Reconciliación Reportada

Saga y Shaka, dos prestigioso periodistas que fueron pareja hace unos meses y trabajan para la revista Sobrenatural. Ahora son enviados para hacer un trabajo en conjunto y tendrán que dejar sus diferencias a un lado. ¿Serán profesionales o se dejaran dominar?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, comedia, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, DeathMask, Milo, Camus, Shion
Resumen: Saga y Shaka, dos prestigioso periodistas que fueron pareja hace unos meses y trabajan para la revista Sobrenatural. Ahora son enviados para hacer un trabajo en conjunto y tendrán que dejar sus diferencias a un lado. ¿Serán profesionales o se dejaran dominar?
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Evento °|°|° Pecados Laborales °|°|°
Inspiración: Simplemente quería hacer algo romántico en la jungla xD

Reconciliación Reportada

Shaka no sabía que Karma estaba pagando para ser enviado a México, precisamente con su ex, para hacer un reportaje sobre los rumores del tal “Chupacabra”. Y es que a pesar de haber tenido una hermosa, divertida y apasionante relación de dos años, esta se había acabado hace cuatro meses y no en muy buenos términos. Todavía se acordaba cómo le dejó el parabrisas del deportivo del griego cuando supo lo de su “resbalón”. No pudo evitar esbozar la sonrisa siniestra cuando se acordó del enorme agujero que le dejó y los gritos histéricos de Saga al ver su BMW con el parabrisas hecho añicos. Porque NADIE le veía la cara de idiota a Shaka Virgus y mucho menos el griego aunque estuviera muy bueno y lo amara locamente. Shaka cuidaba su orgullo y ya que Saga le había dado literalmente una pedrada a su bien cultivado orgullo, Shaka le devolvió el favor en algo equivalente: el auto favorito de Saga.

El hecho es que desde aquel incidente, el rubio no le dirigía el habla a su compañero y antiguo amante, por mucho que durante un tiempo Saga intentó explicarse con el viejo cuento de: “Soy hombre, me calentó lo motores, pero estaba pensando en ti”. ¡VAYA DESGRACIADO! Con tantas veces que Aioria, su ex, se le estuvo lanzando y lo mandó al lavado, viene el idiota de Aioros a darle tres sonrisitas y se deja hacer favor Oral. ¡VAYA CANALLA! Es que de sólo recordar el cómo el peliazul gemía pidiendo más se le crispaba hasta el flequillo acomodado en su frente. ¿Pensaba que lo había superado? Pues no, y lo bochornoso que es que, como es normal en el mundo del periodismo, hasta quien fregaba los platos se enteró de los cuernos. Si… había sido vergonzoso y aún lo veían con lastima.

Pero bueno, allí estaba, en el hotel, ya retrasado por diez minutos para tomar la camioneta y ser llevados al lugar donde los aldeanos y campesinos dicen haber visto el Chupacabra y donde tendrán que quedarse, acampando en la noche, con una cámara infrarroja para ver si pueden captar el espécimen. Viendo que no salía de la bendita habitación, Shaka furioso jaló la perilla y para su sorpresa, estaba abierta. Entró sin más, dispuesto a jalarse al griego por la voluminosa cabellera y terminar con el maldito trabajo de una buena vez hasta que en el pasillo lo consiguió, sólo con el jean puesto, la visible liga de su bóxer negro—que él le había regalado y sabía perfectamente como le quedaba— más la toalla con la que secaba su cabello. El rubio se quedó callado, pero no iba a demostrar lo que le provocó verlo en ese estado, así que cruzándose de brazos y ladeando la mirada, empezó a dar leves golpes con su pie derecho para mostrar su impaciencia.

—Estamos retrasados, griego. Muévete rápido.

—Apenas son las cuatro.

—No, son las cin…—revisó su reloj y se quedó helado. ¡Eran las cuatro! ¿Por qué diablos al verlo antes le pareció que faltaba 15 para las 5 y terminó arreglándose más rápido que un militar en pleno bombardeo?

—Parece que viste mal la hora—volteó el griego sin más, dejándolo en el pasillo. Shaka resopló algo contrariado. Tan impaciente estaba que terminara el trabajo que hasta estaba adelantando las horas.

—Bueno, regresó a mi habitación.

Cuando sintió la puerta cerrarse fue que Saga pudo respirar tranquilo. Ya mucho tenía con pensar estar los dos en una pequeña carpa toda la noche como para ahora tenerlo en su habitación durante el día. Lo quería, si lo seguía queriendo y todos los días se decía cuan idiota había sido al permitirle a ese griego ex de la universidad metérsele en las piernas. Shaka era alguien demasiado orgulloso y cuando decía no, era no. Realmente el parabrisas por muy caro que le haya costado no fue lo que más le dolió perder, sino la indiferencia y tajante ley del hielo que le levantó el hindú sin más. Fueron dos buenos años juntos. ¿Será que aún tenía oportunidad?

Ya Saga había perdido las esperanzas de ello. Desde cartas, chocolates, regalos, todo terminaba visiblemente en el bote de basura de su oficina, ante la vista de todos, como una forma de humillarlo públicamente por lo que le hizo. Y no se lo reprochaba. Luego de ya tantas semanas intentando decidió dejarlo así y esperar.

Cuando recibió el aviso de Shion, el director ejecutivo de la revista, sobre el reportaje, por un momento había tenido la idea de usar la oportunidad para poder tenerlo, recuperarlo, buscar la reconciliación. Pero el hindú fue muy tajante al hacerle saber que lo próximo que tendría que pagarle a su BMW no sería los parabrisas si llegaba acercarse.

Resopló para terminar de arreglarse, colocándose una camisa arremangada, unas botas y sujetándose el cabello. Verificó el estado de la cámara, cargó todo y se preparó para salir, puntual, tal como Shaka estaba acostumbrado a trabajar. Salió hasta la entrada del hotel y lo vio agitando su mano buscando aire fresco, visiblemente acalorado. El clima tropical era inclemente y hasta él tenía un calor insoportable. Lo curioso es que debido a la piel extremadamente blanca de Shaka, las mejillas las tenía ya sonrojadas por el calor. Sonriéndose de medio lado, se acercó a él por detrás, sin perder de vista lo bien que se le había enmarcado el pantalón jean, la camiseta roja que ya estaba un tanto sudada atrás y el montón de vueltas que le hizo al cabello sobre su cabeza para no tenerlo molestando.

—No importa que te pongas, todo te queda bien—halagó el griego de forma sincera, obteniendo de dulce respuesta la mirada amenazante del hindú.

—Te lo dije frente a Shion, en la oficina, frente al aeropuerto, en el avión y ahora te lo recuerdo aquí: Vinimos a trabajar. Y cualquier cosas que llegues a intentar aquí la pagará tu amado BMW—siseó, desafiante. El griego enarcó una ceja de cansancio.

—Te he pedido perdón, te he explicado, he dejado que me humilles frente a los demás al rechazar mis regalos de esa forma y aún…

—No Saga. Una infidelidad no la pienso perdonar. Ahora, guárdate tus palabras que ya la camioneta llegó.

No dijeron más, se embarcaron y como a la hora de camino llegaron al lugar, una hacienda del condado, en donde se habían reportado el mayor número de cabras muertas con las particulares heridas de dos colmillos y desangradas. Shaka curioso veía uno de los últimos especímenes asesinado mientras que Saga tomaba las fotos y nota. Luego grabaron una entrevista con el dueño del terreno, algunos de los trabajadores de la tierra y personas del lugar, para ir armando así el reportaje. Eran los mejores para ellos, durante su relación siempre cubrían los reportajes en dúo y Shion ya estaba consciente que si ellos se unían saldrían un buen trabajo y ya que ese artículo sería el principal del siguiente número necesitaban a los dos trabajando en él.

Casi para las siete de la noche los llevaron hasta el lugar donde acamparían, cerca de un rio, algunas palmeras y montarrales, se veía inhóspito y totalmente oscuro. Ya el dueño les había preparado la carpa, con las bolsas de dormir, bebidas y comidas dentro. Se despidió, no sin antes rezarle a la virgen de quien sabe que y desearles suerte.

La jornada nocturna parecía llevarse con tranquilidad. Saga había preparado la cámara nocturna para el sitio donde habían dejado la “carnada” al Chupacabra. Verificaba con sus auriculares toda la extensión al pendiente de un solo movimiento. No creía mucho en el cuento pero esperaba encontrar algo que lo desmintiera o lo confirmara, porque si ellos eran los que lo publicaran sería una buena impresión en su curriculum profesional. Ya pasada tres horas de tanto esperar, Saga empezaba a fastidiarse, y giro su vista hacia atrás. El rostro de Shaka era iluminado por la luz del monitor de la laptops que estaba utilizando, pasando las grabaciones y escribiendo las primeras partes del artículo. Tomaba una Coca-Cola desde el pitillo, con ese movimiento criminalmente sexual que tanto le gustaba. No podía negarlo, lo quería, lo deseaba y allí estaba, con él, en esa minúscula carpa a pesar de estar trabajando. ¿Podría negarse un intento? El griego ya lo sopesaba, porque al velo acostado boca abajo, con sus dos pies meciéndose en el aire, concentrado y esos dos glúteos que se aferraban con inmensa sensualidad en el jean lo tenían muy desbordado. Lo deseaba…

—Shaka…—no bien había terminado el susurró cuando ocurrió.

Un chillido, espantoso, había llamado su atención. Como Shaka tenía los audífonos no lo había oído pero los poros de Saga se encresparon al oírlo. La cabra que servía de carnada chillaba, gruñía enloquecida. El griego enfocó un poco más la cámara y allí veía… algo se movía alrededor de la cabra. Saga no lo creía.

—¡Shaka mira!

Pero nada, el rubio estaba muy concentrado en su trabajo como para escucharlo. Saga observaba pasmado aquello que empezaba a moverse, se le acercaba a la cabra, la cabra vociferaba asustada. Era espantoso, los sonidos eran espantosos y por mucho que intentaba enfocar sus auriculares para verlo de cerca, la maleza lo evitaba. Emocionado volvió a llamar a su compañero recibiendo la misma indiferencia y casi sin querer despegarse de la cámara, lo jaló por uno de sus hombros provocando en el hindú un gesto de visible incomodidad.

—¿Qué rayos…?

—¡Mira!—le decía el griego señalándole la cámara con desespero. En ese momento Shaka se quitó los audífonos y logró oír aquel gemido que le crispó los nervios.

—¡¡POR BUDA!!—saltó pegándose en la ancha espalda del mayor, agarrándole la camisa con fuerza— ¡¡¿Qué es eso?!!

—¡El chupacabra!—exclamó aún incrédulo el griego, tratando de quitárselo de la espalda para que viera la cámara—. ¡Ven Shaka!

—¡¡¡ESTOY TEMBLANDO!!!—clamó el menor asustado con tantos alaridos. Esa cabra balaba con todos sus pulmones.

—¡Ven amor!—le pidió jalándolo por fin para sentarlo frente a él y cubriéndolo con su cuerpo, ambos mirando la cámara. A pesar de los horribles sonidos Shaka estaba impresionando viendo esa sombra que le cayó encima al pobre animal—. ¿Lo ves? Es… ¡es impresionante!

—¡¡¡Por Buda!!!—exclamaba con los ojos desorbitados, aún sus labios abiertos de la impresión—. ¿Era verdad entonces?

—Tal parece…

—¡Por los dioses!—enfocaba más la cámara, lo veía extremamente concentrado y emocionado por el evento—. Saga, ¿sabes lo que significa esto? ¡Somos testigo y tenemos evidencia de que esto no es un mito!

—Lo sé, ¡lo sé!—pasaba uno de sus brazos derredor del cuerpo del rubio para acercarse más y poder ver. Sus rostros estaban uno al lado del otro, muy juntos—. Es impresionante… ya la cabra dejo de balar.

—¿Estará muerta o sólo desmayada?

—Quizás agonizando…

Se quedaron en silencio, absortos, viendo las imágenes en la oscuridad. Estaban emocionados, mucho como para notar que estaban demasiado cerca, que sus piernas y brazos se rozaban, que sus rostros estaban plegados una al otro. Hasta que finalmente, Shaka sintió el cálido aliento, el confort de estar en sus brazos y eso fue suficiente para acelerar el corazón. Volteó un poco su rostro y lo veía a él, de perfil, muy embelesado viendo las imágenes de la cámara, detallando así los labios gruesos entreabiertos de la misma sorpresa, las esmeraldas brillando con felicidad de ser testigo de ese acontecimiento. Contrariado, Shaka bajó la mirada, tratando de calmar a su cuerpo. Se decía mil y una veces que no lo iba a perdonar, su orgullo era demasiado valioso para hacerlo. Pero su corazón le clamaba, no había dejarlo de amarlo, ahora entendía eso, por eso no superaba esa traición, por eso le incomodaba tanto tenerlo tan cerca.

Lo excitaba…

Y ansiaba de nuevo esos brazos a la cintura, esos labios sobre su piel, sus dedos… su cuerpo.

Lo deseaba…

—¿Crees que se dé cuenta que lo estamos observando?—preguntó el griego en el oído del hindú, provocando un respingo por el aire caliente y húmedo.

—Espero que no… estoy muy joven para morir—comentó tratando de quitarse la idea de la cabeza.

—Mmm… si viene yo te protejo—Shaka subió la mirada incrédula.

—¡Yo me puedo cuidar solo!—rezongó el menor cruzándose los brazos. Saga volteó entonces para verlo, con la mueca de enojo del rubio que luego devolvió su vista a la cámara.

—Aunque puedas, inevitablemente me voy a meter—sus respirar se agitaron, sus corazones latían con fuerza. Ambos lo sentían, sentían esa necesidad de fundirse en un beso y dar por terminada esa riña. Ambos sentían que muy a pesar de todo querían realmente seguir estando juntos.

—No intentes hacerte el romeo ahora, griego. ¡No te queda nada bien!—replicó Shaka desviando la mirada.

—Me alegra compartir este evento contigo—le confesó sinceramente, acariciando la mejilla del rubio con el dorso de su mano—. Aunque me trates a las patadas, me alegra tenerte a ti antes que a cualquiera.

—Debiste pensarlo antes de meter a Aioros entre tus piernas—espetó el hindú indignado, con sus mejillas enrojecidas, su corazón acelerado.

—Fue un maldito error que nunca terminaré de penar— acortó el espacio, a gatas—. Te amo Shaka…—acercó sus narices, se clavó en los zafiros del rubio—. No me castigues más…—respiró su aliento, exhaló sobre los labios temblorosos—. Ten piedad de mi, Shaka…

—No quiero arrepentirme…

—No lo harás… lo juro…

Sus labios callaron, enjugándose nerviosos… Sus ojos se miraban buscando confirmación… Su corazón seguía acelerado, se habían olvidado del lugar que estaban, del trabajo, de las diferencias… Ansiaban, pedían… anhelaban… no alargaron más lo inevitable.

Se besaron, primero con lentitud, dándose tiempo de saborear y recordar el gusto de los otros labios. Se entregaron conforme la corriente que atravesaban sus pieles los ahogaba, los encendía, como una chispa en un campo de hierba seca, empezando a crear un verdadero incendio. Pronto sus manos se afianzaron en el rostro del otro, buscaban darles en ángulo, la profundidad, el espacio a sus lenguas que buscaban más y más de ellos. Eran ellos, sólo ellos… lo demás no importaba…

Sus manos buscaron el cuerpo del otro, se acercaron. Las piernas cruzaban una al lado del otro, una mano de Saga sostenía la nuca de Shaka, mientras o besaba cada vez más profundo, más apasionado y la otra mano apretaba una de sus piernas con deseos. El rubio se desvivía tocando el grueso y poderoso torso del mayor, aún cubierto con las camisas, consciente que el calor los obligaría a quitarse ya las ropas. No pasó mucho para llegar a esa etapa. Las manos del griego, ya azorado, empezaron a desabotonar la camisa del hindú, mientras este hacía lo mismo con la del gemelo. Y apenas la pudieron quitar de su camino, se fundieron en un abrazo y un beso cada vez más necesitado. A duras penas se daban tiempo de tomar aire para volver a besarse y sus cuerpos clamaban, clamaban más intimidad, clamaban volver a ser uno… amarse, perdonarse…

Pronto Saga lo hizo caer sobre una de las bolsas para dormir, cerrando la laptops y sin querer pateando dejaron caer la cámara que estaba en el trípode, la cual rebotó en otra bolsa para dormir. Sin prestar atención a esos detalles, simplemente se entregaron a las caricias y a los besos. Saga bajaba con sus labios y lengua por el cuello del rubio, haciéndolo gemir, sonoramente, sin reparo alguno, mientras sus manos desabrochaban. Se entretuvo en su pecho de marfil, mordió y succiono de sus tetillas, subió de nuevo para verle el sonrojo a su amante y sonriéndole de nuevo, lo besó consecutivamente.

Entre ambos los besos fueron bajando, ninguno se quería quedar quieto, los labios de ellos surcaban, quitaban los jeans del camino, se desnudaban ansioso, riéndose en el proceso ante el desesperó del otro. Sin prestar atención a lo demás, con solo ya el canto de los grillos y el agua del riachuelo. La naturaleza y ellos… Eso terminó por desbordarlos y ya estando frente a lo que buscaban, no necesitaron permiso para tomarlo con sus labios y saborearlo como si fuera peña de agua viva.

Las espaldas se arqueaban… gemían en cuanto sus labios eran libre, succionaban con el alma, la lengua viajaba recorriendo la punta, bajando por el tronco, lamiendo, bebiendo, besando, mordiendo. Y el temblor agitaba sus pieles, y sus dedos acariciaban las bolsas gemelas, la intimidad de la cueva, sus piernas, todo en cuanto tuvieran, en cuanto desearan… se entregaba diciéndose con las caricias cuanto se habían deseado, cuanto habían esperado por ese momento. Hasta que sus cuerpos sucumbieron. Saga moviéndose volvió a patear la cámara que cayó inclinaba mas allá, sin importarle, mientras buscaba besar de nuevo a su pareja, darle a probar de su esencia.

—Te amo Shaka…—volvió a decirle, retomó su cuello con otro beso—. Pensé que ya no podría tocarte…

—Debería, haberte castigado más…—musitó el menor con una risilla.

—Eres muy cruel…

Se rieron un rato, volvieron a abrazarse, a besarse, a acariciarse… finalmente a fundirse. La coral que tenían dentro era rítmica, clamores pidiendo más, gemidos diciendo te amos, risillas traviesas y reclamos por una mordida mal dada o una palmeada en reprimenda; Saga y Shaka volvían a hacer el amor, sin darse cuenta que la cámara los estaba grabando.

Cuando cavaron de nuevo, ya enrevesados en placeres, Shaka lo veía con ojos envueltos en un aura espesa, en el mismo orgasmo aún. Ya la cámara ni la veían y tampoco pensaban ir a buscarla, debía estar por allí. Comprendiendo que ya el sueño los estaba dominando, Saga tomó el cuerpo del rubio y lo colocó sobre él, en su pecho, acariciando cada hebra. El hindú se dejó hacer, cerrando los ojos, preparándose para dormir mientras que con una de las mantas que le habían dejado el gemelo lo cubría.

—Te amo Shaka… sinceramente yo…aún tengo en casa lo que quería darte por nuestro segundo aniversario—suspiró, buscando la forma de decirle eso que no pudo—. Shaka, yo ya estaba buscando un apartamento para… para pedirte que vivieras conmigo—no hubo respuesta—. ¿Te gustaría aceptarme esa propuesta ahora?—más silencio—. Si no quieres aún, yo entenderé… ¿Shaka?—lo movió un poco para darse cuenta que estaba ya dormido. Se sonrió, incrédulo—. Te extrañé mucho…

Así amaneció, Saga despertó primero, con una sonrisa en labios. Tenía a Shaka de nuevo a su lado, las evidencias de que no era precisamente un rumor y de seguro, el mejor reportaje en su carrera. Despertando al rubio a punta de besos, lo hizo vestir para que estuvieran preparados para cuando fueran a buscarlos. Ya con todo en mano, salieron de la carpa para ver a la víctima, la pobre cabra, como las otras. Tomaron fotografías mientras Saga veía que la cámara con la que grababan estaba apagada. Eludió que quizás se había dañado con el golpe pero mientras estuviera la memoria intacta todo estaría bien. Efectivamente sacó el chip y al colocarlo en la laptops, vio que no se perdió información. Sin revisarla por completo y viendo que ya habían ido a buscarlos, se fueron.

Al llegar de nuevo a Grecia, todos se reunieron para saber dos cosas, si se habían reconciliado y si era verdad ese rumor. Saga llegó como quien hubiera matado un león y oso pardo con las manos mientras que Shaka tenía cara de haber alcanzado dos veces el nirvana en la misma noche. Sin detenerse a corregir el video y demás, todos los asaltaron para ver que habían encontrado.

—¡El Chupacabra existe y aquí está la prueba!—declaró con supremacía. Shaka sonreía con seguridad.

—¡¡No me digas!!—exclamaba Milo perplejo y emocionado.

—¡¡Quiero ver eso!!—pedía DeathMask sin creerlo del todo.

—¡Vamos, suelta ya griego!—Afrodita secundaba con cierta malicia.

—Ya verán, ¡¡ya verán!! Nuestras vidas corrieron peligro…—dramatizaba el gemelo ante la mirada brillantina de un Milo que se estaba creyendo el cuento al pie de la letra.

—Y supongo que pusiste tu gran pecho griego para proteger a tu amado hindú a quien le pusiste los cuernos—rezongó el sueco ya ansioso de ver las pruebas verídicas. DeathMask se adelantó y logró quitárselas a las manos de Saga.

—¡¡Vamos a verlas ya!!

Sin decir más, el italiano y Milo se fueron hasta el computador del salón de periodista, colocando el proyector de imágenes en la pared. Camus, quien se había mantenido en silencio, observaba todo con análisis. Y así empezó a corre el video. Afrodita no muy convencido se había quedado en la puerta, Milo estaba que se pegaba a la pared para ver mejor y el italiano aunque no quería develarlo estaba muy ansioso. Pronto oyeron los sonidos y Milo fue el primero que tembló en el asiento, mientras el sueco tenía sus aguamarinas desorbitadas. Los alaridos aumentaban, la sombra en la maleza, la cabra queriendo huir… DeathMask veía todo con una sonrisa sádica, emocionado y hasta Camus, el más frio, se había levantado de su asiento asombrado con lo grabado. Shion entró y también observó todo, sus ojos avellanas se abrían impresionados ante lo captado por la cámara.

Viendo las expresiones de sus compañeros, Saga y Shaka no pudieron evitar sonreírse por su triunfo. Una mirada discreta, para no levantar sospechas aún y así mantenerte su reconciliación a escondidas por un rato… o eso pretendía…

Porque en cuanto se escucharon los gemidos y te amo en el salón, ambos desviaron espantados sus rostros para el proyector y veían, más pasmados aún, las siluetas de sus cuerpos entregándose. Saga se puso rojo hasta la oreja, impresionado y Shaka en cambió perdió el color hasta casi transparentarse. De inmediato los zafiros se clavaron en el griego de forma incriminatoria y Saga no halló de qué forma salir de semejante escena. DeathMask y Afrodita empezaron con sus bromas, Milo no quitaba la vista de las imágenes y Camus tampoco se veía molesto.

—¡¡LO HICISTE A PROPOSITO VERDAD!!

—¡Te juro que no Shaka! ¡Ni siquiera me fije…!

—¡¡¡ERES UN MALDITO INFELIZ!!!

—¡CALLENSE QUE NO DEJAN OIR!—reclamó el griego menor como si estuviera viendo cine dominical

—¡¡¡QUITA ESO DEAHMASK!!!—Pidió Saga desesperado

—NI LOCO ¡¡¡PERO QUE PORNO!!!

—¡Se están dando con todo!—exclamó el sueco divertido.

—¡¡¡No soporto esto!!! ¡¡¡DESPIDETE DE TU BMW, GRIEGO!!!

—NO SHAKA, ESPERA, TE JURO QUE YO NO…

—No lindo, tú no te vas de aquí—se interpuso el sueco disfrutando del evento.

—¡Waaa! la cámara se movió…—reclamó Milo al ver que ahora se veía solo las telas pero los gemidos seguían, y esta vez eran hasta gritos.

—Vaya Saga, ¡lo estabas matando!—comentó Camus con una ligera sonrisa. Shion no decía nada peor tampoco perdía detalle.

—Si Shaka ¡¡pide más, pide más!!—clamaba el italiano como si de una carrera de caballo se tratase.

Shaka tenía sus dorados cabellos crispados. Saga buscaba calmarlo. Afrodita y DeathMask le daban porras al griego que embestía al hindú. Milo decía que Shaka gritaba bastante para lo quietico que se veía, Camus ya sacaba sus propias conclusiones al igual que Shion que en algún momento paso su mirada severa a ambos periodista por estar haciendo relajo en horas de trabajo. Al sentir esa mirada los dos detuvieron su discusión y tragaron grueso, ya viéndose fuera de la planilla de nomina de la revista.

Hasta que llegó los dos gritos de triunfos que delataban que habían llegado. La sala se llenó de aplausos burlones mientras Shaka deseaba desaparecer y Saga no hallaba que hacer o que decir. Ahora sí, no sólo debería despedirse de su BMW sino de su rubio a quien acababa de recuperar.

—Te odio Saga Géminis…—murmuró entre dientes, con zafiros enrojecidos de ira—. ¡¡TE ODIO SAGA GEMINIS!! ¡¡No habrá manera que…!!

“—Te amo Shaka… sinceramente yo…aún tengo en casa lo que quería darte por nuestro segundo aniversario. Shaka, yo ya estaba buscando un apartamento para… para pedirte que vivieras conmigo. ¿Te gustaría aceptarme esa propuesta ahora? Si no quieres aún, yo entenderé… ¿Shaka? Te extrañé mucho…”

Y se acabó la batería de la cámara por lo que la grabación quedó hasta allí. Un silencio sepulcral llenó la sala de periodista.

Los zafiros volvieron a ver las esmeraldas de Saga. Saga estaba sin palabras, rojo hasta la oreja, sin saber que decir en ese preciso momento…

Las palabras parecían sobrar…

—Eres un imbécil…

—Shaka…

—Tiene que ser un apartamento grande, de al menos entre el cuarto y el octavo piso. Vigilancia, seguridad, con calentador de agua y si se puede una vista bastante prometedora—el griego se sonreía—. Y… deberás prestarme tu BMW.

—¡Todo menos el BMW!

Se sonrieron cómplices, te abrazaron frente a todos. Ya que, si los habían visto teniendo sexo un abrazo no iba a mejorarles la imagen. Los demás luego jugaron con el asunto. Shion no dijo nada…

Que importaba, al igual que los cuernos de Shaka quedaron a la luz pública también su reconciliación fue, debidamente, reportada.

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