En una Cita

Saga por fin ha invitado a Shaka a comer fuera del trabajo, con la idea de declarársele, cosa que se le hace algo complicada sobre todo por la ayuda *innecesaria* de dos mesoneros. ¿Saga podrá declársele a Shaka?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, comedia, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Mu, Aioria
Resumen: Saga por fin ha invitado a Shaka a comer fuera del trabajo, con la idea de declarársele, cosa que se le hace algo complicada sobre todo por la ayuda *innecesaria* de dos mesoneros. ¿Saga podrá declársele a Shaka?
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Materail para el subforo (SaSha)
Inspiración: Leí un rol de la primera cita Saga x Shaka que me fascino y me inspiro para este oneshot. Será una locura, pero me provocó.

En una cita

Restaurant Cosmos. 7:45 pm. Los dos jóvenes mesoneros veían a lo lejos a cierto rubio que por la actitud corporal podían deducir que estaba de muy, pero muy mal humor. El cabello dorado caía como una catarata de oro tras su espalda, un traje formal celeste con una elegante corbata de líneas verticales lo engalanaba pero si algo destruía toda la belleza perfecta y hasta algo andrógino era esa mueca de “tengo ganas de asesinar a alguien” que tenía en la cara. Para Mu, uno de los mesoneros, la escena le era por demás graciosa. Y es que siendo estudiante de sociología y teniendo de pasatiempo “leer las mentes de todo lo que se te pase en frente”, el cliente era, en demasía, un excelente espécimen que analizar.

—Mira Aioria. Tiene todos los signos de estrés acumulado. Te puedo decir que es una persona en extremo perfeccionista, controladora y además, orgullosa. Hijo único, sus padres debieron morir hace mucho, por lo que debe vivir solo. Le gusta la soledad, extremadamente organizado, odia las cosas fuera de lugar y no le gusta ceder el control fácilmente.

El castaño miraba de nuevo al rubio luego de semejante análisis médico dado a distancia, ambos con su trajecito de mesoneros y viendo, quien será el que se le acerque a preguntar si ya va a pedir. Porque la última vez había ido Afrodita y casi le echa el tarro de agua fría al cliente cuando la respuesta fue una amenazante mirada de “cállate o te mato”.

—Aja Mu, pero eso no decide si vas tú o voy yo a decirle que ya debe pedir.

—Espera león, esta persona no es de las que esperarían ya cuarenta y cinco minutos al menos que haya una muy pero muy buena razón para ello—estrujaba sus punticos rosas de la frente para hacer más profunda la inspección—. En estos momentos debe estarse diciendo: “calma, solo cinco minutos más y me largo”. El asunto es que lleva diciendo eso desde hace… treinta y cinco minutos atrás. Lleva mirando el reloj cada 3 minutos, su mano derecha recargada en el asiento y haciendo ese movimiento rítmico es muestra de que quiera liberar el estrés, ha tomado poco agua, eso quiere decir que aún tiene esperanza que dicha persona llegue y no quiere ocupar espacio en el estomago para la cena. Además, se ha visto en la necesidad varias veces de marcar su teléfono celular y luego reniega con la cabeza. Eso es un: “No te rebajes a hacerle saber que estás desesperado”.

—En conclusión… —acotó el león ya queriendo escuchar el veredicto y no las pruebas.

—Es su primera cita—respondió muy campante el ariano—. Y es con una persona que le interesa muchísimo. El asunto es que la cita no se planteó como cita, parece que quien sea que lo haya convidado lo hizo aparentar como una reunión fuera de trabajo como dos camaradas. Deben trabajar juntos o al menos han estado unidos en algún proyecto conjunto los últimos meses.

—¿Cómo puedes saber eso?—preguntó sorprendido Aioria, no sabiendo si de verdad creerle tanta palabrería junta o pensar que todo más bien lo estaba inventando para verse el interesante.

—Pues…—los ojitos esmeraldas viajaron desde la mesa del rubio, hasta la entrada donde un hombre alto, de cabellos azules alborotados y de traje también, aún no se dignaba a pasar—. Porque ese debe ser la cita. Sí, estoy seguro, es ese.

Aioria veía al nuevo cliente y tuvo que hacer uso del autocontrol para no reírse. Y es que el hombre aunque aparentaba ser bastante mayor que ellos, se le veía temblar de pies a cabeza, pegado en el espejo del pasillo y verificando que todo estuviera en su lugar, tratando de respirar profundo, se hizo hasta una cruz y estiraba los brazos buscando calmarse. Pero al dar un paso hacía la entrada y ver al rubio de espalda de nuevo mirando el reloj lo hizo retroceder y volver a intentar tranquilizarse. En fin, la escena era muy divertida.

—Aja, analízame a ese entonces—dijo ya emocionado el león.

—Hombre que debe tener unos… treinta dos años. Debe tener un hermano menor, dado a que por sus gestos ha sido algo sobre protector. Posesivo, por la forma que toma su reloj. Mmm…—apretando los punticos para hacer una expedición masiva—. Si, han estado trabajando juntos, lo que me hace pensar que ha visto al rubio molesto por causa de la impuntualidad. De paso, la razón por la cual se retraso debe ser vergonzosa porque no piensa comentarla. Es eso lo que lo detiene. Sabe que el chico es un meticuloso y critico sin remedio, por eso se mira al espejo para verificar que “todo este en su lugar”. Dado a la conversación, es bastante listo y hasta cierto punto controlador. Pero… con el rubio como que pierde el control de sí mismo—rio a lo bajo, viendo como el griego ya tenía la tercera vez intentando entrar en escena—. Esta pareja es interesante.

—¿Y entonces?—preguntó animado el león.

—Esperemos cuando entre a ver qué pasa.

Y así fue. El griego luego de densos cinco minutos entrando y saliendo del umbral de la puerta, por fin se decidió, a encarar su destino malicioso cuando tuviera que enfrentarse a Shaka y su afilada puntualidad. Y como explicarle a ese rubio arrogante y orgulloso que lo tenía babeando en el piso que la razón de su retraso fue, precisamente, ¿estreñimiento provocado por los nervios? Pues no, eso no sería nada romántico para lo que Saga pretendía hacer, confesarle a Shaka que sinceramente le gusta. ¿Y cómo no estar nervioso si él mismo atestiguó en sus narices la forma tan mordazmente sincera en que el rubio apartaba las moscas de su camino? Aún recuerda a ese brasileño que como ingeniero civil en una de las obras que compartieron se les declaró en frente de todos con pasaje para un viaje a Brasil y disfrutar del tan adorado carnaval para encontrase con el corte del siglo. Shaka diciéndole muy tajantemente que no era su tipo, ni tenía pensado ir con él aunque fuera a la esquina a comer pan, y mencionándole una a una las razones por las cuales él no aceptaría una cita con él. En fin, entre todos tuvieron que animar al pobre taurino que, por cierto, se hecho una borrachera que mejor ni recordarla.

Sí, sacudiendo la cabeza alejó todo pensamiento pesimista y se hizo un esquema mental de las razones por las cuales él si tenía esperanzas con el rubio.

Primero: el rubio había demostrado admirarlo. Incluso, el primer día que los presentaron como equipo de trabajo tuvo el cuidado de mencionar las obras que él había visto de su mano y alabar su gusto arquitectónico. Y recibir un halago de él era definitivamente una muy buena señal. Segundo: varias veces lo capturó mirándolo fijamente, cosa que al preguntar el rubio le respondía con un sarcasmo y se hacía el desinteresado. Pero vamos, Saga tiene la suficiente experiencia como para distinguir una mirada normal a una más íntima… y Tercero: ¡Aceptó la salida fuera del trabajo! Y aunque uso de pretexto el celebrar la quinta casa construida y vendida por su equipo desde que Shaka entro a trabajar con él, el sólo hecho de que el rubio la aceptara ya era un gran logro. Ya con eso visualizado podía enfrentarse a su prospecto.

Caminó con paso firme conteniendo sus piernas que no dejaban de chocar una rodilla con otra. Aceptémoslo Saga, ¡estaba nervioso! Y es que a pesar de no ser esta su primera cita, simplemente tenía algo especial. El adoraba los retos, Shaka era todo un reto y por sobretodo apetecible. El hindú era una belleza andante, sumamente interesante y toda una caja de sorpresa que a él, en especial, le llamaba la atención descubrir. Así que armándose de valor llegó a la mesa y cruzó vista con esos desbordantes zafiros que tenía de todo menos…. Serenidad. ¿Reacción del griego? Un leve estremecimiento, unas disculpas y por supuesto, una sonrisita Colgate de esas que dejan a más de uno encandilado.

“Vamos Saga, cálmate. Te está viendo con ganas de matarte pero, puedes hacer algo contra eso ¿no? Mamá decía que tengo una sonrisa tan picara que no había forma de reprocharme cuando la sacaba, así que ¡sácala a relucir ya!”

—Disculpa por la tardanza Shaka—la sonrisita deslumbradora entró en acción—. Es que, se me complicó muchos asuntos—“en el baño para variar”—. Temó que debo recompensarte por esta larga espera.

Y sí, la sonrisita debió funcionar porque el rubio cambio su expresión a la más falsa indiferencia, ladeando su rostro a un lado para no establecer contacto visual, gesto que no pasaba por algo al estudiante de sociología que veía todo con suma atención.

“Vamos Shaka, ya lo esperaste, ¿qué más da? Y esa sonrisa… ¡¡MALDITA SEA!! Esa sonrisita me hace delirar. Vamos, sé bueno y haz un cometario mordaz pero sin ser muy hiriente… ¿o coqueto? Si, mejor algo coqueto… ¡¡No!! Simplemente sé tú mismo, Shaka. Tú mismo…”

—¿Recompensarme? El tiempo perdido no se devuelve, Saga—y luego de ese sarcástico y nada indirecto ataque, bufó algo molesto antes de bajar el rostro, cerrar los ojos y morder los labios. El griego hizo un esfuerzo para no salir corriendo.

“¡¡¡MIERDA!!! ¡Eso fue muy duro hasta para ti, Shaka! Lo más seguro es que ahora Saga se vaya y te deje con los crespos hechos. Vamos, intenta arreglarlo, haz algo… ¡¡HAZ ALGO!!”

“¡¡ESTÁ MOLESTO!! Lo sabía… ¿ahora quien te salva de esta, Saga? Vamos, trata de armar la conversación, no recordar tus minutos de más… Sí, habla de algo que nos relaje a ambos. Vamos, ¡tú puedes Saga!”

—Pero… puedo hacerte pasar una mejor velada en compensación—“Eso es, eso fue muy bueno Saga. ¡Hasta subió la mirada para verte!” y efectivamente, el rubio había establecido contacto visual… contacto que lo puso nervioso—. Bien… yo… ¿por qué no me cuenta que tal te fue hoy en el trabajo?

“¡¡IDIOTA!! Trabajan juntos, ¡tú ya sabes que hizo en el trabajo! ¡¡Eres un imbécil!! Además, ¡se supone que nada de trabajo hoy!”

Y es que la cara de Shaka era un poema. Con su ceja enarcada, gesto de incertidumbre, tardó en analizar porque diantres le preguntaba que hizo ese día en el trabajo si casi se lo pasó todo el día con él, antes claro de despedirse a las 5 de la tarde, cuadrar a una salida a las 7 para que terminen, saludándose, apenas las 8 de la noche luego de una hora esperando. Sin embargo, empezó a relatar a regañadientes su día de trabajo justo con su compañía.

Toda la escena era visualizada por los dos meseros y ya Aioria esperaba el veredicto de su amigo al respecto.

—Vaya, estos dos no llegaran a ningún lado, empezaron con el pie izquierdo.

—¿Tú crees, Mu?

—Definitivamente. Te cuento, el rubio tal parece que lanzó un comentario bien cruel, porque él mismo baja la mirada y mordió sus labios, se estaba recriminando a sí mismo. El mayor parece que intenta pasar lo de la impuntualidad con esa sonrisita de no parto medio plato, pero esta tan nervioso que, viendo ambos gestos, preguntó algo que no los relaja para nada. Mmm, quizás algo del trabajo—resopló con cierto fastidio—. En fin, al menos esta noche no llegaran a ningún lado, terminaran como una salida informal de colegas si siguen así.

—¿Y si los ayudamos?

La mirada esmeralda del tibetano se cruzó con la de griego y tuvieron la misma respuesta. Sí, se divertirían esa noche ayudando al par de tortolos.

Empezaron con el plan de: ayudar a dos tarados en el amor.

Primer paso: Cambiarlos a una mesa con mayor intimidad y buena vista para un aire romántico. Así que el tibetano se acercó, viendo que efectivamente Shaka estaba comentando su día de trabajo y se atrevió a interrumpirlos.

—Disculpen, pero tenemos un problema con esta mesa. Por error no la habíamos marcado como reservada y la pareja que la apartó ha llegado. Pero como compensación les hemos preparado una en un mejor lugar. ¿Me permiten?

—¿Y porqué ellos no se mudan a esa mesa?—preguntó el rubio molesto con la idea de moverse. Saga vio necesario el cambio, a ver si así podían recomenzar mejor con su velada, por lo que decidió levantarse.

—Hagamos caso, igual, no hemos pedido siquiera—“¡y más te vale ser más inteligente y preguntar algo mejor Saga!”—. ¿Cuál es la mesa que nos apartaron?

El tibetano observó el resopló del rubio, nervioso junto con la dificultad que tenía el mayor de retomar el control del asunto. Entendió que si aceptó sin más era con la idea de comenzar, de nuevo, desde cero.  Los guió hasta la zona más apartada y reservada del restaurant, con un ventanal a la vista de la avenida solitaria, algunas plantas adornando los alrededores e iluminación tenue. Saga aprovechó y buscando hacer las cosas bien, fue quien rodó un poco la silla para permitir que Shaka se sentara y este agradeció el gesto con una ligera sonrisa. Bien, Mu veía que las cosas tomaban mejor rumbo, así que los dejó  y fue a buscar los menús.

—Ciertamente esta vista es bastante agradable, a pesar de ser sólo la avenida—comentó Shaka con los ojos perdidos en el cristal. El griego no se cansaba de ver ese bello perfil que tenía en frente.

—¿Aunque sea solo ver la carretera vacía?—indagó el mayor con una de sus esplendorosas sonrisas.

—Sí, no te parece que es algo sumamente inusual ver esta avenida precisamente vacía.

Detalles, cosas extrañas, eventos que trasgreden el orden establecido. Shaka para Saga representaba todo eso. Empezaron a trabajar juntos hace un año. Saga un arquitecto reconocido de una constructora de residencias costosas, fue obligado a compartir su proyecto por el nuevo prospecto en diseño de interiores, Shaka, un jovencito de veinticuatro años. Al verlo, pensó que no soportaría el ritmo de trabajo ni su carácter que puede ser a veces agresivo cuando el estrés impera. Pero no, el rubio no era el ángel de cabellos de oro que aparentaba ser. Tenía un carácter intransigente y mordaz cuando se lo proponía, con una serenidad apabullante que hasta a él detenía, correcto en todo, no hubo un sólo momento en que algo estuviera fuera de orden si él estaba a cargo. Y precisamente, desordenar ese exagerado perfeccionismo le encantaba.

Se volvieron una dupla invencible si se trataba del negocio de bienes raíces. El buen gusto, creatividad y don artístico de Saga para el diseño de exteriores arquitectónico, era  complementada con el perfeccionismo y amante a los detalles de Shaka en interiores. Solo tenían un año junto trabajando, ninguna salida fuera de oficinas, una que otras miraditas “inocente” y Saga se preguntaba si el rubio pudiera sentir algo por él o no. Pero quien no arriesga no gana ¿cierto? Y en esos momentos Saga estaba jugando todas sus fichas.

Y la amena pequeña conversación no le paso por alto al bello pelilila, que se felicitó a sí mismo por tan grande idea pero debía, ayudar un poquitico más. Tomando dos velas se fue a darle las instrucciones para el segundo paso.

Paso dos: Nada mejor para el ambiente romántico que velas.

Y así llegó el león con una vela alta y una en forma de corazón derretido pequeña, ambas rojas, para colocarla en medio de la mesa, ante la mirada desorbitada de los dos. Shaka intentaba descifrar a quien rayos se le ocurrió ponerles velas como si se tratara de una cita amorosa y Saga estaba con los nervios en la garganta al entender la evidente confusión. ¿Qué hacer? ¿Si dice que no necesitan velas porque no son pareja podría dañar su oportunidad y si lo dejaba así? ¿Y si Shaka tomaba mal el asunto y decide retirarse?

—Es cortesía de la casa…—dijo un sonriente Aioria mirando fijamente al hermoso rubio. Hasta ahora no se había dado cuenta de su belleza y dicho gesto no paso desapercibido al griego, que carraspeando llamó su atención—. Disculpe, aquí está la carta—paso los dos menús y ambos prefirieron concentrarse en ellos y olvidar las fulanas velas—. La casa le recomienda platos marinos. Tenemos unos camarones al ajillo salteados, también una langosta a la Bougire o una crema de almejas acompañado con cangrejo al vapor

—Creo que me provoca lo último. ¿Y tú, Shaka?—pregunto el griego, ya decidido.

—Prefiero aves… veamos… creo que Pato al vino me sienta bien.

—Aunque la especialidad de hoy es el cangrejo relleno. No le gustaría cambiar la orden—el rubio lo miró de forma suspicaz. Odiaba ser interpelado en una decisión y al verlo, Aioria decidió usar algo más para convencerlo—. Después de todo, dicen que es un buen afrodisiaco.

Saga se ahogó con la saliva. A Shaka le subió el rubor hasta las orejas y el castaño entendió que tuvo una malísima decisión. Los dejo “pensando en su orden” y se fue rápidamente hasta el pelilila que lo veía con ojos escrutadores.

—¡¡Qué rayos hiciste!!—el castaño devolvió la mirada  a la mesa donde ambos clientes estaban sonrojados y callados sin nada que decir—. ¡¡Los pusiste nerviosos!!

—Sólo les hable de mariscos y que eran afrodisiacos—la mirada del tibetano lo dijo todo—. ¡Ok! Lo lamento, creo que exageré.

—¿No ves que el mayor se le intenta declarar? ¡Y como lo hará si ahora no pueden mantenerse las miradas! Aunque… —devolvió la vista hacía los especímenes—, eso significa que la atracción sexual es bastante evidente. Podría ser beneficioso al final de todo.

Y tuvieron que taparse la boca cuando vieron el irrisorio escenario. Saga buscando calmar los pensamientos perverso que le vinieron a le mente con la acotación, se recostó más a la silla, estirando un poco sus pies que por mala fortuna tropezó con uno de Shaka y lo hizo sobresaltar en el asiento. Los dos ahora miraban a un lado, rojos de vergüenza, intentando olvidar tan penoso asunto.

“¡Esta es la salida más vergonzosa que he tenido en mi corta vida! ¡¡DIOSES!! ¿Que hacer, Shaka? Vamos, di algo, habla algo, tienen que pasar este bochornoso momento…”

—Creo que deberíamos verificar si tomaron la orden…—murmuró viendo hacia la ventana. Saga volvió la vista para conseguirse semejante vista. Las luces de la ciudad alumbrada más la vela encendida dejaban reflejos nacarados en su piel de marfil. Cada destello era como un trazo dorado en su dermis, haciéndola lucir apetecible, jugosa, encantadora.

—Yo me encargo…—dijo en un hilo de voz, pero al intentar levantarse se dio cuenta que uno de los meseros iba a su encuentro—. Parece que ya vienen a confirmar.

El rubio volteó un poco su rostro para ver a su acompañante. Hasta ese momento se detuvo a ver lo bien vestido que estaba y si, la luz de las velas le daban cierto aire sensual a su belleza masculina. Saga era un hombre hermoso y atractivo por donde se viere, no había forma de pasar desapercibido todo ese torrencial sensual que despedía por sus poros. Si, Shaka debía admitir que en especial esa noche, Saga estaba como quería.

Efectivamente, Mu había ido a confirmar la orden y cerciorarse en cómo estaba el ambiente. Notó con satisfacción que pese a la metida de pata del león, los dos de nuevo se habían relajado. Hicieron de nuevo su pedido y los dejó hablando sobre un documental de Historia Egipcia que casualmente los dos habían visto la noche anterior. El ambiente no podía ser mejor, mientras el mayor hablaba y hablaba de lo que más le impacto y comparaba con otras civilizaciones milenarias, el rubio escuchaba y rebatía de vez en vez, creando una interesante interacción intelectual. Cada vez que Shaka intervenía, una sonrisa se dibujaba en los gruesos labios griegos, y en cada oportunidad que Saga comentaba algo que Shaka no sabía, la mirada azul zafiro se afilaba con cierta fascinación. Mu estaba viendo que las cosas empezaban a calentarse, y se cercioró cuando al pasar a dejar su pedido, junto a Aioria, los dos se veían con interés declarado, mientras seguían conversando y halagaba el gusto del otro a la hora de escoger su platillo.

—Las cosas andan mejor de lo que pensábamos—declaraba Mu con aire de triunfo. Al final esos dos pequeños empujoncito les había arreglado la noche. Ahora era el griego quien le pasaba un poco de su plato al hindú, unos camarones eran degustados con una pizca seductora por los labios delgados y sin importarles los que los demás comensales opinaran al respecto.

—Demasiado bien, pero, ¿será que podemos ayudar con algo más?—interrogaba el griego que estaba ansioso de seguir actuando. El papel de Cupido como que le había gustado.

—Mmm, tenemos mesa con buena vista, vela, ¿qué más crees que se necesite para una velada romántica?—el castaño se sonrió al detectarlo—. Música Aioria. Es hora de llamar a Shura.

Y así hicieron, mientras veían a los dos hablar y comer animadamente, se internaron en la cocina y jalaron por un lado al español alto, de cabello oscuro y corto, ojos azabaches seductores, con cierto aire gitano; quien al ver al secuestro que era víctima se hizo a un lado y los miró con aire interrogante. Era el jefe de cocina, y no entendía porque los dos meseros en ese momento los miraba con ojos como gatitos pidiendo atención. Bueno, eran un gatito y un carnerito que le pedían algo y temía saber qué. A esos dos nunca se les ocurría nada bueno.

—Shura, ¡ve a tocar!

—¡¡Están locos!!—espetó el español dando media vuelta, pero cada uno se le enganchó en uno de sus brazos.

—Vamos Shurita, ¡y te doy el teléfono de mi hermano!—negociaba el león con mirada brillante.

—¿Shura, Shura, no quieres ayudar a dos personas en el arduo trabajo de conseguir el amor?

Por un algo el griego mirándolo con cara de gatito con hambre, por otro lado el carnero insistiéndole con vocecita tierna. El español empezaba a perder fuerza en su temple, y se preguntaba si en tal caso era valido hacer el esfuerzo y tocar como ellos pedían. El dueño varias veces se lo había pedido anteriormente cuando venían unos clientes especiales y es que Shura tenía la voz gitana romántica que enloquece, más unos dedos que tocaban la guitarra acústica como un verdadero erudito. Poco a poco su voluntad fue vacilando y se permitió hacerles el favor si consideraba que era necesario. A empujadas fue llevado hasta los salones del restaurant y con cuidado les señalaron a la pareja.

Shura estudió con verdadero interés el panorama. Parecía que ambos querían decir algo y no hallaban el que. Ya habían comido sus platos y sólo bebían nerviosamente su vino servido. El rubio de vez en vez subía su mirada buscando quizás un nuevo tema de conversación. Y el griego, por su parte, a veces abría sus labios intentando decir algo y se arrepentía a mitad de camino. El escenario era evidente, el griego quería declararse, el hindú alargar la cita, y definitivamente la opción de la música era una buena idea para ayudarlos y darles el empujón.

—¿Viste? ¡Necesitan ayuda urgente!—exclamaba en voz bajita el griego, como si se estuviera muriendo alguien en ese justo momento. El tibetano se cruzaba de brazos con una expresión sumamente analítica.

—El mayor se le quiere declarar, ¡lo tiene en la punta de su lengua!

—Está bien, está bien. Buscaré mi guitarra. Mientras, pídanle permiso al dueño.

Y no bien había terminado lo dicho cuando los dos meseros se fueron a buscar el dueño. Meneando la cabeza, Shura entraba de nuevo a la cocina para quitarse el delantal.

Mientras tanto en la mesa en cuestión las miradas furtivas y nerviosas seguían chocando de ocasión en ocasión. Shaka ya no sabía de que hablar, sabía que tenían mucho en común y que evidente la reunión no era del trabajo, pero se sentía nervioso sobre el rumbo que pudiera tomar. Después de todo, eran compañeros de trabajo. ¿Qué tan ético sería? No era tampoco que le preocupase terminar enredado en las sábanas del arquitecto, pero quería cerciorarse de las intenciones primarias de aquel. No era hombre de acostarse con el primero que tuviera en frente aunque este estuviera digno de una revista de modelos masculinos.

Por su lado Saga buscaba las palabras correctas para decirle a Shaka que le gustaba sin que este se viera amenazado y lo cortara tajantemente como ocurrió con el brasileño. No quería sonar soso ni cursi, pero tampoco una propuesta a la cama directa era buena idea, podría hacerle creer que solo quiere el acto sexual y aunque es parte del paquete, es, precisamente, sólo parte del paquete.

No quería que sus intenciones fueran malinterpretadas. Realmente Shaka le interesaba para algo más que ser meros compañeros de cama, pero debía ser cuidadoso, y en lo posible hacerle entender que buscaba algo serio, sin ser muy formal, pero tampoco algo de una noche. En fin, el griego estaba complicado para buscar la forma de decir: “me gustas Shaka y quiero intentar algo serio contigo”. ¿Debía seguir el consejo de su hermano de tomar al rubio, darle un beso y con eso decirle: “te traigo ganas desde hace rato”? No, no, no,… Renegó con su cabeza para sacarse tan mala idea encima. Ya veía al rubio dejándole un puño marcado en el ojo izquierdo y apareciendo el próximo día con una carta de renuncia.

Cuando sentía que el tiempo se le escurría, ya los platos estaban fuera de vista y el rubio veía de nuevo distraído al ventanal, apreció necesario alargar un poco más el asunto. Debía hacerlo, no podía dejar a Shaka irse sin más.

—¿Te parece algún postre?—le preguntó, mirándolo fijamente. De nuevo los orbes azules estuvieron fijos en él, abismales, profundos, tan claro y a la vez impenetrables que sentía poder ver y no ver al mismo tiempo. Saga literalmente quedaba sin aliento cada vez que posaba su vista en ellos.

—Mmm… no quiero que gastes más de lo que tenías planeado, Saga.

—Pide lo que quieras… yo no tengo animo de irme aún—una sonrisa sincera y el hindú le devolvió la expresión con otra igual. Las miradas seguían clavadas entre sí.

—¿Tienes algo más planeado para esta noche?

Que tenía planeado… ¿Qué tenía planeado? Saga se le dibujó cientos de posiciones posibles con las que podría terminar la noche si el hindú se lo permitía. La mirada del griego fue realmente un espejismo, iris esmeraldas encendidas con verdadero fuego ante lo que parecía era una… ¿insinuación? Intentaba calibrar, buscar las palabras correctas aunque en ese momento lo que deseaba era saltarle encima y arrojarlo en la mesa para darle el beso más fogoso de su vida. ¿Se le estaba insinuando?

Y precisamente eso mismo pensaba Shaka desde su asiento y luego de haber escuchado esas palabras que salió de su misma garganta. ¿Se le estaba insinuando? Pero no, ÉL jamás se le insinuaba a nadie. No se hacía sentir tan desesperado como para decirle ni de manera sutil el  “de verdad que tengo ganas de sexo hoy”. Pero lo que acaba de hacer era deliberadamente una invitación a hacer algo más que cenar… Debía hacer algo para remediarlo.

Cuando Shaka se disponía a resolver el penoso asunto y Saga ya estaba preparado para decir por fin lo que sentía, las luces bajaron su tonalidad a un azul frio y unos reflectores se posaron en el centro del salón, donde en una silla se acomodaba un hombre español con una guitarra acústica. El cabello negro era corto, facciones latinas, de piel clara y ojos azabache, se sentaba con su guitarra en mano mientras el castaño que los había atendido le acomodaba el micrófono. Pronto, la voz gitana embargó el lugar.

—Esta es una presentación especial por parte del restaurant Cosmos para todos los enamorados—la mirada oscura se posó fijamente en el hindú y este de reflejo se sintió algo apenado y fuera de lugar. Bajó la mirada, contrariado y un tanto avergonzado, mientras que Saga no muy discretamente echaba su asiento más cerca de él para “marcar” terreno—. Espero la disfruten.

Y así empezó. Un solo de guitarra primero inundo el lugar, con un canto de voz profunda y melancólica con ese acento divino, aterciopelada, armónica, y que al final terminó por llamar la atención de todos. La guitarra sonaba esplendida, el aire acústico lo hacía sentir mucho más bohemio. De inmediato fueron transportados a otros ambientes ayudados por la baja iluminación y la voz gitana de ese hombre que cantaba de una forma tan apasionada y entregada que era difícil dejar de mirarle. Al menos, Shaka no podía dejar de hacerlo, y como amante del buen arte lo disfrutaba hartamente, acomodándose en el asiento y tomando la copa del vino que quedaba para beberla mientras gozaba el espectáculo. El griego en cambio no estaba muy cómodo. No le gustaba la forma en que Shaka se había desconectado literalmente de la cita. Y por mucho que aquel hombre tocara y cantara como profesional, se sentí celoso y de alguna forma dejado de lado.

Las reacciones fueron analizados minuciosamente por el pequeño ariano, que colocando su mano de forma estratégica en su mentón, creaba ese aire de sapiencia premeditada que tenía al león, literalmente rumbo al orgasmo. Más no por las señales que podrían incurrir con semejante gesto, sino por la expectativa de ver como funcionó su nuevo plan. El tibetano encogió los ojos un tanto, escrutando sin misericordia la escena, hasta que, luego de unos serenos minutos de meditaciones renegó con su rostro notándose deprimido.

—Creo que se empeoro…—musito como el médico que fue a darle la mala noticia a un pariente cercano. El león prácticamente dejo caer su cabeza, deprimido, contagiado por el aire de su compañero.

—Pero si con música más bien…

—Sí, pero, el rubio prácticamente dejó al griego de lado por escuchar a Shura.

—Debe haber algo que podamos hacer—como que el papel de hada madrina le había gustado al castaño y no pudo evitar, por mucho que quisiera, dibujar una sonrisa condescendiente para su camarada de labores.

—Nada leo, ya hicimos lo que pudimos. Esperemos que el griego haga el resto. Quizás y esto termine por empujarlo.

Y así esperaron. Mientras la guitarra seguía sonando con su paso bohemio y Shaka degustaba con intento placer el vino de la copa, Saga se acercaba sigilosamente a un lado de su hombro, pendiente de cada expresión, buscando así llamar la atención. Debía hacer que ese rubio lo mirara a él, sólo a él, para así poder decirle por fin lo que quería, para qué lo llamó a esa cita y sus intenciones. Su mano gruesa se deslizó con soberana parsimonia por el hombro del menor, quien sin despegar la vista del escenario ladeó su rostro sólo un tanto hacía él, demostrándole así que estaba escuchándolo también.

—Shaka…—un susurro… aire caliente chocando con la piel de nácar que cubría su oído izquierdo. El calosfrió que invadió cada vena hindú—. Veo que te gusta la música española—un leve soplo de aire que se convertía en voz… ronca y sensual. En el tiempo que llevaban trabajando no había tenido la oportunidad de escucharla de tan cerca y con semejante tono… ¿Cómo sonaría esa voz poderosa clamándolo en jadeos emocionados? De inmediato el rojo cubrió sus mejillas ya sonrojadas por el vino y disimuladas, por fortuna, por la iluminación.

—Todo arte lo sé apreciar muy bien…—susurró, con el aliento impregnado de aquel vino francés que se empapo de inmediato en los labios del griego—. Me gusta pensar que todo lo que se hace en la vida se puede convertir en un arte…—quitó los zafiros del español para clavarlos en el hombre a su lado, portentoso, fuerte, aguerrido y sumamente viril—. También sé apreciar las obras de artes naturales…

Un sordo murmullo entre ambos… el aire que pasaba entre ellos era saboreado por lenguas trémulas que calmaban la sed de los labios propios. Las miradas se hablaban, era evidente que el ambiente para ellos había dejado de importarles. Viendo como las cosas se estaban calentando, Mu, sonriendo y triunfante, le pidió a Aioria que bajara más la intensidad de la luz en ese lugar del salón.

Petición obedecida… la luz bajó su brillo entre ellos y ahora sólo las luces del ventanal y la vela que se consumía era lo que mantenía aquel resplandor refulgente de fuego en ambas miradas. La mano del mayor que estaba en sus hombros subió hasta capturar una hebra del largo y sedoso cabello dorado, enredarlo en sus falanges y llevárselo, con todo el aire seductor, hasta su nariz. Se permitió casi saborearlo con el olfato, capturar el aroma a bosque que se imprimía a cada paso de esa piel de mármol y que se le antojaba, como el postre perfecto para tan extraña velada.

No entendía como habían terminado de esa manera. Quizás y era Buda quien les había ofrecido todos los detalles para que una cena que supuestamente iba a ser meramente informal y con ánimos de confesarse, terminada en una muy romántica velada. Y todo comenzó desde el momento preciso que los cambiaron de mesa. El vino, las velas, ahora la iluminación que estratégicamente estaban bajando justo en su lado del salón, y la música romántica que sonaba al ritmo de la acústica guitarra española… ¡Un momento! ¿Sería realmente casualidad? Con disimulo el mayor se acercó hasta el oído del hindú, erizándolo por completo, pero buscando con la mirada a los dos meseros que los había atendido.

—Saga, ¿q- que haces?—preguntó un Shaka ya nervioso por la cercanía. Un poco de aire que soltó de los pulmones y Saga enviaba un murmullo sordo a sus oídos.

—Buscó a los padrinos mágicos…—los ojos azules de Shaka se abrieron desmesuradamente ante la expresión. No necesitaba mucho para hacer la relación de la serie animada que tan famosa era en los niños pero no comprendía a que se debía su acotación en ese preciso momento. Se suponía que estaban en un ambiente romántico, simplemente se sintió desorientado.

—¿Qué rayos dices?—indagó el menor, ladeando un poco su rostro para encontrarse con las esmeraldas que lo observaron con un dejo de picardía.

—Que al parecer nos ganamos un par de padrinos mágicos—y completó el comentario con un leve movimiento en el rostro que le instaba a mirar hacia atrás—. Sé prudente, no quiero que se den cuenta que nos dimos cuenta de su treta.

Shaka seguía perdido en el espacio. ¿Treta? ¿Cual treta? ¿Y quiénes? Siguiendo la dirección de la mirada del mayor, y usando el reflejo del ventanal se dio cuenta del asunto. Saga con una desbordante provocación, paso su nariz por el cuello del hindú a lo que el rubio, además de morder sus labios para evitar soltar el aire, vio la forma que el castaño mesero le jaló el brazo al tibetano y los miraban con felicidad. De inmediato, unió las piezas. El cambio de mesas, las velas, el comentario del menú, las luces más apagadas ligeramente en su lado del salón, la extraña presentación del español…

Zafiros que brillaron con interés.

Con que se trataba de eso.

—Vaya…—susurró tomando un mechón del enroscado azul que giraba entre sus dedos largos—, entonces todo esto…

—Así es…

—No lo planeaste… ¡que desilusión!—murmuró con una falsa molestia. El mayor fijo de nuevo sus ojos en los azules orbes del rubio.

—Sinceramente no, pero puedo planear el resto de la noche si quieres—le dijo en tono sugerente. El hindú se sonrió condescendientemente.

No había mucho que aclarar, durante la cena con las miradas y algunos gestos se dieron a entender que querían, querían pasar más veladas como esas, hablar, conversar, estudiarse hasta que simplemente las palabras sobraran. Saga se encontró que más allá de toda la frivolidad que aparentaba Shaka, como lo había notado en el trabajo, era alguien con el que se podía conversar y dialogar calmadamente, conocía de muchos temas, educado, reservado y que además, resguardaba dentro de sí una cantidad de cosas que le encantaría extender más… sobretodo la insana y provocativa mirada que le envió en variadas ocasiones durante la cena.

Para Shaka la situación no fue muy distinta. Pudo constatar que tras el porte estoico, la voz de mando, la determinación del geminiano, había un hombre de corazón que le enviaba con cierta vergüenza sus intenciones para con él. Notó que, como ya había visto en sus fases laborales, era un hombre conversador, dado a hablar, conocía diversos temas, podía aprender de él. Y ciertamente, también lo admiraba, lo admiraba desde mucho antes de empezar a trabajar con él. Cuando logró sitio en su equipo de trabajo lo sintió como un honor y esa admiración fue acrecentándose al paso de los meses. Justamente cuando Saga le dijo lo de celebrar la venta de su quinto inmueble, Shaka aceptó con un cierto cosquilleo en el corazón. Aunque no había querido hacerse de muchas ilusiones, hasta no tener mayores evidencias. Y estas quedaron claras en la cena.

—Dime Saga, ¿de verdad sólo íbamos a celebrar nuestra quinta venta juntos?—el griego desvió la vista de los mesoneros para ver de nuevo las turquesas brillantes del rubio, su expresión, entre interés y expectativa. De inmediato un ligero rubor cubrió sus mejillas, comprendiendo que era el ahora o nunca.

—En realidad, esa fue la escusa—el rubio sonrió en respuesta. Las manos gruesas buscaron la más fina, blanca, de dedos largos y delgados, bien cuidada, como todo lo que representaba al joven decorador—. Tenía que ver una forma de sacarte fuera del trabajo.

—¿Con qué propósito?—un ladeo de rostro insinuante. Un acercamiento perturbador por parte del hindú. El rubio quería que las cosas se asentaran claramente y Saga estaba dispuesto a dar el paso.

—Me gustas. Me atraes mucho, desde hace unos meses—le confesó, con la seriedad que lo caracterizaba. Los dedos gruesos acariciaban tranquilamente el dorso de la mano blanca, y se sorprendió, cuando esa mano buscó la propia para apresarla suavemente. La mirada del hindú era claramente la respuesta—. No sé en que pueda terminar esto y entiendo que trabajando juntos pudiera ser algún conflicto pero…—se detuvo, cortando un poco más el espacio entre ellos—, quiero intentarlo…

—¿Sabes?—susurro el hindú saboreándose deliciosamente sus propios labios. Una ligera provocación—. Cuando me dijeron de la oportunidad de participar en tu equipo, me dijeron muchas cosas de lo que sería trabajar contigo… y me arriesgué. Quería demostrar que podía con ello…—miradas clavadas, anhelantes, ansiosas…—. No soy alguien que asume un riesgo sin tener un buen porcentaje de éxito—acotó, enarcando una ceja de forma insinuante.

—Eso significa…

—Que si acepto, que es lo que voy a hacer—aclaró, con ese dejo de picardía que no se perdía en ningún gesto—, es porque tengo la certeza de que, fuera lo que fuera en lo que termine, será un interesante riesgo a asumir.

La sonrisa del griego, amplia, despampanante fue la respuesta que el hindú esperaba. Sí, nadie decía que iban a triunfar o sería una relación duradera. Pero la aprovecharían y disfrutarían hasta la última consecuencia. Ambos adultos ya sabían que todo en la vida había que jugarla, ¿no?

Así Saga decidió jugarse una última carta. Con un movimiento lento pero seguro, se fue acercando hasta rozar con su nariz áspera la del hindú, quien de una forma indolente iba enmarcando su rostro a un ángulo correcto e idóneo para lo que pensaban hacer. El halito aroma a vino se confabuló entre sus labios, las miradas estaban clavadas una al otro para asegurarse de que eso era, lo que ambos querían. Permisos entregados, una leve lamida sus propios labios y terminaron por acortar el espacio, saboreando los labios ajenos con parsimonia, ni muy profundo, ni muy elaborado, pero tampoco nada inocente. Corrientes despertando cada fibra de sus cuerpos, sus corazones latiendo a mil, las manos que ya juntas se tomaron con más fuerza; el beso que se concretaba.

La escena era vista por los dos mesoneros dibujando una sonrisa. La iluminación no era mucha, pero les permitía al menos darse cuenta que todos sus esfuerzos tuvieron un resultado satisfactorio. Con falso gesto de supremacía, el tibetano se cruzó de brazos y alzó su mentón, reacción que el griego castaño tomó con una sonrisa. Se sentía muy bien, habían logrado su objetivo, ayudar a dos tarados a confesarse.

—¡¡Mu, eres un genio!!—le alababa el león con sus ojos brillantes de orgullo

—¡Pues claro! Lo sé, lo sé…—replicó con las esmeraldas brillantes—. Ahora, ¿dudas de mi poder analítico?—le interpeló con visible vanidad.

—Mmmm… apostemos a ver si terminan en la cama o no hoy.

Mu lo miró con ojos de: ¿y cómo rayos sabremos eso? El león ahora fue quien levantó su mentón con suficiencia.

—Alguien con mi experiencia sabe cuando salen dispuestos a ir a la cama, Mu—el tibetano enarco uno de sus extraños puntos con curiosidad—. Ya veras, te diré si terminan con sexo o no.

—Si tú lo dices…

Y dejaron de hablar para ver como la pareja se había separado un tanto. Los aplausos por la presentación de Shura se levantaban entre los comensales y Shaka se unió a ellos, aunque Saga estaba más al pendiente del perfil del rubio que de cualquier otra cosa en el local. Con esa forma de ser aclamado por su música, el español inclinó la cabeza con reverencia y salió del improvisado escenario. Las luces elevaron un poco su intensidad, excepto precisamente el lugar donde estaba la mesa de la recién comenzada relación. Ante eso, el hindú con impecable discreción giró su mirada hacia los dos mesoneros que discutían y notó cuando el griego castaño con cierto pudor los señaló.

Una sonrisa maliciosa adornó los delgados labios, y con la característica frivolidad que lo acompañaba se acercó hasta su acompañante, buscando su oído, con todo el descaró que era posible mostrar en tan prestigioso restaurant.

—¿Y qué haremos con los padrinos mágicos?—preguntó en un tono de evidente malicia. El griego con sólo eso ya se había acelerado.

—Mmm… dejémoslo quieto… ahora quiero pensar es en que haré el resto de la noche.

Se sonrieron, dispuestos a llevar los fines de la cita hasta las últimas consecuencias. Sin demora Saga pidió la cuenta y el pelilila fue quien se la extendió, con una amable sonrisa. Veía que ambos se veían con gesto cómplice y empezaba a pensar que efectivamente el león tenía razón, terminarían bajo las sábanas. Prefirió no hacerse ideas visuales del cómo.

Pagaron la cena y con evidentes intenciones el griego paso la mano por detrás de la espalda del hindú, mientras seguían conversando animadamente. Con solo un vistazo al león, Mu pudo constatar que, como se visionaba, la cena terminaría en las sábanas. Justo en ese momento iba entrando un sueco de cabellera celeste, ojos de igual color, un coqueto lunar en su mejilla izquierda adornaba el bello rostro. Y se iba acercando a una mesa donde un italiano a quien ya le habían servido como cinco vasos de agua, lucía nervioso. Los ojos del tibetano y el griego se encontraron… como que seguirían haciendo de las suyas por el resto de la noche…

One thought on “En una Cita

  1. ANGUYYYYYYYYYYYYYYYYYY!!!
    por si acaso estoy en la universidad xDD sucede que ando de la lap de una amiguita xDD y ando maleandome con yaoi 😀

    Nyaa… al caso xDD esto es… ¿tienes idea de cuantos en la facultad me vieron con cara de loca?
    sucede que tantas risillas no son por las puras pues xDD
    Y shii… vaya meseros
    yo ni loca voy a ese restaurante, a menos que me pongan a cuerto frabces de mesero *babas*
    Y bien… me rei como una loca sobre los padrinos mágicos xDD estaba pensando en cosmo y wanda jajajaja
    y nyaa… a final se fueron a dar xDD y sabes? Me pusiste DM x AFROOOOOOO!!!!
    *llorar*
    ahora si me voooooy… ueguito leo lienzo 😛
    Karly!

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