Un poco de Color y Vida (Cap 16)

Saga ha dejado a Shaka en medio del encuentro. ¿Qué decisión tomará Shaka? ¿El pasado será más fuerte?

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Temas: Yaoi, lemon, romance, Universo Alterno
Personajes: Shaka, Saga, Afrodita, Mu, Kanon, Aioria, Aioros
Resumen: Shaka Espica es un conocido decorador de Interiores que he citado y contratado por el abogado Saga Leda. Sin embargo, al parecer sus servicios de decoración y rehabilitación de espacio tomaran tintes más personales.

Saga ha dejado a Shaka en medio del encuentro. ¿Qué decisión tomará Shaka? ¿El pasado será más fuerte?

Capitulo 16: Motivación

“Sé que tienen mucho que hablar. Te espero abajo”

Esas palabras carcomían su cerebro desde que las oyó susurradas en su oído, junto al escalofríos de esa voz ronca y sensual hablarle de tan cerca, el aliento caliente manando de su boca…

Las palabras…

Antes de que pudiera reaccionar, Saga lo había soltado y dado vuelta atrás, saliendo del escenario, dejándolo con Simons. Cuando dio un paso para seguirlo, Simons lo llamó… se detuvo. Shaka volteó viendo ambas direcciones… al abogado que partía, el psicólogo que lo esperaba… Decidió…

Se quedó con Hades…

Más no lo hizo porque realmente quisiera hablar con aquel… ni mucho menos porque quisiera revivir un pasado… sino por las palabras…

¿Saga sabe?

Esa era la interrogante que magullaba su acostumbrado temple, teniéndolo así en la mesa sentado frente al psicólogo pero totalmente desconectado del momento. Simons intentó entablar conversación, más sólo obtuvo respuestas cerradas y mecánicas a la par de verlo sentarse y tomar la copa de agua, beber el sano liquido como si necesitara tragarse las palabras. Bebió una, dos, tres copas con el temblor en sus manos y sus zafiros turbios, arremolinados en aguas rápidas, como si pronto fuera a caer en picada al vacio. Si… Shaka sentía que pronto caería desde una altura, la rapidez de los acontecimientos así le indicaban… y esas palabras… Malditas palabras…

Me fue a buscar… la cita… hablarme de su pasado… la pregunta sobre mis padres en el mirador… sus palabras… ¡sus palabras!

“No estás solo”

No le fue difícil encajar las piezas… Simons viajando a varios países, la mirada en el público, luego la aparición de Saga y la invitación… Saga diciéndole que no estaba solo… Simons preparado trayendo la esclava puesta…

Comprendió…

Se enfureció…

Simons sólo sintió el golpe secó en la mesa y la mirada encendida, de color azul, de pie luego de haberla golpeado con visible violencia. Las mejillas rojas del menor, tolerando la rabia que le nacía de los intestinos, eran la muestra de la terrible cascada en que el río se iba a convertir en pocos momentos…

—¿Cómo conseguiste a mi cliente, Simons?—el psicólogo abrió los ojos, contrariado—. ¡Jamás pensé que harías algo así! Buscar a mi cliente, llamarme de esta manera… ¡Cómo lograste encontrarme maldita sea!

Entre tanto, Saga había llegado de nuevo al lobby del hotel, caminando con sus manos en el bolsillo, azorado, nervioso, asustado. Ver aquel gesto de ese hombre mostrando aquello que Shaka reconoció, y al mismo tiempo ver la impresión y actitud del rubio ante ello le hizo sentir, inevitablemente, que en el encuentro él estaba sobrando. Más sin embargo, conforme los pisos eran dejados atrás, Saga sentía que había cometido un error y se encontraba desesperado de ver el final de las cosas. Al llegar a la recepción se sirvió café del que tenían ofreciendo en la salida y se sentó en uno de los cómodos asientos del lugar, frente a la escalera que daba a las habitaciones, con los nervios disparados. Echó sus cabellos azules hacía atrás, buscando calmarse ante el encuentro, lo que significaba… lo que había provocado.

—No fui yo—fue la respuesta que al mismo tiempo Shaka recibió en el restaurant, estando de pie. Los ojos claros del mayor permanecieron fijos sobre él—. No fui yo quien lo encontré—las cosas se le arremolinaban en la cabeza. Shaka había olvidado por completo el hecho de que estaba frente a ese hombre. Tan sólo la idea de que Saga supiera quién era él y que había significado aquel en su vida lo tenía mucho más angustiado que su simple presencia—siéntate por favor, siéntate y hablemos.

—No tengo nada que hablar contigo—sentenció el rubio aún asustado.

—Yo sí, quiero que me escuches.

—¿Cómo me encontraste?—volvió a preguntar, queriendo entender primero como habían llegado a ese punto. En qué momento sus caminos se cruzaron. Simons lo miraba con dolor, un intenso pesar tan interior que le manaba por sus orbes claras.

—¿No te contenta verme?

—No.

El silencio se hizo dueño del lugar por momentos. Los ojos verde agua de Simons lo miraron con profundo sentimiento, intentando encontrar algo que le diera indicios de que estaba mintiendo, que era su orgullo lo que le hacía responder de esa manera. Más no fue así. La mirada de Shaka era bastante drástica al hacerle sentir el vasto desprecio, aunque ese desprecio no era hacía él sino hacia toda la situación, la sola idea de que alguien haya provocado el encuentro.

—Simons, ¿Cómo me encontraste?—volvió a preguntar, cada vez cediendo del temor a la más grande indignación—. No había forma de que me encontraras, ¿para eso viniste? ¿Lograste saber de mí? Buscaste así al Sr. Leda…

—No. No fue así—tomó un poco de agua, necesitando enjugar sus labios, remojar su garganta, tragar lágrimas al sentirse despreciado—. Quién me encontró fue él—informó, subiendo sus ojos, notando la expresión de incredulidad del menor—. El abogado te investigó.

Las cejas retrayéndose hacía atrás, los parpados abriéndose azorado, pupilas dilatadas, un leve temblor en sus manos; esas fueron las señales que el psicólogo estudió en él. Sacudió luego su cabeza, pasando una de sus manos por el flequillo, luciendo aturdido. Pronto necesitó tomar asiento para poder superar la afirmación.

—¿Investigó?—terminó por murmurar, luego de tensos minutos dándole vuelta a las mismas palabras—. Eso… no puede ser, ¡es una locura!—exclamó tratando de no levantar la voz. Aún temblaba, su cuerpo entero temblaba—. ¿Por qué lo haría? ¿Qué sentido tiene…?

—Por qué le interesas—confesó siendo sincero. Los ojos azules del menor lo miraron aún desconcertado con todo lo que estaba ocurriendo—. Y ahora entiendo su preocupación. No soy yo quien te detiene a aceptarlo, me lo has dejado claro—frunció sus cejas doradas, lo miró en evidente advertencia de no intentar psicoanalizarlo—. Aunque para mí todavía no eres del pasado.

—No sigas…

—Shaka, yo te he estado buscando—la expresión de Shaka era la de evitar verse tocado por sus palabras. La de no mostrarse de alguna forma trastocado ante la idea de que durante todos esos años no le había sido indiferente a las personas que alguna vez conoció. A él, a quien una vez amó—. Desde lo ocurrido en Londres te estuve buscando. Desapareciste sin dejar rastro. Por ello empecé a buscarte, incluso fuera del país, las ciudades que más me comentabas te gustarían visitar o para vivir si salías de Londres—tragó grueso al verlo bajar su rostro, tocar la esclava de plata—. No dejé de pensarte—los ojos verdes de nuevo se posaron en los azules. Se atrevió a tomar la mano del joven en la mesa, la cual no opuso resistencia—. Te extrañé Shaka… te extrañé todos los días, todas las noches. Pensaba en dónde estabas, como dormías, qué harías ahora que yo…

—¿Sabes quién soy ahora?—le cortó las palabras, con una pregunta seria—. ¿Sabes a quién tienes frente a ti?

—Shaka Espica, un decorador que al llegar a Grecia se hizo de inmediato de fama. Conocido por su estilo vanguardista con algo de elegancia inglesa, los clientes a quienes ha atendido, celebridades en Grecia e incluso fuera de ella, han confesado lo mismo: es como si me hubiera leído la mente—relató como si leyera el encabezado de un artículo periodístico. Los ojos azules lo miraron con firmeza—. Cuándo el abogado Leda llegó a mi habitación a pedirme el autógrafo con el libro que le regalaste—la expresión de Shaka de nuevo mostraba impresión—, busqué de ti al irse. Busqué quien eras, que hacías… Quedé impresionado con lo que habías logrado—los ojos azules bajaron contrariados—. Shaka. Estoy orgulloso de ti.

—No me interesa lo que pienses de mí ahora, Simons—asestó con dureza, subiendo de nuevo la mirada—. ¿Qué buscabas con saber de mí luego de lo ocurrido?

—Quería explicarte…

—¿Explicarme qué?—arremetió el decorador con los ojos enrojecidos de rabia, de lágrimas, de turbación, de todo…—. ¿Explicarme que esa fue la mejor decisión? ¿Qué las cosas tenían que acabar así? ¿Qué te perdonara por tener que abandonarme?

—Shaka…

—¿Crees que soy un estúpido como para requerir explicaciones al respecto?—alzó la voz, lo suficiente como para hacerle ver el cumulo de emociones que le azotaban en el pecho—. No soy un idiota, Simons.

—Déjame hablar…

—Sé que era lo que tenías que hacer. Sé que era lo correcto. Sé que tu deber como hombre de sociedad y reconocido terapeuta era regresar con tu esposa y salvar tu matrimonio y carrera. Sé, que al final de cuenta, yo siempre fui un error.

—Shaka—apretó la mano tomada, le suplicó tiempo que el de celeste orbe no le pensaba dar.

—¿Y sabes qué? Dices que me estuviste buscando, ¿pero en medio de tu búsqueda dejaste acaso alguna de las dos cosas que te alejaron de mí?—los ojos verdes se abrieron desmesuradamente—. No lo hiciste Simons, seguiste con tu vida, porque al final, incluso ahora, las prioridades siguen siendo las mismas—golpeado por una dura y certera verdad—. De haber querido de verdad encontrarme, lo hubieras hechos. ¡Tenías los medios como para haberme encontrado desde antes!—reclamó con evidente dolor—. La verdad de tu búsqueda no es el querer tenerme de nuevo, no es el darme un lugar que tantas veces me prometiste—palabras roncas, agudas, hirientes…—. Tu búsqueda, el verdadero significado de tus búsquedas, la motivación tras tus viajes y la esperanza de encontrarme se resume muy fácilmente, Lord Simons Whorthar—el hombre mayor lo observaba, ya derrotado—: confirmar que habías tomado la mejor decisión.

Los ojos verdes se abrieron de nuevo, al tiempo que soltó la mano del decorador y se dejó caer al espaldar de la mesa. Esta vez, eran los ojos celestes lo que lo miraban decididos, turbios e intensos, analíticos, haciendo un boceto mental del hombre quien tenía frente a él. El de cabellos dorados sonrió triunfante, una sonrisa al mismo tiempo cínica y sí… irónica, que le calo hasta los huesos.

—Claro… esperabas verme en una convección, siguiendo mi vida tranquilamente, para así dejar las culpas de lado y poder seguir teniendo la tuya. Eso era lo único que te ataba a mi recuerdo, Simons—duro, drástico—. Al saber que yo había podido seguir bien sin tu compañía, que al final lo que hiciste no fue suficiente para tumbarme, entonces, podrías dormir tranquilo y decir: fue lo correcto—aplastante—. ¿Y sabes porque no usaste los medios para buscarme? Porque tenías miedo, de encontrarme en una situación precaria que te diera indicios de que todo lo que decidiste ese maldito día fue una gran equivocación.

El corazón le latía débil, pesado… trastocado ante tan ciertas palabras. Comprendiendo finalmente algo que siquiera el mismo había podido ver. La razón por la que esperaba esperanzado verlo en una de sus convecciones, como antes, como si nada hubiera ocurrido…

Lo comprendía…

—Ya puedes dormir tranquilo, Simons—siseó el joven al final, echando un brazo al espaldar del asiento, sentándose con orgullo, levantando el mentón de forma altiva—. Ya ves, soy Shaka Espica. Me levanté arrastrando del lodo donde me tiraste—hablando con ronca voz, cruel, desmedido—. Aprendí a lavar pisos y ventanas, antes de que un buen hombre me recogiera y me diera espacio en una carpintería y herrería en los bajos abriros de Londres. Conseguí el dinero, estudié decoración. Me vine a Grecia y me hizo de una fama, un nombre. Brillo por mí mismo, lejos de ti, lejos del apellido de mi padre—los ojos verdes fijaron su mirada en el decorador, ahora lo analizaba—. Ya no tienes que pensar en que lo que hiciste fue un error, aunque realmente lo fue. Pero al menos, ya puedes justificarlo diciendo que al final no me fue tan mal—cínico—. ¿Satisfecho con lo que obtuviste luego de seis años de búsqueda?

Hubo silencio…

Minutos largos de silencio…

Ambas miradas encontrándose y definiendo los términos de su encuentro. Simons que veía en Shaka la decisión de no dar un paso atrás, como el rio… sí, veía a Shaka como río que ahora devastaba todo para seguir su camino, en ese momento furioso, aguas rápidas que golpeaban sin misericordia cada piedra, se llevaba consigo los árboles arrancados de raíz.

Y él sólo era una laguna a lo lejos que lo podía ver correr. Lo comprendió…

—Bien, lo has hecho—concluyó el mayor, mirándolo con severidad y respeto—. No esperaba menos de uno de mis más brillantes alumnos. Me has leído, como si se tratara de un libro—sonrío, con verdadero orgullo, comprendiendo su papel en la historia—. Pero entonces, sino soy yo quien te detiene a aceptar a ese hombre, ¿qué es Shaka?—los ojos celestes le miraron con ira contenida, luciendo inquebrantable—. Porque es evidente que le correspondes… te conozco tan bien para…

—No es de tu incumbencia… No tiene que ver nada con el pasado—aseguró, levantándose de la mesa, dispuesto a terminar la reunión.

—Huyes ahora mismo del pasado, Shaka.

—Si llegué a tener miedo de lo que ocurriría al reunirme contigo, ahora comprendo porque—ojos de nuevos encontrados—. Tenía miedo de confirma todo lo que te acabo de decir Simons, de confirmar que lo único que te unía a mí después de ese episodio era mera culpa.

—Entonces no miras atrás…

—No. Porque soy un río—los ojos verdes lo hipnotizaban, leía tras sus palabras, lo entendía… bocetaba la imagen del hombre que se había formado tras la pérdida, el dolor y el abandono—. Soy un río, y nosotros no retrocedemos. Seguimos adelante Simons, sin importar que tanto nos quiten, nos adueñamos de los que nos pertenece sin importar que debamos llevarnos arrastrando. Piedras, arboles, incluso si son los escombros de una casa—una ceja que imperceptiblemente se movió en el mayor—, seguiré adelante. ¡Hasta llegar al mar…!—cayó de inmediato, al escucharse… comprender por enésima vez su destino…

—El mar que ese hombre representa—terminó Hades. Shaka se mantuvo en silencio, ahora sintiéndose acorralado por sus propias palabras—. Ese hombre está dispuesto a tenerte, te investigó, lo suficiente para asumir lo que hubo entre nosotros—los ojos azules estaban temblando, sometidos ahora—. No lo juzgaré por ello, porque lo que más me intriga es que te impide al río ir al mar.

—Dije que no era de tu incumb…

—Hablas de escombros de casa, ¿es eso lo que llevas arrastrando Shaka?—un paso instintivo hacía atrás—. Cuando te investigué me asombró ver la forma en que te diste a conocer y buscarte brillar por ti mismo, tal como lo acabas de decir, pero al mismo tiempo me has dado a entender que realmente no esperabas que te encontrara. Entonces ¿por qué brillar con tantas fuerzas Shaka?—latidos que se apresaban en el pecho, hacían eco en su interior—. No es a mí a quien intentas demostrarle algo Shaka. Pero si sé a quién si quieres, a la única persona que desde niño has intentado demostrarle que eres el varón que el tanto se jactaba tener. Mientras hablaba pensaba en el porqué decidiste buscar tu luz, porque no pasar desapercibido. Pero es evidente, que lo que buscas es que tu estrella brille tanto que incluso en Londres tu luz llegara y tu padre, Radamanthys, tendrá que ver que tú, a pesar de todo, ¡sigues siendo su varón!

Certeras… realmente certeras… Shaka terminó de dar el paso atrás para sostenerse, sintiéndose por primera vez en seis años abierto, totalmente abierto, vulnerable, transparente. Una operación a corazón abierto donde todo lo que había estado guardando por años estaba a la vista de aquel, a quien no quería ver esa noche, a quien pensó no ver en su vida. De nuevo… ante él, era un libro abierto…

—Y tienes dos caminos Shaka, puedes decidir seguir recorriendo otros rumbos buscando alcanzar eso que quieres y dejar al mar, sin la seguridad de volverlo a encontrar…

Si, ciertamente, podría decidir dejar a Saga de lado, como ya lo había pensado, como ya lo había decidido el día anterior. Pensar que no podía dejarse ir por él, que debía seguir su camino… lejos… lejos…

—O bien, puedes ir hasta el mar en este momento y dejar de perseguir aquello—y estaba consciente de esa otra opción… es que le clamaba el alma, le manaba desde el pecho y ahora comprendía. La razón por la que deseó el sabor de sus labios en el mirador…—; porque tú lo sabes… estás cansado de correr solo.

De nuevo otra verdad, la soledad que asfixiante sentía cada vez más severa, esa que le había estado contrariando esos últimos días en donde batallaba por contrarrestar ese sentimiento… la necesidad de compañía y esas palabras… las palabras que Saga…

No estás solo…

—Él mismo me dijo hoy, que el hombre que era hace tres semanas no hubiera hecho esto que hoy hizo, obligarte a verme, a enfrentarme—su corazón latía acelerado—. Pude notar en él que viene saliendo de una etapa. Sus aguas estaban turbias, pero el mar empieza a tomar tranquilidad, la tierra se asienta en él y le permiten ver con claridad—si, Saga en esas últimas semanas brillaba más, su mirada era más clara, transparente y al mismo tiempo profunda… sin mancha…—. Pero tu llevas escombros a tu paso Shaka—una mano que se llevó el flequillo dorado detrás de la oreja del menor. Miradas fijas—, y en cuanto llegues al mar… lo golpearás con todo lo que traes.

El latido lento… pesado… ahogado…

—La verdadera razón por la que no quiere llegar al mar, Shaka es por temor de lastimarlo con tus frustraciones, todo eso que no has arreglado y sigues arrastrando del pasado…

Su motivación, la verdadera motivación no sólo de su carrera ascendiente, sino de su soledad auto impuesta.

—Temes herirlo y por eso sigues tu rumbo solo. Pero Shaka, todo rio, debe desembocar en algún momento…

Y  las aguas rápidas que ya anunciaba el rio se dejaría caer por la fuerza de gravedad.

—¿Estoy equivocado?

El recuerdo de sus padres, su familia… la desilusión, la decepción… las palabras que lo marcaron con fuego…

Los años de soledad, de hambruna, de sacrificio forjando un orgullo con todas sus fuerzas, sólo afianzado en ello…

El desconcierto, la frustración… amargura…

El nuevo inicio, Grecia… las apariencias…

“Tal vez sea el momento de dejar de tapar las grietas de tus paredes tras el papel tapiz”

Y las palabras de Aphrodite tomaban fuerza…

“Tantas cosas que ha dejado incompletas… la frustración, Saga Leda. La frustración por no haber cumplido quizás lo que aspiraban de usted, por no ser quien ellos esperaban… ellos, los que tiene en ese altar personal, encima de todo el desorden: la religión, su familia…”

Y allí la razón por la cual se vio reflejado poo él aquella noche del restaurant… por el cual se quedó una copa más, un postre… terminó regalando el libro… le enfrentó…

“¿Ahora quien no es el sincero consigo mismo?”

El reclamo de Saga… el mismo que Shaka le había dicho…

“¿Tanto teme verse en el espejo, Sr. Leda?”

Ironía… quien temía verse a sí mismo era él… y ver a Saga era verlo a si mismo… sólo que por ser Saga mar, todo estaba acumulado y asentado… no corría… como él que era rio. Pero al mismo tiempo… Eran iguales.

Ese era el verdadero motivo…

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