Lo Nuestro ~Enfrentamiento~

−Abre los ojos, Asmita.

El movimiento de la piel sobre sus cuencas oculares fue el único indicio de haber cumplido esa orden amorosa. La oscuridad era la misma y aún a través de ella, podía sentir la mirada de aquel traspasarle.

−¿Qué buscas, Defteros? –se escuchó preguntar. Pasaron varios minutos antes de obtener respuestas, tiempo donde era víctima de una sustanciosa indagación.

−Vida.

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Enfrentamiento (Estrella Meta)

−Abre los ojos, Asmita.

El movimiento de la piel sobre sus cuencas oculares fue el único indicio de haber cumplido esa orden amorosa. La oscuridad era la misma y aún a través de ella, podía sentir la mirada de aquel traspasarle.

−¿Qué buscas, Defteros? –se escuchó preguntar. Pasaron varios minutos antes de obtener respuestas, tiempo donde era víctima de una sustanciosa indagación.

−Vida.

Shaka abrió sus ojos, desconcertado en la media noche. Gotas de sudor recorrían su piel y por momentos, creyó estar en el lugar equivocado. Se levantó con pesadumbre, pasando una mano por sus cabellos, buscando entender… De nuevo, viejas memorias se posaban en su mente.

Desde lo ocurrido con Saga, apenas semanas, varios recuerdos del pasado eran revividos en sueños. Recuerdos de Asmita, el antiguo santo de oro de Virgo, quien creó el rosario a costa de su vida. El rosario…

Extendió una de las gavetas de su cómoda, para sacar dentro de ella el antiquísimo artefacto y notar, para su desconcierto, que brillaba. Sentía, que algo incluso más temible estaba a punto de comenzar. El rosario brillaba, y el cálido cosmos añejo parecía susurrarle palabras al oído. Palabras inentendibles.

El día amaneció y antes de recibir alguna visita, Shaka bajó de su templo con una túnica blanca y el rosario en sus manos. Evadió las preguntas de sus compañeros y caminó solemnemente hasta el cementerio de los santos. La tierra aún estaba húmeda, debido a las lluvias de Poseidón pero aún así, se arrodilló, palpando aquella piedra tallada con sus dedos, sintiendo con su otra mano las cuentas del rosario.

Saga…

Gotas cayeron del cielo. Shaka levantó su mirada, para ver con sus zafiros la nube cargada de lluvia. Bajó su vista y vio el agua agolparse en pequeños torrentes, uniéndose y formando riachuelos, surcando colina abajo.

Es un ciclo…

El susurro de esa voz anciana le habló directo al cosmos.

El agua que cae, corre y se evapora para volver a caer… un ciclo interminable…

Volvió su mirada a la lápida de piedra. Las memorias antiguas regresaban…

Entiende el ciclo, Shaka…

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Había pasado pocas horas luego de despedir a Kanon.  Aquel beso que le dio. Obedeció a un impulso de su alma, escondido y resguardado durante siglos. Esa voz anciana le hablaba al oído, le decía palabras, intentaba comunicarle. Pero ya no le escuchaba.

Minutos después de haber dejado ir a Kanon, sintió aquel cosmos. Lo reconoció, a la lejanía, a la distancia y al distinguirlo, se llenó de dolor e impotencia. No era posible… No era posible que él se haya dejado seducir de nuevo por la maldad.

Mordió sus labios, siguiendo a través de las meditaciones la pelea que sostenían en Géminis, sintiendo como el poder de Kanon llegaba a la tercera casa y en ese momento, sostenían una fiera batalla mental. El menor de los gemelos enfrentaba al mayor… Todo… todo parecía haber sucedido antes. Lo sentía en lo más profundo de su consciencia.

Palideció entonces, al sentir la poderosa energía ser enviada desde Géminis al salón del patriarca, destruyendo a su paso. ¿Atacó a su hermano? ¿A su hermano sin armadura? ¿Por qué? Las preguntas se anidaban de nuevo en su mente. ¿Por qué?

Lo sintió salir de la tercera casa y él, él no pensaba dejarlos pasar más allá. Los apresó dentro de su poder. Una a una, las ilusiones eran destruidas. Una a una, sus preguntas se apilaba. Quería entenderlo, comprender porque él, quién se suicidó sin siquiera darle la oportunidad de salvarle, había decidido vestir las túnicas de Hades. Quería creer en su bondadosa esencia. Quería creer, de nuevo, como antes. ¡Realmente quería creer! Ser ciego, de nuevo, ¡creerle ciegamente! Pero no le dejaba opción…

Lo atacó…

Envió su poderoso cosmos hasta su templo, destruyéndolo. Su poder, para matarlo.

Comprendió…

Saga quería matarlo… quería hacerlo, había vendido su alma a Hades. De nuevo lo sedujo la maldad…

Atacó…

La poderosa energía del Tenma Kofuku salió de Virgo a Cáncer, destruyendo el templo. Su cosmos desapareció… pero sabía bien, lo conocía… no estaba muerto.

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Lo había atacado… ¡Y POR LOS DIOSES! En ese momento era capaz de recibir el peor de los castigo por haberlo hecho. Se recriminaba conforme avanzaba, hasta llegar al sexto templo. Hasta verlo…

El aura dorada rodeaba su cuerpo en la posición inalterable. Sus hebras de oro danzaban por el espacio y su expresión era segura. Tal como lo recordaba, Saga veía ahora a Shaka luego del combate de las doce casas. Los espectros intentaron atacarlo y aquel se defendía. Se involucró en la batalla y terminaron, entre los tres, hiriéndolo. Los descubrió y su pregunta fue tajante.

Su respuesta también lo fue…

Shaka de nuevo preguntó para cerciorarse y la respuesta había sido la misma. Pareció estudiarlos con su cosmos y luego, los dejó pasar, como una trampa para dejar que los espectros se confiaran y terminaran asesinados por su poder. Luego, de nuevo, volvió a preguntar. Para ese punto Saga lo había comprendido, había entendido la insistencia de Virgo en realizar esa pregunta… Había entendido, con dolor…

Quería creer en él, de nuevo…

Pero no podía permitirlo. Había una meta. Debían llegar hacía Athena y seguir el juego, la farsa que ellos habían aceptado. Era la única forma.

Le mintió…

El brazo donde Shaka sostenía el rosario tembló. Saga tragó grueso, conteniendo… el dolor, la impotencia. Las ansías de decirle la verdad. Pero nada pudo salir, y ante eso, Shaka había tomado también su determinación.

Destruirles…

Y entonces… escogió el lugar de su muerte.

El jardín de los sares gemelos…

Y ante sus enemigos.

Abrió los ojos…

Saga por fin pudo ver a dos zafiros.

Amenazándolo…

No había vuelta atrás.

Tenían una meta…

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