Nevadas de Memorias (Cap 09)

Saga ha recibido de nuevo el anillo de su pareja. ¿Acaso su decisión cambiará? ¿Podrán recuperrar lo perdido?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, drama, Angst, Universo Alterno
Personajes:
Shaka, Saga, Afrodita, Kanon
Resumen:
Saga y Shaka dan por terminada una relación de seis años. ¿Pero cuantas heridas quedaran de esa separación? ¿Será que no hay esperanzas?

Saga ha recibido de nuevo el anillo de su pareja. ¿Acaso su decisión cambiará? ¿Podrán recuperrar lo perdido?

Capitulo 09: Rememorar

Con trémulos pasos Saga llegó por fin a su casa, totalmente perdido en sus cavilaciones, sin saber que pensar al respecto… ¿Acaso había algo que pensar? Era evidente que no, y que pese a todo el asunto él estaba plenamente consciente que lo que había ocurrido en el metro no podía llamarse un evento casual. Reconoció el anillo en cuanto lo vio y las palabras de la mujer parecían una sortilegio… no podía dejar de pensar en ello.

Cansado llegó por fin a la puerta de lo que era, todavía, su casa. Abrió la puerta y con dificultad, la cerró, viendo los rastros de nieve que logró entrar hasta la alfombra. Las luces de los adornos navideños en las escaleras lo convidaban a sentirse en el hogar, aunque las circunstancias y lo que había ocurrido hace poco, le quitaba toda dulce sensación. Él había ido allí a terminar con todo, y aún así, con el anillo de Shaka en mano, no estaba seguro… ya no estaba seguro…

Dejó el sobre en el comedor. Subió…

Al paso de cada escalón sentía la sangre agolparse en su garganta, esperando verlo allí, quizás ya durmiendo en la cama que compartían, esperando el nuevo día para seguir con su vida… Abrió entonces la puerta de su habitación, aquella puerta de madera caoba con el picaporte dorado, viendo como la luz del pasillo se escurría en la oscuridad para mostrar la cama perfectamente adornada… sin Shaka…

Entró.

Con parsimonia revisó todo el lugar notando las ropas que Shaka llevaba en la cena perfectamente acomodadas en el cesto de ropa sucia. Tragó grueso, comprendió… quizás incluso para ese hombre cuyas emociones no dejaba fluir era demasiado dormir en la misma cama esa noche. Vació el aire de sus pulmones, se acercó a las sábanas de satén azul eléctrico… toda la decoración era azul con detalles en dorado, tanto en sábanas, como cojines, almohadones… la lámpara a un lado, el detalle de yeso en la mitad de las paredes… la luz que tenue iluminaba el trabajo de yeso del techo…

Las veces que lo había tenido compartiendo sus cuerpos en esa cama…

Las veces que lo había escuchado gemir su nombre…

Las ocasiones que tomaba su espalda, clavaba sus dedos, le exigía más… le entregaba más…

Probando… jugando… experimentando… él como el niño de curiosidad geminiana, aquel con la actitud de un científico innato… medir variables, buscar nuevos lugares… acertijos de placeres que eran revelados, documentados, demostrado, patentados… con cada gemido, con cada jadeo… con la fuerza del orgasmo que arrebataban argumentos…

Con esa decisión se acabarían los ensayos y las jugadas… ese cuerpo ya no sería su campo de juego ni el suyo su centro de prácticas…

Despejó su pensamiento, recordó su decisión. Ya no había vuelta atrás y por mucho que quisiera pensar lo contrario… había terminado… así lo había decidido… así Shaka lo había aceptado…

Si Shaka no hizo esfuerzo alguno para pedirle que desistiera, ¿de qué valía él tan sólo pensarlo?

Con ese pensamiento se quitó su ropa, dejándola a un lado de la cama, entrando al baño para darse un baño caliente. De nuevo las imágenes, de nuevo las memorias. Dentro de ese lugar habían compartido tanto… ¿dentro de esa cama había compartido tanto?

Y en el mismo lugar que Shaka lloró por las palabras nunca dichas… en ese mismo lugar Saga reafirmaba su decisión.

En el mismo sitio que Shaka maldijo su orgullo, Saga se tomaba de la sentencia, dispuesto a terminar con la relación…

En el mismo momento los dos recordaron lo que habían perdido…

Tomó su toalla, pensando en que debía hacer las maletas de una vez. Quizás mejor lo hacía en la mañana, en ese momento necesitaba un buen chocolate caliente para recuperar el calor. Dejó la toalla de lado, tirándola a la cama hasta que recordó que Shaka siempre le decía que había un sitio para ella… Recordó que la primera discusión había sido precisamente por eso… en apenas dos días viviendo juntos, Shaka le decía las mil y unas razones del porque la toalla mojada no debía dejarla sobre la cama… que si la humedad, que si las telas, el colchón, las bacterias… el frio… el orden… Al final siempre terminaba arrojándola y tomándola el segundo después para colocarla en su lugar… tal como en ese momento…

Una sonrisa de medio lado…

Detalles… porque Shaka era un conjunto de detalles…

Ciertamente, los primeros dos años fueron maravillosos, entre las dificultades de acoplarse, entre la complicidad sexual con las que se entregaban, entre ellos… enamorados ambos como dos adolescentes, todo parecía ser perdonado, todo se resolvía sin complicaciones…

Enamoramiento…

Cedió a partir del tercer año. Ahora era la tranquilidad sencilla y sincera de saberse acompañado. No era necesario terminar siempre desnudos llamándose en alaridos de deseos… podían perfectamente dormir abrazados sin llegar a pedir sexo. Un sábado compartido viendo un documental era sumamente bien recibido, las conversaciones tan esperadas como las noches de sexo.

Las discusiones ya no se resolvían tan sencillamente… ya no se debía perdonar y esperar que el otro cambie… era tolerancia…

Tolerancia…

Tolerar los errores del otro, los defectos, las diferencias…

Era dialogar, negociar, ya no las promesas cursis de no volverlo a cometer… Ya no ese falso deseo… ya no mascaras… y estaba bien, hasta que Shaka se volvió una máscara en sí mismo… y él se canso de hacer esfuerzos por romperla… o quizás no lo intento lo suficiente.

Con lentitud bajó las escaleras hasta la primera planta, dispuesto a revisar la habitación de huésped y verificar si Shaka estaba allí. No lo encontró. De alguna manera se preocupó… ¿será que se fue luego de cambiarse? ¿A dónde? Quiso intentar calmarse, Shaka no era el tipo de persona que hiciera una locura por muy mal que lo estuviera pasando… quiso pensar que nada pasaba… y que él, en donde este, habría de llegar en la mañana o quizás, después de haber ido a la universidad.

Y lo esperaría con la carta, lista para ser firmada…

Yendo a la cocina consiguió un poco de café hecho, ya estaba frio. Sólo lo calentó y bebió de él, recostado en la pared, comprobando de nueva cuenta el decorado, viendo en la nevera la lista de cosas que había que comprar, las fechas de pago de los servicios… todo en perfecto orden… como él…

Extrañaría el orden… se estaba dando cuenta de ello…

Bebió todo el liquido caliente casi de golpe, sin importar quemarse un tanto su garganta. Debía ir a dormir, necesitaba descansar y esperar a Shaka para terminar con la tortura. Apagó su teléfono para que su otra pareja no llamase… cuando terminara todo regresaría a esos otros brazos, comenzaría una nueva vida y…

¿Y qué más?

Salió de la cocina metiendo sus manos dentro del pantalón que se había puesto para dormir. Estaba al punto de ir uno de los muebles de la biblioteca cuando notó que debajo de la puerta que llevaba a la sala principal, la luz era inconstante, moviéndose como flamas en el piso. Allí estaba la chimenea, el árbol de navidad… ¿estaría Shaka?

Se acercó, abriendo la puerta plegable, encontrando a quien buscaba, envuelto en papeles y envoltorios, un maletín que varias veces había visto en el closet guardado, una botella de vino vacía, una copa rodando por la madera, la fogata encendida.

Parecía que había bebido hasta dormir… ¿pero que eran todos esos papeles? Recordó que cada vez que le preguntaba a Shaka sobre que había en el maletín, él le decía que eran documentos personales, copias de recibos y ese tipo de cosas que él no le interesaría ver. ¿Y qué hacía con todos esos papeles ese día? Curioso terminó acortando la distancia, notando la bata azul que lo cubría, el cabello dorado que desperdigado entre la fría madera, húmedo, reposaba en cualquier lugar… las mejillas sonrojadas quizás por el licor… dormía, dormía casi en posición fetal.

Pensó que quizás, para entretenerse le dio la paranoia del orden y se puso a reordenar esos documentos. Eran el tipo de cosas que hacía Shaka cuando quería dejar de pensar en algo importante. ¿Quizás deberías recogerlas? Terminó sentándose a un lado, agradeciendo el calor del fuego, y quitando la vista de su ahora ex pareja mientras dormía. Quizás cuando terminara de recoger lo llevaría hasta la habitación. De seguro estaría tan dormido que ni lo notaría, tomando en cuenta que se había bebido solo toda la botella del vino que solían comprar para compartir en noche buena… Shaka no era muy tolerante al alcohol, así que siempre compraba un vino suave, que pudiera beber sin resentir el día siguiente.

Con ternura pasó el flequillo a un lado para ver el tilak aún tatuado, lo primero que le había llamado la atención aquella noche que lo conoció.

Suspiró…

Decidió empezar guardando todo…

Abrió el maletín ya vacío. Empezó a tomar los envoltorios, encontrándose con cosas que no parecían ser de pagos de servicios o documentos legales… pronto lo comprendió… pronto entendió que era lo que escondía…

Fotografías… Folletos… servilletas… envoltorios de chocolates… de jabón, de champoo, todo estaba marcado con la fecha, el lugar y que significaba… con su letra.

Su corazón recibió un golpe seco… inesperado…

Sus ojos se vieron amenazados por la inundación…

Entre el fuego Saga veía con estupor una a una las cosa que Shaka guardaba… recordó con una servilleta de tela roja aquella vez que en Venecia Shaka por error la terminó trayendo del restaurant y luego le dio un ataque de consciencia, que al final él le ayudó a mitigar haciéndolo ver como una travesura. Lo convenció de no regresar porque, ¿qué iba a decir? Regresar para entregar una servilleta de tela era inverosímil…

Memoró con el envoltorio de un chocolate amargo suizo como a ambos terminaron encerrados en su habitación por tres días luego de que el dulce no les cayera nada bien terminando parte de sus apasionadas vacaciones en los Alpes Suizos metidos entre sábanas viendo documentales y con pase directo al baño. Curiosamente… tenía escrito que habían sido las vacaciones que más amó… porque más que perder el tiempo en excursiones y esquiando; había pasado la mayoría de las horas abrazado a su cuerpo sólo hablando… acompañado de la respiración del otro, riéndose mientras uno se burlaba del otro por sus ataques de cólicos…

Tan estúpidamente cursi…

Lágrimas terminaron cayendo a la madera de la sala…

El griego terminó llorando viendo cada recuerdo guardado y como, con una cinta azul, había amarrado una pequeña tarjeta beige que escribía Shaka, el último día del año… definiéndolo con tres palabras…

Detalles… desconocía esos detalles…

¿Le hubiera gustado conocerlos antes? ¿Conocer esa faceta del rubio orgulloso? ¿Envolverse en la faena de tratar de recordar a que correspondía cada recuerdo? ¿Acompañándolo en la labor de documentar su relación con simples objetos que a la vista de cualquier otro era basura pero… para ellos, tenía un valor sentimental incalculable?

¿Desde cuándo Shaka lo había sacado de su vida… aún estando a su lado?

Intentando dar soporte a su cuerpo, estiró el brazo… tropezó con su pierna.

Lo despertó…

Los parpados de nácar abandonaron su posición para mostrar, algo enrojecidos, los zafiros azules. Con pesadez Shaka se reincorporó, tomando su cabeza, sin darse cuenta aún que no estaba solo. Echó su cabello hacía atrás, buscó con su vista en donde estaba… lo vio…

Él y sus recuerdos…

Él y la parte que jamás debió mostrar…

Él y la muestra de su debilidad…

Saga y su corazón… abierto y totalmente vulnerable…

Esmeraldas y zafiros se encontraron… las una llenas de preguntas… las otras asustadas… sintiéndose indefensas.

Y el orgullo, enfermo… volvió a hacer acto de presencia.

—¿Qué haces aquí?—la máscara—. ¿Ya viniste a buscar lo tuyo?—se sentó desviando esa mirada… esa mirada que lo miraba incrédulo—. ¿O esperas que yo te haga las maletas?

—¿Qué significa esto…?—interrogó, con cierto temblor en su voz… la máscara… la maldita mascara ya la conocía y le asqueaba…

—¿Esto?—“nuestros recuerdos”—. Basura…—“mi corazón”.

—¿Basura?—“Quítate la máscara”—. ¿Guardabas basura?—“Quiébrate”.

—Ahora… es sólo basura—tomó varios objetos en sus manos. Determinación—. Sólo objetos que harán más leña al fuego— arrojó… frente a las esmeraldas que lo veían desorbitadas.

El duelo había empezado… una a una eran arrojadas cada hoja, cada papel, cada folleto, fotografía… cada recuerdo…

Uno a uno se iban consumiendo al paso del fuego, frente a los zafiros que se quebraban al movimiento de esas llamas que danzaban al recibir una nueva víctima, y aún así, se negaba… se obligaba… a no desfallecer…

Uno a uno se iban consumiendo frente a los ojos del mayor que veía, impotente… como Shaka enterraba frente a sus ojos seis años de amores…

Unas manos temblaban… otros puños cerraban…

Una garganta se cerraba con esfuerzo… la otra apenas podía respirar…

—Basta…

Y se aceleraba… las manos de Shaka ya temblorosas tomaban de varios para tirarlos ya desesperado de hacer alargar el sepelio… con lágrimas que finalmente no pudieron ser contenidas…

—¡Basta…!

Las manos del mayor tomaron las muñecas temblorosas, el cabello dorado cubría la máscara que ya se había quebrado.

—¡Deja de hacerlo!

—¡Déjame Saga!—forcejeaba, guerreaba, quería terminarlo…

—NO, ¡No quemes más!

—¡¡SUELTAME!!—gritó buscando terminar el suplicio…

Las manos lo inmovilizaban, los cuerpos combatían, el resto de recuerdos era pateado de lado a lado mientras el uno intentaba recobrar el control de sí mismo y el otro… de controlarlo.

Finalmente… no hubo más pelea por el poder…

Los labios se encontraron y se apresaron sin tregua…

Quizás era los últimos intentos en su agonía…

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