Primitivo

En medio de una tormenta dos hombres terminan entendiendo que entre campo o ciudad no hay mayor diferencia, que al final, todos tienen instintos primitivos.

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Kanon.
Resumen: En medio de una tormenta dos hombres terminan entendiendo que entre campo o ciudad no hay mayor diferencia, que al final, todos tienen instintos primitivos.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo.
Inspiración: Tenía está idea en mente para algo sensual y algo grotesco xD No se si salió grotesco pero allí va.

Primitivo

Jadeaba… jadeaba sonoramente mientras el horrible relampagueo y tronar de afuera ahogaba sus murmullos ahogados.

Jadeaba, como animal en celo que veía por fin satisfecha su hambre.

Jadeaba, y se asombraba a sí mismo de sentirse tan indefenso y tan excitado al ser tocado de esa manera.

Y tomado con violencia…

No lo entendía, pero el calor era brutal. Los sacos de abono que servían de apoyo crujían al paso de sus manos. Sus ojos vendados no le permitían ver nada, así que dependía sólo de sus otros sentidos y en ese momento, el oído le decía fielmente que aquello lo estaba disfrutando.

—¡¡NGGGGGHHHH!!

Mordió sus labios, indignado consigo mismo y con aquello que lo hacía vivir con tanta delicia algo que, para él, no era correcto, ni buscó, ni esperaba mucho menos recibir. Golpeó en seco su frente contra el saco, clavando sus falanges blancos sobre el cartón que inmediatamente cedió a la presión, llenándose ahora sus uñas siempre cuidadas del húmedo y apestoso olor a abono fresco. Aquellas manos ásperas y expertas de inmediato estrujaron de nuevo sus tetillas, con fuerza y violencia, mientras esos caninos devoraban sin recato la piel de su espalda, viajando por cada platillo de su columna, haciéndolo arquear como la cuerda de un arco.

—¡¡¡HAAAAA!!!

El sudor llenaba su frente, ingresaba debajo de la venda y amenazaba con hacer arder sus cuencas oculares. El rubio agitó su cabeza de nuevo contra el saco, sintiendo la tierra llenar su cabello, apresando con fuerza demoniaca la tierra para soportar, tan sólo un poco, la increíble oleada de placer desmedido que recibía. Él, un ingeniero de campo, un agrícola con titulo en mano, ahora sometido a las caricias de un mísero campesino a quien le iba a enseñar a aprovechar sus tierras. Simplemente no lo creía, pero aquello… aquello mataba todo rastro de cordura.

La lengua bajaba…

Bajaba en un movimiento ondular que erizaba cada poro de su piel marmoleada.

Surcaba… y descendía… llegando a los límites de la quebrada que dividía dos colinas.

Bajando… bajando…

Maldita sed de carne…

Que corroe…

¡Y DESTRUYE LO CULTO!

—¡ARRRRRRRRRGHHHHHHH!—gimió azorado.

Con sus manos intentó apartar aquel órgano caliente y húmedo de su intimidad, pero con sólo una de esas enormes palmas había logrado apresar sus muñecas contra la espalda, penetrando al mismo tiempo el aro de carne con la caliente lengua. El jadeo fue incontenible y acallado por un trueno fortísimo que cayó cerca del lugar. El cielo parecía que se derrumbaba sobre ellos de la misma forma que todas las defensas del rubio. Shaka abría los labios, angustiado, clamando y gimiendo sin cordura, mientras aquella carne sin hueso bailaba dentro de sus paredes y enviaban millares de señales nerviosas a su cerebro. Demasiado… excesivo para sus sentidos y se encontró exhausto de pelear contra ello…

—Esto no te lo dan en la ciudad, ¿verdad?—le susurró al oído, sustituyendo la lengua por dos dedos que lascivo empezaron a dar vuelta.

Las estocadas digitales hicieron que el rubio golpeara con fuerza los sacos de abono, en aquel pequeño lugar de madera donde terminaron atrapados cuando un increíble torrencial de agua decidió caer en plena tarde. Los vientos agitaban los paneles de madera y la lámpara se mecía en medio de ellos. Era tal la tormenta que incluso el día se veía oscuro.

—¡¡HAAA!!… DIOS… hmmm… ¡¡BASTA!!

—Y decías… hmmm… que yo era un… ignorante—la otra mano tomó esa virilidad debajo del jeans que ya había bajado hasta las rodillas del rubio—, iletrado, analfabeta… ¡¡HAA!!—ver contorsionar al rubio al son de sus manos lo embrutecía—. Bestia que no quería… hmmm… aprovechar… tus conocimientos…—rio al final, a lo bajo, al sentir esas caderas embestirse a sí misma.

—Sigues ¡¡ha!!… siendo… haaaa… ¡hmmmm!… un…. ¡¡BESTIANGHHHH!!

—Y te… convertiré en una…

Los dedos fueron sustituidos por una caliente y durísima carne que de una estocada se hizo espacio en el cuerpo del ingeniero. Shaka lanzó un alarido tan animal que cayó en seco contra los sacos. Los antebrazos fueron apresados por esas manos acostumbradas al arado, a la tierra; toscas y ásperas, gruesas y calientes y con ellas aquel fornido hombre de casi dos metros de altura empujaba el cuerpo entero del joven citadino para hacerlo brincar sobre su turgente hombría. El varón de campo gruñía como los toros cuando se aparean, moviendo su cabeza de un lado a otro, mordiendo sus labios para luego, víctima del goce, clavar los dientes en la carne del titulado. Shaka gritaba ya victima de la locura misma. Nada le importaba, absolutamente nada. Ese goce que experimentaba era tal que hasta sus tan cuidados modales los había dejado de lado… quería más… más…

El hambre animal que fue despierta.

El deseo lascivo a punto de ebullición.

Su cuerpo ardiente clamaba…

Lo más carnal.

Primitivo…

—¡¡MUEVE MÁS!!… ARGHHH… ¡¡MÁS MALDITO ANIMAL!!… ¡¡HAAA!!—gritaba quien antes se había enorgullecido de su crianza, de su carrera, de sus estudios—. ¡¡¡ARGGH METELO!!!

Y aquel hombre dejó títulos, dejó etiquetas y protocolo, entregándose al goce más antiguo, lanzándose rudamente contra esa carne y disfrutando del éxtasis que le prodigaba, en medio de la tormenta, con aquel hombre.

Y entendió que al final, sea de etiqueta o campestre; el sexo es un placer netamente primitivo que despierta la parte más animal, perversa, lasciva y ansiosa.

El orgasmo que al final los convierte en sólo materia…

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