Enferma Obsesión (Cap 03)

Shaka ha decidido abrir el caso y escucha la confesión de Saga. ¿Cómo podrá salvar a Saga? ¿Quièn fue el verdadero asesino? ¿Y que ocurrió con Shaka en el pasado?

Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, suspenso
Personajes: Shaka, Saga, Aioria, Mu, Lune, Aiacos.
Resumen: Saga ha sido incriminado por el asesinato de Aioros en el colegio donde ambos trabajaban y Shaka estudiaba, pero dice ser inocente. Diez años después, Shaka regresa como abogado y promete liberar a Saga, en base a un amor impuro que han ido alimentando desde lejos a través de cartas. ¿Qué fue lo que ocurrió esa tarde en el gimnasio? ¿Podrá Shaka liberarlo?

Shaka ha decidido abrir el caso y escucha la confesión de Saga. ¿Cómo podrá salvar a Saga? ¿Quièn fue el verdadero asesino? ¿Y que ocurrió con Shaka en el pasado?

Capitulo 3:

Nuestro amor: Incomprendido

Estoy furioso, lo admito. No esperaba esto cuando abrí el caso, ni mucho menos esperé este golpe bajo por parte de a quien tuve como hermano. Tuve, porque a partir de este momento, donde tengo que subir al estrado a formar como testigo, veo su faz y siento nauseas, asco… Se supone que nadie sabía de lo nuestro, sólo él, a quien consideré un igual, pero él me ha fallado. Y te veo entonces, nervioso, mirándome con tus esmeraldas angustiadas… ¿Qué más da, Saga? Si en este juicio tiene que relucir nuestra relación, ¿qué más da?

El juicio había empezado. Una apelación hecha con ayuda de mi antiguo tutor y director, Shion de Lemu, hizo posible que la sentencia fuera revisada. Un jurado compuesto por 8 ciudadanos, Aioria, representando la parte afectada contrató a un abogado algo conocido, Lune de Balg, como acusador. Ya habíamos pasado varios testigos, estaba apelando a tu conducta, tu reputación para crear en el jurado una impresión adecuada, más tu testimonio. La meo culpa, una herramienta que siempre ha sido útil y que ha servido para engañar el jurado. Porque todo esto es un teatro que pienso manejar y esto… esto no va a ser la excepción.

Me llamaron para ser testigo a pesar de estar como abogado defensor. Luego que saliera a luz mi relación con Saga, las cosas podrían cambiar. Si yo lo permito, claro.

Subo al estrado. Hice el juramento y me siento, viendo como el abogado Lune se acercaba con andar moderado, observándome fijamente.

—Shaka, ¿Puede decirnos de donde conoce al acusado?—suspiro, subiendo la mirada a todo el público.

—Lo conocí en el curso del octavo año, del instituto Cosmos. Llegó como profesor guía.

—Y es cierto, ¿que usted y el acusado tuvieron una relación más allá de maestro a alumno?

—¿A que llama usted una relación más allá?—pregunto yo, devolviéndole el ataque directo.

—Quizás, algo de complicidad…

—Tengo entendido que uno de los mayores roles del docente es convertirse en guía y amigo de sus alumnos, ayudándolo a superar sus problemas, a resolver sus dudas, a poder cumplir cabalmente sus objetivos.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es que no ha sido claro con su pregunta, Sr. Lune—iba a continuar pero no le permití—. Me dice si hubo una relación más allá de maestro a alumno. Pero es claro que el papel de mi defendido era ser más que un maestro, era ser un guía y por lo tanto, era obvio que existiera una relación más allá de esos términos. ¿O estoy equivocado?

—Relación sentimental, Shaka. ¿Está más claro así?

—¿Bajo qué términos?—vuelvo a preguntar, incitándolo a llegar al punto que busca. Lune frunció su ceño, visiblemente contrariado. Mi expresión se mantiene neutral.

—¿Necesita que sea más claro? Limítese a responder.

—Le seré claro yo, señor Lune, ya que por alguna razón tiene cierto complejo para hablar del tema el cual comprendo más no apruebo. Relación sentimental me dice. ¿Cuántos lazos afectivos y sentimentales se puede armar? Si me pregunta de padre e hijo, le diré sí. Si me pregunta de amigo, le diré sí. Hermanos, también le diré que sí. ¿De pareja?—hice una pausa dramática a propósito—, le diré que no.

—¿Me dirá entonces que no le envió cartas durante estos diez años?

—Para ese tiempo no éramos maestro y alumno, Señor Lune—acoté recostando mi rostro en mi mano derecha.

Se mantuvo en silencio, respirando profundo antes de volver a tomar el control del interrogatorio que yo, tranquilamente, le quité.

—¿Es cierto que usted era el alumno que más estaba a su lado?

—Así es.

­—Incluso, ¿le acompañaba al baño cuando los demás compañeros no estaban?—miro a Mu, con mirada incriminatoria, y él baja su rostro. Suspiro, dejando que mis ojos se posen en varios puntos antes de bajar  a mis manos.

—Así es.

—¿Qué hacía el acusado con usted en el baño?

—Me acompañaba.

—¿A qué?—te miro de nueva cuenta, Saga. Tus ojos enrojecidos, me dicen que no querías que esto sucediera. A mí… a mí también me incomoda en sobremanera tocar este tema, pero no puedo permitir que esto manche tu reputación.

—Lune, ¿puedo hacerte una pregunta?

—No me has respondido.

—¿Eres homosexual?

Hubo un silencio turbio en la habitación, antes que los murmullos empezaran a sonar. Vi ojos que me acusaban, me criticaban, me sentenciaban por la pregunta.

—No lo soy, ahora responda mi pregunta—sentencia el abogado, tratando de recobrar su compostura.

—Entonces… no debe saber lo que significa para un joven de catorce años entrar a un baño de hombre y sentir que su cuerpo se activa por razones extrañas. Tener miedo que tus compañeros se den cuenta que estás excitado, no entenderlo, darte vergüenza por la mirada que como estas que están ahora mismo en el juicio me sentencian—miro al jurado ahora, fijamente—. Sólo lo que han pasado por esto pueden entender la humillación y el terror que significan entrar a un baño de hombre cuando no eres capaz de controlar a tu propio cuerpo. Si me pregunta a que iba a acompañarme, era a verificar que ninguno de los compañeros que sabían mi condición se aprovechara de mí, me humillaran o trataran de violentarme.

—¿Ocurrió un caso como ese? ¿Algo que diera pie a pensar que ocurriría?

—Así es. Ocurrió, variadas veces.

Otra vez silencio. El jurado se hablaba uno al otro, tú seguías con tu mirada fija en mí. Te sonreí de medio lado, tratando de hacerte sentir que todo estaba bien.

—¿Es cierto que su sueño era ser Escritor?—de nuevo miro a Mu, reclamándole con mis ojos.

—Sí, es cierto.

—¿Por qué ser abogado? ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

—La injusticia que ocurrió con mi defendido, condenado a la cárcel sin juicio de por medio, no permitiéndole el defenderse.

—Quiere decir que abandonó su sueño para salvarle, yendo al extranjero a tomar una beca, sacar incluso estudios de postgrado. ¿Sólo para salvarle?—siento que cada vez el interrogatorio me complica más.

—Quiero decir que al ver que hubo una injusticia y yo podría ser el mecanismo para remediarla, decidí convertirlo en mi nuevo sueño.

—¿Por él?—te miro, te miro y me miras fijamente—. Responda, fue por él que lo hizo—tu rostro que bajas luciendo derrotado, yo que me niego a rendirme—. ¿Fue por él que lo abandono?

—Lo hice por él—respondo sinceramente.

—¡Se lo pidió! ¡A través de las cartas que le escribió desde la cárcel! ¡Le prometió…!

—Objeción está afirmando hipótesis no comprobadas.

—¡A lugar! Señor Lune, remítase a preguntarle al testigo.

De nuevo unos momentos de silencio. De nuevo subes tu mirada y ya… ya no soy capaz de verte. No hasta que terminé este interrogatorio.

—Dice que se escriben cartas después de que ya no fuera su profesor. ¿Puede hablar de su contenido?

—Objeción señoria. Lo que hayamos podido hablar en las cartas no tiene absolutamente nada que ver con el caso—me defiendo, ahora como abogado.

—Esto me permitirá comprobar que el acusado no es el buen profesor que dice ser, que estuvo engañando a este muchacho, abusando de él emocional y posiblemente físicamente, al punto que ha venido aquí bajo una obsesión.

—Responda la pregunta, Señor Shaka—mi mirada escupe fuego al escuchar que el juez aprueba el interrogatorio. Trago grueso, tratando de calmarme.

—Le hablaba que creía en él, que intentaría sacarlo y me permitiera escribirle. Durante estos diez años le he enviado diversos libros que primero leía y luego le enviaba con mis anotaciones, para después comentar las impresiones por cartas.

—De parte del acusado, ¿hubo alguna manifestación de deseo sexual hacía usted en medio de las cartas?—lo miro de forma desaprobatoria—. ¿Como por ejemplo, preguntar cuánto iba creciendo, como iba madurando?

—Si usted tiene un hijo en el extranjero, ¿no le pediría saber ello?—iba a contestar y proseguí—. ¿O no le pediría que le enviara una foto para saber cuánto creció?—volví a interrumpir su intervención—. Si hace eso, ¿el padre tiene deseos sexuales con el hijo?

—No ha respondi…

—Le diré de inmediato que es lo que hay entre nosotros, señores.

—No le he hecho la…

—Terminemos ya con esta farsa que me incomoda en sobremanera—me levanto, mirándolos fijamente—. ¿Quieren saber qué es lo que siento por mi defendido? Lo amo. ¿Me pregunta porque? Se lo diré. Mi vida en el instituto fue un verdadero asco apenas mis compañeros se dieron cuenta de mi inclinación sexual. Muchas veces en los baños intentaron abusar de mí, y fue gracias al profesor Saga que no sólo me salvo de una de las violaciones, sino que me ayudó a comprender que mi estado no era nada de qué avergonzarme, y que era posible ser una persona digna a pesar de que mis gusto eran, ante los ojos de la moral, antinaturales. Gracias a Saga comprendí que no debía avergonzarme. Que era un hombre, a pesar de todo, seguía siendo un hombre. Gracias a él gané maratones de Atletismo, recuperé mi autoestima, me apoyó en un tiempo donde nadie creía en mí. ¿Quiere saber que eran lo que decían los profesores a los nuevos docentes de mí? Que no me dejaran solo en los baños, que no me dejaran integrarme a los otros compañeros, que me denigraran, despreciaran porque mis gustos eran diferentes. ¿Dónde estaban los derechos humanos en ese tiempo? Les pregunto a todos ustedes que están aquí presente. ¿Acaso un muchacho de catorce años debía ser tratado de esta forma sólo por tener inclinación distinta a la sociedad? ¿Donde está la igualdad?—me detuve en una pausa para tomar aire. Siento que mi rostro está enrojecido, conteniendo la vergüenza y la ira. Me sacaron de mis cabales, estoy fuera de mí—. Ahora, me pregunto, ¿me juzgaran por querer cambiar mi sueño de escritor por el de un abogado que defienda la igualdad? ¿Por demostrar que también hombres como nosotros somos capaces de tener un titulo, pasearnos por igual a su lado? ¿Me juzgaran por hacerlo además para salvar el hombre que le dio sentido a mi vida? ¿Qué me enseñó que podía soñar en grande, tal como los pensadores de los libros que leíamos? ¿Y quien además no gozo siquiera de un juicio justo? ¿A quién nadie escuchó? Si me juzgaran por ello, y por amarlo por ello, entonces… estamos condenados en una sociedad que aún no entiende el significado de igualdad y equidad.

—No ha respondido mi…

—No hubo más preguntas que la de sí estaba creciendo, comiendo bien, si seguía haciendo ejercicio. No hubo fotografías y no fue sino hasta hace un mes que volví a verlo, que me hizo saber que había interés sexual, aunque por obvias razones, ya lo sabía.

—¿Antes hubo contacto físico sexual entre ustedes?

—No lo hubo.

—¿Niega entonces que haya habido algún acercamiento entre ustedes en el colegio?—mi mirada a ti, recordamos lo mismo… el beso en aquel lugar en medio de la lluvia—. ¿No hubo siquiera un roce que le haya incitado?—mis ojos que te observan fijamente, tus ojos que me miran con arrepentimiento—. Si quiera un bes…

—Hubo un beso.

El murmullo se hizo fuerte, vehemente. El jurado se veía uno a los otros. El juez tuvo que buscar crear orden para continuar. Una lágrima frustrada salió de tus ojos. Lágrimas que me tragaba para que no brotaran.

—¿Hubo un beso entonces? Le hizo saber entonces que ya, en apenas sus catorce años, ¿lo deseaba?—levanto mi mirada al techo, abrumado—. ¿Qué se estaba aprovechando de su inocencia? ¿Qué armó un lazo fraternal para acercarse, y de seguro buscar un roce sexual?—mis ojos que se cierran por momentos, soportando el calor que hierve en mis cuencas oculares—. ¿Qué ese hombre, siendo un docente, ya lo deseaba sexualmente?

—Hubo un beso… un beso tímido que jamás se volvió a repetir—trató de respirar, trato de que mi voz no se quiebre—. Un beso que él mismo cortó alejándose. Que volvió luego de una hora para disculparse, pedirme perdón, lamentarse por haberlo hecho y el cual, jamás se repitió… hasta hace un mes, que pude volver a besarlo… ciertamente, debía existir ya un deseo sexual hacía mi—me detuve, viéndote bajar el rostro, esconderte de todas las miradas que te juzgan—. Pero ese hombre fue capaz de controlarlos, a tal punto…—lágrimas que lograron salir de mis ojos—, que él jamás me tocó de otra forma que la de un padre a un hijo. Qué incluso no me comentó de ellos hasta que le incité, siendo ya mayor de edad, a través de las cartas y aún así, siempre se mostró tímido para ello. ¿Quién no ha sentido alguna vez deseo hacía algo prohibido? ¿Ya eso lo hace criminal? Como dijo Cristo en el nuevo testamento, el que esté libre de pecados, que tiré la primera piedra—miré al abogado fijamente, con mis ojos centellante—. ¿Usted jamás ha deseado algo y lo ha suprimido?—me mira contrariado—. ¿Acaso usted arrojará la primera piedra?

Hubo silencio. Yo trato de secar la lágrima que brotó, calmándome, sintiéndome desarmado.

—No tengo más preguntas…

:::::_____:::::

—Que pase al estrado el acusado, Saga Geminis.

Hubo un receso de casi una hora, donde no pudiste acercarte a mí, luego de tu intervención. Mi Shaka, mi Shaka, ya esto no tiene salida. Ya con esto, no habrá forma de sacarme. No hay forma que puedan liberarme cuando me ven como lo que soy, un hombre pecador que puso los ojos en un niño. Porque, por mucho que ya seas un hombre, cuando te conocí, te empecé a amar, a desear, eras tan sólo un niño de catorce años.

Subo al estrado, obedeciendo la orden del juez. Te miró de lejos, tus ojos siguen inquebrantables. ¿Tratas de darme esperanzas? Ya no veo esperanzas… ya no hay esperanzas mi Shaka…

Me hacen jurar decir la verdad. Lo juro. Me siento y veo cuando de nuevo el abogado acusador toma la palabra.

—Señor Saga, háblenos  de su relación con el abogado Shaka en el colegio.

—Conocí a Shaka cuando tenía catorce años, cursaba octavo año, en el instituto Cosmos. Empecé como docente luego de graduarme, lo conocí el día de la presentación—te observo, observo cuanto has crecido y te comparo con mi recuerdo. Es imposible no sentir nostalgia, me sonrío de medio lado, viéndote y tus ojos azules me miran fijamente—. Era un chiquillo rubio y delgado, que siempre se sentaba frente al escritorio, alejado de los demás. Tenía lentes gruesos, su cabello siempre recogido. Iba siempre vestido muy limpio, atento, reservado, inteligente pero introvertido. Me dio curiosidad, cuando mis compañeros del trabajo me hicieron tantas advertencias de él. “No lo dejes sólo en los baños de niño, no dejes que se junte con niños, no permitas que los niños se le acerquen”—recito, mirando ahora a los demás—. Me pareció extraño y cuando me di cuenta de la razón, lo reprobé.

—¿Cómo supo de la inclinación sexual de su alumno?

—Pasé por lo mismo y sé definir cuando algo como eso ocurre. Hubo un incidente en el baño, tuve que intervenir y él se había encerrado en el baño, asustado. Desde allí, procuré acompañarlo en la hora de las duchas para certificar que nadie quisiera atacarlo.

—¿Cuándo supo de su inclinación sexual?—parece que este es el tema central del juicio y no la muerte de Aioros…

—A mis catorce años.

—Y decide acercarse a un joven de esa edad, acompañándolo en el baño. ¿No será que buscaba enseñarle?

—¡Objeción su señoría!—te levantas a defenderme, enfurecido por el descaro

—¡A lugar!

—Cambiemos la pregunta… ¿Desde cuándo se sintió atraído por su alumno?—trague grueso.

—Desde las prácticas de Atletismo.

—¿Tuvo deseo sexual por su alumno durante ese tiempo?—me miras indignado. Yo trato de serenarme—. ¿Deseaste su cuerpo? ¿Quisiste besarle? ¿Hacerlo tu…?

—Sí, lo hubo.

—¿Por eso lo besó? ¿Para incitarlo a él a tener lo mismo?—reniego con mi rostro, viendo a todos observándome con recriminación—. ¿Lo hizo para despertar en él también un interés sexual?

—No…

—¿Para que él también despertara a sus bajas pasiones con tan solo catorce años?

—No, no fue así… ese beso… yo me arrepentí de ese beso…

—¿Fue por eso que lo acompañaba a las duchas? ¿Para ver y fantasear con el cuerpo de un niño?

—¡Objeción su señoria!

—¡No ha lugar!—me viste frustrado, desarmado, yo… yo me siento señalado como el más vil pecador.

—¿Para tener imágenes que le permitieran masturbarse en la soledad?—prosigue el acusante

—No… nunca hice eso… ¡jamás lo vi en las duchas!

—¿Y así dice que era un buen docente? ¿Que fue una buena imagen para él? ¿No será que reforzó usted la conducta homosexual en el muchacho?

—¡Objeción su señoría! Está apelando a denigración por conducta sexual a mi defendido y mi persona.

—¡A lugar! Abogado, guárdese sus opiniones personales.

—Yo sólo quería que él entendiera que no estaba mal—me defiendo—, lo que sentía lo que le gustaba, no era malo. No quería que se sintiera rechazado, ¡incluso le insté a formar parte del club de atletismo para que demostrará que podía ser un atleta como otros!

—¿No será esa la escusa para verlo con ropa de deporte? Los pantaloncillos cortos, de seguro era una fantasía erótica para usted—abro la boca, abrumado, indignado.

—¡Objeción!

—Cambio la pregunta—vuelve a arremeter. Yo me siento asfixiado, mirándote, mirándote mientras me miras contrariado.

Mi Shaka… esto no tiene salida…

—¿Tuvo fantasías sexuales con él mientras le daba clase?—mi mirada a la tuya, me declaró perdido, derrotado…

—Si…

—¿Se masturbó pensando en él, dándole clase?

—Si…—bajo mi rostro, escondo mi cabeza entre mis manos, con ganas de llorar… de llorar eternamente, desaparecer de este estrado…

—¿Deseó tenerlo bajo su cuerpo, enseñarle los placeres carnales?

—Si…

—¿Durante estos años que se han escrito, sin fotografías, siguió soñando con su cuerpo de niño?

—Si…

—¿Quiere decir que asume que es un degenerado que hallaba placer sexual al tocar el cuerpo de un niño en pleno desarrollo?

Nadie podría entendernos Shaka… ¿Cómo explicarle al mundo que a pesar de todo el deseo, jamás sería capaz de lastimarte a esa edad?

—¿Qué siendo un hombre hecho y derecho fantaseaba con corromper la mente y cuerpo de un niño? ¿No habrá sido esa la verdadera motivación para tomar la carrera de docente?—levanto mi mirada, espantado—. ¿No habrá sido esa la razón para ingresar en un instituto de jovencitos? ¿Quizás era un violador de infantes en potencia?

—¡Jamás! ¡Quise ser maestro porque quería ser un guía que los ayudara a ser mejores personas!

—Eso dice, pero se enamoró de uno de sus alumnos, se masturbo pensando en él, sigue haciéndolo de seguro…

—¡Objeción su señoría!—vuelves a levantarte, tratando de salvarme de tan ruin interrogatorio.

—¡No ha lugar!

Pero todos están en nuestra contra…

—… ¿Cómo podemos creer que era un buen docente si en su primer año de desempeño se enreda de esa forma con su alumno?—mis ojos que te miran… que te lloran Shaka—. Un buen docente jamás besaría a su alumno, le dejaría que abandonara su sueño por el bien de salvarse a sí mismo de un crimen que cometió.

—¡No lo cometí!—sollozó sintiéndome señalado.

—Usted manipuló a este muchacho para que le siguiera. Le enfermó la mente, le hizo creer que lo que hacía estaba bien. Aprovechando su calidad de docente se le acercó ¡para usarlo sexualmente!

—No, no hice tal cosa…—tus ojos desesperados, tus labios que se muerden frustrados.

Estamos perdidos… nadie nos entendería…

—Lo usaste como un objeto sexual, Saga. Fantaseaste con él… ¡¡con uno de tus alumnos!! ¿¿Te consideras un buen docente?? ¿Crees que alguno de nosotros podríamos dejar a tu cuidado a uno de nuestros hijos sabiendo esto?

Derrotados…. Totalmente aplastado Shaka… y no… no puedo dejar que te aplasten conmigo…

—Ninguna de la corte piensa que fuiste un buen profesor Saga. Sólo un manipulador que se aprovechó de la baja autoestima y confusión de un menor de edad para dominarlo— levanto la vista al techo, con lágrimas que llenan mis mejillas. Me siento… me siento tan sucio, tan culpable… tan… tan pecador—, mientras buscaba la forma de acercarse a él de forma física, sexual, con un beso que lo incitara para que cayera por sus propios deseos…

—Es cierto… es cierto…. ¡QUIZÁS NO SOY UN BUEN DOCENTE!—estallo, en lágrimas, en dolor, en vergüenza—. PERO SI ALGO LE PUEDO ASEGURAR, ¡¡ES QUE JAMÁS LO TOQUE!! ¡¡JAMÁS LE TOQUE UN SOLO CABELLO DE ENCIMA!! ¡¡JAMÁS HICE REALIDAD NINGUNA DE MIS FANTASÍAS CON ÉL!! ¡NO LO HICE, POR QUE LO AMABA! ¡¡PORQUE QUERÍA AYUDARLO Y POR SOBRE MI CUERPO ESTABA MI DESEO DE PROTEGERLO!!—tus ojos que me observan abrumado—. Yo no mate a Aioros… ni toque a Shaka… No lo hice… nunca lo hice… Shaka… yo sólo quise hacerte un bien…—me observas con dolor, me miras al mismo tiempo, con devoción— yo sólo quería que fueras un muchacho extrovertido como los demás. ¡Que tu gusto no fuera impedimento para disfrutar la vida sanamente! ¡¡Pero me enamoré de ti, maldita sea!! ¡¡Y me sentí miserable cada vez que me masturbaba pensando en ti!! ¡¡LLORÉ COMO NADIE, NI TÚ, TIENES IDEAS SHAKA!!—lágrimas que recorren furiosas mis mejillas. Lágrimas que brotan de tus cuencas celestes—. ¡¡SÉ QUE NADIE ME ENTENDERÁ!! ¡¡NADIE PUEDE ENTENDERME!! ¡¡Y NO ME IMPORTA!! ¡¡¡NO IMPORTA SI YA NO PUEDEN CREERME!!!—tomo aire, observándote fijamente… clamándote con mi mirada tu atención—. Y te amo… te amo Shaka… y apreció mucho lo que has intentado hacer por mí…—me reniegas con tu rostro… me pides que me detengas—. Pero detén esto… nadie me va a creer… No quiero que sigan mancillándote y juzgándote por algo que sé, que además de justicia, es también por amor, Shaka—bajas la mirada, las lágrimas cubren nuestros rostros…

Y no me importa si no soy libre.

Y no me importa si debo pudrirme en la cárcel…

No quiero que te juzguen más…

—Detengamos esto, Shaka… sé que cometí un gran pecado al haberte siquiera pensado de esa forma cuando eras un niño. Pero tú sabes tan bien como yo que jamás llegué a faltarte el respeto… Jamás te toque… No importa si nadie me cree Shaka… con que tú me creas, yo soy feliz…

—Saga…

—Aunque no puedas liberarme, te seguiré amando. Aunque me dejes y decidas seguir tu vida, que es lo que deberías hacer… te seguiré amando…

Hubo un silencio sepulcral. Tus sollozos, mordiendo los labios frustrado, tu mirada quebrada, enrojecido. Te sonrío, en medio de mis lágrimas. No te preocupes amor. No has sido derrotado. Es que esta sociedad no nos entiende. No puede comprender el cómo te amo, el cómo me amas. No pueden comprender lo difícil que fue para mí contenerme, él para ti seguirme.

Y quisiera en este momento poder salir y correr a abrazarte, a decirte que todo estará bien… que sin importar que, te seguiré amando. Aunque no hayas podido cumplir tu promesa, que eso no es lo que mantenía mi amor a ti… que te amo… y te amaré… quizás hasta la muerte…

El sonido del mazo nos hace regresar a la realidad.

—¿Hay más preguntas por la parte acusadora?—pregunta el juez.

—No, su señoría, no hay más pregunta.

—¿La parte defensora querrá hacer unas preguntas?—tragas grueso, bajas la mirada, intentas calmarte…

—No… no tengo preguntas…

—Entonces, tomaremos una recesión. El caso se suspende hasta que se reúnan las partes y decidan si desean continuar. Cerrada la sesión.

Todos se levantan… la policía vuelve a tomarme, atándome de manos, mientras te miro. Te susurro un te amo con mis labios. Me respondes de la misma forma. Veo cuando me llevan que Shion se acerca a ti, te mira… te mira de esa forma tan ruin… te juzga… mi Shaka… te juzgan….

Y lo único cierto que quedó en todo esto… fue que nuestro amor es sincero…

Y el mundo no está capacitado para entenderlo…

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