Un Poco de Color y Vida (Cap 11)

Saga ya tiene información como para asumir que ocurrió en el pasado de Shaka. ¿Intervendrá en ello? ¿De qué manera cambiara etso la relación de ambos?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Saga ya tiene información como para asumir que ocurrió en el pasado de Shaka. ¿Intervendrá en ello? ¿De qué manera cambiara etso la relación de ambos?

Capitulo 11: Confrontación

El sol se había ocultado, empezaba a hacer frío. Shaka de inmediato resintió su estado húmedo por la lluvia en casi ya la noche, por lo que regresar se volvió una obligación. Aún así, estaba tranquilo. Sintió que por un momento había dejado de lado toda duda, toda pregunta, toda sensación de soledad que lo agobiaba al salir de la casa del abogado. Ese juego lo había revitalizado y remontado a años atrás, cuando jugaba con otros… cuando aún era el mayor orgullo de su padre… como decía su madre, el sol.

Radamanthys Wimbert, un acaudalado emprendedor que había logrado montar una poderosa agencia de bienes y raíces que le daba constantes regalías, conocido en Londres como uno de los mayores aristócratas que aún contaba con una generación ancestral que daba indicio de su parentela. Su apellido había perteneciendo a nobles y personajes de renombre a lo largo de la historia regional de la ciudad… Nadie decía Wimbert en vano…

Fler Wimbert era el nombre de su madre. Una mujer de largos cabellos rubios y piel blanca, sus ojos azules eran tan claros como los de él. La había conocido en Siberia, en las alturas de las historias nórdicas. Hermosa en extremo y sobretodo cariñosa. Para él jamás le esperaba un regaño fuerte o un maltrato físico… Fue el único hijo que pudo tener y lo adoraban, lo adoraba con todas sus fuerzas. Él estaba consciente de ello…

Abrió la puerta de su departamento y agradeció siempre tener por costumbre el apagar el aire acondicionado. De esa forma el ambiente apenas estaba el frío provocado por la noche y le evitarían un resfriado. Dejó su bolso en el mueble de la sala, caminó hasta su habitación y se quito botas y medias, todo húmedo aún por la lluvia y el barro. Suspiró profundo mientras quitó las piezas húmedas y frías que lo cubrían, volviendo entonces hasta la lavandería y dejarlos en la lavadora. Tendría que aprovechar y lavar esa vestimenta. De nueva cuenta regresó a su habitación, desnudo, para internarse y preparar una tina de agua caliente, con algunas sales aromáticas y disfrutar así un buen baño. En la cocina sacó después una botella de vino ya abierta, la llevó con un poco de hielo y una copa de cristal, colocándola al lado de la tina. Por último, sacó su laptops para conectarla, junto a su móvil que pare ese momento tenía en silencio. No quería recibir llamadas de nadie así que lo había silenciado en el autobús.

Saga lo había estado llamando…

Cinco llamadas, un mensaje de voz. Con ello, un latido fuerte y palpable en su pecho le hizo entender que el evento para él era en demasía esperado. ¿Podría de nuevo abrirse a alguien? ¿Podría entregarse de nuevo como lo había hecho seis años atrás? Un trago turbio marcó su garganta, junto al leve escozor en sus cuencas oculares, que le evidenciaba los deseos de llorar que le habían sobrecogido. Hacerlo en algún momento le obligaría a abrirle también su pasado…

Y del pasado no quedaba más que heridas abiertas y secas, a sabiendas que no serían curadas… Palabras destinada, decepciones, la caída brutal de la idílica fantasía que se había creado del amor profesado.

El amor no era tan fuerte como para superar barreras tan implacables como las que imponen la sociedad… esa fue la conclusión de un capitulo que apenas terminó de escribir en su vida, lo arrancó de tajos, dejando quizás algunas señales de hojas arrancadas que no le molestaba limpiar…

Suspiró profundamente, colocó el teléfono en vibrar y se lo llevó consigo, dejándolo en la orilla. Se internó en la tina preparada, dejando que el agua le cubriera hasta el cuello y cerrando los ojos para disfrutar de la calida sensación. Abrió sus ojos de nuevo mostrándose sobrecogido de tantas cosas en su pecho, de tantos deseos… de tantos pensamientos. ¿Podría negárselo? Shaka miraba el techo con frustración, relamiendo sus labios, sintiendo de nuevo esa corriente placentera que lo gobernó aquella noche que Saga había logrado robarle el beso. ¿Cuánto podría ocultarlo? ¿Cuánto más negarlo? Mientras más lo hacía más asfixiado se sentía, como si aquello fuera creciendo al paso de miradas y leve conversaciones, como si no pudiera contener en su pecho y lo obligara a revelarlo, admitirlo… que estaba sintiendo algo que no podía contener por mucho que quisiera.

Se sumergió por completo, durante unos segundos antes de resentir la falta de aire. Salió lentamente, aún con el agua ahora hasta sus labios cerrados, sintiendo las frescas gotas correr por su rostro. Recordó, recordó aquella vez hace nueve años, que su padre entró a su habitación y lo encontró leyendo un libro sobre psicoterapias que había comprado unos días atrás. Radamanthys Wimbert lo observó serio, siempre severo, acercándose con paso lento pero seguro. Jamás fue hombre de dar abrazos ni cariñoso, pero en su mirada cada vez que era dirigida a su único hijo, un brillo que había sabido definir se filtraba.

Orgullo…

—Hoy viene tu padrino luego de diez años viajando—le comentó, sentándose a un lado de la cama, dándole la espalda—. Pero me acaban de llamar para cerrar un negocio de urgencia, no podrá atenderlo como es debido.

—¿Quieres que lo haga?—preguntó, ya teniendo para ese momento diecisiete años, preparado para empezar su carrera universitaria.

—Sé que no lo aburrirás.

El muchacho se sonrió son suficiencia. Claro que no lo haría. Siendo un ávido lector, Shaka contaba con conocimiento en cualquier tema de conversación y podía mantenerlos con facilidad y si era sobre psicología, simplemente su dominio era incluso más palpable.

Escucharon en ese momento el timbre de la casa y tuvieron una idea de que la visita había llegado.

—Iré a atenderlo mientras te alistas.

—¿Cuánto tiempo tardaras?

—Dos horas, espero que menos.

Abandonó la habitación, para darle espacio a prepararse. Shaka se alistó con un pantalón fino de color negro, algo ancho, con una blusa blanca manga larga y cuello alto, sujetando su cabello en una cola alta con un cinto negro. Bajó con la elegancia que caracterizaba a la familia Wimbert, ese aire aristócrata impreso en cada grácil movimiento, con el orgullo en alto, su barbilla altanera que demostraba su dinastía. Si, era esa clase de pretensión que no estaba ligada a una farsa o sólo a aparentar, era ese orgullo de sangre azul digno de nobles reales. Aquella seguridad de saber perfectamente quien eres y estar muy honrado de serlo. Si, Shaka siempre gozó de esa actitud tan dueña de si mismo que para algunos podría pasar por odiosidad o vanagloria.

Así bajó hasta el despacho donde una joven del servició salía con una bandeja de plata luego de haber servido café. Se inclinó con un saludo formal ante el joven señor y salió de la vista del hijo del dueño. Con cuidado, abrió la puerta después de haber tocado h recibir el permiso. La luz de los faroles del jardín de su casa se filtraba en el ventanal del salón y caían con pereza sobre la piel de la visita, cubierto con un sobretodo negro de gamuza con el cabello negro cayéndole húmedamente tras su espalda. Su padre estaba sentado con un vaso de licor amarillo, mientras movía un tanto los cubos de hielo.

—Simons, ya llegó mi hijo. Quizás no lo recuerdes muy bien, ha crecido bastante.

Cuando el hombre aludido volteó, los zafiros azules, curiosos, se clavaron en las turquesas del mayor, un color entre el azul celeste y el verde agua, una forma de ver el mar, un color tan difícil de describir que terminó embebido en él. Vio en ese color soledad y experiencia, conocimiento y seguridad, nostalgia, misticismos… ¡Vio tanto! Y sintió aún más cuando sus manos se juntaron en un apretón de mano fuerte, seguro. Los ojos del mayor no tardaron en inspeccionarlo con cierta sorpresa ni el menor de mantener la mirada para demostrarle que no se sentía cohibido ante su edad y su experiencia.

El padre los dejó, y padrino con ahijado destinaron horas hablando de diferentes temas, sentados en distancia prudencia, degustando la taza de café mientras pasaban de política a economía, de artes a psicología. Para ese tiempo, Shaka se había dado cuenta que algo no estaba bien en él y prefería mantenerse al margen de cualquier amistad con el mismo sexo. Para él ese tipo de reacciones eran impropias y buscaba con verdadero desespero conseguir una jovencita que le despertara esas sensaciones. Por ello, cuando sintió que ese hombre con sólo mirarlo le hacía sentir ese leve cosquilleó en el estomago, quiso alejarse de él…

Y fue imposible…

La llamada entrante fue percibida por el tono del teléfono. Shaka con pereza viró su mirada hacía el móvil, viendo el número que lo llamaba y sintiendo ese sobresalto en su pecho. De nuevo Saga… ¿Cómo debería tomarlo?

Sacó su mojada mano derecha y alcanzó una pequeña toalla de manos para secar un tanto la humedad. Luego tomó el teléfono y contestó la llamada, pasando su equipo a su oído derecho, sentado a un lado de la tina y dejando que las gotas del agua caliente cayeran sin forma sobre el piso de mármol.

Había silencio…

Sólo ambos respirares eran lo que se escuchaban en la línea. Aunque no había palabras, Shaka entendía lo que los estaba conectando y terminó tragando grueso, peleando consigo mismo. ¿Debía saludar el mismo o esperar que el otro lo hiciera? Más no salían palabras…

Persistía el mutismo.

Y Saga desde el apartamento luego de llegar azorado, tomar un baño, recostarse al mueble sin ánimos de hablar y desviar las conversaciones de su hermano tratando de saber que paso para que el humor le cambiara de repente; había marcado otra vez ya perdiendo la cuenta de cuantas veces lo había hecho en ese espacio de horas. Y en ese momento que por fin había escuchado la respiración del otro, se había quedado sin palabras.

Sus corazones latían con fuerza, victimas de algo tan profundo y difícil de dominar, algo que mientras uno quería darle plena libertad, el otro buscaba asfixiarlo hasta matar. Allí los dos en el silencio unidos por el hilo conductor tecnológico, diciéndose con sólo su respirar que sabía que era lo que sentía el otro, entendía que estaba sucediendo, el uno diciéndole que no insistiera, que no peleara por algo que no pensaba darle vida mientras que, el contrario, le clamaba que le diera una oportunidad. Que no importaba si no le abría una puerta, al menos que fuera una ventana… pero algo, que le abriera algo que le diera indicios de que había esperanza.

—Shaka…—fue lo único que pudo salir de los labios temblorosos del mayor, confundido, abrumado con tantos pensamientos, con tantas cosas que decir, que preguntar.

Oír su nombre de esa forma tras la línea aturdió por completo. Cerrando sus parpados vibrantes, dejó escapar una lágrima frustrada, conteniendo el sollozo, intentando vanamente explicarse por enésima vez que no podía, que no era bueno, que no quería volver a ser lastimado, dejado de lado… que la falacia de un amor que pudiera romper con los prejuicios eran… sólo eso… falacias, mentiras, ilusiones furtivas que se estrellarían con la realidad.

—¿Estás bien?—escuchó tras la línea y no supo que responder. Pasó su mano mojada sobre el rostro, con sus zafiros enrojecidos, preguntándose por décima vez si realmente no podría darse la oportunidad de vivir de nuevo eso que hace seis años vivió, aunque con ello tuviera que volverse vulnerable otra vez.

Calmó su voz, respiró… Saga escuchó desde su departamento aquel resopló de aire turbio que le dio indicios del estado en el que se encontraba, por mucho que el rubio intentó ocultarlo… lastimándolo…

—Lo estoy…—y era hora de volver a establecer las fronteras, los límites—. ¿Ocurrió algo en mi ausencia, Sr. Leda?—Saga que cerraba ojos frustrados—. Recuerde que no recibo llamadas al menos que sean por el trabajo.

—No—terminó respetando esos límites impuestos—. Sólo llamaba para verificar que estuvieras bien. Aioros y Aioria me comentaron que te fuiste antes de la hora de salida y pensé que habías enfermado—el rubio que mordía sus labios con dolor—. Si era así, podrías tomarte unos días del itinerario.

—No, no se trata de eso—Saga contuvo el temblor de su voz al escucharlo—. Sólo estaba un tanto cansado, creo que he abusado de mi resistencia estos días. Pero, para el veintiuno estaré bien.

—Comprendo…—suspiró con indignación, impotencia—. Entonces, te dejó descansar.

—Le agradezco…—el silencio en la línea—. Entonces… nos vemos en dos días…

—Bien…

—Ok…

De nuevo silencio…

Ninguno de los dos era capaz de cortar la llamada y los segundos seguían marcándose en el contador del teléfono. Las respiraciones cada vez más turbias, cada vez más pesadas, más necesitadas… casi suplicantes… ¿Seguirían acaso sordo y mudos de los que los estaba marcando?

Saga pensaba en si debía decirle que iría a esa actividad el día siguiente…

Shaka meditaba en si debía ceder…

Al final… cinco minutos de turbio silencio se acumuló en la cuota de la llamada. Saga fue quien cortó, frustrado. Al sentir el sonido de la llamada que había caído, la voz en la garganta de Shaka se desgarró.

—Me gustas…—terminó confesando… ahora que no había quien lo escuchara—. ¿Pero no serás tú otro Simons? ¿Que al momento de verte amenazado me dejarás a un lado? ¿No serás otra laguna que se hace pasar por mar?

Porque la experiencia y la seguridad de Saga lo atraía… pero el temor de ser herido de nuevo no permitía que le diera rienda suelta a sus sentimientos.

—Sólo eres mi cliente… cuando nuestro trabajo terminé… continuaras con tu vida… yo con mi existencia…

Y así debía ser…

Para el día siguiente, Shaka se había levantado temprano, siguiendo su perpetua rutina desde que estaba en Grecia, aquel país que Simons en una de las conversaciones le dijo que no visitaría, por ser ese lugar donde recibió el apodo de ser el Hades. Al parecer a la escuela de filosofía del país no le gustaba los métodos y teorías de ese hombre y así se lo hizo saber, ocho años atrás. Por eso Shaka escogió a Grecia para asentarse, sería el lugar donde permanecería alejado de él. Pero… ese año él había decidido ir…

Tenía seis años sin verlo, sin verlo más allá de algunas fotografías de su sitio web y de las fotos detrás del libro, en la contraportada.

Seis años que no había escuchado su voz… largos seis años…

Con un camisa celeste claro, una corbata de líneas azules índigo y celeste, y un pantalón de vestir negro, Shaka completó su vestimenta con un abrigo de piel negro, por el frió que hacía en la mañana. Recogió su cabello con una larga trenza que enredó en la nuca, Su flequillo lo ocultó para luego coronar su estilo con una boina negra, sus lentes de montura del mismo color y un maletín de cuero. Una cadena de plata con una S trenzada adornó su cuello y con ello partió, tomando un taxi hasta el lugar donde iba a darse la conferencia, uno de los hoteles más prestigiosos de Athenas.

Cuando llegó ya muchos asientos estaban ocupados. Luego de hacer la compra de su entrada y comprar el libro que le había regalado a Saga para volver a tener su colección completa, consiguió un puesto al centro de la sala, pero lo suficiente apartado como para perderse en la multitud. Se sentó sacando su Palm y esperando listo el momento de inicio de la actividad, sin saber que alguien lo observaba.

Saga, enfundado en un abrigo de gamuza marrón y disimuladamente lo había esperado en la entrada del congreso. Lo vio entrar, extrañado al ver que había recogido y ocultado su cabello, con un estilo muy diferente al que le conocía, más formal y elegante, entrando y comprando el libro que reconoció de inmediato. Lo vio ingresar a la sala y sentarse en aquel lugar como cualquier espectador. Por un momento pensó en sentarse a su lado y hacerle saber que estaba allí, pero prefirió estudiar un poco el ambiente. La forma en que estaba vestido indicaba que buscaba pasar desapercibido. ¿Será que no quería que lo reconocieran? ¿Quiénes? ¿Simons? ¿Los medios? Se sentó en un lugar lo prudencialmente alejado y suficientemente visible para seguirlo observando a la distancia.

No pasó media hora cuando empezó la actividad. Las palabras de algunos celebres nombres de la materia, el organizador y luego la presentación de cada uno de los conferencistas. Pasaron primero dos oradores y veía desde su asiento que Shaka tomaba nota de cada uno de los puntos, tomando especial atención a las láminas proyectadas en la pantalla. Nada parecía fuera de lo común y Saga se sentía nervioso en espera de cualquier cambio al respecto, cuando la pantalla dio pasó a la presentación de lo que sería la intervención de Lord Simons Whorther. No hubo cambio alguno.

Apareció entonces en el estrado el hombre enfundado en un elegante traje negro, con una camisa cerrada de color esmeralda y el cabello negro recogido hacía atrás, con algunos mechones cayendo en su frente. Piel extremadamente blanca, labios pálidos, ojos de un color difícil de describir y con algunas líneas de expresión que delataban su edad. Era mucho mayor que Shaka, por más de veinte años. Notó que esos ojos inspeccionaron todo el público con lentitud como si buscaran algo. Percibió que Shaka también se dio cuenta de ese gesto, y fuera a lo que pensó, en vez de hacerse visible, Shaka se reclinó en su asiento y se ocultó con su boina.

¿Qué había pasado entre ellos? Cada vez Saga estaba más inmerso en las dudas…

La presentación fue llevada sin contratiempo. Con una magistral intervención, Lord Simons mostró sus nuevos conocimientos y la propuesta del nuevo libro de su colección, junto con las ventajas de su lectura y que lo llevó a escribirlo. Shaka tomaba nota en su Palm, Saga lo observaba cada vez más ansioso de conocer más. Para cuando Lord Simons salió del escenario, se dio el espacio de receso para que los participantes desayunaran algo. Shaka se levantó de su asiento, sin mirar hacia atrás, y simplemente se fue, tomando un taxi. Fuera de todo lo que el griego pudo esperar, Shaka no estuvo hasta el final de la conferencia.

Tomó entonces una decisión…

De todo lo que observó, concluyó que no, ellos no se estaban viendo… Shaka le estaba huyendo, ¿él lo estaría buscando? ¿Por eso vio con tanta insistencia a todo el público? Revisó desde su celular la página de nuevo, verificando los eventos… cada evento eran en países distintos, tomando las ciudades más emblemáticas. Parecía que desde lo ocurrido en Londres, Simons no paraba de visitar diferentes lugares para promocionar sus libros, algo que no hacía anteriormente. ¿Lo estaría buscando?

Y si era así, ¿qué pasaría si lo encontraba?

Pensando en ello entró por el pasillo que daba hacía los bastidores del escenario. Varios personajes de seguridad intentaron hacerle frente pero con sólo mostrar sus credenciales como abogado penalista del estado, o lo que es mismo, casi fiscal, lo dejaron pasar sin problemas. Preguntó a varias personas donde podría ubicar al psicólogo y le informaron que debía estar por subir a su habitación en el piso cinco del edificio, junto a sus asistentes, un par de gemelos.

Decidido fue hasta ese lugar, viendo a los gemelos que salían de una habitación con varios documentos en manos. Ambos de cabellos cortos, mientras uno lo tenía dorado como el sol, el otro era blanco como los rayos de luna. Ambos enfundados en abrigos negros lo miraron con desconfianza. Sacó entonces el libro que Shaka le había regalado y habló con ellos para decirles que su única intención era sólo una firma, mostró sus credenciales y estaba a punto de ofrecer una suma de dinero con tal que le permitieran pasar. Los gemelos finalmente accedieron.

—Le advertimos que está un poco cansado, ha sido un viaje maratónico—decía el de cabellos dorados con rostro serio.

—Sólo firmara y usted se retirara—sentenció el hermano con una mirada más amenazante.

—Así será—contestó Saga aceptando las condiciones, ya frente a la puerta.

Tocaron la puerta y abrieron. La suite era acogedora, amplia y el doctor estaba con una mano en su sien, masajeándosela viéndose cansado. Al sentir que la puerta abrió y entraron los asistentes, se puso de pie, dejando una fotografía a un lado.

—¿Lo consiguieron?—preguntó el doctor con mirada turbia. Los gemelos ocultaban a Saga con su cuerpo.

—Lo siento Simons, aún no hemos bajado a verificar si estará aquí—respondió el rubio.

—Insistió que las posibilidades que vaya a un evento sabiendo que estará usted las veo nula, Señor.

—Si vendría… sé que vendría… de estar aquí, claro…

“Lo está buscando…”

Fue lo que pasó por la mente del abogado cuando vio al hombre sentarse de nuevo en el mullido mueble, con la mirada perdida. De inmediato la inseguridad ahorcó a su temple… Si él lo estaba buscando y Shaka seguía atado a él… ¿si se llegaran a encontrar, Shaka lo seguiría? ¿Acaso lo estaría arrojando a otros brazos?

—Pero no vinimos para eso, My Lord. Un hombre desea que le firme un libro, es abogado estadal—secundó el rubio, haciendo que Saga volviera a la realidad y se diera cuenta que ya no había paso atrás. Las esmeraldas del doctor subieron para encontrase con las del abogado. Las observó y las analizó.

—Hombre fuerte, un temperamento difícil y decidido, aún así, inconstante—dijo de inmediato, dejando sin habla al abogado—. ¿Estás dudando, muchacho?—preguntó finalmente, leyendo la indecisión.

—No…—finalmente asumió, dando un paso al frente, extendiendo el libro—. Es un placer conocerlo Simons Whorther, mi Nombre es Saga Leda, abogado penalista del estado de Grecia. A sus servicios.

—Igualmente—tomó el libro en sus manos, aún sentado en el mueble—. Remodelando tu vida… un buen ejemplar—comentó viéndolo por encima—. Está perfectamente cuidado, pese a ser comprado en los primeros tirajes. Se ve que es muy bueno conservando las cosas.

—Realmente, el libro es de otra persona que me lo prestó en un buen momento—admitió el abogado, nervioso al verlo ojear por encima las hojas y las frases marcados en amarillo, azul, y algunas entre ambos formando un verde.

—Ya veo… ¿a nombre de quien firmo?

—A nombre del dueño, el nombre está en la primera hoja.

El hombre abrió el ejemplar en el primer libro, y al leerlo sus ojos mostraron una visible consternación, levantándose de su asiento con manos temblorosas. De inmediato, el profesional se vio inmerso en un torbellino de recuerdos lejanos que tomaban forma de un deseo que había estado buscando desde aquel terrible episodio.

Simons buscó los ojos del abogado, con turbación, viendo en aquellos un fuego determinado, decidido a buscar su espacio en esa historia… la de ambos…

—¿Está aquí?—preguntó con un vibrar en su voz.

—Se fue…—iba a agregar algo cuando lo interrumpió el abogado—. Él no sabe que estoy aquí, ni que sé que usted y él se conocen. Aunque… tampoco conozco las circunstancias—el doctor lo veía contrariado, pasando su índice por la firma.

—Shaka Espica… ese apellido…

—No es el verdadero…

—No… reconocería su letra en donde fuera…—cerró el libro en sus manos, inseguro, nervioso, abrumado con tantas cosas a la misma vez.

Shaka estaba en Grecia, era lógico… lógico pensar que iría al país donde él mismo se había negado a regresar por la crítica de los medios. ¿Cómo estaría? ¿Qué pasaría con él? Después de lo sucedido no había dejado de buscarlo alrededor de Europa. Había cortado relaciones con su padre y buen amigo desde lo que pasó, no supo nada de él luego de que lo expulsaron y marcaron con sangre en toda la escuela de psicología por su culpa… no supo nada de Shaka desde aquel día donde tuvo que decidir… y decidió su carrera…

No supo nada de él desde que lo abandonó seis años atrás…

Y ahora ese hombre estaba frente a él, con un libro que Shaka visiblemente le dedicó y por irrisorio que sonara el asunto; Simons sintió la leve pulsada de los celos en el estomago. Observó a aquel hombre tan seguro de sí mismo, tan determinado a hacer algo que no acababa de comprender con una fuerza apabullante, con un liderazgo abrumador, con un magnetismo que le hacía comprender que estaba frente a un líder nato y a una nobleza vestida de fortaleza.

No pudo evitar preguntarlo…

—Y usted, ¿qué eres de él?

Y Saga no pudo evitar responder de esa forma…

—¿Yo?… un amigo que aspira ser el escritor de su próximo capítulo de vida.

Y así las cartas estaban sobre la mesa.

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