Un poco de Color y Vida (Cap 06)

Shaka ya tiene e diseño para la habitación y es hora de comenzar a trabajar. ¿Saga podrá seguir avanzando con Shaka o definitivamente Shaka no dejará opciones?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Shaka ya tiene el diseño para la habitación y es hora de comenzar a trabajar. ¿Saga podrá seguir avanzando con Shaka o definitivamente Shaka no dejará opciones?

Capitulo 06: La habitación de Ensueño

Su espalda contra el pizarrón acrílico. Sus ojos frente a esmeraldas brillantinas, profundas, desbordantes. Ojos llenos de una profunda tristeza… ojos enmarcando en una piel blanquísima, el cabello negro y largo que caía impérenme.

Todos le conocían como el Hades de la universidad. Él decidía quien era acto para la carrera… a él había logrado demostrarle que era capaz, que era esa su carrera, su profesión, su devoción…

Y las esmeraldas lo hipnotizaba… su voz seductora, aterciopelada, amarraba su alma.

Éticamente era imposible… Aquel hombre estaba fuera de su alcance por muy cerca que en esos momentos sus labios se encontraran, Shaka sabía que él era un imposible…

Él era el coordinador del área, su profesor, ilustre investigador del psicoanálisis…

Shaka solo un estudiante, de segundo año, hijo de un aristócrata de renombre en Londres…

Y aunque lo sabía… el beso que siguió no quisieron detenerlo…

Los zafiros de Shaka se abrieron pesadamente en medio de su habitación. Un brazo pasó por su cabeza, antes de soltar el aire algo contrariado. Giró un poco su cabeza hasta la derecha, viendo su despertador. Eran las tres de la mañana, todo estaba a oscura. Se sonrió a sí mismo y volvió a acomodarse entre sus sábanas de seda satinada. Intentó recuperar el sueño, aunque los recuerdos no le hicieron la tarea fácil. El agua caer de su fuente fue sumiéndolo a la ensoñación, se fue dejando llevar…

No quería recordar lo ocurrido…

No valía la pena…

Saga entre tanto, ya se veía en su nueva habitación. Le había gustado, el motivo escogido, los colores, la forma… todo parecía extraído de un cuadro, masculino y libre, relajante y sobrio… Shaka había logrado conseguir el equilibrio perfecto que él buscaba en su misma vida para plasmarlo en la habitación. Se vio levantándose de la cama, desnudo. Sintiendo la suave aspereza de la alfombra, descalzo. Caminó hasta el baño, preparó el jacuzzi, se dio su tiempo mientras disfrutaba de su nueva casa, contento, satisfecho. Terminó su ducha, amarró sobre su cintura una toalla azul con un decorado de líneas náuticas en el borde, todo acorde a la decoración. Entró de nuevo a su habitación y lo vio…

Cabellos de oro en medio de sus sábanas…

Se acercó a él, con una sonrisa. Se sentó en la cama, dejando de lado la toalla. Apartó el flequillo de oro de su frente… lo vio sonreírse entre sueño. Con su corazón acelerado, con sus manos temblorosas, empezaron a descubrir el cuerpo debajo de las sábanas…

Cedió en sus hombros… su pecho… su espalda… su vientre…

El despertador sonó. Saga se sobresaltó en el mueble. Vio la hora y eran, como siempre, las cinco y media. Se recostó de nuevo, notándose algo excitado quizás por el sueño. Se sonrió a sí mismo, algo incrédulo. Se levantó a cumplir su rutina.

Durante la mañana, Shaka desde temprano salió a hacer las compras pertinentes. Pintura, brochas, esponjas, madera, alfombra, todos los principales elementos para comenzar el trabajo. En el centro de remodelado se encontró con sus dos asistentes, dos hermanos griegos que a pesar de ser algo mucho conversadores, hacían muy bien su trabajo, y le respetaban. Aioros Sagita, el mayor, un griego de gracioso bucles castaños, piel bronceada, siempre llevaba una cinta roja en su cabello que lo hacía ver como un Boy Scout. Sin importar que sucediera, Aioros siempre tenía una sonrisa y era él que más sacaba de sus cabales al joven diseñador. Es que tenía una manía enferma de reírse y contar anécdotas cuando el rubio estaba estresado. En cambio, Aioria, a pesar de ser el menor y más alegre, sabía en qué momento era mejor cerrar la boca. Un poco más bajo que su hermano, también de bucles castaños y piel bronceada, lo que lo diferenciaba eran sus rasgos más juveniles y las esmeraldas fogosas. Shaka había perdido la cuenta de cuantas veces se le había ofrecido para una noche, dos, una semana, un fin… pero Shaka lo rechazaba tajantemente. Aún así, el condenado tenía una mano para la ´pintura que Shaka se permitía el lujo de contratarlo y seguirle rechazando las salidas.

Compraron todo ingresándola a la camioneta del griego mayor, quien comentaba todos los pormenores que tuvo el día anterior tratando de arreglar su baño. Aioria decía que a nadie le interesaba el asunto y Shaka lo ignoraba olímpicamente, más ocupado sacando cuenta de cuánto se estaba gastando del presupuesto.

—Ahora en la tarde, Aioros me acompañara a una tienda de segunda mano, para ubicar artículos que nos pueda servir para la decoración. Durante ese tiempo, quiero que quites la pintura vieja, frices de nuevo las paredes y la prepares para el patinado—organizaba el rubio anotando en su Palm.

—¿Y porque no se queda Aioros a hacer eso y yo te acompaño?—pasó su brazo sobre los hombros del rubio.

—Porque eres insoportable como compañía—confesó tajante, manoteándole el brazo.

—Jajaja Shaka, ¡definitivamente la sutileza no es lo tuyo!—se reía el mayor—. Vamos, mi hermano sólo quiere una revolcada…

—¡¡AIOROS!!—reclamó el menor avergonzado, rojo hasta las orejas. Shaka sólo subió una ceja.

—Lo siento, pero soy alérgico a los mininos—observó frente a él—. Es aquí, gira a la izquierda.

Tal como esperaban, el portón del Garaje estaba abierto para que la camionera entrara, estacionándose debajo del enorme árbol. Recordó entonces que debía comunicarse con su decorador de exteriores predilecto para ayudar con la fachada de la casa. Dando órdenes con sus manos, palmeando para inducir a más velocidad, Shaka les iba dando indicaciones de a dónde deben dejar cada cosa que compraron.

Mientras los griegos bajaban todo, Shaka fue hasta la oficina. Al poco rato ya Saga estaba abriendo. El abogado siempre vestido formalmente, vio con extrañeza la nueva indumentaria del hindú. Ahora iba con un jeans acampanado algo ancho, una camiseta blanca algo ceñida y una correa de colores alegres tejidos. Su cabello atado en una cola hacía atrás y una gorra complementaba su estilo. El mayor subió una ceja, sorprendido y curioso, mientras el rubio entraba como dueño de su casa luego del saludo.

—Disculpa, pero creo que el parque de diversiones no es aquí—comentó jocoso, cerrando la puerta sin prestar atención. Shaka volteó con una ligera sonrisa.

—Vaya, cada vez está de mejor humor. ¡Me alegro por usted!—abrió la puerta al vestíbulo—. Necesito la llave de la puerta principal para ingresar los materiales.

—¿Ya desayunaste?—preguntó, antes de sacar la llave de su llavero. Vio al menor asentir sin mirarlo—. Entiendo, aquí esta. Si quieres pido comida a domicilio para el almuerzo, tendré que quedarme a arreglar unos asuntos antes de ir a tribunales en la tarde.

—Bueno, pida para cuatro plazas—Saga lo seguía mientras el menor empezaba a abrir la puerta, extrañado con la acotación.

—Por qué cuatro…—no terminó de hablar cuando la puerta se abrió y le presentó frente a los ojos a dos griegos castaños con una sonrisa en labios.

Abriéndose espacio los hermanos cargaban sobre sus hombros la enorme alfombra enrollada, dejándola en el sitio que el rubio les indicaba con una de sus manos. Luego de dejarla en el suelo, se colocaron al lado del decorador viendo de arriba abajo al flamante abogado.

—Le presento a Aioria y Aioros Sagita, son mi equipo de remodelaciones. El mejor en Grecia—el menor de los hermanos, con los castaños rulos y una mirada gatuna se le enganchó al brazo de Shaka. Saga vio el gesto con cierta incomodidad.

—Como siempre, hueles a leche y miel, Shaka…

—Quítate de encima, gato…—desenganchó su brazo con brusquedad—. Ahora muevan sus traseros griegos y bajen todo de la camioneta—insistió mientras se dirigía a la habitación principal—. ¡Hay trabajo que hacer!

Saga se quedó sin habla, en silencio, viendo a los dos hombres bajar todo de la camioneta mientras Shaka les decía donde ubicarlo, con voz de mando, las dos manos en su cintura y el rostro más severo posible. Se sonrió, pensando en que ahora tendría la oportunidad de ver al Shaka que le comentó cuando le daba el masaje. ¿Qué tan tirano es cuando está decorando? Quería comprobarlo.

A los pocos minutos ya estaba todo en el suelo y los tres hombres entraron a la alcoba principal. Saha no paraba de dar órdenes, la primera fue la de limpiar todo. Así los dos castaños empezaron a raspar la pintura vieja, la vieja alfombra, quitar la cerámica del baño y barrer todo. El polvo que empezó a acumularse obligó al abogado a encerrarse en su oficina y dejarlos a ellos hacer sus cosas. Pronto llegó la hora del mediodía y la comida llegó. Viendo que era la hora de comer fue con los envases hasta el vestíbulo y apenas el olor llegó a los dos trabajadores dejaron a Shaka y sus órdenes a un lado y corrieron a comer. Aioros colocó un mantel en el piso, como si fueran a tener picnic, mientras Aioria casi arrancó la comida de las manos del abogado.

—Pásame el pan, Aioria—pedía el mayor, comiendo como si no lo hubiera hecho en siglos. Saga comía de pie, tenía que ir a tribunales y no se podía ensuciar. Shaka no aparecía.

—¡Te estás comiendo todo el pan, Aioros! ¡Hay que dejarle a Shaka!

—¡Coman sin mí!—gritó el rubio desde el cuarto. Saga vio divertido como ya los griegos de habían comido la mitad del motín sin preocuparse.

—Siempre lo hace…—tragaba con un buen sorbo del jugo el mayor—. Termina comiendo como a las cinco—le informa al cliente como para que se vaya acostumbrando.

—No es bueno saltarse la comida—sentenció el abogado, terminando de comer. Los otros dos se encogieron de hombros.

Saga decidió entonces acercarse al lugar, para pedirle que dejara el trabajo de lado y fuera a comer. Pero al llegar lo vio, el cabello atado en la cola alta, un manto cubriéndola la cabeza, lentes de seguridad, una mascarilla mientras revisaba cada grieta de la pared y marcaba con un lápiz. Estaba en cuclillas, muy concentrado y tanteando con la mano tomar, al parecer, un destornillador que estaba un tanto detrás. El abogado ya se iba a acercar a extendérselo, cuando observó que Shaka volteó para mirar donde estaba el instrumento y acto seguido prácticamente se echo hacía atrás, como si fuera un clavado de espalda, quedando en un perfecto arco su cuerpo, con una flexibilidad impresionante. Saga quedó boquiabierta. Por un momento en su lasciva mente lo vio con ese arco sobre su cuerpo y danzando salvajemente sobre él. Se quedó helado por segundos, hasta que la mirada de Shaka aún en esa posición cruzó con la de él y se vio obligado a ladear el rostro. El decorador volvió a posarse en cuclillas, normalmente, como si fuera algo típico.

—¿Sucede algo, Sr. Leda? ¿Alguna acotación que quiera darme?

—Nada en especial… sólo que deberías almorzar.

—Gracias por su preocupación pero no puedo comer hasta no tener todo listo.

No dijo más, prefirió irse.

Los siguientes dos días pasaron exactamente igual. Desde las siete de la mañana los tres ya estaban en su casa haciendo los respectivos arreglos. Aioria encargándose de instalar las nuevas baldosas blancas con aspecto marino en el baño y preparando el lugar donde iría el jacuzzi, Aioros frizando todas las paredes y eliminando todo rastro de imperfección que Shaka había marcado, En las tardes Aioros solía acompañar a Shaka a comprara otras cosa, llegando en una de las tardes con madera de diversos tamaños, una maquina de carpintería, otra caja de herramientas y demás. Saga de vez en vez salía a ver curioso que era lo que estaban haciendo, esa tarde en particular le había extrañado no ver a Shaka dentro de la casa, dando órdenes como se había pasado esos días y viendo que Mu había llegado para averiguar cómo iba el asunto, se puso a buscarlo con la mirada, sin resultado.

—Debe estar atrás. Está construyendo la King Size.

—¿Construyéndola?—preguntó Saga asombrado

—Sí, compramos una cama tamaño normal por los mástiles, eso era lo que quería Shaka, pero no consiguió una King que le gustara para el diseño. Es así de quisquilloso—seguía relatando Aioros como si estuviera hablando con un amigo del alma, mientras preparaba la superficie de la pared para el patinado.

—¡Esta muy dedicado! Cualquiera diría que decora su propia casa…—siseó maliciosamente el cordero y Saga lo miró con reprimenda. Aioros sólo se rio.

—¡Shaka es así con todos! Es como si dejara algo de él en cada diseño—secó el sudor de su frente castaña con el dorso de su mano—. Si quieren búsquenlo afuera, debe estar en el toldo que le armamos para que trabajara tranquilo.

—Gracias…

Así mismo hizo. Tomaron la puerta de la cocina que lleva hacía el patio y vieron el tarantín blanco de lejos, de más o menos unos cuatro metros de ancho. Mu fue el primero que curioso decidió adelantarse, escuchando la sierra eléctrica pasar por la madera. Cuando al final llegaron, Saga quedo sin habla viendo al rubio concentrado haciendo las formas curvas de la cabecera, ya las patas listas, y los pedestales a un lado. El pedazo de madera cayó y la máquina hizo silencio. Mu cruzado de brazos observaba muy sereno la mirada del mayor hacía el decorador, dibujando al final una sonrisa en labios. El rubio levantó la mirada, quitandose los lentes de seguridad y la máscara, mientras sacudía los guantes. Tenía un jean desteñido, una camiseta negra llena de polvorín y botas de seguridad, un cinturón le colgaba de la cadera con todos los utensilios básicos de carpintería.

—¿Ocurre algo?—preguntó de inmediato, con una expresión neutral. De inmediato Mu se le colgó a los brazos de Saga sin previo aviso y dejando al abogado inmóvil.

—¿Entonces esa será nuestra cama, Sagui?—el abogado lo vio con cara de confusión, intentando ver que se traía la pareja de su hermano con ese extraño gesto. Shaka los observaba y sin decir nada volteó, sentándose en una silla de hierro plegable mientras tomaba una lija y uno de los pedestales de al menos dos metros de alto, con un grabado— ¿No me presentaras al decorador de nuestra casa?

—No sé qué diablos pretendes…—murmuró el mayor sin quitarlo de encima. Mu se sonrió con picardía, antes de ponerse en puntitas para susurrarle al mayor un favor.

—Sólo sígueme la corriente.

Cuando devolvieron la mirada ya Shaka hasta se había olvidado que estaban allí y estaba muy concentrado rodeando el pedestal con su mano y la lija, ejerciendo un movimiento ascendente y descendente de forma rítmica y sin pausa, con fuerza. Saga no podía quitar la vista de esa mano moverse con tanta soltura y ritmo, provocándole un lascivo pensamiento en donde pensaba que sería el disfrutar de esos movimientos en un sitio especifico de su cuerpo. De inmediato la sangre se le calentó, hirvió dentro de sus venas y dándose cuenta de lo que ocurría dio media vuelta sacudiendo su cabeza. ¿Qué le pasaba? Ese rubio le estaba despertando cosas velozmente sin hacer el mínimo esfuerzo. Mu entretanto observaba todo con gesto analítico.

—Entonces amor, ¿le dijiste que quería una King verdad?—preguntó de nuevo Mu, con una mirada picara. El rubio seguía en su trabajo, sin dar caso a lo que hablaban.

—Mu, ya basta—se iba alejando el abogado, tratando de quitárselo de encima.

—¿Le dijiste o no?

Shaka les oyó alejarse en silencio, con un latir algo turbio en el pecho. ¿Por qué darse cuenta que ese hombre tenía pareja le había incomodado? ¿Era porque simplemente tenía pareja o porque además era hombre? Resopló algo contrariado, sacudiendo la cabeza para seguir concentrándose en lo propio.

—Mmm… parece que no está interesado—comentó Mu al llegar a la oficina. Saga estaba muy pensativo con lo que le producía en el cuerpo cada gesto de ese muchacho.

—Te dije que para él sólo soy un cliente—suspiró tomando sus cosas para ir de nuevo a los tribunales.

—O es muy discreto—secundó el cuñado con una mano en la barbilla.

—No hagas nada…—tomó su maletín—. Voy a los tribunales, nos vemos en la noche.

Luego de su partida, el tibetano decidió averiguar el asunto siendo más directo. Sabía que si hay una manera de adelantar las reacciones eran con ataques de celos. Así fue que obligo a Kanon a enseriarse. Una sonrisa se dibujó en los labios del pelilia, seguro de que funcionaría. Con la misma volvió al toldo donde ya Shaka Lijaba la madera que había cortado momentos después.

—Entonces tú fuiste el que le regalaste ese libro a mi pareja—enfrentó, con los brazos cruzados y una mirada severa. Shaka lo miró por un rato antes de volver a su trabajo, ignorándolo olímpicamente—. ¿Acaso no piensas responderme?—prosiguió el tibetano, acercando sus pasos. Shaka seguía en su asunto—. Es mejor que respondas o…

—¿O qué?—desafió el rubio levantándose de improvisto con su rostro elevado. Mu se sonrió internamente al obtener su atención—. ¿Piensa pelearlo como si fuera una mujerzuela de barrio bajo?—para ese punto Mu se puso rojo, asombrado ante el ataque—. Tengo demasiadas cosas para ocuparme como para ser el cuerno que su pareja quiere montarle, así que cuídelo más seguido—Mu iba agregar algo cuando…—. Y recuérdele que el libro es con carácter devolutivo.

Sin dejarlo objetar algo, Shaka volvió a su trabajo, concentrándose en lijar las piezas de madera que tenía que preparar para la pintura. Mu quedó en silencio, sin más que decir, cortada violentamente toda forma de comunicación con el decorador. El tibetano suspiro, renegando con la cabeza. Sí, Saga tenía razón, el muchacho no lo tenía en la mínima consideración. Pero al dejar el lugar, fue Shaka quien se detuvo, encontrándose molesto por una razón que no terminó por explicarse. Ya llevaba el malestar antes de que ese hombre viniera a desafiarlo y terminó hablando de forma afilada. Sacudió los pensamientos de su mente y volvió a intentar enfocarse en su trabajo.

Los días siguientes ahora era Saga quien no sabía cómo acercarse. Las palabras de Mu al llegar a su departamento le informaron de dos cosas que lo habían herido, de cierta forma: una, comprobar que el rubio no tenía interés en él y la segunda que el libro debía devolverlo. Había creído que era un regalo. Mientras eso ocurría, los arreglos se adelantaban. Ahora Shaka se quedaba hasta casi las nueve de la noche pintando, acomodando las piezas de madera, supervisando. Mientras los castaños comían la pizza que mandaban a pedir, Shaka se encargaba de revisar que no hubiera nada fuera de orden y de ser así, lo macaba para irlo arreglando. De esa forma llegó el viernes, donde ya Saga veía que eran las diez de la noche y Shaka seguía dentro de la habitación, mientras los hermanos recogían todos los desechos para sacarlo de la casa.

—Señor Leda, ya casi está la habitación. Shaka anda acomodando los detalles.

—Pero ya es bastante tarde. Díganle que puede terminar mañana.

—Si él dijo que la entregaba hoy viernes, la entrega hoy viernes así tenga que quedarse hasta las doce de la noche. Es así de necio—comentó Aioros, encogiéndose de hombros. Aioria se sonrió.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió y Shaka parecía tomar una fotografía con la cámara, antes de suspirar y voltear con una sonrisa, que indicaba que ya estaba listo. Dicha sonrisa le quedó grabada en la mente del gemelo.

—Ya está lista su habitación, puede mudarse mañana si así lo desea. Puede pasar para verla—el gemelo entró sin esperar, sintiendo los pasos de Shaka a su espalda. Todo estaba tan cual se lo había mostrado el rubio hace una semana, Era impresionante ver de qué manera lo había materializado fielmente—. Quítese los zapatos—Saga se fijó que Shaka en ese momento estaba descalzo. Obedeció y dejó los zapatos y media en la entrada constatando la suavidad de la alfombra como si estuviera en arena—. Dígame si hay algo que le gustaría cambiar en su habitación.

—Todo lo veo perfecto…

—Excelente, permítame enseñarle el baño entonces—el griego lo siguió—. Como ve, allí está el jacuzzi que pidió. Hay espacio para dos personas así que podrá disfrutar con su pareja—Saga abrió los ojos espantados. ¿Pareja? Era necesario aclarar ese malentendido.

—Shaka, sobre lo de Mu—el rubio volteó para verlo, neutralmente—. Lo de Mu no es…

—No tiene que darme explicaciones. Ciertamente me asombró saber que había cambiado de preferencia sexual—el gemelo no supo que decir—, pero intenté acomodar el diseño para pensar también en su pareja.

—No Shaka, es que Mu no es…

—¿No es su pareja?—completó el hindú cruzándose de brazos con una expresión severa. Había hasta cierta rabia en toda su faz—. ¿Qué es lo que intenta jugar conmigo Sr. Leda? No me importa si tiene pareja o no, incluso, me da igual sus inclinaciones sexuales, estoy aquí para trabajar y espero sepa respetar eso.

—¡Mu no es mi pareja!

—Eso es algo que no me incumbe saber.

—Shaka…—se quedó en silencio, sin saber que decir.

Allí estaban ambos, en el baño de esa habitación idílica, pensando de qué forma hacerle saber sus intenciones con él sin arriesgar la posibilidad de seguirlo viendo. Shaka parecía impenetrable. La expresión de indignación y molestia era evidente y ¿cómo discutir con ella? No tenía idea de cómo hacerlo pero estaba consciente que algo debía hacer al respecto.

—Shaka, nunca había sentido esto y…—el rubio le mostraba con el rostro que era mejor que se quedara callado pero Saga no pensaba detenerse, no en ese momento—, seré sincero. En primera, Mu es mi cuñado, es pareja de mi hermano y en segunda…

—Dije que no me importaba su vida sentimental, Sr. Leda.

—Me gustas.

El rubio se quedó congelado.

No es que fuera la primera vez que se lo decían y mucho menos que surgiera en sus siempre contratos para remodelación. Pero esa en particular, por una razón que no terminaba de explicarse, le creaba una reacción diferente. No hubo más palabras, por parte de Shaka no hallaba que decir, como responder. En otras circunstancias hubiera relucido su sarcasmo, pero por ilógico que sonara más bien, sintió un vacío en el estomago.

Ladeó el rostro, respirando profundo, tratando de ordenar sus pensamientos. Se obligaba a sí mismo a reaccionar pero nada, su mente no quería enfocarse para sacarse de encima eso que le afectaría su carrera. Como si fuera un mantra, Shaka sólo atinó a repetir sus reglas para con los clientes.

—Yo no salgo con clientes. No como con clientes. No atiendo asuntos de trabajo los sábados ni respondo mensajes de “saludos”—sintió los pasos del griego acercarse, decidido—. Mucho menos acepto regalos. No…

—Supongo que tampoco le regalas un libro…—Iba a objetar… pero fue callado.

Sus manos iban a imponer distancia pero fueron tomadas por el gemelo, obligándolo a plegarse a él.

Ya sus labios habían sido asaltados.

Saga estaba dispuesto a probar esos labios en su nueva habitación de ensueño.

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