Lienzo de Guerra (Cap 22)

Shaka ya se prepara para el encuentro con el príncipe Aioria de Ruckbat y los primeros pasos de la revuelta están a punto de concretarse. Mientras tanto, en el pasado las palabras de los nobles han causado efecto en el rey Aspros. ¿Cómo se verá afectado Asmita de Auva con ello? ¿Que pasara con la revuelta?

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Temas: Yaoi, Romance, Angst, Violencia, Guerra, Tragedia, Suspenso, Intriga, Muerte de personaje, Universo Alterno.
Personajes: Defteros, Asmita , Aspros, Aldebaran, Kardia, Degel, Milo, Death Mask, Manigoldo, Afrodita, Saga, Kanon, Mu, Shion, Shura, Aioros, Cid, Sisyphus, Regulus, Aioria, Youma, entre otros…
Resumen: El reino Alhenas ha invadido al reino de Auva, donde Asmita de 20 años y Shaka de 5 años son príncipes. Defteros como príncipe de Alhenas ha conquistado el lugar, matando a los reyes y los príncipes en la huida fueron atrapados por el general Aldebaran del reino de Alhenas. Como esclavos de guerra son enviados hasta la capital de Alhenas, donde Aspros, el rey, toma a Asmita como esclavo real y viendo el estilo de vida que debía soportar, ayuda a sacar a Shaka del lugar. Veinte años más tarde, luego de 5 años de una revuelta que destronó a los verdaderos reyes y donde Youma de Mefis se hizo cargo del reino, después de ser invadido por el Rey Aioros del Rukbat; Shaka ahora lidera una revolución en busca de devolverle el trono al verdadero heredero, Saga, hijo de Aspros, de quien se desconoce su paradero desde la revuelta. Por ello el pueblo lo aclama, diciendo que Asmita ha regresado para devolverle la paz al pueblo de Alhenas. ¿Qué sucedió en esos veinte años? ¿Por qué Shaka esta peleando por restaurar el reino que destruyó el propio? ¿Y que fue de la vida de Asmita como esclavo real?

Shaka ya se prepara para el encuentro con el príncipe Aioria de Ruckbat y los primeros pasos de la revuelta están a punto de concretarse. Mientras tanto, en el pasado las palabras de los nobles han causado efecto en el rey Aspros. ¿Cómo se verá afectado Asmita de Auva con ello? ¿Que pasara con la revuelta?

Capitulo 22: Conflicto de Deseos

El rey Arles, tirano soberano de Alhenas y padre de los príncipe Aspros y Defteros, había declarado un dictamen hace treinta y cuatro años. Su hijo menor, príncipe de Alhenas, Defteros de Alhenas, estaba obligado a traer reinos a su hermano por una deuda de honor. Los detalles de dicha deuda y sus causas no fueron conocidos sino por los más cercanos consejeros de la corona. Para esa época, la única manera de poder limpiar el orgullo del heredero Aspros de Alhenas y castigar el rechazo del Defteros de Alhenas, era separándolos.

Para aquel período ambos jóvenes tan solo tenían catorce años. La fiesta para celebrar su hombría se acercaba, y el pedido del heredero no pudo ser concertado. Aspros pedía a Defteros y no a un esclavo o a cualquier otro ciudadano del país. Aspros quería a su hermano en la cama. Arles no objetó. Defteros renegó. Incluso al mandato de su rey y padre mostró desacato y al final, se ganó el decreto. Aspros tuvo que conformarse con doce esclavos que su padre le destinó por una semana para cubrir cada capricho, mientras que Defteros era preparado para lanzarse a la guerra.

En el otoño de ese año, tres acontecimientos de similares importancias se celebraban en los tres reinos. Para Alhenas, Defteros salía del castillo para empezar a penar su culpa, con un ejército de tan sólo 300 hombres y teniendo a su lado a Dohko Librais, un joven de diecisiete años que le había jurado servir apenas unos meses. En Rukbat, el heredero al trono Sisyphus de Rukbat tomaba como esposa a la doncella Sasha, convirtiéndose ella en la futura reina de la nación guerrera. El rey Izou ya estaba enfermo de gravedad y en cualquier momento moriría. En Auva, Asmita de Auva, príncipe heredero de la corona era presentado ante los monjes de Lemuria y preparado para realizar la primera danza a la luna por las cosechas del año.

Para la primavera siguiente, Aspros contrajo matrimonio con Seraphina, princesa de Bluegard, de quince años de edad. El compromiso fue realizado violentamente, y apenas los novios se conocieron en pleno altar, como una manera de aminorar los comentarios maliciosos de la nobleza quienes al ver la depresión del príncipe heredero la adjudicaron a la separación con su hermano gemelo. Nadie comprendería las heridas que ese episodio dejó en ambos gemelos. Nadie comprendería lo que significaría esa separación y sus huellas hasta tiempo después…

El camino de los príncipes de Alhenas se dividió entonces, junto con sus ambiciones y su forma de ser. Defteros obligado a llenarse de sangre y sudor, perdió todo rastro de humanidad durante los primeros años, sólo pudiendo mostrar su nobleza con Dohko, quien se convirtió en más que una mano derecha de guerra, un amigo, un confidente y luego Kardia, que años después se integró a las filas. Aspros por otro lado, perdió toda misericordia cuando su padre le pedía acompañarlo a sus orgías para así saciar su soledad. Ambos aprendieron a tomar lo que querían a la fuerza, a mitigar la rabia y la soledad en sangre y semen, a intentar mostrarse invulnerables… hasta que Auva se atravesó en sus caminos.

Y así fue que, irónicamente, los caminos de los hermanos se unieron interceptándose cuando el príncipe de Auva llegó al castillo. Asmita se convirtió para ambos en la forma de derramarse y ser ellos por un segundo, fuera de la corona, de los pactos, de sus miedos…

Pero Asmita de Auva quería era vengarse…

______________Acto uno: La preocupación

No había venido a Alhenas, desde aquella reunión que tuve con el príncipe y consorte Asmita de Auva, antes de la invasión, hace casi siete años. Y ahora lo que mis ojos ven es tan distinto al Alhenas que recordaba. El Alhenas que vi estaba lleno de vida, lleno de color, tenía espacioso sembradíos controlados para que la poco agua pudiera aprovecharse, había mercaderes, música en las plazuelas que cantaba las victorias de Alhenas contra Rukbat en el intento de la primera invasión, la primera guerra donde acompañé a mi rey. Ahora, el Alhenas que veo está lleno de miseria y dolor. Los sembradíos secos, el hambre en cada esquina, y, en la plazuela, la enorme cruz con aquel muñeco hecho con paja. El recuerdo de la muerte del consorte.

Es horroroso…

Resoplo con dolor, quitando mi mirada de ese emblema blasfemo y de tan solo imaginar lo que he escuchado en palabras. El como Aioria tomó ese cuerpo salvajemente, desatando toda su ira en él, lo exhibió en su pueblo, en una cruz igual, con todos los cadáveres de aquellos que lo defendieron y murieron protegiendo el castillo, hasta que sus carnes se las comieran las aves… hasta que el fuego consumió finalmente todos los cuerpos. Sólo de oído lo he oído, pero me hiela la sangre imaginarme las imágenes de tan espantoso relato.

Aioria… príncipe Aioria, hijo de mi antiguo rey, mi marido, Sisyphus de Rukbat. ¿Cómo te dejaste enfermar por el odio? ¿Cómo es posible que hayas dejado que te robaran la vida la sed de sangre? Y ahora veo la forma que aquellos aldeanos miran el pasar de la carroza real de Rukbat. La observan con horror, con un temor que me llega hasta el estomago. ¿Tanto nos temen? ¿Tanto le hemos hecho? ¿Es este el pueblo guerrero que Asmita defendió con su vida hace quince años, luego hace cinco años? Tan vulnerable se ve ahora, que hasta lastima me da…

—Príncipe Mayor, ya llegamos al castillo—escucho la voz de mi acompañante, Yato Unicorn.

—Sabes que no tienes que llamarme Príncipe Mayor fuera del castillo, Yato.

—Es el Príncipe Mayor en Rukbat y a donde vaya, Consorte Regulus—me rio un poco animado, Yato siempre me hace reír.

—¡Tanta diplomacia me hará sentir más viejo!

—¡Ya está viejo, su majestad!—me responde virando un poco su rostro. Me está hablando desde afuera del carruaje, mientras lleva las riendas de los caballos. La sonrisa picara y de complicidad sólo me hace reír más fuerte—. A ver si el príncipe Aioria no hace otra de las suyas.

—Sabe que debe respetarme así no le guste la idea.

El carruaje se detiene y con delicadeza Yato abre la portezuela. Usando las túnicas reales de Rukbat, bajó a esa tierra caliente y arenosa, donde ya las nubes cargadas de agua están sobre nosotros. Otoño… es otoño en Alhenas y la tristeza y melancolía de esta estación fría y seca en estas tierras, se siente en el viento. El castillo perdió su brillo, no se compara, en nada, al que dejé hace siete años cuando vi por última vez al consorte Asmita, con un traje de esmeraldas y zafiros, hermoso con la corona de oro que cubría su cabellera larga, una sonrisa de seguridad, a pesar, que ya el Rey estaba enfermo. La gargantilla de esclavitud que aún estaba en su cuello, la cadena de oro con el anillo del rey en su cuello, colgando. La señal de su sistema de gobierno: igualdad. Igualdad para el pueblo y la nobleza, igualdad para los esclavos y los reyes.

Y Aioría destruyó todo eso…

///Hace 17 años///

El rey me había enviado a llamar. Sabía que cuando eso sucedía, iba a estar de nuevo con él, con mi rey, con el hombre a quien amo y admiro. Mi maestro, maestro de vida, maestro de placeres, no me avergonzaba dejar que él me enseñara a amarlo.

Me atavié con el mejor traje, las sandalias de oro, la corona de espigas en mi cabeza. Me miré reiterada veces en el espejo y me sonreí. Sabía que le gustaba como me quedaba esta túnica, así que estaba seguro que le gustaría.

Dejé que la guardia de honor me escoltara al lugar, su habitación, la habitación real donde sólo comparte conmigo. Entre, dejando a los demás atrás, no sin antes enviarle una mirada llena de supremacía. Yo tenía al rey, yo veía al rey con rostros que a ninguno de esos, que se creen sus más cercanos, lograrían verle. Yo era su mayor tesoro, su amante… su consorte. A pesar de sólo tener diecisietes años, todos ellos tenían que obedecerme. Mi autoridad estaba al mismo nivel que el del príncipe Aioros y sabía aprovecharla bien. Los mejores caballos, las mejores comidas, paseos, incluso tenía mi propio compañero para las cabalgatas, a Yato, un chiquillo algo quisquilloso que me gustaba molestar de vez en vez.

Sonreí con todas mis fuerzas al verlo sentado, entre las cortinas de seda del lecho real, con la habitación a oscuras, sólo unas velas iluminaban un poco el lugar. Me acerqué, buscando su mirada, viéndolo con las manos tomando su rostro, tapando su perfil, sólo las líneas doradas del fuego en su cabellera castaña y ondulada, ya con algunas canas que sellaban su belleza y madurez. Su cuerpo, a pesar de ser mucho mayor, se mantenía joven y fuerte. Quería ser como él, quería tener su fuerza, quería tener su masculinidad aún en décadas.

Me hechizaba…

—Regulus… ven—escuché su voz, algo trémula, pero dulce, varonil.

Obedecí de inmediato, acercándome hasta paralizarme. Había subido su rostro, sus ojos azules estaban enrojecidos de dolor, una lágrima surcaba su pómulo derecho. Mi rey lloraba y con ello… me desarmó. ¿Qué podía hacer un jovenzuelo de esa edad para calmar el dolor de un rey? Sólo conocía una forma…

Me incliné a él, arrodillándome. Acerqué mis manos a sus piernas, las acaricie, aún encima del manto real. No me detuvo y por lo tanto, proseguí, metiéndome en sus poderosas piernas, buscando el espacio de las telas para sacar la señal de su virilidad. Y cuando estuve a punto de hacerlo, me tomó ambas muñecas, deteniéndome. Subí mi mirada contrariada, confundida. Me encontré con unos ojos de ternura y devoción observándome, encantándome…

—No amor, no te pedí para esto…

—Mi rey…

—Ven…—me tomó por mis brazos, me abrazó, llevándome con él hasta recostarme en la cama, con mi cabeza en su pecho, sus manos acariciando mis bucles, dejando la corona de espigas a un lado. Yo respondí, aún inquieto, inseguro de cómo proseguir, sobre todo cuando sentí que su respiración se entrecortaba—. No sé qué hacer…—su voz turbia, quebrada… un sollozo profundo, asfixiante—. No sé qué hacer, Regulus…—apretó mi cuerpo… lo oí llorar… y yo… no lo soporté… lloré…

—Mi señor…

—Mi reina llora desconsolada en su habitación… no soy capaz de estar con ella y consolarla… Mi hijo Aioria… mi hijo se consume en el odio y la tristeza… Aioros me pide que levante mi pueblo en guerra…—me alcé para secar sus lágrimas, viéndolo destrozado, su rostro contraído de un terrible y hondo pesar que en mi edad me era imposible de entender. Me sonrió, con tristeza, con amargura, secando las silenciosas lágrimas que salían de mis ojos—. Yo conocí a Asmita, hace muchos años ya… Cuando lo conocí, quise hacerlo mi consorte—abrí mis ojos, violentamente. ¿Ese príncipe pudo estar en mi lugar?—. Pero… era el heredero, así que en vez de realizar el pacto con Auva tomándolo a él, comprometimos a su hermano menor y mi hijo…—volvió a empujar mi rostro a su hombro—. Sólo pensar… en las palabras de Aioros y Shura… de la forma en que lo vieron… de cómo lo están humillando… me llena de un intenso dolor, Regulus… Ese hombre no merecía pasar por todo eso… ¡¡No lo merece, Regulus!!—clamó sin voz, rompiendo en un agónico llanto.

—Mi rey… mi rey…—le lloré, abrazándole con fuerza, desarmado… sin saber que hacer… sólo acompañarlo…—. Mi rey… yo sé… yo se que tomará la decisión correcta… Athenea nos ayudará…

El rey Sisyphus, el soberano de Rukbat, lloró conmigo toda la noche… se desboronó inseguro de cómo tomar las riendas de su familia real ante el horrible golpe que Alhenas les había dado a Auva, ante la triste historia que aquel príncipe vivía tras el castillo de los barbaros.

¿Cómo yo, un jovencito, podría calmar la angustia de un rey?

______________Acto dos: La oposición

///Hace 17 años///

—¡Degel!—escucho tu voz, notablemente emocionada al sentirme entrar. Aunque deba ocultarme, también me alegra de nuevo estar aquí, Asmita.

Te has levantado de tu diván, aún vestido con ropas de amante real, con una sonrisa de fraternidad dibujada en tu rostro. Cuando el rey dio el dictamen de quitarme del círculo de medicina real, sinceramente me sentí muy mal, no tanto por mí, sino por tener que abandonarte a tu suerte. Afortunadamente, esto que ocurrió me permitió oír comentarios que me interesan mucho hablarte.

Como ya estoy acostumbrado, sólo me extiendes tu mano derecha para saludarme, y la recibo con un apretón fuerte, para hacerte sentir que no sólo estoy aquí, sino para quedarme. Te sonríes entendiendo el mensaje, antes de señalarme con tus manos uno de los sillones de la habitación real.

—Me alegra mucho saber que estas de vuelta, Degel—me sonríes, acomodando tu larga cabellera hacía atrás, con el mismo movimiento elegante que tanto imprimen tu realeza. Llevas ya tres años en cautiverio y no han sido capaces de mancillar tu orgullo de rey.

—Fue gracias a la intervención del príncipe Saga que pude regresar con usted, Asmita.

—¿El príncipe Saga?—repites asombrado, reclinando tu rostro a tu mano derecha, cubierta de anillos de oro, brazaletes con zafiros y pulseras que cuelgan de tu dedo medio.

—Así es, el príncipe Saga intervino ante el rey y pidió que me restituyeran el cargo. Desconozco la forma en que logró hacerlo, pero a él debemos mi regreso—dibujas una sonrisa sincera… una sonrisa diáfana, tranquila… una sonrisa que no dibujas para nadie más sino para él, el príncipe heredero—. Asmita, ¿me permites hacerte una pregunta?

—Adelante, Degel.

—¿Qué es lo que siente por el príncipe Saga?—tu rostro revela intriga. Intentaré entonces explicarme—. A pesar que al principio no lo dejaba acercarse a usted, ahora veo que su relación es bastante… cercana.

—No pensaras que lo seduzco ¿o sí?—preguntas abiertamente. No estoy seguro de que responder—. ¿Sabes Degel? Saga es lo que el rey Aspros y el príncipe Defteros hubiesen sido, si los prejuicios y el egoísmo no los hubiera separado—te escucho, atento—. El príncipe Saga tiene una nobleza infinita y al mismo tiempo, la fortaleza y el temple. Tiene la esencia no sólo de un rey, sino el de un guerrero. Yo quiero proteger eso, Degel…

—Pero sabes lo que el príncipe siente por ti…

—Así es, pero no pienso intervenir. El amor, es el mejor motor que puede tener un humano para evitar caer en la oscuridad—dices, con elocuencia—. Sé que en cualquier momento encontrará a alguien que pueda robar su corazón, lo que siente por mí no es más que la admiración Degel.

—¿Y tú?

—Me recuerda a Shaka… cuando estoy con él siento que estoy con Shaka—ahora entiendo el porqué de esa sonrisa. Ahora todo tiene sentido. Pero entonces… debo advertirte.

—Asmita, hay algo que debes saber—diriges tu rostro con curiosidad—. Es sobre lo que hablan los nobles sobre ti y tu situación.

—No me interesa lo que puedan hablar…

—Han estado ejerciendo presión al Rey Aspros. Escuché en una reunión que han estado hablando con él a solas, diciéndoles que tú… tú estás seduciendo al príncipe heredero para que te convierta en su consorte y luego atentar contra la vida del rey—abres tus parpados, impresionados.

—¡Eso es absurdo! ¡No creo que el rey pueda…!

—Me temo que le está prestando bastante atención a los comentarios de los nobles, Asmita—callas, analizando todo—. Debo sugerir que te alejes del príncipe Saga y…

—No puedo creer que Aspros pueda creer semejante infamia—recriminas, verdaderamente molesto, sentándote en el diván—. De haber querido matarlo, ¡Alhenas ya tendría un nuevo Rey desde hace tres años!—estoy consciente de ello—. Tendré que hablar con él.

—Espero sepas mantenerme fuera…

—No te preocupes, no saldrás a relucir. Agradezco que me hayas informado de ello…

______________Acto tres: El deseo

Salió, con el traje de consorte, la mirada enrojecida… la expresión asesina.

Temblé, fue inevitable no hacerlo…

Cuando lo vi salir de la carpa que comparte con Delio, ya Dohko, Kardia, Delio y yo estábamos afuera esperando y todos, sin lugar a dudas, nos vimos presa del estupor. El traje negro del consorte, una réplica exacta del que tenía Asmita al morir, ceñido a su poderoso cuerpo, mucho más formado que el de su hermano. La corona de oro y piedras preciosa recogiendo la larga cabellera dorada a lo alto, mientras que otro torrencial de oro delgado caía hasta su espalda. La cadena de oro y el anillo, más la imitación exacta de la gargantilla de esclavitud que Asmita llevaba en su cuello.

Era verlo a él… pero fundado y forrado del odio más divino, más calcinador, más violento, lacerante.

Era ver a Asmita, pero lleno de la más férrea determinación. Odio, odio puro. No había nada más para él que el odio que lo levantaba.

No pude evitar sentir que mis piernas flaquearon cuando lo tuve en frente. No pude detener a mis parpados que se abrieron desmesuradamente cuando sentí esos zafiros clavarse hasta en mi alma, en una mirada potente y sólo dedicada a mí, mientras Kardia se levantaba excitado ante lo que venía, Dohko estaba sin habla, pálido como una hoja de papel, y Delio, Delio lo miraba convencido que daría su vida por él; mientras todo eso ocurría, Shaka me miraba fijamente.

Su mirada consumía…

Me estaba llevando a una espiral difícil de evadir. Odio, rencor, venganza, sed de sangre, lujuria…

—¡¡No hay forma que Aioria se salve de esta!!—gritó Kardia, sacándome así del ensimismamiento. Shaka le miró con pasmosa frialdad, y dibujó en sus labios finos una sonrisa macabra.

—Si la cara de Aioria será como la que me acaba de mostrar el príncipe Saga, definitivamente, habrá valido la pena—por ello era que me miró de esa forma… buscando intimidarme… ¿Es de esa manera que planea hacerlo con el príncipe Aioria?—. Bien, Delio, ¿está lista la comitiva?—preguntó mirando directamente a su amante.

—Lista Shaka.

—Entonces prepárate porque ya partimos. Busca a Shayna—volteó para ver directamente al escorpión—. Te vienes conmigo Kardia.

—Como digas.

—Dohko, movilízate inmediatamente con nuestras tropas y Milo hasta las salidas del bosque gemelo.

—Bien.

—Iré a buscar mis armas con Shion—volteó a mirarme fijamente—. Príncipe Saga, acompáñeme.

Quedé en el acto al escuchar su pedido. De inmediato Delio me miró de forma amenazante y Shaka, sin prestar atención a nada, siguió su camino hacia la herrería. Sin perder tiempo lo seguí como me pidió, sintiendo a mis espaldas la pulsante mirada del amante de ese hombre y viendo a su vez la espalda de aquel, el cabello dorado que danzaba, el traje negro, de consorte que lo cubría… verlo de espalda era como ver a Asmita.

—No crea que estoy cómodo con lo que voy a hacer—comenzó a hablaran, sin mirarme, siempre con la vista al frente—, pero dadas las circunstancias no tengo opción. Mañana mismo atacaran a Gemilga, el campamento quedará desprotegido, necesito a alguien que se encargue de tomar el control en caso de cualquier incidente…

Lo escuchaba, pero lo hacía de lejos. Realmente no podía hacer otra cosa más que pensar en su poderoso magnetismo que parecía cautivarme. Su voz melodiosa, varonil, con el tono de mando que implementaba, y la pasmosa serenidad con la que tomaba los movimientos de una guerra, me tenían de cierta forma aturdido. Tanto, que no me di cuenta y apenas tuve tiempo de detenerme cuando volteó y clavó sus zafiros fijamente en mí, con esa mirada dominante, doblegándome a cada uno de sus deseos más insanos, corrompidos… pecaminosos.

Mi corazón retumbo dentro de mi pecho. La sangre se calentó en mis torrentes sanguíneos. No había forma, era simplemente increíble verlo así, frente a mí, con esos zafiros arbitrarios, controladores, hechizándome. Me llamó de nuevo, intrigado quizás por mi silencio, mientras que con mis ojos no hacía más que ver el punto místico que marcaba su descendencia.

—No quiero que vayas…—susurré y su rostro fue un verdadero poema. Los ojos azules desorbitados me vieron, de una forma que no sabía explicar. Era muy diferente, muy diferente a como lo había sentido antes. Esta mirada no era igual.

Y estábamos solos, en las catatumbas, él y yo… rey y consorte… moviendo las piezas para recuperar el reino. Él y yo… dos príncipes, dos hombres… Fue inevitable no dejarme ir por los impulsos, mirarle con la misma intensidad que él; enviándole, sin indolencia, toda la adoración que me provocaba profesarle en esos momentos. Tomé un mechón de los cabellos que se escurrían, y lo besé en un acto de sincera devoción, mirándolo fijamente, contemplando la marejada de emociones que se vertían tras esos cristales de mar.

—Yo no soy Asmita…—musitó, con visible terror… Lo vi, comprendí… ese fuego que me quemaba, también lo quemaba a él… el mismo, nos quería consumir a ambos.

Quería quemarme…

—No es porque seas Asmita…—un paso adelante… retrocede—. Es porque eres Shaka…—zafiros… zafiros azules… tormenta de poderoso azul… un huracán… fuego… tempestad… incandescente.

Lo tomé de la cintura y antes de que pudiera protestar, lo besé, empujándolo contra la pared de roca del pasadizo. Con sus manos intento alejarme, pero era notable que no era con todas sus fuerzas. Con rapidez lo inmovilicé aprisionando las muñecas a la piedra dura y caliente. Y besé… besé como si mi vida estuviera prendida a ello, como si lo hubiera estado buscando por mucho tiempo, como si hubiera encontrado el objeto perdido…

Y me respondió.

Pegué mi cuerpo más a él. Fuego… el fuego me quemaba, nuestros alientos carburaban, nuestros cuerpos respondían, a un hechizo… incorruptible… inexplicable. Hasta que quedé sin aire.

—Suéltame…—murmuró, con su mirada baja, visiblemente afectado—. Debo irme.

—No, no vayas… no hagas esta locura—subió su mirada decidida. Temblé al verle el fuego de sus ojos, vehementes, inestables… poderosos.

—Ya obtuvo lo que quería—abrí mis ojos pasmados—. ¿Quieres mi cuerpo? ¿Saciar tus sucios apetitos como tu padre hizo con mi hermano?—lo solté, indignado—. Eso es lo que buscas, príncipe de Alhenas.

—No…

—¡¡¡NO CREO EN TI!!!—me gritó, con todo el fuego del odio que lo irradiaba—. ¡Quizás hasta disfrutaste también de las bondades del cuerpo de mi amado hermano y quieres revivirlo ahora conmigo!

—¡¡¡JAMÁS!!!

—¡¡NO PIENSO CAMBIAR MIS DECISIONES, Y MUCHO MENOS REVOLCARME CON USTED “SU MAJESTAD”!!—se alejó de mí, con pasos firmes, enfurecido. Realmente enfurecido.

—Me respondiste…

—Como responde un perro al aparearse—y sentí la espada que se clavaba directamente a mi pecho. Su rostro que no mostraba ningún signo de debilidad—. Instinto, príncipe Saga—su mirada que en violento azul me condenaba—. No pienso perder el tiempo en tonterías.

Dio la vuelta. Se marchó con todo el porte real y seguro que sostenía.

Cerré mis puños, frustrado, enfurecido… No… yo sabía, estaba seguro, que no fue simplemente por instinto que me respondió y me enardeció brutalmente darme cuenta que simplemente no quería dar su brazo a torcer. Afilé mi mirada también, decidido. No me dejaría derrotar. No por él… no por su odio. Decidí.

Me adelanté y logré atajarlo antes de que se acercara más a la herrería. Apenas notó que pensaba acorralarlo de inmediato sacó de su traje una cuchilla de medio metro, pulsante, decidido a quitarme de su camino si era preciso. Di un paso adelante. Él no se movió, el filo nos separaba.

—No tengo pasado que revivir, porque tal no existe—te confesé, mirándote con toda la seguridad que tengo—. Escúchame Shaka. Esto que siento es real, muy real. Mis intenciones contigo no son esas.

—No me intere…

—Quiero que seas mi consorte.

Sus ojos de nuevo se abrieron, pasmados. Sé que es algo apresurado, que es tal vez una locura, pero necesitaba hacérselo saber justo en ese instante. Lo quiero, lo quiero a mi lado, quiero ese fuego gobernando a mi diestra.

Duró poco tiempo así… hasta que analizando la información, una risa estridente, enferma… burlona se estrelló entre las paredes montañosas. Incluso bajó el arma y se permitió reír, mofarse de mi sincero deseo, pasando su mano por el flequillo, ahogándose por la violenta carcajada que surcaba en sus gargantas. Lo miré con verdadero malestar, serio, severo, sin pensar mutar por su reacción. Hasta que la carcajada cedió, levantó su mirada, ahora sí con el orgullo enfermizo que se gastaba.

—Vaya, entonces vestirme de consorte sí que ha traído interesante reacciones—me dices en evidente sarcasmo—. ¿Me pregunto si el príncipe Aioria también pensara lo mismo?—otra leve risa malévola, gozando, disfrutando el panorama.

—Estoy hablando en serio.

—Eso es lo que me divierte, príncipe Saga—de la risa maliciosa… a la más severa expresión—. No hay forma que acepte tal cosa con usted, ni con ningún maldito rey o príncipe de algún reino—la mayor convicción en sus ojos—. Porque yo amo a Delio.

Y con ello, me dejó sin aliento.

______________Acto cuatro: La hombría

///Hace 17 años///

—Oye Saga, ¿ya estás listo?—le pregunté desde mi cama, mientras comía unas uvas que los esclavos nos habían llevado.

Saga había ido a visitarme a la habitación. Me había contentado pro ello. Desde que habíamos llegado al castillo, pasaba menos tiempo conmigo, se la pasaba detrás del esclavo de nuestro padre, pero ahora, que no lo dejan pasar a su habitación desde hace unas semanas, ha venido a buscarme. Me sentía feliz… Extrañaba a mi hermano.

—¿Saga?—sin embargo, pese a mi idea, estaba totalmente ausente, sentado al borde de la cama, con el traje esmeralda de príncipe, tocando perezosamente su corona—. ¿Qué paso? ¿No estás contento? ¡Será nuestro cumpleaños!—le animaba, gateando hacía él y palmeándole la espalda, sonriéndome, inocentemente—. ¡Vamos! ¡Podremos pedir a muchos esclavos y compartirlos entre nosotros!

—No Kanon…—un suspiro sordo… apesumbrado—. Yo no quiero participar en eso…—lo miré incrédulo—. No quiero tomar el cuerpo de cualquier esclavo—y deseé… deseé que no dijera lo que estaba por decir…—. Quiero el cuerpo de Asmita pero…

—¡¡¡NOOOO!!! ¡¡¡ESTÁS LOCO!!!—grité con todas mis fuerzas, viendo como él volteó extrañado, mirándome fijamente—. ¡TU NO, SAGA! ¡¡NO DEBES DEJARTE SEDUCIR DE ESA PERRA!!

—¡¡¡NO LE HABLES ASI!!!—gritó con la misma fuerza, poniéndose de pie, rojo de ira.

—¡¡TE ESTÁ MANIPULANDO!! ¡¡LOS NOBLES TIENEN RAZÓN!!—sus ojos se abrieron desmesuradamente—. ¡¡¡TE ESTÁ MANIPULANDO PARA MATAR AL REY Y CONVERTIRSE EN SU CONSORTE!!!—la ira que se gestaba tras su mirada—. ¡¡ÉL NO TE QUIERE!!

—¡¡¡SÍ ME QUIERE!!!

Y con el grito enardecido vino un golpe a mi rostro, mi alma… Caí sorprendido en mi cama, viéndolo a él, mi hermano, mi gemelo… Saga… molesto, con su puño en alto… enrojecido de una ira que jamás pensé ver tatuada en sus ojos hacía mi… Levanté mi rostro molesto, indignado… ¡herido Saga! ¡Herido más por el hecho que la acción! ¡¡¡PORQUE LO AMABAS A ÉL!!!

—¡¡TE VA A DESTRUIR!!—grité llorando de rabia, lágrimas furiosas que brotaban sin freno—. ¡¡COMO A NUESTRO PADRE!! ¡¡TE CONVERTIRAS EN UN REY DEBIL COMO ÉL!!

—¡¡NO ME COMPARES CON ÉL!! ¡¡¡YO SOY MEJOR!!! ¡¡¡LO SÉ PORQUE ASMITA ME PREFIERE A MÍ!!!

Y con ese grito se fue de mi habitación… me abandonó. De allí, este tipo de situaciones se repetirían silenciosamente durante mucho, pero mucho tiempo… años. Siempre el mismo tema, siempre el mismo resultado. Él enojado, yo herido…

///Hace 33 años///

Me habían ido a llamar a mis aposentos y yo… yo ya sabía para que era. Cuando el rey, en esos momentos que se acordaba de mí, me llamaba a una reunión urgente ya sabía que se trataba de serios problemas. Sólo quince años, pocos días para la fiesta de nuestra hombría, donde podríamos seleccionar, Aspros y yo, a uno o varios esclavos para convertirnos al fin, en hombres…

Pero Aspros me quería a mí… y yo no le correspondo de esa manera.

Nuestro padre, el rey Arles, el señor y soberano de toda Alhenas. Cruel y despiadado, así dicen los esclavos, tiene sed de sangre, de poder, de ser el dios entre los reinos. Quiero que le adoren, que le clamen, le teman… y eso mismo ha estado formando en mi hermano. Como el príncipe menor, mis deberes en el reino no son muchos y sin embargo, siempre me ha gustado la cacería. Así que mientras mi hermano Aspros se prepara para el trono, yo cazo algunos animales en terrenos cercanos, me olvido de mi título… de mi rey, el padre que no quiere que aparezca frente a los órdenes porque… según él, mi color de piel es una maldición.

Ahora me llama… ¡maldita ironía! ¿Porque mi hermano tiene que pedir esto? Yo lo amo, ¡por Ares que amo a mi hermano! Pero no, no de esa forma, no para entregarme de esa manera. Que me pida cabezas de animales, de reinos, de reyes pero no… que no pida mi cuerpo…

Y pensaba en eso cuando las puertas del sagrado recinto se abrieron para mí y con impoluta seguridad lo veo a él, mi padre, sentado en el trono, con una máscara que tenía vedada sus facciones ante todos. La forma con la que se hacía respetar, diciendo que no era hombre, sino dios… está loco a mi parecer, pero mi madre, nuestra reina, antes de morir me dijo que tuviera piedad de él… pidió piedad a los dioses por su alma… yo dudo que tenga alguna.

—Aspros ha decidido a quien tener en sus sábanas para la fiesta de hombría—directo al grano, seguro, en medio de los consejeros reales que observan todo con cuidado. Ni un saludo para tu hijo… nada y ya estaba acostumbrado a ello.

—También le dije a Aspros que no accedería—el rey me miró con ira, molesto.

—¿Acaso no complacerás los deseos del heredero y tu próximo rey, Defteros de Alhenas?

—Más que el heredero y rey, ¡Aspros es mi hermano!

—¿Crees que tenemos algún problema con ello? ¡¡Obedecerás maldito engendro!! ES TU HERMANO EL REY QUE PIDE TU MISERABLE CUERPO ¡DEBERÍAS SENTIRTE HONRADO!

—¡¡NO!!—grité, no queriendo que las cosas fueran así… que nuestro lazos de sangre se convirtieran en un ir y venir de sexo lacerante que terminaría destruyéndonos… No… supe que mi padre hizo lo mismo con su hermano gemelo y cuando… cuando aquel quiso buscar amor de otro lado… él…

—¡¡NO PERMITIRÉ QUE OFENDAS LA SANGRE DEL PRÓXIMO REY CON TU DESACATO!!

El golpe secó con el cual golpeó su propio trono me hizo dar un paso atrás, temiendo mi destino, sabiendo lo que ocurría cuando desobedecía una orden real. Pero no, prefería mil veces mi muerte, antes de que mi hermano llegara a odiarme como mi padre lo hizo con aquel, a quien terminó dejándolo hundir en las frías aguas del mar Atlantida, en una celda… por haber querido traicionarlo.

No, amo demasiado a mi hermano como para querer llevarlo a la locura… No quiero mancharlo… tal como él ha dicho, yo sólo soy una maldición y no… ¡¡NO QUIERO MANCHAR SU LUZ!!

—¡¿Sabes que es lo que pasara si desobedeces, Defteros!!—volvió a intervenir, bajando del trono, con la actitud altiva, en ese traje de rojo y negro, con las hombreras que como filo de muerte se levantaba en rojo acero hasta su cabeza, cubierta por una máscara negra… una casco en vez de corona, el cabello que gris por su anciana edad aún corría por su espalda…—. No te perdonaré esa ofensa, maldito…—siseó, pasando sus arrugados dedos por mi mejilla… encrespándome por completo…

—¡¡NO PADRE!!—la voz… su voz…

Ambos volteamos para ver a Aspros entrar, con su traje de zafiros y esmeraldas, la corona de heredero. Decidido. Se puso frente a mí, enfrentándose a nuestro padre, determinado…

—No le hagas nada… ¡No le hagas nada!—gritaba desesperado. Yo lo miraba con dolor…—Yo… ¡¡yo le perdono la ofensa!!

Fue suficiente para despertar la ira del rey. Un golpe empujo a Aspros hasta el suelo, trastabillando un poco hacía la derecha, mientras la corona de oro cayó sin forma por el suelo de mármol. No bien había reaccionado a ver a mi hermano golpeado en el piso, cuando las poderosas manos de mi padre se alojaron a mi cuello y me levantó del suelo, cortándome la función vital de la respiración.

—¡¡¡DEBILES!!! ¡¡¡ENDEBLES!!! ¡¡¡PARASITOS SON!!!—gritaba con ira, tajantemente. Ninguno de los consejeros se levantó para ayudarnos—. ¡¡SON UNA VERGÜENZA PARA NUESTRA CASTA GUERRERA!!

—¡¡NO LE HAGAS NADA!!—gimió mi hermano, poniéndose de pie, con la sangre que corría por sus labios. Se abalanzó sin pensarlo, mi padre de nuevo lo golpeó haciéndolo caer. Lágrimas… lágrimas empezaron a correr por mis mejillas mientras sentía que el aire se acababa—. ¡¡¡NO LO MATES PAPÁ!!!

Llamarlo de esa forma fue el detonante. Hirviendo de una ciega ira, me lanzó a varios metros, haciéndome caer aparatosamente, tosiendo, ahogado. Sentí que Aspros iba a correr hacía mi cuando con una orden, los soldados le agarraron por todas partes del cuerpo, inmovilizándolo al suelo, totalmente sin defensa. Grité su nombre para llamarlo, antes que los soldados también me tomaran a mí… pero yo no me dejé… con todas mis fuerzas me defendí. Golpeé, arañé, mordí hasta cansarme, arranqué la oreja de uno, dejé sin dientes a otro, enfurecido no iba permitir que mi hermano se viera humillado de esa manera por mi… ¡¡JAMÁS!!

—¡¡SUJETENLO!!—ordenó mi padre, el rey—, porque si no quiere entregarse al heredero, ¡¡A MI SI LO HARÁ!!—ambos lo miramos aterrados—. LE DESTROZARE EL ORGULLO DE REY QUE NO MERECE TENER. ¡¡QUE LE ARREBATO A SU HERMANO!!

—¡¡¡NOOOOO!!!—el alarido de dolor de mi hermano que buscaba zafarse… yo que luchaba para que no me contuvieran—. ¡¡¡DEJALO!!! ¡¡¡DEJALO!!!

—¡¡¡NO ME TOCARAS MALDITO!!!—le grité cegado por la ira… ni a mí, ni a él—¡¡¡PRIMERO TE MATARÍA!!!—la máscara cayó, viendo el tan oculto rostro, ojos inyectados de sangre y hiel, enrojecidos… envejecido… pero con una expresión de maldad que penetraba hasta los tuétanos—. ¡¡Noooo!!—clamé tomando el cuello de uno de ellos con mi brazo… ese rostro me observaba fijamente—. ¡¡No me dejaré!!

Seguían intentando contenerme… sacaron hasta las armas… pero yo no me dejé. Aspros seguía en el suelo removiéndose con furia, tratando de zafarse del agarre de la corte real, mientras yo me defendía hasta con los dientes. Nuestro padre seguía mirándonos con inexpresiva expresión, hasta que, desesperado, terminé trastocando uno de los cuellos de los guardias con mis manos, matándolo al instante.

El sonido fue como un afrodisiaco para nuestro padre, que con maldita malicia sonrió de forma enferma, elevando notablemente la comisura de su labio izquierdo. Mis ropas estaban arañadas por los embates con la corte, mis manos llenas de sangre… los guardias cedieron al ver caer a uno de ellos con su cuello totalmente destrozado, su cabeza en una evidente posición macabra, totalmente de frente a su espalda.

—Un demonio…—susurró… y al verlo noté el brillo color rubí que se filtraban en iris negras marcadas en rojo sangre—. Te convertirás en un demonio.

No entendí nada de lo que decía… no en ese momento, cuando con su mano ordenó que soltaran a Aspros y en el momento que él se disponía a buscarme, lo sujetó de su cabello, lo hizo quedarse a su lado.

—Sólo hay una forma de salvar su vida, Aspros—le dijo en voz ronca, mi hermano me veía impotente—. Exígele un pago por tu honor… ¡¡Conviértelo en un exiliado de guerra!!

Nos miramos, espantados…

Exiliado de guerra, eso significaba… la separación… nuestra separación como hermanos…

Esa noche, se firmo el pacto que me condenaría a la guerra durante quince años…

______________Acto quinta: La entrega

Llegué hacía la herrería, donde Shion me esperaba con las espadas en mano, luego de haber escuchado que ya partiría. El sobresalto que le vi al verme vestido de esta forma, fue otro indicio de la sorpresa que causaré en el palacio real cuando irrumpa en su maldita celebración. Todavía me siento abrumado por lo que pasó con el príncipe Saga… por la forma en que me miró… por ese beso…

Maldito beso…

Que aunque por un lado quería detenerlo… esa pasión, esa fuerza… eso que es capaz de doblegarme me sedujeron como un imbécil… No fue fácil de nuevo recuperar el porte y decirle esas palabras… decirle que amaba a Delio… aunque por un momento sentí que era más un recordatorio hacía mí mismo. Y es que… lo único que me hizo regresar a la realidad de las cosas fue cuando le oí la estúpida idea de hacerme su consorte… cubrir el espacio de mi hermano en el reino… ¡¡¡ILUSO!!! Odio ese cargo, sobre todo ese cargo, más que a Alhenas, que a los reyes, que a estas tierras… ¡¡ODIO EL CARGO DE CONSORTE QUE ME ALEJÓ DE MI HERMANO!!

Y es que no puedo olvidar las veces que lo busqué en el palacio. Que me infiltré, incluso ataqué para que me encarcelaran y lo llamaran… las veces que me renegó, que me dijo que olvidara, que regresara… y que incluso… incluso ante la caída del reino… prefirió, mil veces morir en ese cargo, que huir conmigo…

Odio eso… odió la idea de tan siquiera ser el consorte de un reino… ¡¡¡LA DETESTO!!!

—Príncipe Shaka—le escucho la voz de Shion y vuelvo a las catatumbas. En algún momento debí haberme detenido pensando en lo que había ocurrido—. ¿Se encuentra bien? Lo veo un poco agitado—tomo sin prestar atención a sus preguntas el filo de la espada curva que me extiende. La palpo entre mis manos, viendo el reflejo de mi rostro… el suyo… que está detrás de mí, a una prudente distancia… pero observándome fijamente.

Mi corazón que late con fuerza… desbocado… abrumado… confundido… No… ese hombre sólo puede despertar en mí el odio… No puedo permitir despertar nada más en él… no es correcto, ni justo para con Delio… No me dejaré seducir por ti, príncipe Saga… No cometeré el error de mi hermano…

—Bien Shion…—le digo, tomando la segunda arma y batiéndola en el aire—. Agradezco tu trabajo.

—Siempre que pueda, mi señor.

—¡Shaka!

Volteo para ver a Mu salir con sus mantos, sucio de carbón, sus mejillas rojas de seguro por el calor. Han estado trabajando duro estos últimos días por el armamento para la toma de Geminga. Sin esperar a que le diga algo, corre hacía mi, mirándome con dolor, de arriba abajo… detrás escucho corriendo otros pasos, junto con Delio por la voz que lo llama.

—Afrodita, ¡¡espera!!—no bien Delio había hablado cuando sentí a Dita abrazarme por detrás, ocultar su rostro en mi espalda.

—No vayas…—el susurro… ahogado en lágrimas—. ¡¡No vayas Shaka!!—clamo mi hermano, el menor, sosteniendo con fuerza estos mantos de imitación real.

—Shaka, es una locura… lo que piensas hacer es una verdadera locura—ahora es Mu quien me habla, mirándome con pesar—. Está bien que hagas la revuelta pero… ¡no vayas al castillo!

—No lo hagas Shaka… es peligroso—volvió a hablar Dita, apretándome con fuerza, mojando mi espalda con sus lágrimas—. Por favor no…

Arrugo en el entrecejo con dolor. No me gusta preocuparlos, sé que quieren mi bienestar… y que si están conmigo, aquí, es para buscar detenerme… Pero no lo entienden… no entienden que el camino que escogí hace cinco años, frente la cruz de mi hermano, fue el camino hacia la muerte… no queda otro más que morir,… por el fino de espada… o por el olvido de la tierra.

Por ello tome sus dos manos de mi manto, lo hice despegar usando mi fuerza para mirarle de frente, primero a Afrodita que baja su rostro cubierto de lágrimas, luego a Mu que me mira con intenso dolor.

—Escúchenme. Esperen aquí en el refugio, sigan trabajando. Regresaré—seco las lágrimas de mi hermano menor con el dorso de mi mano, enviándole la mayor determinación—. La muerte aún no es capaz de atraparme, y ustedes saben, que más de una vez he escapado de sus garras.

—¡¡ESTO ES DISTINTO!! Te vas a lanzar a la guerra, al escondite de los leones de Rukbat!! El príncipe Aioria estará y…—beso con ternura su frente, haciéndolo callar—. Tú… o delio… o… ambos…—levanto su rostro con una de mis manos, le observo con seguridad—. Shaka…

—Quiero un caldo de zanahoria para cuando llegue, de las mejores zanahorias de tus plantíos, Dita—sus ojos que se quebraron al paso de mis palabras. No, no me mires como si no fuera a regresar… porque juro que aún de la muerte escaparé hasta volver… No moriré hasta cumplir el sueño de mi hermano—. Mu, sigue trabajando en las armas.

—Si…—separo mi mano del rostro de Dita y es sujetado por los hombros por Mu, resignado, con su rostro resignado.

—Espérenme…

Volteo sin ánimos de extender esta despedida. Me siento ahora demasiado pesado… mis hermanos me preocupan, peor por mucho, por mucho que les he dicho de volver hacía nuestros abuelos, ellos no lo desean, quieren quedarse a mi lado, tienen la esperanza de salvarme de mi odio… Pero nada ni nadie puede hacerlo. No, no hay forma que yo pueda dejar el odio que lacera cada espacio de mi estomago, de mis vísceras… y la promesa, que me levanta como poseído todas las mañanas, dispuesto a llenarme y enlodarme de la sangre de Alhenas… venganza y juramento…

Una atadura de fuego.

Y Delio me espera detrás de Saga, listo, con dos espadas rectas en su cintura, la camisa blanca, los pantalones de cuero apegados a sus piernas gruesas, un chaleco hecho de cuero, madera y lana que cubre el hierro y protege su pecho. Una pañoleta que oculta su cabellera albina, contrastando su piel bronceada y quemada por el sol. Me sonríe, con esa mueca de burla a la muerte, con la cual yo recobró la esperanza. Mientras estemos juntos, nada, nada se me puede imponer… ni siquiera el verdadero rey de Alhenas.

—Vámonos—son sus únicas palabras y antes de seguirlo por entero viró mi mirada hacía él… el príncipe Saga, quien me mira aún de esa forma… entre dolor y esperanza… entre rabia y deseos… entre ansías y anhelos…

Y me siento como una polilla que busca quemarse en el fuego…

Pero esta vez el fuego que significa mi propio odio…

—Príncipe Saga—le hablo, y Delio de inmediato voltea para ver lo que estoy a punto de hacer—, encargó el campamento y la vida de mis hermanos en su manos, durante mi ausencia—los ojos esmeraldas del futuro rey me ven de forma sorpresiva—. Todo lo que ocurra, lo cobraré con su sangre.

Y con ello me voy… dejando en sus manos… esas sucias manos… lo que más amo…

He de admitirlo, pero durante este tiempo, al menos, se ha ganado mi confianza; aunque no esté seguro de sus intenciones para conmigo. Aunque dude de sus palabras, sé, y puedo ver, que dentro de él existe una palabra: honor.

______________Acto seis: El pedido

///Hace 17 años///

Mi padre nos había llamado a ambos hasta su despacho. Era necesario. En días se celebraría nuestro cumpleaños y la fiesta de hombría se ejecutaría en una semana…

Me habían comentado de hacer una celebración en el castillo. Se invitaron a príncipes de reinos cercanos con quienes tenemos tratados de paz o simplemente no hemos arremetido, aún, bélicamente. Ya las invitaciones reales habían sido enviadas, en días es posible que veamos a los primeros príncipes entrar a las fronteras de Alhenas, para verme a mí, el heredero de la corona, cumplir la mayoría de edad de Alhenas: dieciséis años.

—Y bien, ¿ya decidieron a quienes quieren para cumplir con la fiesta de la hombría?

Mi padre hablaba con cierto dejo de amargura y de nostalgia al vernos a los dos, mi hermano Kanon de color azul índigo, yo de dorado y verde agua, vestidos frente a él. Desde aquella vez que discutimos, mi hermano y yo no nos habíamos dirigido la palabra. Y es que, odié, odié la forma en que se refirió a él… a Asmita, que desde hace meses permanece encerrado sin posibilidades de salir de la alcoba real. A quien tengo semanas sin ver porque me lo han prohibido y lo único… lo único que pude hacer por él, fue levantarme frente a mi padre y a los nobles para que Degel D’Acua regresara a los círculos reales. Fue lo que pude hacer por él, porque sé que Degel le ayuda a olvidar el encierro en el que vive… él, un príncipe… un rey…

—Yo quiero seis esclavos para mi, tres mujeres, tres hombres, todos vírgenes—habló Kanon con desgano. Lo miré de reojo, molesto, indignado al escuchar su pedido. ¿Acaso ser hombre significaba mancillar a otros como si fueran meros sacos de carne?

Y es que mi visión ha cambiado desde que llegué al palacio y lo conocí. Asmita, un príncipe, un rey que le quitaron su corona, su reino, su vida, sus tierras… su hermano… Él me había enseñado una visión distinta del reino. Un reino de igualdades un reino donde la nobleza no aplaste al pueblo… hablándome del suyo propio, de cómo sembraban, nobles y plebeyos, ricos y pobres, porque sin importar cual sea el status, tal como él dicen, todos comemos. Fue por ello que terminé entendiendo el tipo de reino que me gustaría gobernar, ya no las orgías que mi padre hace, las fiestas, el desorden. Ya no las guerras que mi tío Defteros ejecuta fuera de nuestras fronteras. No, ya no… sólo el deseo de que el pueblo y los reyes puedan convivir en armonía con la naturaleza… tal como Auva, ese reino perdido que parece sacado de algún libro de fantasías y del cual Asmita me hablaba con tanta devoción.

—Saga—escuché la voz de mi hermano y volví en mí, al sentir a su vez el codazo en mi costilla. Lo vi molesto y él con toda la libertad que presume me señaló con su boca hacía delante, donde estaba mi padre—. ¿Qué vas a pedir tú?

Miré a ambos con pesar… y al mismo tiempo con decisión. Ciertamente, yo ya sé que voy a pedir, y no me importará el cómo lo tomé mi padre el rey, o el castillo, el reino entero… yo lo quiero.

—Si rey… ya sé que pedir—di un paso hacia adelante, mirándolo con ojos escrutadores, decidido, a tomar las riendas de mi destino en ese preciso momento. Enfrentarme a ese hombre que lo tenía esclavizado—. Ya sé a quién quiero en mi cama para convertirme en un hombre.

La mirada de mi padre por un momento vaciló, no pudiendo sostenérmela. Yo estaba determinado a pedirlo y a que se cumpla mi solicitud sin queja alguna. Miré con fiereza a mi padre, haciéndome obedecer de esa forma, dispuesto a compartir esa noche que es tan importante para mí como rey y como hombre, al lado de la única persona a quien amo.

—Y ha de saber, su majestad, que como heredero al trono no hay nada sobre las tierras del reino que me sea negado—acoté, colocando todas las fichas sobre la mesa. La mirada de mi padre ardía… sabía lo que venía… sabía lo que haría—. Quiero que me entregues esa noche a tu esclavo real, el ex príncipe Asmita de Auva.

Los ojos de mi padre, azul índigo, se encendieron como fuego, enrojeciéndose sus cuencas blancas, cerrando el puño con impotencia.

Pero no me dejaría amedrentar,

—Te lo exige tu heredero.

No dejaría que me negaran esta petición.

—¡Quiero a Asmita de Auva en mi cama!

Y sin saber, condené a Alhenas…

10 thoughts on “Lienzo de Guerra (Cap 22)

  1. owowowowowowo !!!!!!!
    lienzo que genial
    me mato la parte de regulus
    el amaba a su rey ,,, aunque fuera un niño el lo amaba y le daban celos jaja
    que lindo es regulus
    la parte de saga es interesante pero si le pide ser consorte de cierta manera lo pone en el papel de
    asmita
    eso no lo ve el muy torpe
    como no abdica el trono a fabor de kanon y le pide a shaka vivir en paz solos en alguna parte de aruva y a si auyudarlo a constuit nuevamente el sueño de una aruva fuerte y pasifica seria mas lindo jaja pero bueno al fin a si piensan los seme
    genial trabajo como siempre angi
    cuidate de que tengas un buen dia y mucha salus

    1. La parte de regulus ademas de ser un fanservices a una amiga -Hola Yebin xD- era importante para entender los sentimientos de Rukbats ante lo que había ocurrido con Auva y el como desencadenaron la invasión.
      La parte de Saga si, es interesantisimo, pero él quiere la corona, ha peleado por ella y quiere ser el rey que Asmita quería, es como decirlo, su sueño, y quiere compartirlo con Shaka. El asunto es que Shaka no quiere saber nada de reino, sinoque sun sueño es el que tiene con Delio, ser nomadas, vivir lejos de castillos y demás. Al final, ¿Qué es lo que obtendran? solo lienzo lo dira.
      Muchas gracias ^^

  2. Oh por dios! que remate me dejaste en las nubes de la especulación. Un cap alucinante ¿sabes que es dificil comentar lienzo? es que los seis actos tienen ejes tan trabajados y bien marcados por su tema que parecieran 6 capitulos de corrido los que se lee y pasan tantas cosas importantes que por tanto es re dificil saber por donde arranzar e imposible no olvidar algo, pero bueno, el remante alucinante, el beso de Saga orgasmico,dios como se hacia esperar esa escena, son tan apasionantes este Saga y este Shaka que surgen puras chispas en sus encuentros. Me encanto conocer mejor el pasado de Defteros y Aspros, todo encaja perfecto y lo cinico y enfermo de Arles, me encanto la descripción del personaje, realmente cruel. Afro y Musito afligidos OMG, necesitan amor. Me rompio el corazón el “amo a Delio” T.T, y Saguita adolescente 100% adorable aunque sus ideas sean tan desastrosas jaja
    Excelente!!!!!!!!!! muero por mas!!!!!!!!!

    1. Sé que es dificil comentarlo porque de verdad es un capitulo largo (todos los del lienzo son largos) xD Y sí, definitivamente es dificil olvidar algo pero con mencionar los aspectos que mas impresionaron me siento complacida ^^ El beso, ja, este saga que no se aguantó al verlo vestido de consorte, aunque Shaka le haya bajado el asunto con esa confesión. El pasado de Defteros y Aspros es triste, me da cosita con mis moshos gemelos y papi malo Arles, ahora, lo toque en este capitulo porque gracias a lo que acaba de hacer Saga muuuuchas cosas se desencadenaron en el pasado. Afro y Mu, como sufren por su hermano T_____T y bueno, ya se viene el choque de titanes. Estoy trabajando en el 23, espero te guste ^^

  3. Ay, ay, ay, ¡qué capítulo! mi estómago se me encogió tanto… Esa parte del pasado de Aspros y Défteros, qué angst… Ese Arles los enfermó… la preocupación de Sysifus y la ternura de Regulus linda escena…

    Saga me da no sé qué… primero el rechazo de Asmita y ahora el de Shaka, pero si le sigue dando esos besos de fuego, seguramente lo conquistará… también espero que Shakita se dé cuenta que Saga no es Arles, ni Aspros

    De una cosa sí estoy segura: El Hades va a parecer la casa de la risa comparada con el Infierno que se va a desatar en Alhenas, Auva y Rukbat juntos cuando Shaka se encuentre con Aioria… ¡se le va a aparecer el diablo!!! (ya hasta miedo me dio)

    Saludos

    1. Gracias por comentar Inecci, ¡¡¡que feliz me haces!!! *w*

      Siiiii, Arles como padre enfermó a sus dos hijos porque los consideraba debiles por esos lazos, se molesto cuando Aspros lo llama como papá y no como rey. Tan diferente a Sisyphus que esta desesperado de dolor porque su familia esta mal debido al estado de Asmita en el reino, sacando su frustracción con el consorte, tan lindo regulus que aun que no lo entiende se queda quieto acompañandolo.

      Si, Saga la está pasando amargo también, con Asmita no se le dio pero ya no es el adolescente y tiene más libertad para moverse. Y Shaka con todo ese odio se lo pondrpa bien dificil. ¿Será que el próximo rey asumirá el reto?

      Jajajajaja justamente esa es la visión futura que veo de lienzo… un verdadero infierno con esa coalición, donde Saga estara de por medio en busca de la corona, con su amor a Shaka y su deseo de recuperar sus tierras. ¿Qué tanto puede pasar? Será una verdadera guerra, así que hay que irse preparando porque… habran muertes *snif*

      Gracias por comentar, me satisface mucho leerte ^^

  4. Te lo exige tu heredero.

    No dejaría que me negaran esta petición.

    —¡Quiero a Asmita de Auva en mi cama!

    Y sin saber, condené a Alhenas…

    WAAAAAAAAAAAAAAAAAA MALDITO SAGA!!!!!!!!! FUISTE TU EL CULPABLE ¬¬
    De seguro Aspros lo trató horrible de nuevo por tu culpa!!!!!!! waaaaaaa condenaste a Alhenas!!!!!!!! animal ¬¬ bestia ¬¬ y de paso kieres revivir el pasado

    xDDDDDDDDDDDDDDDD

    Dale Shaka!!!!! TU AMAS a delio!! no te dejes desviar xDDDD jajaja!!!! OMG!!!!! esto me quema igual!!!!!!
    ESCENA SASHA A MIL!!!!!!!!!!!! *¬* DIOS!! BUDA!! ATHENEA!!!!

    ¡¡¡¡HUBO BESOOOOOOOO!!!!!

    Dame ANgui!! dame lienzo 23!!!! te estas tardando!!!!!! dioses!!! es que ya quiero ver la cara de Aioria… seguramente dejaras ese capitulo emoShionante!!! asi que danos lienzo 23,24,y 25 xDDDDDDDDDDD
    waaaa!!!

    Me gustó la escena de Regulus y su Rey!! ^^
    beshoo

  5. ohh gofff…
    og xDD
    god ¬¬

    que hará nuestro aspros¿¿¿
    zya supongo que le dira que no… ohh que hara…
    quiero saber anguyyyy
    me atas xDD

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