Un poco de Color y Vida (Cap 14)

Shaka ha decidido ir a esa cita que podría significar un vuelco para su vida, sin saber que Saga esta muy al tanto de ello. ¿Saga hará algún movimiento más? ¿O permitirá que Shaka vaya solo al reencuentro con el pasado?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Shaka ha decidido ir a esa cita que podría significar un vuelco para su vida, sin saber que Saga esta muy al tanto de ello. ¿Saga hará algún movimiento más? ¿O permitirá que Shaka vaya solo al reencuentro con el pasado?

Capitulo 14: Pasados

Abandonado…

Dejado…

Tirado…

Esas eran algunas de las palabras que golpeaban una y otra vez en su mente, mientras estaba frente al closet de su habitación, en la nimia tarea de escoger que ponerse para la inesperada cita. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que estuvo frente al closet pensando en cómo debería vestirse? ¿Cuándo en la que se preocupaba tanto por cómo iba a verse frente a alguien? ¿Cuánto…?

Y le daba temor pensar en sus razones en ese momento… Admitir que lo hacía por el abogado o era por la idea de encontrarse con Lord ¿A quién de ellos quiere demostrarle algo? ¿Es a ambos? Un suspiro sordo salió de sus labios temblorosos, mientras que una mano indolente echaba su cabello hacía atrás. Volvió a sentarse al filo de su cama, con el rostro hacía el suelo, la mirada perdida… el corazón latiendo con fuerza… con dolor… con todo…

¿Qué sería de él si Simons lo hubiera apoyado? ¿Si se lo hubiera llevado con él? Quizás un prestigioso psicólogo como él… quizás con estudios de postgrado a puertas… Quizás…

Ojos turbios escondiéndose tras parpados vibrantes. No valía la pena pensar en hipótesis… Era en vano pensar en las increíbles formas en la que hubiera cambiado su vida si ese hombre hubiera cumplido… Si no lo hubiera sacrificado.

Finalmente escogió…

Y él salió perdiendo en esa relación, en todo… perdió en todo…

En otro lugar, tomando un poco de coñac, otra persona también estaba sumida en recuerdos e hipótesis infundadas, aquellas que por más que se formulen sólo están destinadas a dar una respuesta inválida, una visión irreal de lo que pudo ser si hubiera tomado una decisión diferente. El doctor de nuevo dejaba el pesado vaso de cristal grueso sobre la peinadora, viendo la nada del ventanal que mostraba que ya el atardecer estaba cayendo sobre ellos.

Y recuerdos… cientos de ellos volvían a agitar en su mente, aquel fatídico día donde todo cayó en pedazo… donde el más vulnerable sería quebrado para siempre.

Esa mañana había recibido la misiva de la UCL con una copia de las pruebas. Un jurado académico tomaría acciones sobre el asunto que declaraban como alta traición e inmoralidad para su seno. No bien había terminado de ver las fotografías y grabaciones que les estuvieron haciendo durante tres meses, los lugares donde frecuentaban, las veces que iban a su apartamento e… incluso… micrófonos dentro de la habitación para escucharlos…

Escuchaba la voz de Shaka llamándolo en medio de su unión sexual…

Y lo primero que pensó fue en: ¿Qué pasará con él?

No tuvo tiempo de meditarlo cuando ya los gemelos habían arremetido a su habitación. El de cabello plata de inmediato sacó las maletas y empezó a guardar sus ropas. Simons, extrañado y confundido buscó con su mirada al de ojos dorados, quien lo observaba con una tranquilidad apabullante.

—¿Qué sucede?

—Ya apartamos los boletos para su vuelta a Alemania, My Lord—los ojos esmeraldas se abrieron desmesuradamente, un palpito en su pecho se hizo sentir en todo sus nervios.

—¿Volver? ¿Por qué? ¿Qué clase de decisión es esa sin consultármelo?

—Es cuestión de tiempo para que el escándalo se agrave, My Lord. La universidad ha enviado una misiva pidiendo su retirada voluntariosa del puesto y del país, por parte del colegió de psicología—“Shaka…” era lo único que podía pasar en la mente del doctor mientras lo escuchaba—. Si no sale del país para esta noche, la noticia será extendida, su carrera caerá en picada.

—Recuerde que la Señora Pandora esta en cuidado por su embarazo riesgoso—secundo el gemelo de cabello plata, mirándolo con la misma seriedad—. Si llega a saber no sólo que le fue infiel, sino con quien, junto a la caída de su carrera…—las manos del doctor que cubrían su rostro, buscaban algo de que sujetarse… una esperanza…

—Además que podría ser peor para el joven si se llega a ventilar por los medios el caso—No… él no quería abandonarlo…

—No hay tiempo, para esta noche usted debe estar cruzando la frontera de Inglaterra—No quería ese final para su relación…

—La UCL prometió discreción en el caso si usted salía del país…

—Además, la señora Pandora también lo necesita, lo ha extendido por mucho tiempo.

—No hay opción…—la sentencia…

—Debemos irnos…—de la separación…

Aquella tarde Radamanthys, su viejo amigo, su más confiable allegado, lo golpeó y lo miró con un asco jamás visto en esa mirada dorada. Ojos de oros quebrados sin deseos de mostrarse vulnerable. El orgullo lacerante de los Wimbert, el mismo que Shaka tenía… el que Shaka cultivó al lado de su padre durante su crianza…

“¡Confíe en ti!”

Reclamos, cientos de ellos… miles de ellos…

“¡¡Me lo enfermaste!! ¡¡Enfermaste a mi único hijo varón!!”

Y se preguntaba por enésima vez, que sería de Shaka en cuanto su vuelo se diera…

¿Qué quedaría de él?

“¡No quiero verte más en mi maldita vida! Y sólo porque amo a Pandora y sé que podría empeorar si lo sabe, ¡es que he decidido ocultarlo de ella!”

Y Shaka nunca supo de las llamadas de su mujer… de sus reclamos… de las veces que le lloraba diciéndole que si la había abandonado… si ya no la amaba…

Cuándo fue por última vez, ella para atarlo, para evitar que la abandonara, permitió concebir… pese a su estado de salud…

Pero Shaka nunca lo supo, nunca se lo dijo. No quería preocuparlo ni mucho menos hacerlo sentir culpable de la muerte de su matrimonio…

Y allí estaba de nuevo, seis años después. Dos bellos retoños que con su mujer lo esperaban en Alemania, aún casado, aún comprometido y esperando, como en ese entonces, que la hora se diera, que el momento llegara, para recibir con su corazón latiendo a miles por segundo la llegada del único ser que le había inyectado vida a su tranquila monotonía, sombría visión… Al único que con esa discreta sonrisa elegante, ese aire aristocrático le hizo pensar, en un efímero instante, botar todo por la borda para tenerlo a su lado…

Pero las cosas jamás son fáciles… No son sencillas, la vida no es tan amable con los humanos…

Entre deberes y un querer, pesó los deberes…

Es quizás por ello que fue la peor decisión de su vida… Porque por encima de todo fue egoísta consigo mismo, al abandonar a alguien que sentía, aún amaba con todas sus fuerzas…

No se trataba sólo de su juventud, de su belleza, de su vitalidad…

Shaka le imprimía color… Shaka era un arcoíris quien al reflejarse sobre él le hacía sentir, con vida…

Y había alguien con más fuerza de voluntad, más juventud, más temple… esperando también por él…

La puerta de la habitación por fin fue abierta y Saga, quien esperaba en la sala, nervioso, con la taza de café que le habían servido, subió sus esmeraldas sintiéndose en demasía, desesperado. Sus ojos observaron entre dolor y sorpresa al dueño de la casa, quien vestía un largo abrigo de cuero marrón, una boina del mismo material que adornaba su cabeza, el cabello trenzado caía sin forma en la espalda. Dentro se veía una fina camisa beige con líneas doradas finas y un pantalón de corte recto, elegante. La mirada lo escrutó sin detenerse a dar explicaciones y el hindú terminó desviando el rostro, escapando del leve vacio en el estomago que le provocó sentir esa inspección.

No fue la primera vez que sentía que al llegar las miradas lo desnudaran con deseos y lascivias…

Pero cuando se trataba de él, las cosas eran muy diferentes y además… admitía, que era la primera vez que el abogado le miraba sin reparo alguno de esconder sus intenciones.

—Te sienta bien—fue lo que comentó, intentando no ser muy irrespetuoso reconociendo que ciertamente no tenían aún esa confianza como para dar un piropo mayor y que Shaka no era el tipo de persona que se dejaban llevar por palabrerías.

—Gracias—musitó al aire, viendo su reloj. La cena dijo que eran las siete y apenas eran las cuatro de la tarde. Aún quedaban tres horas de holgura pero, teniéndolo a él en la sala no pensó en hacerlo esperar hasta la hora de salida.

—Aún nos queda tiempo antes de la cena—acotó el mayor al ver la expresión de contrariedad de Shaka y la hora—. ¿Te parece si damos algunas vueltas?—un leve asentimiento, una aceptación.

Ya en el automóvil Shaka no dejaba de ver todos los objetos que se dibujaban en el vidrio. Era primera vez que entraba en el auto de un cliente en circunstancias muy fueras de las laborales. Le escribió a Aphrodite para saber cómo iban los avances en la decoración. Con satisfacción recibió un reporte detallado de cuales habían sido los adelantos. Como siempre, el sueco conocía muy bien a Shaka como para saber cómo entregarle la información.

Conforme manejaba, varias veces le preguntó a donde quería ir, pero el rubio parecía muy distraído. Apenas habían cruzado palabras y ante la seguridad de que en la noche Shaka tendría un choque intenso con su pasado, Saga necesitaba de alguna forma afirmar, colocar algo, plasmar alguna ocasión para tener viva la oportunidad con él, cuando todo termine. Tragó grueso buscando calmar los miles de pensamientos que se alojaban en su mente. Observó de reojo el rostro del rubio viendo la ciudad tras las avenidas, detalló aquel perfil perfecto, tan bien logrado… tan estilizado…

Lo observaba y más se daba cuenta que no era mera atracción…

Por más que lo veía, se afirmaba que era algo más allá de todo entendimiento…

Y se encontraba deseoso de ser reflejado en sus pupilas azules, observado, dibujado por ellas… detectar el brillo de su glorioso celeste, con el deslumbrar de su brillante dorado y la pureza de su nívea piel… lo jugoso de sus labios, acercándose quizás, dándole la invitación y él aceptándola… Se sonrió de medio lado, solo y recriminándose en como en ese momento tenía el descaro de soñar despierto con el rubio que lo acompañaba. Realmente quería la oportunidad… Deseaba una oportunidad con Shaka…

—Vamos al Monte Lykavittos, de allí al hotel no es necesario recorrer mucho y la tarde está fresca—comentó sin obtener respuesta. Pero decidido tomó la determinación.

Para cuando Shaka sintió que el auto había dejado de moverse, ya estaban en el lugar. Afortunadamente no era temporada de turistas, por lo que el monte en el centro de Athenas que ofrecía un vistoso mirador de la enorme ciudad estaba casi a su completa disposición. Caminando entonces se dirigieron a un café en las alturas, hicieron su pedido mientras trataban de ver la forma para estar juntos ese tiempo sin traspasar los límites, para Shaka, el de empleado y empleador, para Saga, los considerados dadas las circunstancias. Sabía que las cosas podrían tornarse tensa en cuanto Shaka descubriera que todo lo que estaba pasando fue provocado por él.

Durante la bebida del café, Saga no tuvo reparó en hacerle saber su vida. Conversador como siempre lo ha sido, abrió su propio libro, aquel que ha escrito y estaba lleno de muchos capítulos difíciles, sobretodo en esa batalla interna por su inclinación sexual. Se lo puso a disposición del hindú, le contó la frustración cuando de adolescente se excitaba sin desearlo, como su hermano Kanon pudo asimilarlo mejor que él, que la religión en su familia condenaron a su hermano y él, por temor, prefirió matar esa parte de él. Buscó de miles de manera, se confesó decenas de veces… el perdón había perdido su efecto, cada vez se sentía más culpable…

Y en todas las reuniones familiares, siempre salía el mismo tema: la espera de los nietos, la enorme familia que él como el mayor les daría…

Frustrado regresaba a su habitación… encerrado, encarcelado por si mismo…

Le comentó entonces cuando su hermano al tener la mayoría de edad huyó de la familia. Sus padres no lo buscaron, lo dieron por muerto, pero por ser la conexión de los gemelos tan especial Saga a veces despertaba llorando al sentir ese retorcijo en el estomago. Muchas veces se preguntó si era el hambre que su hermano pasaba solo, y se maldijo por no ser lo suficientemente fuerte para destruir los prejuicios de su hogar, su apellido, y seguirlo. Sintió otras tanta el frio, el temor y en algún momento, terminaba llorando sin razón aparente. Pasaron años, largos años, cuando él por iniciativa propia y ya lejos de su familia, buscó a su hermano… lo consiguió.

—Debió ser un encuentro emotivo—interrumpió el rubio con una expresión digna de un psicólogo. Saga no pudo evitarlo, evitar mostrar esa sonrisa entre comprensión e impotencia, al ver lo que pudo y no fue en él. De seguro Shaka en ese momento analizaba cada una de sus palabras y para él, en ningún momento, le representaba un problema. Shaka tenía ese algo que te hacía sentir en confianza… Como si con él se consiguieran todas las respuestas… la verdad absoluta.

—Lo fue, cuándo lo conseguí ya estaba terminando su carrera de arquitectura. Lo hizo con su propio esfuerzo, lavó autos y se volvió en mecánico en un taller bastante común. Cuándo lo encontré ya tenía a su pareja—se sonrió al recordar la forma en que Kanon lo abrazó luego de casi siete años separados. Él siempre había sido así, impulsivo… Para Saga no fue tan fácil, no porque no lo sintiera, sino que al estar acostumbrado a controlar todas sus emociones para cubrir los estándares familiares, le costaba abrirse—. Sé que al final, él consiguió la forma de protegerse a sí mismo y demostrar que podía contra el mundo—una leve sonrisa dibujada en los labios del hindú que no pasó desapercibida al mayor.

—La satisfacción cuando logras sobreponerte contra el mundo con éxito, es realmente indescriptible. Sólo tuve la oportunidad de ver a su hermano una vez cuando nos vimos en la casa, pude notar en él una fuerza y libertad impresionante.

—Fuerza y libertad, creo que lo has retratado con sólo dos palabras—una leve sonrisa, discreta, en ambos labios… límites que empezaban a verse borrosos.

Al verlo más relajado, se sintió confiado para tocar parte más particulares de su vida, mostrarle los últimos capítulos escritos. El como Kanon le había dicho que casarse con una mujer sólo porque la sociedad lo dictara no era correcto, que estaría cometiendo un error. Como al final no hizo caso y se unió con ella, Maryn, una amiga en quien había confiado por muchos años, a quien admira aún, ya que tenía ese temple de maestra con rasgo de madre. Le comentó que ella siempre le había pedido tener un bebe pero no se sentía seguro aún de ser padre. Le aterraba no el hecho de tener un hijo, sino de pensar en si debía criarlo como sus padres lo hicieron con él o no.

—Es comprensible que tuviera duda de su papel como padre si se sintió tan cohesionado en su familia—concluyó el rubio, pasando la cucharita de plata por el pudin de chocolate que pidió. No se había dado cuenta, pero los colores empezaban a caer en el cielo de Grecia, las tonalidades entre naranja y rojo hacían acto de presencia y dibujaban reflejos dorados en la piel y cabello del rubio. La visión era arrolladora. No importaba como, Shaka tenía una belleza difícil de evadir.

—No es fácil cuando sabes que hay mucho de ti que le escondes a esa persona que ha confiado ciegamente en ti. Eso es lo que sentía con respecto a Marin, al final… tuve que asimilarlo. Me estaba afectando más de lo que esperaba, la presión de tener un niño, junto a todo lo que cargaba ya dentro me llevaron a buscar ayuda psicológica. Todo para el final regresar al mismo punto de más de diez años atrás: mi inclinación sexual.

—¿Cree que tomó la mejor decisión?—preguntó con sus zafiros escrutadores. No entendía porque el abogado le estaba hablando de todo ello pero se sentía bien, en confianza y en cierta forma, comprendía entonces aquello que le hizo extender su mano amiga para ayudarlo, lo que le impulsó en pedir una bebida más, un postre… Eran más parecidos de lo que llegó a pensar.

—Creo que al fin me siento bien conmigo mismo—levantó la mirada, vio que en el mirador la vista estaba gloriosa—. ¿Te parece si vamos a las barandas de la terraza?

El rubio como respuesta se levantó el asiento, aceptando la invitación. Caminaron entonces hasta las barandas de hierro de aquella cafetería, que mostraba una vista gloriosa de Athenas, mientras los colores del rojo a naranja iban tomando un matiz lila y violeta, conforme las horas iban cayendo y la noche se acercaba.

La hora estaba por llegar y Saga se sentía aún sin algo que le diera esperanza de los términos de la noche. Esperó que al hablar de su pasado, Shaka abriera el suyo. Que quizás al sentirse en confianza le ventilaría algo de sus antiguos capítulos. Pero no, tal como psicólogo se entretuvo oyendo y analizando, quizás armándose un boceto más fiel de su persona.

Lo vio entonces con la vista en las extensiones de Athenas. Como las luces de los autos en las avenidas dibujaban senderos estrellados, como libélulas en aquella enorme vista panorámica. Ahora los colores, la oscuridad medio iluminada por un farol cercano, dibujaban en Shaka terrenos de plata sobre su dermis, luciendo así provocativo y místico, misterioso y tan dueño de sí mismo al estar con las manos en los bolsillos y simplemente con la vista en el paisaje, dibujándolo con pupilas celestes… como un ave en los cielos.

—Es una vista hermosa. Muy pocas veces he venido aquí—comentó el hindú al percibir el silencio, que muy contrario a lo que pensó a las primeras horas de la salida, se le hizo incomodo.

Cuando aceptó la invitación esperaba que el abogado no hiciera preguntas de más, que no hablara, que lo dejara meditar y estar allí, conjugándose miles de formas en la que podría gestarse el encuentro con ese hombre que significaba tanto. Pero la conversación le había dado tranquilidad y fortaleza. Oír lo que aquel le había tocado asimilar, la historia de sus hermanos, todo eso le hizo recordar el camino que había transitado, todo lo que había logrado. Ahora estaba más decidido a afrontar de una vez el pasado… estaba dispuesto a llegar al lago y decirle todo lo que había logrado sin él… El rio no puede detenerse en él…

Sería estancarse…

El debía fluir, fluir y seguirse moviendo…

Las calmas del lago no lo ayudarían… él necesitaba mar… y en eso pensó cuando lo miró de reojo, discretamente, se dio el lujo de ver al detalle el perfil del abogado. La nariz prominente, esbelta, perfectamente tallada, labios carnoso, provocativos, el mentón duro que le daba esa apariencia gloriosa, su ceño fruncido en contraste a sus esmeraldas llenas de fuerza y bondad. Sus ojos de nuevo volvieron a sus labios…

Enjugó los propios…

Su corazón volvió a latir con tanta fuerza que pensó se detendría en algún momento. De nuevo esa vacuidad en su estomago, burbujas explotándole en el esófago, todo aquello, toda aquella sensación que creyó perdida… dormida… olvidada. De nuevo aquella percepción de que estaba viviendo… recordar que en sus venas corría sangre que en ese momento se acumulaba en sus mejillas al darse cuenta de los deseos que mórbidos le hizo morder sus labios delgados. El viento soplaba entre ellos, y en ese momento Saga se encontraba muy perdido, divagando en tantas cosas, como para notar la forma en la que Shaka se regodeaba viendo sus mechones azules ser azotados por la brisa nocturna.

Su cuerpo reaccionó… tuvo frío… buscando calor… El de esos brazos.

—¿Cómo fueron tus padres contigo en tu juventud?—aquella pregunta, dicha viendo a la nada, devolvieron a la realidad al hindú. Contrariado bajó su mirada, apenado además, por los pensamientos que por un momento secuestraron a su mente y no hizo esfuerzo alguno para recuperar el control.

—Excelentes padres, con errores como todos. Pero… excelentes…—esa fue su escueta respuesta. Saga mordió su labio inferior frustrado. Quería que Shaka se abriera, que le destinara la confianza con la que él se había mostrado a él. Para Shaka, hablar de pasado justo en el momento que se iba a enfrentar a él no era una opción.

—Supongo…—desvió la mirada hacía él… notó el leve color en su mejilla. Un palpito, certero en su interior… quizás una esperanza…—. Deben estar orgulloso de ti…—habló con lo que se suele responder en ese caso… y para cuando se dio cuenta de su error las palabras habían abandonado sus labios.

Los ojos azules se abrieron con un ligero estupor. El color de las mejillas cedió… sus pupilas celestes miraban la nada parpadeando, intermitentes… Mordió sus labios reclamándose su falta de tacto al mencionar eso que si bien, hubiera sido justificado al no conocer lo que Shaka pasó… el haberlo mencionado justo en ese momento y al tanto de lo vivido era un terrible error.

Entre tanto… los pensamientos del rubio fueron agitados y golpeados como el agua que corre por una empedrada empinada. Los recuerdos hicieron acto de presencia, mientras la noche se hacía espacio sobre ellos.

Estar orgullosos…

Tenía seis años sin saber de ellos…

Y lo último que se llevó de ellos fue…

“Te entregaste como una perra a él. ¿No entiendes? No fuiste para él más que un agujero en donde calmar su lujuria. Me imagino que te ofreció el puesto en la universidad y aceptaste. ¡¡LE VENDISTE TU CUERPO PARA ENTRAR A UCL!!”

Su padre…

“¡Yo tuve un hijo varón!”

Su madre…

Cerró puños con frustración, tembló un tanto. Cerró parpados buscando controlar las terribles corrientes que golpeaban su temple. Exhaló todo el aire de sus pulmones… Inhalo todo en cuanto fue posible tomar… y en ese momento, sintió con escalofríos el cuerpo del mayor plegándose a su espalda, colocando aquellas gruesas manos en sus antebrazos, friccionando en un movimiento vertical para destinarle calor.

—Pensé que tenías frio…—murmuró contra su oído… en un gesto desesperado por despejar las memorias que ya sabía no le haría saber… Shaka no se abriría a él.

—Creo que es hora de ir hacia… la cita—susurró contrariado, ahora en una batalla campal entre la parte de él que deseaba sentir más de ese cuerpo y la otra, que le recordaba dolorosamente las posibles consecuencias. Lo perdido…

—¿Ansioso?—inquirió con el hálito caliente sobre el oído del decorador. El estremecimiento… la lucha interior…

—Mientras más rápido lleguemos… más rápido terminará—confesó, sabiendo que no eran las palabras que se dirían ante la ocasión de conocer a alguien que admira. Esperó que el abogado no formulara pregunta para ello… y Saga así hizo—. Voy a pagar el postre…

Huyó… estaba consciente de ello. Pero debía huir de ese contacto que lo estaba quemando en vida, que lo estaba descolocando… acelerando. Y cuando lo hacía, la voz del abogado detuvo su caminar.

Lo miró entonces, de espalda y con la vista frente a la ciudad… manos escondidas en los bolsillos… mucho que esconde dentro de sí…

—No estás sólo…

El viento sacudió sus abrigos, sus cabellos… sus pensamientos… Los celestes observaron con consternación… las esmeraldas se negaron a mirar…

—Te espero en el auto…

Y con eso sentenciaron por los momentos, el silencio…

Y ya la hora había llegado. El doctor se colocaba una esclava que había conservado como un tesoro durante esos años… de plata, grabada con unas iníciales que muchos no entenderían pero que para él tenían un espacio especial en su vida.

Se la había regalado Shaka…

Se la puso en su muñeca derecha, revisó de nueva cuenta el reloj. Exhaló aire turbio… respiró…

La camisa también se la había regalado Shaka y la había preservado, intacta… esperando por él…

Y con ello estaba dispuesto a hacerle entender, en cuanto lo viera, que aún no era su pasado…

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