Lienzo de Guerra (Cap 21)

Todo se está arreglando para el encuentro de Shaka con Aioria y Saga intenta por todos los medios evitarlo. Mientras en el pasado, Aspros recibe dudas por parte de uno de los nobles. ¿De que forma los acontecimientos crearan lazos entre ellos?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Todo se está arreglando para el encuentro de Shaka con Aioria y Saga intenta por todos los medios evitarlo. Mientras en el pasado, Aspros recibe dudas por parte de uno de los nobles. ¿De que forma los acontecimientos crearan lazos entre ellos?

Capitulo 21: El lazo que nos une

A la entrada de Otoño, desde la toma de Alhenas el príncipe Aioria y sus sequitos realizan una celebración en el castillo de Alhenas, en nombre a la posesión y esclavitud del reino. Un festival de una semana que comienza desde las primeras fiestas donde en la plaza se coloca un muñeco de paja en representación a la antigua corona y al final de la semana, es quemada con juegos pirotécnicos que son vistos hasta en las ciudades aledañas. Durante ese festejo, las mejores doncellas del pueblo se convierten en el festín de los nobles de Alhenas, aquellos que para preservar su titulo de aristócratas se vendieron a los fines de la nueva corona; y los nobles de Rukbat que deciden pasar tal festejo en esas tierras.

Realizar una fiesta en honor a su esclavitud en sus mismas tierras… Con ello el príncipe Aioria sometía los ánimos de aquellos que creyeran que podrían ser librados de su esclavitud, echándoles en cara que sin importar que, ahora les pertenecía. La antigua Alhenas que hacían temer a otros reinos había terminado en cuanto el león de Rukbat puso sus patas sobre ellas y todos los años, recordaban y festejaban una y otra vez ese día. Siendo el tiempo una semana… el mismo tiempo que tardó el cuerpo del consorte en ser devorado por las aves en la plazuela.

La celebración principal se lleva en el castillo, donde en el jardín principal toda la nobleza de Alhenas utiliza los mejores disfraces con mascaras para bailar y beber con el príncipe de Rukbat, tomando sin poder a las mejores doncellas del reino para saciar su lujuria y teniendo el príncipe Aioria de escoger una, una doncella con la cual saciar toda su ira y odio durante la noche.

Por lo general la mujer moría luego de ser la tan dichosa escogida de tal honor.

Y con ello en mente, luego de tener a su gacela para irse a comer en su cueva, los fuegos pirotécnicos se activan y el príncipe ve la hoguera desde el castillo,… la hoguera con la que al final calcinaron los restos de los cadáveres que quedaron con los pocos restos del consorte en ese tiempo.

Y al ver aquella hoguera, Aioria recordaba el porqué tomó las tierras… el que sucedió en aquel día que se hizo dueño de todo…

El cómo perdió ante la voluntad del consorte…

En como su odio no fue satisfecho…

______________Acto uno: La cruzada

///Hace 18 años///

Despierto a la madrugada, a sólo kilómetros del segundo reino. El reino de Garuda es conocido por la barbarie de sus soldados, hombres y mujeres que no temen a nada y a nadie para defender sus tierras. Pero ya dominamos dos ciudades… no falta mucho para dominar la capital.

Me levanto de la cama, viendo a mi lado a mi segundo general, Kardia. Desde lo ocurrido en Pólux, algunas noches compartimos lecho. Yo por el despecho… él simplemente por algo que no se atreve asimilar… Viendo que aún es madrugada, cubro mi desnudez, me embisto con la armadura de Alhenas y salgo a tomar aire, viendo a Dohko parado sobre la cima del risco, una colina serpenteada desde donde vemos el reino que vamos a conquistar. Mi primer general me observa, con una media sonrisa y un tallo mordisqueado en sus labios, que termina escupiendo a un lado.

—¿Ya liberaste ansías?—me pregunta tranquilamente. Al asomarme puedo ver el enorme asentamiento del ejército que al ver lo que hicimos con el reino de Giudecca, nos espera. Creen poder contenernos. Sí… este es el segundo reino.

—Unas… las de sangre aún las tengo al rojo vivo—le comento, sonriéndome de lado. Dohko corresponde mi sonrisa—. Entonces ya nos estaban esperando.

—Y no piensan atacarnos aún… quieren asustarnos con todo ese millar de soldados esperando.

Y lo veo, las antorchas que alumbran este día que está a punto de rayas el alba. Y mi sed se incrementa, mis ansías por terminar por fin con este suplicio que he cargado, por ya, quince años… La mitad de mi vida manchando mis manos de sangre, ya ha llegado el momento de ponerle fin.

—He oído que su general es un hombre siniestro que no tiene el menor reparo para destajar sus víctimas y llenarse de sangre para su rey. Nos enfrentaremos a una bestia.

—Behemonth—menciono el nombre de aquel que tal como yo ha ganado su titulo manchándose de sangre. Me sonrió con malicia, saboreando el momento de enfrentar mi espada contra la suya—. Si él es una bestia, yo soy un demonio… el demonio de Alhenas…

Dohko me sonrió efusivamente. Pronto todo nuestro ejército se estaba preparando cuando el primer rayo de sol golpeó con la tierra. Kardia salió de mi carpa con la lanza en manos, ajustándose la máscara de Alhenas. El brillo de su turquesa desprendía un horrible color fuego que denotaban sus ansías de mancharse de sangre. Esta sería nuestra cruzada.

Al sonido de voz de mando, el ejército de 1500 hombres estaba listo. Un grito y todos bajamos con nuestros caballos por la escarpada colina, listos para enfrentarnos con aquel ejército que ya estaba listo. Al frente vi el jinete negro de aquel que era llamado la bestia negra del Garuda, una portentosa armadura cubría todo su cuerpo y solo un largo cabello negro ondeaba al mismo son que la bandera de su reino. Nuestra batalla, está por comenzar.

El correr del viento, la arena que se levanta, la sangre que corre por nuestras armas… el choque de espadas y filo de acero que buscan cercenar nuestras carnes.

La excitación, absurda y sombría que nubla cada una de nuestros ojos. Sed de sangre, hambre de muerte… queremos vernos rodeados de los cadáveres de este pueblo que entregaré a mi hermano… él último… para terminar con esta maldita vida de guerra y matanza. Y veo que aquel busca abrirse espacio en mi ejército, para hacerme frente, a mí, el demonio de Alhenas, Defteros.

Los filos de su gran espada de casi dos metros de alto choca con la mía. Una navaja cuadrada de quizás medio metro de ancho, de doble filo, cercena y arranca los miembros de aquellos que no la evaden. Pero no contra mi espada. Nuestros caballos se encuentren, el de aquel una bestia de cabello negro lacio, tiene en su hocico una armadura negra en forma de un Behemonth. De gran altura, aquel ser que maneja esa espada como parte de su cuerpo está cubierto por una armadura negra, con la incrustación del cráneo de un rinoceronte en su hombro derecho. Macabro y ruin… excitante el desafío que este ser representa, mientras el largo cabello negro sigue ondeando al choque de nuestras armas, yo buscando acercarme, aquel descuartizarme, en este duelo cuando ya estamos, cerca de entrar a la capital de Garuda.

—¡Con que eres tú el demonio que anda tomando reinos para su hermano!—esa voz… gruesa pero… femenina. ¿Una mujer?—. ¡¡¡Le enviare a tu hermano tu cabeza de consuelo!!!

—Con que una mujer… ¡¡ESTO LO HACE MÁS INTERESANTE!!

Su filo lo evado con rapidez, busco abrirme espacio hacía ese ser que ha escondido su femineidad tras una máscara de muerte. Dejo a mi caballo de lado y prefiero estar en tierra, asegurarme así de ser más rápido y más difícil de alcanzar por su enorme filo. Ella bate su arma de hierro sobre su cabeza y trata de aplastarme con ella, como si me tratara de un insecto, mientras su caballo es sujeto por las riendas con su mano izquierda. Y decide bajar, dejar el caballo también a un lado y enfrentarme como igual. Mi sangre hierve debajo de mi piel, el sudor apega la tierra que se levanta con nuestros pasos y dos gritos de guerra son suficientes para que empecemos nuestro duelo.

Choque de filos, salto y evado de nuevo la potente fuerza con la que aplasta su arma al suelo. Me adelanto y con velocidad avanzó, vuelve a arremeter, evado y busco la forma de penetrar con mi espada en su carne. ¡¡QUIERO QUE GIMA DE DOLOR!! Y cada vez ataca con mayor violencia. El filo apenas logra rozarme el brazo y abrirle una enorme brecha a mi protección para lastimar mi piel. La sangre corre, los músculos se tensa, ambos en el sol de la mañana nos enfrentamos a un duelo a muerte donde no hay misericordia de por medio. No me interesan sus motivos, ni a ella los míos, simplemente estamos claros que no podemos dejar que el otro avance y yo, particularmente, quiero devorar sus carnes con mi espada.

Es cuestión de mi orgullo…

Porque sólo puedo ser esto… el demonio de Alhenas.

Quien luego de esta última cruzada tendrá que penar todos los cadáveres que he colocado sobre mis hombros…

Porque quizás, cuando regrese ya tú seas el consorte.

Asmita…

—¡¡¡ARRRRGHHHHH!!!—Un descuido… mortal…

______________Acto dos: La mirada

—¡¡WAAAA!!—cae al agua, no soportando el ritmo de mi entrenamiento—. ¡Pero qué mierda te pasa Saga! ¡Estás incontenible!

Me detengo por momentos, agitado en medio de la laguna. Mu, el muchacho que forja mi espada y pidió que le enseñara me observa fijamente. Es la tercera vez que hago caer a Kanon contra mi técnica. Y sé que no estoy enseñándole nada… pero la ira que llevo encima necesitaba sacarla de una forma…

¡MALDITO KARDIA!

Si antes había maldecido a mi antiguo maestro en las prácticas que me hacía sudar como animal con la espada…. ¡¡AHORA LO MALDIGO MÁS!!

Venir a aparecer justo en ese momento… ¡JUSTO CUANDO TENÍA A SHAKA EN MIS MANOS! Mierda… mierda… ¡MIERDA!

Me detengo… respiro… paso una mano por mi cabello y de nuevo siento… lo corto que está, recordando ese duelo… sus movimientos… la mirada zafiro que clavaba, su sonrisa sádica al verme perdido…

Sus labios que pude casi besar…

Cierro mis ojos… ¡No puedo! Su imagen tiene embotada mi cabeza, la cercena, mil veces… mil veces… ¿Qué tiene ese hombre que me ha enloquecido de esta forma? ¿Por qué tengo tantos deseos de revolcarme incluso con todo su odio encima?

¿Por qué se me hace tan excitante con sólo eso?

Esta hambre… esta sed… este fuego indecente que se clava en la boca de mi estomago… esto… ¡Esto jamás lo sentí por Asmita!

Shaka despierta en mi algo insano… despierta un deseo casi enfermo por someterlo, demostrarle quien soy, de donde provengo.

Doblegarlo así sea a la fuerza…

—¿Qué te pasó para que estés de tan mal humor?—pregunta de nuevo mi hermano, acercándose a mí y escrutándome con la mirada.

—Lo siento. Creo que hoy no podré enseñarles nada—dirijo mi mirada al joven que aún sentado en la orilla esperaba mis instrucciones—. Empezamos mañana. Tuve una discusión fuerte y realmente no estoy con el mejor ánimo ni paciencia.

—¿Hay algo que pueda hacer por usted?—miro de nuevo al muchacho, hermoso, con la camisa beige y el cabello lavanda humedecido luce aún más hermoso, tomando en cuenta además que los rayos de luna dibujan un nacarado brillo en su piel. ¿Porque Shaka no es así de dócil?

Es eso precisamente lo que tanto me enloquece…

El reto que significa domarlo…

—No… sólo necesito dormir. Puedes retirarte.

Veo que me obedece. Toma sus mantos, se despide de ambos y da media vuelta, con cierto aire de decepción. ¡Debo dominar esta ira que aún me hierve en la cabeza!

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Esto se pone divertido… Muy divertido.

Tenía años sin ver a Shaka tan vulnerable frente a alguien… Incluso… sólo yo lo había visto así. Y descubrirlo en ese momento de esa forma ante la mirada potente de quien será nuestro rey encendió mis torrentes sanguíneos… Si mi próximo rey es capaz de hacerlo, es digno de ser seguido… Verlo me hizo recordar a mi antiguo líder Defteros.

Iba a buscarlo para cuadrar la comitiva que lo acompañarían a Pólux cuando los encontré. Vi el inicio de su discusión, cuando Shaka pensaba evadirlo, cuando el príncipe harto dejó un lado su nobleza e impuso su autoridad, acorralándolo contra la piedra. Y el rostro de Shaka… ese rostro yo lo conocía…

Temor y deseos…

Me quedé sólo un poco más para ver el resultado de tal enfrentamiento. A pesar que había llegado a ese punto porque Saga quisiera hablar, al tenerlo así… no salió palabra alguna. Su rostro reflejaba un torrencial de fuego que quería consumarse con el del actual líder de la revuelta. Sus ojos fijos el uno con el otro parecían inmerso en un hechizo.

La mirada de Saga inmoviliza… como la de Defteros.

Es fuerte y vehemente, clara y férrea, profunda y penetrante… llega a los tuétanos y paraliza la actividad nerviosa de cada fibra del cuerpo.

Es la mirada de un hombre de guerra… de un rey mutante.

Y la de Shaka era la mirada de quien no se quiere doblegar pero está consciente que está con alguien mayor que pudiera hacerlo.

Se niega… y al mismo tiempo lo desea…

Alguien que logre montarse sobre su torbellino dorado y ponerle riendas… alguien que lo domine por entero… Shaka lo desea…

Desea la experiencia, desea la fuerza, el temple, la autoridad, el porte, aquello que lo haga seguir un ideal con pasión, un ideal con esperanzas, un líder a quien sin titubear pudiera seguir porque le supera… en todo…

Pero a quien no se entregaría fácilmente…

Tal como Asmita…

Tal como Asmita…

Sin embargo, observándose tardaron demasiado y yo no soy hombre de paciencia. Así que intervine, viendo divertido la mirada de ira que me envió Saga al verse interrumpido y como Shaka casi de un salto quiso poner distancia y mostrarse invulnerable. Y ahora estoy a su lado en la salida de las catatumbas, viendo en la lejanía lo que eran las tierras de Auva que hace veinte años conquistamos, al lado de Shaka, que desde aquel episodio está más callado de lo normal… con su ceño fruncido, debe estar meditando en lo que ocurrió, como ocurrió y que sintió.

—Sino llego a tiempo el principito te hubiera almorzado—comento jocoso, sólo para ver como esos zafiros se enciende de fuego índigo.

—¡NO SEAS IMBECIL!—espeta con rabia, levantándose de tierra para poner una de sus piernas en una piedra del risco, con el viento que juega con los cabellos dorados atados en una cola. Su mirada zafiro esta fija en el panorama que aún en la oscuridad se ve, las tierras desoladas y desiertas de Auva. Destruida… sus ruinas… su antigua gloria hecha añicos por nuestras manos y el tiempo—. Eso no volverá a ocurrir—sentencia, con su vista al limbo. Lo observo de reojo, sintiendo que mi cabello ensortijado es llevado por el viento—. No puede volver a ocurrir.

—Lejos de lo que puedes pensar del príncipe Saga, es un hombre con un temple fuerte e inamovible—le hablo, obteniendo su atención. Muestro mi rostro más serio, para que entienda que esta vez no intento molestarlo—. Es cierto que es noble. Tan noble como aprendió a serlo al lado de tu hermano y el Rey, pero… es un hombre de armas a tomar como ya te diste cuenta.

—¡Es un creído!—me reí de medio lado—. ¿Acaso cree que acorralándome así podrá…?

—Puede…—le aseguro, observando cómo sus zafiros me miran interrogantes—. Y mientras más difícil se lo haga, más te acorralara—me acerco a él, tomando su mejilla con mi dedo índice. Una leve caricia, lasciva, donde intento comunicarle los agradables recuerdos que me trajo dicha escena—. Sé reconocer cuando quieres caer, Shaka…—sus zafiros me miran turbios… intentan lucir impenetrables pero… temen… y ese temor que huelo… me seduce. Tal como seduce al príncipe.

—Espero no quieras revivir pasado…

—Si quiero revivir un pasado es el que viví con Degel—le admito, esta vez tomando su flequillo, enroscándolo con las miradas fijas—. En tal caso, creo que tú eres quien quiere revivir pasado—sus ojos se desorbitan y buscan poner distancia con su cuerpo. Me rio a lo bajo, al verlo tan tenso… Esa actitud es imposible que no me provoque—. Quieres de nuevo ser domado, Shaka. Anhelas a alguien que pueda ponerte riendas y ya Delio, tal parece, que no tiene suficiente poder para…

—¡Cállate!

Su voz imperativa… su furia… el fuego aquel que no es, ni cercano, al que conocí hace cinco años. Ahora es a mí a quien doma. Ya no habla como el líder de una mísera revuelta… se presenta ante mí como un príncipe con un orgullo enfermizo.

—¡No te permito que vuelvas a decir semejante necedad! ¡Mucho menos que te refieras así de Delio!

Me quedo en silencio, reconociendo que seguir en el punto podría ser contraproducente. La furia que había acumulado por su debilidad hace poco con el próximo rey ahora se estaba desbocando.

—No necesito que nadie me dome, ¡ni mucho menos aquel!—las cadenas que lo atan…—. ¡Con ese hombre no tengo nada más que el maldito compromiso que adquirí con mi hermano!—con la que se niega… y se encadena…—. ¡No vuelvas a decir algo tan insulso, Kardia! No tengo tiempo que perder para seguir con sus malditos juegos…

—¿Y qué piensas hacer? Luego de la actitud tan vulnerable que le mostraste ahora, ¿crees que se detendrá?

Sus zafiros se inyectan de sangre. Su temple se fortalece… el odio… la venganza… sólo esas dos fuerzas puedo ver desbordándose por sus cuencas.

—Le demostraré entonces todo el odio que le guardo… Después de todo, para gobernar no necesita todos sus miembros en su lugar…

Y su mirada, furiosa, busca dictar sentencia…

______________Acto tres: El Choque

///Hace 18 años///

—¿Qué es lo que te sucede, Aspros?—reclamas… de nuevo me reclamas.

No hacer caso a tu voz te enfurece de una forma impresionante. Y te observo fijamente… te veo…

Asmita…

Las dudas siguen ahogando mi pecho, no me dejan dormir… me tienen sumergido en un lodoso pantano de temor y tristeza que no soy capaz de admitir. Y sé que te tengo al lado, y sé que me sigues… pero tus intenciones… tus verdaderas motivaciones me asustan…

Y no puedo evitar celarte… no querer que nadie se acerque… ni mi hijo… ni él…

—¿Por qué has destituido a Degel como médico Real? ¿A qué viene esa decisión?—alzas la voz… te veo enfadado.

Tus cejas estrujan ese punto que te hace acreedor de la antigua nobleza de Auva. Tus puños cerrados se enrojecen con ira y tu rostro,  siempre en alto, me desafía con el temple de un heredero. Buscas intimidarme… pero yo soy el rey y tú… tú sólo un esclavo.

Los nobles tienen razón…

Estás olvidando cuál es tu lugar aquí…

—¿Y por qué tengo que darle explicaciones a mi esclavo real?—pregunto, por primera vez en dos años recordándote tu lugar. Abres los ojos, luceros azules vacios… turbios… perplejos… Tus labios delgados tiemblan, para luego morderse de impotencia.

—Ahora… ¿He vuelto a ser sólo tu esclavo?—indagas, con tu voz conteniendo visiblemente un grito. Tu garganta tensa me da indicios de que estas, por demasía, furioso.

—¿Cuándo dejaste de serlo?—respondo, con la mayor tranquilidad que puedo mostrarte, tomando una manzana del tazón que los esclavos me han traído, sentado en la cama. Y te estudio…

¿Por qué me miras con dolor?

¿Acaso no quieres estar conmigo, sin importar el titulo?

¿Qué es lo que buscas?

Respiras profundo. Ladeas tu rostro… cierras puños con fuerza, te enrojeces, apretando los parpados violentamente, antes de dar la vuelta. Me levanto entonces a seguirte. Te sientas en el diván, contienes el aire… ¿por qué estás tan herido? ¿De qué forma debo tomarlo? ¿Acaso estás a mi lado por el título? ¿No porque me amas?

Debo comprobarlo…

—Desnúdate—una orden imperativa… No obedeces. Cruzado de brazos te quedas en silencio, molesto, incluso podría decir que lastimado—. ¿Qué esperas para obedecerme?—reclamo.

—Si lo que soy es un esclavo, me comportaré tal cual como lo hacía al inicio, su majestad—levantas tu rostro, tu ceño fruncido me da evidencia de que hablas muy en serio. Crujo mis dientes al cerrar con fuerza mi mandíbula… ¿No es a mí a quien quieres?

—No creas que me incomodará entonces domarte como lo hice al principio—te advierto, molesto… asustado… ¡POR QUE ME RECHAZAS!

Y ladeas tu rostro, lo escondes con tu flequillo. Tus labios se muerden con ira, enrojecido, furioso.

—Inténtalo… y vuelve a llenarme de odio.

Y no soporto… salgo de la habitación… lleno de preguntas, de dudas, de temores…

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Estoy dolido… herido…

Escuchar que de nuevo soy un esclavo de sus labios me ha lastimado hondamente…

¿Por qué? ¿Qué pasa con él? ¿Por qué la nobleza que había encontrado de nuevo me la esconde?

Y me está alejando de todos…

De su hijo… ahora de Degel a quien considero un amigo… para dejarme sólo con él y su frialdad…

Y duele… duele el rechazo.

______________Acto cuatro: Los Planes

Estoy en la fogata, de nuevo esta noche. Los vientos fríos del otoño ya sacudían con fuerza el bosque y en cualquier momento las lluvias heladas comenzarán. Sé que en cuanto eso ocurra, no habría nada más reconfortante que una fogata.

Allí, junto con Milo y Camus, los veía hablar y sonreír. Camus siempre más serio apenas aflojaba un poco los labios para mostrar una escueta sonrisa. Por su parte Milo le brillaba los ojos como turquesa a las vistas del sol, fogosas, llenas de admiración. Veía amor… amor tierno y correspondido que se estaba gestando entre ellos y yo… aún amando al amante de mi hermano.

Resoplo fastidiado el aire mientras lanzo otra leña al fuego. Cubro mis manos con las mantas y veo a Mu también pensativo. Lo he visto, varias noches se ha reunido con el príncipe en la laguna y se queda horas armando su espada. Esta enamorado, tal como yo de Delio. Y lo terrible es que tal como yo, el príncipe Saga tiene sus ojos en Shaka.

Que irónica es la vida. Ante la llegada de Shaka a nuestra disimulada familia, soportarnos la idea de compartir el cariño de Abuelo Sage. Siempre le tuvo algo especial a él, yo llegue a resignarme al saber su historia, de donde venía, que había perdido. Ahora de nuevo, los ojos de quien quiero que me ame se posan sobre él y de la misma forma, no puedo juzgarlo.

La vida es a veces injusta…

La vida ha sido injusta con él, quitándole todo a tan tierna edad, metiéndolo en una situación donde sólo puede sostenerse de odio…

Y Delio es su único calmante… no puedo quitárselo.

—¿Qué Shaka va a Polux?—exclama Mu con tono severo, asustado al mismo tiempo. Salgo de mis pensamientos para entender que sucedía.

—Así es—respondió Milo tranquilo—. ¿No les había comentado? En la madrugada sale el comité en la madrugada, con él irán Delio y Shayna, un grupo con Kardia supervisaran desde la altura de Castor, mientras que yo junto al General Dohko tomaremos Gemínidas.

Un estremecimiento gobierna mi cuerpo. ¿Shaka irá a Pólux? ¿Para qué? ¿Con qué objeto? Tal parece que al ver nuestras caras, Milo vio necesario explicar

—Harán acto de presencia en Polux, Shaka se presentara como el enviado del consorte Asmita ante el príncipe Aioria—mi piel tiembla ante la posibilidad. Mu es el primero en levantarse sobresaltado—. Es un plan arriesgado y…

—¿Quién tuvo tan maldita idea?—grito asustado, pasmado, aterrado ante lo que pudiera ser ese encuentro. Shaka en medio de ese nido de leones… ¡y con Delio! No… ¡en ese escenario cualquiera de los dos los podría perder!—. Fue el príncipe Saga ¿cierto?

—No—se adelanta Milo, buscando calmarme—. Fue idea del mismo Shaka, mi príncipe junto con Delio intentaron detenerlo pero no hubo remedio y… al final, el plan es sumamente ventajoso para la revuelta, vale la pena…

—¡¡ME NIEGO!!—mi corazón palpita con fuerza, esta sensación de vacío me envenena. No me importa si estoy condenado a verlos juntos, amándose sin reparo en mis narices… ¡PERO NO QUIERO QUE NINGUNO DE LOS DOS MUERA!—. ¡¡ES UNA LOCURA!!

—Calma Afrodita—la voz apacible de Camus parece congelarme por completo. Su mirada cristalina, helada, me nubla el pensamiento, como si pudiera traspasar dentro de mí…—. Estará bien… desgraciadamente estaremos pronto en una guerra y este tipo de situaciones se presentaran más a menudo—es severo… pero comprendo…

—Camus.

—No Milo, es hora que ellos dos asuman lo que va a pasar. Cuando la guerra comience, este tipo de sentimentalismo sólo nublaran la visión de Shaka y la revuelta—abro mis ojos pasmados, Milo se queda en silencio—. Escúchenme ambos, he visto que Shaka quiere enseñarles a defenderse y ninguno ha valorado el esfuerzo. ¿Es qué no lo entienden? Teme por su seguridad, y ustedes, al ser tan débil, representa un punto fácil para lastimarlo a él.

—¡Camus basta!—reclama Milo con molestia pero la mirada helada del doctor lo inmoviliza.

—Los sentimientos en el campo de batalla nublan el raciocinio. Dime Afrodita, Mu, ¿quieren que Shaka se enfrente a los de Rukbats preguntándose si estarán bien?—suspira un poco de aire, antes de verme a mí y a mi hermano de forma severa—. Quizás no he estado en la guerra, pero como médico he tenido que aprender a dejar de lado los sentimientos y las emociones para actuar en el momento y con las acciones pertinentes. Para Shaka, Delio e incluso para ti Milo; cuando estén en la batalla no deben pensar en otra cosa más que en su seguridad—la mirada cristalina de esa aguamarina sobre las turquesas—. Por eso, aprovecho este momento para decirte a ti, y extiéndeselo a tu primo: No se preocupen por mí. Si llegan a atacarnos saber cómo defenderme y si es de morir; es este el lugar en donde quise estar, el lugar que mi hermano Degel hubiera tomado si estuviera con nosotros.

______________Acto cinco: El Abdicado

///Hace 18 años///

—¡¡¡MALDITOS!!!

La mujer se contorsionaba en nuestras garras. Jamás pensamos que quien era conocido como Behemonth no sólo se trataba de una mujer, sino de la mismísima reina de Garuda. Cuando vi que aquella arma se había enterrado en el hombro derecho de mi príncipe y planeaba seguir descendiendo, enloquecido le arroje mi lanza clavándola al árbol, en el abdomen. No me importó pelear luego a puño limpio…

Y en cuanto capturamos a la reina, el ejército de Garuda se replegó, cobardemente, entregando las tierras a nuestra merced. Dohko auxilió al príncipe, una venda cubría ahora su hombro derecho lastimado hondamente. No sé que pudo haber pasado para que se distrajera en medio combate.

Llegamos finalmente a la ciudad capital de Garuda. Todo el ejercito atacó sin piedad, las catatumbas derrumbabas las fortalezas y los gritos de nosotros, los de Alhenas, retumbaban por doquier. Logramos hacer la conquista cuando el sol desaparecía y Defteros lideraba todo desde atrás, en su caballo, de pie como una montaña que se niega a claudicar, con los brazos sosteniendo a la reina… a quien no maté allí mismo por sus palabras.

Para él la realeza debe morir en el castillo y con honor.

—¡Kardia!—escucho su voz llamándome, mientras divido el cráneo de uno de los enemigos con mi lanza—. ¡Ábranme espacio para entrar!

Su orden… que acato.

—¡¡¡MUEVANSE MALDITOS!!! ¡¡¡EL PRÍNCIPE DEFTEROS ENTRARÁ A LA CIUDAD!!!

Su orden, que acatamos…

Porque él es nuestro líder, nuestro máximo comandante y sólo de él oiremos ordenes, de nadie más…

Sólo del demonio de Alhenas…

Y su caballo envestido por la armadura real, su capa percudida de sangre, sudor y tierra, su espada negra, la máxima señal de su poder en su derecha y la mujer, la reina de Garuda atada y tomado con su izquierda, mientras esos ojos violeta nos miraban con odio. Tenía en sus brazos al monstruo Behemoth a quien tanto temían los reinos…

Es increíble pensar que es una mujer, con casi la misma altura del príncipe. Su armadura negra y ensangrentada cubrían las decenas de cicatrices en su cuerpo. Hermosa, no puedo dudarlo, ese aire de sangre y muerte seduce mis poros, me tientan. Incluso hasta pedí probarla más el príncipe se negó. Dijo: “Es una reina” y hasta sentí un dejo de tristeza en sus palabras.

Como si el recordar que lo que tenía capturado era un noble le golpeara el alma…

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En mis brazos tengo a la reina de Garuda, mujer de guerra, quien se hizo del nombre Behemoth para crear una leyenda de sangre y muerte a su alrededor. Y es la reina. Con fuerza y velocidad logró golpearme y herirme, antes que Kardia le clavara la lanza en el vientre y la inmovilizara. Por mucho que intentamos, ella no quiso detener sus ataques, tuvimos que atarla de manos y pie y aún así, se me hace difícil contenerla.

—Cálmese, Reina de Garuda. No le daré muerte hasta que lleguemos al castillo—le dije, mientras entrabamos a las puertas de la fortaleza derrumbada.

—¡Apenas me sueltes te quitaré la cabeza maldito!

—¿Qué es lo que hace que una reina vaya al campo de batalla en vez de su rey?—la mujer miro a un lado, indignada, molesta.

—Máteme aquí… máteme de una buena vez—escucho sus palabras, mirándola de reojo—. No quiero que mi rey me vea vencida.

—Te mataré frente al rey—contesto, cruzando ahora las puertas del castillo que ya Dohko tomó con su ejército—. Ya estamos cerca de su muerte, Reina Violette de Garuda.

Baje del caballo y veo a Dohko acercarse a mí, lleno de sangre y sudor, con algunas heridas en su brazo, su mayo cubierto de sesos y carne humana, su escudo manchado de sangre. Me sonríe y seguimos… ¡¡A TERMINAR!!

Kardia nos alcanza, su rostro manchado de sangre con sus turquesas encendidas sólo es muestra de cuanto está disfrutando nuestra última cruzada. Nosotros tres somos el brazo fuerte de Alhenas y el lazó que nos une, esta forjado con fuego y sangre.

Pronto la guardia de honor hace su aparición, intenta detenernos. Ellos se encargan de todo mientras sigo teniendo en mis brazos a la reina, ya con fiebre debido a la pérdida de sangre, pálida, su rostro sudaba y sus labios resecos murmuraban el nombre de su rey. Los cuerpos de aquellos que le sirven caen a nuestro lado, la sangre salpica en mi piel morena, la determinación me corroe. Esta emoción al saber que con esta corona, esta maldita cruzada terminará…

¿Y después?

¿Después que quedará de mí?

Eso ahora no debe importarme…

Llegamos entonces al salón principal. Lo vimos. El rey vestido con su armadura negra como el averno, se levanta orgulloso mirándome con profundo odio. Una corona de oro blanco y diamante se alza en su cabeza. Sus ojos negros azabaches viajan hasta mi brazo izquierdo, contemplando, el estado de su reina. Los ojos titubean, yo me acerco y la deposito en el suelo. La mujer levanta la mirada entonces y ve a su rey, de pie, con la espada en sus manos. Cubierta con su propia sangre, se levanta con dificultad y extiende su mano derecha. Aiacos baja del trono con el porte del rey, extendiéndole su espada. Yo los observo, sin entender…

—Mi rey… Aiacos…—susurra ella, empuñando la espada de mango negro, filo dorado.

—Hasta manchada con tu sangre, sigues hermosa, mi flor carmesí—la abraza, depositando un fogoso beso frente a nosotros—. ¿Quieres morir por mí?

—Permítame tal honor…

La suelta. Ella se mantiene en pie, con la espada, y volteando con su rostro más severo, me reta. Acepto el reto, saco mi espada y me preparo para el duelo… sin comprenderlos…

Ella ataca con toda la velocidad que sus heridas y cansancio le permite. Me defiendo con mucha más facilidad que en el campo de batalla y a pesar de herirla en brazos y piernas, se levanta, me sonríe… ¡Y CONTRATACA!

¿Por qué? ¿Por qué su rey se queda de pie viendo como su reina pelea contra mí, sin posibilidad de sobrevivir? ¿Por qué? Y mientras peleo los observo… a él mirándola con suma impotencia… ella luchando con sus ojos teñidos del fuego pasional que la impulsa. ¡¡FUEGO!! EL mismo fuego con él que vi luchar esa mañana a Asmita contra mí… la misma voluntad, férrea, indomable, esa que me desarmó por completo. ¡¡FUEGO!! Que me hace recordar que en el duelo entre mi hermano Aspros y yo por su corazón… yo perdí.

Y mi espada cortan por fin la carne de su cuello, haciéndola caer mientras a borbotones la sangre mancha el piso de mármol. La mujer, con sus ojos desorbitados, apenas logra pronunciar el nombre de su rey antes de sonreír… y morir…

Venciéndome…

No lo comprendo… no comprendo porque actúan de esa manera… no comprendo que es lo que los ata… por qué… ¿por qué?

—Mi flor carmesí…—el rey que se inclina hasta el cadáver de su reina. La besa con un ósculo sombrío, frío… moribundo—. Mi bella flor… fue un hermoso espectáculo…—la cargo sobre su pecho, con un brazo, apartando algunos mechones de su frente ensangrentado y entonces…—. Abdico.

La espada de oro cae a mis pies junto con su corona. Lo observo, pasmado. En quince años de guerra jamás un rey se había rendido sin combatir.

—Lo único que me ataba a mi vida y mi reino ha muerto—hablo el hombre, ya no rey—. Mátame con ella… atraviésanos a ambos… es mi último deseo…

Y entonces… lo comprendí.

“Si cree, que con matarme se alejaran las pesadillas. Que pagará la sangre que ha derramado por su hermano… ¡que podrá con ello borrar de mí el odio que les tengo! ¡La sangre de mi hermano en mis propias manos! ¡La sangre de mi pueblo y mi padre en las suyas! ¡El haber obligado a mi padre a matar a la mujer que amó y le dio hijos!”

Asmita… tus palabras… resuenan en mi oído.

“¡ME ASQUEA EN SOBREMANERA! ¡QUE HAYA SIDO PARA ASUNTOS TAN BAJOS QUE MI PUEBLO HAYA SIDO SACRIFICADO! ¡MI GENTE ASESINADA PARA PAGAR UNA DEUDA TAN ESTUPIDA! ¡MI PADRE OBLIGADO A MATAR A MI MADRE PARA QUE TU PUDIERAS RESPONDER ANTE LOS DESEOS INFAME DE TU REY! ¡¡ME ASQUEA PENSAR QUE POR ESA DEUDA TUVE QUE MATAR A MI HERMANO MENOR!!”

Asmita… tu dolor, tu rabia, tu ira… mi carga… mi pecado… y entenderlo me da deseos de morir…

“No, la muerte no es suficiente para que pagues tus pecados”

Pero tú me has dado una sentencia…

“No morirás por el filo de espada…”

Y con un desgarrador grito, tomo mi espada… me abalanzo a ellos

“Morirás por el peso de todas las almas… ¡ellas oprimirán tu corazón!”

Porque yo soy un demonio…

“¡¡ELLAS DRENARAN TUS FUERZAS!! ¡¡ELLAS SE LLEVARAN TU ALMA AL SEOL!!”

Y mientras mi espada atraviesa el cuerpo de la reina, divide en dos el corazón del antiguo rey.

Mi alma llora…

Y las lágrimas nunca salen ni surcan… porque he perdido la facultad de llorar en estos dos años.

Los cuerpos caen, llenándose de más carmesí… Mi alma desgarrada quema dentro de mi pecho… las lágrimas trabadas en mi garganta me asfixian… y al subir mi rostro hacía el trono puedo volver a verlo… ver al Rey de Auva… ver el cadáver de su esposa en manos… asesinada, por sus manos…

¡¡Y COMPRENDO!!

Te imagino entonces… desesperado con lágrimas en aquella celda, poniéndole fin a la vida de tu amado hermano… Te imagino y sucumbo al dolor, a la culpa, a la vergüenza… ¡a la ira que me carcome en el alma!

—¡¡¡PRINCIPE!!!

Y Abdico… abdico ante la vida…

Porque ahora que no hay guerra… ya no podré ser un demonio…

Y entonces… ¿qué me queda, Asmita?

______________Acto seis: El lazo

Dentro de la carpa donde comparto lecho con Delio, me encuentro. El traje que mande a confeccionar ya está listo, en la cama, la corona a mi lado, en la mesa de madera. Yo desnudo, frente al espejo. Observándome… En horas partiremos a Pólux. En horas comenzará finalmente la revuelta… por fin el derramamiento de sangre que tanto he esperado.

Tomó finalmente el pantalón del traje. Me lo coloco con lentitud, la misma parsimonia con la que late mi corazón ahogado en un torrencial de emociones justo por este momento. Me observo… y tomo ahora el manto negro, bordado de plata en sus puños, con un bordado en el cuello. Paso mis brazos por las manga, cubro mi pecho y es irremediable… irremediable no recordar ese día donde vi que todo se derrumbaba en segundo… y tu corrías, en busca de la corona… y yo asustado te seguía, queriendo escapar contigo… dispuesto a defenderte como lo hiciste en nuestras tierras… para que huyéramos, juntos…

Asmita… hermano Asmita…

Y ahora que estoy pasando el cinturón a mi cintura, para terminar de vestirme, viéndome con el cabello recogido tal como recuerdo esa horrible noche, recuerdo…

Tus palabras…

///Hace 5 años///

Corría… corría y degollaba cuantos leones de Rukbat me conseguía en frente. Escondido en el almacén del castillo, cuando Shion fue a buscarme supe que debía encontrarte. Shion me pedía huir… más yo no iba a hacerlo… no de nuevo… ¡no sin ti!

Corrí entonces sin importarme que me reconocieran, sin importar que vieran mi cabello dorado, que supiera finalmente que yo, Shaka de Auva, aún estaba vivo. Corría buscándote… y te encontré, destajando cuerpos a tu paso camino al despacho real. Y te defendí entonces.

Me tomaste de la mano en cuanto matamos a los que nos amenazaban, corriste y pusiste seguro a la puerta para luego correr hasta la bóveda y sacar, de allí, la corona.

—¿Qué haces Asmita? ¡¡Debemos huir de aquí ya!!—te impere, sosteniendo con fuerza el seguro y viendo que ya se acercaban más a buscarnos… y estábamos acorralados.

—¡Ven Shaka!

Tomaste la corona en tus manos… besaste la corona, ante mi espanto. ¿Tanto amabas estas tierras? ¿Tanto amabas al rey? ¿Realmente lo amaste? ¿Tanto como para no querer huir conmigo?

Y no hubo tiempo…

Me tomaste del brazo y me llevaste tras un estante, al cual abriste al accionar uno de los candelabros. Un pasadizo secreto, uno de seguro para el uso real. Me empujaste, dándome la corona y quitando rápidamente el collar con el anillo que colgaba de tu cuello… y me lo entregaste en mis manos…

La puerta era golpeada… en cualquier momento cedería…

—¡¡NOOO!!—grité negándome a lo que ya veía, era nuestra separación definitiva—. ¡¡NO ASMITA!! ¡¡NO ME IRÉ SIN TI, HERMANO!!—besaste mi frente rápidamente, sostuviste mi mandíbula, abriste los parpados mostrando… los zafiros que desde tu cautiverio no brillaron más.

—Prométeme que usarás tu espada para devolverle la corona al heredero—el lazo…—. ¡¡Prométeme que alzarás tu espada para liberar este reino que amo!!—que te une a esta tierra…—. ¡PROMETEME, SHAKA, QUE LIBERARÁS EL REINO EN NOMBRE DEL PRÍNCIPE SAGA!—y te separa de mí, tu hermano…

Un lazo que fue más fuerte que el nuestro… que el de sangre…

Un lazo que nunca llegué a entender…

Y al cual… aún así, me até…

///Presente///

—Lo haré…—recito mientras me coloco la corona que es una copia exacta de la del consorte—. Lo haré hermano…—y al verla en mi cabeza, admirarme por completo; te veo en el espejo… te veo manchado de sangre, con tus espadas en mano, frente al príncipe de Rukbat.

Y paso mis manos por el cuello, recordando fielmente como su espada cercenó tu cuerpo, atravesando tu cuello, dejando una mancha de sangre que, desde el techo donde yo veía escondido toda la sala real, te observaba combatir.

Mis manos recorren ahora cada una de las heridas que recibiste de su espada, en el suelo, agonizando, mientras aquel no se cansaba de clavar sus colmillos en tu cuerpo… Y al hacerlo…

Me lleno de odio…

Nauseabundo… maligno… ahoga mi pecho y me llena de lágrimas que jamás brotaran de mis cuencas. Enrojecen mis pupilas, tensan mi cuello… me hace sentir la carne hervir de ira.

Y mi mano derecha entonces busca el último lugar que esa espada se atrevió a profanarte… el pecho… a la izquierda… el corazón… atravesado con el filo sobre el trono… y ante el cual elevaste la mirada para enviarme, una última vez, tus sombríos zafiros. Porque yo desde arriba te vi… escondido, con la corona que fue humedecida por cada lágrima. Vi el último alarido que tus pulmones no pudieron mutar en sonido… Vi cuando caíste sin vida manchado de sangre…

Y odié…

Príncipe Aioria de Rukbat… te haré saborear la violencia de mi odio…

Te haré maldecir el día que entraste en Alhenas…

El día que decidiste amarme…

Y una sonrisa sádica surca mis labios, con mis ojos enrojecidos… decididos…

Porque el único lazo que me une con el príncipe Aioria, es el del odio…

5 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 21)

  1. -Me levantó de la cama, viendo a mi lado a mi segundo general, Kardia. Desde lo ocurrido en Pólux, algunas noches compartimos lecho. Yo por el despecho… él simplemente por algo que no se atreve asimilar… –

    *¬* babasssssssssssssssssssssssss Te juro que estuve como una hora leyendo y releyendo esa parte… no pasaba de ahi!!!! y es que tan solo imaginarmelos!! DIOSES!!!!! MI FANTASIA HECHA REALIDAD!!!!!!!! *0* kiero lemon!!!!!!!!

    Deftdia a un millón!!!!!!!!!! kiero mas!!!!!!!!!!

    Dios!!! Mi kardia en un amor!!! Mira que arruinarle al principito el encuentro con Shakita xDDDDDD Love Kardia!!!! me ha nacido un amor enfermo por él! y más cuando lo veo con todos babaaaaaaaaaa…. quiero q revivan pasado!!!!!!! xDDD situacion KardiaKA por favor!!!!!! jajajaja

    Gracias Angui!! aunque me has dejado picada ¬¬ dame lemon!!!!!!

    U_U pasando a otros terminos!! la lucha contra el reino de Garuda fue tremenda!! no me imaginaba que Violette, la reina, fuera ese demonio… como siempre, fiel a su Rey… TnT eso revivió los recuerdos en mi Defti!!!
    Me mata su dolor T_______T

    Y Abdico… abdico ante la vida…

    Porque ahora que no hay guerra… ya no podré ser un demonio…

    Y entonces… ¿qué me queda, Asmita?

    buaaaaa!! no hagas sufrir mas a pan tostadito!! mira que me lo kiero robar en lienzo xDD

    OMG!!! Shaka ya está listo!!!!! desorbitante!!! solo odia a Aioria por la cola loca (?) jajajaja ando bakisima hoy!! por los bochornos xDD

    Dame 22… wow ya 22!! maravilloso Angui abandonadora!!!! TE QUIERO!!!! pero dame…

  2. “Me levantó de la cama, viendo a mi lado a mi segundo general, Kardia. Desde lo ocurrido en Pólux, algunas noches compartimos lecho. Yo por el despecho… él simplemente por algo que no se atreve asimilar…”

    OK, ahí babeé XDDD Me uno a la petición de lemon 8D Más con mi eterno amor por Kardia y aún más por Kardia uke XD Aunque me habías dicho que te daba cosita cuando puse sugerencias sutiles de ellos en el fic de Delirios, supongo que lo habrás superado???? Juju. Lemon XD

    Qué rara la nueva distribución de las cosas, pensé que me había equivocado de página @_@ Pero al final el blog vuelve a recordar mis datos y no tengo que poner todo de nuevo, eso me pone feliz XDDD

    No ha habido mucho Acuario… pero lo de Kardia y Shaka fue interesante, sugerente XD Me gustó.

    Y Camus y Milo y su amor naciente, wiiii 8D Me gustaron las actitudes de los dos, Camus fue muy Camus. Snifff son tan lindus T_T

    Ahora como tomé distancia y ya no detesto tanto a Violeta, no me molestó su parte (muy sangrienta pero bien descrita XD)

  3. ohh!!! esto es buenisimo
    otro capitulo de lienzo que es demaciado hermoso perfecto
    odio amor abnegacion destino malentendidos sufrimientos nostalgia alegria celos ira rencor nobleza esperanza

    como en una digna guerra donde se busca la victoria sin nombre por que no se sabe por quien
    lucha cada persona que esta en cada bando
    que genial capitulo
    yo se hicieron amiguis
    camusin y dita aunque no paresca el pescado entendio el comentario de camus
    cuando siempre hace caso omiso a los de shaka y mu
    camus y milo se gesta su amor

    aver si mu aprende algo bueno deperde tiempo con saga
    que duro y dificil
    se me partio el corazon cuando dita describio eso
    ambos hermanos aman lo que solo tiene ojos para shaka
    que dolor pero bueno asi es la vida
    no siempre es amor correspondido

    la muerte de violet es hermosa
    murio pro su rey y su rey murio por la vida de violet
    lo que le impulsaba a ser rey
    era su amor por su flor
    que hermoso

    y lo de aioria el leon que come doncellas
    eso me dio en el alma jojo como una fantasia
    la bestia devoradora de luz de doncellas

    angie ame este capi FELIZIDADES SUPER GENIAL
    espero tengas un buen dia
    y mucha salud

  4. sin palabras por que alee me las quitó todas… ¬¬
    solo puedo decir…
    ¡¡dame 22!!
    nueva droga activada… nombre: LDG
    xDD

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