Un Poco de Color y Vida (Cap 10)

Luego de salir de la casa del abogado, Shaka tiene mucho que meditar, sobretodo en su pasado, mientras Saga se anda preparando para regalarle algo. ¡Que ocurrirá con sus sentimientos?

Anuncios

Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Luego de salir de la casa del abogado, Shaka tiene mucho que meditar, sobretodo en su pasado, mientras Saga se anda preparando para regalarle algo. ¡Que ocurrirá con sus sentimientos?

Capitulo 10: Descubrimientos

El viaje de autobús se le hizo corto… incluso, ni siquiera detalló la cantidad de personas que bajaron y subieron en ese trayecto. A la anciana que se le sentó al lado con un niño que lloraba sin tregua, ni a la jovencita que no le quitó la vista durante todo el trayecto. Simplemente Shaka estaba inmerso en sus propios pensamientos y fue así que llegó hasta su parada, caminando hasta el edificio. Era apenas las tres de la tarde, no había llegado tan temprano a casa desde hacía semanas. Pensar que quizás llegar tan temprano y encerrarse iba a ser contraproducente…

Prefirió caminar…

Sus pasos lo llevaban a ningún lugar. Sus manos dentro de los bolsillos, el andar pausado, la mirada vacía tras sus espejuelos; percibía las personas que le dirigían la mirada y hasta le rozaban mientras caminaba y no, no sentía nada… ¿Qué sentir? Shaka estaba inmerso en un estado de soledad abrumador que ni aun estando entre la gente, podía comprender o asimilar que era parte de ella.

Fue así que llegó a un parque, a unas cinco cuadras de su centro residencial, terminando por sentarse en una banca debajo de un árbol, cerca de unos ancianos que jugaban ajedrez en las mesas apostadas, con aquella mirada analítica, ese aire de sabiduría. Sus ojos azules los veía con contemplación fija, detallando las jugadas que eran aplicadas en pleno duelo mental, la forma que los ancianos se sonreían y se miraban retándose mutuamente, con esa experiencia enmarcada en cada cana, cada arruga, en sus pupilas opacadas por los años.

Pronto una pelota de futbol llegó hasta sus pies. Un grupo de muchachos de unos doce años fueron a su encuentro para pedirla y él amablemente la pateó hacía ellos, ayudando que se reintegrara el partido que jugaban. Era al menos uno diez muchachos. De alguna forma a algunos los había visto en las paradas, los reconocía y le asombraba verlos tan alejados de su comunidad. La pelota de futbol iba de un lado a otro en el campo, entre las piernas de los menores, con mucha pasión aunque tal vez no todos eran muy buenos y quizás no dominaban la técnica.

Un interesante contraste…

Shaka veía a un lado a los ancianos debatiéndose con ajedrez y al otro a los jovencitos luchando con futbol… La sapiencia contra la energía, la sabiduría contra la pasión, dos fuerzas tan profundas en el hombre que se van enmarcando y posicionando conforme pasan los años… Ya Shaka no tenía esa vivaz fuerza de un adolescente… y aún carecía de la sapiencia de un anciano… Shaka estaba en la mitad del camino entre la juventud y la adultez…

Pero entre ambos caminos, estaba más cercano el de niño…

Sonriéndose, Shaka decidió entonces involucrarse en el camino de los jóvenes, pedirle que les abriera un espacio para jugar. Su cabello atado en la cola alta, su jean, una camiseta blanca que había traído de repuesto para cuando regresara a casa y aún el bolso de medio lado; se acercó a ellos pidiéndole una oportunidad. Los chicos no creían que pudiera jugar. Su apariencia no era justamente la de un futbolista y como jóvenes que eran, se dejaban llevar por ella. Una sonrisa de eterno control adornó el rostro del decorador y le pidió que le lanzaran la pelota. Así hicieron…

El balón golpeó con su pecho, fue controlado por la rodilla izquierda, luego la derecha, una tres veces más siguió a merced de ambas rodillas antes de que una patada con su derecha la llevara hasta la red de la portería. Los jóvenes emocionados entonces empezaron un nuevo juego, quitarle la pelota al invitado.

Como tenía años sin hacerlo, Shaka de nuevo tenía el balón entre sus pies, corriendo a un lado a otro, pasando el esférico, distrayendo a sus pequeños contrincantes, riéndose en el proceso en la faena de tratar de mantenerles el ritmo. Sus prácticas de Yoga le ayudaba a tener controlada la respiración, aunque era evidente que la falta de práctica pronto le pasaron factura. Finalmente se tiró en la grama, agotado, rendido ante la fuerza y la energía de esos jóvenes que por más que eran evadidos seguían persiguiéndolos como si tuvieran batería eterna.

Se sonrió reconociendo… ya no era un niño.

Pasó un poco más de media hora para volver a reintegrarse a la jugada, con otros niños que se unieron y olvidándose que la ropa que tenía no era precisamente para jugar. Los ancianos a veces se desligaban del juego de ajedrez para ver el extraño cuadro de aquel joven que era visiblemente bastante mayor, jugando con esos niños, sonriendo, y recordando… Shaka recordaba, recordaba las prácticas a las que iba y que al final de la tarde su padre lo buscaba, con ese porte estoico, con esa mirada fija, pero llena de un orgullo brillante. Su padre quizás no era de sonreír, mucho menos de abrazar, pero lo sabía, sabía lo orgulloso que había estado de él, le escuchaba la forma con la que hablaba tan feliz de él a sus amigos, como lo presentaba como su único varón, su primogénito. Y claro, él sabía que las circunstancias de su nacimiento habían sido complicadas, que luego de él su madre no pudo concebir y que estuvieron a punto de perderlo…

Shaka era su mayor tesoro…

Entre el sudor, entre la llovizna que empezó a refrescar la tarde calurosa, entre la excitación, la adrenalina drenando mientras seguía jugando…

Entre sus frustraciones y pasado, entre sus recuerdos y heridas añejas…

Shaka sonreía, porque él era río.

Sin importar cuantas piedras trajera a su paso, cuanto recorriera, cuanto tuviera que enfrentar. Derrumbaría lo que hubiera de derrumbar, destrozaría, invadiría, conquistaría… Porque su única opción era llegar al mar…

Su esperanza era llegar al mar…

“Me dijo que para dormir le gusta escuchar el sonido del mar, el océano parece ayudarlo a despejar sus pensamientos. Es curioso que sea el vaivén de las aguas lo que más lo calme. Es curioso porque su personalidad indica ser igual de voluble, dependiendo de otro factores puede tornarse sereno o violento en cuestión de minutos.”

Mientras veía a los jovencitos buscando refugio ante la llovizna, el balón llenándose de barro, el sudor y el agua fusionarse en su piel húmeda; Shaka por fin comprendía…

Saga era mar y él como río estaba condenado a ir hacía él…

No había manera de evitarlo… no había forma de impedir que su camino se continuara.

¿Pero cómo hacer?

Amar se había vuelto en una acción que no pensaba volver a aplicar, y sin embargo su ser entero lo deseaba. Los recuerdos ciertamente eran dolorosos pero también la necesidad de compañía era abrumadora. Podría seguir defendiéndose de sus necesidades sexuales con cualquiera, incluso con él mismo o llamando a Afrodita, había mantenido sus carencias cubiertas durante bastante tiempo.

Tener sexo… si había tenido sexo durante esos años. Común, normal, tranquilo…

Pero hacer el amor era algo que había dejado de experimentar en mucho tiempo…

Sentándose en una banca, Shaka dejó que la lluvia refrescara su cuerpo, agradeciendo que su maletín fuera impermeable, así no debía preocuparse de los objetos que guardaba dentro, y por él, no le importaba recibir esa lluvia. La necesitaba… necesitaba el agua… Cerró sus ojos, recordando lo que significaba esa entrega de cuerpo, alma y mente, ese momento en que las manos hablaban más claro que las propias palabras. Recorriendo pechos y espaldas, acariciando brazos y piernas, riéndose entre ellos, con voces conjurados llamándose mutuamente, con besos que marcaba te amo encubierto. Movimientos orquestados, paso de pieles, el frenesí. Como aún en las corrientes rápidas sus corazones desbocados permanecían juntos, unidos, en un mismo sentir, placer para uno, placer para el compañero… el goce para ambos. Buscando compenetrarse más que el nivel sexual, fundir sus almas para hacerse uno y no partir jamás…

Hacerse vulnerable… abrir de la misma forma que sus piernas su corazón, permitir de la misma forma el paso de aquel ser en su cuerpo, en su alma… y dejarse marcar, de la misma manera que con aquella esencia caliente, con fuego en su pecho…

Abrió los ojos desorbitados al encontrarse no sólo recordando las sensaciones, sino que en vez de ver el cuerpo de quien le había entregado todo años atrás, vio el del abogado a quien le trabajaba. Fue sus gruesas manos lo que lo tocaban, surcando cada pliegue en su piel, cada músculo formado. Fue sus labios gruesos y jugosos, los mismos que le robaron ese beso en aquella habitación; marcando cada trazo de su piel, besando, adorándolo, para luego dibujarle esa sonrisa que varias veces le había visto mientras le trabajaba. Y al final, las esmeraldas brillantes dibujándolo en sus irises, grabándolo dentro, embebiéndolo… El cuerpo bronceado, amplio, fuerte, la calidez noble de su mirada, la dulzura de sus labios, la presión de sus brazos…

Dibujó una sonrisa en sus labios…

Pero aún así no podía dejarse llevar…

Saga Leda sólo era su empleador y él, él no quería volver a mostrarse vulnerable.

Mientras tanto, al mismo tiempo Saga entraba a los tribunales luego de recibir un llamado de Shura sobre nueva información que había logrado encontrar sobre Shaka. Estaba emocionado, tenía en sus manos aquel regalo envuelto en una fina caja de azul eléctrico. Se sentía como muchacho enamorado y aunque por tanto trabajo no había tenido tiempo de compartir más con Shaka, saber que al llegar ese día temprano y lo vería, le emocionaba.

De camino a los tribunales le habían entregado un panfleto anunciando que el día siguiente, 20 de Septiembre, habría una ronda de psicología y motivación personal, con una cantidad impresionante de figuras en el área entre las que destacaba el renombrado autor de libros sobre crecimiento personal: Lord Simons Whorther. Allí había recordado entonces lo que le había dicho Shaka de tener ese día libre, ahora comprendía que planes tenía y se sonreía de sólo pensar en decirle que lo acompañara y quizás aprovechar la salida para fortalecer algo más que la relación empleador y empleado que Shaka había sabido mantener bien delimitada. El regalo lo tenía dentro de su chaqueta y se imaginaba ciento de forma de hacérselo llegar. Emocionado de esa manera fue hasta el cubículo donde su amigo español lo esperaba.

Lo que le había dicho por teléfono había sido suficiente para emocionarlo. Shaka cumplía ese día, fue lo que le dijo, y aunque pensó que podría enviarle un mensaje para felicitarlo, prefirió esperar y darle la sorpresa de felicitarlo personalmente al llegar a su casa. Quizás invitaría a comer a todos, celebrarían algo discreto e improvisado, porque para él la improvisación era parte de su arte, algo que había tenido que fortalecer a su vez por su carrera. Ahora tenía una buena escusa para ese regalo que quería darle y deseaba terminar la reunión con Shura lo más pronto posible para ir hasta ese lugar y ver el rostro que dibujaría cuando lo felicitara por su cumpleaños.

—Te veo contento—comentó Shura al verlo entrar al cubículo, con esas esmeraldas brillantes y aquella sonrisa que parecía venir desde muy dentro.

—Contento es poco, ¿dime que conseguiste?—trató de guardar las ansías un tanto para no verse tan enamorado como sabía se veía. Contrajo su rostro al ver la seriedad de Shura—. ¿Ocurre algo?

—Quizás sea mejor que te lo cuente después—dudó el español sentándose en su asiento, masajeando sus sienes. Saga no le gustó en nada su semblante.

—¿Qué encontraste?

—Lo que buscabas, Saga… pero, no sé como terminaras tomándolo…

Viendo que el griego estaba dispuesto a saber finalmente los resultados, el español le abrió espació hasta el computador donde mantenía toda la información. Desde Londres y usando sus influencias, le habían enviado la hoja de vida del joven que se hacía llamar Shaka Spica pero cuyo verdadero apellido era Shaka Wimbert, el hijo del presidente de un conocido consorcio de Bienes y Raíces en Londres, heredero y único hijo. No se sabía de él desde hace seis años…

Su padre jamás hizo alguna búsqueda por él. Su madre lo había hecho, pero la denuncia de secuestro fue levantada por el mismo padre, deteniendo así la búsqueda. Estudiaba en la UCL, Psicología y tuvo que abandonar sus estudios dos años después luego que fue suspendido y marcado por la universidad por un caso de “Comportamiento Inmoral” atado a un ente de autoridad en la universidad. Los ojos esmeraldas veían la información pasmado, notando las fechas, recordando las palabras, comprendiendo…

—Al parecer durante ese tiempo el caso de su expulsión permanente le cerró las puertas en todas las universidades del país por un documento de la escuela de Psicología—comentaba el español con seriedad—. Desde ese momento no se supo más del hijo de los Wimbert, tampoco se hizo intentos de buscarlo. Supongo, que su salida de la familia fue algo voluntario de una o ambas partes.

—Estudiaba Psicología…—murmuró con dolor sintiendo que todos los ánimos habían caído.

—Así parece…

“—Sólo un trago, tuve un pésimo día hoy, necesito relajarme.

—No soy psicólogo.

—¿En serio? Porque mi ex esposa decía que parecía tener una habilidad casi innata para darse cuenta del estado de las personas.

—Ciertamente me gusta la psicología, pero no la ejerzo como profesión.”

Recordó esa… y todas las conversaciones. La forma en que lo analizaba, él como parecía leerlo con una sencillez apabullante… Psicología había sido su primer amor, esa era la carrera que él amaba y tuvo que abandonar… ¿Por qué? ¿Qué fue lo que ocurrió?

Con pesadez siguió viendo la información que le habían investigado. Fue tan detallada que incluso tenía información del colegió que había asistido de niños, del equipo al que perteneció cuando juagaba futbol, el campo donde asistía a atletismo e incluso algunas fotografías para que constataran que se trataba de la misma persona. En una de ellas, estaba una fotografía en especial, que le llamó la atención.

El pequeño niño rubio, con su flequillo húmedo pegado en la frente, tenía una franela visiblemente pintada a mano con varios colores. Un hombre de cabello corto rubio y ojos amarillos, sus cejas tan juntas que parecían ser sólo una línea, una mirada orgullosa pero arrodillado a la altura del menor; estaba a su derecha. A la izquierda, un hombre con un sobretodo negro, cabello largo y negro, una mirada de color verde agua enigmática…

Lo reconoció… y el corazón le dio un gran vuelco en su pecho…

Lord Simons Whorther…

“Lo que sienta o no por usted es algo que no importa, no es una variable que tomaré en cuenta, ¡no arriesgaré mi carrera! Me ha costado mucho llegar a este punto, Sr. Leda. Y sé perfectamente las consecuencias cuando se juega con la ética profesional.”

“Sigo los libros de Simons desde hace muchos años. He estado esperando la salida de este libro desde Verano, pero se extendió hasta otoño.”

Casi poseído, ingresó en el navegador la dirección electrónica del sitió del escritor, viendo de nuevo la información y buscando desesperado el año en el que tuvo que dejar su puesto de Psicología en la UCL. Temblando… temblando hasta encontrarlo…

Todo tuvo sentido…

Sin darle tiempo a aclaraciones, Saga se levantó del asiento y se retiró del lugar pese a los llamados de Shura que le pedían una explicación al repentino cambio de humor. Saga estaba encerrado en un torrencial de preguntas que no le dejaban respirar, un tumulto de interrogaciones que quisiera responder. ¿Podría ser posible? ¿Qué Shaka fuera la razón por la que ese hombre dejó el puesto? ¿Ese hombre la causa de la expulsión de Shaka y su frustrada carrera en psicología? ¿Sus padres lo habían echado de su hogar o él se fue siguiéndolo a aquel? ¿Aún se veían?

Saga no podía pensar coordinadamente mientras manejaba a velocidad hasta su hogar, donde debía encontrarlo. Todo parecía llenarlo de un sentimiento de soledad ineludible. ¿Cómo saber más de Shaka? ¿Qué es lo que tanto ocultaba para llegar al punto de abandonar su apellido? Acaso, ¿eso significaba que lo ocurrido fue tan traumático para él como para seguirse viendo manchado? ¿Qué tanto se habría escrito en sus anterior capítulos de vida que él prefirió arrancar de tajos? Y Shaka aún seguía ese hombre… ese hombre que al parecer también estuvo en su niñez… Shaka seguía sus libros… Shaka había dispuesto un día libre para verlo en la convención…

¿Aún se verían?… ¿aún lo amaba? Ya Saga empezaba a asumir muchas ideas como verdad.

¿Era por eso que lo rechazaba y se negaba a cualquier relación?

Con velocidad bajó de su auto apenas estacionó en su casa. Aphrodite observó pasmado como el hombre desembarcó del vehículo con visible desespero, entrando a la casa y llamando a Shaka con su voz en alto. Ya estaba atardeciendo y los jóvenes que trabajaban para el jardín se estaban despidiendo, por lo que dejándolos partir, el sueco entró a la casa para comprobar que ocurría.

—¿Donde está Shaka?—preguntó de inmediato el abogado al entrar a casa y ver a los dos castaños ocupados en sus oficios.

—Él se retiró hace como tres horas. Dijo que venía el veintiuno—contestó amablemente el mayor de ellos.

—¿Retirarse?—el sueco llegó a la escena manteniendo la distancia—. ¿Por qué es su cumpleaños?—los dos castaños dibujaron asombro en su rostro. Saga se quedó callado al ver sus expresiones.

—¿Cumpleaños?—preguntó Aioria totalmente desubicado—. ¿Shaka está cumpliendo años hoy?

—¿Acaso no lo sabían?—inquirió el dueño de la casa con visible confusión.

No lo soportó… notando que ni siquiera sus mismos compañeros de trabajo estaban al tanto de su cumpleaños, Saga había decidido correr y buscarlo a su apartamento, ya que conocía la dirección. Buscar respuesta, ver como estaba… Sí, sólo quería verlo… quería tenerlo en frente y buscar en sus ojos algo que le diera algún consuelo. Pero cuando cruzaba el pasillo pasando al lado de Aprhodite, este abrió sus labios.

—Disculpe, Sr. Leda—la voz del sueco, a sus espaldas, lo hizo voltear. La mirada celeste del joven estaba llena de una seriedad apabullante y de alguna forma, le hacía sentir estudiado—. Si piensa buscarlo, es mejor que desista—Saga iba a mencionar algo, cuando el sueco decidió agregar—. No sé como supo de su cumpleaños, pero Shaka no los celebra—la expresión dolida del mayor le dio indicios para continuar—. No lo busque, porque no va a abrir. Lo más probable es que esté en su departamento pensando en muchas cosas como para atenderlo. Espere el veintiuno y lo verá de nuevo, tan fuerte como es…

Esperar… Saga no estaba seguro de si debía esperar…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s