Una Taza de Té (Shaka x Milo)

Milo sigue deprimido en su templo por lo ocurrido en las doce casa, pero recibirá una extraña visita con quizás algo más que simples palabras.

Anuncios

Temas: Shounen Ai, Romance
Personajes: Shaka, Milo
Resumen: Milo sigue deprimido en su templo por lo ocurrido en las doce casa, pero recibirá una extraña visita con quizás algo más que simples palabras.
Dedicatoria:A Hator, lightless_cynth, Draco-Zero y todos los amantes del bicho ^^
Comentarios adicionales: Bien, esta idea la tenía presente ya de hace varios días y me salió hacerla hoy. No es muy romántica, pero creo que me gusta los lazos que podrían formar escorpion con virgo, muy de amistad. La conversación de la que habla Shaka ocurré en Episodio G Capitulo 3 ^^

Una taza de Té

El sonido de los pasos en su propio templo le alertó de que tenía visitas, y no fue sino hasta que un leve aumento de cosmos irrumpió la serenidad de su casa que pudo identificar al visitante. Podría haber esperado a Aioria quizás, o tal vez a Mu; pero no, no esperó que fuera precisamente él quien haya salido de su templo a desarrollar lazos fraternales.

Había ya pasado mucho tiempo de ese fatídico día. Mucho quizás, tal vez demasiado, mas no el suficiente para quitarle el sabor agrio en la boca, esa sensación acuosa de su garganta, de aún tener lágrimas que derramar, preguntas por hacer, maldiciones que espetar. Ya se había cansado de ir una y otra vez recorriendo dos templos para llegar al de aquel y ver una vez más que estaba vacío… que Acuario se había ido.

En momentos como esos él no podía hacer más que cerrar sus puños con impotencia, guardarse de nuevo las lágrimas e intentar aparentar que ya lo había superado. ¿Pero acaso alguno de sus compañeros podrían comprender lo duro que era? ¿El dolor que lo agobiaba? ¿El peso de los recuerdos? Nadie podía saberlo y mucho menos aquel que venía a interrumpir su tiempo de auto condenación preguntándose de nueva cuenta que hubiera pasado si en vez de actuar como amigo hubiera actuado sólo como santo en esa pelea.

Pronto sus pensamientos se vieron detenidos por uno nuevo, la verídica condición de que ya no estaba solo y un olor agradable y cálido se escurría por sus fosas nasales. Subió su cabeza oculta en su almohada, un tanto de incomodo al ver el atrevimiento para irrumpir hasta sus aposentos más íntimos, otro de expectante, reconociendo que incluso eso no era algo que podría esperar de él.

—¿Qué haces aquí, Shaka de Virgo?—preguntó desafiante, sin dar la cara, tratando de modular la voz.

Los pasos resonaron en su estancia pausadamente, tranquilo y etéreo como siempre acostumbraba. Un haz de luz le obligó a entrecerrar sus ojos cuando un pequeño rayo de sol rozó con la larga y sedosa cabellera dorada del santo. Pronto, el sonido de una bandeja, una tetera y dos tacitas de porcelana chocando con la madera de su mesa de noche le exigió prestar atención, notando ahora con curiosidad los implementos que traía Virgo entre sus manos.

El silencio fue casi eterno, pero no molesto. Milo por un momento se entretuvo escuchando con concentración el sonido del té llenando las tacitas, el del vapor flotando de la boquilla de la tetera, el de la respiración armoniosa del santo dorado a su lado y los latidos de su propio corazón. Sólo ellos dos y el silencio, suficiente combinación para hacerle recordar al escorpión en donde había saboreado antes ese aroma exótico, de tierras lejanas. Si, fue aquella vez que bajó de su templo en dirección al templo de Leo, con la idea de apoyar a Camus en su misión, y fue interceptado precisamente por Shaka y hasta compartió una taza del extraño brebaje.

No supo porque razón, si fue llevado por la soledad, o tal vez por cortesía, pero Milo se levantó de la cama vistiendo tan sólo su pantalón de entrenamiento, sentándose en el filo y tomando la taza que amablemente Shaka le había servido. Acto seguido, el de la india se sentó a su lado, cerca de la cabecera, con esa forma elegante de tomar el asa de la tacilla y llevarse el filo de la porcelana a sus labios, bebiendo un sorbo y limpiando el rastro con un minúsculo paso de su lengua. Otra vez el mutismo se sentó como su acompañante, por otros largos minutos.

—¿Tan solo te sientes que vienes a buscar compañía?—inquirió el dueño del templo, con la mirada en el té que cubría ahora la mitad de la taza.

—La soledad puede ser buena consejera, pero también destructiva—paso otro sorbo, con su mismo porte—. De todas formas, ya Athena está entre nosotros, no deberíamos hablar de soledad, ¿o si?—ahora fue el griego quien subió la mirada enarcando una ceja.

—¿Qué pretendes Virgo?

—Sólo tomar té—y volvió a llevar la taza a sus labios.

Milo no comprendía la razón de su visita, del juego de té en su cuarto, del dulce sabor del líquido caliente en sus labios; del todo. No lograba conseguir razón alguna para que Shaka de Virgo haya decidido verlo luego de tantas semanas donde cada uno, guiados por diversos sentimientos, habían decidido encerrarse en sus templos al menos que hubiera una emergencia, como la de Poseidón. Estaba consciente que Athena deseaba que los lazos entre sus santos se consolidaran y en algún momento, sí, pensó colaborar un tanto para ese objetivo aunque la batalla la daba por perdida; sin embargo, jamás llegó a imaginar que fuera el mismo Shaka quien lo buscara.

—¿Recuerdas cuando fue la primera vez que tomaste este Té?—los ojos turquesas del griego rodaron hacía el dorado, quien aún permanecía con los ojos cerrados, como siempre. El flequillo danzaba juguetonamente sobre la afilada nariz del hindú.

—Lo recuerdo, ¿y eso qué?

—¿Recuerdas mis palabras?—prosiguió bebiendo otro sorbo—. Con respecto al cosmos, ¿recuerdas mis palabras?

—Si te soy sincero, no recuerdo muy bien—admitió el heleno bajando la mirada, algo avergonzado. De esa escena podía recordar a lo lejos que había ido a buscar a Camus, él lo detuvo, bebieron Té hasta que Aioria terminó la misión y… el sabor del té era lo que más tenía fresco en su mente. En realidad, no podía reprocharle nada tomando en cuenta que eso había ocurrido seis largos años atrás.

—“Todos tienen el cosmos en su corazón”—recitó con voz pausada—. “Y aunque las personas no lo usen de la mejor forma, allí siempre lo encontrarás. El cosmos mismo se encargará de corregir eso y enderezar el camino… lo más importante es lo que hay en su corazón”

Se levantó entonces el de la sexta casa hacía la mesa, se sirvió otro poco de té, en silencio, total silencio. Milo no comprendía, no terminaba de entender porque le recordaba esas palabras y porque ellas mismas eran a su vez un bálsamo dentro de su pecho y quizás en el de él. No podía hallarle explicación no sólo a la visita sino a la sensación de que ese cosmos a su lado lo comprendía, lo entendía a claridad, sabía su dolor porque, quizás, él mismo lo estaba pasando. Vio cuando Shaka con un leve movimiento de su rostro le preguntó si quería un poco más, y respondió con el mismo mutismo, extendiendo la taza. El liquido de color medio transparente volvió a cubrir las dimensiones de la tacilla y de nuevo su reflejo se dibujaba en ella.

Otra vez se sentó a su lado, bebió otro sorbo, suspiró…

—Hiciste bien—habló el de Virgo—. Viste en Cisne, lo que Camus como su maestro también vio. Esa fuerza, esa pasión capaz de crear un milagro, la fuerza del cosmos, la bondad.

Pálpitos certeros en el centro de Antares.

Lágrimas que empezaban a avecinarse, condenadas a ser liberadas.

—Shaka…

—No tienes porque seguir cargando con ello. No te equivocaste, confiaste en el corazón y el honor que Cisne demostró en medio de su batalla.

—Pero Camus…

—Camus murió donde quiso morir, ¿no es ese el mayor logro de un hombre? Poder decidir en algo como la muerte—las turquesas lo observaban, empañándose—. Buda también decidió donde morir, y mi ideal sería también poder hacerlo.

De nuevo silencio.

Silencio quebrado por el llanto.

La taza cayó, quebrándose, llenando el frio suelo con el cálido líquido, al mismo tiempo que Milo llenaba la fría coraza de oro de virgo, con el calor de sus lágrimas. Se recortó sobre las piernas del sexto custodio, sin importarle, sin tratar de explicar sus acciones, sólo necesitando de un abrazo, un confortable abrazo que había dejado de sentir desde la muerte de aquel, un confortable abrazo que le diera indicios de la compañía y porque no, de no sentir que sólo él era quien penaba la pérdida de un ser querido.

—Fue eso, ¿lo que te hizo dejar que Fénix siguiera su camino?—preguntó entre lágrimas, lágrimas que brotaban sola, sin mucho sollozo.

—No, en mi caso, Fénix me venció.

—¿Te arrepientes?—indagó de nuevo.

—No, porque no me equivoque—turquesas que se vieron reflejados en un mar de zafiro. Parpados envestido en doradas pestañas que se abrieron al mundo y sólo para él. Una mirada que le decía miles de verdades juntas jamás contadas, y que nunca serían oídas; más sólo podrían ser detectadas y descifradas por aquellos que como él, sentían el mismo sentimiento, la misma añoranza y la misma esperanza—. Si había bondad en su corazón—finalizó, diciendo todo en esas palabras.

—Tienes hermosos ojos—una ceja dorada se enarcó, curioso—. Ahora que no está Afrodita, deberías quedarte con el titulo—y esta vez fue un leve sonrojo.

—Ya estás diciendo incoherencia—consintió Shaka cerrando los ojos de nuevo y meneando un tanto la cabeza.

Milo se abrazó a la cintura de su compañero, dejó que las lágrimas sin prisa siguieran rodando, lágrimas entre dolor y comprensión, entre luto y espera. Se aferró al de la virgen hasta que entre pensamientos, recuerdos y nostalgia el sueño le venció.

Largo tiempo pasó antes que sus ojos de nuevo se abrieran y se diera cuenta de su alrededor. Seguía en el regazo de Shaka y este además destinaba dulces caricias entre sus cabellos, con esas finas manos tan cuidadas como todo de él. Le sonrió, y se dejó mimar, al menos unos minutos más.

—Se ha acabado el té—susurró el dorado, concentrado en peinar la alborotada cabellera, como si con eso recuperara algo que había añorado.

—¿Tienes con que hacer más?

—En el templo de la virgen, sí. Pero ya está incompleto mi juego de té—el escorpio se levantó viendo avergonzado la fina taza de porcelana partida en dos, con el frio líquido aún rodando. Se sonrió luego, enarcando una ceja divertida, como si hubiera conseguido un nuevo amigo, uno que hubiera podido conocer con mayor amplitud si hubiera permitido que aquella escena del Té de hace unos años fuera el comienzo de una amistad.

—Entonces mañana te traeré un nuevo juego de té—el rubio asintió, sin nada más expresivo que una ligera sonrisa.

—Siempre es bien recibido un amigo para la hora del té.

Ayudó a recoger los restos, lo vio tomar la bandeja entre sus manos, inclinándose un poco para despedirse y marcharse. Cuando estaba al filo de la puerta le habló.

—Gracias, Shaka.

Y la agria soledad, el amargo sabor de la culpa fue endulzado por una cálida taza de té y la compañía nada interesada de un amigo.

4 thoughts on “Una Taza de Té (Shaka x Milo)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s