Lo Nuestro ~Separados~

Pensaba en él, mientras su cuerpo era despojado del espacio y tiempo. En él, conforme era llevado a un lugar incierto por el voraz fuego de fénix. En él… ¿Desde cuándo? Virgo se halló sometido a una tortuosa nebulosa de dudas acorralarlo. Inicio y Fin. Siempre…

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Separados (Estrella Poderosa)

Pensaba en él, mientras su cuerpo era despojado del espacio y tiempo. En él, conforme era llevado a un lugar incierto por el voraz fuego de fénix. En él… ¿Desde cuándo? Virgo se halló sometido a una tortuosa nebulosa de dudas acorralarlo. Inicio y Fin. Siempre…

Testigo fiel, vio sin reprochar la forma que manipuló a Leo. Siempre allí, no le importó presenciar órdenes aterradoras. Todo era justicia. Él era bondad. Y no hay maldad ni justicia perfecta, es hombre, es imperfecto…

Es suyo…

Y entonces, ¿por qué dudó? ¿A qué se debió su inseguridad? Shaka vagaba por senderos desconocidos en un espacio distante. Sintió un cosmos que lo llamaba, lo atraía a él, preocupado… distante… Una caricia que rodeó sus pómulos, rozó sus labios con pasión y ternura. Una contraposición…

Patriarca…

Lo sintió desde allí, buscándolo desesperadamente entre dimensiones. Es que acaso, ¿quería salvarle? Más no podía regresar, aún no, no hasta responder sus dudas. No hasta comprender. ¿Cómo explicarle su derrota? ¿A él, el sumo pontífice, su justicia? Rechazó la oferta, evadió los fuertes brazos, el cosmos poderoso. Se negó.

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Lo sintió desaparecer y colapsó. Lo sintió desvanecerse entre el aire y un odio nauseabundo junto a un desgarrador dolor laceró su alma. La máscara cayó. El cabello retomó su color original, dejando caer silenciosas lágrimas, llanto ahogado, niño, perdido…

Sólo…

Él único que lo aceptaba sin preguntar. Él único que conocía ambas caras. Quien consentía sus gentiles caricias y toleraba sus violentas embestidas. Quien veía más allá, más allá de los rumores, más allá de lo evidente, muy dentro, más que él incluso.

Veía su esencia… el alma… lo inalterable…

Lo buscó con su cosmos, trató de sacarlo del abismo. Lo llamó.

El rechazo…

Cayó de rodillas, asustado. Acaso, ¿Él también lo había traicionado? ¿Descubrió su falsedad? ¿Dejó de acompañarlo? Las horas se consumían… El tiempo se acercaba. Por primera vez, Saga intentaría, al menos una vez, hacer las cosas bien… pelearía con él mismo, hasta que los santos de bronces llegaran… se arrepentiría… pediría perdón… no se dejaría vencer.

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Aún anudaba preguntas en su pecho, pero un poderoso cosmos lo había hecho decidir regresar. Lo había reconocido, a la lejanía, a la distancia.

Saga…

¿Estaba acaso allí? ¿Había vuelto? Eso pensó pero al regresar, se vio de nuevo ahogado sólo en el poderoso remanente cósmico del patriarca. Desde lo lejos, lo había visto llorar lágrimas de desesperación, escuchar una voz hablándole a otra idéntica, en los adentros.

Una memoria añeja.

“¡Detente!, ¡No lo hagas!, ¡Basta!”

Un ser peleando consigo mismo.

Espinas…

Shaka estaba perdido en sus divagaciones. ¿Acaso se equivocó? ¿Debió haber hecho algo? ¿Fallo?

¿De nuevo…?

Se sintió atrapado. En pasadizos del olvido, cuadros de memorias diáfanas y vacías que se entretejían a su paso. De nuevo, confundido. Había bondad en él, lo sabía, estaba seguro de ello. Pero entonces, ¿porque sentía que estaba equivocado? Acaso, ¿vio demasiado lejos?

Su alma… su esencia… Defteros…

Frunció su ceño, contrariado. Una palabra en griego había resonado en su mente. Un llamado del pasado, una voz anciana, distante.

Es el destino…

Caminó entonces hasta el primer templo, molesto consigo mismo, con su incapacidad, su confusión, su desbarajuste de emociones y pensamientos que no le permitían pensar con calma, como suele hacerlo. ¿Dónde había quedado la inmutabilidad de Virgo? Difícilmente podía mantenerse irreflexivo. Su corazón pedía a gritos respuestas. Su corazón quería creer que esta vez, no se equivocó.

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“La esencia es poderosa”

Se dijo a sí mismo. Al saber que era Saga, todo tuvo sentido. Se quedó callado, escuchando a los demás comentando abrumados con la revelación. Se quedó en silencio, ahogado en su propia incertidumbre.

Siempre fue Saga…

La maldita cosmos energía se liberó de ese cuerpo. Ahora, de nuevo era el Saga que conocía, el sumo sacerdote a quien le sirvió durante esos años. ¿Cómo mirarlo? ¿Cómo enfrentarse a esa realidad? Nunca vio atisbo de maldad, porque veía directamente su esencia, aquella alma a la que, sin entenderlo, estaba atado.

Ahora entiendo…

Todo había acabado. La diosa corría en busca de sus santos. Virgo caminaba con paso firme, pensando, meditando, de qué forma enfrentarlo. ¿Cómo disculparse con él? Fue ciego… vio su maldad y prefirió creer ciegamente en su esencia, sin darse cuenta, que se corroía. Pudo haberlo ayudado… él, él más cercano y había fallado…

De nuevo.

Esa sensación de haber caído en el mismo error una segunda vez no lo abandonaba. Pero esta vez, las cosas serían distintas. Shaka estaba decidido. Cubriría su alma con su poderoso cosmos, lo resguardaría, lo salvaría…

Muerte.

Se detuvo. Un retumbar en su corazón.

De nuevo… tarde…

Caída en pedazos, el vacío. Su poderoso cosmos se dispersaba. No pudo con la culpa.

Se suicidó.

Caían sus palabras, mudaban sus reflexiones, todo blanco, infinito… maldito vacío.

La bondad golpeó la maldad con lágrimas.

De nuevo, el mismo cuadro… una memoria añeja olvidada. Él… dos gemelos, dos cuerpos separados, tal como su esencia, como sus almas… De nuevo, fue tarde.

Ya no estaba allí.

Llegó, viendo como Mu sostenía el cuerpo de Saga, traspasado por su mismo puño, al lado de la diosa.

Es inevitable…

La diosa fue en busca de sus aliados. Mu, a prestar ayuda. Sólo él y Saga, frente a la estatua de Athena… Sólo el cuerpo… el alma ya no estaba… el alma que siempre había visto… el alma que no cuidó.

De nuevo.

Se arrodilló, tomando su cabeza entre sus piernas, peinando azules hebras, delineando sus facciones con sus dedos, humedeciéndose con las lágrimas…

¿Lágrimas?

Shaka de nuevo lloraba.

−Saga, abre los ojos−pidió, mojando labios inertes con lágrimas de silencio−. Abre los ojos, Saga−repitió, con sus zafiros desbordados de gotas de diamante, ahogados por los siglos−. Soy Shaka… he abierto los ojos para ti.

Él destino es poderoso…

Los había cruzado… los había unido… separado, de nuevo.

Géminis y Virgo, una atracción poderosa e inevitable.

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