Un poco de Color y Vida (Gaiden 01)

Esto es un gaiden o extensión especial de mi fic Sasha Un poco de color y vida, relatando como fue que inició la relación de Kanon x Mu ^^

Mu ha encontrado un compañero de clase algo particular a quien no sabe si lo que sientes es desprecio o aprecio. ¿Qué es lo que guarda la lluvia llamada Kanon?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.
Comentarios adicionales: Esto es un gaiden o extensión especial de mi fic Sasha Un poco de color y vida, relatando como fue que inició la relación de Kanon x Mu ^^

Mu ha encontrado un compañero de clase algo particular a quien no sabe si lo que sientes es desprecio o aprecio. ¿Qué es lo que guarda la lluvia llamada Kanon?

Gaiden 01: Buscando Lluvia.

En la prestigiosa universidad de Athenas no cualquiera puede ingresar. Incluso, es bien conocida por su estricto seguimiento y selección de nuevos estudiantes en su seno, enfocada en mantener la alta calidad de profesionales egresados y así el renombre del cual goza. Es sabido que aquellos que han logrado ingresar y egresar de esta universidad merito poseen.

Cuando Mu llegó por primera vez a la universidad fue luego de un intercambio internacional con el tibet, gracias a una organización de becas internacionales que le permitió al oriental la apertura de las puertas griegas a su futuro. La influencia también de su abuelo Sage había sido un apoyo para dicho honor y por él y su tío abuelo Hakurei estaba dispuesto a demostrarle que bien había valido la pena todo el esfuerzo.

Sin embargo no era tan fácil como pensaba. Viviendo en un apartamento estudiantil de intercambio, le costó enormemente abrirse espacio y conocer personas. El idioma había sido el primer inconveniente, luego su extraña y exótica belleza que lo hacía merecedor de decenas de invitaciones indecorosas de hombres y mujeres, le habían creado una fama que él detestaba. Era pacifico, ciertamente si, estaba acostumbrado a tomar la vida con la calma que merece, pero que no vinieran a molestar su tranquilidad, ni a pensar que como manso cordero se dejaría tocar por cualquier; Mu era una persona que al sentirse atacado no dudaría en mostrar la indulgencia de su signo.

Pronto el dinero que su abuelo le enviaba por remesas y lo dado por la beca no era suficiente para cubrir los gastos de Arquitectura, sobre todo cuando empezaban los proyectos que requerían la inversión de capital para poder comprar los implementes necesarios a la hora de armar maquetas. Todo era en exceso caro, y no tuvo otra opción más que buscar un trabajo diurno y pasar su horario al nocturno, para que de esa forma además de tener el dinero preciso para sus proyectos, tener algo con que entretenerse un fin de semana que quisiera pasar viendo una buena película o comiendo en un buen restaurant. Era de buen gusto además, y no estaba nada de más despejar su mente después de días trabajando y estudiando.

Así, conoció a Kanon.

—Oye, puntos, ¿qué dijo el profesor de presupuesto ayer?—el mencionado frunció sus dos puntitos que eran la marca de su ascendencia con evidente molestia. Haciendo uso de su inmaculada paciencia le sonrío amablemente para responderle.

—No tengo idea, no doy mensajes a los que no vienen a clase.

—¡Que cruel eres!—reprochó el griego, rascándose la cabeza. Al ver que uno de su misma casta entraba por el umbral del salón, lo dejó de lado, caminando hacía aquel y realizar la misma pregunta sin el “puntos” acotado.

Kanon era una persona especial, él lo sabía. Tenía ese aire de ser un rebelde sin causa muy discordante con la imagen de la universidad. Desordenado, a veces distraído, ese hombre era ver la haraganería con patas cuando lo tenían al frente… además, de un sobresaturado aire seductor. No sabía si era sus cejas pobladas abundantes que enseñoreaba su frente, en contraste a las juguetonas pupilas verdes que traviesas parecían maquinar cada tanto una nueva aventura. Si era el cabello azul desenfadado o era su altura prominente de casi dos metros. Tal vez se trataba sólo de su forma de vestir, con una chaqueta desteñida de jean que siempre usaba, llena de chapas de motocicletas y marcas variadas, con su infaltable jean, botas y una camiseta de cualquier color y con cualquier símbolo. Si andaba con una negra junto a su andar libertino parecía un roquero que había dejado olvidadas sus cadenas, si era de blanco era como ver a un motociclista amante del sexo al aire libre y de cualquier color de alguna forma llamaba a la libertad… libertad que Mu no conocía.

Además, hablaba con todo el mundo, coqueteaba con cualquiera, hombre y mujeres le valía igual, decenas de ellos y ellas los veía suspirando como estúpidos cada vez que medio le destinaba una mirada o una traviesa sonrisa y estaba harto de escuchar una y otra vez a las mujeres casadas y jóvenes acaudalados el cómo aquel se movía en la cama. ¿Acaso le importaba? Ya no estaba seguro, pero cada vez que escuchaba a alguien nuevo decir de la maravillosa noche que pasó con Kanon algo se le revolvía en el estomago. ¿Acaso era él solo hecho de pensar en alguien tan promiscuo? ¿O que realmente le gustaría tener una historia que contar al respecto?

—Oye, dos puntos, ¡cúbreme!—escuchó aquella noche en la clase de Administración de equipos de trabajos, y sin darle tiempo de responder se puso la chaqueta sobre la cabeza y se acomodó en el asiento, en posición de descanso.

El tibetano resopló, mirándolo de reojo, ese día había llegado tarde luego de hacer inventario en la librería donde trabajaba, por lo que le tocó sentarse en los puestos traseros, cuando él acostumbraba hacerlo al frente. No entendía como un hombre que era ocho años mayor todavía andaba estudiando, ya él mismo se hacía una idea de que había preferido tener una vida de full sex y ahora era que necesitaba el dinero.

La clase pasó sin ninguna cosa en especial, el profesor de la clase siguiente no fue, así que la mayoría se retiraron temprano. Para cuando Kanon abrió los ojos el salón estaba solo, con el oriental al lado conectado a su laptops y hablando con su primo, Shion, quien avisaba así de su estado a su abuelo. El griego miraba a todos lados algo desubicado, antes de posar sus orbes verdes en las esmeraldas brillantes del menor.

—No hubo clase de Estructura—comento casi al aire mientras respondía un nuevo mensaje de chat.

—Mmm… que bien, no hice el trabajo de Estructura—se estiró con pereza haciendo un pronunciado clamor agotado, antes de pasar sus manos por el cuello—. ¡Diablos! ¡Me duele!

—La posición en que dormiste no fue cómoda—acotó como quien no quería hablar de más—. No lo entiendo, ¿para qué vienes a clases si vienes a dormir?

—Al menos así me ven la cara—jocoso le guiñó el ojo izquierdo y el tibetano viró los suyos con hastío.

—Supongo…

—Ese también tiene dos puntos—comentó pegando el dedo en la pantalla. De inmediato el tibetano se vio molesto.

—¿No te enseñaron a no ser tan irrespetuoso?—de repente el griego se le tiró encima de la cabeza, apareciendo en la pequeña pantalla de la videoconferencia.

—¡Qué diablos!

—¿Ese es mi cuñado?—volvió a señalar viendo la cara de espanto que tenía el rubio en el otro lado del monitor. La cara de Mu estaba roja como un tomate.

—¡Quítate!—gritaba el menor intentando sacárselo de encima mientras veía a su primo preguntándole en su idioma que estaba sucediendo. De improvisto, el griego le dejo un sonoro beso en la mejilla que lo terminó avergonzando de más.

—Salúdalos de mi parte—dijo al final antes de agarrar sus cosas e irse, dejando al pobre oriental con un montón de cosas que responder a su familiar.

Aquello fue algo que Mu no pensaba perdonar. Shion le comentó a sus abuelos, tuvo que dar una larga explicación de quién era ese griego a ellos cuando lo llamaron, su abuelo Sage le habló sobre qué cosas debería estar pensando, que los estudios eran primero, que no debía dejarse engatusar, mientras que su tío abuelo Hakurei no dejaba de comentar graciosas anécdotas de su juventud que hubiera preferido nunca conocer. El hecho es que su abuelo recortó los envíos de remesas por pensar que eran usados en ir a hoteles a tener sexo. Indignado Mu pensaba decirle al griego que se había metido con la persona equivocada y definitivamente lo iba a pagar.

De esa forma logró conseguir por medio de Milo la dirección del susodicho, y una sonrisa flamantemente maliciosa se dibujó en los labios del tibetano. Aquella noche de lluvia pensaba ir y decirle que opinaba de su acción, no tendría reparo, hasta del mal que se iba a morir le iba a anunciar. Así llegó a un barrio de clase media. El dueño del taller motorizado le pidió que lo acompañara hasta la parte trasera del galpón, le comentó que Kanon era un trabajador que alojaban desde hace año y medio. No sabían nada de su familia ni importaba, ese hombre parecía haberlos dejado muy detrás, con su siempre humor alegre hacía ver que no podía estar mejor. Sin embargo, todo fue una gran sorpresa para él.

Cuando por fin le permitieron ir a la cochera lo vio al final, en una mesa de madera, con una camiseta sucia de grasa, sin manga, los brazos torneados estaban manchados de sudor y grasa, su cabello atado de forma desordenada, dejaba caer mechones por todos lados. Era evidente que no se había dado cuenta de su visita. Se acercó con sigilo, viendo los pantalones de tela sintética gris, manchado también pero sus manos sólo estaban llenas de pegamento. Preparaba una maqueta, de un edificio de apartamentos de alta categoría, con dos plantas cada uno de ellos.

—¡Puntos!—exclamó el griego al verlo, con unas sonrisa traviesa y llena de sorpresa—. ¿Qué haces aquí? ¿Me traes los apuntes, como buen samaritano?

—Claro que no…—¿qué se supone que iba a decir? ¿Vine a insultarte todas tus generaciones pasadas pero al verte así he quedado encantado? No, eso definitivamente no podía decirlo—. Quería ver en que perdías el tiempo—se excuso virando la mirada a un lado.

—¡Pues mira! ¡Es mi edificio de mis sueños!—presentó con visible orgullo, aunque estaba lleno de grasa hasta en las orejas, incluso tenía en la nariz.

El tibetano se sonrío enternecido antes de virar su vista hacía la maqueta. El edificio mostraba una abertura para ver la distribución espacial del departamento por dentro. La habitación no estaba totalmente cerrada, era un balcón hacía la sala y cocina, debajo de la habitación estaba dos cuartos que podría ser usado como biblioteca y de visita si querían. Todo estaba hecho con material de desechos que trabajaba con mucho empeño para que fuera lo más presentable y lograba un efecto increíble en su trabajo.

—¿Qué te parece?—preguntó el griego con la mirada brillante, esperando lo que diría el compañero a su lado. Mu se sonrío con sinceridad.

—Muy buen trabajo, ¡te felicito!

—Algún día haré ese edificio, ¡y tomaré un apartamento para mí!—el tibetano lo escuchaba atentamente—. Será un apartamento muy elegante, tendrá trabajos de vidrio y hierro forjado. Camus es muy bueno, creo que le pediría el trabajo a él.

—¿Camus? ¿El novio de Milo?—el griego asintió sin quitarle la vista al edificio en maqueta—. Suena bien, es el mejor en la carrera ahora.

—¡Y tiene buen gusto!—se quedaron en silencio por unos minutos, tiempo que le pareció eterno para el oriental que no pudo evitar observar como hipnotizado el perfil de su compañero, visiblemente mayor, pero un niño, una lluvia… fresca, pura, que jugueteaba entre la brisa y caía regalando sonrisas y buenos ratos a su paso.

Travesura, aventura, desenfado… libertad…

Todo eso representaba Kanon.

—Puedes venir cuantas veces quieras—le dijo el griego sacando de sus cavilaciones al menor. Mu, sonrojado un tanto al ser pillado viéndolo tan fijamente, bajó su mirada buscando salir del incomodo momento.

—¿A hacer qué?—preguntó, sabiendo que la interrogante podría ser cumplida de múltiples formas y con sin fin de intenciones.

—Lo que tú quieras—contestó sin más—. Era en serio lo de mi cuñado.

Los ojos verdes se abrieron impresionados. El color le subió hasta las orejas. El tibetano se encontró absorto ante esas palabras, susurradas al final en su oído, mientras un dedo se encargó de llenarlo de pegamento por todos sus mechones violetas. Al darse cuenta de ese regalo inesperado, Mu de inmediato estrujó sus dos graciosos puntos denotando molestia.

—¡Oye!

—Jaja, ¡me gustan los puntos! ¡Se ven graciosos cuando te molestas!

—¡Eres un payaso!—le gritaba sin poder evitar sonreírse en medio de su arranque de “ira”. Era más bien una extraña sensación de estar recibiendo una lluvia que aunque te daña los planes, agradeces—. ¡Ahora no vendré más!

—No, no, ¡deja y ya te limpio!

Sonrisas… Mu consiguió una lluvia de sonrisas en compañía de Kanon, un sinfín de buenos ratos, emociones… de todo…

Noche que no iba a clase, noche que lo buscaba en el galpón, lo acompañaba a terminar su maqueta, le daba consejos, debatían que material era mejor para la construcción… se enamoraban…

Si bien la atracción por parte de Mu siempre había existido y Kanon llegó a pensar que lo suyo era simplemente un capricho… el tiempo dio fe que no… No bastó tenerlo una vez debajo de él entre cartones, grasa y pegamento. No le bastó con tenerlo gimiendo al paso de pinceles, paletas y reglas, todo lo que tenía a la mano para hacer cientos de recorridos en la piel del oriental, hacerlo sentir múltiples texturas, enloquecerlo, enamorarlo…

No, no le bastó… No le bastó luego besar rincón a rincón de esa piel, dominarlo, amansarlo… venerarlo…

Antes que el desboqué de su placer, se abocó a complacerlo…

Antes que desatar su pasión… se dedicó a quererlo…

Antes que tener sexo, le hizo el amor… y hasta ese tiempo se dio cuenta que eso estaba sucediendo.

Y así estuvieron los dos entre las cajas de cartón destrozadas, sudando por el calor que sólo era mitigado por un pequeño abanico que daba vueltas de un lado a otro. Kanon estaba con la mirada en el techo, aún incrédulo, como si hubiera entregado más que su esencia caliente…

Inseguro… se suponía que no debía ser así… al menos no lo esperaba.

—¿Sucede algo?—le preguntó el de cabellos lilas al reincorporarse sobre él, con sus manos en aquel torso fuerte y desnudo, bronceado por el trabajo, el calor, el sol, la rudeza de la vida. Ojos verdes que lo miraban con preocupación… pupilas orientales que lo ataban… sin querer…

—No… nada—musitó levantándose él—. Ya deberías irte—sentenció y el tibetano lo miró incrédulo.

—¿C-cómo?

—Que fue bueno, eres bueno. Cuando quieras lo repetimos.

Se levantó, se vistió como si no fuera nada especial. Mu lo miraba primero inmóvil, sin entender, sin comprender lo que estaba pasando. ¿No era acaso que había sido algo único? ¡Él mismo había sentido que había sido algo más allá de lo que había experimentado! Sentía que era el comienzo de algo…

—Kanon, ¿acaso…?—no sabía cómo hacer la pregunta… no veía la manera de tocar ese tema…

—¿Acaso qué?—pidió que completaran, dándole la espalda.

—¿No me quieres?—preguntó con un nudo en la garganta, los ojos empañados ante la posibilidad de que todo haya sido una confusión… que Kanon sólo estuviera buscando sexo, placer momentáneo, como con los otros, las otras…

—¿Quererte Mu?—repitió, con algo de sarcasmo. Un puñal atravesando hasta la medula—. ¿No esperas mucho de este picaflor?—palabras que destruían—. Soy demasiado libre para amarrarme, ¡así me quieren!

—¿Ah si…?—palabras atragantadas, que chocaban con ira con sus dientes.

—Vamos, ¿pensaste que sería algo más?—dicho sin dar la cara… cobarde quizás…—. Lamento decepcionart…

El sonido lo alarmó. Volteó incrédulo para encontrarse con todo su trabajo hecho en semanas, destruido en el suelo, el edificio que pensaba construir, el hogar de sus sueños… semanas de trabajos arruinadas… no, su sueño arruinado… pisoteado…

—¡¡MALDITA SEA QU…!!—gritó… y calló…

Las esmeraldas enrojecidas… dos lágrimas silenciosas. Sin sollozó… mirándolo con ira, profunda ira… Pisó una vez más el trabajado proyecto… arruinó, destrozó… y le hizo sentir de esa forma como se sentía él por dentro…

El griego lo miraba sin palabras… incapaz de mencionar algo…

Sólo viendo… sólo observando… comprendiendo… aceptando quizás el castigo…

—¡¡VETE AL INFIERNO!!—gritó el tibetano terminando de dar otra patada a los restos desmembrados de la maqueta.

No hubo más palabras… sólo la acción de uno irse con su honor destrozado pero agarrándose de un poco de su dignidad para no suplicar… de otro que incrédulo veía su trabajo hecho pedazos…

Ambas gargantas tragando salivas y lágrimas…

Ambas miradas cargadas de dolor… de forma distinta…

Se dejaron de hablar… fueron seis meses totalmente desconectados. Mu siguió escuchando de las noches de sexo que Kanon regalaba a quien mejor le apetecía. Incluso, se unió y dio su experiencia, como si fuera lo más normal y común que le hubiera pasado… tomándolo de la misma forma que lo tomó Kanon a él, como algo casual.

El griego escuchaba esas palabras del tibetano en labios de otros, se dolía al ver de qué forma se jactaba de haber sido, también, parte del harem que no volvería jamás a sus brazos…

Y en silencio se miraban… el uno disculpándose, el otro sentenciándole…

Pero Kanon no se atrevía a más, por mucho que hubiera comprendido esa noche que más que haber perdido su proyecto, la casa de su sueño, lo que él anhelaba… verlo a él destrozado había sido mucho peor, más certero… más duro…

Admitirlo era admitir que se había atado… Y había estado demasiado tiempo solo como para poder pensar en estar acompañado…

Le daba miedo…

—Deberías hablar con él—le recomendó el francés, mientras dibujaba en papel milimetrado los planos de la nueva actividad.

—Oí que está saliendo con Lune, el de contabilidad—comentó el griego con la mirada en la nada, manos en los bolsillos, perdido…

—Sí, hasta escuché que ya estuvieron. Lune le contó a Minos y este no dudó en regarlo por toda la facultad. Pero sabes que Mu no es del tipo de persona que le afecte lo que digan los demás.

—Yo nunca me jacté de haber estado con él…—dijo con un leve reclamo.

—Lo que hiciste fue peor que eso, Kanon—le recordó el galo, sin mirarlo directamente. Siempre tan crudo y certero, inevitablemente correcto—. Pero, no pierdes nada intentando que al menos te perdone…

Así pensó… así decidió. Lo encontró aquella noche en una de las bancas. Lo vio discutir con Lune, aquel estaba tranquilo, Mu no, lucía realmente airado. Aquella noche fría lo vio sentado, esperando quizás un taxi, no estaba seguro. Lo cierto es que se sentó a su lado, pesé al sentir el rechazó silencioso del tibetano.

Duraron en silencio, el menor se frotaba las manos en su abrigo, Kanon usaba el jean para frotárselas. El uno sin saber que esperar… el otro sin saber cómo comenzar…

—Tengo un hermano gemelo—comenzó el griego, viendo la nada—. Nacimos juntos… nos concebimos juntos… se supone que deberíamos permanecer juntos—una mirada de reojo por parte del oriental—. Papá y mamá nunca fueron importantes, ellos siempre le prestaron atención a Saga, mi hermano gemelo mayor, porque era más inteligente, era más serio, se portaba mejor, dormía temprano, se levantaba temprano… era más correcto—una sonrisa llena de nostalgia—. Yo era el desorden con patas en la casa. Papá decía que parecía tener un verdadero demonio dentro—calló… respiró…—. Cuándo le dije de mi inclinación sexual… comprobó que si tenía no uno, sino una legión según él…—garganta atorada—. Tuve que irme de casa… le pedí a Saga que me acompañara… sabía que él también era como yo…—una mirada al cielo, quebrada—. Él prefirió quedarse con ellos… —el tibetano que lo observaba… ahogado—. Si nosotros, que nos concebimos juntos, nacimos juntos, nos criamos juntos… somos carne y sangre de mismo ovulo y esperma… si nosotros nos separamos, ¿cuánto más alguien que no comparte nada?—le miró de reojo… le dio a entender con sus palabras—. Para eso… prefiero estar solo.

—Kanon…

—No quiero atarme…—confesó—. Y sé que no tiene caso decirte esto cuando ya tienes otro… sólo… sólo quería… que me comprendieras…

—Yo…

—Lo lamento…

Se levantó, respirando profundo para acabar con los deseos de emitir un sollozo sordo… mudo… que delatara su estado de ánimo.

—No creo que se hayan separado—habló el menor, con la mirada enrojecida, una lágrima que había marcado su mejilla izquierda—. Aunque tengo ya dos años sin ver a mis abuelos, mi familia, mi hermano Kiki, sé, que no nos hemos separado. Que incluso aunque no nos comuniquemos, ellos pueden sentir lo que siento aquí, y yo lo que sienten ellos. Muchas veces mi abuelo me ha llamado preguntando si está todo bien en días que he amanecido enfermo… es… como algo más allá que nos une…—se levantó, lo encaró—. Estoy seguro, que un lazo como el tuyo con tu hermano que es tan fuerte, debes sentirlo también…

—¿De qué vale sentirlo?—interrogó con dolor—. Puede que sienta las veces que mi hermano llora frustrado al estar encerrado tratando de ser quien no es. Puede que sienta a veces su soledad y que él sienta la mía pero… ¿de qué vale?—bajó su rostro—. Él no me buscará… y yo… yo no tengo cara para hacerlo, al menos no aún, no antes de demostrarle que no estuve equivocado… que si pude levantarme solo… que si puedo ser alguien…

—¿Orgullo?—preguntó Mu con una sonrisa comprensiva.

—Quizás… Bien, ya dije lo que tenía que decir…—se dispuso a marcharse, dio media vuelta.

—Kanon… yo aún no termino—el griego se detuvo, sin darle la cara—. No estás sólo…—las esmeraldas del mayor que lo miraron—. Cuando quieras… puedes contar conmigo…

—¿Y si quiero ahora?—el tibetano lo miró impresionado—. Pero sin compromisos… ni promesas… ni condiciones—la sonrisa del menor le daba la respuesta—. No quiero prometer nada…

—Está bien… de todas maneras ya corte con Lune—se encogió de hombros—. Será mi labor samaritana.

Y quizás… más adelante se lograran romper las verdaderas cadenas… no las que Mu representaba, sino las que ataban a Kanon al pasado…

Quizás y más adelante podrían estar juntos… prometiéndose, programando, planificando para un futuro juntos…

Quizás al final la lluvia siempre mojaría la dulzura de las montañas templadas…

Quizás…

—Kanon…

—¿No se ve linda?

—Mmmm… desde la posición en la que estoy sólo te veo la cara y la enorme nariz que tienes.

—Yo veo es el trabajo de yeso que hizo Camus en el techo.

—Kanon…

—¿Y viste como la luz entra por las ventanas de la habitación? ¡Quedó mejor que cómo lo imaginé!

—Kanon… mírame…

—¿Y a poco que no es cool que podemos ver la sala y la cocina desde el cuarto como si fuera un balcón?

—¡Por los dioses! ¿No quieres sexo hoy?

—No lo necesito, ya tengo casi todo lo que quería. El apartamento de mi sueño, a ti…

—¿Y qué más falta?

—Ver a Saga…

—Ya verás… te encontrará…

Y los lazos si son inquebrantables…

Saga lo encontraría una semana después…

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