Terapia Sexual (Cap 01)

Saga ha quedado traumado después de un desplante, que le ha imposibilitado tener un orgasmo en tres años. Shaka por su parte no encuentra algo que pueda excitarlo. ¿Habrá alguna forma de recuperar su vida sexual sana?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Cams.
Resumen: Saga ha quedado traumado después de un desplante, que le ha imposibilitado tener un orgasmo en tres años. Shaka por su parte no encuentra algo que pueda excitarlo. ¿Habrá alguna forma de recuperar su vida sexual sana?
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: Soñar con Defteros trae efectos contraproducentes *babas*

Capitulo 01: Inicio de Terapia

El corte de fluido eléctrico había llegado en el momento menos indicado, y en eso pensaba Shaka cuando al ingresar al baño se dio cuenta del abrupto corte de luz. En plena sesión de fotografías, aquel joven modelo había decidido ir al tocador en medio del tiempo de descanso, para recuperar un poco de aire. Le resultaba incomodo el trabajo que estaba haciendo, pero la paga era, en demasía, una tentación imposible de evadir.

Pensaba en eso cuando el corte ocurrió y luego de refunfuñar decidió quedarse en el sitio, aprovechando la lámpara sustituta en esos tipos de casos. Movió un poco su cuello en forma circular para despejar sus músculos tensos luego de una jornada de casi seis horas. Necesitaba descanso, lo sabía, y a ahora ese impedimento eléctrico alargaría más la hora de salida. Resopló fastidiado cuando sintió que alguien entró al baño y al subir la mirada al espejo y verlo dibuja una expresión enteramente neutral.

—Al fin solos, Shaka.

El rostro que menos quería ver estaba justo allí. Shaka con un ademán en su mano no disimuló un solo segundo el malestar que le provocaba la presencia del visitante. Y no tenía que pensar mucho en el porqué. Saga era en el mundo del modelaje el más llamativo y remunerado, conocido por múltiples marcas que había, prácticamente, subastado su presencia entregando millones de dólares para que su imagen apareciera en sus productos. Desde crema dental hasta perfumes, las pasarelas más cotizadas de New York hasta Hong Kong, no había lugar alguno donde la sonrisa de Saga o su cuerpo exuberante no hayan trastocado los espacios de la publicidad.

—¡Déjame mostrarme alegre!—comento el rubio, echando su cabello a un lado por el calor que empezaba a hacer en el lugar. ¡Maldita falla eléctrica!

—Siempre tan mordaz. Ni una sola sonrisa para las cámaras o para mí…—siseó, acercándose lentamente a su espalda. El hindú prácticamente calculo uno a uno cada movimiento que ejercía el griego buscando acercarse. Curveó sus ojos, visiblemente fastidiado.

—Para tener mi sonrisa deberían pagarme toda la caja chica que preserva la unión Europea y aún así, quedarían debiendo—espetó con sobrado sarcasmo, esquivando el movimiento que el griego usó para asirlo por la espalda, dejándolo con los brazos tomando el aire.

—Tanta belleza llena de espinas, es una gran lastima…

Sus delgadas cejas rubias se curvearon en claro gesto de incomodidad. No tenía porque soportar al maldito griego que creía que por mostrar una de sus delirantes sonrisas o centímetros más de su trabajado cuerpo todos iban a caer bajo sus píes. Él por lo menos, no lo haría. Pensándolo bien, ni siquiera fue la paga lo que lo hizo tomar ese trabajo sino el claro desafío que le lanzó el griego en esa reunión, llamándolo cobarde por temer caer en sus garras y él, no iba a caer.

Las esmeraldas se levantaron con aire prepotente, hechizantes… no podía negar que esa mirada verde parecía tragar la misma luz a través de él, hacerla suya, domarla a su antojo. Tenía un poderoso cosmos que envolvía su fiera mirada, salvaje y dominante al mismo tiempo, enmarcada por espesas cejas azules, delineadas, pobladas, junto con todas las líneas que hundían sus mandíbulas marcadas. Los labios gruesos y perfectamente formados tenían una textura a la vista suculenta, no necesitaba de maquillaje para mostrar ese leve brillo seductor que mostraba tersura. Shaka estaba consciente de todo ello, pero él no se deslumbraba fácilmente, mucho menos por tener frente a él, en un baño a media luz, a ese cuerpo endiabladamente perfecto, con cada músculo en su correcto lugar, la masa muscular era en la cantidad aceptable, sin ser asquerosa ni delgada, el brillo de su piel bronceada se acentuaba por la poca iluminación y sólo… sólo tenía un minúsculo interior negro de la marca que estaban promocionando.

Mientras que él, Shaka, era un joven hindú que había sido recién descubierto para la industria del modelaje. Su rostro con aire de misticismo y divino habían llamado las marcas más importante de perfumes y joyas, con los más conocidos sastres de la temporada. Shaka se dio a conocer de inmediato, como el modelo de los cielos. Una mirada que transparente invitaba a lagunas de agua azul enmarcada en campos de trigo dorado. Su cabello era un mantón lacio de hebras de oro que caían con soltura, siendo incluso llamado para los mejores comerciales de producto capilar. La piel, blanca como la leche y tersa, con músculos acentuados de forma discreta, varonil pero al mismo tiempo con un aire de cierta inocencia. Inocencia que vale acotar no existía en la vida real.

Una cosa especial con Shaka era que no aceptaba cualquier tipo de trabajo y mucho menos los que a simple vista eran altamente costosos. Incluso, en todas las fotografías jamás había sonreído, y era precisamente esa expresión con sus labios entreabiertos con aire expectante lo que seducía a distancia. Esa mueca en sus labios junto a los zafiros atrayentes daban una clara invitación a besarlo y eso, es justamente, lo que Saga había visto en él. Pero Shaka no había tenido ni siquiera una sola relación pública, nadie conocía de la vida privada del intrigante rubio muy distinto a él donde todos sabían quiénes habían pasado por su cama alguna vez. Ese detalle era también una motivación más para desear al rubio de mirada celeste.

—Debo admitir que ese bóxer celeste te queda justo como me gusta—halagó el griego, mirándolo lascivamente. El rubio viró de nuevo sus ojos sin taparse, sólo tenía una toalla sobre sus hombros con la cual se había cubierto al salir del set.

—Supongo que debería considerarme afortunado—una mirada pulsante, irónica. Esa mueca de serio enojo que enmarcaba sus labios delgados y las cejas que sin reparo estrujaron el punto de su frente.

—Ciertamente…—se acercó, con pasos orquestado, acorralando al hindú, sin espacio para moverse. Una mano en la pared y otra en el lavado y lo había dejado literalmente sin salida, pero Shaka no parecía inquieto por ello—. El aroma de tu perfume me enloquece…—murmuró sobre sus labios, ya cerca de probarlos. Quería esperar ver alguna reacción del hindú pero esta no llegaba. ¿Cuánto más debía provocarle para ver al menos un leve estremecimiento?

—No deberías jugar con fuego, Saga—sus zafiros brillantes, decididos. Nada parecía demostrar que estuvieran de alguna forma intimidado. El aroma de canela que desprendía su aliento fresco lo llamaba.

—Me gusta el fuego, Shaka—se acercó un tanto más, ladeando su rostro, lamiéndose sus labios ansiosos—. Básicamente, quiero quemar…

No bien había terminado de decir la frase cuando Shaka, sin anestesia, atrapó los gruesos labios, besándolo con ferocidad pasional. Las muñecas del griego fueron sujetas por el hindú, evitando así que buscara un abrazo y quedando, sólo en contacto sus labios que ávidos besaban los ajenos. Saga sitió aquella corriente de placer embargar cada uno de sus nervios, la forma que el hindú movía los labios sobre los griegos, los deshacía en profanas caricias bucales que los llevaban a las puertas del Olimpo. Sus bocas se abrían, sus alientos se conjugaba. La lengua del hindú rápidamente encontró cabida en los labios del mayor, rozando con esa textura áspera y caliente las líneas, penetrando luego para tantear con sus carnes la perfecta dentadura, estimulando las encías, robando jadeos placenteros. Saga se dejaba llevar por esa forma tan insana de besarlo, ¿quién pensaría que sería de parte del modelo que ante los ojos del mundo era la representación de la pureza?

Parecía tener vasta experiencia…

La lengua ahora mojaba con su cálida saliva el paladar del mayor. Ante el ósculo tan húmedo y lascivo las piernas griegas empezaron a tambalear. Quería establecer más contacto, y ya que les tenía las manos sujetas, se balanceó para que fuera entonces su miembro ya excitado el que le hiciera notar sus intenciones. Y aquel bulto rozó con el vientre del hindú y se las arreglo, para que flexionando un poco las piernas acariciara la anatomía intima del rubio que le robaba el aliento con los labios. El cuerpo del griego se tensó con el leve contacto pero…

Aquel no se mostraba excitado.

Muy a pesar de eso, siguió instando… instando… su miembro atrapado colisionaba con el de aquel, de tanto movimiento y por lo pequeño de la prenda se había liberado solo, mostrándose tan orgulloso con la cabeza en alto… excitado, muy excitado. Las lenguas eran succionada en su paso, el griego colapsaba de deseos, rozaba la punta de su hombría contra el vientre de aquel, buscaba… buscaba…

Y ni siquiera su piel estaba caliente.

En ese instante, el rubio se apartó de sus labios, provocándole que abriera sus esmeraldas, empañadas de placer, excitadas. Los zafiros de Shaka permanecían inmutable, serenos, tranquilos, sin un solo rastros de haber tenido el reciente arrebato. No había rubor en sus mejillas, ni temblor en su piel… ni siquiera se había levantado…

—Me temó que no eres suficiente para excitarme, Saga—sentenció, soltando las muñecas del griego, cruzándose de brazos con increíble frialdad—. Ni siquiera verlo erecto frente a mí me causa emoción alguna—siseó con una prepotencia insana, viéndolo encima de reojo. Saga no lo podía creer. Simplemente era inconcebible que eso estuviera pasando.

—¡¿ESTÁS HECHO DE PIEDRA O QUE?!—exclamó acomodándose su traje, abrumado, indignado, burlado al extremo. El rubio siquiera mostró algo de desdén, su vista severa era suficiente para hacerlo lucir impenetrable.

—No deberías adjudicar tu pocas capacidades amatorias a mi persona—condenó, humillándolo por completo—. No sé que han visto todos aquellos que han caído en tu cama, pero acabo de comprobar que no eres más que un bonito envoltorio para un regalo inútil—aplastado… vilmente destrozado. Su ego cayendo a pique—. Una verdadera lástima, pero ya ves, no puedes satisfacerme—declaró, caminando hacia la puerta del baño—. Recomiendo que arregles tu problema pronto, en cualquier momento volverá el fluido eléctrico y hay trabajo que hacer.

Jamás lo olvidaría, el griego estaba seguro. Jamás olvidaría ese día que había sido prácticamente pisoteado por ese creído rubio… jamás…

—He salido con montón de mujeres y hombre y no he podido llegar al orgasmo. ¡Es frustrante! Perdí muchos de mis contratos como modelo por los escándalos que me armaban mis ex parejas, muchos rumores se hicieron públicos, tuve que tomar un receso y han pasado ya tres años desde ese día y ni siquiera sólo puedo llegar a un maldito orgasmo.

Era humillante, pero a lo largo de esos tres años luego de aquella tarde, toda su vida se trastabilló tocando fondo. Hasta a alcohólicos anónimos le tocó ir al verse frustrado por no tener una vida sexual saludable. Cada vez que sentía que tocaría cielo, las palabras de ese rubio lo desbocaban al mismo averno. Estaba cansado de probar pastillas para mejorar la actividad sexual, terapias y cuantos remedios caseros así que, decidió al fin buscar ayuda profesional.

—Yo era antes un hombre que podía aguantar hasta cuatro jornadas y en las cuatros cantar Aleluya y ya parece que hasta se me olvidó donde quedaba el himnario—comentó exasperado, lanzando una bocarada de aire—. Debo ser el hombre más patético de la tierra.

—Ciertamente, viniendo de alguien como usted, con semejante porte y tan reconocido, es algo lamentable. Pero todo tiene solución.

El griego subió la mirada para ver al frio doctor que lo atendía, un francés, reconocido terapeuta en sexología. La mirada aguamarina del hombre parecía traspasarlo a lo hondo, alguien que tenía una reputación intachable y cuyos servicios eran altamente costosos, pero que al mismo tiempo sus resultados eran fiables. Después de tanto hablar su propio hermano, ya preocupado por la depresión que lo azotaba, había decidido pedir ayuda en él, un hombre que además era conocido por su discreción.

—Curiosamente he estado atendiendo un caso similar al del joven que lo rechazó aquella vez, Sr. Saga. Ante todo debe reconocer que no es normal que luego de los roces tan íntimos que tuvieron no haya habido reacción alguna. Por mucho que no haya una atracción física evidente, el cuerpo humano está programado para activarse por ciertos estímulos, lo queramos o no.

—¿Entonces si era de piedra?—musitó el modelo, con una ceja enarcada, tratando de reírse de su propia broma. El doctor seguía serio.

—Por lo general la inhibición de esos factores tienen que ver también con un trauma en el pasado. Le puedo asegurar que esa persona, si no ha recibido ayuda, no goza de una vida sexual activa, quizás y hasta sea nula.

—Eso no me ayuda a mí. ¡Quiero volver a tener un orgasmo!

—Estaré pensando en el tratamiento adecuado para su caso. Quizás y está dispuesto a aceptar la ayuda de otra persona.

—He llegado a este punto a confesar mi patética vida desde que un desteñido se burló de mi hombría, ¡creo que estoy dispuesto a lo que sea!—espetó el mayor con sorna, alterado y anhelante de conseguir pronto una salida.

—Entonces en la próxima reunión hablaremos sobre el tratamiento que debemos realizar para su problema, Sr. Saga.

No le tranquilizaba mucho tener que esperar una semana más para conseguir luz en el túnel que había caído, pero no le quedaba de otra. Mientras tanto, estaba desocupado ya que por los momentos no había trabajos especiales. Así que allí estaba, en el departamento de su hermano donde vivía con su pareja alguien oriental con extraños puntos en la frente y le asqueaba saber que era de esos lados donde había venido el rubio endemoniado.

Cansado pasó por varios programas de TV sin éxitos. Recordó entonces como terminó esa sección, Shaka siempre con el mismo gesto que lo había catapultado, Saga intentando sonreír con naturalidad a pesar de sentirse vilmente despreciado. No hubo otro intercambio entre ambos modelos y ningún nuevo trabajo conjunto. Resopló con fastidio, recordando a ese hombre de una belleza extremadamente seductora, con todo ese aire divino a su alrededor y a quien había visto en campañas de ropa intima, sábanas, perfumes, relojes y hasta una de una automóvil de líneas seductoras que invitaban a ser acariciadas, igual que su cuerpo nacarado. La expresión, la misma. Labios entre abiertos, zafiros atrayentes.

Entonces pensó en las palabras de su médico. Eso del trauma no se lo creía mucho. ¡¡Ese hombre sabía besar!! ¡Y cómo lo hacía! Nunca había probado un beso así y mucho menos lo pudo hacer después. El beso de ese joven significó deliberadamente la maldición de su vida activa en el campo sexual, pero admitía que había sido el mejor. El sabor que le había dejado era embriagador y sólo con él se había activado tan rápido. ¿Pero de que valía la pesan si aquel ni un solo poro de su piel se erizó? Sólo recordarlo lo hacía caer en un espiral de condenación. ¡No podía ser tan patético!

Pensando en tantas cosas fue que escucho la noticia. Parecía que el flamante modelo pensaba retirarse por unos meses de su carrera. Los motivos eran desconocidos. Todos intentaban ahondar en las razones pero el rubio, con su desesperante frialdad, los había hecho de lado. Su asistente, Milo, se había encargado de echar a un lado a cada uno de los fotógrafos, mientras que la cabellera dorada se ocultaba en el adinerado auto que lo esperaba. El griego no perdió vista de ese muchacho, maldiciéndolo en los adentros sin dejar de meditar en las palabras del doctor. Quería curarse, quería recuperar su salud sexual solo para volverse a parar frente a él y obligarlo a sentir. Sí… estaba decidido a recuperarse.

El día por fin pautado para la nueva cita había llegado.

—Bueno, Sr. Saga. He estado pensando en el tratamiento idóneo para usted y su caso. Primero necesito conocer hacía donde van dirigidas sus inclinaciones sexuales con más fuerza. Me ha dicho que por igual ha estado con hombre y mujer, pero debe haber alguno que lo satisfaga con mayores resultados.

—Hombres—respondió algo fastidiado.

—Bien, he preparado un ambiente condicionado para que logre desprender todas sus presiones sexuales. Tengo varios pacientes que están dispuestos a unirse en una terapia conjunta, ayuda a poder liberarse al saber que no están solos con el problema y que ambos deben poner de su parte.

—Entonces, ¿qué se supone que haremos?

—Tengo un piso alquilado en un hotel para mi entera disposición, básicamente, Sr. Saga, se encerrara allí con la pareja. Dispondrá de toda clase de juegos eróticos, películas del mismo género más, por supuesto, de terapias habladas con mi persona por teléfono. Allí comerán y dormirán, será una semana, si no hay resultados tienes la opción de cambiar la pareja. Piénsalo, será una opción interesante. Por supuesto a todos les haremos las respectivas pruebas para que no haya ningún problema de salubridad consecuente.

—¿Quiere decir que tendré a alguien que tenga sexo conmigo sin cansancio hasta que logré encontrar la nota alta?—indagó interesado. El doctor asintió—. Espero que funcione, porque si no es así estaré buscando escribir una carta de suicidio… ¡No pienso vivir mi vida sin buen sexo!

—Entiendo su frustración Sr. Saga. Pero debe entender que también esa persona tendrá problemas, en cuanto más se ayudes a despejar el problema del compañero, más fácil será liberarte del tuyo propio—el griego afirmó, imaginándose el escenario—. ¿Alguna acotación en cuanto al aspecto físico para la persona que estará con usted?

—Rubio y con ojos azules, que gima bien duro—dijo sin pensar. Sí, sentía que para salir del trauma debía partir del inicio. Sin un rubio le paró la maquina, de seguro otro rubio lo haría volver a producir.

—Comprendo. Entonces todo estará listo. Para mañana te espero en Hotel Paris Love a las 5:30pm, la suite 314, en el piso 20 será la indicada para usted. Es la mejor equipada, además de tener una vista agradable de Paris, es la de mayor prestigio, una suite presidencia. Estoy seguro que lo disfrutara.

—Sus métodos debo decir que son algo extravagantes—murmuró el griego, aún desconfiado. Apenas una imperceptible mueca que podría llamar sonrisa se dibujó en el galo.

—Pero eficaces… Nos vemos mañana, Sr. Saga.

Así había sido. Al día siguiente el griego ocupó las horas del día haciéndose un mantenimiento completo. Quería lucir perfecto para quien quiera que le fuera a tocar. Todo debía estar en su lugar, no descuidó ni una sola parte de su trabajada y perfecta anatomía, se llevó la mejor ropa intima que tenía y se vistió con el mejor atuendo. Escogió para la ocasión un pantalón negro formal, que se amoldaba a sus gruesas columnas griegas, una camisa fina blanca, corrugada, cubría su pectorales gruesos y duros de piel bronceada, semitransparente con un largo y ajustado sobretodo negro que le daba un porte imponente. Estaba seguro, se veía muy bien con el atuendo y se sonrió a sí mismo, confiando que quizás ese sería su tiempo.

Media hora antes de lo pautado y el griego ya estaba en el lugar de reunión. El doctor se sonrió complacido al verlo tan temprano, acompañándolo entonces a la hermosa suite que le esperaba. Una King enorme, decorada con sabanas vinotinto y dorados, cojines de diversos colores y tamaños le esperaban, ornamentadas por una hermosa cortina semitransparente que caía elegante. Había alfombras por todas las estancias de la suite. Al contemplar de cerca la cama, detalló el vidrio que estaba sobre ellos, lo que le permitiría tener una vista erógena de lo que aconteciera en ella.

Caminó para ver el enorme monitor de pantalla plana con al lado toda una colección de las películas más eróticas para la ocasión. En las gavetas del closet habían diversos atuendos eróticos con implementos, desde esposas hasta cintas, látigos, y hasta un mazo. La imaginación del griego voló al tener en mente una delictiva sección de sadomasoquismo. Quizás y eso terminaría con llevarlo a la gloria. Para el baño, un jacuzzi circular de un gran tamaño los esperaba, copas de vidrio, velas aromáticas, sales y esencias para acompañar una velada húmeda. La ducha con vidrios por todos lados también invitaba, toallas limpias y aromatizadas, todo el ambiente preparado como si para una luna de miel se tratase.

—¿Le gusta lo que ve, Sr. Saga?—preguntó el galo desde el umbral de la puerta del baño. El griego asintió—. ¿Cree que hace falta algo en particular?

—Lo dudo—vio al lado toda la reserva de condones y lubricantes de sabores disponibles. De seguro no podía faltar nada.

—Me satisface saberlo—miró su móvil mientras hablaba—. Me temó que ya llegó su pareja, espere aquí y llené esta lista de cosas que le gustaría hacer con la pareja, mientras voy a buscarla.

El doctor salió de la habitación y Saga aprovechó para seguir inspeccionando, tomando notas de que cosas le gustaría hacer con esa persona. No tuvo reparo de decir detalle a detalle que necesitaba. Quería aprovechar la oportunidad para cumplir con todas sus endiabladas fantasías. Esperando casi se hizo media hora más, el sol empezaba a ocultarse y la vista del atardecer en la habitación era hermosa. Se asomó al enorme ventanal donde la ciudad se extendía en todo su esplendor, pensar que debajo de ellos caminaban miles de personas le dio otra idea delictiva que hacer además de tomar en cuenta que el ventanal estaba ligeramente inclinado hacia fuera. Tomó nota de ella.

Al final sintió que alguien entró, y al voltear volvió a encontrarse con el galo.

—Bien, ya todo está listo. Ya le di las instrucciones a su pareja y aquí está su lista de cosas que le gustaría hacer. Fue algo difícil sacársela—el griego la tomaba entre sus manos, entregando la propia—. Deben comprometerse a cumplir al menos dos de ellas diarias, como veo has llenado eficientemente las 20, al igual que él lo hizo. Si se comprometen a cumplirse dos de cada uno, diaria, puede que tengamos una mejoría rápida. Mientras más se nieguen a colaborar, puede que el tratamiento sea más lento.

—Comprendo el punto.

—Perfecto, entonces haré pasar a su pareja.

El doctor de nuevo desapareció tras la puerta, mientras el griego leía cada una de las anotaciones. Hermosa letra, denotaba, cada punto y curva colocado con increíble precisión. Y lo que pedía, era cosas un tanto inusuales…

—Bien, pase adelante—el griego subió sus esmeraldas para encontrarse con semejante cuadro.

Quien entraba venía vestido con un pantalón blanco, un suéter celeste se amarraba a su cuello, con una camisa de cuadros celestes y blancos afilados a su cuerpo. Una boina azul celeste colgaba de su hermosa cabellera dorada. Y sus ojos… los dos zafiros que recordaba. Saga se levantó pasmado ante lo que el destino le estaba presagiando y el rubio, al reconocerlo, estrujó el punto del medio de su ceja. Debía estar pagando algún Karma ajeno.

—Señor Saga, le presento al Señor Shaka, modelo también. Lo escogí porque, además de cumplir con sus indicaciones físicas, han trabajado en la misma área por lo que tendrá mucho en común—el griego dibujó una sonrisa maliciosa—. Señor Shaka, le presento al Señor Saga. Tal como lo pidió, es alguien que es mayor que usted. Esa fue la única indicación que me dio.

—No me excita—expuso el rubio con frialdad espantosa. El griego sintió que le habían atravesado con un rayo con esas palabras, queriendo correr para tirar del cuello del hindú.

—Recuerde, Sr. Shaka, que su problema es precisamente que nada lo excita—el rubio resopló a un lado, fastidiado con la fortuna—. Deben tener en cuenta que mientras más se apoyen y sigan las instrucciones, más pronta será la recuperación. Los dejo.

El doctor salió de la habitación, dando espacios a presentaciones que ni hacían falta. El hindú y el griego se miraron de forma asesina, seguros de que del duelo quizás ninguno saldría vivo pero consciente de que ahora eran enemigos que tenían que fraguar tregua por el bien de su vida sexual.

Saga fue el primero en buscar el contacto, acercándose primero en círculos, estudiando a su nueva pareja con deseos. No podía negarlo, esa “casualidad” le gustaba y mucho. Acercó de esa forma su nariz al cuello del menor, aspirando el aroma tenue de su perfume, y sintiéndose sólo excitado con ello. Buscó su oído y con su lengua se dedicó minutos enteros lamiendo y dibujando cada pliegue. El hindú le dejó totalmente ausente.

—¿Cuánto tiempo piensas quedarte mojándome la oreja?—preguntó ya cansado, le dolía el cuello de tenerlo de lado. Saga sentía golpes directo a su orgullo.

—Repito, es una verdadera lástima que tanta belleza esté disecada…—el rubio volteó, claramente molesto por la acotación—. Eres como un muñeco de cera, tan bello, pero… muerto.

—Definitivamente esto no va a funcionar—sentencio el hindú, no dispuesto a quedarse un segundo más. Cuando iba camino a la salida, Saga lo tomó de un antebrazo hasta apretarlo contra su cuerpo, plegando pecho con pecho, mirándose fijamente.

Zafiros y esmeraldas frente a frente…

—¿A dónde crees que vas Shaka?—lamió su mejilla. El menor no opuso resistencia—. No pienso perderme la oportunidad de curarte—rio a lo bajo, delictivamente en el oído del menor.

—Prefiero deberle mi alma al mismo infierno que algo a ti, Saga—espetó, decidido a separarse pero el mayor no se lo permitía.

—¿Miedo de que termines enamorado de mí?

—¡No digas idioteces!—exclamó indignado

—¿Entonces aceptas el reto? Una semana… una semana a ver si te curo y me curas, nos dejamos de ver, nos olvidamos que existe el otro. Tú feliz, yo feliz. De todas maneras, yo sólo te quería para el rato.

Shaka se quedó meditándolo por poco tiempo. Ya estaba metido en ese paquete y lo había hecho buscando ayuda porque, ya la falta de alguien con quien compartir en cuerpo y alma le estaba afectando. Si había ido hasta allí sería cobarde de su parte rendirse apenas comenzando. Resopló entonces indignado, clavando sus azules ojos en los verdes del mayor.

—Más te vale que aprendas a usarlo esta semana.

Sí, claramente era un desafío…

One thought on “Terapia Sexual (Cap 01)

  1. hahahahaha anguy!!!!
    ando de clase de ATIC xDD yme esrtoy riendo como lo ca mientras leo esto…!!
    no sé por que nunca terminé de leerlo (o creo que si l leí y te dejé post en el foro ¬¬)pero nyaa ~ ahora a leer la que seifue y quiero que actualices xD

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