Encuentros Prohibidos «Asunto Legal»

Antes de partir a una reunión de urgencia, el gerente del banco, Shaka recibe una visita inesperada de un par de abogados dispuestos a resolver serios asuntos.

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Temas: Yaoi, lemon, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Kanon.
Serie: Encuentros Prohibidos
Resumen: Antes de partir a una reunión de urgencia, el gerente del banco, Shaka recibe una visita inesperada de un par de abogados dispuestos a resolver serios asuntos.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo.
Inspiración: Dormí pensando en que escribir y desperté con esta idea lemonosa xDDD

Asunto Legal

El aviso de que dos abogados lo hubieran ido a buscar justo a las tres de la tarde, cuando en una hora tendría que ir a la sede principal a una reunión administrativa, lo había contrariado. Para alguien cuyo orden y puntualidad eran los ingredientes esenciales, ese tipo de contratiempo y citas a última hora lo molestaban.

Shaka Sidtar veía con extremo enfado a la joven secretaria que le informaba que el par de buscadores de la ley lo estaban esperando y con ánimos de no pedir citas para ser atendidos. El rubio con visible disgusto recogió de nuevo su cabello en una medida coleta en la nuca antes de regresar a su escritorio y revisar la agenda. No había caso, ya quedaban sólo cuarenta y cinco minutos de holgura antes de poder estar, a justos veinte minutos para llegar a su otra cita. Resoplando con fastidio, los zafiros emitieron la orden para que la joven mujer partiera de su oficina con la noticia de atenderlos.

Se reclinó un tanto en el asiento para permitirse masajear sus tensas sienes. Nadie podía juzgarlo. Desde que el gobierno hubiera empezado una fuerte vigilancia en los bancos que no eran del estado, había tenido que atender esas visitas inesperadas de aquellos que creían que él no tenía nada mejor que hacer que responder sus preguntas. El joven Shaka Sidtar con tan solo veintiséis años había escalado rápidamente en el mundo bancario, soltero y sin aparente compromiso pasó de ser un simple cajero al gerente bancario de la entidad con tan sólo cinco años de trabajo. Una joven revelación en el enorme grupo de la banca, considerado un hombre de extremo perfeccionismo que no toleraba una sola cosa fuera de lugar. Si sabían que alguien tendría todo plenamente calculado en su departamento ese sería él.

Pronto el sonido de la puerta abriéndose llamó su atención, y el hombre vestido con un traje de Montecristo marrón se levantó de su asiento para atender a sus inesperadas y nada bien recibidas visitas. Detrás de la joven mujer aparecieron dos hombres enfundados en trajes carísimos de color azul marino, altos y de porte imponente, dos gotas iguales a decir verdad. La mujer les abrió paso para que entraran, permitiéndose así Shaka una leve pero minuciosa inspección. Evidentemente tenían el carnet que los acreditaba como abogados del estado, fiscales financieros que estaban de seguro a cargo del caso de investigación de todas las entidades bancarias de la zona. Una revisión más exhaustiva le dirían al joven hindú más detalles sobre quiénes son los que lo estaban buscando.

A la derecha el griego en cuestión tenía su cabello sujeto hacía atrás, un poco de gomantina sujetaban los salvajes mechones de su rostro, dándole el porte severo, serio y rígido. La posición de su espalda y hombro eran de la exactitud de los 90 grados, totalmente recto. Las cejas gruesas enmarcada una mirada verde profunda y prepotente. Sus labios gruesos no mostraban un ligero movimiento, y el traje azul marino con una camisa dentro celeste estaba totalmente enfundado y abotonado, sin dar una sola seña del cuerpo que estaba envistiendo. Era claro que estaba ante un hombre correcto y amante de las reglas, quien a su vez tenía un temple bastante fuerte, nada dado a las vueltas para solucionar el asunto y quien posiblemente fuera del gusto de tener la última palabra en cualquier discusión. Ya con un análisis premeditado del primer abogado, los zafiros dieron vuelta hacía el segundo, el de la izquierda.

El hombre en cuestión a diferencia de su hermano tenía su cabellera suelta, dejando caer algunos mechones sobre su frente. Sus espesas cejas aún así enmarcaban dos esmeraldas altivas y siniestras, parecían investigar todo con extenso detenimiento dispuesto a conseguir el punto débil de su víctima. Sus labios esbozaban una irónica sonrisa de medio lado que de inmediato molestó al hindú por el aire sarcástico que le invadía. El traje del mismo color que el de su hermano, en contraste, tenían dos botones abiertos en su camisa y uno en su chaqueta, dándole ese aire libertino y desenfadado, tan chocante con su acompañante. Las manos en lo bolsillo y una posición donde sus hombros se alzaban en alto altaneramente le daban aquel punto entre la malicia premeditada y la ausencia de las normas. De inmediato Shaka se dio el lujo de hacer un boceto rápido del tipo de persona que tenía en frente. Un hombre seguro que no poseía temor alguno para enfrentar las cosas de cara y sin mediar con protocolos absurdos, amante de hacer las cosas a su propio modo y de buscar hacer caer a su víctima por sí misma enredándole, innegablemente, en alguna artimaña de palabras y argumentos que le dieran las bases necesarias para derrumbarlo.

Un además del rubio fue suficiente para darle orden a su secretaria y así traer tazas de café que compartir con sus inesperados visitantes. Los dos mayores entonces se dieron tiempo para revisar a su nuevo objetivo. Aparentemente joven, no debía tener más de treinta años. Incluso, ya el menor de los gemelos le había puesto de edad quizás unos veinticinco. Su cabello celosamente recogido en la nuca era de un largo y brillante tono dorado, sus cejas perfectas y delgadas marcaban dos zafiros orgullosos y prepotentes. Sus labios no mostraba gesto alguno y su traje de marca marrón con una camisa beige de líneas doradas por debajo le daban indicio de tener frente a ellos un hombre amante de las etiquetas y del orden premeditado.

—Buenas tardes, Señor Shaka Sidtar. Mi nombre es Saga Gemm y mi hermano Kanon Gemm, encargados de la revisión estadal de movimientos bancarios en la zona—se adelantó el más serio y mayor de los abogados, extendiendo seriamente su palma.

—Muy buenas tardes señores Gemm—tomó la palma con fuerza y seguridad—. Ante usted Shaka Sidtar, Gerente del departamento financiero de esta entidad. Permítame ofrecerle asientos en mi oficina.

El agarre se extendió por unos minutos que le parecieron eternos al rubio en cuestión. Las esmeraldas profunda del mayor se clavaron sobre sus zafiros azules en una muestra evidente de análisis concienzudo de su interlocutor. Shaka sin visible incomodidad mantuvo la mirada, férrea y decidida, no dispuesto a mostrase de alguna manera intimidado por el escrutinio del mayor. De un momento a otro, el fuerte apretón de mano cedió la presión y el rubio fue liberado, extendiendo esté una última mirada fija para darle respuesta al mayor que el escrutinio del que había sido víctima no le pareció cómodo. Antes de dar la vuelta para retomar su asiento principal, fue la mirada pulsante del otro gemelo lo que detuvo el caminar del joven hindú. Está, sin recato alguno, se había encargado de escanear por entero su anatomía, para luego enviarle una visible muestra de placer a través de los ojos, como si lo que hubiera encontrado satisficiera algunos cánones específicos que desconocía. Una mirada desconfiada fue suficiente para que el gemelo entendiera cuales eran las opiniones del hindú al respecto.

—Les comentó que en al menos—revisó su reloj antes de continuar—, cuarenta minutos, tendré que retirarme para una junta de urgencia que tengo pendiente en la sede principal, al norte de la ciudad—informó, colocando las fichas del juego sobre la mesa—. Si consideran que este tiempo disponible que tengo para atenderlos es suficiente prosigamos con la reunión. Sino—las esmeraldas del mayor, que ya había tomado asiento permanecían firme. El menor apenas tomaba asiento sin prestar suficiente atención—, les invito a cuadrar una cita de antemano con mi secretaria y podremos atender estos asuntos con el orden que merece.

—Considera acaso que hemos venido a estropear su ajustada agenda, Señor Sidtar—se atrevió a comentar el menor, sentándose casi como si se recostara en el asiento, con sus manos tomadas sobre el pecho y cierto aire irreverente en su faz. En ese momento llegó la secretaria y sirvió las tres tazas de café negro.

—Considero que toda reunión que no esté pautada previamente en mi agenda es un ligero desbarajuste para mi rutina laboral—respondió en tono firme y severo el hindú, sin ánimos de verse intimidado.

—Seremos breves—sentenció el mayor tomando un sorbo del café caliente y saboreándolo con sus gruesos labios, un movimiento extremadamente sensual que no pasó desapercibido por el hindú

—Agradezco la comprensión—replicó el rubio, tomando un sorbo y dejando la taza en el escritorio—. Bien, ¿en qué puedo servirles?

Tal como esperaba el joven gerente, fue el mayor quien tomó la palabra. Sus palabras precisas y sin rodeos le daban indicios del tipo de datos de rutina que debían revisar en la entidad. Capital y montos de emisiones y recepciones de dinero, los influjos y transferencias de efectivo junto con la procedencia de ellos eran, entre otros, algunos de los requerimientos de los abogados. Durante la conversación, el hindú detectó en la mirada del mayor de ellos ciertas señales que no sabía cómo definir. Sin embargo siguió la conversación, tomando la taza de café y viendo de vez en vez al menor, quien a los pocos minutos visiblemente incomodo se levantó de su asiento y simplemente recostó su cuerpo a la pared, sin quitarle la vista de encima al joven de cabellera dorada.

Por momentos Shaka empezaba a sentirse realmente incomodo. Con la profundidad de la mirada del mayor se sentía sumergido en una especie de hechizo que no sabía de qué manera definir, pero de alguna forma le hacía ser más consciente de los ligeros gestos que hacía aquel al explicarse. El movimiento de la mano derecha dando énfasis a cada palabra, junto con la forma fonética en que sus labios emitían los sonidos y el leve movimiento de cejas que enmarcaban los momentos de interés en sus puntos. La voz gruesa y varonil parecía atraparlo en una espiral de sensaciones contrarias a su cuerpo.

Y para completar el cuadro, el menor de los abogados no tenía algún pudor para hacerle ver el escrutinio del que de nuevo era víctima. La mirada fija de esos orbes esmeraldas viajaba traspasando el escritorio de vidrio y viendo sin decoro de pies a cabeza, deteniéndose leves instantes en puntos especiales que el hindú comprendía a la perfección y empezaba a perturbarlo en demasía, provocándole constantemente que cambiara de posición. Pero parecía que el menor se divertía al causar eso precisamente. Para el hindú no le fue difícil adivinar las verdaderas intenciones de tan vigilante y persistente mirada, sobre todo cuando en una de ellas descubrió el ligero movimiento de esa lengua rozando deliciosamente los gruesos labios del griego.

Shaka lo entendía…

De alguna manera la reunión estaba tomando otros rumbos muy lejanos…

Y ciertamente no le incomodaba demasiado la idea.

Aunque, antes de ingresar en terrenos sombrío, era imperativo para el rubio comprobar cuales eran las verdaderas intenciones. Con increíble sensualidad dejó recargar su rostro en el dorso de su mano derecha, llevando el dedo meñique ligeramente a sus labios, con la mirada fija en el mayor, que al ver la provocativa señal prefirió quedarse en silencio. Luego sus zafiros viajaron hacía las esmeraldas que lo observaban de pie, notando de inmediato que el menor de los gemelos le sonreía con malicia. Era claro, el abogado en cuestión estaba dispuesto a cambiar los fines de la inesperada visita y el hindú no le parecía indecoroso el pedido. Lo lamentable es que ya faltaban 25 minutos para irse.

Una última mirada al mayor para comprobar fue emitida y Saga se quedó en silencio observando los potentes zafiros de su interlocutor. Yendo al grano, el gemelo hizo una rápida inspección para verificar al hombre que tenía en frente y a quien no había analizado por las evidentes circunstancias en las que se encontraban. Comprobó entonces la increíble belleza del hindú, recorriendo sin pausa primero el rostro de marfil tan etéreo y orgulloso, que le miraban de forma dominante, con aquella lagrima roja tatuada en su frente, sus labios finos que levemente mordisqueaban la punta de su dedo meñique. Manos cuidadas, sin algún tipo de desnivel, hombre alto, piernas largas y tanta telas empezaban a tentarle por saber que tanto guardaba. El mayor finalmente subió una mirada profunda, magnética, que el rubio comprendió. Ante el escenario, el menor de los abogados se acercó detrás de su hermano y le dijo unas cortas palabras al oído. Palabras que de cierta manera aumentaron el brillo a las tan antes serias esmeraldas.

—Me temó que todo lo que me dice es sumamente interesante—comentó Shaka, levantándose de su asiento con andar pausado, equilibrado y de alguna forma insinuante. Kanon recobró su porte con una mirada lasciva, y el mayor se puso de pie, con sus esmeraldas penetrantes, con indudable dejo de ansías—, y que lamentablemente ya quedan tan sólo—revisó su reloj de nueva cuenta—… veinte minutos para partir a la junta.

El rubio caminó un poco para quedar detrás de ambos griegos, quienes siguieron con persistencia cada uno de sus pasos. El menor de ellos ingresó sus manos de nuevo en los bolsillos del pantalón y se recostó ligeramente en la mesa, sin afianzarse para no provocar un accidente lamentable. El mayor mantenía la mirada, esta vez era fuego lo que escupían. Entendía perfectamente que la forma de actuar de ese hombre contradecía los tan guardados protocolos que debía mantener en su oficina y saber eso le daba indicios a imaginar que el gerente bancario tenía planeado utilizar esos veinte minutos de otra forma.

—Les recomiendo entonces que hablen con mi secretaria para apartar una cita con más… espacio de tiempo—acotó con una sonrisa de medio lado, mientras el flequillo enmarcaba la visible muestra de lujuria en las orbes celestes—y de esa forma los podré atender con la atención que merecen—siseó al final, en una clara muestra de sus intenciones.

—¿Acaso piensa dejarnos ir sin completar nuestro asunto?—preguntó provocativamente el menor, abriendo sin decoro sus piernas para permitirle ver la muestra del pequeño problema que habría de resolver antes de marcharse. Los orbes celestes refulgieron con fuerza.

—¿Sabe cuál es el lema de nuestra entidad bancaría, Señor Kanon Gemm?—interrogó el rubio, abriendo los botones de su chaqueta marrón y acercándose a él, señalándole con su mano uno de los asientos. Saga veía todo sin emitir comentario alguno, sólo de observador, por los momentos…—. “Nuestra misión es satisfacer sus necesidades”—susurró dejando finalmente la chaqueta sobre el escritorio.

Kanon se sentó en el asiento, de forma holgada, abriendo sus gruesas y torneadas piernas y desabotonando la chaqueta para hacer más fácil la notable situación. Saga simplemente se cruzó de brazos, dispuesto a observar el espectáculo mientras que el rubio con increíble sensualidad pasó sus delgados y largos dedos por la tela del pantalón del abogado, hasta llegar a la hebilla de la correa. Kanon mordió sus labios, excitado con ver al rubio mirarle con tanta lascivia tatuada en sus cuencas oculares. ¿Era el mismo hombre serio quien los saludos de forma severa al entrar? Parecía que el dragón del gemelo había despertado a algún dios milenario de su sueño.

Con destreza el hindú liberó la hebilla y abrió el botón del pantalón. Para complacencia del menor de los gemelos, acercó su rostro hasta la entrepierna tomando con sus dientes la cremallera y bajándola muy lentamente. Simplemente eso había sido suficiente para hacerle dar un breve rincón en el asiento, mientras se descubría el bulto debajo de un ajustado bóxer azul índigo con líneas blancas en las líneas circundantes a los músculos. El gemelo se reclinó un poco más, subiendo un tanto las caderas para que el pantalón pudiera rodar hasta sus rodillas y permitirle así a su, ahora, servicial amante realizar la maniobra que tenía en mente.

Una mano tentó en primera instancias la protuberancia sobre la tela y Kanon mordió sus labios ahogando un gemido. El dedo con increíble sensualidad bajaba y subía palpando las dimensiones de lo que le esperaba y el rubio relamía sus labios al ver con semejante cantidad de carne que debía, pronto, aliviar con su boca.

—Bastante considerable…—siseó el rubio en el oído del gemelo, antes de dejar una ligera lamida en el pabellón del oído derecho. Un gemido sordo escapó de los temblorosos labios del griego—. Me temó que para esta cantidad de… altivos, tengo la cuenta de ahorro perfecta… para… aumentarlos… en poco tiempo…

Saga escuchaba todo y no podía evitarlo. Estaba siendo testigo de la conversión de un correcto gerente bancario a un verdadero demonio de la lujuria y su hermano, con esa cara llena de placer, le daba indicio certero de que el rubio lo estaba enloqueciendo. Pronto sentía que se estaba excitando y empezaba a meditar en la posibilidad de dejar su papel de observador a un lado.

Mientras el griego reflexionaba al respecto de su ahora nuevo estado corporal, ya Shaka había liberado la turgente virilidad del gemelo menor, tentándola con la yema de sus dedos de forma consistente. Revisó de nueva cuenta su reloj y ya faltaban quince minutos, por lo cual vio necesario darle un poco de velocidad al encuentro. Como hombre de ajustados itinerario que era, llegar tarde no era una opción, al igual que dejar insaciable a un cliente tampoco lo era, así que apresuró sus labios para empezar a lamer la punta del miembro endurecido con pericia, haciendo que el abogado se contornease en el asiento, apretando los pasamanos, y cerrando sus labios para no emitir sonido alguno. En poco tiempo la virilidad griega estaba en completa posesión de la bucal entrada del hindú y este, con increíble destreza, lamía y palpaba toda la carne regalándole al abogado una felación jamás sentida, mientras sus dedos viajaban por las piernas, apretándolas enérgicamente.

Kanon jadeaba sin voz, sin aliento, sudando la frente y levantando su cadera con frenesí, demencial movimiento de lengua sentía en su hombría dentro de esa cálida boca, con ligeras mordidas en el glande que lo llevaba a un precipicio mezcla del placer y lo que significaba estarlo haciendo precisamente en esa oficina con alguien a quien apenas conocía. La excitación era demasiada. Una gota de sudor resbaló penetrando en uno de sus ojos y provocándole ardor, mientras las manos viajaban masajeando con dureza sus glúteos firmes y los labios ahora recorrían a sus bolsas gemelas. Estaba seguro, ¡ese rubio lo estaba matando a punta del goce más insano jamás sentido!

Y el mayor notaba la destreza demoniaca con al que el rubio ejecutaba su servicio oral y era a tal punto que con sólo observar estaba, por demasía, excitado. Sin emitir comentario al respecto, él mismo empezó a desabotonarse su chaqueta con tranquilidad, caminando hacía la espalda del rubio, quien arrodillado seguía ejerciendo su trabajo. Dejó la chaqueta en el asiento libre, quitando la hebilla y deslizando la cremallera para bajar su pantalón. Acto seguido, se arrodilló a la altura del rubio y con una de sus manos despejó los cabellos dorados, deteniendo por un momento su labor. Un dedo grueso del griego mayor palpando el cutis limpio y cuidado del rubio, y pasando sinuosamente hasta su oído; habían puesto a temblar al de ojos celestes. Las orbes verdes lo miraban con ese magnetismo que había detectado al tan sólo entrar. La mirada de Saga parecía querer tragarlo con él en un abismo inter dimensional donde las reglas servían para romperse.

—Si llegas a dejarme insatisfecho, podría meterte una demanda, señor Shaka Sidtar—le susurró al oído con voz ronca, sensual, dejando un rastro de aliento caliente que sacudió las fibras del menor.

Alejando un momento su boca de la turgente virilidad del menor de los gemelos, el rubio inclinó hacia atrás un poco su rostro, hasta encontrarse con los deseados labios gruesos de aquel griego que había dispuesto involucrarse en la fiesta. Los carnosos labios apresaron y saborearon el sabor a sexo que el hindú desprendía de su aliento, alebrestándose con ello, mientras que las manos del mayor empezaban a buscar a acariciar por encima de la tela la ya despierta virilidad del hindú. El menor abandonó esos labios y volvió a atender al cliente que ya estaba en la primera fila de espera, porque, como es de esperarse, lo primero es lo primero. Kanon se sobresaltó al sentir de nueva cuenta esa caliente boca en su sexo, sintiendo que faltaba muy poco para venirse. Mientras tanto, Saga se entretuvo sacando su poderosa erección para irla rozando cadenciosamente por los glúteos del ejecutivo, gimiendo sordamente mientras sus manos presionaban con fuerza aquellas piernas, comprobando, para su deleite, que eran gruesas y torneadas.

Pronto el griego menor descargó su esencia en la boca del oriental, exhalando un jadeo sin aire, exhausto y embebido por el orgasmo. Pero Shaka estaba excitado. No sólo el trabajo oral con el primer abogado, sino sentir ese pedazo de carne rozando detrás de él, con esas manos gruesas buscando palpar más de su piel, lo había despertado. De nuevo regresó su cabeza hacia atrás y el mayor de los abogados demostró ser mucho más pasional que lo que su porte serio vislumbraba al entrar a su oficina, devorando sus labios abiertamente y dejándole notar con su lengua él como quería traspasar su delgado y formado cuerpo. Sin aliento luego de aquel ósculo profano, Shaka observó su reloj, detectando que ya quedaban tan sólo ocho minutos y dos problemas que solucionar.

Sus zafiros se encendieron con la idea en mente. Con rapidez bajó su pantalón y ropa intima dejándole ver a ambos griegos a aquella potente carne acaramelada que se presentaba ansiosa ante ellos. Una vista indecentemente perfecta, suficiente para levantar a Kanon del estado de sopor y dispuesto esta vez a ofrecer sus servicios legales. Una mano del griego mayor irrumpió para tomar las bolsas gemelas del rubio, mordiendo los labios delgados para ahogar el gemido que amenazaba por salir de su garganta. El menor de los griegos por su parte se dedicó entonces a besar esos labios para probar su propia esencia, mientras Saga masturbaba sin desgano la virilidad. Shaka estaba extasiado. Victima del placer que lo embrutecía se mecía en un lento vaivén sensual conforme las manos del mayor de los abogados acariciaban su intimidad y la lengua del menor palpaban con humedad su boca.

Era lamentable tener que ir en contra del reloj y aunque Shaka no quisiera hacerlo y prefiriera dejarse llevar por el momento, su parte racional le gritaba que estuviera pendiente de no tomar más minutos de los permitidos en esa faena deliciosamente sexual. Ambos gemelos quemaban y él lo sabía, pero era imperativo colocar las condiciones en la mesa para tener el disfrute que le esperaba sin fallar a sus obligaciones laborales. Después de todo, aún estaba en su horario de trabajo. De esa forma de nuevo viró sus ojos hacía el reloj, ya cinco minutos, el tiempo apremiaba. Con eso en mente, usó una mano para jalar el cabello del mayor de los gemelos y que este se acercase por los hombros, y con la otra tomó el mentón del menor, dirigiéndole a ambos una rápida mirada dominante. Los griegos temblaron y se vieron, por gracioso que sonare, a merced de los deseos del hindú.

—Tienen cinco minutos para darme el mayor orgasmo de mi vida… si es que no quiere que le cierre la cuenta… permanentemente.

Kanon se sonrió, malévolo.

A Saga las esmeraldas le brillaron, perversas.

Shaka supo que los griegos le darían lo que buscaba…

Con agilidad el mayor de ellos se sentó en la silla donde había dejado su ropa, llevándose el cuerpo del hindú con él. Antes de proseguir le pidió a su hermano un preservativo que él le extendió con tranquilidad. Kanon siempre iba preparado para la guerra a donde fuera.

Luego de haberse protegido para el encuentro, le dio la señal a su hermano menor, quien sin perder un solo segundo empezó a lamer con lascivia la virilidad del rubio. Shaka estuvo a punto de soltar un gemido por el deleite, cuando dos dedos del mayor hallaron espacio en su boca y empezaron a tentar su lengua de forma desenfrenada. Shaka se sentía en la misma gloria… dos manos palpaban sin decencia la parte interna de sus muslo, una tercera acariciaba circularmente su pecho aún cubierto con la camisa y la cuarta le metía los dedos en su boca mientras el menor ejercía placer con su lengua en la punta de su intimidad. Entre tanto, Saga estaba a punto de desfallecer al sentir las succiones rítmicas que el rubio le prodigaba a sus dos dedos. Dispuesto a sentir más de ello, sacó esos dedos ya humectados y metió los otros dos de la otra mano, mientras que buscaba ya espacio en la entrada que quería profanar.

La humedad buscando terreno entre las colinas blanca puso a temblar a Shaka a punto indescriptibles. La corriente lo estaba enloqueciendo, esos dedos impedían que soltara los alaridos de placer que quería dejar ir para liberarse un tanto de todo eso torrente lascivo que lo dominaba. Pronto al sentir que el primer dedo empezaba a orbitar por su entrada, aquel quejido de dolor que pudo haber salido fue mutado a un jadeo ahogado cuando la primera succión por parte de la estrella Castor hizo su aparición. La espalda del hindú se arqueó con fuerza, moviendo sus caderas con ritmo, al mismo tiempo que su cabello dorado danzaba en el aire. De súbito el segundo dedo hizo acto de presencia y Shaka sabía que pronto llegaría el momento clave. Con increíble velocidad el mayor se abría espacio en esas carnes caliente que lo apresaba con tanto énfasis, y ya deseaba, deseaba llevar el encuentro al punto final.

Sentía que ya era hora de dejar en claro los últimos términos. Sacando sus dedos de la boca y la entrada, Saga sostuvo aquellas caderas mientras llevaba su miembro hasta la profunda cavidad caliente ya preparada. Shaka sentía que aquella carne irrumpía y mordió sus labios delirando por el placer, sudado, con sus mejillas teñidas de un carmín intenso que delataba el estado de su cuerpo. Kanon observaba la imagen de nuevo excitado. Ya su hombría había despertado dispuesta a entrar pero lamentablemente ya su hermano estaba ocupando el espacio. Sacó un pañuelo para secar el sudor que corría en su frente y la del rubio y con ello tuvo la idea de cómo saciar su propia hambre. Dos dedos en la boca del hindú, sus labios de nuevo en la virilidad y su mano derecha, con el pañuelo, empezó a masturbarse.

El sobresalto al sentí aquellos labios de nuevo apresarlo hizo que de un pequeño brinco la potente erección de Saga penetrara por completo, provocando que el mayor cerrara con fuerza su boca para no emitir el alarido que se quedó atascado en su garganta. Pronto el movimiento frenético comenzó, Saga imponía el ritmo con sus manos, mientras Shaka bajaba y subía enardecido y de la misma forma esa hombría se auto embestía en la boca del menor de los griegos. Al mismo tiempo, Kanon sintió sus dos dedos ser succionado con hambre voraz y la corriente era enviada como si fuera su propia carne intima la que la sintiera de lleno. La excitación los estaba nublando y los tres estaban entregados plenamente al momento; Shaka saltando, Saga moviéndose mientras lamía el cuello del rubio y Kanon succionando conforme su mano saciaba su propio placer.

Y el tiempo se agotaba.

La señal era enviaba.

Los tres lo sentían…

Aquello que había empezado como una mera reunión protocolar para poner en la mesa los términos de una vigilancia exhaustivas en los movimientos bancarios de la entidad, termino siendo una impúdica orgía que los estaba matando a punta de delirios. Las espalda del hindú se arqueaba al sentir los golpes certero en ese punto tan sensible de su ser. Kanon aceleraba el movimiento de mano y labios, Saga por su parte hacía lo mismo con las estocadas y llegó el momento que los tres, al mismo tiempo y como si estuvieran cronometrados, se derramaron exhalando un gruñido sin aire a la atmosfera apestando a sexo.

El rubio cayó en brazos de Saga, azorado, buscando controlar la respiración. Aquello había superado cualquier expectativa, sentí que su cuerpo tardaría de reponerse de semejante oleada de placer. Revisó su reloj, notando que apenas tenía un minuto para recuperarse e irse. Bufó al final, quería quedarse con semejantes prospecto griegos seduciéndolo.

Sintió entonces la calidez de la respiración de quien lo tomaba desde la espalda, respirando relajadamente en su cuello, aspirando su aroma. El menor a su vez se acercó a los labios del hindú y robó un beso húmedo, delicioso, para cerrar su entrega.

—Esto fue… maravilloso…—comentó el rubio, mirando las esmeraldas de Kanon empapadas de deleite. Un beso húmedo final por parte de Saga le dio a entender que era reciproca la situación—, pero debo irme…

—Debo admitir, que fue mejor de lo que pensé—halagó Kanon, levantándose con aún el temblar en sus rodillas y acomodando su pantalón. Saga los veía aún abrumado por el orgasmo.

—Ya estoy sobre el tiempo—exhaló un suspiro agotado y lamentoso—. Si no, con gusto me quedaría para una segunda ronda.

Saga al escucharlo se sonrió, viéndolo ahora como se vestía acomodando su camisa luego de limpiar el hilo de semen que se escurrió por sus piernas, con un pañuelo que guardaba en su chaqueta. Recogió de nuevo su cabello dorado, con una servilleta secó de nueva cuenta su frente y respiró hondo, buscando aplacar la corriente que aún gobernaba su cuerpo. El abogado mayor entonces se reincorporó, vistiéndose tal como su hermano también lo hacía, y arreglando su cabello que con la excitación se había despeinado. Vieron su reloj y efectivamente ya el rubio tenía cuatro minutos de retraso para salir.

Sin más, se acercó a espaldas del hindú, apresándolo con sus fuertes brazos. No importaba que las cosas se hubieran dado por un incontenible y apresurado deseo sexual, el griego mayor se sintió de alguna manera atado por semejante hombre e interesado en conocerlo en otras facetas menos carnales.

—Habrán otros… todavía tenemos asuntos que arreglar—le susurró al oído. Shaka se sonrió con el comentario.

—Espero que para la próxima, aparten una cita con mi secretaria—acercó sus dedos a los labios gruesos, que fueron lamidos por el mayor sin reserva. Ya Kanon saboreaba lo que sería esa segunda visita—. De esa forma, tendremos más tiempo para atender ese y “otros” tópicos.

Los griegos se sonrieron, dejando que Shaka caminara con su andar elegante hasta la puerta, les abriera y les invitara a salir. Ambos abogados caminaron con cierto aire relajado, encantados aún con lo que habían encontrado en esa entidad. Cuando el rubio cerraba la puerta, voltearon al escuchar las palabras que él dejó antes de partir.

—Marin, por favor, apártele a los señores una cita con mínimo dos horas disponibles. Los asuntos que tengo que tratar con ellos son de imperiosa necesidad para nuestra empresa.

Kanon miró a Saga con esmeraldas fulgentes.

Saga se sonrío…

Shaka partió con la satisfacción efervescente.

Ciertamente, no sería el último asunto legal al que le gustaría exponerse…

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