Victoria… (Cap 02)

Saga se ha reunido con Angelo (DeathMask) para empezar la búsqueda de shaka, mientras recuerdan com fueron sus tiempo como equipo zodiaco. ¿Lograrán encontrarlo? ¿Qué habrá sido de su vida?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, suspenso
Personajes: Shaka, Saga, DeathMask, Mu, Hyoga, Fler, Camus.
Resumen: Shaka, DeathMask (Angelo) y Saga fueron partes de un antiguo equipo de baloncesto en su juventud. Años después de estar separado, Saga y DeathMask deciden reencontrarse con Shaka, guiados por los recuerdos.
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material para el subforo (SaSha)
Inspiración: De verdad no sé… simplemente pensé en una posición hot y de allí salió esto. No me pregunten como de una psoe hot se llega a este fic xDDD Supongo que porque la usé en el lemon xD

Saga se ha reunido con Angelo (DeathMask) para empezar la búsqueda de shaka, mientras recuerdan com fueron sus tiempo como equipo zodiaco. ¿Lograrán encontrarlo? ¿Qué habrá sido de su vida?

Capitulo 02: Por los sueños…

El día siguiente había llegado y el griego con el italiano salieron del hotel para seguir con su recorrido. Según Angelo y la postal que tenían del matrimonio, Shaka debía vivir en una urbanización algo alejada de la ciudad. Se dirigieron hacia allá, hablando y comentando todo lo que ocurrió en esos cinco años de juegos.

—¿Entonces Michael ahora es periodista deportivo en España?

—Así es, parece que se fue con Shura—Saga rio imaginándolo. Era una combinación algo extraña—. Son felices a su manera.

—No sé cómo fueron a parar a España siendo un país tan católico.

—Quién sabe—se encogió el italiano al detener el auto—. Parece que es aquí.

Salieron del auto y fue Angelo quien tocó el timbre esperando que le abrieran. Salió de la casa una joven de cabellos dorados, hermosos, largos y ondulados, con un vestido algo campestre. Hubieran pensado que sería hija de Shaka si no hubiesen salido tres niños amarrados a su falda llamándola mamá. A sus espaldas estaba un joven de cabello dorado y a los hombros, mirada azul celeste.

—Buenas, estamos buscando la familia Virguin—comenzó a hablar el italiano, viendo con visible recelo a tantos infantes juntos. Saga se rio a lo bajo, era conocido que Angelo no era amantes de los niños.

—No señor, está equivocado, esta es la familia Cygnus—respondió la mujer, muy amablemente.

—Mmm… pero el Sr. Shaka me había enviado una postal desde esta dirección—Angelo le pidió la postal a Saga y está se la extendió. Finalmente se la entregó a la mujer quien vio la foto muy pensativa.

—Hyoga, estos son los que nos la vendieron ¿verdad?—preguntó la esposa pasándole la postal a su marido, que la observó pensativo.

—Sí, ellos fueron, pero se mudaron de ciudad—Angelo y Saga se miraron de reojo—. Creo tener su dirección aquí, ¡pueden pasar!

Asintieron y aceptaron la invitación, pasando a la humilde casa de dos pisos, pequeña y de madera, con una acogedora sala decorada con hermosas flores. Saga pasó su mirada a toda ella, imaginándose como habría sido la vida de Shaka en ese lugar, entendiendo que esas paredes de seguro fueron testigos de muchas memorias… memorias que no lo tenían a él, porque así lo quiso.

Fue imposible no detenerse a recordar y volver a concluir que los mejores años fueron esos tres que junto a zodiaco y en los brazos de Shaka, se sentía completo. Su relación progresó rápidamente, con el apoyo de sus compañeros, incluso el mismo Angelo les hacía broma y se jugaba con ellos, con su humor negro, claro está. Nadie pensaría que se separarían, en esos tres años de relación Shaka crecía, estudiando una licenciatura, recibiendo una beca deportiva por la gobernación. Saga trabajaba de lleno para el equipo, todo parecía posible.

Pronto los mejores equipos nacionales pusieron el ojo a cada uno de ellos. Los caza talentos los había encontrado, montones de posibles contratos estaban frente a ellos y ellos se veían, intrigados. Aceptarlo eran separarse, separarse no era una opción por momentos. Quisieron dejar de lado los contratos por un años más, jugando con todas sus fuerzas, ganando por quinta vez consecutiva el campeonato nacional. Luego de allí, la separación sería inevitable. El primero en irse fue Michael, con un contrato millonario. Angelo simplemente empezó a invertir en nuevos equipos y Shura siguió al sueco hasta su destino. Shaka a pesar de tener varios contratos disponibles no pensaba aceptarlo hasta no saber que caminó elegiría Saga. Pero Saga… Saga no sólo le llegaron contratos nacionales sino internacionales. La paga en demasía lo superaba y por fin, el griego veía su futuro como director de un equipo cotizado de baloncesto en el extranjero.

—Entonces, ¿te irás?—pregunto Shaka, ambos acostados en la cama el hotel donde habían ido a juntarse. Su cuerpo desnudo, aún sudado por el segundo encuentro, reposaba sobre el pecho del griego, con la vista fija en algún punto muerto.

—Es una oportunidad que no debería desaprovechar Shaka. Por mi edad, no tengo mucho futuro como jugador, pero siendo entrenador y director, las cosas son distintas.

—Sabes que no puedo irme al extranjero—le comentó. Saga lo entendía, su abuelo ya estaba bastante enfermo y la única familia que le quedaba era Shaka. Además, él mismo tampoco pensaba llevar la relación a un nivel más serio como ese, mucho menos, teniendo semejante oportunidad en las puertas. Pero aún así, lo amaba, amaba a Shaka, amaba a su compañía, no estaba tampoco en su mente el dejarlo definitivamente

—No será por mucho tiempo, te lo prometo. Sólo tomaré un año de experiencia y regresaré—empujó al hindú para que lo viera fijamente, a los ojos, pasando sus dedos por todo ese rostro. Shaka había terminado de madurar a su lado. Lo conoció de 18 años, y ahora, de 23, ya tenía su titulo, ya era un profesional—. ¿Me esperarás?

—Saga…—el rubio le sonrió, besándolo con ternura—. Te esperaré… te esperaré…

Esa noche se volvieron a entregar. Besos y caricias que dejaron marcadas huellas en sus pieles. Entregándose extasiados para tener fuerza al tiempo de separación que los esperaba. Se amaron hasta el amanecer, y Saga firmó el contrato, partiendo la noche siguiente. Con esa promesa…

—Aquí está la dirección donde envié el último giro—Saga salió de sus cavilaciones al escuchar la voz de aquel rubio, entregándole la copia del documento al italiano.

—Queda como a dos horas de aquí. Bueno, muchas gracias por su ayuda.

El italiano y el griego salieron de la pequeña casa. Saga veían la fachada de ella, alejándose en cuanto el auto empezó a emprender viaje. Viendo al vidrió, Angelo lo notó más callado que como acostumbraba en esas pocas horas. Lo dejó así, asumiendo que a lo mejor pensar que en esa casa Shaka compartió sus primeros años con su esposa, lo tenía contrariado.

Pero no era en eso lo que pensaba, Saga. Su mente estaba clavada en lo que significó esos tres años que estuvo en el extranjero, disfrutando de los jugosos bienes, toda la fama, toda la fortuna. Saga rápidamente se catapultó como uno de los mejores, los equipos de Europa ahora lo buscaban desesperados, doblaban y triplicaba el monto de su actual contrato con deseos de tenerlo en sus filas. El griego sentía que era el dueño del mundo. Y en ese tiempo, Shaka seguía enviándole cartas, él respondiéndoselas. Llamadas de largas distancias, Te amo que no se concretaban. Año y año Saga le decía que sería el último… Shaka esperaba…

Shaka esperaba… Saga seguía aumentando su fama…

Shaka paciente marcaba otro año en el calendario… Saga seguía cosechando más frutos.

Y para el tercer año, Shaka había decidido darle una sorpresa en lo que sería su sexto año de noviazgo. Sin decirle nada, fue hasta a Europa, lo esperó en la salida del último partido de la temporada, lo cual significaba que ya el tercer contrato acabaría. Fue, confiando que podría traerlo a su lado, asentar su relación, acompañarlo a su país…

Cuando Saga salió del partido, eufórico por la nueva victoria, todos esos jóvenes gritando y extasiados con el triunfo; encontró a Shaka con una hermosa sonrisa y un regalo en manos. Era un 23 de Abril. Verlo en ese momento, hizo que su corazón se sobresaltara. Corrió hacía él, lo alzo en sus brazos, lo besó con deseos. El rubio al sentirse tan bien recibido, tuvo esperanzas… esperanzas…

—Shaka, ¡mi Shaka! ¡Qué sorpresa!—le susurraba en el oído, besándola las mejillas con amor. Shaka le sonrió con amor. Ya 26 años él… Saga 34, ambos ya estaban bastante maduros para asumir que era hora de asentar lo suyo.

—Mi Saga… ¡triunfaste por tercer año consecutivo!—exclamó el rubio, besándolo con ansías, felicitándolo.

—¡Y ya tengo un contrato para Asia!—la ruptura… Shaka abrió ojos desorbitados—. Esta vez serán dos años, me pagaran en yenes. ¿Te imaginas? ¡Ahora Asia Shaka!—el quiebre, que los separaba…—. De seguro ganaré más trofeos…

Calló… calló al ver los zafiros mirarlo con dolor.

Saga calló… entendiendo… comprendiendo…

—Me dijiste que era el último…—recordó el menor, alejándose de él, cruzándose de brazos.

—Lo sé pero… ¡es una oportunidad que no debo desperdiciar Shaka!—la explicación…—. ¡No puedes ser egoísta!—la acusación…

Shaka lo miró con zafiros quebrados, indignados… cansados…

Shaka quería la tranquilidad… Shaka buscaba la estabilidad y… acabó por entender, que para Saga, él no era el primer lugar. Su carrera era más importante, la fama de sus títulos más importante…

Shaka no podía seguirlo… ya no…

—Tienes razón… no puedo ser egoísta—musitó finalmente, resoplando aire, extendiendo el regalo que había traído—. Escuché una tradición en mi trabajo de un día festivo llamado “La Diada De Sant Jordi”—el griego tomó el regalo, encontrando un libro, con una rosa. El libro era para dar frases de motivación, una diaria—. Supongo que entonces hasta aquí llegamos.

El griego subió la mirada, buscando alguna duda, alguna señal de que todo no estaba pasando.

—Shaka…

—Yo no puedo seguirte… tampoco retenerte. ¡No te preocupes por mi!—le sonrió—. Igual, te seguiré animando desde el televisor.

Dio media vuelta. Partió. Saga no lo llamó… Saga no lo detuvo… Saga sabía que al hacerlo, tenía que dejar su reciente carrera… Saga prefirió seguir escalando… solo…

Y es que, desde aquella noche que se entregaron y le dijo que regresaría, al final, terminó tardando diez años…

Pensar en eso le hizo sentir a Saga un tumulto de cosas extrañas en su pecho. El resto de los siete años  viajó a todas partes del mundo, incluso ganando más premios, más fama, más poder, más… más… más vacío… más solo… más insignificante. ¿Qué le queda ahora que era un hombre de 41 años? ¿Con quién compartió tanta fama y fortuna? Estaba solo, y darse cuenta justo cuando, como le dijo su hermano, cruza la crisis de los cuarenta, le parecía una tontería.

—Estás muy callado, Saga—comentó el italiano, ya algo incomodo—. Ya debe faltar media hora para llegar a la ciudad.

—Sólo pensaba, en todo lo que ha pasado.

—Igual se casó, tuvo su familia, ¿fue feliz a su manera no lo crees?—el griego resoplo con cierto pesar—. ¿Qué es lo que quieres para encontrarlo?

Se detuvo un momento para pensarlo. Era difícil decirlo. Simplemente quería verlo… Cuando regresó a su país esperaba que aún estuviera disponible… que a pesar de lo que dijo esa noche, estuviera esperándolo… pero no, no fue así. Shaka siguió su vida, tal cual como él siguió la suya. Ahora, que sabía que estaba casado, ¿qué pensaba hacer cuando lo viera? Era difícil definirlo…

—Fueron seis años… a pesar de todo, tenía ciertas esperanzas—confesó, viendo el cristal a su lado. El italiano siguió con la vista al frente.

—Para Shaka fue difícil, según me comento Michael por una carta antes de saber que se casó. Pero como ves, es fuerte, prácticamente se crió solo y logró mucho, es un hombre capaz y lo sabes. Se casaron hace cinco años como ves, de seguro nos conseguiremos al menos con dos rubiecitos en la casa—se jugó, intentando animarlo. Saga esbozó una triste sonrisa.

¿Podría juzgarlo? ¿Juzgar a Shaka por haberlo dejado? ¿Por no seguirlo esperando? Y por qué… ¿por qué él no le pidió que lo siguiera? Quizá si le hubiera pedido que lo siguiera, lo habría hecho… Shaka lo habría seguido. Pero no lo hizo… entendió entonces el porqué Shaka se fue… lo comprendió…

—Fui un idiota…—admitió, echando aire, con sus esmeraldas cristalizadas.

—Podemos devolvernos si quieres…

—No… a pesar de todo, quiero verlo. Necesito verlo… tenerlo en frente, decirle que me arrepiento de no haberle dado lugar en mi futuro, haberlo hecho de lado durante tres años, jugar con él y su paciencia… Necesito decírselo… que lo sepa…

Hubo silencio…

Llegaron al lugar indicado, luego de una hora buscando en la enorme ciudad el edificio de apartamentos donde marcaba la dirección. De la misma forma, el italiano y el griego bajaron del auto, anunciándose en la recepción y recibiendo el aviso para subir. Con el ascensor llegaron al piso seis y buscaron el apartamento 24. Tocaron el timbre y les salió al encuentro un chico pelirrojo con dos puntos en la frente. Detrás de él y acomodando unos cojines estaba un joven de cabello lavanda, también con esos extraños puntos. Parecía estar haciendo limpieza en ese momento.

—Buenas tardes, estamos buscando la familia Virguin—habló Angelo, temiendo que de nuevo hubo un cambio de dirección.

—Lo lamento mucho señores, están equivocados. Aquí sólo vivimos mi hermano y yo desde hace dos años—Saga bajó la mirada, pensando en que de nuevo Shaka se escurría de sus manos.

—¿No podría saber la dirección de los antiguos dueños o..?

—Compré esta casa por una inversionista de bienes raíces, quizás ellos puedan informarme. Pasen adelante, acabo de hacer un poco de café.

Los dos entraron viendo la hermosa sala toda de blanco y tonos lilas, muy bien decorada y la cocina de madera que estaba separado por una media pared de la sala y desde la cual se podía ver al joven sirviendo café.

—Mi nombre es Mu, Mu Lemuria, y él es mi hermano Kiki.

—Un placer—mencionaron ambos al unísono, recibiendo las tazas de café y probando un sorbo.

El tibetano buscó inmediatamente el teléfono del agente de bienes raíces y se avocó a llamarlo. Los dos mayores veían con extrañezas los puntos del pelirrojo, que a su vez los escrutaba con la mirada.

—Buenas tardes, Sr. Milo Scar, soy Mu Lemuria, uno de sus compradores—hubo silencio. Los mayores estaban atentos a la llamada—. Es que tengo dos señores que han venido a buscar al antiguo propietario, llamaba para saber si usted podría…—otra vez silencio. Segundo a segundo Saga sentía que algo se cerraba en la boca de su estomago—. Espere un momento…—el joven se dirigió a ellos, tapando la bocina—. Me pregunta por sus nombres.

—Soy Angelo Parlini y él Saga Géminis, antiguos compañeros de un equipo de baloncesto

—Son Angelo Parlini y Saga Géminis, antiguos compañeros de un equipo de baloncesto del anterior dueño—hubo otro minuto de silencio—. Oh… entiendo…—el muchacho bajo la mirada. Angelo sintió que algo no estaba bien—. Si… comprendo… les informaré…—Saga subió sus ojos, asustado—. ¿Puedo al menos saber…?—otra vez el mutismo—. Está bien… les haré llegar toda esta información… Muchas gracias…

La llamada fue cortada. Mu colocó el teléfono en su sitio y mostró en su mirada hondo pesar. Angelo y Saga lo miraban expectante.

—Lamento mucho tener que decirles esto, pero los antiguos dueños al parecer tuvieron un accidente automovilístico hace tres años—el corazón de Saga se detuvo—. Según lo que me dijo el agente, sólo saben que el hijo de ellos está en un orfanato así que… supongo…

No hubo mucho que decir… Angelo sintió un golpe bajo en el pecho que lo habían dejado sin aliento. Saga literalmente se partió en dos. Minutos eternos asimilando la información… minutos eternos buscando acomodarla en sus memorias, en su mente, comunicarla a través de sus neuronas…

Eternos minutos…

Minutos en los que, los dos, al mismo tiempo, memoraron sus mejores momentos al lado de Shaka. Sus sonrisas, su voz, cuando discutieron, cuando se reconciliaron… Cuando jugaron juntos en los partidos, cuando compartieron los cinco cada victoria… Shaka encestando tres puntos. Shaka robando la pelota, Shaka corriendo… saltando…

Viviendo…

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