Perdonado (Songfic)

Shaka piensa en lo que perdió desde la muerte de Saga

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Temas: Yaoi, Angst, Drama, Romance, Songfic
Personajes: Shaka, Saga
Resumen: Shaka piensa en lo que perdió desde la muerte de Saga
Dedicatoria: A Karin, Athena_Arianna, Ale_Chan, Kimee, Lola, Sahasara y todas las miembros del club Santísimo Pecado Geminis x Virgo. Material por el Torneo de Pareja Saga de Geminis, duelo contra Aioros
Inspiración:
La canción me inspira Within Temptation – Forgiven

Perdonado

La mañana había arropado todas las doce casas, el recinto sagrado, todo ese lugar que juraron defender con sus vidas. Shaka de Virgo de nuevo se levantó de su eterna posición, con pasos orquestados, elegantes, cierta pesadez en sus facciones, luego de horas meditando…

Realmente no meditaba…

Toda una noche tratando de conseguir la pieza al acertijo donde estaba inmerso desde aquella batalla. Todas esas horas destinadas al final al nimio proceso de rememorar una y otra vez aquellas pistas que él dejó de lado, las veces que sintió que algo tomaba forma dentro de aquel hombre a quien protegió, y hizo caso omiso porque fuera de esa entidad estaba la bondad tan pura y palpable de su esencia, que no había sido corrompida, que seguía tan fuerte y palpable como siempre…

Y así llevaba toda una semana…

Sólo una semana de recuerdos y evocando memorias era lo que llevaba. Una semana combatiendo contra sí mismo y preguntándose, una y otra vez, donde se equivocó.

Una semana extrañándolo… paladeando aún el sabor incierto de sus labios en aquel beso fúnebre con olor a jazmines, incienso y fría muerte… Papando aún en sus manos la textura de su piel, recordando sus facciones una y mil veces antes de entregarlo a la tierra y esperar, impotente, que la naturaleza siguiera con el proceso…

No podía salvarte del principio

Terminó concluyendo esa simple frase luego de horas debatiendo con su consciencia, con sus recuerdos, sus argumentos, sus temores… su vacío… Y aunque al parecer esa era la respuesta correcta, muy a pesar de que posiblemente él no podía hacer nada para ayudarlo, que sólo Athena era la persona y ente capaz de salvarlo… le dolía… le dolía encontrarse tan impotente e incapacitado…

Darse cuenta que no pudo haber hecho nada aunque así lo hubiera querido…

Que muy a pesar de haberse dado cuenta a tiempo de que ocurría con el patriarca… No, con Saga… él…

Le hubiera seguido…

De la misma forma, hubiera seguido a su lado, lo hubiera defendido… porqué él no seguía el ideal, ni la máscara, mucho menos el puesto… él seguía la esencia…

Amarte tanto daña mi alma

Y ese fue su mayor error, el error que no podía confiar a su diosa, esa niña que se dejaba guiar por su corazón y a la cual, no podía juzgar. Él exactamente hacía lo mismo… permitió que fuera su corazón quien dictaminara quien era el merecedor de su fidelidad… a quien llamaría justicia, muy a pesar, de que era incorrecto. ¿Podría reprochárselo? Shaka de Virgo caminaba con pasos delicados por las columnas de su templo, resintiendo el dulce viento que se colaba por la estructura, jugando entre las sombras y la luz, entre nostalgia y recuerdos…

Sabía, que de haber retrocedido el tiempo, él seguiría creyendo en él.

Que muy a pesar de conocer su verdadera identidad… él le ayudaría

¿Puedes perdonarme por intentarlo otra vez?

Porqué sí, lo intentaría una y mil veces, salvarle la vida, perdonar su alma, darle reposo a ese cuerpo que creía era de siglos… alentarle, confortarle, guiarle, acompañarle…

Lo haría por siglos si era necesario…

Tu silencio me hace sostener mi aliento
El tiempo ha pasado por ti.

Más sin embargo, ya no había oportunidad para ello. Shaka de Virgo estaba consciente que ya el tiempo de recuperar, de confirmar, de ayudar, de salvar… se había acabado. Trece años a su lado en silencio y siguiéndole fielmente sólo le había dejado la sensación vacía de no haber podido hacer nada para protegerle de su propia maldición…

Fue ciego…

Y repetírselo por enésima vez en ese día sólo provocó un ligero escozor en la boca del estomago, imperceptible la sensación si se detenían a ver el siempre sereno semblante, la máscara fría y vacía con la que escondía de sus compañeros su verdadera situación, su pelea mental, aquella que empezó desde el mismo momento que Fenix le superó y sembró la duda en su corazón… aquella que persistía a pesar de que los días habían pasado…

El silencio de él… lo mantenía simplemente atado a memorias que dolían.

Y con ello, una y otra vez, se encontraba lacerándose a sí mismo con lo que pudo hacer, con lo que quiso hacer… con su impotencia, su incapacidad… su error…

Oh, por tanto tiempo he tratado de protegerte del mundo

Aunque había intentado protegerle de todos, de los traidores, ejecutando  su poder y su justicia en contra de aquellos que levantaban sus manos a él; de nada sirvió.

Oh, no podías afrontar la libertad en ti mismo

Porque realmente el enemigo principal de ese hombre tras la máscara no era externo. Era una lucha interna y tan escondida como la que en ese momento Virgo sostenía, subiendo su rostro en dirección al recinto patriarcal al que siempre visitaba.

Él debió protegerlo de sus profundos demonios… y no lo hizo… por ello…

Aquí estoy abandonado en el silencio

Quedó solo… solo con su maravilloso poder, solo con su increíble renombre… solo como sobreviviente, incluso como héroe… pero solo, mortal y absolutamente solo, sin tener ahora a quien seguir, a quien proteger…

Su deber decía que a Athenea…

Pero sinceramente Shaka no sentía apego alguno por ella… al menos no en ese momento…

¿Cómo podía si ella no pudo salvarle antes de tiempo?

Más su corazón fue interpelado por la razón para hacerle entender que nadie podía salvarlo, porque…

Tú dejaste la lucha
Tú me dejaste atrás

Y aún así…

Todo eso está perdonado

Con trémulo suspiro, Shaka de Virgo soltó el aire contenido en sus pulmones. Aquel sentimiento de soledad le abrumaba. Si bien siempre había prescindido de establecer contacto social con sus compañeros; al saberse el más cercano del patriarca y apoyarle le era más que suficiente. Pero no, ya nada de eso quedaba, muchas heridas quedaron marcadas, muchas preguntas en el aire… muchas cuestiones sin respuestas.

Pero a pesar de ello… del tiempo, de saberse traicionado, incluso usado como le gritó Milo cuando intento hablar con él, manipulado como le sentenció Aioria… él no podía albergar rencor hacía Saga…

Tú siempre serás mío
Sé profundamente que dentro
Todo eso está perdonado

Su amor era mucho más grande e importante que lo demás. Saberse usado, o manipulado, no le importaba. Creía en él, seguía haciéndolo… y por los dioses eso era lo que lo mantenía atado a tierra sin poder elevar su alma al infinito en busca de paz. Lo que lo claustraba inclemente a la realidad, a la nostalgia, a ese sentimiento tan humano, tan mortal y tan doloroso que ni su nombre de divinidad le daba alguna paz.

Porque pese a ser engañado… ese hombre fue suyo…

A él le mostró las dos caras, a él le permitió estar a su lado, aún a pesar de ser él quizás la pieza que podría derribarlo. Fue suyo… fue de él… fueron uno tan incontables veces como los segundos que se gritaba en sus adentros los deseos de partir la maldita máscara que lo mantenía sometido en una falsa aura celestial. Fue suyo… bebió de su cuerpo, bebió de su alma… entre la violencia y la ternura… entre el amor y el placer carnal… entre lo divino y lo mortal…

Fue suyo… y por eso, aún sin entenderlo… lo perdonaba.

Miré las nubes que van a la deriva lejos
Aún el sol no puede calentar mi cara

Asomándose por la salida de su templo, subió una mirada vacía hasta el templo patriarcal de nuevo. Necesito caminar…

Decidió salir de su templo y seguir de nuevo, como siempre, como estaba acostumbrado; el camino que lo llevaba a la gloria y en ese momento sentía que lo llevaban al mismo tártaro. Escalón a escalón fue subiendo, sólo sintiendo el sol en su rostro, una caricia tan vana y tan irreal que sólo le provocaba zozobra. Pasó por el templo de libra y se preguntó por cuánto tiempo el viejo maestro había “dudado” de él…

Dudas…

Sé que fue destinado para equivocarse

¿Acaso era el destino? Dos santos de oro habían dudado, había visto algo que él no vio estando cerca. Y esa sensación de haberse equivocado, de haber cometido un mismo error, haber actuado, de nuevo, tarde: seguía lacerándole el alma. O quizás, Saga no buscaba ser salvado… de haberlo buscado no hubiera terminado con su vida él mismo…

Tú buscabas la gran fuga
Ahuyentar a tus demonios lejos

¿Y acaso eso no podía hacerlo con vida? ¿Por qué prefirió la muerte antes que una oportunidad? Con desazón en su pecho, fue pasando por Escorpio, sintiendo con una leve afinidad el cosmos apagado de Escorpio, aún de luto. Suspiró atolondrado de tantas cosas, queriendo despejar los pensamientos que de nuevo lo agobiaban. Porque una y otra vez le recordaba su más intimo deseo.

Oh, por tanto tiempo he tratado de protegerte del mundo
Oh, no podías afrontar la libertad en ti mismo
Aquí estoy abandonada en el silencio

Salvarle… ¿Por qué no pudo salvarle? Mientras pasaba por los escalones vacios de Sagitario, aquel hombre que fue considerado traidor y resultó ser un héroe; Virgo sentía un vacío en su estomago. ¿Acaso era tan difícil darse cuenta que no pudo salvarle? ¿Tomó la decisión incorrecta? ¿En vez de bajar hacía Aries, a buscar respuesta; debió subir con Fénix y confrontarle? En cierta forma, él había confiado en la bondad de su patriarca y había sentido esa pelea mortal entre el bien y el mal que sostenía. ¿De nuevo le dejó la decisión?

De nuevo su puño atentó contra su misma carne…

Y esa sensación de haber vivido lo mismo una segunda vez no le abandonaba.

Pero de nada valía pensar en eso… quizás aún si hubiera llegado con Fenix… quizás aún de haberlo confrontado directamente… Saga se habría suicidado de la misma manera…

Tú dejaste la lucha

Pensaba de nuevo en ello mientras cruzaba los escalones de Capricornio hasta Acuario, desolado, sin comprender aún porque Saga prefirió destinarse ese puño antes de pedir el perdón y remediar sus acciones… porque su bondad se tiñó de cobardía para afrontar sus pecados… Porque no lo espero, al menos, para destinarle una última vez una mirada comprensiva, regalarle por fin su máximo pedido. Abrir los ojos, mostrarle sus irises azules a aquel que tanto amaba… no como el castigo de los dioses a los mortales, sino como su mayor tesoro del cielo al hombre que amaba…

Tú me dejaste atrás

Y aún así…

Todo eso está perdonado

Perdonado… perdonado porque a pesar de todo…

Tú siempre serás mío

La muerte no cambiaría eso… con la muerte jamás se borrarían el paso de caricias, el paso de besos, aquellas palabras que en la oscuridad de la recamara patriarcal se destinaba el uno a otro. Aquel sortilegio que ellos mismo activaron, provocaron, disfrutaron hasta hartase y atarse el uno al otro con cadenas más fuertes que el oro que gobernaba sus armaduras… más infinito que la fuente del cosmos que yacía en sus espíritu.

Sé profundamente dentro

Seguía siendo suyo, él de aquel… nada podía cambiar esa simple característica de su cuerpo, alma y mente. Porque aún después de muerto… lo amaba… lo añoraba…

Y sin importar que la muerte y aquel puño hayan atravesado su propia armadura, llenado de sangre su pecho, aplastado su corazón…

Sin importar que la muerte le hubiera arrebatado el brillo esmeralda de sus ojos, y le hubiera robado el último suspiro… su último aliento…

A pesar que ni siquiera esperó por él, su más fiel… para castigarse…

Todo eso está perdonado

Y pensando en esa absoluta verdad, en eso único que era claro en su vida desde su muerte; Shaka cruzó el jardín de Afrodita de Piscies. Sintió de nuevo ese aroma delicioso de las rosas de la muerte, que tanto aspiró… que tanto se llevó en su cabello hasta llegar al salón patriarcal, arrodillarse frente a él, decirle con su cuerpo, su alma, su entrega y fidelidad que él era su justicia… Aquel lugar que fue no sólo su refugio, sino su templo… el centro de su máximo pecado capital… el escondite donde Shaka se convertía en hombre y dejaba su divinidad muy lejos…

Y deseaba volver a hacerlo… Deseaba quebrar su máscara al menos… al menos una vez…

Lejos de todas las miradas, en las alturas donde él lo había llevado… en el lugar que siempre le correspondió… en aquel espacio en su vida y su gobierno al que Saga le abrió las puertas voluntariamente y él se dejo llevar, marcar, enclaustrar, con obediencia y orgullo. Había sido su más cercano… le había seguido sin titubear. Las horas entre preparaciones tácticas y encuentros fortuitos lo habían marcado de forma tal que en ese momento, justo en ese instante que los escalones de la cámara patriarcal eran pisado por sus botas doradas, Shaka lo entendía…

He estado tan perdido ya que te has ido

Había perdido su brújula, su norte, la razón de su honor, de su orgullo. La causa de sus fuerzas y de su entrega, la consecuencia ede su fidelidad. Lo que más amaba, lo que más cuidaba. Lo que sintió que lo hacían afortunado, escogido, amado, admirado… Había perdido la fuente de sus fuerzas, de su sacrificio desmedido, de las veces que durante años le había dado todo, todo en cuanto pedía y deseaba…

Y no debió ser así…

Si él era su escudo, él debió caer primero…

Y es que durante todo eso trece años, Shaka había imaginado que si alguien debía saborear primeramente el amargo sabor de la muerte, era definitivamente él. Prefería ser él quien muriera primero, protegiéndole, como asi lo había deseado. Intento entregar su vida siete años atrás, le seguía fielmente y estaba dispuetso a enfrentarse a una guerra de mil días por protegerle.

Shaka estaba dispuesto a morir, por él, por proteger su bondad, por proteger aquella justicia deliciosa que le había regalado en tantos momentos las más dulces de las fantasías, falacias, con las que lo tuvo ciego durante años.

¿Por qué no yo antes de ti?

Y volvía hacerse esa pregunta por enésima vez, sin conseguirle respuesta…

¿Y porqué de nuevo se preguntaba que debió haber muerto antes que él?

Era lo que debía ser, era la ley natural… Si Shaka era su máximo y más cercano protector… morir antes de él era el orden lógico de las cosas… la forma en la que quería que terminara su vida…

Shaka quería morir por él, estaba dispuesto a hacerlo… En ese justo momento, que estaba frente al trono vacío del patriarca, donde descansaba el yelmo de su autoridad; Shaka de nuevo, con ojos abiertos, lloraba en silencio…

Porque a pesar de ser él quien debía morir, Saga prefirió atentar contra su integridad, su vida…

Porque del máximo enemigo de quien lo debió salvar, no fue capaz de hacerlo…

Él mismo Saga se arrebató el aliento y él no pudo hacer nada para impedirlo, más que sentir en las lejanías su cosmos despidiéndose sin palabras en un murmullo sordo que sólo él, nadie más que él, había escuchado. Tan directo en el alma que sin verlo aún tirado envuelto en sangre ya le había dado indicios de que Saga había decidido morir…

¿Por qué me engañó el destino?

Y se sentía de nuevo burlado, mofado por el destino al que tantas veces él había atribuido el final de su vida. Shaka le había dicho a Aioria siete años atrás que si moría en aquella misión era porque el destino lo había dispuesto…

Destino…

¡Qué gran aberración!… que forma tan asquerosa para adjudicar los azares de la vida, las consecuencias de las causas, a algo tan fuera y tan externo como para no sentirse culpable… Para sentirse libres de juicio, no ser juzgado por la más miserable cobardía.

Destino, la mueca irónica con la que Mu le dijo: No actúe antes porque era el destino probar a Athena…

¿Y qué le importaba a él lo que el maldito destino le tenía preparado?

¿Qué le importaba ahora que había perdido lo que más amaba?

¿Qué le importaba si ahora no tiene a nadie a quien proteger?

Todo se tornó tan incorrecto

Era incorrecto… él debía estar muerto… aquel con vida… y así cayó sobre el amueblado respaldo del trono, subiendo los escalones que jamás representaron una separación para él… aquellos que aquel bajaba para ponerse en su nivel, hacerlo sentir una vez más: igual.

Incorrecto era aquel sentimiento que le provocaba ahora mismo clavarse su puño y explotar, estallar su corazón junto al de él, acompañarle al averno y encontrarlo una vez más.

Incorrecta esa enferma forma en la que deseaba aliviar la sequedad de sus labios con un beso húmedo antes de que el fuego también lo calcinara…

Tan contrario el deseo de retroceder el tiempo… de salvarle… de buscarle… de volverlo a tener dentro de él…

¿Por qué me abandonaste en silencio?

Y de nuevo lloraba victima de ese dolor tan humano que pensó que jamás sentiría… mucho más fuerte que aquel con el cual le recriminó a Buda el sufrimiento humano.

Y ahora lo conocía… el más absurdo, burdo, doloroso y crudo dolor y sufrimiento mortal arrancando cada latido de su alma y sumiéndola a un laberinto de contradicciones que tal que no, ni meditando podía alcanzar sosiego…

Marcaba ahora con lágrimas trémulas aquel lugar… con tanto dolor… con tanta ira… conteniendo maldiciones a la diosa que solo vino a arrancarle de sus brazos lo que por años había protegido… Y solo… mortalmente solo de nuevo… ¡¡MIL VECES SOLO!! Y sollozaba buscando en aquel lugar aún el rastro de su aroma corporal… deseando castrar su vida, anclarla en ese ínfimo objeto, secar sus lágrimas con ello y buscar… buscar una razón para seguir viviendo… para seguir respirando… para seguir caminando…

Tú dejaste la lucha

¿Para qué luchar si la persona por la que lucho ha desistido? ¿Para qué pelear por vivir si aquel se rindió ante la muerte?

Tú me dejaste atrás

De lado, abandonado, huérfano de nuevo con esa sensación de haber perdido la mitad de su vida, alma y cuerpo en el mismo momento que ese puño destrozo aquel corazón…

Una segunda vez…

Una tercera…

Ya no sabía cuántas… pero sentía que esa maldita escena, esa misma sensación, de ver a uno matando al otro, bondad y maldad peleando entre sí, era, algo que ya había vivido…

Y le pesaba…

Pero aún sí…

Todo eso está perdonado

Porqué sin importar que… sin importar que la muerte se estuviese comiendo en esos momentos la carne, los músculos, esa piel, esos huesos…

Tú siempre serás mío

Y estaba plenamente convencido de ello… Saga no dejó de ser suyo… ni él dejo de ser de Saga. Ambos se pertenecían en un acuerdo absoluto y siniestro que los había llevado a un espiral de amor, placer culposo, carnalidad y divinidad… su santísimo pecado… aquel que sabe que es un error y aún así…

Sé profundamente dentro

No se arrepiente de ello…

Porque muy a pesar del dolor que en ese momento lo azoraba, de la soledad que lo abrumaba, de lo que decían sus compañeros… del como lo juzgaban y hasta algunos lo miraban con lástima… él estaba seguro, que entre todos sus errores, el mayor era amarlo… y jamás pediría perdón por ello…

Tragó con pesadez al cerrar sus ojos, allí recostado entre la alfombra, sin el fuego que adornaba la sala, en la oscuridad, con la frialdad tan pulsante de su ausencia…

Allí de nuevo amándole con toda sus fuerzas y si… creyendo… aunque fuese una vil mentira… que Saga lo amó con tanta profundidad como la de él…

Y si no fuese así…

—Te amo Saga…

Todo eso está perdonado

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