Nada Oculto (Cap 02)

El compromiso esta pautado entre Saga y Fler, pero el príncipe se ha enamorado del heredero al trono, Shaka. ¿Qué ocurrirá con ese sentimiento? ¿Qué ocurre con el Rey Asmita? ¿Y de qué forma se llevara a cabo la unión?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Aspros, Asmita, Defteros, Kanon, Mu, Fler.
Resumen: El reino de Espica y Pólux deciden realizar una alianza estratégica uniendo en matrimonio a sus dos hijos, ¿sin embargo que ocurrirá si el príncipe de Polux se enamora de la persona equivocada?
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)

El compromiso esta pautado entre Saga y Fler, pero el príncipe se ha enamorado del heredero al trono, Shaka. ¿Qué ocurrirá con ese sentimiento? ¿Qué ocurre con el Rey Asmita? ¿Y de qué forma se llevara a cabo la unión?

Capitulo 02: Pacto oculto
Asmita Zandillat

Desde que mis hijos partieron de Espica, algo me ha estado alarmando. Ya en mi habitación real, a horas de la noche, un palpitar tenebroso sacudía mis entrañas. De nuevo la sensación de ahogo que me obliga a toser con fuerza, tanta fuerza que sentía que mis pulmones querían ser devuelto a través de mi boca. Otra vez las manchas de sangre, sangre caliente en mis manos.

Me senté sobre el lecho real, el lecho que compartí con mi reina Sasha hasta hace quince años, cuando luego del nacimiento de Fler, murió a causa del parto. Me recosté, agotado, buscando respirar con normalidad. Esta enfermedad poco a poco se está llevando mis fuerzas y me temó que ya mi hijo se ha dado cuenta de ello. Sé que no me queda mucho tiempo… quizás ni siquiera me dé oportunidad de regresar a ese lugar…

Defteros…

Suspiré profundo, cerrando mis parpados, dejándome ir por la brisa nocturna que se colaba en la ventana. En esta época, yo no debería estar aquí, pero mi estado actual me imposibilita viajar. Llevé entonces mis dedos a mis labios, humedeciendo con la punta de mi lengua, anhelando el dulce contacto de sus labios gruesos, caliente, sabor a sangre. Su aliento fuerte y seductor, de fuego. Su saliva salada y ardiente penetrando por mi cavidad, estremeciéndome. Y entonces lo llamé con el alma, lo imploré con mis sentidos…

Y me escuchó…

Un fuerte viento arremetió sobre mi habitación, apagando las velas de los candelabros. El olor de su presencia embargó cada uno de mis nervios. Me sonreí, sentándome en el lecho, esperando su acercamiento.

Pasos de bestia que vio se presa. Su potente mirada me atravesó por entero. Rodeando mi cama, se subió al colchón para gatear entre las sábanas, aspirando aire caliente, excitándome con sólo eso. Una de sus manos gruesas delineó las líneas de mis hombros al cuello, dedos ásperos marcaban con carbón mi piel.

—¿Por qué no has ido a verme?—preguntó, con su voz ronca a mi oído, llevándome con su otra mano hasta apegarme contra su pecho. De inmediato, su mano caliente sube por mis telas reales hasta posarse sobre mi pecho, al lado derecho. Exhala aire—. ¿Estás…?

—Si…—le respondí, sabiendo ya su pregunta. Tomé su mano y le incite a acariciar mi pecho, a la derecha, donde duele mis órganos—. Tal parece que acabó mi tiempo…

—No te puedes ir sin mí…—susurró de nueva cuenta a mi oído, haciendo vibrar mi piel—. No puedo permitirlo…—acercó sus labios a los míos, los frené con mis dedos.

—No, no Defteros… Los médicos dicen que es conta…

No escuchó. Apartó mis dedos y me besó salvajemente. Quise detenerle y con sus gruesas manos tomó mis muñecas para hacerme caer a la cama real. Su lengua de lava irrumpió hasta mi paladar, sacudiendo todas mis defensas, su cuerpo de fuego se replegó sobre mí, quemando con su pecho a mi pecho, con sus caderas las mías, despertando con su virilidad mi hombría. Mordió y lamió mis labios hasta saciarme, dejándome el sabor salado de su piel ardiente, provocando que exhalara un gemido que cantaba su victoria.

—Defteros…

—Si te vas, será conmigo…—su nariz cató la piel de mi mejilla encendida, sus labios saborearon el sabor de mi piel sudada. Soltó mis manos, para acariciar con ellas mi pecho, darle de su calor a mis pulmones, calor que aliviaba mi malestar—. Te dije que te seguiría… te haría mío así fuera como un demonio…

—Entonces…— subí mis manos hasta su paladar, empujándolo hacía mí, besándolo con ansías—, regálame tu vida y yo te llevaré a la muerte…—sus labios me callaron de nuevo. Sus manos irrumpían lo prohibido… lo suyo… mis manos también buscaban el valle donde duerme su bestia.

Nuestras bocas se dominaron la una a la otra. Nuestras manos buscaron el tesoro y lo reclamaron suyo. Jadeamos al unísono, nos entregamos al vaivén de dos cuerpos que ansiaban fusionarse. Al paso de sus manos mi traje cedía y se quemaba. Mis manos entre tanto se incineraban en el calor de su cuerpo siempre desnudo. Nuestros sudores se conjugaban, nuestras voces se apareaban y su bestia tomaba posesión de mi templo, inyectaba magma, esperaba el correr de la lava incandescente de su ser.

Y mi cuerpo bebía de su vida. Y él comía de mi muerte. Y me amó como sólo él sabe amarme, y me entregué como sólo a él he logrado entregarme. Jalando cabellos, diciendo te amos friccionados con jadeos, nuestros labios no cansaron de besar los ajenos, nuestras caderas no dejaron de golpear las contrarias. Mi cuerpo danzó debajo de las sábanas para él y él penetró sin tregua. Hasta hacerme desfallecer…

Para la mañana ya no estaba a mi lado. Sólo el ardor de mi cuerpo es prueba de nuestro encuentro.

Mi bestia de noche… lo último que recuerdo es que me dijo que vendría de nuevo, cuando el sol no viniera a perseguirlo…

Aquí lo esperaré… hasta la muerte…

Saga Geminidas

No he podido dejar de pensar en él. En una semana que tiene aquí los príncipes de Espica, no he dejado de pensar en él. Cuando le dedico poesía a la noble princesa, la hago pensando en él. El sus potentes zafiros hechizantes que conmueven las bases de mis pensamientos. En su piel nacarada, en el punto que en su frente le da, el indicio, de ser el siguiente en la línea de sucesión. Sus cabellos dorados engalana con oro el porte real, la seriedad de sus rasgos, la aterciopelada voz, la forma en que su garganta se mueve cuando habla, el cómo su rostro dibuja la tímida sonrisa real… ¡¡POR LOS DIOSES!! ¿Por qué me ata esta mi corona? ¿Por qué tuvimos que nacer bajo los designios reales? ¿Por qué nos debemos a un reino? ¿Por qué no fuimos libres? Porque… si al menos solo yo tuviera que declinar a mi corona, lo haría para correr y huir a su lado, hacerlo mío, amarle hasta desfallecer. Pero somos ambos… ¿y él sería capaz de hacerlo?

Quisiera creer que sí…

Y ahora que pienso en eso, estoy en la sala, esperando que ambos bajen para otro paseo por nuestras tierras. Mi padre nos mantuvo ocupado a él y a mí hablando sobre asuntos políticos y económicos, sobretodo los pactos que ahora armaríamos entre ambos reinos para sostenernos. Shaka está muy al tanto de todos los pormenores del reino, parece que ya dentro de poco asumirá el trono que yo aún no tomaré, no al menos hasta que mi padre decida. Y mientras mi padre y él hablaban, yo lo observaba… y me enamoraba de él. La forma que enfatizaba sus palabras con sus manos, la mirada que dominante empleaba para fortalecer su discurso, todo el movimiento que hacía para reclinar su rostro a su mano derecha… ¡ES HERMOSO! Y yo… yo hechizado de cada uno de sus gestos… yo enamorado…

Y lo nuestro es prohibido…

Ambos seremos reyes… a ambos nos exigen un heredero… a ambos nos piden una reina…

Y la mía es su hermana…

—Príncipe Saga—su voz… hermosa voz… mencionando mi nombre. Me hace salir de mis pensamientos para ver el dueño de cada uno de mis sueños desde que lo conocí.

—Príncipe Shaka…

Se acerca, reclinándose frente a mí, en la acostumbrada reverencia. De improvisto, busco con mi mirada a la joven princesa, no encontrándola.

—Lamento mucho haceros saber esto, pero mi hermana en estos momentos está indispuesta para el paseo que vuestra excelencia habías planificado.

—No os preocupéis, Shaka Zandillat—intento no mostrarme feliz por saber que ella no estaría con nosotros—. Quizás, ¿no os gustaría acompañarme tal como teníamos planificado?

—Me temo que es lo menos que puedo hacer para compensar.

—No, no lo toméis de esa forma, príncipe. Será para mí todo un honor contar con vuestra compañía.

Levanta la mirada, sonríe con un gesto tímido, aceptando mi invitación.

Tomamos dos caballos, corceles de la mejor yegua, criados con los mejores cuidados. Le entrego el corcel más joven, de cabello negro como la noche y yo me quedo con el más alto, de pelaje blanco como la nieve. Cubiertos con un manto de zafiros y esmeralda, respectivamente, partimos hasta las zona montañosa, para conocer otro mirador desde donde se puede ver mucho mejor las extensiones del reino. Cabalgamos entonces, él siguiendo mi paso, con velocidad, recorriendo las praderas declinadas para luego tomar una de las cordilleras y empezar a subir un poco. Tomé una de las riendas de su caballo, para ayudarlo a subir cuando la inclinación de la pendiente era un tanto fuerte. Y lo veía fascinado, por la altura y el paisaje que conforme subíamos se podía ver. Finalmente llegamos a donde quería llegar, una hermosa meseta con una laguna natural, asentamiento de agua potable, la única que tenemos y que es cuidada como tesoro. El pasto es verde, lleno de frutas de color carmín, de sabor ácido y dulce a la vez. Y desde allí, gracia a la altura, se ve toda la extensión del castillo y la ciudad que nos rodea.

Aseguramos las riendas de los caballos y veo que se acerca hasta la pendiente, viendo la magna extensión de todos los arboles, sosteniéndose reclinado sobre su pierna derecha, dejando que su cabello atado a su espalda dance sin forma por la brisa fría.

—Hace frío—comenta y tome el manto esmeralda que me cubría, pasándoselo por los hombros. Levanto sus zafiros encantadores y me sonreí.

—No debe estar acostumbrado a nuestro clima.

—Admito que nuestro reino es más querido por el sol.

—¿Puedo llamaros Shaka? ¿Sin títulos?—me observa, fijamente. El tiempo pasa lentamente sobre nosotros.

Un leve rubor en sus mejillas. ¿Será el frio? ¿Será la excitación por la cabalgata? ¿O será… será por mí? Mi corazón se acelera, tu mirada me esquiva, un paso para cortar distancia, tus ojos me buscan, mirándome con cierta timidez. Buscas apartarte, acercarte a la laguna. Yo estoy seguro… es por mi…

—Mi hermana estaba muy angustiada por no cumplir con su promesa de acompañaros a este lugar—la saca a relucir… la llama, para asentar lo inevitable. Yo me casaré con su hermana, él buscará una reina, haremos nuestras vidas sin más encuentros que los políticos por nuestras coronas.

—Sinceramente, y perdone mis palabras, príncipe; me complace estar sólo con vuestra presencia en este lugar.

—Príncipe Saga…—replica, volteando con una mirada severa—, le recuerdo en las condiciones en las que ambos estamos en este lugar. Vuestras obligaciones, ¡las mías propias!

—Precisamente por recordarlas, príncipe, es que me veo en la obligación de aprovechar estos momentos en los que puedo estar con usted, lejos de la corona, de nuestros deberes.

Me mira contrariado, resoplando un poco de aire a un lado, abrazándose a sí mismo con ambos mantos. La brisa fría cala a los huesos, pero mi corazón latiendo tan rápidamente y la adrenalina que fluye al saberme a solas, en este lugar, con él, lejos de todo, mitigan lo demás.

Decido acercarme. Sus ojos parecen gritarme que me detenga y que prosiga. Que no quiere y que lo incita. Que se niega y desea ceder. Que me desea… que me contenga… ¿Cuál voz debo escuchar Shaka?

Tan sólo a un paso… su flequillo se mueve por la brisa, mis ojos se clavan en su lago azul, irrumpe buscando ahogarse en él, que le dé el paso… que lo sofoque… me asfixie. Sus labios se entreabren soltando un halo de humo blanco por el frío. Decido darle calor… con mi boca. Me acerco… sus parpados se cierran, temblando, esperando. Levanto su mentón con mi mano derecho, afirmo su cuerpo contra el mío con la izquierda. Vivo… vivo para luego morir…

—Fler…—susurran sus labios antes de apresarlos en un beso. Mi boca que se encarga de saborear sus carnes delgadas, temblando, titiritando y deseosas al mismo tiempo… deseosas de mí.

Beso de nuevo, enjugo con mi agua sus labios. Tomo de nuevo, succiono serenamente sus carnes, jalando un poco de su piel, pasando hasta su comisura, probando todo… todo sin dejar espacio. Hasta que se hace poco… hasta que me sabe a poco… Necesito más… más de él. Y aprisionó sus caderas sobre mi cuerpo, la mano de su mentón viaja hasta su cuello, buscando sostenerlo mientras dejó que mi lengua irrumpa en su sagrada cueva húmeda… y beba… beba de ella hasta saciarme…

Sus manos sueltan su cuerpo, buscan más contacto con mi cuerpo. Ahora es su lengua que sale al encuentro de la mía, se acarician, se conocen y reconocen la textura. Tiemblo… Tiembla… se aferra… me aferra… lo beso… me besa…

Y siento que vivo… que vuelo como las golondrinas que en primavera asientan su nido, que viajan en otoño para huirle al invierno. Y el fuego nos corroe a ambos, y los besos húmedos se desvían por nuestras mejillas. Exhalamos aire caliente, nos miramos con ojos centellantes… y seguimos besando…

¡Cuánto he anhelado por un momento como este!

¡Cuánto tendría que esperar para sentir algo similar!

Y siento que estoy en el lugar correcto, con la persona correcta, con las condiciones impropias para un amor como este que ha surgido por él. Y olvido… olvido mi corona, mi compromiso… lo hago olvidar los suyos. Nuestras manos buscan angustiosas otras pieles. El frío se hace nuestra mejor excusa para buscar el calor… Nos ayuda a tener pretextos para apegar nuestros pechos sudorosos en el pasto verde, sobre los mantos zafiros y esmeralda, sobre los forrajes fértiles, frente las aguas… bajo el cielo…

Nuestras manos colisionan en su desliz astral, buscando calor… buscando vida. Nuestros labios se desbocan en una danza primitiva, intima, mientras nuestras lenguas se debaten entre ser o no ser, vivir o dejarse vencer. Deciden apelar a la sobrevivencia, deciden buscar nuevas conquistas en templos contrarios. Y nuestros pechos sudorosos se friccionan como placas tectónicas, causan terremotos en nuestras pieles. Mis labios bajan llanuras cubiertas de nieve, como primavera he venido a darle color a sus planicies… enrojeciéndola con el calor del verano. Y sus pieles despiertan… su garganta garabatean con el aire notas de gloria. Su mirada azul me sigue clamando: Detente… sigue… contente… ámame… Mírame… ódiame…

No puedo… no puedo detenerme mientras palpo las sabanas de sal que representa sus piernas, marcando mi paso como arado en tierra de frutos. Viviendo… viviendo como creo no ser capaz de hacerlo de nuevo. Besando sus mandíbulas suaves, encontrándome de nueva cuenta con su boca, dejándome apresar como soldado que desea ser capturado… que desea la muerte en manos del rey a quien terminó amando…

Vivir… ¿qué tanto significado puede tener ese simple verbo ahora en mi vida? Podría escribir versos con cada letra de los sonidos que se dibujan en el aire cuando su garganta vibra por mí. Y podría llenar libros de poesía con el sudor que corre por su dermis. Dime… ¿Shaka sentirá lo mismo que yo? Y pienso en eso mientras me desvivo atravesando sus sagrados parajes, creando un mayor tempo en su composición. Y lo atraigo a mí, bebiendo de su pecho, haciéndolo perder el conocimiento de toda lengua entendible.

Hablando la propia…

Si… lo amo… ahora que me compenetro en uno con él… ahora que veo la suave curva que sacude su espalda, que su cabello dorado cae como catarata de oro sobre mis brazos que lo sostienen. Y vuelvo a recostarlo entre el follaje de verde césped, aparto su flequillo dorado de su adorado rostro, delineó con mis dedos el punto que lo engalana.

—Príncipe… esto…esto está mal—susurra antes que mis dedos dibujen sus labios de nuevo, temblando, con un rubor carmín en sus mejillas.

—El destino… la naturaleza… la fortuna… ellos son los que están mal.

—Príncipe…

—Un manto de perla… siento que beso un manto de perla—y lo beso—. Un manto de perla que sabe a azúcar, la más dulce… la más pura… brillante…se deshace en mis dedos… se convierte en caramelo—mis manos acarician sus extensiones—. El más caliente… dulcificado… el mejor vino se cocina… el mejor vino me espera…

—No soy dado a la poesía—me confiesa, con sus ojos soñadores.

—Dejádmelo a mí—le sonrío—. Me inspiras…

Sus manos apresan mi rostro… me besa… me venera.

Su cuerpo clama… pide clemencia, piedad, misericordia… pasión.

Y los pasos orquestados por nuestros ancestros se encargan de entonar nuestra música. Como cuerdas de violoncelo se tensa su columna en mis manos, como el viento en la flauta se escurre nuestros cuerpos… escapan alientos enardecidos, nos clamamos… nos amamos…

Entonces nuestros nervios colisionan. Y ciertamente solo de esta forma se puede crear el universo… el Bing Bang, que roba nuestras corduras y nos lleva al espacio infinito donde átomo a átomo nos fundimos en uno solo… viendo las extensiones infinitas del cielo donde quiero volar junto a él… eternamente… convertirnos en cosmos eterno…

Shaka Zandillat

Ha llegado el momento… el momento de partir. Mi hermana, luego de recuperarse le sonríe al príncipe Saga con ternura… y yo… yo me siento un pecador, mirándolo a él de la misma forma que me mira a mí. La fecha está pautada… una visita a nuestro reino por parte de los príncipes, para concertar la fecha y luego… luego el compromiso.

Luego él sería de mi hermana…

Durante los días que mi hermana estuvo indispuesta por ser mujer, él y yo estuvimos saliendo a variados parajes del reino… escapándonos de los deberes… teniéndonos enloquecidos, él recitando poemas mientras me hacía llegar a las cúspides de infinito… amándonos cuando todo está en nuestra contra. ¿Pero por cuánto tiempo podremos sostenerlo? ¿Por cuánto más escaparemos, huiremos unas horas de nuestro destino, nuestro legado, nuestros deberes? Es claro… que no por mucho…

Y ahora, antes de regresar a mi reino, en un viaje que comenzara rayando el alba, estamos de nuevo, escapándonos de los demás, en un bosque apartado del castillo, luego de haber escapado con el caballo que me entregó el rey mientras estuviera en su reino, siguiéndolo a él. Las estrellas desde los parajes de este bosque solitario se ven hermosas, aunque extraño los cielos despejados de mi reino, donde todo es tan claro como un lienzo de terciopelo con polvo de plata.

—Vuestro padre entonces, ¿está enfermo?

—Así es, príncipe, por ello… deberé buscar una reina para tomar el trono, antes que mi padre no pueda resistir más—sus brazos que sostiene mi cintura desnuda, cubierto por el manto rubí que llevaba puesto—. Príncipe… deberá saber, que en cuanto vuestro compromiso con mi hermana se consuma, nosotros…

—No…

—Príncipe…

—No Shaka…—se aferra a mi cuerpo, besa mi cuello. Me siento desarmado ante las disposiciones del destino—, no me pidáis tener que prescindir de vuestra presencia, de vuestros besos, de vuestra piel…

—Saga…

—No… no me lo pidáis, porque le juro que morirá todo brillo que ahora vuestros ojos ven en mi mirada.

—Yo me casaré, vuestra esposa es mi hermana… No me pidáis… no me pidáis que haga caso omiso de las disposiciones de nuestro destino.

—Entonces, asumamos nuestros destinos… y cuando estemos juntos, olvidémoslo de él… olvidémonos de nuestros cargos, de nuestros títulos, de nuestros reinos… seamos sólo Saga, Shaka…

—¿Serle infiel a mi hermana?

—¿Prefiere seros infiel consigo mismo? ¿Prefiere condenarme a una vida sin vuestros besos, sin vuestro calor? ¿Matarme en vida y esperar vuestra muerte lenta? ¿O me dirá que no le haré falta?

Su mano que busca mi aliento, sus labios que claman los míos… no sólo me hará falta… dejaré de ser en cuanto lo deje.

—Admito, que estaría sacrificando lo más hermoso que he sentido por mucho tiempo, su majestad.

—Entonces, no le hagamos esto a este amor, Shaka. No le traicionemos a este sentimiento, por cosas tan vánales como el destino y los dictámenes burocráticos—me susurra, convenciéndome—. Haré feliz a vuestra hermana, os lo prometo… pero no me dejéis…

Y el día amanece… y debemos regresar…

Llegó al lugar pautado donde mi hermana nos espera. Se despide de él con dulzura… él le responde como todo un caballero. El rey baja y se despide de mí, con la reverencia acordada. Una última mirada a sus esmeraldas… una mirada llena de complicidades…

Entramos al carruaje que se dirige a nuestras tierras. Mi hermana habla de él, enamorada. Yo miro sus tierras, contrariado. Con mi corazón latiendo ahogado… con preguntas… con deseos… con ansías de, como dijo mi padre, convertirme aire…

—Y nos convertiremos como el viento Shaka—sus palabras, antes de partir de nuestro último encuentro—, libres, sin atadura, surcaremos montañas y agitaremos las aguas con nuestra danza… aunque sea cobijado por el velo de lo oculto, de lo prohibido… al menos lo viviremos. ¿Quieres ser viento conmigo?

—Sí…

Nuestro pacto… en lo oculto de las miradas reales, lejos del sol… escondidos de nuestro destino… en Pólux… en Espica… en donde fuere… daremos riendas sueltas a nuestra pasión en las profundidades de los parajes escondidos, seremos uno y danzaremos por el amor que nos unió, nos mofaremos del destino que nos separa…

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