Nevadas de Memorias (Cap 08)

Shaka ha decidido abrir los recuerdos de su relación y ver entonces cuales fueron sus errores. ¿Acaso toda esperanza esta perdida?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, Angst, Universo Alterno
Personajes:
Shaka, Saga, Afrodita, Kanon
Resumen:
Saga y Shaka dan por terminada una relación de seis años. ¿Pero cuantas heridas quedaran de esa separación? ¿Será que no hay esperanzas?

Shaka ha decidido abrir los recuerdos de su relación y ver entonces cuales fueron sus errores. ¿Acaso toda esperanza esta perdida?

Capitulo 08: Remordimientos

Por fortuna la tormenta había cesado, aunque el frio y la nieve en todas artes hacían molesto el caminar. Saga estaba seguro que iba a terminar con un fuerte resfriado luego de lo que había pasado, después de todo, una hora y media en el auto en plena ventisca y con sólo el calor de un cigarro no es para nada sano. Dejó el auto en el estacionamiento del restaurant, pensando en una cosa, regresar a casa y pedirle la firma a Shaka. Quizás para cuando llegara Shaka estaría dormido. Tomaría entonces un poco de calor allí y en la mañana, terminaría con todo. Era la forma en la que debía proceder, no permitir que se fuera a extender una separación que sentía inminente y que podría lastimar más a Shaka…

No quería lastimarlo…

No quería realmente hacerlo sufrir… pero hay veces donde se tiene que hacer sacrificios ¿no? Se convencía de ello mientras iba hacía la estación de metro, temblando de frio y dejando al rastro de su aliento una marca de neblina en la oscuridad de la noche. Las carreteras estaban atestadas de nieve y esperaba que aún el servicio del metro estuviera en funcionamiento. Debía tomar uno y espera varias paradas para llegar a la zona donde ellos convivían, el lugar que compró luego de un año de ahorro intensivo, junto a un préstamo de la empresa, para poder convivir con él. Tenerlo lejos no era un opción, mucho menos durmiendo en un apartamento con otros dos compañeros. Le llenaba de celos pensar que Shaka compartía más tiempo con esas personas que con él y de forma hasta enfermiza, se preguntaba si al final lo dejaría por uno más joven, más de su edad, sin compromisos otros más que vivir del placer.

Pero no fue así…

Shaka no buscaba energía y pasión. Buscaba la seguridad y compromiso de alguien mayor, la que él representaba. Por eso jamás puso ojos en otras personas, le fue fiel… siempre fue… lo seguía siendo…

Pensarlo lo hizo sentir miserable…

Vació el aire de sus pulmones para luego tomar con una fuerte inhalación algo de ese vital elemento. Sus ojos de nuevo se contraían de angustia al pensar que le había sido infiel, vilmente infiel…

Shaka podría ser a veces obstinado, orgulloso hasta la medula, reservado, tanto que muy pocas veces podía entender que pasaba por su mente, algo reacio cuando se lo proponía, esquizofrénico con la limpieza, crítico enfermizo, controlador, manipulador, frió en cuanto a sentimientos, incapaz de mostrar misericordia cuando ha tomado una decisión, con una facilidad para abofetearte con palabras, tumbarte el ego al piso, pisotearte el autoestima para simplemente decirte que te hace el favor de hacerte ver la realidad de las cosas…

Si, Shaka era todo ese conjunto de defectos que vino a ver cuando empezaron a convivir… y que se incrementaron cuando entró a trabajar. Ahora su ética laboral llegaba hasta su casa, todo debía estar medido, puro, al margen… desatar pasiones en la calle se había convertido un verdadero pecado. ¿Ir a un hotel? ¿Qué si alguien lo ve? Prefería la comodidad de su casa…

Y aunque a veces lo dejaba en ayunas, cuando lograba conseguirlo, realmente le colmaba hasta dejarlo literalmente flotando en las nubes. Shaka era un gran amante, entregado por completo, se detenía en probar cada milímetro de piel, jugar, investigar qué más podía aprender y documentado.

Debía admitir que pese a su calidad de ahorrador, Shaka siempre estaba al pendiente para comprar uno que otro juguete sexual para sorprenderlo. De la misma forma que estaba al pendiente de detalles como la barra humectante, los pagos, la sombrilla, el servicio del auto; de esa misma forma estaba al pendiente de satisfacerlo sexualmente, aunque muchas veces el cansancio y el stress hacían mella en su tiempo. Aún así… de noche lo buscaba, luego de rechazar tener sexo, para simplemente dormir abrazado a él en el silencio…

No podía negarlo, aún entre el perfeccionismo al parecer Shaka estaba cómodo así, sabiéndolo a su lado, tranquilo al saber que al regresar a casa él estaría allí, que los fines de semanas pasarían juntos en la casa, le cocinaría algún platillo que aprendió… en ese momento se daba cuenta que Shaka aprendía un nuevo platillo cada fin de semana…

Se sintió ruin… tan ruin que al verse en el reflejo andante del metro que se iba posicionando para abrir las puertas, le provocaba vomitar. Vomitarse a sí mismo por no poder simplemente conformarse… ¿conformarse? ¿Hasta pensando en conformarse? ¿Acaso Shaka era solo eso?

¿Y si era así porque le cuesta tanto salir de él…¿

¿Si era así porque regresaba a su lado?

¿Si era así, porque buscaba siempre su cobijo y atención aún siéndole infiel?

Definitivamente él no era que estaba conforme con Shaka… él lo necesitaba… él deseaba su compañía… deseaba que por un momento Shaka dejara de ver los prejuicios, lo que dirán, el trabajo, las presiones y se dedicara enteramente. Quería que Shaka dejara de encerrarse en el hielo con el cual no permitía que se quebrara frente a él, que le mostrara las frustraciones. Se enteraba de los inconvenientes cuando ya Shaka los había resuelto. Él jamás le hacía saber que necesitaba ayuda, era tan perfecto que simplemente dejó de sentir que estaba con una persona…

Incluso… sospechando de la infidelidad mantuvo su temple en alto, resolvió… lo enfrentó… sin derramar una sola lágrima…

¿Cómo sentirse querido de esa forma?

Entró al metro con pesadez. El vagón solo tenía unas pocas personas, él fue hasta una anciana con un velo de lana verde que estaba tejiendo varias cosas en la esquina. Le extrañaba ver a una anciana así a esas horas en el vagón, pero fue hacía allá para verificar si tenía un par de guantes que pudiera quitarle el frió a sus manos. Se sentó a su lado restregando sus ojos y buscando quitarse de nuevo los deseos de llorar por la ruptura.

—Disculpe, ¿tiene guantes para mí?—la mujer levanto su mirada clara, enmarcada en arrugas, ante el hombre enfundado en un grueso saco oscuro, alto, visiblemente severo peor ante ella, golpeado e inseguro.

—Déjeme ver sus manos.

Saga así hizo, sacándolas de los bolsillos para sacar las dos grandes manos y mostrárselas. La mujer vio con cierto asombro el anillo en el dedo anular, más no comentó nada. Para Saga, la impresión la adjudicó a seguro por ver la joya… avaricia tal vez…

—¿Felizmente casado?—preguntó la mujer mientras tomaba un carrete de lana azul brillante, y empezaba a tejer. Saga la miró de reojo y no quiso ser mal educado.

—Hasta hoy…

La mujer no dijo nada, siguió tejiendo en silencio mientras Saga miraba el paso de las paredes y colores a través del ventanal. Esa pregunta le hizo remontar a dos años atrás, cuando al llegar Shaka de su trabajo, Saga lo esperaba, con el traje blanco en la cama, un hermoso traje de categoría con una camisa celeste y corbata de líneas celestes y blancas. El rubio miró el traje con asombro y de inmediato lo buscó con su mirada, viendo a Saga vestido con la misma elegancia pero con un traje negro y una camisa roja. Lucía hermoso, impresionantemente sensual, no podía negarlo… ¿pero cuánto había costado todo eso? Eso fue lo que paso en mente de Shaka.

—Saga, esto debió ser cost…—no lo dejó replicar cuando ya lo había besado—. Saga…

—Vistete, hoy quiero celebrar algo muy bueno.

—¿Muy bueno? ¿Qué puede ser?—replicó el menor mirándolo curioso. Saga solo respondió con una sonrisa galante, feliz, se veía enteramente feliz.

—Te digo en el restaurant-le guiñó el ojo y le señaló las ropas para que se cambiaran.

Quizás llevado por la curiosidad e incertidumbre, pero Saga se impresionó con la velocidad con la que el hindú se vistió y arreglo para el evento, peinando su cabello a punto de atárselo. Sonriéndose al verlo tan desesperado por saber cuál era la buena noticia, se le acercó a la espalda y lo abrazo frente al espejo, besando su mejilla con dulzura, antes de que sus labios finalmente se fusionaran. Un beso húmedo, demandante… cada vez más necesitado que había encendido los ánimos. Shaka ya empezaba a pensar que no llegarían al restaurant y la celebración sería interna. Pero no, para su sorpresa, Saga se separó agitado y salió de la habitación luego de darle una palmeada en el trasero, juguetonamente.

Para cuando estuvieron listos, lo llevó en su auto y miraba divertido la ansiedad del rubio. ¿Qué estaría pensando? Se reía internamente sabiendo que Shaka debía estar armando mil y una conjetura y que ninguna se acercaría a lo que le esperaba en el restaurant. Y verle ese rostro pensativo y reflexivo le llenaba de deseos… de descontrolarlo, quitarle la concentración, verlo enloquecido y gimiendo como poseído… ese rostro que nadie más, sino él, conocía…

—¿Lo dejó?—escuchó la voz de la anciana a su lado y regresó al lugar donde aún estaba. Mirándola fijamente se daba cuenta que ya tenía al menos la mitad del primer guante, el derecho y alabo en su interior semejante maestría.

—Yo lo abandoné…—no le molestó admitir el sexo de la persona, y notó que la mujer tampoco se vio incomoda por ello.

—¿Dejó de amarlo?—la pregunta caló a lo hondó de sus pensamientos… y estaba realmente inseguro de la respuesta.

En silencio siguió recordando… Rememoró cuando Shaka bajó del auto y vio la cantidad de automóviles junto los arreglos afuera. De una vez el rubio le dijo que al parecer el restaurant estaba ocupado y Saga lo convenció de ir a preguntar. Con él tomado de manos entraron hasta el salón perfectamente decorado con flor de lotos, cintas doradas y azul eléctrico y un afrodita con traje celeste que los esperaba, emocionados. Shaka no entendía nada… simplemente veía en las mesas a los más cercanos amigos, una torta en una mesa de aperitivos, junto a una fuente de chocolate, un juez… sentado en una mesa rectangular con dos sillas decoradas de forma prolija.

Su rostro era un reflejo vivido de lo que sentía su alma… sin tiempo siquiera de escudarse, su cuerpo temblaba compulsivamente ante lo que veía. Kanon grababa todo movimiento, veía como Shaka de nuevo escaneaba el lugar y terminó dando un paso atrás, abrumado, desconcertado… perdido… los ojos azules se habían enrojecido… se sentía preso de tantas emociones que no hallaba cual controlar primero…

Hasta que sintió el abrazo de su pareja en la espalda… buscando con su aliento el oído… susurrando lo que terminó por partir el dique que lo contenía…

¿Quieres casarte conmigo, Shaka?

—No lo sé… —musitó dejando caer dos lágrimas. La anciana subió sus ojos azules para ver al hombre destrozado, viendo el techo fijamente, mordiendo sus labios con fuerza, impotencia quizás.

—¿Y por qué lo deja?

—No lo sé…—volvió a responder, inseguro, confundido…

¿Por qué dolía tanto?

¿Por qué sentía que estaba arrancándose el alma con esa decisión?

—Quizás, aún lo ama—concluyó la mujer mientras empezaba a tejer el guante de la izquierda—. Quizás, usted lo que quería era confirmar que él también a usted.

Semejante respuesta había sido más de lo que esperaba. Saga bajó la mirada con ojos desorbitados, sorprendido ante las palabras de la mujer que lo miraba con ojos de madre. Esta le sonrió, siguiendo con su labor en el guante mientras le hablaba.

—Si usted hubiera dejado de amarlo, no le dolería tanto la separación. Tal vez, tenía esperanza de que la ruptura al final no se diera, ¿o me equivocó?

Tardó varios minutos descifrando esa nueva información, inseguro, totalmente inseguro de cómo proseguir. Los suficientes como para que la mujer terminara el guante y fuera anunciada la parada donde él se quedaba.

La anciana se levantó, buscando la mirada del mayor y sonriéndole en el acto. En ese momento, colocó entre sus manos los guantes y el anillo que Shaka le había entregado horas atrás. Saga levantó la mirada asombrado, interrogante.

—Si no ha dejado de amarlo, no lo abandone.

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