Lienzo de Guerra (Cap 19)

Asmita ha decidido quedarse con Aspros, provocando que Defteros vuelva a las guerras, mientras tanto, Aioria ha llegado a Alhenas y quizás sea el inicio de una nueva estrategia para la revuelta ¿Cómo empezará Shaka su revolución?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Asmita ha decidido quedarse con Aspros, provocando que Defteros vuelva a las guerras, mientras tanto, Aioria ha llegado a Alhenas y quizás sea el inicio de una nueva estrategia para la revuelta ¿Cómo empezará Shaka su revolución?

Capitulo 19: Antiguos Compromisos

En una noche de invierno, luego que el estado de sitio de Pólux fuera levantado, la reina Seraphina exhaló su último aliento de vida. Para cuando ocurrió, el rey aún no había podido llegar al castillo de Leda, por lo cual, la reina murió en brazos de sus dos príncipes e hijos, despidiéndose después de bendecirlos.

El rey Aspros llegó al castillo dos días después. El cuerpo de la reina yacía ataviado con hermosas vestiduras, preparado para el momento del entierro. Luego de una caravana que dio dos vueltas en los alrededores de Leda, la reina de Alhenas, antigua princesa de Bluegard, descansó en el cementerio real a las afueras de leda, un jardín de cerezos. Los jóvenes príncipes lloraron su muerte, toda la servidumbre que la conoció como una mujer de nobles sentimientos y corazón la lloraron, excepto el rey y antiguo esposo, que en silencio y sólo tomando el hombro de su hijo mayor, vio con pasmosa frialdad el momento que el cuerpo de su esposa era tragado por la tierra.

Para ese tiempo los rumores de lo ocurrido en Pólux habían sido escuchados en todo el reino. El rey y el príncipe se pelearon a muerte por el esclavo y el rey regresó con el esclavo en sus manos, abrazándolo de forma posesiva hasta el castillo. Ante la muerte de la reina, todo el pueblo ya esperaba que en cualquier momento ese antiguo príncipe ahora amante esclavizado, se convirtiera en el consorte real.

Luego de la muerte de la reina, los herederos tuvieron el permiso de ir al castillo de Pólux, para la primavera. El rey regresó en cuanto el sepelio fue realizado.

______________Acto uno: La atracción

—¡ARGGGGHHHH!

Caí al agua, de nuevo. Mi manto está totalmente empapado y verlo a él de pie, con su mirada prepotente me hace sentir tan vulnerable. ¡DIABLOS! Estoy tan cansado por quedarme horas de más forjando el arma del príncipe Saga que me cuesta seguir el ritmo de los entrenamientos de Shaka. Lo miro de nuevo, con esos ojos azules que me observan con orgullo, rodeándome con sus pasos, sólo una espada en su izquierda… ¡SOLO CON SU IZQUIERDA ES CAPAZ DE DESARMARME!

—¡Levántate Mu!—me exige, con su tono imperativo. Obedezco tomando de nueva cuenta la espada.

—Te he dicho que no quiero pelear.

—No te entreno para que pelees en la revuelta a mi lado—me dice, con frialdad, mientras vuelve a ponerse en posición—. En cuanto empecemos los ataques nos perseguirán, necesito que ustedes dos sean capaces de defenderse por sí mismo si llego a faltar—Dita se acerca de nuevo con su espada, ya se había levantado del empujón que Shaka le había dado hace unos minutos—. ¡VAMOS! ¡LEVANTENSE E INTENTE TUMBARME!

Otra vez arremetimos, ambos al mismo tiempo. Shaka nos evadía con increíble soltura, no parecía sudar siquiera en hacernos frente y era… ¡¡era tan frustrante!! No duramos mucho tiempo de pie, de dos movimientos nos había hecho caer a ambos. Delio rió divertido.

—¡No tienen remedio! ¡¡Mientras le tengan miedo a pelear no van a mejorar!!—exclamó aquel, parándose del asiento con un manto mientras Shaka salía de las aguas, entregándole la espada.

—Pero me preocupa, a este paso tendremos que dejar un comité para protegerlos aquí. Te necesito conmigo en el campo de batalla como para dejarte a cuidarlos.

—¿Y dejárselo al principito?—la mirada desaprobatoria de Shaka fue suficiente—. ¡JA! Sé que no te gusta la idea pero algo se tiene que quedar haciendo aquí.

—¡Ni loco le dejo la seguridad de mis hermanos a ese!

Lo miro con indignación. El príncipe Saga ha demostrado ser un hombre justo, recto y correcto. Aunque no entiendo porque se le enfrenta tan tajantemente a Shaka. No pueden bien encontrarse cuando empieza un duelo por quien mantiene la mirada más orgullosa por más tiempo y todos se han dado cuenta de ello. Delio ahora no lo deja solo debido a eso y algo que paso y no sé que fue.

Me levanto, adolorido y veo a Dita echándose los bucles mojados hacía atrás. Quisiera algún día poder vencer a Shaka en su mismo duelo, pero… ya lo veo imposible. Él siempre fue más activo y capaz en las armas que yo. Pero tan siquiera demostrarle una vez que no es indestructible, eso me gustaría llegar a hacerlo.

Ayudo a Dita a levantarse, refunfuñando porque también estaba cansado por las nuevas siembras que han ido abriendo para abastecer a todo el nuevo ejército. Pero, no podemos quejarnos. Shaka está desde la madrugada de pie organizando, moviéndose y controlando todo y ya atardeciendo todavía tiene energía como para enfrentarse a un ejército solo.

—Oh, ¡Shaka! ¡Vamos a enfrentarnos un rato!—volteamos para ver a Kardia que se acercaba con su lanza, una risilla maliciosa. Shaka resopla con fastidio.

—¿Y volver a derrotarte?—acotó con un falso gesto de cansancio, por la sonrisa irónica que tenía marcada.

—Sólo me has derrotado una vez crío, ¡en cinco años que nos tenemos conociendo!

—Y tomando en cuenta que los demás han sido empate quiere decir que no has logrado superarme, alacrán.

Entre desafíos hablados, se enfrentaron en la laguna. Shaka con ambas espadas, el escorpión con su lanza. Era un combate amistoso, y no era difícil entender porque Shaka simplemente dominaba en el campo de combate. Tiene una destreza casi innata para manejar las espadas, como si hubiera nacido para la guerra. Escuché de labios de Shion que Asmita era conocido como la espada de Oro de Auva. No me extrañaría, que de no haberse dado la invasión de Auva hace 20 años, quizás Shaka hubiera superado esa fama. Tiene todo para hacerse temer de quien fuera.

El combate seguía, pronto Delio y Milo quien iba llegando se involucraron. Parecía divertirse atacando entre sí, mostrando porque ellos definitivamente harían correr a los leones. Y al poco tiempo, llegó el príncipe Saga, de pie observando todo el combate, junto a Camus, que parecía estarle comentando algo. Cada vez que el príncipe Saga entra en escena, siento un pálpito dentro de mi pecho que no puedo controlar. Pronto, Shaka desarma a Milo, Kardia a Delio. Con ello termina su improvisado combate.

—Príncipe—me acerco, nervioso buscando llamar su atención. Me mira de medio lado, con su expresión seria, noble… me siento pequeño a su lado. Solo entre nobles podrían mantenerse la mirada como Shaka lo hace con Saga—. Quería informarle que ya empecé a trabajar en su espada. ¿Hay algún grabado en especial que quiera en su empuñadora de oro?

—Mmm… creo que con el sello del reino y…—se queda mirando hacía la laguna, donde los cuatros generales de la revuelta comentaba sus mejores golpes. Miro entonces el escenario y Shaka, Shaka sonreía complacido—, la máscara de Alhenas, con dos zafiros.

—¿Por el consorte Asmita?—pregunto, extrañado por el último pedido. Él se sonríe, con tanta nobleza que me fue imposible calmar a mi corazón.

—Por los príncipes de Auva, que entregaron su sangre y sudor por nuestra tierra que no la merecía—me mira de nueva cuenta, con sus esmeraldas brillantes—. ¿Es posible mi pedido?

¿Y cómo decirle que no si me lo pide con esa expresión tan hermosa? Le haría la espada más fuerte y hermosa, digna de su porte real, aunque fuere a costa de mi vida.

—Sí, su majestad. Trabajaré en ello…

—Kanon me ha comentado que te has quedado horas extras para mi espada. ¿Cómo puedo recompensar tu esfuerzo?—me sonrojo, sintiéndome al descubierto.

—Príncipe…

—Algo que pueda hacer por ti o alguien a quien aprecies. Desgraciadamente ahora no cuento con muchos medios, pero en cuanto esté a mi alcance…—pensaba en sus palabras y no pude evitar recordar a Shaka y mi deseo de derrumbarle algún día. Quizás y hasta sea mi oportunidad de acercarme a él.

—Príncipe… ¿podría enseñarme a pelear?—me mira con ojos asombrados, extrañados incluso. ¡No puedo mantenerle la mirada! Va a preguntar el porqué y me adelanto—. Shaka ha intentado enseñarme a mí y mi hermano a defendernos, pero por mucho que practicamos no he podido estar a su altura… yo… yo sólo quiero no ser una carga—en realidad, no quiero pelear y por eso no he querido aprender con Shaka. Aunque, con el príncipe tengo otras motivaciones para hacerlo.

—¿Quieres tumbar a Shaka en combate?—inquiere con sus esmeraldas. Afirmo avergonzado—. Si Shaka es tan mal maestro como Asmita, estoy seguro que es difícil aprender a tomarle el ritmo—rie un poco, viendo de nuevo a mi hermano—. Entonces te enseñaré a combatir. De todas maneras también debo enseñarle a Kanon. Ahora que está metido en este conflicto, necesitan saber protegerse por ustedes mismos. Estoy de acuerdo con la idea de Shaka.

—¿Entonces…?

—Le avisaré a Kanon que te informe cuando empezamos las prácticas—me dijo, guiñando el ojo con complicidad—. Te juro por mi corona que lo tumbaras y ¡muero por ver ese momento!

Me sonrío, extasiado imaginándome ese momento. Vencer a Shaka en su propio juego sería una forma de demostrarle que no debe confiarse tanto en el campo de batalla y de alguna manera, bajarle el orgullo que después de haber vencido al príncipe lo tiene más elevado. Pienso en eso cuando veo a Shayna acercarse.

—Shaka, tenemos información de Pólux—las cosas inmediatamente se tornaron serias. Saga se acerca a ellos, mientras que Shaka sale de las aguas con su porte de dirigente, seguido de muy cerca de Delio, quien viendo a Saga cruza un brazo sobre el hombro de mi hermano. Shaka enarca una ceja y resopla algo cansado. Parece que los celos ya están empezando a molestarlo—. Vino Ikky de Pólux, al parecer el príncipe Aioria de Rukbat ya llegó para hacer su celebración por la toma del poder.

—Entonces el rey león ya está en Alhenas…—murmura Shaka tomándose el mentón de forma pensativa.

—Parece que llegó hace 7 días.

—Celebrando, en mi castillo… ¡es detestable!—refunfuña el príncipe. Shaka aún seguía meditando. Kardia estaba demasiado pensativo y cuando él está así, nada bueno sale.

—¿Que andas pensando Shaka?—pregunta Delio tocándole la mejilla de forma incitante—. ¿Acaso enviarle un regalito a Aioria?

—¡JA! Si pudiera enviarle algo que lo espantara a tal punto que se hiciera en sus pantalones reales, ¡quiero saberlo!—las turquesas de Kardia se abren, envenenadas. De inmediato vi al príncipe Saga mirarlo como si lo obligara a callar.

—Quizás… si hay algo que podamos enviarle, Shaka…

Lo repito, cuando es al alacrán que se le ocurre algo, no sale nada bueno.

______________Acto dos: El Odio

///Hace 20 años///

Allí estaba, por fin lo veía. El esclavo que creó toda esta revolución en el castillo y Pólux. El mismo que estaba en el lugar que le correspondía a mi madre, ahora muerta. El hombre que ha seducido al rey según la boca de los nobles, sentado en su lado derecho, con traje de esclavo y amante, con los grilletes aún, pero esa expresión… orgullosa. Como si fuera el dueño de todo… ¡¡MALDITO!! ¡Le odio desde YA!

—Por fin has llegado. Ven aquí, mi querido príncipe Saga.

Y de nuevo, me ignoraste, como lo has hecho desde que tengo memoria. Es como si yo no existiera, yo no hubiera nacido. ¿QUÉ TIENES CONTRA MÍ? No importa… porque me convertiré en una copia de ti, una tal, que al verme no podrás hacer otra cosa que verte a ti mismo.

Mi hermano, luego de salir de un extraño trance, es que se acerca a ti, padre. Y su mirada… ¡su mirada la enfoca es en aquel!

—Asmita… levántate y conoce a mi hijo y futuro heredero de la corona.

Y con el porte de un príncipe, se levantó de forma elegante del cojín, con su porte serio, con una sonrisa, inclinándose frente a mi hermano, con el cabello dorado que caía a un lado. Me acerqué detrás de mi hermano, para que mi padre recordara que aún existía y vi, con celos, como mi hermano veía fascinado el cuerpo del esclavo.

—Bienvenido al palacio, su majestad

—Es… es hermoso, padre…—y nuestro padre rió divertido con la acotación, llamando con la mano a su esclavo que obediente fue hasta su encuentro.

—Tu padre sólo escoge belleza, príncipe Saga. ¿Cómo estuvo el viaje?

—Algo cansado pero, me alegró haber llegado, junto con Kanon—me hizo pasar al frente, para hacerme notar. El esclavo analizó todo por su expresión y tu, mi padre, viras los ojos de mí como si fuese una basura, posándolo solamente en mi hermano.

Sé que me odias…

—Bien, me alegro entonces. Hoy haremos una cena especial por tu llegada Saga.

—Puedo… ¿puedo hablar con tu esclavo?—mi padre frunció el ceño, incomodo. El esclavo no hizo gesto alguno.

—No. No hay nada que hablar con él—se levantó, tomándolo por la cintura—. De todas maneras, su lugar es mis aposentos y sólo sale cuando yo lo permito. Mañana programaré un horario de educación para ti y… Kanon. A ver si tu hermanito hace algo útil por ti cuando tengas la corona, como lo hace Defteros…

Y te odio…

Y odio a tío Defteros por ser el ejemplo que debo seguir.

Y odió al esclavo por quitarle a mi madre su lugar…

Odio la corona, estas tierras… todo lo que me hace sentir como el segundo…

///Hace 10 años///

De nuevo, el alboroto. Por los ruidos de afuera es el consorte quien viene de nuevo a molestarme la vida. Otro esclavo más que se muere por no ser capaz de saciar mi hambre de sexo. ¿Qué más da? ¡Para esos están los esclavos!

Y allí llega, aquel con porte de noble y la gargantilla de esclavo que se dejó por mero placer. Muy diferente al que conocí al llegar al castillo, aquel que tuvo que aguantar más humillaciones por parte de mi padre, ahora es prácticamente el máximo soberano de Alhenas. Nada se hace o deja de hacer sino pasa primero por sus manos. El traje de consorte lo ataviaba con color ocre, su cabello recogido en una cola alta dejaba caer algunos mechones en su rostro nacarado. La corona de topacio y oro adornaba su cabeza.

El caminar de un rey.

—Príncipe Kanon, sus hechos han llegado al oído del rey y está sumamente molesto.

—¡JA! Y que vendrá a hacerme ¿eh?—inquirí seguro de mí mismo, acostado desnudo en mi cama real. Un comité de guardia de honor se postró en su espalda.

—He venido a perpetrar el castigo que el rey a escogido por sus acciones.

—¿Qué dices?

No hubo siquiera más pase de palabras. Sin darme tiempo de cambiarme, me tomaron entre varias guardias y me llevaron arrastrados detrás del cuerpo del consorte, que con andar severo caminaba hacía un lugar que desconocía. Llamé a Saga y nunca vino, luego me enteré que estaba supervisando unos sembradíos en Leda. En ese momento, estaba totalmente solo.

Me tiraron al patio principal, donde estaban los dos cuerpos de los esclavos que murieron en mis manos. Me tiraron de rodillas, tomándome dos por los brazos, dejando mi rostro frente a los cadaveres. Vi en uno de ellos un látigo.

—¡NO! ¡¡NO PUEDEN HACERME ESTO!!—grité asustado, viendo frente a mí la figura inclemente del consorte—.  ¡¡SOY UN PRÍNCIPE MALDITA SEA!! ¡¡UN PRÍNCIPE!!

—Es una vergüenza para su padre y para la corona—sentenció aquel hombre… ¡¡el hombre que más odio!!

—¿Mi padre dice? ¡¡Acaso olvidó como lo violaba en las fiestas!! ¡¡¡SI DE ÉL APRENDÍ!!! ¡¡Y A ESOS ESCLAVOS HAGO LO QUE ME GUSTARÍA HACERTE A TI, PRÍNCIPE DE AUVA!!

—¡Empezad con el castigo!

Golpe de látigos… latigazos que laceraron mi espalda desnuda. En medio de la lluvia de aquel otoño, ese hombre estaba parado frente a mí haciendo oído sordo de mis gritos y mi suplicas. Sus ojos vacios miraban la nada y yo… yo escupía entonces entre sangre y lágrimas el odio que le tenía.

—¡¡TU SÓLO ERES UN MALDITO ESCLAVO!! ¡¡UNA PERRA!! ¡¡¡MALDITA PERRA!!! ¡¡¡ARGGGGHHH!!! ¡¡¡TE ODIO!!!

Odio a la corona que siempre me despreció…

Odio a los reyes y pasados que me juzgan…

Odio al esclavo… odio al príncipe… odio a Auva…

Y me odio a mí mismo… porque nunca pude ser nada…

______________Acto tres: La confianza

Acababa de llegar de la herrería. Ya Shion, luego de dos semanas trabajando en los hornos, ha empezado a enseñarme a forjar las armas. Trabajo con las espadas rectas, apenas he hecho dos y no fueron duraderas. En cuanto Shaka y Kardia las usaron para probarlas se partieron. Me sentí frustrado, pero seguí intentando, quedándome incluso noches enteras, forjando con el mazo, trabajando con el hierro a rojo vivo. Mi meta es aprender a hacerla de tal calidad, que mi mejor trabajo se lo regalaré a mi hermano, una segunda espada, hecha por mí.

Al principio Shion no daba ni media moneda por mí, pero al parecer le he demostrado que si quiero aprender a hacerlo. No quiero… no quiero ser más juzgado, ni mucho menos señalado. Shion puso su confianza en mí en los hornos y mi hermano confía en mí y en la promesa que le hice. Le ayudaría, aunque no fuera en el campo de batalla, al menos forjaría las armas más fuertes y filosas del reino, para su ejército, para abrirle el paso que lo llevaría a la corona, a él, a mi hermano, el rey. Aunque… aunque tenga que acostumbrarme a verlo a él, junto a Shaka, al frente de la revolución. A él, con otra cantidad de personas que podrán su pecho para protegerle, incluyendo el de ese príncipe.

Y con respecto a Shaka… he cambiado mi apreciación hacía él…

///Hace unas días///

—Shaka, Kardia, ¿podrían probar estas nuevas espadas?

Shion se les había acercado, entregándole ambas armas. Shaka de una vez le hizo una inspección superficial, mientras que Kardia la batía de un lado a otro.

—Fueron forjadas por el príncipe Kanon. Está aprendiendo.

Yo estaba nervioso. Me escondí entre las carpas y sentí que el hermano, Mu, estaba detrás de mí y caminó hasta salir, quedándose cerca, observando todo.

—Veamos que tan buena mano tiene el principito—dijo Kardia en tono burlón, colocándose en posición—. ¡En guardia Shaka!

El rubio se puso en defensa, sin decir palabras, usando la posición de Alhenas. La espada daba vuelta en sí misma, lentamente, sintiendo el poco aire de la cueva. Kardia y él caminaban despacio, dando un paso acercándose, con movimientos circulares, midiéndose. Sus ojos estaban acostumbrados a la guerra, no había el más mínimo temor.

Los ataques comenzaron, una danza donde las espadas chocaban con fuerza y velocidad, el fuego de las chispas al hierro crujir entre sí iluminaba sus ojos sedientos de guerra. Ambos atacaban sin piedad y no daban tregua. El filo aguantaba y yo… yo sentía que por fin había hecho algo bien… algo digno… algo que me daba valor a mi nacimiento.

Algo por mí mismo…

Algo donde no me compararían con nadie…

Hasta que los filos, en uno de los más fuertes golpes, se quebró en ambas espadas. Shaka y Kardia se separaron de inmediato y el alacrán fue el primero en tirar la espada al suelo, espetando mil maldiciones.

—¡ESTAS PORQUERÍAS NO SIRVEN! ¡¡DIGANLE AL PRÍNCIPE QUE SE QUEDE TIRANDO CARBÓN!! ¡¡NADA BUENO PODÍA SALIR DE ÉL!!

Y me iba convirtiendo otra vez en un pequeño bueno para nada… como siempre…

—¡¡NUNCA SE LE ACERCARÁ A DEFTEROS!!

Y jamás, ya lo sabía, jamás podré ser como él…

—¡Calla alacrán!—reclamó Shaka, inspeccionando el corte de la espada—. Nadie puede ser igual a nadie ¡y el primero que se le ocurra compararme con mi hermano será castrado y lo sabes!—desde la carpa lo vi, asombrado al escucharlo… ¿Me estaba defendiendo?—. Shion, dile al príncipe que faltó más trabajo en el fuego al hierro.

—Sí, mi señor.

—¿Le darás oportunidad de seguir dañando el material? No estamos para…—siguió envenenando el alacrán.

—Él sabe que de la fuerza de las armas depende la victoria de su hermano—dijo, encogiéndose de hombros—. Además, asumir que por fallar en sus primeras armas ya no sirve, es como asumir que Mu nunca hubiera podido forjar una espada como merece y está claro, que no fue así.

Y sin más dejo a Kardia sin argumentos para seguirme humillando.

Sentí que alguien, además de mi hermano y Shion, aunque no lo dijera, confiaba en mí.

///Presente///

Pensé que sería igual que con Asmita pero no… es diferente… ¿qué hacía la diferencia? Cuando escuchó a Kardia y Dohko dicen que es exactamente igual pero para mí, es diferente… ¿por qué?

Me senté en la cama, a un lado de la de mi hermano, desde que nos mudaron a una carpa igual de grande que la de Delio y Shaka, donde dormimos los dos, vigilados por Milo que es como nuestra guardia de honor. Veo mis manos enrojecidas, golpeadas, un poco llagadas por el calor y la rudeza del hierro. Aún con mis manos lastimadas, con mi piel tomando un color más oscuro por el calor, con las cenizas de mi cabeza; me siento completo… Siento que por fin estoy haciendo algo digno, a pesar que sea el trabajo de esclavo. ¿A esto se refería Asmita de hallarle el significado? ¿Acaso es diferente porque mi visión era diferente? ¿Si son los mismos?

Y mi hermano, de la misma forma que ocurrió con Asmita, se ha visto seducido por el fuego de Shaka y yo… yo no puedo reclamárselo. Después de ese día no puedo hacerlo. Ese hombre tiene algo que hace inevitable el verlo… Tal como decían que ocurría con Asmita…

______________Acto cuatro: La compañía

///Hace 19 años///

Otra vez, el príncipe Saga irrumpe en los aposentos del rey. Pregunta cualquier cosa, me habla de cualquier cosa. No importa cuánto lo ignoré simplemente no da su brazo a torcer. ¡Qué necio es! Resoplo aire mientras cambio otra página y sigo leyendo a través de las yemas de mis dedos. Intento ignorarle hasta que, de improvisto, toma uno de mis cabellos.

—Es hermoso…—susurra el príncipe, acercándose demasiado.

—Príncipe Saga, le recuerdo la razón por la que estoy en esta habitación.

—No me importa.

Me levanto, sentándome en el diván y dejando el libro de lado, quitando el mechón de mi cabello de sus manos y mostrando mi expresión más severa. El joven se me acerca, sentándose a un lado, dejando el libro en sus piernas. ¡Pero qué muchacho!

—Lee sobre las leyes de nuestra tierra. ¿Le gusta Alhenas?—suspiro fastidiado. No es que me gusté Alhenas, pero debo aprender de él para estar preparado en el momento que pueda recibir el cargo de consorte. Para poder ayudar a mí hermano.

—Es necesario conocer las leyes el país donde se vive, su majestad.

—¿Asmita, es cierto que papá y tío se pelearon por ti?—un leve estremecimiento al oírlo.

Defteros… han pasado seis meses desde que se fue, con su ejército, a tomar de nuevo dos coronas. Todos los días no dejo de preguntarme como estará, ni que pensara después de lo ocurrido. Si me odiará…

Y mientras eso sucede, yo estoy aquí, complaciendo al rey, acompañándolo, ganándome su confianza. He llegado al punto que a veces me consulta de sus nuevas decisiones y le ayudo a decidir lo más correcto para el reino. Fue así que se abrió una campaña de sanidad para los niños que habían caído en la peste. Fue Degel el encargado de dicha campaña y se ayudó a salvar la vida de cientos de niños en Pólux. Los nobles vieron un gasto innecesario al dar igual prioridad tanto a los infantes de nobles como a plebeyo. La medida fue alabada por el pueblo, criticada por la burguesía. Gracias a Shion, que por medio de Degel me informó, supe que los dos hermanitos de Shaka seguían con vida.  Mi esperanza es que él sea feliz, en su nuevo hogar.

—Yo también me hubiera peleado por ti—la aseveración me hizo regresar a la realidad.

Le dirijo mi rostro, severo, tratando de molestarlo para que me deje en paz. Pero nada lo detenía… ¡es tan necio como Defteros! ¡Y tan orgulloso como Aspros! Es una combinación que demuestra fuerza y debilidad a la vez.

—Príncipe, tengo entendido que su padre no le ha dado permiso de acercarse a mí. Le ruego se retire de inmediato.

—¡Yo soy príncipe y debes tratarme bien!—engreído como su padre—. Además, si no te gusta mi compañía, ¡intenta sacarme tú mismo de aquí a ver si puedes!—y desafiante como su tío…

Resoplo de nuevo, con fastidio, pasando una mano por mis sienes. A Aspros no le gustó la forma en que me vio el día de la presentación. Y tenía razón, yo también me estaba dando cuenta de un interés nada común en mí y que me incomoda. ¡Es sólo un niño!

Tanto me distraje pensando que no me di cuenta que se había atrevido a poner sus manos sobre mis piernas para mirarme fijamente, de frente, a mi altura. Fruncí mi ceño, en gesto de clara molestia.

—Príncipe, no creo haberle dado permiso de tocarme.

—Me gusta ese punto que tienes en la frente—renegué con mi rostro, ya cansado de soportar las niñerías de este adolescente. Tomé sus dos muñecas, para hacer que se alejara de mí. El muchacho se estremeció al contacto.

—Le pido que salga de la habitación.

—No, no quier…

—¡SAGA!

El grito me alarmó. Era el rey, quien acababa de entrar y yo aún sostenía las muñecas del príncipe. De inmediato las solté y el menor se paró de frente.

—Tu esclavo es odioso, ¡no me quiere atender bien!

—¡TE DIJE QUE NO TE QUERÍA VER EN MI HABITACIÓN CON MI ESCLAVO!—levantó la voz, acercándose a mí y casi lanzándome su capa en la cara. Y sé que está molesto—. ¡REGRESA A TUS APOSENTOS!

—Está bien…

El menor salió de la habitación. Yo permanezco con la mirada hacía la ventana, donde sopla el viento y él toma mi mentón para que le dirija mi rostro.

—Ya es la tercera vez que tengo que sacarlo de aquí—suspiro, ya sabiendo lo que viene—. ¿Lo estás seduciendo?

—Él es quien viene, su majestad—quito mi rostro de sus manos, caminando hacía la ventana—. Supongo que sólo necesita algo con que distraerse.

—Espero que no lo busque en ti—se acercó a mi espalda, suspirando sobre mi cuello, mientras le abro el espacio—. Hablé en la mesa de negociaciones sobre la posibilidad de aprovechar las tierras del reino para la siembra—me sonrío al escucharlo, fue una de las cosas que hemos estado hablando estas noches—. Los nobles no creen que sea correcto que el pueblo sepa alimentarse. ¿Estás seguro que me ayudará a ganar una mejor imagen ante mi pueblo?

Mi rey… el rey que busca aceptación… el rey que quiere brillar como el sol, a pesar de estar cobijado de sombras. Aspros, el hombre que tiene nobleza oculta en capas y capas de odio e inseguridad y poco a poco, va sacándola a luz. Seis meses desde que terminó el conflicto en Pólux han pasado… seis meses donde me he encargado de desenterrar luz en la oscuridad que manaba a su paso. Y lo que he encontrado, me ha seducido; y junto a la esperanza que a su lado puedo hacer algo por mi hermano, ha ido matando, poco a poco el odio…

Ahora entiendo porque hizo eso conmigo cuando llegué, porque me tomó de esa forma, porque me humilló. Entiendo los motivos que lo llegaron a convertirse en el rey que era en ese momento. Y al comprenderlo, no hay lugar a reproches ni a rencores. El odio, la soledad, también me llevaron a hacer cosas que en mi vida pensé hacer. Pero ahora… ahora es un nuevo rumbo. Y ayudaré a que el reino puedan ver… puedan ver la luz que yo he encontrado en él.

—Lo hará, su majestad—paso uno de mis dedos por su mandíbula, siento sus manos reforzando su agarre en mis caderas—. El camino para lograr un gobierno de equidad entre los nobles y el pueblo, será difícil, los burócratas no querrán ceder de sus privilegios. Pero debe ser algo lento y gradual. Tampoco le conviene que los nobles se conviertan en sus enemigos.

—Los nobles y el pueblo no están de acuerdo con que subas a ser mi consorte aún, luego de lo ocurrido…

—Lo comprendo. Esperaré el tiempo que sea necesario, mientras tanto, le apoyaré desde aquí, su majestad.

—Eso me es suficiente…—un beso que roba las palabras de mi boca. Un beso al que me entrego, ya no por deber, ya no por venganza, sino por deseos. Para hacerle sentir que no está solo, que yo estoy a su lado…

Que lo elegí a él…

Por encima del fuego de los brazos de su hermano…

Aunque haya sido por Shaka…

Y busco enamorarme de lo que consigo en él, confiando que el tiempo y su propia nobleza logren seducirme por completo.

Y quizás, cuando regresé Defteros, si regresa… yo ya seré el consorte de su hermano. Su fuego me haya conquistado… ya lo habría olvidado…

______________Acto cinco: La decisión

El primer mensajero proveniente de Alhenas ha llegado. A mi lado, mi madre, la reina espera que abriera la carta y diera las noticias. El antiguo consorte de mi padre y ahora principal protector de mi madre, también esperaba impaciente.

—Por lo que leo la llegada de Aioria a Pólux no tuvo contratiempo. Los rumores de que Asmita haya regresado no han sido comprobados y hasta ahora no hay indicios de un levantamiento. Albafica Piscies se está encargando de la preparación del evento para la celebración de la toma de Alhenas tal como Aioria lo ha pedido.

—Ese día no hay nada que celebrar—sentenció mi madre, levantándose con dolor en su rostro, aquí en su habitación. Sostuvo ambas manos sobre sus piernas, con mirada llena de amargura—. Mi hijo… mi pequeño Aioria esta tan enfermo de odio…

—Le recuerdo, madre, el porqué se tuvieron que…

—¡NO HAY ESCUSA VALIDA PARA VIOLENTAR UN PACTO DE PAZ HECHO POR LOS DOS REYES!—reclamó mi madre, molesta, aún indignada. Estaba consciente que no le dijimos nada de la invasión y cuando se enteró… ella lloró durante semanas la muerte del consorte.

—Mi señora, por favor no se exalte—intervino Regulus, el antiguo consorte, tomándola de los hombros para hacerla sentar—. Debe estar tranquila, crea que todo estará bien.

—No, ¡¡no Regulus!!—gimió mi madre, tomando el manto real que atavía a quien casi se puede decir, es otro padre legal para mí—. Nada está bien… desde esa invasión nada está bien… Lo único que han hecho es alimentar el odio de mi muchacho… ¡Tan vivo que era! ¡¡Tan alegre!! Y ahora… ¡es un bárbaro de tan baja calaña como los que atravesaron la tierra de su prometido!

—¡¡NO COMPAREIS MADRE!!—me levanté, molesto por las palabras de quien me dio a luz. De inmediato Regulus se puso frente a ella, defendiéndola. Ese fue el pedido que mi padre le dejó antes de morir.

—¡No se atreva a levantarle la voz a la reina!

Regulus, ya no el chico de quince años que engreído y algo arisco llegó al castillo para ser consorte luego de que mi padre quedó encantado de su belleza. Ahora es el noble que ha madurado al lado de mi padre y mi madre, uno de los máximos generales del reino que dejó las batallas desde la muerte del rey. Vestido con el traje de consorte real de color esmeralda, sus ojos verdes aún se muestran puros y vivos. Muy distintos a los de Aioria… los de Aioria son fríos y tenebrosos…

—Ya hice lo que vine a hacer—di por terminada la reunión, viendo a mi madre llorar detrás de él—. Me retiro para ocuparme de los demás deberes.

—Regulus…—mi madre que lo llamó. Yo me quedé para oír el pedido—, por favor… ve a Alhenas, acompaña a Aioria y no permitas que haga una locura.

—¡Pero madre!

—¡Por favor! ¡Recuérdale los valores con los que gobernaba nuestro esposo Sisyphus!—lo tomó del manto, le imploró… mi madre la reina implorando…—. Que ya no castigue a ese pueblo, miles de inocente que no tienen  la culpa de lo ocurrido con Shaka y Asmita… Que los libere… por favor Regulus, yo no…

—Iré, mi señora…—la tomó de las manos, las besos con entera devoción—. Iré como usted lo desee.

—Hazle recordar cómo fue su padre… el hombre que ambos amamos… hazlo, por favor…

—Ya has escuchado, Rey Aioros—se levantó, con su porte real, elevando su rostro, su mirada decidida—. ¡Preparadme una comitiva para ir a Alhenas!

Y ante la orden de la reina madre y el antiguo consorte, no tengo otra opción más que obedecer. Pero ellos… ellos no vieron lo que yo vi… por eso, no pueden entender porque permití la invasión…

///Hace 17 años///

Luego de tan horrible espectáculo, le pedí a Shura que me permitiera salir. Vi el lugar hacía donde salió Asmita de Auva luego de ser humillado frente a todos los príncipes, ese día que Saga de Alhenas era presentado como heredero. Con ayuda de Shura, logré filtrarme hasta los adentros del castillo, viéndolo a él, la antigua espada dorada de Auva, caminar luego de haber sido mancillado, con su rostro enrojecido de vergüenza e ira.

Me adelanté rápidamente, acelerando el paso por los pasillos y vi que se dirigía hacía unas columnas, en completa oscuridad. Hasta allí lo seguí, sin darme cuenta que ya me había sentido y que al moverse allí fue una trampa. Apenas giré hacía la columna, una de sus manos me tomó por el cuello aplastándome sobre el mármol de la estructura del castillo. Yo tomé su muñeca, tratando de zafarlo, pero su fuerza era increíble. Imaginé que entonces la del rey debía ser mayor como para haberlo domado de esa forma hace unos minutos.

—¿Quién es y para que me persigue?—pregunto de inmediato, con su rostro enrojecido, ya las lágrimas no brotaban, pero las que lograron hacerlo habían dejado marcado sus mejillas. Sus labios temblaban, igual que la mano que me sostenía. Comprendí pronto que era ira contenida.

—Asmita… Asmita de Auva… —frunció su ceño, aferrando el agarre—. Yo… yo soy… Aioros… de Rukbat…

Sus ojos se abrieron…

Vacíos…

No había vida en sus ojos. ¡¡MALDITA SEA ESTABA CIEGO!! ¿Dónde estaba la luz azul de sus ojos zafiros? ¿Dónde estaba la belleza de su mirada noble? ¿Qué más le habían hecho?… ¿Qué más? Veía los grilletes en sus manos, la gargantilla de esclavo, las ropas de amantes… hedionda de alcohol y semen… ¡¡HUMILLADO!!

—¿Qué significa esto, Asmita? ¿Qué haces aquí?—indagué, con mis ojos llenos de lágrimas, mi voz conmovida. Y él, él caminó hacia atrás, desvió su rostro, avergonzado—. ¿Qué ocurrió para que estés aquí y en estas condiciones, Asmita?

—Aioros… príncipe Aioros… ¿acaso Rukbat no tuvo noticia de nuestras tierras?—me hablaste, con voz turbia—. Nuestras tierras fueron conquistadas por Alhenas hace tres años, mi señor…—fui yo ahora quien retrocedió, abrumado con la noticia

—¿Qué… qué dices?—titubeé, sintiendo que todo se partía en pedazos a mi alrededor… Nadie, nadie había hablado algo así en Rukbat…—¿Cómo…? ¿Por qué…?

—Debe retirarse príncipe. Si llegan a verlo a mi lado, podría ocurrir algo grave. Debo irme ya—intentó irse y lo tomé del brazo.

—¿Y Shaka?—tenía que preguntarlo… lo primero que vino a mi mente cuando oía la conquista de Auva fue mi hermano Aioria, que ilusionado estaba en el castillo añorando el momento de volver a ver al príncipe de quien está enamorado—. ¿Dónde está Shaka? ¿También está de esclavo? ¿También lo…?

—Shaka… yo lo maté…

La imagen de ambos príncipes en Auva… la imagen de ambos brillando en las tierras de verdes praderas… la imagen de Asmita protegiendo a Shaka de la menor caída…

—Tuve que matarlo… para que no viviera esto…

Y los odié… a toda Alhenas… ¡LOS ODIÉ!

—Por favor, por favor príncipe Aioros, olvide lo que ha visto hoy…—me pidió, tomando mis manos, inclinando su cabeza… ¡rogándome!—. Olvide lo que ha presenciado hoy… y no os preocupéis por mí, estaré bien.

Tomé su frente y la bese. Le juré por mi reino, por mi corona… El juramento que me mantendría de píe hasta el día de hoy.

—No olvidaré, Asmita. ¡Juró que no olvidare!

—No… no, ¡príncipe Aioros! ¡OLVIDELO!

Y lo dejé, sin escuchar palabras, sin escuchar explicaciones… Me fui dispuesto a hacerle pagar a Alhenas su atrevimiento… por haber vejado el reino que mi hermano y yo aprendimos a amar.

______________Acto seis: El compromiso

¡¡Maldita sea!! Kardia ¡¡Maldita sea!! ¿Cómo se te ocurre poner eso en la mesa? Y por la mirada llena de espanto de Shaka y Delio era obvio, a kilómetros, ¡que no estaban enterados de dicho compromiso! Los demás estaña perplejo ante la revelación y Delio se soltó de Shaka para tomar por el cuello a Kardia.

—¡DEJA DE HABLAR ESTUPIDECES! ¡CÓMO QUE SHAKA ESTABA COMPROMETIDO CON ESE MALNACIDO!

—Es así, Delio—respondió el otro, sin el menor atisbo de intimidación—. Rukbat ataca a Alhenas porque Aioria estaba chillando por la supuesta muerte de Shaka.

—Eso… eso no tiene sentido—murmuró Shaka, echando su flequillo hacía atrás, visiblemente abrumado.

—¡ESO NO IMPORTA!—intervengo antes de que se haga una locura con esa información—. El hecho es que Rukbat violó un tratado de paz que se habían hecho entre los dos reyes. ¡Una ofensa así no debe ser olvidada!

—Si fue así, si supuestamente ellos lo hicieron para vengar a Auva, ¡¿PORQUE MALDITA SEA MATARON DE ESA MANERA A MI HERMANO?!—arremetió Shaka, haciendo caso omiso de mis palabras.

—Por qué el tratado de paz fue hecho gracias a Asmita, y Asmita entregó las tierras de Auva a los de Rukbat para que dejaran de atacar a Alhenas, hace quince años—Kardia se soltó del agarre de Delio para acercarse a Shaka—. Para los de Rukbat, Asmita se vendió a Alhenas entregando sus tierras. Sin saber, que lo estaba haciendo para protegerte a ti y la vida que tenías, claro está, antes de que recordaras todo. Para ellos, tú sigues muerto.

—Kardia, ¡basta ya!—volví a interponerme, esta vez poniéndome frente a Shaka, alejando a Kardia y su envenenado discurso—. ¡Ni se te ocurra tan siquiera sacar la idea de hacer un intercambio pacifico usando a Shaka!—sentencié, no dispuesto a entregarlo.

—¡¡MALDITA SEA!!! ¡¡QUIEN DIGA ESA ESTUPIDEZ LO CASTRO AHORA MISMO!!—espetó Delio, escupiendo fuego por su boca. ¡POR PRIMERA VEZ ESTABAMOS DE ACUERDO!

—Por favor, príncipe Saga. ¿Cree que mis métodos son tan limpios?—siseó con verdadera malicia—. Si lo saco a relucir son por otras razones…

No bien había terminado cuando Shaka salió de la laguna, tomando el primer caballo que encontró y dirigiéndose al refugio. De inmediato todos los seguimos, y prácticamente entre Delio y yo armamos una carrera para alcanzarlo, aquel maldiciendo al escorpión con todas las más horribles palabras y yo rogando, rogando que él no fuera a hacer una locura. ¡¡MALDITA SEA!!

Apenas llegó al refugió, prácticamente corrió apresurado, realmente apresurado en dirección a la herrería. Imaginé de inmediato que era lo que buscaba y no me había equivocado. Delio y yo llegamos casi al mismo tiempo al lugar donde Shion seguía trabajando, contando las armas hechas ese día. El rubio con todos los mantos encimas se levantó para hacerle frente a Shaka, quien estaba un poco sin aire por la carrera. Sus ojos zafiros lanzaban verdadero fuego oscuro.

—Dime Shion de Auva. ¿Es cierto que existía un compromiso con el príncipe Aioria de Rukbat?—los ojos avellanas se abrieron de par en par, abrumados, antes de pasar su mirada acusadora hacía mi, de seguro creyendo que fue por mí quien se enteró. Detrás de nosotros iba llegando muy tranquilamente Kardia, rascándose la cabeza—. ¡Responde Shion! ¿Yo estaba comprometido con Aioria de Rukbat?

—Sí mi señor, ocurrió en la primavera antes de la invasión. Supongo que luego de todo lo ocurrido, fue una de las cosas que había olvidado.

—¿Y es cierto que fue por ello que se dio la invasión?—preguntó de nuevo, algo, algo me alarmaba de todo esto.

—Según recuerdo las palabras de mi señor Asmita, el príncipe Aioria había quedado muy interesado en usted y no le perdonó a mi señor su muerte—Shaka bajó la mirada, pensativo… ¡Muy pensativo!—. Tal parece, que desde la visita a Auva, al conocerlo, usted lo conquistó con su encanto.

Hubo silencio… un largo silencio antes de ver, lo que sería el principio de una verdadera pesadilla. Shaka levantó su mirada zafiro con un fuego que devoraba todo su alrededor, mirando fijamente a Kardia… ojos envenados de venganza, la más cruda y cruel venganza. Para Shaka en ese momento, ni yo, ni Delio estábamos allí. Sólo estaba él y Kardia, con la imagen de Aioria en medio de ellos.

—Eres un bicho muy venenoso—siseó Shaka, con una sonrisa aterradoramente maliciosa.

—Será más de un espanto lo que se llevará el leoncito—completó con sadismo el escorpión.

—¿Qué… qué estás pensando Shaka?—preguntó Delio, espantado ante el escenario.

—Shaka…—susurré, sin palabras…

—Quizás—volteó, con un fuego que podría devorar todo a su alrededor—, deba ir a visitar a mi antiguo prometido—la sonrisa que mostraba la más pecadora lujuria.

Y de allí… de allí la revuelta cambió su rumbo…

3 respuestas a “Lienzo de Guerra (Cap 19)

  1. Dioses!!!!!!!! cuantas emociones!!! una termina de leer y no sabe por donde empezar, tanta info y momentos claves… megusto todo de principio a fin.

    KanixMu entrenando juntos OMG
    Saga de maestro *baba*
    Asprita babaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssss
    Planes de Kardia O.o qué planean????? esto si que puede virar los acontecimientos

    LO MEJOR: Saga adolescente enamorado *me lo como toditooooooooooooooooooo*

    Alucinante!!! dame 20 ya *_*

  2. Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa OMG!!!!!!!! *¬*

    —Quizás—volteó, con un fuego que podría devorar todo a su alrededor—, deba ir a visitar a mi antiguo prometido—la sonrisa que mostraba la más pecadora lujuria.

    ohh dioses!!!!!!! Quierooooooo!! ¿Cómo que Shaka y Delio no sabian lo del compromiso?? Dios!!! Fue una bomba!!!

    ESe kardia *¬* tan venenoso mi alacran!!!!!!! WAAAAAAAAAAAAAA se viene el encontronazo AioriaxShaka

    quierooooooooooooooooooooooooooooooo

    Esto es orgasmeante *¬*

    Dame lienzo 20!!!!!!!!!!!!!!! DAmeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

    nota: hubo roce sagmita y musagista ¬¬ no comento!!! xDDDD

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