas—. Mu no se lo merece…—sentenció, alejándose—. Vete Saga… vete…

—¡¡TE AMO!!

—¡¡YO AMO A KANON!!—sus ojos enfurecidos… su mirada iracunda… su férrea decisión— Y no pienso dejarlo… ¡NO POR TI!

—Shaka…

—Olvídalo… Esto… esto no debió pasar—sentenció—. Ya me destruiste una vez—acusó con rostro serio—. ¡No dejaré que también destruyas esto por lo que he trabajado por tanto tiempo!

—Shaka, yo… yo me equivoque… Yo de verdad quiero.

—¡No me interesa! ¡No me interesan ningunas de tus razones!—cerró toda posibilidad—. Yo no te amo, Saga—clavó el puñal en el corazón—. Y me arrepiento que no haya sido tu hermano a quien le entregué mi virginidad—destruyendo a su paso… devastando…

Y así había quedado todo claro. Saga tuvo que bajar las manos, tragarse su sentimiento. Porque todo había quedado sentenciado desde el día que le dijo esas palabras, palabras que eran certeras aún en ese momento. ¿Quién podía con el corazón que necio jugaba con ellos? Y así lo había terminando asimilando, resignándose que su vida sería lejos de Shaka, que Kanon había ganado su corazón… que él lo prefería… Y así lo recordaba esa noche mientras lo veía apasionado en el piano, tocando con todas sus fuerzas, mordiendo sus labios, despedazando las notas al paso de sus falanges rítmicas.

Y lágrimas brotaban de esmeraldas destrozadas.

Y sudor corría de una frente fruncida.

Y sin poderlo detener sus corazones conectados palpitaban al mismo ritmo, aún sangrando heridas pasadas de las que uno quiso escapar, de las que el otro quería enfrentar de una vez. Aún doliera el tratamiento, era necesario desinfectar para sanar.

¿Y cómo imaginar que no sólo era Saga quien se debatía por el amor de Shaka? ¿Cómo imaginar que la cercanía de Mu y Kanon creó algo prohibido? Que al tiempo que Saga volvía a alejarse de Shaka, Shaka era abandonado poco a poco por su hermano, que igual que él, se estaba viendo seducido por el fuego del ariano. Que se cansó de la estabilidad, que buscaba aventura, que buscaba la fuerza y el temperamento de Aries, rechazando los brazos dulces de la virgen. Y nadie lo sabía, y el vals de las traiciones seguían escudándose en sonrisas falsas, en muecas de falacias que intentaban crear un baile de mascara. Mientras el dragón se enredaba con el cordero, mientras la dualidad lloraba por la frialdad de la virgen, y ella, esperanzada, esperaba a veces las noches que su dueño no llegaba, haciéndose mil conjeturas, encegueciéndose ante lo evidente.

Y Shaka veía frustrado a Kanon escurriéndose de sus manos.

Y Saga iba resignado camino a una alianza que no deseaba.

Y Kanon junto a Mu jugaban a las escondidas.

Pero el juego no permaneció por mucho tiempo escondido… La burbuja que sostuvo a Virgo se desboronó, la atadura de Géminis cayó y las heridas… las heridas fueron marcadas con fuego.

Y de la misma forma que la melodía que tocaba acabó bruscamente, luego de arpegios veloces hasta la octava nota, cayendo sus dedos hasta la última tecla del órgano; de esa misma forma cayeron, al mismo tiempo que las notas del pentagrama, los sueños y las meta de Shaka. De la misma forma fue lanzado al abismo, ese día que cumplía el tercer aniversario, semanas antes del arreglado matrimonio…

Esa noche que buscando arreglar lo que ya sentí perdido preparó una hermosa cena en su apartamento, compuso una canción, lo esperó ilusionado de volverlo a ver, luego de dejarlo ir con montones de Te Amo marcados en el cuello. Esa noche Mu le confesó la verdad a quien iba a ser su futuro esposo. Saga se dio cuenta del engaño y no… no se sintió dolido por él ya que él mismo había sentido que le había sido infiel al amar a Shaka y fingir, que nada pasaba para buscar, de alguna forma, la felicidad. Se sintió resentido por Shaka, porque de nuevo saborearía la traición en manos de quien consideró su mejor amigo, de manos de quien le había entregado la vida. Pero, ¿esta no sería su oportunidad? Si tal como decía Mu, Kanon pondría todo sobre la mesa esa noche, Shaka quedaría libre del compromiso y él, él tendría oportunidad de acercarse a él… él…

¿Pero a qué precio?

No pudo evitar pensarlo… pensar el precio que habría de pagar por tener una oportunidad con Shaka. El ver de nuevo quizás esa sonrisa fingida que le dedicó cuando descubrió que le habían engañado con Mu años atrás. El pensar que podrían destrozarlo. Pero quizás y sólo quizás, era parte del destino que las cosas terminaran así…

Con la tragedia…

La pieza había acabado. Los aplausos de todos los comensales atestiguaban que esa había sido, en exceso, la mejor presentación hecha en muchas noches. Saga seguía observándolo, secando de nueva cuenta una lágrima, con esmeraldas contraídas de dolor, observándolo abandonar el lugar, con una leve inclinación sin levantar su rostro. Y al final, antes de desaparecer, devolverse y dibujar esa… esa maldita sonrisa vacía.

Porque lo destrozamos….

Para alguien que buscaba la seguridad y tranquilidad de un amor, para alguien que se entregaba sin reserva y amaba, por sobre todas las cosas, la confianza en una relación; dos traiciones habían sido suficiente para marcarlo, quizás para siempre.

Shaka estaba marcado con fuego…

Resignado a no entregarse a nadie más. Eso fue lo que Camus le dijo antes de irse de Grecia. Eso fue lo que lo hizo ir a buscarlo, luego de tres largos años de ese horrible episodio.

Esa noche…

A la primera persona a quien llamaron fue precisamente a Saga. Atolondrado, antes de ir al hospital fue en busca de Shaka. Lo único que pensaba era en como lo tomaría cuando se enterara de los detalles. Llegó en cuanto pudo a su apartamento. Al no sentir mayor ruido, temió y tiró la puerta luego de dos embestidas con su cuerpo.

Y lo encontró…

Parado frente al piano, el teléfono en sus manos, zafiros destrozados… las velas consumidas, la cena fría, el corazón hecho pedazos. Espejos de cielo tormentosos que lo observaron, rostro enrojecido conteniendo lágrimas. Saga cerró puños de impotencia… Saga maldijo el destino…

—Dime… que no es lo que creo…

Palabras suficientes para desarmarlo.

—Dime Saga… dime que no es lo que creo…

El deseo de ser engañado, antes de enfrentarse a la cruenta verdad.

Pero no había lugar para mentiras, las cosas habían quedado claras. Shaka vino a recibir un golpe a la realidad tan abrumador que no sería capaz de levantarse de él en un buen tiempo. El accidente había sido mortal. El camionero se quedó dormido, el camión se salió de camino, chocaron de frente, cuando iban saliendo del motel.

No había lugar a conjeturas…

Y Shaka recibió las pertenencias de Kanon en la morgue. Recibió entre ellas la carta donde estaba los papeles de divorció que él le pediría esa noche. Kanon pensaba que era Mu la persona con quien debía estar. Y cuando el corazón decide, las heridas que puedan crear en los demás parece no ser impedimento para continuar. Al final, Kanon se fue con Mu, con quien amaba en ese momento, se fueron juntos con la muerte que los cazó al mismo tiempo.

Y el esposo recibió pésames ficticio, encerrado en una burbuja de desolación. Totalmente inerte, sin lágrimas, sin expresión. Parpados cerrados, una leve inclinación. El porte orgulloso con el que sobrellevaba a las habladurías de todos los que en el lugar sabían las circunstancias en la que había perecido su esposo y en compañía de quien. Y entre ese ambiente fúnebre donde él perdió a su hermano menor, a quien había sido su pareja; Saga sólo podía pensar que Shaka agonizaba encerrado en sí mismo. Acercarse no era una opción. Para quien los viera de seguro hubiera pensado que lo común es que hermano y cuñado hubieran buscado consolarse entre ellos, pero más bien existía un profundo quiebre.

El quiebre que aún perduraba…

Antes de marcharse, antes de enterrarlo, Shaka entregó su aro y lo colocó en la urna de Mu, donde según él, correspondía.

Y mientras los féretros eran enterrados, un vuelo se ejecutaba llevándose una alma herida buscando huir del dolor y la vergüenza. De la traición…

No hubo tiempo de despedida. Saga lo dejó marchar confiando en que el tiempo sanaría heridas. Que luego podrían hablar, asentar las cosas.

Pero ese momento nunca llegó.

Esperó meses, largos meses que se fueron escurriendo en los calendarios, hasta convertirse en años, hasta ese momento… justo ese momento que ahora esperaba afuera del restaurant, mientras la nieve caía y frotaba sus manos para conseguir calor. Veía caer los copos lentamente sobre él, recordaba que desesperado y animado por las palabras de Camus, buscó la manera de ubicarlo. Consiguió su dirección en Londres, le envió varias cartas que no fueron respondidas, y ahora estaba allí, esperando que saliera, a medianoche.

Y por fin lo vio.

Luego de una hora después que había terminado la presentación, lo vio salir con un grueso abrigo de pieles marrón, un gorro que sólo dejaba ver el flequillo, sus manos en los bolsillos, su cabeza mirando sus propios pasos, exhalando aire caliente que se convertía en niebla. El griego se separó de la pared para enfrentarlo, poniéndose en medio de su camino, provocando que zafiros vacíos lo observasen.

—Shaka…

—Saga…—lo miró sólo un momento antes de poner su mirada en un punto muerto—. A que has venido… no hay nada que…

—Vine a verte. Necesitaba verte.

—Pierdes el tiempo—sentenció, buscando camino para irse, antes de ser tomado en el antebrazo por el mayor—. Déjame ir, Saga.

—¡No más…! te dejé ir hace seis años, ¡ya no más!

—No quiero hablar del pasado.

—Es necesario.

—Para seguir con mi vida, no, no lo es—acotó mirándolo con ojos decididos.

—Sé que cometí muchos errores en el pasado. ¡Que fui un idiota! Y que… que yo fui el primero en herirte de muerte… que yo…

—Ciertamente entre tú y tu hermano me mataron, hace tres años. Uno dio el primer golpe, el otro la estocada—espetó con sarcasmo, soltándose del agarre—. Pero hay algo después de la muerte, Saga—dijo irónico, con una de esas sonrisas frías—, la existencia vasta y vacía hasta que este cascarón dejé de respirar. No te preocupes, he estado muy bien, a pesar de todo.

—Shaka…

—No necesito de ti, ni de nadie. Puedes irte y dejarme en paz.

—¡No me iré!—se adelantó, poniéndose frente a él—. No me iré de nuevo, esta vez no Shaka. ¡Ya ha sido suficiente!

Los dos se miraron en la calle llena de nieve, mientras los copos caían. Los zafiros azules veían potentes a las esmeraldas, demostrando que no daría sus brazos a torcer. Un copo que cayó sobe la mejilla del menor, derritiéndose en el sonrojo del frío. Los labios delgados y morados titiritando por el ambiente. Saga observaba y deseaba, deseaba darle calor a ese corazón y cuerpo que había quedado solo, de nuevo. Dio un nuevo paso, acercándose y cuando sintió que Shaka daría media vuelta para tomar otro camino, lo tomó del antebrazo para hacerlo devolver y pegarse a él.

—¡Basta ya, Saga! ¡Déjame en paz!

—No puedo…—soltó brazos, para cubrir en un abrazo asfixiante sin dejarle tiempo a reprochar.

El menor buscaba la forma de salir de los brazos y escapar, escapar de ese calor que le dolía a lo hondo, que era como alcohol a su herida. Pero no queriendo dar tregua, Saga logró la forma de colocarlo contra la pared, inmovilizar sus manos, besar los labios fríos.

Beso que derretía el hielo. Beso que quebraba argumentos. Beso que avivaba una llama perdida. Beso que dejaron inmóviles brazos, que despertó lengua. Beso que quebró peñas, lanzó lágrimas. Beso que ató de nuevo, que dio esperanza…

Beso largo… beso húmedo… beso caliente… beso eterno… beso de sanidad… beso de perdones… beso de recuerdos… beso de sabores… beso de alientos calientes… beso de vida…

Beso de comienzos…

Y la nieve seguía cayendo… y los copos cubrían el gorro marrón, la cabellera azul tiesa por las temperaturas. Y el rubio seguía en esos brazos, inmóviles, con su cabeza agachada, sus ojos quebrados, en silencio; mientras el griego respiraba en su oído, sin darle espacio a moverse, sin darle espacio a escapar.

—Kanon y Mu…—el menor se estremeció al escuchar los nombres, tragando fuerte—, fueron más valientes que nosotros dos… Cuando Mu me lo dijo yo… yo pensé que era una escusa para, para justificar su traición. Cuando me dijo que tú aún sentías algo por mí… que era evidente… yo me negué a creerlo pero… al recordar, lo que pasó esa tarde… el cómo reaccionaste…

—Yo amé a tu hermano. Yo amé a Kanon… sinceramente…

—Pero no cómo me amaste a mí.

—No se puede amar de la misma forma dos veces, Saga—el mayor tragó grueso, conteniendo lágrimas.

—Tienes razón… no sé puede… yo no pude… yo me equivoqué…—suspiró en el cuello de marfil—. Al final, nosotros los arrojamos a unirse… yo por no amarlo, y tú… tú por no amarlo como él quería.

—Pero aún así, yo le fui fiel…

—Para ti eso era suficiente, quizás… mi hermano se dio cuenta que te negabas a quedarte a solas conmigo, que te negabas a mantenerme la mirada. Se dio cuenta y yo, como idiota, pensé que era porque aún estabas herido y… ¡dioses! Se dio cuenta de lo que yo aún sentía por ti, lo que tú aún sentías por mí… Y entre ellos… entre ellos mitigaron nuestros engaños. Dime Shaka… ¿por qué me rechazaste si sentías lo mismo?

—¿Aún lo preguntas? Te lo dije ese mismo día. Porque amaba a Kanon. No sería la misma pasión que llegué a sentir por ti, pero lo amaba, amaba su seguridad, amaba su sonrisa, amaba sus bromas con las que me despertaba, amaba los sobrenombres idiotas que me ponía—frente hindú que cae sobre el abrigo de pieles, lágrimas que caen enterrándose en el hielo—. Y aún… aún a pesar que sentía cosas que no debía por ti, preferí, mil veces, su seguridad, su compañía… ¡¡La prefiero aún!!—el abrazo que se afianza—. Pero de nuevo perdí… de nuevo no fui suficiente… de nuevo faltó algo que llenar…—buscó separarse—. De nuevo yo…—manos que sostuvieron su mandíbula, que levantaron la vista a los zafiros—, yo fui dejado de lado…—labios que besaron, dedos que secaron lágrimas.

Besos que buscaban el perdón… besos que anhelaba un nuevo comienzo…

—Yo fui el idiota—besó de nuevo con ternura—, el idiota que se dejó confundir—besó de nuevo labios temblorosos—, que no te valoró sino hasta que te vi brillar en brazos de otros. Pero ya no quiero… ya no quiero perder más tiempo… ya no quiero estar más separado de ti, Shaka.

Las frentes que se apegaban. Los labios que se buscaban, uno tímidos y aún escurridizos, otros valientes y cazadores.

—No te imaginas como sufría pensando que mi hermano podía verte en tu total brillo. Podía disfrutar de tus sonrisas, que por encima de lo que sentías lo preferías a él. Imaginar las noches que te le entregabas, el cómo te esforzabas para complacerlo… Pero lo merecí… lo merecí porque yo mismo te dejé ir… yo mismo te solté…—Manos que buscaban la atención. Esmeraldas que clamaban, zafiros que escuchaban—. Quiero… quiero que nos demos una nueva oportunidad…

—Saga…

—Sé que ellos hubieran querido que también nosotros fuéramos felices… Sé que ellos nos comprenderían…

—No esperes que con sólo venir a decirme todo esto, a besarme, a…—una sonrisa tierna, una mirada comprensiva de color esmeralda—… a buscarme… no esperes que con todo esto yo…

—Lo sé… pero… olvidémoslo… todo el pasado… te ayudaré a que lo olvidemos… que las cosas serán diferentes. Sólo dame la oportunidad Shaka, de demostrarte… demostrarte que te amo… que de verdad te amo…

—No lo digas…

—Shaka…

—Ya dos veces me entregue por esas mismas palabras.

El silencio turbio…

La nieve que caía… el agarre que cedía…

El rubio liberado de los fuertes brazos resintió la lejanía.

El griego golpeado por las últimas palabras buscaba una forma de sujetar la vana esperanza de que podría, podría estar a su lado.

—Perdóname… a mí… a él…

—Ya lo hice.

—Olvida entonces…

—Las cosas no se olvidan, Saga. Las cosas dejan de doler. Ojala los corazones fueran como la nieve… que borra las huellas. Pero no… somos como la tierra, que dejamos marcado el paso el tiempo, a tal punto que miles de años después se puede saber hasta el clima que sufrió en determinado momento.

—Entonces… déjame dejar una nueva huella—zafiros y esmeraldas encontradas—. Déjame marcar una era en tu vida. Que cuando alguien vaya a buscar algo en Shaka puedan decir, aquí lloró, pero aquí sonrió. Déjame hacerlo…

La nieve como manto blanco los cubría. El frío inclemente los golpeaba. Las ansías de brazos queriendo ser llenados. Shaka ya quería salir de su invierno. Shaka ya quería terminar la era de hielo en su vida. Shaka quería recordar lo que era la primavera. Quería revivir, revitalizarse, sonreír como antes hacía.

Saga buscó acercarse. Pasos temblorosos quedaron grabados en la nieve para luego ser cubierto por una nueva capa. Brazos se abrieron buscando de nuevo el contacto. Y Shaka lo veía acercarse… y Shaka deseaba correr y aceptarlo… pero tenía miedo… miedo de volver a ser herido… miedo a sufrir de nuevo. Y los brazos se cerraron a su alrededor. Y el rubio no respondió el gesto. Saga estaba inmerso en la desesperación.

Miedo… miedo a ser herido…

Los corazones latían rápidamente… memoraba las cartas que luego de ser leídas eran quemadas, lágrimas de nuevo clamaban por recorrer sus mejillas entumecidas.

Amar… amar era de nuevo volverse vulnerable…

Pero no era ese, acaso, ¿el precio?

Amar hipotecando la seguridad, el bienestar. Amar empeñando el corazón, colocándolo en manos de otros, que bien pudiera destruirlo.

Amar confiando su vida a otro… amar esperando ser correspondido… amar ansiando la devolución igual, anhelando que en sus manos recibiera igual a ese corazón que cuidaría con su alma, esas pertenencias que protegería con su vida.

¿No era ese el amor?

El amor que cura heridas que no puede la ciencia.

El amor que para ser saboreado debe ser bebido con lágrimas…

El amor que se ahoga en profundidades de memorias y resurge, cuán fénix.

El amor que no sólo es dominado por el corazón, ni por lo que se siente…

El amor que razona, el amor que recuerda, el amor que gime y sonríe al perdonar, aunque aún broten lágrimas.

El amor que abre brazos sabiendo que se está atando a espinas.

El amor que entrega el alma sin garantías…

¿No era ese el amor?

Y como la oruga, que tiene que decidir si debe hacer el esfuerzo doloroso de salir del capullo, o quedarse encerrada en su cómoda estancia, Shaka debatía entre dos vertientes. Podría seguir en su vacía existencia, trabajando, tocando, viviendo el día a día que se quema y cae como nieve sin huella alguna. O arriesgarse, abrir las alas, hacer un esfuerzo por volar, esperando que el viento no sea demasiado fuerte como para azotarla.

Existir o vivir…

Y tímidas manos subieron. Y brazos temblorosos compartieron el abrazo, saborearon el calor ajeno. Recordó la reconfortante compañía. Anheló más de ello.

—Intentémoslo…

La mariposa ha decidido salir del capullo…

Quizás ha llegado la primavera.

6 thoughts on “Olvidemos…

  1. T_______________________T demasiado angst ¿puede la vida ser tan cruel? si, pero dios T__T mis nenes lindos cuanto dolor. Una historia en que el frío representa bien el escenario, me dio un triste frio leer esto, es una pena demasiado grande las que le toco superar. Me gusto la metafora del capullo, del vivir o existit, precioso remate pero T________________T me pusiste angst!!!!

  2. Y lo vuelvo a leer…
    Y me vuelves a poner triste.
    Y es que esos gemelos fueron lo peor!!
    T_________________T

    Nya!! Pobre mi Shakita *^* no merecía eso!!
    Del otro ya no comento ¬¬

    Maraviloso…

    El amor que cura heridas que no puede la ciencia.

    El amor que para ser saboreado debe ser bebido con lágrimas…

    El amor que se ahoga en profundidades de memorias y resurge, cuán fénix.

    El amor que no sólo es dominado por el corazón, ni por lo que se siente…

    El amor que razona, el amor que recuerda, el amor que gime y sonríe al perdonar, aunque aún broten lágrimas.

    El amor que abre brazos sabiendo que se está atando a espinas.

    El amor que entrega el alma sin garantías…

    ¿No era ese el amor?

    DIOSES!! De dónde sacas tantas hermosas palabras??

    Realmente te admiro *^* Gracias Angui por compartir tus trabajos >.<

    Te quiero!!!

  3. Cuánto dolor en esta historia… y echándole más sal a la herida… hasta a mí me duele… al final, ¿qué no es la vida y el amor sino un constante arriesgue? ya lo he leído un par de veces más, escribes de maravilla

  4. Este fic es especial para mi por muchas razones, lo escribi en un momento donde necesitaba afrontar algunas cosas, es dificil cuando se ama y se es herido, es dificil, peor en la vida es una constante apuesta de posibilidades donde se puede ganar o perder, el límite de la experiencia es determinado por que tan arriesgadas sean tus decisiones. Gracias por comentar chicas. Inezi, es un placer leerte de nuevo, me alegro que te haya gustado tanto. Me llena mucho saberlo. Muchas gracias ^^

  5. Hola, yo de verdad admiro mucho tu forma de escribir, de verdad me complace leer tus escritos… eres fantastica… es como si los personajes tomaran vida propia y ellos giaran tus manos, algo asi como si fueran tu inspiracion… o al menos eso me gusta mucho creer, sabes yo naci bajo el signo de Geminis… y si entiendo a Saga… el primer fic que lei tuyo es El Cruce… sinceramente me senti transportada y yo tambien creo en tu filosofia del amor…. bueno espero estemos en contacto… de verdad me encantan tus historias… gracias… muchas gracias por darnos estas historias tan maravillosas y llenas de significado de verdad muchas gracias…

    1. Dioses, que hermoso leer tu comentario Miharu, me alegra mucho que te haya gustado mi historia y esta en especial, me hizo sentir mucho al escribirla. El cruce fue otra historia donde los personajes hciieron lo que quisieron conmigo, llego a entenderlos, a comprendelros e incluso a discutir con ellos, toman vida de alguna u otra forma. Espero que me comentes otros trabajos, será un placer leer lo que piensas de ellos. ^^

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